Acá está el siguiente one shot, es más cortito y mi primer intento de ligero (ligerísimo) smut, pero al menos a mí me gustó cómo quedó. Está sin betear también, así que perdón por lo que puedan encontrar
Resumen: Han pasado unos años desde que dejaron de verse, pero la chispa sigue encendida.
Pairing: Dean/Seamus
Por hambre o por sed
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Vente pa' ca. Ricky Martin ft Maluma
"Enamorados, qué calor
Nos comimos boca a boca en el sillón
Fue por hambre, fue por sed
Me bebiste a fondo blanco con tu piel"
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3 de mayo de 1998
La guerra había terminado, y habían sobrevivido. Podrían haber muerto, pero ahí estaban los dos, con moretones y cortadas, sí, pero vivos. Después de haber estado separados por casi un año, temiendo por el otro sin forma de saber si estaban bien y habiendo visto la muerte tan cerca en incontables veces ya no podía ocultar más lo que sentía por su amigo. Así que, mientras a su alrededor todos se abrazaban y festejaban, se acercó a él tambaleante, lo tomó de la nuca y lo atrajo para besarlo, sintiendo una explosión de felicidad cuando el beso fue correspondido con la misma pasión y deseo.
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23 de agosto del 2002
«Purity» era el bar de moda en ese momento, la sensación entre los jóvenes de Londres y alrededores. Todas las noches había que hacer una larga fila para intentar entrar y las historias de lo que ocurría adentro corrían de boca en boca. A pesar de su popularidad no hubiera esperado encontrarlo ahí, dado que era un establecimiento muggle.
Cuando lo distinguió entre la multitud de cuerpos que se contoneaban de un lado a otro de la pista pensó que sólo era alguien que se parecía a él. Continuamente cometía el error de imaginárselo en todos lados, pero cuando se acercaba descubría que sólo era alguien que le recordaba un poco a él. Incluso cuando sabía que en Italia ―donde se había ido a estudiar pintura mágica años atrás― no había posibilidad de encontrárselo, su inconsciente lo traicionaba con frecuencia. Sin embargo, esta vez estaba seguro: era Seamus, con su desordenado cabello castaño, su nariz cubierta de pecas y esos ojos azules que brillaban con llamas escondidas en la pupila. Bebía una cerveza, recargado de lado observando con evidente aburrimiento a las personas que bailaban. Aún no había notado que lo miraba, y aprovechó esa ventaja para estudiarlo a detalle antes de acercarse a saludarlo.
Fue descubierto antes de acercarse por completo. Seamus abrió los ojos sorprendido y dejó la cerveza sobre la barra para poder caminar hacia él y envolverlo en un abrazo.
― ¡Dean! No sabía que estabas de vuelta ― le dijo sonriendo sin dejar de abrazarlo, un reclamo detrás de esa afirmación.
―Llegué apenas ayer ― le dijo abochornado.
Seamus rompió el abrazo, mirándolo serio y ligeramente dolido.
―¿Y por qué no me buscaste? ―le reprochó cruzando los brazos.
―Justo lo iba a hacer mañana ―le dijo, aunque no era totalmente cierto, no había estado seguro de que era el momento de buscarlo aún―. ¿Qué haces aquí? ―eso era algo que estaba preguntándose desde que lo miró a lo lejos.
El castaño se rio sonoramente antes de contestar.
―Vine con Harry, Ginny lo dejó y está en su fase de «experimentar» y me pidió que lo acompañara, dado que soy su único amigo «no heterosexual», aparentemente ―dijo haciendo el ademán de las comillas con sus manos.
Dean frunció el ceño confundido. A modo de explicación Seamus señaló un punto en la pista. Ahí estaba Harry Potter bailando de una manera demasiado sugerente ―prácticamente fajando― con un chico delgado, alto y rubio. Volteó a ver a su amigo sorprendido.
―No se te hace que el chico con el que está bailando…
―¿Se parece mucho a Draco Malfoy? ―completó con un resoplido burlón Seamus ―, síp, yo también lo pensé. Eso explicaría muchas cosas de su relación con él durante la escuela, ¿no crees?
―Vaya que sí ―dijo pensativo Dean. Había estado fuera de Inglaterra por casi dos años, y al parecer muchas cosas habían cambiado―. ¿Y tú, sigues con McLaggen? ―decidió ir directo al grano.
Seamus casi se atraganta con su cerveza, que había vuelto a tomar de la barra y justo le acababa de dar un trago.
―Perdona que fuera tan directo ―dijo Dean riendo, dándole palmaditas en la espalda.
―Nah, no te preocupes. Yo estaba por preguntarte lo mismo―le restó importancia con un movimiento de la mano. Se encogió de hombros―. De hecho, no, terminamos hace un año, estoy soltero. ¿Y tú? ¿Tienes a alguien esperando por ti en Italia?
―Hubo un par, pero no, ahorita estoy soltero también ―se le escapó una sonrisa traviesa al decir eso.
