CAPITULO 8
(Años atrás)
—¿No se te hace extraño? —pregunta el pelirrojo en un susurro, allegándose un poco más a la chica mientras ordenaban los tarros de pintura y limpiaban las brochas con magia.
Hermione no responde de inmediato, sino que mira disimuladamente por sobre su hombro y no sólo se encuentra con Malfoy en un lugar que no es Hogwarts sino que, además de eso, el rubio sonreía a algo que Harry decía y que ella no alcanzaba a escuchar desde donde se encontraba.
—Si –confiesa volviendo la vista al frente, a pesar de que quería decirle a Ron que lo dejara pasar y se concentrara en lo que hacían —Demasiado, la verdad.
Ron asiente enérgicamente.
—Me tienen algo tenso ¿sabes? –susurra el pelirrojo de nuevo—Se están llevando bien y todo pero… siento que en cualquier minuto se pelearán…
Hermione quiere rebatir, decirle que no se preocupara porque llevaban un par de horas allí y nadie había salido herido, sin embargo, le sostiene la mirada a su novio y se muerde el labio sin poder negar que aquello le parecería totalmente una posibilidad.
Ambos miran hacia atrás nuevamente.
Ahora Harry soltaba una carcajada y Malfoy le dedicaba una mirada nada amigable, y hasta ofendida, pero que claramente era falsa porque si lo observaban bien podían ver que en realidad estaba reprimiendo una sonrisa.
Ron vuelve la vista a los botes de pintura. Ya estaban ordenados y cerrados pero de todas formas los alcanza, los desacomoda y los abre. Hermione rueda los ojos pero no reclama ya que en el fondo también quería seguir con la conversación.
—Bueno, ya están grandes y saben lo que hacen, Ron –musita —Como mucho podrán discutir…pero no creo que lleguen a batirse a duelo o algo por el estilo.
El pelirrojo asiente, no muy convencido de las suposiciones de la chica pero decide no discutirlo.
—¿Crees que se lo pase mucho por acá? –le cuchichea a Hermione luego de una pausa. —Bueno, la casa es grande pero vamos… si el hurón llega mientras Harry se está dando una ducha… No creo que yo deba hacerle compañía mientras espera ¿o sí?
—De ser así solo serán unos minutos, Ron… debes hacer el esfuerzo por Harry ¿No lo crees? –Hermione mira hacia atrás por tercera vez. Los dos seguían conversando y ella no logra hacerse una idea de qué es lo que podrían estar hablando los ex rivales. —Además, supongo que Harry también irá a visitar a Malfoy de vez en cuando…
Ron suelta una carcajada lo más fuerte que un susurro se lo permite.
—¿Estás loca? Malfoy sigue viviendo con sus padres, eso me contó Harry –cuchichea —. ¿Tú crees que a Lucius Malfoy, recién salido de Azkaban, le agrade la idea de ver a Harry rondando por su mansión –mira por sobre su hombro unos segundos y vuelve la vista enseguida —… para acostarse con su hijo recién salido del armario?
—Bueno… debe reconocer que gracias a las declaraciones de Harry sólo lo condenaron a unos meses en Azkabán y no a diez años como lo iban a hacer…
—Pero esa familia es el orgullo personificado…
—Sí, tienes razón –admite Hermione rodando los ojos —es probable que no lo quieran cerca… Pero vamos, Ron, no exageres… tú y Harry estarán todo el día en la academia de aurores y Malfoy estudiará medimagia… dudo que tengan algo de tiempo para verse…
El pelirrojo palidece y hace un mohín de resignación.
—Al menos espero llegar lo suficientemente cansado para dormir como tronco y no escuchar ciertos ruidos si es que a ellos se les olvida hacer un muffliato o cualquier hechizo silenciador…
Hermione suspira.
—Tú también puedes hacer uno… Y ve el lado bueno a la situación… Al menos Malfoy logra controlar un poco al retrato de la Señora Black –le dice la chica con optimismo pero no logra contagiar a Ron de éste. El pelirrojo niega con la cabeza.
—Sólo lo dices porque no serás tú la que tenga que lidiar con él…
Hermione abre la boca para replicar pero Harry aparece de pronto al lado de ellos, sobresaltando a ambos.
