Capítulo Treinta y Tres
Pillados
Unos meses después, era junio y había quedado con Rei en el bar de siempre. Mi tercer año de carrera había terminado por fin y estaba de vacaciones.
Mi amiga llevaba todo este tiempo hablando con Touya a través de mensajitos. Él le había pedido el teléfono el día que se conocieron, y se dedicaban a hablar sin parar desde entonces.
A mí me seguía pareciendo raro que Touya fuera así con ella, pero no me preocupaba porque Rei ya se había enfrentado a locos peores.
A mitad de nuestra primera cerveza, su teléfono empezó a sonar. Rei miró la pantalla y se puso algo roja, lo que no era nada normal.
—¿Qué pasa?
—Na... nada. Enseguida vuelvo —murmuró ella, saliendo del bar a toda prisa.
Me encogí de hombros y seguí charlando con Hien y el resto de sus amigos. Al rato me acordé de Rei y miré el reloj. Era raro que estuviera tardando tanto en volver.
La llamé a su teléfono, pero no respondió. Eso me preocupó, así que decidí salir fuera y buscarla.
Una vez en la calle, empecé a dar vueltas por los alrededores del bar. No creía que mi amiga se hubiera ido muy lejos, y menos cuando aún le quedaba la mitad de su querida cerveza por beber.
Al girar una esquina, en una calle poco transitada me encontré con una imagen que sería difícil de olvidar.
Touya tenía a Rei aprisionada contra una pared y se estaban besando con mucha pasión.
Me quedé bloqueada unos segundos, hasta que no pude controlarme más y se me escapó una carcajada. Dejaron de besarse y abrieron los ojos. La cara de Touya cuando me vio era todo un poema y mi amiga sonreía en mi dirección, algo avergonzada.
—Por mí no os cortéis —dije, imitando a Touya aquella vez que nos vio a Shaoran y a mí en actitud cariñosa dentro de la piscina.
Les guiñé un ojo y di media vuelta para volver al bar mientras pensaba en que esos dos eran tal para cual. Los locos se atraían entre ellos.
—Mi primo... besando a una chica... ¿en mitad de la calle? ¿En serio? ¿Estás segura? —preguntó Shaoran por tercera vez.
Asentí, dándole unas palmaditas en el hombro.
—Créetelo, los vi con mis propios ojos.
Él sacudió la cabeza, sin dejar de sonreír.
—Tu amiga tiene que ser irresistible para que Touya haya hecho algo así.
—Lo es —contesté, pensando en lo maravillosa que era Rei.
—Estuve meses perdiendo el tiempo intentando que me perdonaras... tal vez me equivoqué y debería haberme acercado a ella —dijo Shaoran con una sonrisa burlona.
Le di un codazo tan fuerte en el vientre que tuvo que apretar los dientes para no gritar.
—¡Joder! ¡Estaba bromeando! Ya sabes que no me interesa nadie más que tú —añadió, atrapándome entre sus brazos y tirándome a su sofá.
Nos quedamos ahí tumbados uno encima del otro, riendo y hablando de lo rarito que era Touya.
—Rei es tan imprevisible como el fuego, tal vez combinen bien juntos —comenté mientras entrelazaba mis dedos en su pelo.
—Nosotros sí que encajamos bien —susurró Shaoran, atrapando mis labio inferior con sus dientes.
Las ganas de hablar desaparecieron. En cambio, las ganas de arrancarnos la ropa empezaron a aumentar de forma exponencial, cada vez más rápido.
Eso de que viviera solo era peligroso. Ahora podíamos volvernos locos cada vez que nos apetecía, sin tener que preocuparnos por dónde estábamos o quién podría llegar antes de tiempo y pillarnos.
Shaoran ya había terminado la carrera y estaba trabajando en una empresa local. A pesar de la insistencia de sus padres para que entrara en la de su familia, él seguía enfadado y no había querido hacerlo.
No ganaba mucho dinero, pero era suficiente para poder seguir viviendo en ese apartamento. Y yo no podía alegrarme más de poder estar a solas con él siempre que quería. Teníamos mucho tiempo perdido que recuperar.
Shaoran me levantó con sus brazos, llevándome hasta la mesa del comedor.
