Capítulo Siete

(Actualmente)

Draco sabía perfectamente quienes tocaban a su puerta. Habían mandado dos cartas cada uno anunciando la visita y él, las dos veces, había respondido que estaba ocupado.

Pero cuando tiró del pomo de la puerta ahí estaban, ambos de brazos cruzados mientras lo miraban molestos. Imaginó que la razón de esa poca gentileza para con su persona se debía a que los había estado evitando; respondía dos de cada diez lechuzas que mandaban y siempre tenía una excusa para no poder verlos.

Draco rueda los ojos ante sus expresiones. ¿Qué se creían? ¿Su mamá? Él tenía cosas mucho más importantes que resolver.

—Estoy bien ¿Entendido? –Dijo a modo de saludo, y olvidándose de todos los buenos modales que tenía, hizo ademán de cerrarles la puerta. Lamentablemente Pansy y Blaise estiraron el brazo para impedirlo, demasiado acostumbrados a sus berrinches como pare sentirse ofendidos. Draco no disimula ni un ápice su expresión de hastío —Además estoy trabajando en los síntomas de mi paciente, así que si pudieran dejarme en paz…

Ambos chicos cruzan el umbral, Draco bufa resignado y les indica que lo sigan hasta su cocina.

—¿Desde hace cuánto, Draco? –Pansy lo mira de pies a cabeza y hace una mueca de desdén —Tienes tan marcada las ojeras que pareces un mapache.

—¿Y con ese tacto serás madre? Por favor… -Se burla el rubio mientras entraban a la cocina. Ambos chicos toman asiento en seguida en la mesa que había en el medio.

—¿Por qué no respondes a nuestras lechuzas? –Le espeta el moreno —Llevas un mes y medio viviendo solo y no muestras señales de vida… Es preocupante.

—Porque –Draco respondió con la mandíbula apretada. Le dolía demasiado la cabeza y sólo quería dormir un poco, no era extraño entonces que se sintiera un poco irritado— Cómo dije en todas las cartas, entre los pacientes que atiendo y las investigaciones que hago con Theodore no me queda tiempo ni de comer. Perdóname entonces si se me olvida responder.

—Que imbécil eres. –Blaise rueda los ojos. Draco dejaba sobre la mesa platos con unos cuantos bocadillos que habían salido de la despensa luego de agitar la varita. —Una llamada. Eso no cuesta nada.

—Odio los teléfonos. Tampoco tengo uno y Harry se llevó el suyo… De todas formas con las protecciones funciona como la mierda –Draco rueda los ojos por enésima vez y se dirige a Blaise —¿Cerveza, whisky? Para ti, Pansy, te puedo ofrecer jugo de calabazas.

—Sólo si es sin azúcar… -responde la chica.

—Lo es –Le asegura Draco, aunque la verdad no tenía ni idea si eso tenía o no azúcar. Blaise se sirve él mismo un vaso de whisky mientras que Draco le tendía a Pansy el vaso con jugo. Se la queda viendo mientras Pansy lo toma entre sus dedos —¿Para cuándo es tu cita con el medimago? Eso nace en unos días.

Eso es un bebé, por Merlín –la chica le frunce el ceño, y hace un gesto de exasperación —Que amargado estás. Tengo cita con el doc para la próxima semana, tiene un viaje de emergencia así que tuvimos que posponer unos días el nacimiento.

—Pues, yo te hago una cita –Draco se sienta alrededor de la mesa, junto con sus amigos. —Puedo hacerme un espacio.

—Con esa cara que tienes, no gracias –Declina Pansy —Además no quiero que me veas… en esas condiciones. –Draco rueda los ojos y la mira exasperado.

—No será la primera vagina que veo, Pansy, créeme.

—¿Ah no? –Se burla Blaise y ríe.

—Oh, Blaise ¿Quieres que hablemos de tu etapa de curioso? –Draco levanta las cejas, intercambia una mirada con su amiga y se ríen ante la mirada sonrojada del moreno.

—Ow. Tú y Theodore se veían muy adorables besándose –La chica lo apuntó sonriéndole pícara. —Casi tan adorables como Draco y Harry.

Blaise niega con la cabeza.

—Quería saber lo que se sentía eso es todo. Primero tú y después Theodore salieron del armario, tenía que verificar que no me perdía de nada.

