Capítulo cinco
(Actualmente)
Harry se miraba al espejo mientras se abotonaba el último botón de su camisa.
Acomodó el cuello de ésta, se colgó su túnica e intentó sonreírle a su reflejo pero no logró buenos resultados, así que sin más, comenzó a buscar lo que necesitaba para ir a dar una vuelta por el Ministerio de Magia y cumplir con su papel de auror.
Estaba guardando la varita en el bolsillo interior de su túnica cuando un par de débiles golpecitos en la puerta lo interrumpen.
—Tío Harry –escuchó la voz de la pequeña antes de que se acercase a abrir. —¿Estás ahí, tío?
—Hola, Rose –el mayor le dedicó una sonrisa mientras la pequeña se adentraba en la habitación. —¿Cómo estás? ¿Ya tomaste tu desayuno? –la pelirroja asintió posando sus azules ojos sobre él, pero no respondió, se limitó a escanearlo de pies a cabeza antes de asomar la cabeza hacia el pasillo.
—¡Sí, mamá! ¡Tiene puesto su traje de auror! –gritó. Confundido, Harry abre la boca para cuestionar que había sido todo aquello pero antes de poder hacerlo Hermione se aparece justo a su lado, logrando sobresaltarlo.
—¿A dónde crees que vas, Harry? –cuestionó la mujer, cruzándose de brazos y frunciéndole levemente el ceño al igual que hacía con Ron cuando este hacía alguna tontería.
—¿A dónde te parece que voy, Hermione? ¿A jugar quidditch? –le respondió sarcástico mientras le quitaba delicadamente a Rose de las manos un frasco de poción para dormir sin sueños que había dejado en la mesita de noche.
—Pero es domingo. –le soltó la chica, exasperada.
Harry se tuvo que ver obligado a reprimir las ganas de rodar los ojos. Suspiró y sus ojos se posaron en la puerta, justo a tiempo para ver a Ron asomando la cabeza al cuarto.
—Hola, chicos ¿reunión aquí? –soltó, parándose bajo el umbral con una enorme sonrisa en el rostro, sin embargo, fijó sus ojos en el ceño fruncido de su esposa y en el semblante malhumorado de su amigo y pareció unir unas piezas en su cabeza. Su rostro se tornó incómodo en seguida. Normalmente evitaba discusiones en que tenía que estar de lado de su amigo o de su esposa. —Oh, acabo de recordar que iba a preparar el almuerzo. Nos vemos abajo. Vamos, Rose, cariño, seguro tienes hambre.
—No tengo hambre, papá.
—Ron, dile algo a Harry –pidió la mujer. —Quiere ir a trabajar.
—Hermione, estoy a punto de cumplir los treinta años… ya sé muy bien lo que hago.
—Cariño, es cierto. Harry está bastante grande para saber lo que hace. –intercambió una mirada con su amigo a la que Harry respondió asintiendo enérgicamente con la cabeza —Además, cada uno tiene su manera de afrontar los… momentos difíciles.
Hermione le frunció todavía más el ceño.
—Harry lleva casi dos semanas aquí ¿y cuánto tiempo de eso lo hemos visto? Se ha dedicado a doblar turnos y a rechazar sus días libres. –Harry hizo una mueca de hastío, e irritado se cruza de brazos. —No estás durmiendo bien y ni siquiera te comes la cena que te dejo.
—Em… lo que dice Hermione también es cierto, amigo.
—¡Claro que me la como! –mintió, pasándose una mano por el cabello, despeinándolo.
—Se la das al crup –acusó la chica de forma tan intimidante que hizo que Harry trastrabillara. El pelinegro se dijo que jamás se perdonaría por no haber persuadido a Hermione de que se volviese auror. Con esa mirada no habría criminal que se atreviese a mentir.
—Llego tan cansado que sólo quiero dormir, Herm. –confesó. Hermione endureció aún más su mirada.
—Agradecería que no lo hicieras. Hay ingredientes que lo hinchan y luego eructa fuego... y Ron ¿por qué le compraste esa cosa a Rose? –agregó irritada, dejando una mano en su cabeza y la otra en su muy embarazado vientre. —Como sea, Harry, eso no es sano.