Al dejarme ahí, empezamos a desnudarnos el uno al otro sin dejar de besarnos en ningún momento.
Cuando mi vestido cayó al suelo, coloqué las piernas alrededor de su cintura.
—Espera —murmuró Shaoran, rompiendo el beso.
Me dedicó una mirada pícara y sus brazos me empujaron, hasta que quedé totalmente tumbada sobre la mesa.
Su rostro se acercó a mi cuello y fue descendiendo poco a poco, dejando un rastro de besos y mordiscos por el camino.
—Tengo ganas de comerte.
Cuando su voz sonaba así de grave, me volvía completamente loca. Él siguió bajando, librándose de mi ropa interior cuando se iba encontrando con ella.
Intenté controlar mi respiración, pero fracasé estrepitosamente cuando noté los labios de Shaoran entre mis piernas.
Recé para que sus vecinos no estuvieran en casa y que nadie estuviera escuchando mis gemidos.
Después de conseguir que me estremeciera y retorciera más que nunca con los movimientos de su lengua, sentí los labios de Shaoran volviendo a subir por mi cuerpo.
Cuando llegó hasta mi oreja, escuché su respiración acelerada.
—Me encanta cómo te pones cuando te hago eso.
—Eres un pervertido —susurré mientras recuperaba el aliento.
—Eso ya lo sabías —contestó, besando el hueco de mi cuello.
—Sí... pero yo también lo soy —añadí, sujetándolo y haciéndolo girar hasta que quedé encima de él.
Lo besé unos segundos en los labios y empecé a bajar por su cuerpo, dejando mordiscos y besos por todas partes como había hecho él.
Ahora le tocaba gemir a Shaoran.
Agosto. El verano estaba terminando y se acercaba el principio de mi último año en la facultad.
Ya me quedaban pocos días libres que disfrutar con mis amigos y con Shaoran.
Hacía poco que habíamos tenido una cita doble con Tomoyo y Eriol. Estuvo bien, aunque los dos chicos se lanzaron varias miradas de odio. Todavía no se llevaban del todo bien, a pesar de que Shaoran y yo ya llevábamos juntos seis meses.
Rei me había confesado que se había enamorado de Touya sin darse cuenta, y cada vez que los veía juntos me dedicaba a fastidiarlo con comentarios indecorosos. Era muy divertido poder vengarme por todas las miradas extrañas que él siempre me había echado cuando me veía con Shaoran.
Ellos dos también estaban juntos desde el día que los pillé devorándose mutuamente en un callejón.
Levanté la vista y sonreí. Por fin había llegado a mis jardines favoritos.
Otra vez quedaba allí con Shaoran dos veces en semana. Me había pedido que le enseñara todo lo que había aprendido en el tiempo que estuvimos separados.
Seguía negando que era porque quería conseguir vencerme. Todavía no lo había logrado, aunque sabía que al final terminaría siendo tan bueno como yo.
Después de hacerlo caer al suelo por quinta vez, se rindió y nos sentamos en un banco, bebiendo un poco de agua.
—Tengo que contarte algo que no te va a gustar.
Shaoran fruncir el ceño al escuchar mis palabras, pero no dijo nada.
—Hoy me han llamado y me han ofrecido un trabajo. Empezaría dentro de una semana.
—¿Un trabajo? Pero si todavía no has terminado la carrera —comentó él, extrañado.
La universidad de Tomoeda tenía una bolsa de empleo donde metía los datos de los mejores alumnos, para que cualquier empresa pudiera ver nuestros perfiles y ofrecernos prácticas o contratarnos.
—Lo sé, pero se han ofrecido a pagarme el último año de carrera y mientras trabajaré allí a media jornada. Una vez graduada, me harán un contrato muy bueno.
Shaoran abrió mucho los ojos.
—Oportunidades como esa no salen todos los días, Sakura.
—Tienes razón. Por eso estoy pensando que voy a aceptar.
—¿Y por qué has dicho que no me iba a gustar? No le veo nada de malo —respondió Shaoran, encogiéndose de hombros.
Suspiré y lo miré a los ojos.
—Es en un laboratorio de Australia.
Su cara palideció y apretó la mandíbula.
—Todavía no he dicho que sí porque antes quería hablar contigo. Hay varias cosas que podríamos hacer para que tú y yo...
