Love Game
Parte 3
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El perdedor. Maluma.
Dime ¿cuál fue mi error?
Si mi único delito fue amarte
Hoy soy el perdedor
Él me ha robado el truco pa' enamorarte
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Le pregunté a Blaise si quería ir conmigo a la inauguración del bar de Dean, pero no quiso acompañarme. «Demasiados Gryffindor» me dijo.
Cuando llegué el lugar estaba abarrotado, se notaba que iba a ser un éxito el establecimiento. La mayoría eran jóvenes, así que vi caras conocidas por todos lados. Con esfuerzo me abrí paso entre la gente hacia la barra, saludando con la mano a varios amigos y antiguos compañeros de Hogwarts. Tanto Seamus como Dean servían bebidas y, aunque estaban muy ocupados atendiendo a la gente , ambos portaban una enorme sonrisa.
―Hola, chicos ―los saludé―, muchas felicidades por la apertura.
―¡Ginny! ―exclamó Dean mientras le pasaba un tarro de cerveza de mantequilla a un chico que estaba a mi lado. Seamus me sonrió a modo de saludo mientras tomaba el pedido de una pareja―. Muchas gracias ¿Qué te sirvo?
―Una cerveza de mantequilla, gracias Dean.
Una vez que tuve mi bebida busqué con la mirada algún lugar para sentarme. Pero iba a resultar ser una misión imposible, porque no había mesas suficientes para la cantidad de gente, y muchos estaban de pie e incluso bailando al ritmo de la música que tocaba un grupo de tres chicos y una chica a los cuales no conocía, pero que sonaban bastante bien.
En eso vi el inconfundible color de pelo de Luna y me dirigí hacía allá. Parados junto a ella estaban Neville y Hannah tomados de la mano, un chico pecoso y de cabello cobrizo rizado ―se presentó como Rolf Scamander― unos años más grande que nosotros.
Platicamos un rato y después llegó un chico a sacarme a bailar. No iba a decir que no a eso.
Originalmente pensaba sólo estar un rato. Pero seguí bailando hasta que el grupo tocó la última canción. El bar se había ido vaciando poco a poco y para las últimas tres canciones Dean, un poco menos atareado, había ido a bailar conmigo. Cuando terminó la música nos acercamos a la barra. Seamus conversaba con una chica bajita, con cabello rizado y castaño y algunas pecas en el rostro.
―¿Y tu amigo del otro día? ―me preguntó mientras me pasaba un jugo de calabaza bien frío.
―Gracias ―tomé un trago largo del jugo, refrescándome después de horas de bailar― ¿Blaise? No pudo venir.
―Ah.
Mientras bailaba con Dean no pude evitar recordar cómo se habían dado las cosas entre nosotros.
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«Deberías olvidarte de él, salir con otras personas»
El consejo de Hermione me rondaba en la cabeza. Había estado tan concentrada mirando únicamente a Harry que no había notado a los demás chicos a mi alrededor.
Súbitamente se abrió para mí un mundo nuevo. En el que me di cuenta de que los chicos me consideraban atractiva. Nunca había pensado demasiado en mi apariencia física, pero podía notar que ellos me miraban, y que la mayoría se ponía nervioso cuando le sonreía.
Descubrí lo excitante que es coquetear con alguien, sentir su interés, captar su atención con una mirada, una sonrisa, un toque inocente en el brazo. Tenía razón Hermione, había muchos gnomos en el jardín.
A Michael Corner lo conocí un día que estaba estudiando en la biblioteca, ambos estábamos buscando el mismo libro y acabamos platicando. Pude sentir en su mirada y en su interés que le parecía atractiva. Él no estaba nada mal tampoco. Fue el primero que me gustó también, y fue mi primer beso. Empezamos a salir, pero él quería estar todo el tiempo conmigo y me sofocaba. Y cuando Gryffindor le ganó a Ravenclaw en el quidditch me hizo un berrinche monumental y terminé con él. Al poco tiempo empezó a salir con Cho Chang.
Regresando de una de las reuniones del Ejército de Dumbledore fue que Dean se me declaró. Vio la oportunidad y la tomó. Me sorprendió un poco, he de decirlo, porque no me había dado cuenta de que le gustaba. Me confesó que le aterraba qué fuera a decir Ron, pero que sabía que, si no se arriesgaba, no iba a lograr nada. Acepté salir con él en la siguiente visita a Hogsmeade.
Fue una muy buena cita: fuimos a las Tres escobas y luego a la tienda de Quidditch. Al volver nos besamos antes de llegar al cuadro de la Señora Gorda.
En realidad, no sé muy bien qué fue lo que empezó a cansarme de él. Pero una vez que la novedad se acabó empecé a notar un montón de detallitos que no me gustaban del moreno. Me desesperaba con facilidad y cualquier cosa que hiciera me irritaba. Sobre todo, me ponía de mal humor que me tratara como alguien frágil, como si me fuera a romper.
Cada vez nos peleábamos con mayor frecuencia ―era yo la que empezaba, a decir verdad― y decidí que ya no había más que hacerle.
Y todo ese juego de salir con chicos y coquetear funcionó también para que Harry se fijara en mí como algo más que la hermana menor de su mejor amigo.
Me besó.
Me besó enfrente de toda la Sala Común. Enfrente de mis hermanos y de todos. Me besó como siempre había querido que lo hiciera. Mi corazón iba a estallar de felicidad, no podía creerlo.
Con el rabillo del ojo vi como Dean nos miraba y subía a su habitación derrotado. Sentí un pinchazo de culpa, pero desapareció al instante.
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―Voy por algo de tomar, ¿te traigo algo ―me ofreció Dean cuando terminó la canción que estábamos bailando.
-Sólo agua, gracias.
Harry, que se había limitado a mirarnos desde la equina, mientras platicaba con Hermione y Ron, aprovechó que me había quedado sola para acercarse.
―Gin, ¿puedo hablar contigo un momento?
Desde el incidente el otro día que no lo había visto, ni habíamos hablado. Lo miré recelosa y me crucé de brazos.
―De acuerdo. Dime
―Quería pedirte disculpas ―alcé una ceja―, me comporté como un idiota el otro día.
―Sí que lo hiciste.
―Pero es que Gin, ¿por qué él? ¿Qué tiene él que no tenga yo?
Si hubiera sido humanamente posible, mis ojos hubieran visto el interior de mi cráneo de tanto que los giré.
―Harry, no se trata de eso ―¿qué demonios quería que le contestara? A veces a los sentimientos no se les puede pedir explicación. No se trataba de qué tenía Blaise que Harry no, tampoco se trataba de una competencia.
Suspiró y se desordenó ―más― el cabello con la mano.
―Ok, ok. Ya no te molestaré más, sólo, ¿amigos? ―me extendió la mano.
―Amigos ―le estreché la mano.
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Al final resultó ser una noche muy buena: había visto a mis amigos, bailado mucho y hecho las paces con Harry. Me alegraba mucho la posibilidad de seguir siendo su amiga.
Me sentí liberada de una carga.
Esta es la tercera parte y, la verdad, la más flojita de las cuatro. Mi parte favorita es la cuatro, en la que cambian muchas cosas, ya verán.