—¿Tú novia sabe de esa etapa? –La chica le levantó las cejas y empujó su hombro suavemente.

—Pues, claro, pero desearía que ustedes la olvidaran, que lo sacan a flote cada vez que pueden, es molesto. –El moreno se cruza de brazos molesto mientras Draco y Pansy se ríen de buena gana ante su reacción.

—Granger tampoco quiso que yo la atendiese. –El rubio comenta volviendo al tema —Que pudorosas sois.

—¿Conociste al hijo de Hermione? Es una cosa tan adorable que ya quiero tener al mío –Dice Pansy.

—Por supuesto. Hermione es una de las pocas personas que entiende que si alguien está leyendo no le gusta que lo interrumpan –Draco bebe un sorbo de whisky antes de proseguir. —Así que la acompañé la mayor parte del tiempo. Ronald sólo estuvo para el nacimiento, tuvo que ir en una misión y no pudo quedarse con ella. —Pansy se estiró con algo de dificultad para atrapar la mejilla del rubio y apretarla con una sonrisa en el rostro.

—Oh, vamos, Draco –Le dice ante los ojos furiosos de su amigo—Admite que te gustan los niños. La verdad Hermione me dijo que ibas a diario en tus tiempos libres, le quitabas a Hugo de los brazos y te ponías a leer.

—Estaba siendo solidario, Pansy. Seguro Granger quería dormir un rato –Niega con la cabeza. —No pienso hacer lo mismo por ti ¿sabes?

—Pero si será tu ahijado…

—Lo sé, pero te lo has ganado… -Afirma.

—Diez galeones, Pansy, a que lo tendrás ahí el día del nacimiento –Ríe Blaise.

—Veinte –Asiente la chica, subiéndole ambas cejas a Draco, quien sólo se limitó a poner cara de irritación.

—Hace unos días, el día que llegué de Italia, me encontré con tu padre, Draco –Comenta Blaise cambiando de tema. Draco dirige sus ojos hacia su amigo —En el ministerio. Me dice que hace un mes más o menos que no te ve.

—Parece que no acabas de entender, pero no tengo nada de tiempo. –Exclama el rubio, la exasperación en su voz. — No me alcanza el tiempo para ir hasta Francia a saludarlo –Agrega.

—Eso me comentó.

—¿Cómo se veía? –Preguntó, y a pesar de que tenía curiosidad, parecía que solo lo hacía por obligación. —Mamá estuvo aquí hace unos días y dice que sigue enfermo.

—Oh, sí. Sin ofender, pero los años se le vinieron encima.

—Pues, ya tiene su edad… -Interrumpe Pansy.

—Si, es cierto. Usaba un bastón y tenía una tos un poco fea.

—Yo ya le he ofrecido un montón de veces atenderlo pero me dice que sería una estupidez venir a Londres tantas veces cuando en Francia también hay muy buenos médicos. –Explica el heredero de los Malfoy, sirviendo más Whisky para él y para Blaise.

—Pero en traslador no le tomaría nada de tiempo –Dice Pansy como si fuera obvio —O a ti. Podrías ir tú.

—Eso le dije… Pero son excusas, muy poco elaboradas por cierto –El rubio hizo un gesto con la mano para restarle importancia al asunto, luego tosió y se aclaró la voz —Creo que jamás me perdonará por no haber seguido con las empresas de la familia. O quizás porque me casé con Harry, o puede ser porque soy gay o porque aún no tengo hijos. –Enumera —Tiene bastante de donde elegir.

—No seas así, te quiere –Comenta Blaise.

—No lo discuto, pero para que nuestro amor siga intacto es mejor que nos veamos poco.

Toda su niñez y gran parte de su adolescencia Draco había admirado tanto a su padre que, de forma inconsciente, había anidado un gran miedo a decepcionarlo.

No había nada que le gustara más que ver esa enorgullecida sonrisa en el rostro de su progenitor por algo que él hiciese. Sin embargo, conforme los sucesos respecto a Voldemort se fueron desarrollando, ese temor y esas ansias por ser el hijo perfecto fueron disminuyendo paulatinamente.