—Chicos ¿Les parece si hacemos una pausa para comer? Ya es tarde…
Ron y Hermione se miran como si hubiesen sido descubiertos realizando alguna travesura, pero puesto que no había señales en el rostro de Harry que indicara que los había oído, sonríen enérgicamente… demasiado quizás
—Es una estupenda idea, Harry, pero con Ron ya tenemos planes –se excusa la chica.
—Exacto –corrobora el pelirrojo —Tenemos una cita esta noche. Cena, paseo y noche en un hotel –Ron le guiña un ojo a Harry y luego lo codea en el brazo —Si sabes a lo que me refiero.
—¡RONALD! –vocifera Hermione, furiosa.
—Siempre tan soez tu actitud, Weasley –opina Draco, acercándose al grupo, con los brazos cruzados y su expresión engreída que normalmente tenía efectos negativos sobre los Gryffindor. El aludido enrojece de furia.
—No te metas, Malfoy –le espeta y no le devuelve el insulto sólo porque no sabía qué diablos le había dicho el Slytherin exactamente.
—Está bien –se adelanta Harry antes de que el rubio replicara. —¿Mañana almuerzo en tu casa, cierto?
—Si –responde Ron mirando de reojo al Slytherin —Mamá no quiere que nos larguemos de casa sin un almuerzo de despedida así que no faltes.
—Hoy vi a la señora Weasley y fue muy enfática en eso de que no puedes faltar –comenta Hermione.
—Bien, bien, no faltaré. –Promete el pelinegro. Luego, puede imaginar que son ideas suyas pero le parece ver que su amigo enrojece todavía más.
—Por cierto –manifiesta Ron entre dientes, como si le significara un esfuerzo horrible —Tú también estás invitado, Malfoy.
—¿Al almuerzo con tu familia? –el rubio levanta una ceja, totalmente impasible, manteniéndose serio.
—Si no quieres es cosa tuya –Ronald desvía la vista del chico y la posa en Hermione —¿nos vamos?
—Sí, pero antes tengo que entregarle a Harry algo que me ha encargado –Hermione apunta hacia la sala contigua. —¿Me acompañas, Harry?
El pelinegro le asiente a su amiga y antes de abandonar la habitación con ella, se percata de que Ron les dedica una mirada suplicante para que no tardaran mucho mientras que Malfoy rueda los ojos y su expresión decía totalmente que si no se apresuraba no se hacía cargo de las consecuencias de quedarse con el Gryffindor a solas.
Dejando atrás esa panorámica, Harry se dijo debía aceptarlo, no podía negar que la situación tenía su tinte singular.
Había transcurrido casi dos meses desde que él y los chicos se habían graduado de Hogwarts y en ese último tiempo Harry había estado gozando de la infinita hospitalidad de los Weasley. Pero el verano ya acababa y con ello también las vacaciones, dando pie a una nueva etapa de su vida de la que tenía que encargarse con sus propias manos.
Por tanto, una tarde mientras jugaba ajedrez mágico con Ron, vino a su cabeza el recuerdo del número doce de Grimmauld Place.
Le pertenecía y puesto que ya no había un mago tenebroso acechando muggles y mestizos por ahí, dudaba que la Orden del Fénix se fuese a reunir otra vez.
Así que le propuso a Ron que se fueran a vivir juntos, quien aceptó de inmediato sin pensarlo ni siquiera por un segundo, porque la sola idea de independizarse y dejar atrás la madriguera le resultaba igual de emocionante que saber que próximamente se convertiría en un auror.
Y así, ambos chicos entusiasmados, habían dedicado dos semanas completas a trabajar arduamente. Habían estado limpiando, ordenando, pintando habitaciones y haciendo reparaciones, como habían hecho tiempo atrás antes de cursar el quinto año.
Sin embargo, el tiempo se les acababa y aún faltaba pintar la sala principal, acabar con la plaga de doxys y encontrar un hechizo para que el inodoro dejara de cantar cuando lo utilizaban, obra que seguramente había sido de Fred y George antes que la guerra hiciese sus pérdidas.
Eso tenía a los cuatro reunidos ahí. Hermione se había ofrecido a pintar y a intentar reparar el inodoro mientras que Draco, después de unas cuantas indirectas por parte de Harry (las cuales había entendido muy bien), se ofreció a encargarse de la plaga.
