Capítulo seis
(Años atrás)
Harry había ensayado por días las palabras exactas que debería decir para cuando llegara el momento. E incluso, minutos antes las había repasado tantas veces en su cabeza que pensaba que se sabría el discurso de memoria por el resto de su vida.
Pero se equivocaba.
Ahí estaba, con dos pares de ojos expectantes sobre él. Azul y castaño mirándolos fijamente demandando la razón del llamado y él, con la lengua pegada al paladar y la mente totalmente en blanco.
Y es que las palabras quizás a donde habían ido a parar. Todas. Porque por más que quería expresarse, nada salía de su boca.
—¿Y bien? –preguntó Hermione, algo cautelosa, intercambiando una rápida mirada con Ron —¿Qué es lo que nos querías decir? -agregó. Su postura inquieta lo incomodaba aún más, pero no podía culpar a su amiga. Era muy probable que él estuviese pálido como el papel debido a los nervios y quizás ella pensaba que el motivo de la cita tenía que ver con el mago tenebroso ya extinto.
Dos palabras se dijo Harry sólo son dos palabras, pausa y luego serán cuatro. No es tan difícil intentó echándose ánimos, pero nada dio resultado.
El campo de quidditch estaba desierto, lo que le aseguraba totalmente que nadie más sería testigo de lo que se hablase en el lugar. Sin embargo no podía dejar de sentir que estaba ante un público enorme.
Tomó todo el aire que pudo, apretó con todas sus fuerzas la snitch que habían utilizado para el entrenamiento e ignoró su pulso que corría como loco.
Cerró los ojos, pero se dijo que para una confesión así necesitaba tenerlos abiertos. Él no era ningún cobarde.
—Soygay –soltó finalmente —YestoysaliendoconMalfoy –agregó. Se dio cuenta de que sus palabras fueron muy rápidas y temió tener que repetirlas.
Contuvo la respiración esperando a que sus amigos reaccionaran pero ninguno hacía o decía nada así que imaginó que tendría que volver a confesarse.
O era probable que estuviesen tan pasmados con la revelación que no encontrasen las palabras indicadas para responder. Sea como sea, los segundos se le hicieron una eternidad.
Ron pareció volver a la vida antes que su novia, no pudiendo disimular ni un ápice la sorpresa que lo invadía.
—Gay es igual a homosexual, y homosexual es igual a… -comenzó a decir ayudándose de las manos, como si estuviese contando, mientras sus ojos se abrían tanto que parecía que en cualquier minuto se saldrían de las cuencas —¿Estás saliendo con Draco Malfoy? ¿Malfoy Malfoy?
—Malfoy Malfoy –respondió Harry, agarrándose aún más de la escoba, liberando la snitch para que volase junto a él.
—No puedo creerlo –soltó su amigo, pasándose una mano por el cabello colorín. —¿El Malfoy de Slytherin?
—No hay otro Malfoy, Ron. –El pelirrojo asintió, sin creérselo aún. Harry tragó saliva, un poco aliviado, pero se percata que de un momento a otro Ron lo apuntaba con su varita. Harry, más confundido que otra cosa, da un paso hacia atrás.
—¡Seguro estás bajo un imperio! –casi lo gritó —O alguna otra maldición…
—Ron, no estoy bajo ninguna maldición. Estoy saliendo con él bajo mi propia voluntad. –Se explicó, acercándose a su amigo mientras lo incitaba a guardar su varita —Y estoy casi seguro de que Draco también.
—Draco Malfoy… -Repitió Ron, como si decirlo en voz alta lo hiciera más real.
Harry asintió y volvió su mirada a Hermione, quién seguía como una estatua.
—Hermione –dijo Harry, más bajo de lo que pretendía. La chica pareció salir por fin de sus cavilaciones y fijó sus ojos en los verdes de Harry.
—¿Es un chiste, cierto? –Preguntó demasiado brusca para ser sólo curiosidad. Harry se asustó un poco. —De todos los chicos que hay estás saliendo con Malfoy.
—No es un chiste. –Respondió Harry, seco.
—Estás saliendo con el único que se burló toda una vida tanto de ti como de nosotros, el que nos metió en una infinidad de problemas, el que hizo cuanto pudo para despedir a Hagrid y el que intentó matar a Dumbledore. ¿Eres novio de ese chico? –agregó Hermione, respirando rápido. Casi se podía decir que estaba furiosa. Ron estiró una mano hacia ella mirando preocupado a Harry.
—Hermione, él tuvo sus razones…
—Tuvo sus razones para ser una espinilla en el culo. –Interrumpió, terminando la frase. Harry se quedó atónito unos buenos segundos.
No se esperaba esa reacción de su amiga. Quizás de Ron, pero no de ella.