Shaoran se levantó, interrumpiéndome.
—Mejor hablamos de eso mañana. Ahora tengo que irme.
—¿Te vas? ¿En serio? —pregunté, muy sorprendida y algo dolida.
No esperaba que reaccionara tan mal.
—Sí, debo hacer algo. Nos vemos mañana.
Me besó fugazmente en los labios y se marchó.
Yo me quedé sentada en aquel banco un minuto, alucinando. Después me marché a casa, pensando en que tal vez Shaoran necesitaba tiempo para asimilarlo.
Al día siguiente hablaría con él. Todavía no sabía qué hacer, pero no quería que volviera a pasar lo mismo que cuando él se fue a China.
No supe nada de Shaoran hasta por la tarde, cuando recibí un mensaje.
Shaoran!: "¿Puedes venir a mi apartamento?"
Ni le contesté. Salí a la calle y caminé hasta el edificio donde vivía, esperando no encontrarme con algo malo al llegar.
Llamé al timbre y me empecé a poner nerviosa al subir al ascensor. Tras su reacción del día anterior, temía por lo que fuera capaz de decirme.
Me encontré la puerta de su apartamento abierta. Al entrar escuché ruido en su cuarto, así que caminé hacia allí con el corazón en un puño.
La puerta estaba entreabierta y la empujé, jadeando al verlo. El suelo estaba lleno de cajas de cartón en las que Shaoran estaba metiendo todas sus cosas.
—¿Pero qué estás haciendo? —pregunté, acercándome a él.
—Me voy contigo.
Mis ojos se abrieron mucho.
—¿Cómo dices?
Shaoran siguió guardando sus libros. Me fijé en que tenía dos maletas sobre la cama, llenas de ropa.
—Ayer dejé mi trabajo y este apartamento. Me iré contigo a Australia y buscaré otro empleo allí.
Tuve que sentarme en el borde de su cama de la impresión y él sonrió, dejando de guardar cosas y sentándose a mi lado.
—¿Qué pasa? ¿Pensabas que iba a dejar que nos separásemos otra vez? —preguntó, acariciando mi mejilla.
—Yo... no sé, creía que al final entrarías en la empresa de tu familia.
Shaoran puso los ojos en blanco.
—Hace mucho que eso no me interesa y lo sabes.
—Pero... ¿y tus padres? Ellos están esperando a que cambies de idea.
Una sonrisa torcida apareció en su rostro y levantó las dos cejas.
—Pues que sigan esperando.
Sonreí, sacudiendo la cabeza.
—Esto es una locura.
Él se encogió de hombros y, al mirarme, sus ojos tenían un brillo travieso.
—No tanto. Ibamos a terminar viviendo juntos tarde o temprano.
Pestañeé varias veces, algo confundida.
—¿Vamos a vivir juntos?
Shaoran frunció el ceño.
—No me voy a ir hasta allí para no vivir contigo.
No me esperaba que estuviera dispuesto a venirse conmigo. Tenía pensado proponerle pasar el primer año separados. Mientras, yo intentaría encontrar otro trabajo en Japón, o él buscaría uno en Australia hasta que alguno de los dos lo encontráramos... pero dudaba bastante que quisiera alejarse tanto de su familia.
Rodeé su cuello con mis brazos y lo besé profundamente, disfrutando de la suavidad de sus labios.
—A mis padres no les va a gustar la idea —susurré al apartarme, mirándolo a los ojos.
—Ya tienes veintiún años. Si te vas de casa, tendrán que aguantarse. Además, va tocando que se enteren de que estamos juntos... ¿no crees?
Los dos nos reímos, algo nerviosos.
—Entonces voy a llamar al laboratorio para decirles que acepto —murmuré, levantándome y sacando mi teléfono del bolsillo.
Shaoran me aprisionó entre sus brazos y me lo quitó, tirándolo sobre su cama.
—Primero tenemos que despedirnos de este apartamento —susurró, poniéndome los pelos de punta con su aliento y empujándome contra la pared.
Se me escapó una risita y enredé mis dedos en su pelo. Nos besamos, dando paso a una sesión de despedida de apartamento muy intensa.
Me alegraba saber que, pasara lo que pasara, Shaoran no volvería a alejarse de mí.