—Te traje las películas que me encargaste, Harry –comenta la chica, distrayendo al pelinegro de sus cavilaciones —Pero insisto, el televisor no funcionará con las protecciones de la casa.
Harry rueda los ojos y toma los tres filme que la chica le entregaba.
—No puede recibir señales pero si puede funcionar con el reproductor de dvd.
—Pues, no lo creo. –afirma.
—Hablas con un futuro auror, Hermione –la chica lo mira y se larga a reír.
—Oh, eso explica mucho.
—No lo creerás, pero ya me leí el manual introductorio y eso que aún no entramos a la academia –se pavonea.
—Pues, me vas a disculpar pero a mi se me hace que has leído el índice y te fuiste derechito al capítulo de protecciones –Hermione lo apunta con su dedo acusatorio mientras entrecerraba los ojos.
Harry la dedica una mirada sumamente ofendida, sin embargo, no puede evitar rodar los ojos y asentir.
—Está bien, sí, eso hice. –admite. —Pero estoy seguro de que pude modificarlas correctamente.
—Sólo procura estar bien protegido –le dice mirándolo preocupada, exagerando a juicio del pelinegro. Luego, se cruza de brazos, levanta las cejas y sonríe pícara. —Protegido en todos los aspectos, Harry.
—¿De qué hablas?
—Hoy se queda Malfoy a dormir ¿no? –El pelinegro se pone de todos los colores y no sabe si reír por el tipo de broma tan inusual en su amiga o para fingir naturalidad.
—Já, já y luego te avergüenzas toda porque Ron hace el mismo tipo de comentarios, Herm.
—Es porque Malfoy estaba ahí.
—Como sea… él y yo aún no… nada de nada –confiesa el pelinegro ante una Hermione que escuchaba atenta. —No hemos tenido la oportunidad.
—¿Y cuál es el apuro? –la chica se encoge de hombros y luego sonríe, demasiado realmente —Quizás hoy sea la gran noche –añade. Harry mira en dirección a la sala en donde el rubio se encontraba.
—¿Tú crees?
—Todo es posible. –Hermione se encoge de hombros, dedicándole una sonrisa inocentona —De todas formas, cual sea el caso, recuerda no faltar mañana al almuerzo… ¿Crees que Malfoy vaya?
Harry lo medita unos segundos y luego mueve suavemente la cabeza de lado a lado.
—No lo creo… quizás para una próxima vez.
—Sip, eso imagino yo –asiente la chica —¿Volvamos? Sabes que Ron explota con facilidad ante las provocaciones de Malfoy
—Si, y Draco pocas veces sabe morderse la lengua… -opina el chico.
Cuando ambos vuelven a la sala, se encuentran a los dos chicos en medio. Para alivio de Harry y Hermione, no se estaban peleando ni mucho menos.
Se notaba a lo lejos que Ron estaba incómodo. Su postura lo decía todo; tensa mientras miraba muy interesado los detalles de las paredes. Por otro lado Malfoy estaba de brazos cruzados, su semblante no expresaba otra cosa que no fuese hastío mientras estaba muy al pendiente de las uñas de su mano izquierda.
Al notar la presencia de los otros, Ron no se preocupa de disimular ni un poco alivio y Draco sólo le dedica una mirada antes de volver la vista a su mano.
—Bien, Ron ¿Nos vamos ahora?
—¡Si! –exclama, subiendo el cierre de su sudadera.
—Mañana podríamos ir a beber unas cervezas –sugiere el pelirrojo, mirando de Harry a Hermione, quienes asintieron entusiastas de forma inmediata.
Draco se aclara la voz y observa al trío de oro con las cejas en alto.
—Sólo para aclarar… ¿Ustedes tres se separan alguna vez? –pregunta. Los tres amigos intercambian una mirada, pero es Ron el que se aclara la voz.
—Tendrás que acostumbrarte –afirma el pelirrojo.
Malfoy sólo rueda los ojos antes de que los dos Gryffindor abandonaran, POR FIN, la vivienda.
Habían encantado el sofá para que fuese cinco veces más grande que su tamaño, habían hecho palomitas y se habían envuelto en una enorme manta bajo la oscuridad que era interrumpida sólo por la tenue luz del televisor.
