Capítulo Treinta y Cuatro
Epílogo
Estaba en mi playa favorita de Sidney, siempre llena de gente joven y de surfistas porque solía haber buenas olas casi todos los días.
Me gustaba ir allí cuando me dejaban salir más temprano del laboratorio, aprovechando ese tiempo para relajarme y nadar un rato antes de volver a casa.
Shaoran no aparecía hasta la hora de la cena, y yo prefería estar tomando el sol y sintiendo la brisa del mar a estar metida en nuestro apartamento esperando a que él llegara.
Además, hacía un mes que había conocido a varios profesores de surf y se habían ofrecido a darme unas clases gratis. Me encantaba poder aprender un deporte nuevo y no iba a rechazar esa oportunidad.
Quería sorprender a Shaoran más adelante, cuando ya fuera capaz de hacer algo decente sobre una tabla. Los dos seguíamos con nuestro juego de rivalidad, nos gustaba aprender a hacer algo que el otro no sabía y retarnos entre nosotros.
Él ya había conseguido estar a mi nivel en artes marciales, muy a mi pesar, aunque al menos seguía sin ser mejor que yo.
Sonreí al pensar en la paliza que le había dado ocho meses antes, delante de sus primos.
Seguí remando hasta estar en la cresta de la ola y me coloqué de pie en la tabla, siguiendo las indicaciones de los tres profesores que estaban a mi alrededor.
Una de ellos era Kate. Había escuchado que era de las mejores surfistas de todo Sídney y quería aprender mucho de ella.
Conseguí aguantar unos veinte segundos subida en la tabla, pero al final me caí al agua. Al salir a la superficie, los tres se acercaron preguntando si estaba bien.
—Sí, tranquilos. Ya es tarde y me tengo que ir, otro día seguimos.
Nos despedimos y empecé a nadar hacia la orilla. Ellos se quedaron en la parte profunda, en búsqueda de más olas.
Cuando por fin hice pie, levanté la vista y sentí un escalofrío bajando por mi espalda. Shaoran estaba sentado en la arena a lo lejos, observándome.
Joder... seguro que estaba celoso si me había visto con los profesores.
Desde que llegamos al país se sentía algo inseguro por culpa de los australianos. Todos eran bastante guapos, rubios, deportistas... y más de una vez me había pillado mirando a alguno.
Pero era solo eso, una mirada. ¿Qué pretendía? ¿Que fuera caminando con los ojos vendados?
La verdad es que había chicos guapísimos por todas partes, pero... a mí solo me interesaba cierto ingeniero chino que me miraba con mala cara mientras me acercaba a él.
Dejé mi tabla junto a las demás, en un lado de la caseta de los instructores, y me senté junto a él.
—¿Qué haces aquí? Pensaba que no salías del trabajo hasta dentro de una hora.
Shaoran levantó una ceja.
—Lo mismo pensaba yo de ti.
—A veces me dejan salir un poco antes y vengo aquí.
Él entrecerró los ojos.
—¿Para estar un rato con ellos? —preguntó, señalando a los profesores que seguían dentro del agua.
Puse los ojos en blanco y suspiré.
—No, para aprender surf.
—Vaya... que excusa más buena, Sakura — murmuró Shaoran con sarcasmo, levantándose y empezando a andar.
Recogí mis cosas y lo seguí.
—¿Cómo sabías que estaba aquí? —pregunté cuando lo alcancé.
—No lo sabía. Iba de vuelta a casa y me pareció verte.
Intenté agarrar una de sus manos, pero no me dejó.
—Venga ya, Shaoran. No puedes estar celoso otra vez.
—No lo estoy —respondió sin mirarme.
Seguimos caminando en silencio hasta el edificio donde vivíamos, y no me miró ni una vez.
¿Que no estaba celoso? Y una mierda.
Shaoran abrió la puerta del apartamento. Entré tras él y la cerré de un portazo, agarrando uno de sus brazos. Empujándolo, conseguí que acabara entre la pared y yo. Al levantar la mirada, vi que sus ojos me estaban observando con frialdad... pero no se apartaban de los míos.
—Me estoy empezando a cansar de tus celos —murmuré, atrapándolo con mis brazos para que no pudiera alejarse.
Shaoran me dedicó una sonrisa malvada y me sujetó, girando hasta que la que estuvo contra la pared fui yo. Jadeé cuando mi espalda chocó contra ella.
—Me encantaría saber lo que pensarías tú si me vieras en una playa rodeado de desconocidas muy atractivas.
Fruncí el ceño. Seguramente me habría enfadado mucho con él y habría pensado mal.
—Vale, tienes razón. Debí contártelo, pero no le di importancia.
Él resopló y se apartó. Tras mirarme una última vez, se alejó en dirección a la cocina.