Porque si los dos estaban en igualdad de condiciones, había posibilidades de que algo ocurriera. Aunque ya había pasado tanto tiempo, sus sentimientos hacia Seamus no habían cambiado ni un ápice; pero siempre existía la posibilidad de que el castaño no se sintiera igual.
―Parece que es mi noche de suerte, entonces ―dijo Seamus sonriendo. Dejó la botella de cerveza ya vacía sobre la barra, con una mano tiró de la camisa de Dean, para plantarle un beso con sabor a alcohol, y ranas de chocolate, de esos besos explosivos que siempre lo hacían perder el control.
―Seamus, venía a avis… ¿¡Dean!? ―fueron interrumpidos por Harry, rojo como el cabello de Ron, con la camisa abierta varios botones dejando ver una parte del tatuaje ―«eso también es nuevo, pensó Dean»― que adornaba su pecho y con el rubio casi colgando de él.
―Hola, Harry ―lo saludó Dean, contento de verlo, aunque un poco decepcionado de haber sido interrumpido ―¿qué tal?
―Muy bien, este…umm… sólo venía a avisarle a Seamus que me iré con Darren, ―Seamus y Dean se lanzaron miradas que significaban «hasta el nombre es similar»― así que no tienen que esperarme.
―Vale, Harry. Cuídate ―le contestó Seamus―. Quizás nosotros deberíamos irnos también ―dijo guiñándole el ojo una vez que Harry y Darren desaparecieron de su vista― te invito una copa en mi casa.
Afuera llovía a cántaros. A pesar de las gruesas gotas de agua las personas que hacían fila para entrar al bar se mantenían esperando. Corrieron tomados de la mano, salpicando cada que pisaban un charco, buscando un lugar lejos de la mirada de muggles para poder desaparecerse. Riendo como hacía mucho no lo hacía ninguno de los dos, sintiéndose completos. Era increíble cómo podía pasar tanto tiempo y, aun así, era como si Dean nunca se hubiera ido, como si Seamus resentido no le hubiera dejado de escribir, era como si todo eso hubiera sido olvidado, aún siguieran juntos y sólo se hubieran dejado de ver unas horas.
Para cuando encontraron un punto para desaparecerse sin testigos estaban completamente empapados. En cuanto se aparecieron en la sala de Seamus comenzaron a besarse, sin importar que estuvieran escurriendo en el tapete de su sala. Podrían haber lanzado un simple hechizo para secarse, pero necesitaban besarse, devorarse el uno al otro. La ropa se le pegaba a la piel mientras intentaban quitársela mutuamente sin dejar de mantener sus labios unidos. El contraste de su piel ardiendo con la fría humedad del pantalón le provocaba escalofríos ―o quizás era la lengua del castaño que recorría su pecho y bajaba por su abdomen―.
Seamus detuvo su recorrido para desabrocharle torpemente por la impaciencia el pantalón mientras Dean acariciaba los brazos y espalda de su amante, admirando los músculos que ahora se marcaban gracias al continuo entrenamiento de los aurores. Seamus levantó la cabeza para darle un beso rápido para después ponerse de rodillas y bajar de un solo tirón el pantalón y los calzoncillos del moreno liberando su pene erecto.
Dean se estremeció excitado, miró hacia abajo y se encontró con la mirada explosiva del castaño quien se relamió los labios, pidiéndole permiso silencioso para proseguir. Asintió y dejó escapar un jadeo cuando la punta de la lengua de Seamus se deslizó desde sus testículos hasta la punta.
―Oh, Seamus, no sabes cuánto te extrañé ―exclamó inundado por una sensación de amor infinito y del deseo más intenso, que con nadie más había experimentado. Como respuesta el chico irlandés lo envolvió por completo con su boca, arrancando un gemido de placer que se convirtió en muchos durante los minutos siguientes.
Seamus lo conocía a la perfección, sabía el ritmo que debía tocar para hacerlo vibrar hasta lo más profundo. Con cada lengüetazo, con cada succión, se iba deshaciendo y perdiendo la cordura. El chico castaño que se había robado su corazón años atrás sabía hacer explotar las cosas, sabía hacerlo explotar a él.
El castaño se puso de pie, y empujó a Dean al sillón que se encontraba apenas a unos pasos de ellos, besándolo al tiempo que hacía eso. Brazos, piernas y lenguas entrelazadas, dos cuerpos danzando a un ritmo que sólo ellos escuchaban. Devorándose, bebiéndose por completo hasta quedar completamente vacíos, agotados y extasiados.
«Estoy en casa», pensó Dean, justo antes de quedarse dormido en el sillón, envuelto en los brazos de Seamus.
Final cursi como siempre porque así soy yo. Espero les haya gustado. En mi headcannon tanto Dean como Seamus son bi, pero Seamus salé más con hombres.
El siguiente no sé para cuándo sale, está a medio camino pero no he tenido chance de terminarlo. Ahí disculpen.