Hermione fue la primera en decir que todos se arrepienten de sus actos, que Draco tuvo sus razones para convertirse en mortífago y que no necesitaba que el resto del colegio lo apuntase y lo denigrase. Pero ahí estaba ahora, recordándole todas la razones que lo convertían en el Malfoy odiado y que él ya las sabía.
—Puedo entender, Harry, que Malfoy haya sido mortífago por su familia, puedo entender que quizás esté arrepentido y que ya no piense sobre los mestizos como antes, pero eso no quita como se ha comportado todo estos años con nosotros, contigo… -explotó la chica —Quizás haya cambiado, no soy quien para contradecir eso… Pero ¿Tanto como para que estés saliendo con él?
—No, no ha cambiado, lo conocí mejor que es distinto y sus ideales han cambiado… -Exclama Harry —Si está arrepentido por muchas cosas que ha hecho, como el trato que tuvo hacia los hijos de muggle y a nosotros, pero es una persona…
—Arrogante, irritante, soberbia, manipuladora… -Termina Hermione, nuevamente. Su pecho subía y bajaba agitado mientras que enredaba nerviosamente su mano en la larga bufanda. —Chicos, lo siento, pero voy a la biblioteca un rato.
Agregó antes de que Harry pudiese decir algo. Ron, miró boquiabierto de él a su novia pero rápidamente reaccionó para alcanzarla cuando ya iba caminando cerca de las gradas. El pelirrojo y Hermione intercambiaron unas cuantas palabras antes de que la chica se alejara más.
Harry volvió a sentirse aliviado al ver una leve sonrisa en el rostro de Ron cuando volvía caminando hacia él.
—Bueno, Hermione no podía ser madura toda su vida ¿o si? –Ron golpeó el hombro de su amigo, Harry asintió soltando una leve risa.
—Te lo tomaste mejor de lo que pensaba... –Admitió Harry, emprendiendo camino de regreso a los vestuarios —Es más, esperaba esta actitud de Hermione.
—Jo ¿gracias?
—¿No estás molesto?
—¿Por qué estás saliendo con el hurón? –hizo una mueca de desdén —No te diré que me alegra, pero no estoy ni un poco molesto… Es tú vida… -Harry asintió.
—¿Y no te sorprende que sea... gay? –pregunta. Para su sorpresa Ron se carcajea.
—Ginny me dijo una vez que te vio besando a Colin Creevey. –Confesó el pelirrojo —No le creí, pero ahora que lo confiesas...
—¿Qué Ginny me vio qué? –Harry se sorprende.
—Sabes, me alivia un poco… -Admite Ron —Creí que nos dirías que sentiste la conexión con quien tú sabes.
—Eso imaginé que pensarían…
—Joder, amigo, así que en realidad si te gustan las pollas… Y los narcisistas al parecer. –Harry medio se ríe medio frunce el ceño.
—Oye, eso es algo ofensivo.
—Bien, bien, lo siento.
—¿Cuánto crees que tarde Hermione para que se le pase el enojo? –Cuestionó Harry.
—No mucho… Hablamos de la chica que le tejía calcetines a los elfos…
—Eso espero –dice Harry. —Como sea, gracias.
—¿Gracias por qué?
—Por aceptarlo. –Ron para en seco, obligando a Harry a detenerse con él. Ambos llevaban sus escobas e iban vestidos con sus ropas de entrenamiento. El pelirrojo se sitúa frente a él y lo mira a los ojos fijamente, con su semblante circunspecto.
—Harry, estuvimos contigo en el viaje de lo horrocruxes, en la guerra y otras tantas cosas antes de eso –soltó —Creía que te había quedado claro…
—Bueno, pues…
—¿O piensas que después de todo eso nos alejaríamos de ti porque eres gay o por que salgas con el asqueroso hurón?
—No le digas así… -Exigió, para su sorpresa. A Ron aquello pareció hacerle algo de gracia por lo que se apresuró a continuar. —Pero me importa la opinión de ustedes.
—Está bien, eres tú quien debe ser feliz… Sólo no me hagas pasar tiempo con él…
—Está bien, por ahora no. –Agregó Harry, sonriendo. Sintió que debía ir en ese instante con la señora Weasley para comentarle lo muy maduro que se había vuelto Ron.
Para cuando el día acabó y el reloj estaba por marcar las doce, Harry decidió que debía dejar sus deberes hasta ahí e ir a dormir, sin embargo, no alcanzó a subir más de dos escalones cuando lo llaman.
—¡Harry! –Gritó Hermione, entrando a la sala común. El aludido se sorprende un poco al ver que la chica no había respetado el toque de queda.
—Vaya ¿leíste toda la biblioteca? –Comenta, sarcástico. Hermione rueda los ojos y, cuando está frente a él, le extiende un papel junto con un par de bombones de chocolate. Harry los recibe confundido.
