Capítulo siete | Parte 2

(Actualmente)

—Theo –llamó Draco y tosió contra su antebrazo esperando la respuesta. Su mano seguía sobre la lisa madera de la puerta.

—Dime.

—Me voy a dormir ¿si? Me duele bastante la cabeza –anuncia —Por favor, no apagues la chimenea cuando te vayas.

Del otro lado de la puerta, se oye perfectamente el sonido de la cadena del inodoro.

—¿Necesitas algo? ¿Te preparo alguna poción? –Se ofrece su amigo, dentro del baño aún, mientas Draco no puede evitar exasperarse ante el repentino tono de inquietud.

—No, sólo vete y pásalo bien –responde cuando escucha que el chico se lavaba las manos —Modifiqué las protecciones para que te puedas aparecer. Buenas noches.

Theodore Nott rueda los ojos y sonríe mientras guiña un ojo a su reflejo antes de secarse el agua de las manos.

—Espérame, despídeme al menos. –Pero cuando el chico abre la puerta ya no había ni rastros de Draco.

Theodore suspira, camina a la sala nuevamente y se pone su abrigo y su bufanda, dando breves miradas a las escaleras, como esperando que su amigo bajara por ellas.

Se dirige a la chimenea, dudando unos cuantos segundos. Tiene intenciones de subir pero Draco era terco como nadie así que suspira resignado. Apunta con su varita a la chimenea ya que el fuego se estaba apagando, acto seguido dirige nuevamente sus ojos escaleras arriba.

—Draco –alzó la voz, intentando sonar indiferente porque últimamente el rubio parecía irritarse ante el menor grado de preocupación. —Puedes enviarme una lechuza a la hora que quieras.

Theodore espera un momento a pesar de que sabe que no le responderá y luego desaparece.

Draco recién había despachado a su último paciente cuando escucha dos golpes en su puerta.

Tomó asiento en su cómoda silla tras el escritorio. Le dolía tanto la espalda y la cabeza que sólo quería llegar a acostarse.

Creía que gran parte de esos dolores se debían al estrés que le producía saber que tenía que llegar a continuar con sus investigaciones.

—Adelante –se aclaró la voz luego de toser por unos segundos.

Agitó su varita para que los papeles sobre su escritorio estuviesen ordenados y subió la vista hacia la puerta para ver de quien se trataba.

Theodore cruzaba el umbral.

—Sanador Malfoy –soltó cerrando la puerta tras él —¿Qué tal el día?

—Como siempre –respondió, acomodándose en su silla — No, escucha. Del primer piso me enviaron a un paciente que llegó con los colmillos de una serpiente clavados en su antebrazo. Me corrijo. Llegó con la serpiente mordiéndole el antebrazo –Theodore abrió sorprendido los ojos mientras se quitaba el abrigo empapado y lo colgaba en el perchero junto al de Draco. —Y me preguntó si era posible quitar el veneno pero conservar a la serpiente en su extremidad –Malfoy se llevó la mano a la frente, suspirando —¿Sabes cuál era la razón? Para mostrársela a sus amigos.

—¿Qué edad tenía? –se carcajeó el hombre, tomando asiento frente a Draco.

—Veintiocho –dijo —Esto es lo peor del trabajo, morderme la lengua y no comentarle nada.

—Oh, te entiendo. Hay veces que debo atender a personas que llegan con risas incontrolables, hago lo posible por no contagiarme de ellas, pero es muy difícil. Y no me puedo reír porque literalmente me estaría riendo de su enfermedad.

Draco asiente con una sonrisa antes de volver a hablar.

—Por cierto, ya no seré más el jefe de este departamento. -Nott lo miró con atención. Cierta intranquilidad pasó por su rostro así que Draco continuó. —Me ascendieron a la cuarta planta.

—¡Eso es buenísimo, Draco! –lo felicitó.

—El horario es más corto así que tendré tiempo para las jodidas investigaciones.

—Y seguro te pagan más ¿no?

—Casi el doble.

—Maldito cabrón con suerte –le sonrió Theo. Draco rodó los ojos.

—Hago un excelente trabajo, Theodore. No es suerte. –suspiró —¿Cómo te fue a ti?

—Mi día se resumió a sarpullidos y vómito explosivo… te ahorro los detalles.

—Gracias.