Harry había insistido en que la primera noche que pasaran juntos, y solos, tenían que hacer una noche de cine porque le entusiasmaba la idea de enseñarle algo a Draco que seguramente le era totalmente desconocido. Y Malfoy se había tenido que comer sus comentarios porque debía admitir que le daba demasiada curiosidad saber qué carajos era una noche de cines.
Para su sorpresa, y ligera decepción, no era nada sexual.
—Bien, Harry –dijo Draco sin despegar la vista de la pantalla, ya acostumbrado más a menos al aparato. —Pero ese tal Daniel es un retrasado… ¿No me digas que no se ha dado cuenta de que el anciano no le está enseñando nada, sino que se está aprovechando de él para que haga sus arreglos?
Harry quita los ojos del televisor y los dirige a Draco.
—Yo también lo pensé pero sólo espera a que avance un poco…
—Además, es un enclenque… llegará el momento que se tenga que enfrentar al otro chico y hasta ahora sólo ha aprendido a pintar un fea cerca. –Draco chasquea la lengua, se cruza de brazos y agrega —Seguro debe tener el síndrome Potter.
Harry suelta una carcajada, pausa la película y vuelve a mirar al chico.
—¿El síndrome qué? –cuestiona.
—Tu síndrome. Mírate, flacucho y torpe y de las que te has librado. –explica, como si todo fuera muy obvio. El pelinegro rueda los ojos.
—Al menos no tengo el síndrome Malfoy –acusa —El que te hace ser un jodido cabrón molestoso. –agrega muy serio.
El rubio se larga a reír y Harry no puede reprimir una sonrisa.
—¿Sabes? –dice Draco, clavando los orbes grises sobre él. —Quizás lo nuestro pueda funcionar bien, Potter.
Harry asiente. En ese minuto ninguno de los dos le toma el verdadero peso a las suposiciones del rubio, a ese inocente comentario que tiempo después se convertiría en un hecho absoluto.
Por el contrario, Harry ni siquiera había escuchado la última frase porque se había quedado mirando al chico, cautivado súbitamente, mientras se iban haciendo presentes sus propias revelaciones esa noche.
Malfoy levanta las cejas, confundido, sonriendo de forma socarrona sin abandonar ni por un segundo su semblante de soberbia pero que a fin de cuentas resultaba tan maravilloso que podía dejar a Harry sin aliento.
Entonces el pelinegro sube una mano hasta el rostro del alvino, y cuando lo atrae hacia él para besar sus labios no le queda duda alguna.
Estaba totalmente enamorado de Draco Malfoy.
El rubio corresponde a su gesto en seguida y Harry lo besa lento, tanto como puede, con suma calma porque los labios de Draco no podían ser besados de otra forma, había que hacerlo con toda la dedicación que ellos se merecían, porque sabían exorbitantemente a gloria, y adrenalina y a sensaciones que se desataban en cada maldito rincón de su cuerpo.
Pero la lengua del rubio, exigente, busca la suya y tan pronto la encuentra todo desaparece. No importa nada más en el mundo que sus bocas, el calor que emanaban sus cuerpos, el roce de sus piernas, sus manos que se colaban bajo la ropa apretando la piel con entusiasmo infinito porque ninguno tenía suficiente del otro, y para Harry las jodidas ganas de restregarse contra Malfoy, de que su creciente erección hiciera contacto con la del chico aunque fuese por unos reducidos segundos.
Harry gime. Ronco e involuntariamente cuando los labios de Draco se alejaron de los suyos para bajar por su cuello, para lamerlo dejando un sutil rastro de saliva antes de chupar deliciosamente.
Entonces, el pelinegro no lo resiste. Presiona contra el pecho del rubio para echarlo hacia atrás y sentarse a horcajadas sobre él, para besarlo con vehemencia mientras su mano hacía su parte masturbándolo.
Pero Draco no lo permite, ni que se sentase sobre él ni que metiera su mano entre sus pantalones. Simplemente porque lo quiere hacer él. Harry lo sabe por la mirada que le dedica, grises orbes brillantes acompañados de una sonrisa ladina que proclaman la guerra por el control. Porque Draco no iba a dejar gobernarse tan rápido ni el instintivo Gryffindor tampoco.