Suspiré y entré en el baño, necesitaba una ducha para quitarme la sal del cuerpo. Abrí el grifo y esperé hasta que el agua estuvo templada para meterme debajo.
Cuando me estaba enjabonando el pelo, escuché su voz.
—¿Desde cuándo vas a esa playa sin mí?
Salté un poco sin querer, sorprendida. Shaoran había entrado en el baño y no me había dado ni cuenta. No podía verlo porque la mampara de la ducha no era transparente.
—Desde hace unos meses. Cuando termino antes de tiempo, me paso un rato por allí.
Le escuché refunfuñar y no pude evitar reírme.
—No tiene gracia —gruñó él entre dientes.
—Voy a tener que contarte un secreto, a ver si así dejas de sentir celos.
—Te escucho.
Suspiré. Esto no se lo había contado todavía.
—Me gustas desde el primer día que te vi, Shaoran. Y no he pensado en nadie más desde entonces.
Hubo un momento de silencio, hasta que vi la mampara de la ducha abriéndose. Un segundo después, Shaoran estaba detrás de mí.
—¿Qué día fue ese? —preguntó, rodeándome con sus brazos.
—Cuando fui con Tomoyo a tu casa y nos estuviste explicando matemáticas.
Sentí cómo me abrazaba más fuerte.
—¿En serio? Pero si eras una enana de dieciséis años —comentó, riendo suavemente.
—Y tú eras un enano de diecisiete —respondí, girándome para mirarlo a los ojos.
Aunque llevábamos meses viviendo juntos y le había visto desnudo cientos de veces, todavía me ponía algo nerviosa en ese tipo de situaciones... y más si era sin previo aviso, como en ese momento.
—Entonces...¿te gusto desde hace seis años? —preguntó, echando un poco de jabón en la palma de su mano.
—Eso parece —contesté mientras las manos de Shaoran empezaban a enjabonarme el cuerpo.
Tragué saliva, intentando controlar la vergüenza que estaba sintiendo.
Él sonrió y se acercó más a mí, hasta que el agua empezó a caer también sobre su cabeza.
—Ese día tú también llamaste mi atención, pero me empezaste a gustar de verdad unas semanas después, cuando empezamos a hablar más —confesó en voz baja.
—¿Vas a lavarme tú? —pregunté con voz nerviosa.
Sus manos estaban recorriendo mi piel, llegando a todas partes.
Shaoran alzó una ceja.
—¿Algún problema?
Negué con la cabeza, suspirando.
Una sonrisa traviesa es lo último que vi antes de que sus labios atacaran a los míos.
Choqué contra la pared de la ducha, pero no lo noté porque los brazos de Shaoran me rodeaban y amortiguaron el golpe. Su lengua buscó con desesperación a la mía y me empezó a faltar el aire.
El agua seguía cayendo sobre nosotros, pero no nos importaba. Puse mis brazos en su pecho y lo atraje más hacia mí, para volver el beso más profundo.
Escuché un jadeo y Shaoran me aplastó contra la pared, devorándome sin piedad. Sentir todo su cuerpo pegado al mío me volvía completamente loca.
Las piernas me fallaron y me empecé a resbalar. Él se dio cuenta y me levantó hasta que mis pies dejaron de rozar el suelo, soportando todo mi peso con sus brazos.
Era la primera vez que estábamos en la ducha juntos. Antes, siempre habíamos respetado la privacidad del otro en el baño.
¿Cómo no habíamos hecho esto antes? Tener a Shaoran entre mis brazos, con sus mechones mojados cayendo sobre su frente mientras nos besábamos bajo el agua me estaba resultando fascinante.
Rodeé su cintura con mis piernas y se me escapó un gemido al sentir como nuestras partes íntimas se rozaban.
—Hazlo ya —pedí entre sus labios.
Shaoran dejó mi boca para atacar mi cuello con sus dientes y su lengua, haciendo que todo mi cuerpo se estremeciera.
—Di que eres mía.
Abrí los ojos, sorprendida.
—¿Qué?
—Dilo —susurró él en mi oreja.
Otro escalofrío al notar su aliento ahí. Atrapó mi lóbulo con los dientes, acariciándolo con su lengua. Le gustaba demasiado hacerme sufrir.
—Soy tuya.
Levantó la cabeza, hasta que sus ojos de color ámbar y los míos estuvieron a la misma altura. Esa mirada llena de fuego me estaba quemando... y eso que estábamos metida bajo el agua.
—Y yo soy tuyo —susurró antes de volver a besarme.
Nuestros cuerpos se unieron del todo y los dos jadeamos al sentirlo.
Mis brazos rodearon sus hombros y clavé un poco las uñas en su piel, intentando estar aún más cerca de él. No dejamos de besarnos mientras Shaoran hacía lo que quería conmigo. En esa posición, yo no podía hacer mucho y me tenía totalmente dominada.