—Bien, bien, le conseguiré un medicamento al crup.
—Hablo de lo que estás haciendo. –vociferó su amiga. Harry se deja caer sobre la cama rendido, porque quizás Hermione tenía razón y estas dos semanas de intenso trabajo le pasarían la cuenta tarde o temprano —Te enfermarás.
Ron se sentó junto a él, tomando a su hija en brazos mientras miraba de Harry a Hermione.
—Harry, sabes que somos tus amigos y que nos puedes confiar lo que sea, no importa qué. –Le comentó el pelirrojo mientras Rose intentaba subirse a sus hombros —No te exigimos nada, pero llevas dos semanas aquí y sólo sabemos que "discutiste" con Draco. Es bueno desahogarse.
—Te queremos apoyar, Harry. Si quieres tomarte unos días para solo estar en cama viendo televisión, perfecto… Pero debes tomar un alto para descansar y pensar las cosas. –Le sonríe Hermione, tomando asiento frente a ellos en una butaca la cual acaba de transformar de una almohada.
Harry suspiró intentando parecer sereno, con intenciones de hacerle creer a sus amigos que la situación no era tan grave como ellos pensaban. Pero era cierto que llevaba dos semanas en la casa de sus amigos, sin haberles comentado la verdadera razón de su necesidad de alojamiento, sin haber intentado siquiera cruzar alguna palabra con Draco, y haciendo cuando pudiese para no pensar ni un solo segundo en el rubio. Harry sabía que lo único que podía mantenerlo así de distraído era su trabajo.
—Chicos, yo sólo quiero mantenerme ocupado –respondió, intentando sonreír pero su tono de voz dejó en evidencia sus verdaderos sentimientos.
—Pues esta no es la forma, Harry –sentenció la chica, adoptando un tono de voz más suave.
—¿Has hablado con Draco? –preguntó Ron. Harry subió los ojos a los azules de su amigo y sonrió levemente. No recordaba en qué punto de la vida el pelirrojo había dejado de llamar al rubio Malfoy o hurón para comenzar a llamarlo por su nombre.
Harry apoyó los codos en sus rodillas y la barbilla en sus manos negando con la cabeza, mostrándose todo lo derrotado que en realidad se sentía.
—¿Qué pasó entre ustedes? –Agregó Ron. Harry abrió la boca para responder pero tanto él como Hermione posaron la vista en la pequeña que esperaba igual de interesada que su padre la respuesta.
—Luego les cuento –dijo, quitándose finalmente la túnica.
—Deberías despejarte un rato ¿no te parece? –sugiere Hermione —Podrías ir a volar un rato con Ron, o ir a pasear a algún lado…
—Si quieres, podrías ir por unos ingredientes que me faltan para el almuerzo y por cervezas, y nos pasamos la tarde bebiendo –Harry asintió, no era mala idea.
—Increíble. Como Ron hará el almuerzo yo prepararé las cosas en el patio y almorzamos al aire libre –Hermione sonríe —los días por fin están mejorando.
—¿Puedes tú sola? ¿No necesitas ayuda por tu embarazo? –pregunta Harry. Y es que parecía que en cualquier minuto Hermione daba a luz. La chica vuelve a fruncirle el ceño.
—Estoy embarazada, no enferma. ¡Claro que puedo!
—Bien, bien… Sólo preguntaba –el chico se encoge de hombros. —Denme la lista de lo que hay que comprar y voy en seguida.
—Pero quítate tú traje. –Ordenó Hermione incorporándose —No quiero que vayas vestido de auror y que luego mandes una lechuza avisando que no vendrás.
—Jó, si, mamá –se burla el pelinegro, ganándose una mirada enfurecida de la chica mientras caminaba hasta la puerta para salir de la habitación.
—¿Puedo ir contigo, tío Harry? –pregunta Rose, sonriente.
—Oh, sería buena idea, así nos aseguramos de que vuelvas –ríe Ron, atándole el alborotado cabello a la chica en un moño alto.
