Capítulo 1

Tanya fue a buscar a su gemela. Era raro estar desaparecida tanto tiempo. Por lo general, pasaban prácticamente todo el día juntas desde que nacieron, aunque de vez en cuando necesitaban sus espacios y su silencio mental. Si bien hacía más de dos horas que no encontraba a Kate y llevaba ya un buen rato buscándola.

Fue a la biblioteca y le pareció escuchar un grito de su hermana. Se acercó a la puerta preocupada. Se equivocaba, no eran gritos, eran jadeos. Aquella estancia se encontraba en el ala del castillo donde no solía haber gente. Y la sala en sí estaba casi siempre cerrada, ya nadie leía en ella. Era tan grande y fría que no apetecía sentarse allí, a pesar de contar con grandes y cómodos sofás acolchados en seda.

Una tenue luz se filtraba por la rendija que dejaba la puerta medio abierta. Aguzó el oído y deslizó la mirada. Tuvo que retener un suspiro. En uno de los sofás se hallaba su hermana tumbada boca arriba, con la falda levantada y las piernas flexionadas. Entre ellas se encontraba la cabeza de un hombre del que no pudo distinguir su identidad. Kate llevaba el corsé suelto y los pechos de pezones rosados se asomaban por encima, quedando al aire.

Por un momento Tanya pensó que su hermana estaba siendo víctima de las pasiones de algún hombre de la casa y que se encontraba así en contra de su voluntad. Pero se fijó mejor y vio cómo la cara de su gemela era todo un poema de placer. Gemía débilmente y se mordía un dedo con fuerza, posiblemente intentando retener el sonido. Con la espalda arqueada, movía lentamente el pubis hacía arriba y hacia abajo mientras el hombre seguía chupando su parte más íntima.

Tanya sintió rabia, la había abandonado para esto, no contaba con ella para ciertas cosas y eso le molestaba. La ira comenzó a invadirla también por otra razón. Aquel hombre se estaba aprovechando de ella y, si no era así, estaban intimando y no le gustaba. Ambas sentían a su gemela como su propiedad; y si aquel hombre disfrutaba de su cuerpo lo estaba haciendo sin su consentimiento. ¿Por qué no le habría dicho nada Kate? ¿Acaso le ocultaba una relación de amor y pasión, a ella, a la sangre de su sangre, a su hermana amada?

Debería haberse marchado en ese mismo momento, pero algo la retenía allí: la curiosidad y algo más profundo, más visceral. Siguió contemplando, desde el anonimato que le proporcionaba la oscuridad, la escena entre su hermana y el desconocido.

El hombre movía la cabeza cada vez más rápido entre las piernas de su gemela, lo que provocaba en ésta una excitación mayor. Las manos de él se agarraban con fuerza a los muslos de ella. En un momento dado, Kate, con los ojos fuera de órbita, agarró la cabeza del hombre para detenerle, pero este siguió aún más rápido durante un rato más. Entre los suspiros se escuchaba el sonido acuoso de los lametones.

Finalmente su hermana le agarró al hombre la cabeza con más fuerza para sacarla de sus piernas, él se dirigió directamente hacia su boca. Fue cuando Tanya reconoció a su tío, el marido de la hermana de su padre y se sorprendió aún más de lo que ya estaba. La besó con ímpetu mientras con la otra mano desabrochaba la bragueta de su pantalón, del cual salió como una palanca, su pene erecto y palpitante, de cabeza rosácea. No tardó demasiado en volver a tenerlo bajo cobijo, pues lo introdujo en el interior de su hermana para regocijo de ésta, que torció los ojos mientras levantaba el pubis para recibirle gustosa mientras soltaba un gemido lento.

Jamás se lo pudo imaginar, su hermana y su tío yaciendo juntos a escondidas de todos, incluso de ella. Quiso salir corriendo, pero un cosquilleo en sus partes íntimas se lo impidió y siguió observando cómo su tío cabalgaba a su hermana con fuertes embestidas, mientras mamaba de sus pechos incipientes.

Su gemela se retorcía de placer, se lo veía en la cara, en todo el cuerpo. Al verla a ella, era como si se estuviera viendo a sí misma. De hecho, sin quererlo, se imaginó que era ella, y el latir de su vulva se hizo casi insoportable. Levantó sus faldas e introdujo su mano entre la ropa interior frotándose con intensidad mientras notaba cómo su boca salivaba en exceso, tanto que tuvo que tragar.