Y eso no podía gustarme más.
Mientras cenábamos, me dediqué a observarlo con la mente en otro sitio. Sus ojos de vez en cuando se encontraban con los míos y me dedicaba una sonrisa.
No podía dejar de pensar en lo que había pasado en la ducha una hora antes.
—Te estás mordiendo el labio, Sakura. ¿En qué estás pensando? —preguntó Shaoran, con un brillo especial en los ojos.
—En ti.
Una sonrisa burlona curvó sus labios.
—Lo sospechaba.
Puse los ojos en blanco.
—Eres un creído —protesté, desviando la vista a mi plato.
—Yo también estoy pensando en lo de antes.
Al mirarlo de nuevo, Shaoran levantó las dos cejas de forma sugerente y no pude evitar reírme.
—A partir de ahora, nos ducharemos siempre juntos —añadió antes de levantarse y empezar a recoger la mesa.
Me dirigí al salón para sentarme en el sofá. Apagué casi todas las luces, había luna llena y quería disfrutar de su brillo.
Un minuto después, Shaoran estaba a mi lado, tumbándose y apoyando la cabeza en mi regazo.
—¿Has comprado los billetes? —preguntó cuando lo miré a los ojos.
—Sí, ya está todo listo.
En unas semanas empezaba nuestro mes de vacaciones y habíamos decidido pasarlo en Japón, visitando a nuestra familia y amigos.
Todavía no habíamos podido ir de visita y los dos estábamos deseando volver a verlos a todos. Shaoran hasta tenía ganas de ver a sus padres.
Ya se llevaban bastante mejor, aunque yo seguía sin poder aguantarlos. Los toleraba porque no me quedaba otra.
Suspiré al pensar en que tendría que pasar un mes entero con ellos. Mis padres no permitirían que Shaoran se quedara conmigo y no estaba dispuesta a estar un mes sin dormir con él a mi lado.
Uno de sus brazos se levantó y sus dedos acariciaron mi mejilla.
—Tranquila. Si se atreven a decirte algo que no me guste, los mataré.
Siempre me parecía increíble que pudiera adivinar mis pensamientos con tanta facilidad.
—Nunca matarías a tus padres —respondí, enredando mis dedos en su pelo y sonriendo.
—Por ti, sí.
Tiré de uno de sus mechones hasta que le escuché quejarse.
—No digas esas cosas, parece que estás loco.
—Y es cierto, estoy loco por ti.
Puse los ojos en blanco y escuché su risa.
—Tendrás ganas de verlos a todos, ¿no?
—Sí... les echo de menos, sobre todo a Eriol y a Rei —admití, volviendo a mirarlo.
—Touya le va a pedir que se case con él.
Mi corazón se saltó un latido.
—¿En serio?
—Sí, pero no puedes decir nada. Es un secreto y se supone que yo no podía decírtelo.
Asentí, todavía muy sorprendida.
—Un poco rápido...¿no?
Según mis cuentas, apenas llevaban un año juntos.
Shaoran se encogió de hombros.
—Touya es así, no quiere esperar más. Sabe que ella es la definitiva.
Me perdí en mis pensamientos, intentando imaginar la reacción de Rei cuando Touya se lo pidiera. Mi amiga no era de esas que sueñan con su boda, aunque cada vez que hablaba con ella la notaba más enamorada de él.
Shaoran se incorporó y me levantó un poco, colocándome en su regazo.
Se acercó más a mí, hasta que nuestras narices se rozaron.
—¿Y tú? ¿Quieres que yo te lo pida?
Un escalofrío bajó por mi cuerpo y escuché que se reía entre dientes al ver mi reacción.
—Yo... eso para mí no es importante, ya lo sabes —murmuré con la voz entrecortada.
La verdad es que no me imaginaba haciendo algo así con Shaoran. No me gustaban nada las ceremonias, ni estar rodeada de mucha gente.
Shaoran atacó mis labios.
—Para mí ya es como si fueras mi mujer —susurró sin apartarse.
Otro estremecimiento me recorrió al oír eso, y noté su sonrisa sobre mis labios.
—Bésame, señora Li.
Solté un bufido y lo escuché reír otra vez.
—Sobre mi cadáver.
—Nunca digas nunca, Sakura —respondió Shaoran antes de que nos fundiéramos en un beso.
Tenía razón. Después de decir muchas veces que no volvería a estar con él, me había tenido que tragar mis palabras.
Lo estrujé entre mis brazos y el beso se volvió más intenso. Mientras estuviéramos juntos, todo saldría bien.
FIN
Ya sí hemos llegado al final 😊
Nos vemos en la próxima historia que se le ocurra a mi cabecita 😋 ya la estoy pensando y creo que incluiré la magia de Sakura y Shaoran
Hasta pronto