—Por supuesto que puedes venir conmigo, Rose –asintió Harry, mientras se paraban de la cama —Espérame en la sala con tus padres y nos vamos ¿si?
La chica sonrió y estiró los brazos para que el pelinegro la levantara.
—¿Y pasaremos a ver la tienda de mascotas?
—Claro ¿Por qué no? –respondió Harry, tomándola entre sus brazos.
—Y, y, y ¿vamos a la tienda de tío George?
—Si, sería una muy buena idea –asintió. —Tú serás la guía.
—No le digas eso, que querrá recorrer todo el país… -Le aconsejó Ron.
—Pasaremos también a Florean Fortescue por un helado ¿te parece la idea? –Pregunta Harry, entregándole la niña a su amigo.
—¿De dos sabores?
—Ni se te ocurra, Harry –exclamó Hermione que pasaba por fuera de la habitación y había escuchado el fragmento de conversación —Luego no tendrá hambre y no se comerá el almuerzo.
—Entendido, Hermione –le dijo, luego bajó la voz para que fuese audible sólo en la habitación —Serán seis sabores ¿si?
—Come todo el helado que puedas, nena –le dijo el pelirrojo a su hija mientras salían de la habitación para que Harry se cambiase de ropa. —Ahora, vamos abajo a esperar a Harry.
—Tío ¿Luego pasamos a San Mungo a ver al tío Draco? Seguro ya se le pasó el enojo… -pregunta la pequeña. Harry inmediatamente siente un malestar.
—Rose ¿De qué hablamos hace unas semanas? –la reprendió Ron, mientras Rose parecía hacer intentos por recordarlo.
—Tranquilo, Ron, no importa –dice el chico haciendo un gesto de despreocupación, luego le sonríe a la niña —Draco está muy ocupado con su trabajo así que no debemos ir a molestarlo…
—Pero, ayer con mamá pasamos a verlo –la chica se cruzó de brazos, haciendo un mohín. —Y no tenía tanto trabajo…
—¿Ayer tú qué? –pregunta Harry, sorprendido, volviendo la vista a Ron quien de pronto se veía muy apresurado por salir de ahí —¿Tu sabías?
—Bueno, pues… tu sabes, Hermione y Parkinson están cada vez más unidas… quizás porque las dos están embarazadas… es probable que solo pasaran a saludar.
—No, papi –dijo la chica —recuerda que queríamos saber si estaba bien. Después de eso vimos a la tía Pansy…
Ron se apresura por dejar a la pequeña en el piso.
—Rose. ¿Por qué no vas a pedirle a tu madre que te busque un abrigo?.
La pequeña asiente y corre a buscar a su madre.
—¿Cómo está? –le pregunta a Ron, más duro de lo que pretendía.
—Mal –responde el pelirrojo —Claro, que no lo confesó ni se le notaba, pero por lo que le dijo a Hermione está trabajando medio día… y eso en Draco es…
—Inusual. –Completó la frase.
—Ya, como sea. Olvídate y ve a comprar ¿si? Después hablamos.
Y así había hecho. Harry había salido con Rose de una mano directo al callejón Diagon a intentar distraerse y que su mente no viajara a su casa, o a Draco.
Para su sorpresa no fue tarea difícil. Llevar a una niña pequeña con él lo mantenía tan ocupado que fue imposible pensar en sus problemas sin dejar de estar al pendiente de la seguridad de su sobrina y de responder a las mil y una preguntas que hacía.
Lo primero que hicieron fue pasar por su bóveda en Gringotts, porque habiendo estado tan sumido en su trabajo y habiendo gozado de la hospitalidad de sus amigos, no había necesitado casi nada de dinero y lo único que disponía de efectivo eran dos galeones.
Luego pasaron por la tienda de animales a comprar un remedio contra la hinchazón del crup y Harry tuvo que obligarse a no comprarle a Rose el gato que tanto le había gustado y con el que estuvo tan entretenida unos buenos minutos, pero sabía que si llegaba a la casa con una nueva mascota Hermione se molestaría tanto que todos correrían peligro, Rose lloraría y el gato sería la cena del crup.