—Por cierto, vengo del laboratorio muggle –dijo sacando una bolsa no muy grande de su maletín. Los artículos en su interior hacían que ésta adoptara una forma cuadrada y en la parte inferior se hacía un bulto —Traigo los resultados y las muestras. –agregó Theo con una mueca de desdén. Realmente parecía odiar la sangre. Draco se preguntó cómo es que podía ser sanador.

Ignoró todas las dudas que le surgieron y se concentró en la carpeta que Theo sacaba de la bolsa y la que posiblemente le daba la forma a ésta.

—¿Qué dicen? –Cuestionó. Theodore se encogió de hombros sacando los papeles que venían en el interior.

—Ni idea, retiré los resultados y me vine cuanto antes. –Dijo y fijó su vista en un papel. De izquierda a derecha sus ojos se iban moviendo —Hemoglobina dentro del rango… Leucocitos blah, blah, blah… Esto no nos importa… Se observan blah blah, blah… y –alargó la "y" tanto como se tardó en terminar de leer el informe —Todo normal.

Draco le quitó la carpeta de las manos y prosiguió a leer por él mismo el resto de los resultados.

—Normal. Normal. Normal. –Decía conforme iba pasando de papel en papel. Theodore siguió con otro tanto ya que habían tomado muestras de al menos unos quince días y había un informe para cada una de ellas.

Cada vez que Draco iba leyendo los resultados se iba sintiendo más frustrado. No lo había admitido pero había puesto mucha de sus esperanzas en lo que dijesen aquellas muestras de sangre. Y es que todo lo anterior que había hecho con Nott no había dado ningún tipo de resultado que aflorara un indicio al menos. Llevaban semanas y semanas buscando sin saber qué y las posibilidades de donde seguir hurgando ya se agotaban.

Subió la vista cansado y molesto hacia Theodore y lo encontró de piedra. Con los ojos muy abiertos adoptando una expresión de incredulidad.

Draco se sintió emocionado y asustado a parte iguales.

—¿Qué pasa? –preguntó cuando Nott parecía repasar una y mil veces los papeles que tenía, comparándolos. —¡Theodore! –Exclamó cuando éste no le respondía.

—Aquí dice que diez muestras no son sangre –exclamó —¡Diez! y las últimas tres son una sustancia mezclada con sangre. Eso es imposible.

Draco le arrebató los papeles de las manos mientras Theodore se llevaba una mano a la barbilla, su mente trabajando a mil por hora.

El rubio, no pudo evitarlo, pero sintió que una gota de sudor frío caía por su espalda mientras iba leyendo cada papel.

Como había dicho su amigo, diez de ellos plasmaban "Muestra observada no pertenece a lo solicitado" y luego de dos puntos, para especificar, ponía "No es sangre".

Las otras tres decían "57% sangre, 43% sustancia no identificada".

Draco volvió sus orbes grises a Theodore quien se había puesto a repasar veloz el expediente médico.

—Las muestras, Theodore –ordenó, dándole un leve golpe a la mesa con la palma para que el aludido desviara la atención de lo que leía —¿No te devolvieron las muestras? –El ojiverde lo miró un segundo, como si no lo entendiera y luego asintió rápido tomando la bolsa que había dejado en el suelo.

Draco sintió que su corazón se iba a salir en cualquier minuto de su pecho. No sabía si estaba muy entusiasmado por el pequeño logro o por si aquella nueva pista los conduciría a un camino más oscuro del que sería imposible encontrar un poco de luz.

El ojiverde sacó de la bolsa otra más pequeña que estaba muy bien cerrada. Draco rodó los ojos, diciéndose a él mismo que no debía impacientarse.

Lo que Draco y Theodore sacaron dentro del paquete les detuvo el corazón minutos enteros.

Los del laboratorio les habían devuelto trece frascos llenos de una sustancia espesa y verdosa que variaba su intensidad según la antigüedad de esta.

Si bien, ellos no trabajaban constantemente con sangre sabían perfectamente que no se volvía así.

—Draco… –soltó Theodore en un susurro que dejaba ver su sorpresa. El rubio estiró el brazo para tomar alguno de los frascos. Vaciló unos segundos antes de escoger el más oscuro.

Lo movió de lado a lado.