—Un poema que me gusta mucho de José Martí –explica la chica. —Me lo encontré en la biblioteca, en un libro de poemas muggle, y pensé en ti… Y, bueno, lo siento Harry. No debí comportarme así pero yo, yo no juzgo a Malfoy pero no fue la mejor persona con nosotros… Y, lo siento ¿si?
Los ojos castaños estaban vidriosos y miraban arrepentidos a Harry y algo avergonzados por su comportamiento.
—Ya, Hermione, te entiendo –Le sonríe Harry, abriendo en seguida uno de los bombones. —No te preocupes.
—Sólo olvídate de lo que diga el resto ¿si?, y dedícate a ser feliz.
El pelinegro le tiende un bombón que Hermione rechaza negando con la cabeza.
—Tú también, Granger –dijo llamándola por su apellido de broma, para que la chica pensara que seguía molesto con ella, sin embargo, sonó muy similar a Malfoy.
Ambos se miraron por un segundo, Harry sintiendo sus mejillas enrojecer y Hermione confundida y luego explotaron en risas antes de decir algo.
—Vaya, sí que estás saliendo con Malfoy –dijo secándose una lágrima —Más pruebas no necesito…
—No es para tanto.
Todos vestían de gala y estaban sentados en mesas dispuestas sobre el perímetro del Gran Comedor, clasificados según las cuatro casas.
Mesas con flores rojas para los Gryffindor, mesas con flores verdes para Slytherin, flores amarillas para Hufflepuff y azules para Ravenclaw.
La organización se contradecía un poco con el discurso que estaba dando la profesora McGonagall en ese instante, que hablaba sobre lo poco que importaba la casa a la que pertenecían, sino que lo esencial era que, en todos esos años, hayan logrado apreciar los distintos atributos que los diferenciaban y a complementarse con ellos.
Sin embargo, la disposición de las mesas se debía a que aquel sería el último día en que ellos se sentarían en una mesa de su casa.
Era el último día que estarían en el castillo, el último día que dormirían en sus dormitorios de Hogwarts y el último día que podían reconocerse como estudiantes.
El año había transcurrido más rápido de lo que Draco esperaba. En un principio se le había hecho muy lento pero de pronto fueron tan sólo unos parpadeos para que los meses pasaran volando, para encontrarse ahí en donde estaba, sentado en una mesa junto a sus amigos, después de la cena de despedida mientras esperaban a que la directora terminase con su disertación.
Cada ciertos minutos se acercaba al oído de Pansy para soltarle algún comentario burlón sobre la situación mientras que la chica se aguantaba la risa y le respondía con otro comentario igual de divertido.
—…siempre Hogwarts será el hogar de todos ustedes –finalizó la mujer. Su semblante parecía inquebrantable pero se podía percibir un deje de emoción en su voz. Luego de una ronda de aplausos la directora se aclaró la garganta y volvió a hablar por sobre una sutil melodía que comenzó a sonar. —Ahora, daremos comienzo al baile. ¿Alguna pareja voluntaria para hacer la apertura?
Todo el salón enmudeció por completo. Draco miró hacia su alrededor y nadie parecía muy dispuesto a ser el primero en bailar frente a todos.
—Deberían traer un cáliz de nuevo ¿no? –susurra Pansy a Draco. —Para sortear a la pareja que deba bailar.
Draco abre la boca para responder pero algo en las mesas del otro extremo del salón llaman su atención. Harry poniéndose de pie, dando claras señales de que se estaba ofreciendo como el primero en pasar al medio y bailar con su pareja.
—Oh, el señor Harry Potter al parecer será el primero. –Comentó McGonagall.
—Era de esperarse –Se burla la chica apuntando al pelinegro que se acomodaba la túnica torpemente ante todas las miradas de sus compañeros.
—Te apuesto un galeón a que Potter pisa los pies de su pareja antes del primer minuto –Le susurra a su amiga. La chica ríe y asiente.
Draco vuelve a subir la vista hacia el Gryffindor, imaginando que sacaría a bailar a alguna chica de su casa. Y es que lo que había entre él y Harry se había mantenido en total secreto hasta entonces, y Draco no tenía ningún inconveniente con eso. Sabía que Harry le había contado a sus amigos, pero el aún no tomaba aquella iniciativa con los suyos. Reservaban su relación a escapadas furtivas bajo la capa de Harry y a encuentros nocturnos en salones vacíos.
Por tanto, no pudo evitar sobresaltarse cuando ve al pelinegro caminado directamente hacia ellos, hacia los Slytherin.
Todo el Gran Comedor volvió a quedarse en silencio absoluto y además de la música sólo se escuchaban los pasos de Potter que cada vez disminuían más la distancia entre él y las serpientes.