Luego pasaron por Sortilegios Weasley, pero era domingo y George no visitaba la tienda ese día así que tuvieron que contentarse con recorrer un par de veces los pasillos mientras Rose le daba una larga lista de razones de por qué su madre no la dejaría llevar ningún producto a la escuela.
—¡Pero si los artículos de Sortilegios Weasley son muy populares! –le dijo el pelinegro a Rose —Todos llevarán uno que otro a Hogwarts.
—Pero mamá dice que iré a otra escuela antes de ir a Hogwarts. –Rose se llevó las manos a la boca como para ocultar una sonrisa llena de emoción —Con niños muggles, tío. ¿Tú fuiste a una, no?
Después de Sortilegios Weasley, fueron por un helado a Florean Fortescue y hace tanto tiempo que Harry no iba que le costó mucho más que a Rose decidirse por los sabores que quería.
Más tarde fueron por los ingredientes que Ron necesitaba y las cervezas, sin embargo, una vez terminada las compras Harry y Rose tuvieron que correr a una botica por una poción para el dolor de estómago ya que al parecer había dejado que la niña tomase más helado del que podía aguantar. La señora que atendía aseguró que el efecto era inmediato, y mientras esperaban por estos, él y la pequeña Granger-Weasley evaluaron las posibles consecuencias de contarle lo sucedido a Hermione, así que, sin dejar de sentirse un poco culpable, acordaron en que aquello sería un secreto entre ambos y la mujer de la tienda.
Llegaron a casa justo a tiempo para entregarle a Ron los ingredientes en el momento indicado, y cuando Hermione le preguntó a su hija como lo había pasado, la chica intercambió una fugaz mirada con Harry y con un mohín le contó a su madre lo mucho que le insistió a Harry para que le comprase un helado pero este no había cedido en ningún momento. A pesar de ello, al momento del almuerzo su mentira salió al descubierto cuando Rose no comió más de una cucharada de su comida.
Harry recordó una situación similar un par de meses atrás, pero Draco, muy sigiloso, había encantado la cuchara de Rose para que cada vez que la llenase de comida, ésta fuese a parar a los platos de alguno de los demás integrantes.
Ahora, el pelinegro se estrujó la cabeza para recordar el hechizo pero lo único que pudo recordar fue a Draco.
Cuando acabaron de comer, hicieron una rápida visita a la madriguera para dejar a Rose con sus abuelos y luego los tres volvieron a la casa. Salieron al jardín y se sentaron alrededor de una pequeña fogata, hechizo de Ron, porque a pesar de que estaba terminando el invierno, las tardes seguían siendo muy heladas.
—¿Recuerdan, chicos, cuando nos pasábamos algunas tardes de los domingo en la cabaña de Hagrid? –Preguntó el pelirrojo con un deje de nostalgia en sus palabras —Y nos daba unos horribles caramelos que casi hacía que se nos salieran los dientes –agregó, riendo antes de llevarse la botella de cerveza a los labios.
Harry y Hermione asintieron con una sonrisa en el rostro.
—Deberíamos ir a verlo, los tres. –comentó el pelinegro —Hace un mes al menos que no lo veo.
—Ni nosotros… con lo del trabajo –dijo la chica —¿Creen que le gusten los crups?
—Escupen fuego, debe amarlos –el pelirrojo se encoge de hombros —Pero ni pienses regalar el crup de Rose, Hermione.
—Bien, bien, pero si Rose llega a tener una sola quemadura entonces serás hombre muerto, Ronald –Hermione lo apunta con su dedo acusatorio, Harry bebe un sorbo de cerveza divertido pero el dedo no tardó en apuntarlo a él —Y tú también, Harry, no creas que no sé que tú ayudaste a Ron a conseguir a esa criatura.
—Ron, era un secreto –lo regaña.
—Hermione es diabólica, Harry, entiéndeme –la burla hizo que el ceño fruncido de Hermione se alivianara. Los tres ríen y se quedan unos segundos en silencio.
—¿Cuándo estará Hugo con nosotros? –Preguntó Harry, apuntando al vientre de Hermione.
—Ayer fui con un medimago… -Ron la interrumpe.
—Harry ya sabes que estuviste con Draco.