Parte de él no podía evitar culparlo por lo que habían atravesado. Así que, para cuando la guerra acabó, para cuando se libraron por pura suerte de no ser enviados a Azkaban y para cuando pudieron recuperar su mansión junto con sus pertenencias, Draco había entendido perfectamente que él no quería volver a hacer nunca más algo que fuese motivado por su padre.

Así había hecho. Y a pesar de que su progenitor no había comentado nada con respecto a sus decisiones, Draco sabía que el mayor prefería no presenciar de cerca el rumbo que le había dado a su vida.

—¿Y qué tal estaba tu madre? –pregunta Pansy, bebiendo del jugo de calabazas.

—Igual de irritante que ustedes. Viene todas las semanas eso sí.

—Nos preocupamos por ti, jodido amargado –Escupe la chica. —Deberías dormir un poco que pareces de esos ancianos cascarrabias.

—Tenía destinado este instante para dormir. Más tarde viene Nott para seguir con lo nuestro.

—Es domingo –Dice la chica exasperada.

—¿Por qué sólo no desahucian al enfermo? De todas formas no encuentran cura y se están desgastando por nada –Opina Blaise, antes de echarse un bocado a la boca. Draco le otorga una mirada tan gélida que sintió ganas de disculparse.

—Si sólo fuera una muy avanzada viruela de dragón ya lo habría hecho, Blaise –Le dice severamente —Pero el paciente no está muriendo. Su sistema llegará al colapso pero aún hay tiempo. Es una extraña enfermedad y me gustaría tener la cura por si me la vuelvo a encontrar.

Draco se pasó una mano por su cabello, despeinándolo, antes de beberse de un trago todo el whisky del vaso.

Emitió un largo suspiro que no pudo evitar y que servía totalmente para dejar en evidencia lo agotado que se sentía.

Pansy y Blaise lo notaron súbitamente entonces. Intercambiaron una mirada preocupada. Parecía que de un momento a otro el aspecto de Draco había cambiado. Mientras éste se servía más licor, pudieron notar su postura cansina, su cabello despeinado y con poco brillo, sus ojeras, su piel más pálida de lo normal y sus ojos caídos a falta de sueño.

—¿Cómo te has sentido tú? –Preguntó Pansy finalmente. A fin de cuentas, el motivo principal de la visita era la respuesta a esa pregunta.

Draco podía haber respondido con una simple palabra: Cansado o agotado. Pero sabía que se sentía aun peor que eso. Además de cargar con el último mes y medio en su espalda, la ausencia de Harry era un tema aparte que por sí solo le causaba una mezcla de sentimientos que aportaban su cuota a la fatiga.

Le dolía más de lo que le gustaba admitir la decisión que había tomado el ojiverde. Le molestaba las cosas que le había dicho, y le causaba una sensación de pérdida horrible que el pelinegro no se molestara aún en buscarlo. Y claro, él no dejaba de sentirse mal por no tomar la iniciativa, a final de cuentas si él hubiese encontrado a Harry en cama con otro también se hubiese puesto de muerte. Lo entendía. Pero no entendía ni un poco que no creyese en sus palabras. Eso lo detenía a ir por él en el poco tiempo libre que le quedaba.

Bebió un sorbo más de whisky, y fijando la vista en sus amigos, respondió.

—Como la mierda.- Dijo sin rodeos y agradeció no sonar tan miserable. —Todavía se me hace difícil creer todo lo que está pasando…

—¿Es cierto? –preguntó Blaise —¿Qué entre tú y Theodore… -No terminó la pregunta pero Draco sabía perfectamente a que se refería.

— Oh, que pesados todos –Dijo más para él, molesto —Entre Theodore y yo no hay nada más que una relación de amistad… Y una laboral obviamente.

—¿Qué pasó realmente? –Preguntó Pansy cautelosa, sirviéndose más jugo.

Draco les relató brevemente lo que había sucedido, imaginando que Hermione ya se había tomado la molestia de comentarle a Pansy a rasgos generales lo ocurrido.

—Fue solo eso.

—Bueno, pues creo entender a Harry –Dice Blaise, lento, como temiendo que Draco le lanzara la maldición asesina —Si yo encontrara a mi novia en la cama con otro igual creería… No lo sé, tú entiendes.

—Lo hago, pero seguro la escucharías.

