"You shoot me down, but I won't fall, I AM TITANIUM..."
Desde niña me forjaron una máscara que debía portar ante el mundo. Frialdad, indiferencia, orgullo, egocentrismo, ambición y maldad. Esas fueron las bases para crear la imagen perfecta, la imagen de una sangre pura.
Cualquier sentimiento bueno estaba prohibido para mí. Los sentimientos te hacían débil, una carnada fácil en una sociedad que esperaba ansiosa un mal paso para devorarte sin piedad alguna.
El poder y el dinero, eran los motores que impulsaban a las familias sangre pura del mundo mágico.
Cualquiera que no cumpliera con esos estándares era tildado de traidor y su castigo era la muerte, siempre la muerte, pues no había piedad para nadie. El señor oscuro nos dió esa lección, nada de medias tintas, matar o morir.
Sin embargo, hubo alguien que supo enseñarme que los sentimientos no son malos, que al contrario de hacerte débil, te dan la fuerza necesaria para luchar por las personas que amas y los ideales que sigues.
El amor, el perdón, la igualdad y la felicidad. Ideales que él ansiaba poder darle al mundo mágico y aunque él no hubiera deseado el destino que le tocó vivir, en el fondo se siente orgulloso de lo que logró.
Sus ojos fueron los primeros en verme tal cual soy, sin la máscara que mi familia me había hecho portar. Él fue capaz de ver y despertar esa parte buena que habitaba en mí. Él amo a la yo real, no a la que se presentaba ante el mundo.
Confusión y miedo. Mi mente y mi corazón crearon un duelo entre lo que quería y lo que debía hacer. Entre el amor y el odio. Entre la luz y la oscuridad.
Éramos tan diferentes y aún así él era la pieza que le faltaba a mi vida como yo era la de él. Éramos enemigos en una batalla que no nos pertenecía y que tampoco queríamos.
Fue tan fácil de amarlo y tan difícil aceptarlo. Perderlo no era una opción. Sin él la vida me sabía a nada pues su sonrisa, sus palabras de amor y sus miradas de cariño bastaron para derretir el hielo en el que estaba mi corazón.
"Nada puede quebrarme..."
Mi mente repetía esa frase a cada momento, cada minuto, cada segundo... No podía sucumbir ante el dolor, ante el caos, ante la muerte que serpenteaba alrededor de nuestro mundo. La oscuridad quería apoderarse de mí, ese era mi destino...
¡Aguanta un poco más!
Recuerdo que la primera vez que supe lo que era el dolor fue cuando tenía sólo tres años, habíamos salido mis padres y yo de visita a casa de unos amigos de mi padre. Caminar por esas calles llenas de personas me asombró, pero lo que más llamó mi atención fue un pequeño parque cerca del lugar al que íbamos, habían varios niños jugando. Columpios, resbaladilla, bancas de concreto y varios setos rodeaban el lugar.
Extrañada por como se comportaban esos niños, solté la mano mi madre y me fuí acercando hacía ellos. Mi madre no se percató de mi ausencia, lo supe porque un poco antes de llegar donde un grupo de niños que esperaban su turno para subir a la resbaladilla, gire mi cabeza y pude observar como mis padres seguían su camino, sin darse cuenta de que yo no estaba...
Al final de la fila se encontraba un niño un poco más bajo que yo, flacucho, con su cabello todo despeinado y su ropa le quedaba enorme.
— Hola...— saludé un poco tímida.
— Hola...— contestó él volteando a verme y recuerdo que sus ojos verdes se conectaron de inmediato con los míos.
Iba a volver a hablar pero sentí como alrededor de mi pequeño brazo se envolvió una mano más grande, apretó tan fuerte que luego apareció un morado.
— ¿Qué demonios haces aquí niña? Eres una tonta, no te puedes rebajar a pasar palabras con estos asquerosos muggles—mi padre me arrastro lejos de aquel niño que sin conocerme reflejo en sus ojos la preocupación y el miedo que yo misma estaba empezando a sentir.
Cuando llegamos a la mansión, con mi padre aún vociferando y madre tan indiferente ante lo que estaba pasando. Mi pequeño cuerpo sintió el impacto del primer crucio de muchos que vendrían...
Esos ojos verdes vinieron a mi mente y sentí la calidez que de ellos desprendía y el miedo aminoro un poco. Sin saberlo esos ojos conforme fui creciendo fueron el alivio luego de los castigos de mi padre. Crecí añorando poder volver a ver a ese pequeño de cabellos azabaches que me regaló esa mirada cálida y amable.
Hasta que un día finalmente el destino cruzó nuestros caminos y cuando acepte el amor que sentía por él, supe que no había vuelta atrás, él sería la razón por la cual luchar contra la oscuridad, contra el camino que habían trazado para mí...
Hoy luego de tantos años, de tantas alegrías, de tantas tristezas, de la separación, del dolor, del reencuentro, de reafirmar que nos amamos... Puedo decir que soy feliz, que él me ha hecho una mejor persona y que me ha dado la oportunidad de tener la familia que nunca tuve. Estar rodeada de las personas que amo, unas desde siempre otras que se anexaron en el camino, como los Weasley, Hermione y Luna...
Saber que puedo contar con ellos en los momentos difíciles, que juntos las alegrías se disfrutan más y que las tristezas son más llevaderas... Que sin todos ellos mi vida no sería tan divertida, ellos me dieron un hogar, ellos me dieron el amor que faltaba en mi vida...
10, 9, 8...
Sus brazos se envolvieron en mi cintura, su aroma embriagó mis fosas nasales y una enorme sonrisa se formó en mis labios...
7, 6, 5...
Draco abrazo a Hermione. Theo cargo a Pandora y atrajo a Luna a su lado de la cintura. Daphne se sentó en el césped al lado de Blaise. Astoria se acercó a Ron al que le entrego a la pequeña Kateryn que dormía profundamente.
4, 3, 2, 1...
¡Feliz año nuevo!
El cielo se iluminó con los fuegos artificiales que Fred y George habían preparado, los niños saltaban alegres viendo las luces de diferentes colores que iluminaban el cielo.
— Feliz año nuevo, señora Potter— susurro en mi oído.
— Feliz año nuevo, señor Potter— me dí la vuelta y junte nuestras bocas en un beso.
Jamás me cansaría de probar sus labios o dejaría de sentir como las piernas se me ponían como de gelatina cada vez que el me regalaba esa sonrisa tan bonita que sólo es para mí.
— Tengo una noticia que darte...— me observó serio— estoy embarazada...
— ¿Embarazada?— preguntó extrañado— ¡Oh por Merlín! ¡Estas embarazada! ¡Voy a ser papá! Familia voy a ser papá de nuevo, niñas tendrán un hermanito— grito emocionado, cargandome y dando vueltas— me haces el hombre más feliz del mundo, te amo Pansy Parkinson— y sin tiempo a decir nada me beso.
Nada puede quebrarme, porque la fortaleza que necesito está en las personas que amo y me aman, aquellas que no me juzgan, que me apoyan y me hacen ser una mejor persona de lo pude haber sido...
Nada puede quebrarme, porque soy de titanio...
FIN.