—Oh… bueno, sólo quería saber si estaba bien… Pansy me comentó algo pero ella con lo de su embarazo y su trabajo no ha tenido tiempo de quedar con él, y Blaise no está en el país así que me tenía inquieta… -Harry interrumpe la veloz explicación de Hermione. Tampoco es como que le importase o le sorprendiera de que la mujer se preocupase por el rubio. Llevaban al menos diez años compartiendo navidades, años nuevos, cumpleaños y otras tantas festividades, que sería extraño si no le importase en lo más mínimo.
—Hermione, está bien, sólo continúa.
—Bien, fui a ver a Draco porque quería saber cómo estaba –Comenta —y en cuanto entre a su consultorio me miró, agitó su varita y me dijo –Hermione se aclaró la voz y adoptó una expresión engreída para imitar el semblante de Malfoy —En ocho días más tendrás a esa cabeza roja. Te diría que será un hermoso bebé pero el padre es Weasley…
Ron estalló en risas.
—Ya quiero ver cuando tenga un hijo… Seguro el crío tendrá cara de estar oliendo algo mal todo el… -Ron deja a la mitad su "chiste" debido a la intensa mirada de Hermione sobre él.
Harry, por supuesto, entendía que era una broma, entendía que él y Draco todo el tiempo se lanzaban ese tipo de comentarios, y aunque alguno no estuviese presente, los dos sabían que tarde o temprano alguien les comentaría lo que se había hablado del otro a sus espaldas. Por eso podía entender que Ron soltó de forma tan natural sus palabras.
También Harry entendía que como Ron no sabía con claridad que tan enojados estaban ellos, o en su defecto, que tan herido se sentía Harry por la traición de Draco, que en ningún momento imaginó que sus palabras fuesen tan inoportunas.
Y además, era una simple burla que Harry, como el adulto maduro que era, podía haber ignorado de lo más bien.
Pero no pudo evitar que dolieran profundamente, como si el pelirrojo las hubiese dicho con intenciones reales de herirlo.
Harry, quien había intentado a toda costa las últimas dos semanas no pensar en Draco, en ese minuto todo sus sentimientos parecieron encontrarse.
Suspiró y bebió una cerveza, como intentando camuflar el torbellino de emociones que se desataba en su interior.
Era confuso.
Lo extrañaba.
Extrañaba llegar a su casa y comer junto a Draco, extrañaba el cuerpo del rubio junto al suyo mientras dormían y extrañaba hacer el amor con el ojigris antes de ir al trabajo.
Pero al mismo tiempo no quería saber nada de él.
No quería que fuese lo primero que venía a su mente en cuanto cerraba los ojos. No quería acercarse a la casa. No quería sentirlo cerca mientras dormía ni quería ver sus grises ojos al despertar.
Había momentos en que se decía a él mismo que podía olvidar el engaño y perdonarlo si prometía que aquello no se repetiría otra vez, pero al segundo de esa posible solución, se decía que si lo hacía nada volvería a ser igual porque la confianza ya estaba quebrantada.
Se acomodó más en la silla, y con los ojos en su amigo se dijo que era muy infantil sentirse así por un simple comentario.
—Acordamos con Draco, hace un tiempo y lo volvimos a hablar hace unos meses, nada de niños hasta que no tengamos unas vidas más calmadas… -Harry suspiró antes de beber otro largo sorbo de cerveza. —No paramos en casa más que los fines de semana… -Agregó e intercambió una mirada con sus amigos —Y ahora… no, no creo.
—¿Qué pasó entre ustedes, Harry? –Preguntó Ron directamente después de una pausa, suspirando con la misma melancolía con la que lo había hecho Harry.
—Draco me ha estado siendo infiel. –Respondió Harry sin rodeos, apoyando todo su peso en el respaldo de la butaca. Pensó que le iba a costar decirlo en voz alta, pero no fue así en lo absoluto, había repetido las palabras tantas veces en su mente que éstas solo salieron de entre sus labios.
—¿De qué…de qué hablas? –La incredulidad en el tono de Hermione descolocó a Harry. —¿Cómo? ¿Con quién?