—Pero entonces, Draco, porque no te vas a explicar con Harry.

—Pues porque no me cree, Pansy. Lo he considerado bastantes veces pero también me siento molesto con la situación –Confesó el rubio cansado. —Me pidió que utilizara veritaserum, Yo jamás podría pedirle algo como eso…

Tanto Blaise como Pansy hicieron una mueca de horror.

—¡Que jodido idiota! –Soltó la chica.

—Además tampoco nos hemos visto. Se ha aparecido dos veces por acá pero cuando no estoy. –Suspira —Me siento patético por comentárselos pero es horrible llegar a la habitación y ver que faltan cosas.

—Tranquilo, es importante que te desahogues.– Lo anima la chica.

—¿Pero estás seguro que entre Theo y tú no hay algo? –Blaise lo miró como diciéndole que su secreto estaba a salvo con él —Vamos ¿y si sólo te quitas el calentón y ya?. –Opina.

—Yo creo que Harry podría entender si sólo es eso. –Apoya Pansy —Anda, que llevan diez años casados y poco más de eso juntos. No han tenido sexo con nadie más que no sea entre ustedes.

Draco mira de Blaise a Pansy, incrédulo.

—Tengo intenciones de recuperar mi matrimonio ¿saben? –Les dice —Eso no ayudaría en nada.

—Sólo decíamos –La chica se encoge de hombros.

— Además, no tengo un calentón por Theo.

—¿Ves, Blaise? No hay por qué estar celoso –Pansy le guiñó un ojo a su amigo quien sólo rueda los suyos.

—Me uniré a la decisión de Draco y tampoco pienso ir a verte cuando tengas a ese niño.

—Draco, diez galeones a que Blaise estará el día del nacimiento.

—Veinte. –Dice éste.

—Ahora, en serio, Draco. –Dice la chica volviendo al tema anterior. —Olvídate lo de acostarte con Theo. Tú y Harry tienen mucha historia juntos. Por favor, intenten hablar.

Draco quiso responder, pero cuando ambos pares de ojos estuvieron clavados sobre él se obligó a bajar la vista a su vaso, tomarse de un trago el contenido y limitarse a asentir.

Se dijo que después de todo, pasar tiempo con ellos podía ser de lo más reponedor.

La nueva rutina de Draco requería que después del trabajo se fuese directo a la butaca de la sala principal a pegar la vista en alguno de sus libros.

Las cenas de los últimos días se habían convertido en deseos inalcanzables los que eran vagamente satisfechos con un vaso de leche, un emparedado y un par de vitaminas encapsuladas.

Y es que preparar la cena requería de mucho tiempo que podía usar haciendo sus investigaciones.

En eso se encontraba, envuelto en una cobija bebiéndose el último sorbo de leche cuando la red flu se activa. Llamas verdes se alzaron vivas en todas direcciones mientras se materializaba entre ellas la figura de un hombre alto y fornido.

—¡Qué frío está el día hoy! –exclama Nott, saliendo de la chimenea envuelto en grueso abrigo, frotándose las manos enfundadas en guantes de piel de dragón —Vengo del Callejón Diagon –Se explicó. —En el Caldero Chorreante tomé la red flu.

—Enciende la chimenea si quieres –sugiere el rubio desde su butaca —Pero creo que estás exagerando.

Theodore agita su varita, obedeciendo a su amigo.

Se quita el abrigo y se acomoda en el sofá que estaba frente al rubio.

—¿Qué tal te fue con los muggles? –Pregunta—¿Y con los libros que te llevaste a casa?

—Me dijeron que hay que llevar las muestras y en cinco días tienen los resultados. –Responde —Y con los libros, mal.

—¿Tienes hambre? –pregunta. Theodore niega con la cabeza. Draco agita su varita y una pila de carpetas y papeles que estaban en su habitación llegaron en un par de segundos hasta su mano. —¿Qué pasó con los libros?

—Pues no logré encontrar nada que no sepamos. –Resopló con una mueca de frustración —La mayoría de las enfermedades muggles las conocemos pero con otros nombres, y para todas hay cura. Se enfocan en otros métodos para sanarla pero a fin de cuentas es lo mismo.