La sustancia parecía ser más espesa que la sangre y un poco pegajosa. Era de un color casi negro y Draco imaginó que no caería toda si intentaba vaciarla. Pasó sus pálidos dedos por la etiqueta antes de leer la fecha que él mismo había anotado. Correspondía a la primera muestra.

Tomó la verde musgo. Parecía tener la misma consistencia que la sangre normal, sin embargo el color era lo más atípico que había visto en su vida.

Tomó una de las tres que seguían siendo rojas. Era la más reciente. A simple vista nadie imaginaría que aquello se trataría de algo que no fuese sangre, pero como decían los resultados, sólo poco más de la mitad se podía denominar así.

—Esto es imposible…

—Pero ahí está –dijo Draco más duro de lo que pretendía. Theodore pareció preguntarle sólo con la mirada que harían a continuación pero a Draco se sentía tan intranquilo que no podía analizar con la claridad que quisiese las cuantas ideas que le llegaron a la mente. —Más muestras. Seguiremos con las muestras pero no las llevaremos al laboratorio. Las estudiaremos nosotros.

—Me parece. –Asintió Nott, adoptando una postura muy profesional que hacía que Draco no se arrepintiese de haberlo escogido a él como colega para investigar el caso. —Sugiero aumento de pociones prescritas y una visita a Eddie de la primera planta…

—¡Que no ha habido picaduras! –exclamó Draco un tanto abrumado.

—Pues es lo único que se me ocurre, Draco. No me explico que el propio organismo cambie la sangre así.

—Si, tienes razón –admitió de mala gana —Sugiero estudio de pulmones que es el órgano que se ha visto más afectado hasta el momento. –Theodore subió la vista confundido hacia él. El rubio decidió explicarse. —En dos oportunidades ha habido sangrado.

—¿Sangrado? –preguntó perplejo. Draco se dijo que su amigo exageraba bastante cuando pareció ponerse más pálido de lo que estaba.

—Lo que escuchaste. –dijo exasperado. —Agrega al expediente los resultados muggles ¿bien?

—Draco… -Comenzó a decir el castaño, sin embargo, es interrumpido por una lechuza que entra repentinamente al despacho, posándose sobre el escritorio del rubio. Draco negó con la cabeza para indicarle a su amigo que se callara y se limitó a tomar el pergamino que tenía el ave enredado en una de sus patas.

Draco sintió como por segunda vez, en menos de una hora, el corazón se le detenía por unos segundos. Leyó la carta dos veces para estar seguro de lo que decía.

—Es de mi madre –comentó, incorporándose de inmediato. —Mi padre está internado.

—¿Qué? ¿Qué ocurrió?

—No lo específica, sólo que me necesita allá de una vez –respondió cuando hubo llegado al colgador por su abrigo. Frunce el ceño molesto cuando se percata de que Nott ni se molestó en hacer un encantamiento de secado sobre su ropa para que no mojase la de él.

—Bien. Draco, envíame una carta si me necesitas –le aseguró su amigo, guardando las muestras y los papeles rápidamente en su maletín —yo me dedicaré a esto y te avisaré cualquier cosa.

Draco asintió sin prestarle mucha atención. Repasaba en su mente lo que debía hacer. Aparecerse en su casa, preparar un baúl para algunos días, enviar una carta al director del hospital explicando su futura ausencia, recolectar un par de libros y tomar la red flu.

—Aunque sea algo mínimo me avisas ¿si? –Theodore asintió. —Bien, me iré enseguida.

El ojiverde volvió a asentir pero estiró una mano antes de que el rubio ya no estuviese en la habitación. Fijó sus ojos en los grises de Draco y vaciló un momento antes de preguntar.

—¿Envío una lechuza a Harry? –preguntó. Había un tinte de preocupación en su semblante que Draco encontró que era exorbitante.

—No es necesario aún –respondió, tajante.

—Pero…

—Theodore ya me voy. Buenas noches. –Escupió por última vez antes de aparecer en su casa.

La solitaria sala parecía gritarle que jamás se iba a acostumbrar a ese apabullante silencio que lo esperaba a diario.

Sin dejar de pensar en su padre mientras hacía su maleta, su mente se desvió un instante y se preguntó si volvería a escuchar al ruidoso de Potter en ese lugar nuevamente. No obstante no quiso buscar una respuesta.

Estaba muy apresurado para inventarse un mar de tragedias. Más de las que estaba viviendo.