—¿Hablas en serio?... –Ron lo miraba sorprendido —No puedo creerlo.
—Tampoco quiero creerlo… Hubiese preferido cualquier cosa… Pero se ha estado acostando con Nott…
—¿Con Theodore? –exclamó Ron con el ceño fruncido.
—Con el mismo.
—Pero, Harry… ¿Estás seguro? –preguntó Hermione todavía escéptica, apresurándose por agregar un nuevo comentario antes de que Harry se le adelantara. —Ellos son compañeros de trabajo… Ambos son jefes de un departamento en San Mungo… Quizás hayas imagina…
—¡Los vi, Hermione! –El pelinegro se vio en la obligación de interrumpir a su amiga. Hermione se llevó una mano hacia la boca, como para ocultar su sorpresa pero Ron no la disimuló para nada. Harry entonces decidió explicarse. Sus amigos preguntarían de todas formas —Hace tiempo que las visitas de Nott son frecuentes en casa, más allá de lo que debería ser profesional…
—Con la cantidad de pacientes que deben atender, me imagino que tiene poco tiempo para investigaciones y eso… -Defiende Ron. Harry se siente molesto y ligeramente sorprendido. Ron siempre estaba de su parte.
—Ron hablo de visitas temprano en la mañana, cuando me iba al trabajo… O los fines de semana, o incluso cuando ya nos íbamos a dormir. –Cuenta el pelinegro, apretando los puños para que no hubiese tanta ira en sus palabras como en verdad sentía. —Yo me iba a dormir porque llegaba Nott y se encerraban en el despacho a continuar con sus investigaciones… Yo jamás desconfié de él…
—Harry…
—Déjame terminar. –le soltó a la chica —No digo que desde ese entonces me ha estado poniendo los cuernos… Quizás las cosas se dieron con el tiempo. Se ven a diario, trabajan en lo mismo. Yo que sé. Una cosa llevó a la otra… Me gustaría pensar que Draco está arrepentido…
—Pero eso no quiere decir que te fue infiel –Opinó el pelirrojo, tendiéndole a Harry otra cerveza que reemplazara a la botella vacía que tenía en sus manos.
—El día que vine con ustedes había llegado de nuestra misión, Ron ¿lo recuerdas? –Tanto el aludido como la chica asintieron frenéticamente —Cuando entré a la habitación me los encontré en la cama…
—¿Los encontraste teniendo sexo? –preguntó Ron boquiabierto.
—No, Ron, joder, por Merlín no. Estaban durmiendo, los dos en nuestra cama. Habían pasado la noche juntos Draco estaba sólo en bóxer y Nott a un lado, con mi pijama.
—Pero, Harry… -Comenzó a decir Hermione, sin embargo, ningún argumento de los que tenía parecía ser sólido porque se quedó callada.
—Ninguno se molestó en explicarme algo. –Continuó Harry, su garganta quemaba pero no flaqueó en ningún momento. —Nott parecía que se iba a hacer pis en cuanto me vio, quiso hablar pero ustedes entenderán que no quería escuchar ni mierda de él… Quería que Draco me explicara… -El pelinegro se lleva la cerveza a los labios deseando que fuese algo más fuerte. —Draco le dijo que se largara y luego sólo discutimos…
—¿Qué te dijo Draco? –preguntó Hermione, frunciendo el ceño mientras se acariciaba el vientre con una mano. Por la expresión de su amiga, Harry no supo descifrar si ella estaba muy molesta o estaba muy concentrada analizando la situación que Harry describía.
—Que entre él y Nott no había pasado nada, que están investigando a ese estúpido paciente sin cura, pero tampoco me quiso explicar que hacía durmiendo con él…
—Amigo, no sé qué decir –Comentó Ron acariciando su espalda por unos pocos segundos —Con todo lo que me dices… tú y Draco, son… bueno, no lo creía capaz a ninguno… Yo en serio lo siento, Harry.
— Lo que quiere decir Ron, y me sumo, es que tú y Draco son el uno para el otro… -Explica Hermione —Es muy difícil de creer que haya hecho algo así…
—Tampoco creía que fuese capaz…
—¿Has hablado con él?