—El problema es que los tratamientos se enfocan mucho en calmar los síntomas… No en el origen de la enfermedad… -Comenta Draco, con la vista en un punto fijo, concentrado.

—Lo más parecido a los síntomas que hemos percibido es el cáncer –Theodore repasaba el informe que había sacado de su bolso. —Pero…

—Pero no hay presencia de células cancerosas. –finaliza Draco.

Ambos suspiran, intercambian una mirada, y como hacían casi todos los días por la tarde, comienzan con su sesión de investigación. Bajo una pesada atmósfera de resignación, cansancio y apenas esperanza, pasaban de leer libros de medicina muggle y mágica a artículos de revistas importantes sobre la medimagia, de vez en cuando tomaban la copia del expediente, lo hojeaban y lo dejaban bruscamente sobre la mesa. A veces, alguno parecía haber encontrado por fin algo, algún indicio o señal que pudiese ser de ayuda, y buscaban ansiosos entre los papeles, comparaban, subrayaban, analizaban, pero finalmente terminaban suspirando derrotados y apoyándose en el respaldo del sofá.

—¿Descartamos infección de Chizpurfle? –Pregunta Nott, dejando los papeles a un lado para abrir nuevamente su bolso y sacar una variedad de artefactos.

—Obviamente. No hay piel verdosa ni mucosa azul, Theo –Draco suspira.

—Es que no me cabe en la cabeza. Los síntomas surgen de la nada, es como si alguien los hiciese aparecer y no deja ningún rastro de donde vienen.

—¡Cierto! Es frustrante. –Draco hace un mohín.

—¿Lo hacemos ahora? –Pregunta Theo cuando ya tenía todos los útiles sobre la mesa. Draco no responde, sino que agita su varita para realizar una serie de hechizos desinfectantes, como si se estuviese preparando para tratar una herida abierta.

Su amigo lo imita. Hace exactamente los mismos hechizos, pero a diferencia de Draco, éste toma una jeringa con una larga aguja que no le gustaba para nada.

Draco se descubre el brazo derecho, dejando ver su pálida piel, tersa a excepción de los cinco puntitos rojos que tenía por donde las venas hacían su lugar.

—¿Podrías ser más delicado ahora? –Pregunta. Theo le sonríe rodando los ojos.

Cuidadosamente entierra la aguja en el brazo del rubio. Draco podía jurar que el material estaba helado pero era tan delgado y poco invasivo que quizás sólo eran ideas de él.

No desvía ni por un segundo la vista de las manos de Theodore y ve como el cuerpo de la jeringa poco a poco se llena del líquido escarlata.

—¿No te parecen algo morbosos los muggles? –comenta Theo mientras dejaba el frasco de sangre en una bolsa de color blanco.

—Morbosos, pero es posible que sea efectivo –Dijo poniéndose una bandita en el pinchazo. Habían practicado muchísimo para realizar aquellas intervenciones.

Theodore también se descubrie su propio brazo y esta vez es Draco quien realiza el procedimiento. El rubio era mucho más cuidadoso que el castaño. Theo podía asegurar de que no sentía ni el más mínimo dolor cuando introducía la aguja, sin embargo, prefería desviar la vista y pensar en otra cosa para olvidarse de lo que le estaban haciendo.

—¿No crees que deberíamos conseguir más muestras para comparar? –Pregunta el hombre admirando con desdén el frasco de su sangre —Quizás esto no es suficiente.

—Sería perfecto, pero llamaríamos la atención.

—Espero que tengamos resultados con esto de la sangre ¿sabes? –Dice Theo volviendo al grueso expediente —Los otros exámenes muggles no han arrojado nada concluyente, los nuestros tampoco… Los síntomas se seguirán extendiendo y no tenemos nada para remediarlos antes de que empiecen a comprometer algún órgano.

Draco sólo asiente. Ya sabía todo eso y que se lo recordara le ponía de los nervios.

—Tuve una reunión con unos médimagos de Alemania pero nadie ha visto algo similar… -agrega, luego de un silencio.

Theodore chasquea la lengua, molesto.

—Que jodida mierda. –exclama. Se levanta, y ya más que acostumbrado a la casa de los Malfoy-Potter, se dirige campante a la cocina —¿Puedo sacar whisky? –pregunta desde allí. Tenía la botella en las manos y ya había comenzado a buscar un par de vasos antes de escuchar la respuesta. Sabía que Draco no se negaría así que sólo lo pedía por cortesía.