Cual partido de quidditch iban a dar la pelea, no para demostrar quien era mejor en la cama ni mucho menos, sino porque ellos eran así, les excitaba de sobremanera competir, dedicarse miradas desafiantes, provocarse, sorprender al otro con jugadas inesperadas antes de sucumbir por completo al premio.
Así se mantuvieron por unos minutos. A base de gemidos roncos, labios mordidos, manos en los pantalones del otro, cuerpos rosándose, lenguas probando aquellos espacios de piel que aún no conocían del todo.
—Draco –musita el pelinegro, aclarándose la garganta cuando el rubio tenía la cabeza escondida en el hueco de su clavícula. —Hagámoslo –suplica aunque sus intenciones eran sugerírselo.
Y es que si no avanzaban en ese minuto, Harry bien sabía que no aguantaría mucho tiempo más.
Deseaba como nunca antes había deseado algo hacer el amor con Malfoy.
Debido a que su relación había tardado casi todo el año escolar en forjarse, habían sido poca las ocasiones que habían tenido la oportunidad, el tiempo suficiente y que nadie les interrumpiese como para poder llevar todo al siguiente nivel.
Sus encuentros habían tenido lugar en incómodos y estrechos espacios, como el armario de las escobas si querían verse de día, o escapes furtivos a algún salón en plena madrugada bajo la capa de invisibilidad, y aun así a lo mucho que había llegado había sido a los típicos roces y a masturbarse entre sí.
—¿Mi varita? –pregunta Draco, como única respuesta al ruego del Gryffindor y Harry sabe que es para realizar algún tipo de hechizo lubricante.
Entonces, cuando Harry se percata de que ya la había ubicado y se incorporaba lo suficiente para alcanzarla, lo atacan unas inoportunas dudas que se debían a lo poco y nada que habían tocado el tema. ¿Y si a Draco no le gustaba como lo hacía? ¿Y si Draco tenía altas expectativas que él no lograba cumplir?¿Y si el sexo entre ellos no era tan bueno como el que pudo haber tenido antes el rubio? O peor ¿Si se corría de inmediato? Nunca antes le había pasado, y no es que hubiese estado con muchos chicos antes que Draco pero nadie le había gustado tanto como él.
Traga saliva.
Draco coge la varita, vuelve sus ojos a él, grises y bañados con la esencia del libido, sus mejillas ardiendo, su cabello despeinado, su torso desnudo, tan malditamente perfecto… Y entonces las dudas se fueron.
Cerró los ojos y sus labios depositaron un tierno beso sobre los labios rosados de Draco. El rubio, quien no perdía oportunidad de mofarse de los momentos de cursilería de Harry, simplemente se contuvo, sus labios se estiraron formando una dulce sonrisa para devolver un beso igual de simple, igual de delicado, igual de significativo.
Los ojos de Draco se posan sobre los suyos, se dicen todo y a la vez nada y, con el pecho hinchado de placer y amor, Harry se aprovecha de ese momento, ese inusual y poco frecuente momento de distracción por parte del Slytherin para arrebatarle rápidamente la varita de las manos y realizar un hechizo lubricante sobre su propia mano.
—Más vale que lo hagas bien, Potter –le exige aunque sus palabras no eran del todo demandantes. Era más bien para decir algo.
Harry no responde, se ubica sobre el rubio embadurnando la sustancia sobre su pene antes de llevarlo con cuidado a la entrada de su novio
El pelinegro había fantaseado más veces de las que le gustaría admitir sobre él teniendo sexo con Malfoy, sin embargo, podía decir que ni sus mejores sueños podían acercarse a la realidad.
No había sido mucho tiempo, la poca experiencia de ambos había traído consigo algunos percances y no había sido ni de lejos el mejor sexo que tendrían en el futuro, pero había sido perfecto, único e inolvidable.
Doce años más tarde, ambos iniciando los treinta, estarían volviendo a desear con esa misma intensidad el cuerpo del otro. Sin embargo, en la mente de cada uno la incertidumbre era más fuerte. Ninguno sabía si la pelea originada por la inesperada desconfianza los volvería a unir. O si la confianza volvería a surgir.
—o—
Buenas! Quería pedir disculpas por la tardanza en actualizar.
Estuve con unos cuantos problemas que me dejaron sin tiempo para escribir.
Espero que les haya gustado el capítulo y muchísimas, muchísimas gracias por leer!
Tengan una lindaa semana!
-Mai