¿Qué haces? ¿Qué haces? Se dice Draco desesperado, mirando de soslayo a Pansy que estaba a su lado quien se encontraba igual de expectante que el resto de los estudiantes. Potter, joder, devuélvete. Ni se te ocurra hacer lo que creo que harás.
Harry ya estaba casi frente a él y Draco, quien se mantenía indiferente, por dentro sentía que se le apretujaba el estómago. No sabía si de vergüenza, un poco de emoción o desesperación. Invita a Pansy, joder, invita a Pansy. Mierda, Potter, si das un paso más te tendré que cruciar. Se dijo e incluso llevó su mano al bolsillo donde se encontraba su varita.
Pero se contuvo.
Y lo que temía pasó.
Potter parado justo frente a él, le clavó sus ojos verdes, esa mirada tan intensa que tenía a veces mientras sonreía y le estiraba una mano, animándolo a que la tomase para llevarlo a bailar.
Draco tardó un par de segundos en decidirse pero finalmente enredó sus dedos en los del pelinegro, y ante todos los ojos de los presentes, se incorporó.
Nadie decía absolutamente nada, ni siquiera hubo murmullos, y la música hasta se detuvo una fracción de segundo.
Draco miró hacia la directora imaginando encontrar furia en su rostro, pero ésta estaba tan perpleja como el resto de los estudiantes. Sin embargo, salió al segundo del estupor, hizo una señal al encargado de la melodía para que subiera el volumen y sonrió.
El Slytherin miró sólo un segundo hacia sus compañeros serpientes, como desafiándolos a que dijesen algo, y luego volvió sus ojos grises a los verdes.
Ambos ya habían llegado al centro del salón, de la mano para sorpresa de todos y para desgracia de sus antepasados, y se habían acomodado para bailar.
—Que comience el baile –Anunció la directora.
La música comenzó a sonar más fuerte, ayudando muy eficientemente a ocultar cualquier comentario que alguien pudiese hacer.
—¿Qué acabas de hacer, Potter? –Siseó Draco, con la mandíbula apretada. Intentaba no mirar hacia los demás porque aun sentía las miradas sobre él. —¿Te volviste loco? –Reflexionó un segundo —¿Más de lo que ya estás?
Antes de responderle, Harry le pisa uno de sus pies sin querer. Draco le frunce el ceño mientras puede imaginar a Pansy aguantando la risa, y quizás triunfante por haber ganado el galeón que él mismo había apostado.
—Bueno, dije que como es mi último día en Hogwarts este era mi oportunidad para salir del armario. –Respondió Harry. Draco frunció aún más el ceño.
—Oh, gracias por preguntarme. –Exclamó, guiando al chico como bailar porque Potter no parecía tener idea de cómo se hacía.
Harry abrió la boca para replicar pero luego la cerró de golpe mientras le dedicó una mirada avergonzado. Parecía recién haber reparado en aquel detalle.
—Lo siento, Draco –Se disculpó —No había pensado…
—Ya. –Lo cortó, suspirando resignado. La verdad, es que no le importó demasiado. Tarde o temprano tendría que hacerlo, aunque hubiese preferido evaluar mejor la situación primero antes de hacerlo frente a toda la escuela.
Miró hacia alrededor una vez más, se percató de que Granger con Weasley y Pansy con Blaise bailaban también e imaginó que lo hicieron para desviar un poco la atención de ellos.
—En serio, lo siento.
Draco miró a los ojos de Harry que lo miraban arrepentidos. Guardó silencio unos minutos volviendo a mirar a su alrededor y luego suspiró como si la situación hubiese sido de lo más agotadora.
—Bueno, si vas a salir del armario al menos hazlo bien ¿no? –Le escupe. Envalentonándose de pronto, aprovechando que aun había unos cuantos mirándolos.
—¿A qué te refieres? –Harry lo miró confundido.
Draco no le respondió. Al menos no con palabras. Eliminó toda la distancia que los separaba para besar los labios del chico, quien se quedó como piedra unos segundos pero luego recibió el beso cariñosamente.
Sintió que algo quemaba agradable en su estómago y se sintió con total libertad de depositar otro beso pequeño en sus labios después de que se separaron.
—Oh, esto es…
—Calla que luego me arrepiento –Le interrumpe el rubio. Harry le sonríe. Y ya. Draco casi podía admitir que le resultaba de lo más lindo que esa sonrisa fuese para él. —Deberás ahora ayudarme a buscar un trabajo, cararajada.
—¿Qué? ¿Por qué? –Preguntó el pelinegro, logrando de pura suerte no pisarlo de nuevo.
—Porque en cuanto le llegue el rumor a mi padre seguro me deshereda.
—Oh…
—Tenía que decírselo en algún momento.
—Bien… -Dijo Harry —¿Crees que se ponga muy feo el asunto?
—No tanto como se pondrá si me sigues pisando.