—Si –respondió desde el sofá. —Hay galletas saladas en la despensa.

—Mañana tengo una cita con el director del hospital de España. –Comenta Theodore mientras volvía de la cocina con el licor y las galletas —Es un anciano… Se parece a Dumbledore, me imagino que en algún momento de su vida tendría que haber visto esto.

—Espero así sea.

Theodore sirve dos vasos del licor y continúan por otra media hora en silencio trabajando. Los dos muy concentrados buscando entre textos que ya habían quedado de forma permanente en aquella sala. Lo único que se podía escuchar era el sonido de las plumas pasando por el pergamino, el de libros siendo depositados en la mesa para pasar a otro y los bostezos.

Draco realiza un tempus. Muchas veces habían perdido la noción del tiempo y se daban cuenta de que ya era de madrugada y necesitaban comer algo y descansar, otras veces sentían que habían pasado seis horas de trabajo cuando solo habían transcurrido dos. Sentían pasar el tiempo siempre de forma muy distinta, y esa noche pasaba lento, los segundos pidiéndole permiso a los minutos para avanzar.

Draco siente los ojos de Theo sobre él, y le devuelve la mirada con las cejas en alto, cuestionándole sin palabras que le ocurría.

—¿Has hablado con Harry? –Pregunta en voz baja, dejando los libros a un lado y acomodándose más en el sofá, como si estuviese preparando para escuchar una historia.

—Hace poquito más de mes y medio que no lo veo –Responde Draco, tajante, dando a entender que no quería hablar del tema.

—Me siento muy culpable por lo que… -Draco lo interrumpe.

—Cállate. No es tu culpa… -El rubio se encoge de hombros, dejando los libros en la mesa para desperezarse y bostezar.

—Deberías hablar de todas formas con él –Comenta. Draco le clava sus grises perlas. —Es…

—Lo haré, Theodore –Dice cortante. Theo le asiente al rubio, preparado para volver a su lectura pero Draco lo interrumpe. Miraba hacia la pila de libros y papeles que habían dispersos por toda la mesa de centro y alrededor de ésta. Se había cruzado de brazos y su semblante dictaba una resignación que al castaño no le gustó para nada. —Pienso que deberíamos dejar esto hasta acá, Theo.

—Oh, bueno, pero yo aún no tengo tanto sueño.

—Hablo de todo. Blaise tiene razón. Solo nos estamos desgastando y al final… -Theodore lo interrumpe mirándolo tan molesto, que Draco instintivamente se irguió.

—Ni hablar, Draco –le dice tajante. —Hemos trabajado bastante como para dejarlo botado.

—Quizás solo estamos perdiendo el tiempo, Theo

—Tenemos que agotar todas las posibilidades antes de rendirnos –escupe

—Yo creo que…

—No creas nada estúpido. Vamos a encontrar la cura de mierda y vamos a pisotear esa jodida enfermedad ¿Bien?

Draco se toma unos buenos segundos antes de asentir, fijando la mirada en un punto indeterminado mientras pensaba en un sinfín de cosas.

—Créeme que seré el primero –dice finalmente. Theodore asiente enérgicamente y luego se quedan en silencio otra vez. Sin embargo, no vuelven a tomar los libros. Estaban demasiado agotados para leer una sola palabra más.

Theodore se bebe lo que le queda de Whisky mientras Draco se envuelve más en su manta. Ambos perdidos en sus pensamientos.

—¿Y qué tal te fue con tu cita anoche? –pregunta Draco, interrumpiendo el mutismo. Theodore, en la luna, parpadea varias veces antes de mirar a Draco y sonreír.

Cuando sonreía de esa forma parecía tener unos cuantos años menos, pensó el rubio.

—Bueno… el chico es un poco aburrido, pero el sexo… Ufff… –Theo cierra los ojos y sonríe, como si intentara rememorar la noche anterior —el sexo con Jones, Merlín, fue buenísimo. ¿Sabes? Pocas veces repito con alguien pero creo que lo llamaré nuevamente.

—¿Jones? ¿Cuál es su nombre? –pregunta. Theodore parece incomodarse. Draco levanta una ceja.