—¿Desde entonces? Nope –responde. —No quiero. Sé que es lo mejor pero cada vez que pienso en lo que pude haber encontrado de haber llegado de noche me da asco, rabia, tristeza… Es, no lo sé.
—Creo que me lo puedo imaginar –El pelirrojo vuelve a suspirar, como para demostrar empatía por Harry.
—Tómate el tiempo que necesites, pero tarde o temprano tienes que enfrentar la situación, Harry… -Hermione le da un apretón de manos. Harry imaginó que sería una situación incómoda contarles a sus amigos, sin embargo, fue todo lo contrario. Casi podía sentir que eran unos niños de nuevo compartiéndole sus inquietudes sobre Voldemort. Agradeció infinitamente por tenerlos.
—No sé si deba contártelo –Hermione intercambió una mirada con Ron. El pelirrojo pareció querer interrumpirla por unos segundos pero no dijo nada. —Bueno, voy a un médico muggle también, aunque voy más por las ecografías. La última cita fue hace una semana y con Ron nos encontramos a los aludidos por ahí.
—¿Te refieres a Draco y Nott? –Preguntó Harry, sorprendido y sintiendo una fuerte punzada de dolor en el pecho al escuchar el nombre del amante.
—Em, sí. –dijo Hermione. —Estaban atosigando a una pobre chica con una tanda de preguntas sobre especialidades médicas, exámenes clínicos y otras cosas con respecto a la medicina muggle.
—Bueno, pues, infiel o no quiere llegar a alguna maldita cura para el paciente ¿no? –razonó Harry, sintiéndose molesto.
—Sí, la cosa es que cuando dije en broma que no hechizaran a la chica para seguir con sus respuestas, Nott pareció muy incómodo y soltó una risa bastante falsa…
—No me pidas que vaya a investigarlo –Interrumpe Harry —Además, no creo que Draco fuese a hacer algo ilegal…
—Déjame acabar, Harry, yo tampoco lo creo… -Exclamó la chica —Pero ambos se vinieron con nosotros… Fuimos por un café y Draco me embargó a mí con las preguntas… Me pidió también que le ensañara a usar la computadora.
—Prefecto, me avisas cuando venga para no estar aquí –Sentenció el chico. Sabía que estaba comportándose como un niño pero no pudo morderse la lengua. Hermione rodó los ojos.
—A lo que voy, Harry Potter, es que deberías dejar que te cuente bien su punto de vista. –La chica levantó las palmas a la altura de sus hombros —No estoy diciendo que no tengas razón, pero quizás Draco tenga una buena explicación y todas las visitas de Nott si hayan sido con motivo laboral… ¿Crees tú que Draco Malfoy estaría buscando apoyo en la medicina muggle si no encontrase alguna respuesta a lo que está buscando? –La chica bebió un sorbo de su jugo antes de proseguir —Porque muy superado tendrá todo su tema con los muggle pero no creo que piense que la medicina no mágica sea más exacta que la que él practica…
—¿Y cómo explicas que Harry lo haya encontrado en la cama con Nott? –Apuntó Ron, frunciéndole el ceño.
—Eres auror, Ron… No puedes quedarte con una sola versión… -Ron quiso replicar pero se contuvo. Era Harry quien tenía ver si hacía caso a las palabras de Hermione, no él.
—Como sea, Harry, eres bienvenido aquí el tiempo que sea necesario. –Le sonríe al pelinegro. Harry tuvo intenciones de devolverle la sonrisa pero era como si los músculos de su rostro estuvieran en contra del gesto.
—Necesitarán un par de manos con un nuevo bebé en casa…
—Exacto –afirmó Hermione.
—Salud por Hugo –dijo Harry alzando su botella de cerveza. No quería seguir hablando de Draco.
Hola!
Muchísimas gracias por leer!
Me acabo de dar cuenta de que no lo puse antes, pero debo agradecer a la hermosa NaoCoffee (Así es su usuario en Wattpad) por betear todos estos capítulos.
Muchas gracias!
Espero tengan un lindo día!
Nos leemos
-Mai.
