Capítulo 17
Tanya y Kate remoloneaban medio tumbadas en el césped, a orillas del lago artificial del jardín delantero, bajo el manzano centenario. Era ese uno de sus lugares favoritos que empleaban para meditar y tratar entre ambas los asuntos espinosos. Seguían confundidas por lo sucedido en la mañana con Jacob Black.
- No me lo explico – dijo Kate, siempre más ansiosa que su hermana – nos ha tenido ahí, al alcance de su mano y ni siquiera nos ha tocado.
- Al alcance de su polla, querrás decir – marcó una sonrisa burlona.
- Ha hecho caso omiso de nosotras, como si no existiéramos – se levantó y empinándose, cogió del árbol una manzana roja y madura. Luego otra. Las miró las dos y le ofreció la mejor a su hermana.
- Será de los difíciles hermana, igual le gusta que lo busquen un par de veces antes de empotrar.
El sol se situaba próximo al ocaso y bañaba el paisaje con esa luz anaranjada propia del más hermoso de los cuadros. También les acariciaba con su calidez el rostro y el pelo, haciendo refulgir su belleza natural. Kate se sentó frente a su hermana, la miró y comprobó su hermosura que, por ende, era la suya propia. Como si fueran un espejo, ambas mordieron las manzanas a la vez y se miraron achinando los ojos.
- Somos hermosas Kate, no desesperes, ese cae sí o sí, nos lo follaremos hasta la extenuación, hasta que nos pida que paremos, o hasta que se muera de amor por nosotras.
- No sé Tanya, a éste lo veo espinoso.
- Mira, me rocé con él como una gata en celo, y se le levantó la polla, pude sentirla sobre las ropas. Dura y grande.
- ¿De veras? - a Kate le cambió la cara al entusiasmo.
- Como lo oyes. Black es como todos los hombres del mundo, se le acerca una hembra y se les hincha la verga, no hay más misterio.
- Pues entonces no termino de entenderlo, podría habernos tenido allí mismo y no quiso.
- Vete a saber, a lo mejor Eleazar le ha pedido que no se acerque a nosotras, no debimos mostrar interés por él tan abiertamente.
- Y ¿Quién es Eleazar para pedirle nada? – se enfureció Kate.
- Ya sabes el aprecio que nos tiene nuestro hermanito sarasa, pero no se saldrá con la suya, somos las señoras del placer, Jacob morderá nuestra manzana, sólo tenemos que trazar un plan del que no podrá escapar.
Se rieron a carcajadas mientras terminaban de roer al unísono las manzanas rojas.