—Ethan.

—¿Ethan Jones? ¿No es tu paciente? –pregunta Draco con una ceja en alto. A juzgar por como desvió la mirada el castaño, imaginó que estaba en lo cierto. —Que bajo estás cayendo, Nott. Además de poco ético ¿Qué le ofreciste? ¿Pociones curativas gratis?

—Lo sé, Draco, no me lo recuerdes –el hombre rueda los ojos divertido. —Pero créeme que ese polvo vale todo el riesgo de que me sancionen por acostarme con él.

—Vamos, no pudo haber sido tan bueno.

—Lo suficiente para estar planteándome en éste instante ir a hacerle una visita. –Admite conjurando un tempus. Draco se sirve un poco más de whisky poniendo cara de pocos amigos.

—Ya, cállate, no me hables de sexo –bufa, molesto. Theodore parece confundido un segundo antes de soltar una carcajada.

—Cierto que ahora sólo tienes pajas. –Se ríe —¿Es dura la vida así?

—Casi nada –responde, con gesto de absoluta soberbia—Soy muy bueno con las manos, la verdad.

—Si quieres te dejo su número para que se conozcan –le levanta las cejas, pícaro —Él no es tu paciente.

—¿Tengo cara de querer las sobras? –Le escupe, negando con la cabeza —Además, quiero arreglar las cosas con Harry. No me quiero acostar con alguien más.

—Un polvo inocentón no te hará mal –Theodore se encoge de hombros. Draco abre la boca para replicar pero el ojiverde se le adelanta —Además seguro Potter ya se tiró a alguien.

Draco había pensado en esa posibilidad, pero escucharlo de un tercero era como sentir que le caía un balde agua fría. Y es que en todas las veces que se imaginó que Harry podía ir a acotarse con otro, ya sea por venganza (aunque fuese inmaduro) se dijo que no le importaba demasiado, que podía llegar a entenderlo. Pero ahora que lo decía Theodore lo hacía más real.

Frunció el ceño.

—¿Por qué lo dices?

—Vamos, por despecho. Después de que le pusieron los cuernos va a querer tener su propia aventura. O yo qué sé ¿Están separados, no? –Draco iba a decir que no, no habían hablado como para llegar a ese acuerdo, pero de pronto pareció golpearlo la realidad. Ya se cumplirían dos meses sin que cruzaran palabras, ni que durmiera en casa y sin verse. Era muy probable que a eso se le denominara estar separado.

—Pero nadie le ha puesto los cuernos. –exclamó, algo molesto, como si Harry fuese a escuchar.

—Él no quiere creer eso –Theodore se incorpora y se despereza. Draco se cruza de brazos —Si pides mi opinión, eso les hará bien. Ver a algunas personas…

—No tengo el más mínimo interés –Draco se encoge de hombros —Ni tiempo, por si no lo recuerdas. –El rubio le enseña el expediente y lo agita unos segundos para que el chico lo viese. Theo da un par de pasos hacia él y delicadamente se lo quita de las manos.

—Para todo hay un poco de tiempo, Draco. –sonríe —Además, puedo ver tu estrés. No seas tan dramático y ten un poco de sexo. Así vuelves con algo nuevo que hacerle a Potter.

—Pues, nadie ha pedido tu opinión, Theodore, así que resérvatela y ve a coger con Merlín, Salazar y Godric ¿si?

Theodore suelta una carcajada y parado frente a él, acerca un poco la cabeza a Draco.

—Mira, Draco, tú me conoces bastante –dice. Draco puede sentir el olor del whisky a esa distancia. Da una breve mirada hacia la botella y se percata de que le faltaba una buena parte —Quizás mejor que nadie. Y sabes que yo no busco nada serio. –hace un mohín —De solo pensar en algo formal siento escalofríos.

—¿A dónde quieres llegar? –lo apremió.

—Que si estás sin tiempo –dijo, acercándose un poco más. —Y no quieres buscar a nadie… Pero las ganas te sobrepasan –Se acercó otro centímetro. Draco frunció más el ceño manteniéndose firme. Sin embargo, que los ojos de su amigo fuesen de un tono tan similar al de Harry hizo que un cosquilleo se removiese en su estómago —Podrías llamarme.

—Oh, y ahora ofreces sexo así de fácil. –dice negando con la cabeza.

Theodore se carcajea y le sostiene la mirada unos segundos más.

Draco no estaba dispuesto a engañar realmente a Harry, pero parte de lo que decía Theodore le pareció buena idea por unos segundos. Con lo impulsivo que era Harry y con lo dolido que se sentía, seguro ya se habría acostado con alguien. Quizás que lo haya hecho era otro factor que influía para no quisiera verlo, porque se sentía culpable. Pero tampoco podía afirmar nada a base de suposiciones.

De todas formas, Draco sabía que hacerle caso a los consejos de Nott podía ser la idea más estúpida, pero ¿Y si la separación entre él y Harry se extendía? ¿Estaría mal acostarse con alguien estando separado? Quizás si, si aún no habían tocado para nada el tema.

Pero, sólo era sexo.

Theo sonríe nuevamente y se relame los labios y Draco traga saliva cuando el castaño se aleja.

—No cambiaría nada entre nosotros –dice caminando en dirección contraria a él.

Ya. A quién quería engañar. Quería sexo. De Harry realmente, pero el lívido instalado en su mente le decía que podía darse el gusto de hacerlo con otro

—No te pediría más porque no quiero, y tampoco tú. –continúa.

Theodore lo decía de una forma tan tentadora.

—Estás hablando sandeces, Theo –le responde, mientras este seguía caminado en dirección al baño—Además, seguro me contagio de algo contigo.

—Soy medimago, Malfoy –se río. —Estoy sanito.

Draco rueda los ojos.

—¿No te está esperando tu paciente?

—Exacto. –Asiente —Te lo digo para que lo tengas en mente –se encoge de hombros, alcanzando el pomo de la puerta del baño de invitados. —Luego del polvo hacemos como que nada ha pasado.

—No me acostaría contigo. Ni muerto.

Era una persona adulta, madura y con fuerza de voluntad. Podía de lo más bien estar meses sin tener sexo, no sería ni la primera persona ni la última. Pero el whisky, el cansancio, y otras tantas cosas parecían apoyar al mal de la cabeza de su amigo.

—Pasaré al baño, Draco, y me voy –el aludido asiente. Theo entra al baño y antes de cerrar la puerta, asoma la cabeza hacia afuera —Para que sepas, sólo digo, soy muy bueno en la cama. –Agrega con un guiño, que quizás, sólo quizás, podía ser seductor.

—Información de más que no me apetece. –Le comenta, desinteresado. Theo le sonríe y cierra finalmente la puerta tras de sí.

Draco no supo por qué, pero se quedó mirando fijamente la puerta del baño y se repetía unas mil veces en la cabeza que las sugerencias de Theodore eran siempre las peores ideas.

El pulso lo tenía a mil, y el bichito de liberar tensiones follando ya se le había instalado en un rincón de la cabeza.

Cerró los ojos con fuerzas reprimiendo las ganas de aparecerse en la casa de Granger y Weasley para acorralar al pelinegro en alguna habitación y hacer lo que tenía que hacer.

Sin embargo, lo último que quería el pelinegro era verlo, y lo último que haría él sería aparecerse en otra casa y rogar para coger un rato.

No. Ni aunque las ganas le consumieran.

Suspiró.

¿Por qué mierda Theo tenía que darle ideas y recordarle cosas?

Pésimas ideas, por cierto, porque él sólo quería volver a como eran las cosas hace un par de meses.

Pésimas, porque de todas las personas que amaba en el mundo, Potter encabezaba la lista. Él no podía hacerle daño.

Pésimas, porque lo hacía estar pensando en estupideces cuando debía estar investigando.

Gruñó. Literalmente.

No se dio cuenta pero automáticamente su cuerpo se incorporó y sus nudillos golpeaban la puerta del baño donde Theo estaba metido.

Tal vez le estaba dando mucha importancia. Después de todo era sólo sexo.

—o—

¡Hola, muchas gracias a quienes leen! Espero que la historia no se les esté haciendo muy lenta, si es así, pues me disculpo.

Cualquier sugerencia y/o crítica constructiva es bien recibida!

Espero tengan una linda semana!

Muchas gracias.

Adiós!

-Mai