Capítulo nueve
(Actualmente)
Harry se hunde todavía más en el sofá y deja ir otro largo suspiro deprimido, como si se estuviese sumergiendo en la miseria total.
Sintiendo pasos cerca, abre los ojos. La pelinegra atravesaba la sala principal con una botella de vino en cada mano para dejarlas sobre la mesa de la sala contigua, la cual se encontraba rodeada de invitados.
—¿Me puedo ir? –pregunta el ojiverde, cual niño aburrido al que se le vuelven un suplicio las reuniones familiares.
Pansy ni siquiera se moleta en contestar a su pregunta, por el contrario, le dedica una gélida mirada que le da a entender sin lugar a dudas cuál era su respuesta, y luego continúa caminando en la misma dirección.
.—Esta es la quinta vez que preguntas, tío –comenta Rose. La niña estaba sentada junto a él mientras coloreaba el dibujo de un dragón. Sube sus azules ojos al mayor para proseguir —Yo sólo lo intenté dos veces.
—Oh, superaste a Rose –la voz de George tras su espalda lo sobresalta. El pelirrojo caminaba hacia él mientras comía unos cuantos bocadillos. A juzgar por como miraba por sobre su hombro hacia la puerta de la cocina, Harry imagina que los había tomado a escondidas. —¿Sabes, Harry? Pareces un chico de quince años que acaba de cortar con su novio –se burla.
Harry bufa, pero debía admitirlo. Era cierto. Se estaba comportando como un crío, pero ¿Por qué tenían que recordárselo?
Hermione y Ron le habían insistido en que debía estar ahí y que no se podía perder por nada del mundo aquella reunión o no se lo perdonarían jamás, e imaginó que Pansy había dicho algo similar a Draco.
Celebraban el nacimiento tanto de Hugo como del hijo de Pansy.
Él prometió que no faltaría y es que le tenía sin cuidado estar en una reunión a la que Draco también asistiera, pero conforme iban llegando los invitados se fue sintiendo nervioso y enojado. No hablaba con Draco hace dos meses y medio, y no estaba seguro de querer hablar con él ahora.
Sabía que lo peor que podía hacer era seguir evadiendo la situación como un cobarde, pero se resistía totalmente a hacerle frente al problema. Necesitaba tiempo, quería seguir pensando, aclarando las cosas en su mente y determinando que sentía exactamente. Gran parte de él le decía a gritos que Draco jamás sería capaz de engañarlo, pero Harry temía que aquello fueran las ansias por volver a como eran las cosas antes.
—Estoy cansado, anoche no dormí nada… es que estamos siguiendo a una persona sospechosa de ingresar criaturas al país. –se excusa vagamente.
—Hasta has superado a Fred –continúa George con la sorna —Él sólo me preguntó cuatro veces si debía venir…
Harry chasquea la lengua molesto. Se cruza de brazos dispuesto a ignorarlo pero ve al hijo de George en una esquina de la sala con aire de haber estado haciendo alguna travesura.
—¿Acaso no es una pastilla vomitiva lo que está por comer?
George lo busca con la vista antes de llevarse una mano a la frente.
—¡Tú, niño! ¡Dame eso, ni se te ocurra comértelo! –le exige, aunque sus palabras no sonaban firmes ni tampoco parecía verdaderamente dispuesto a quitársela. Harry imagina que lo decía sólo por obligación. Su hijo lo mira, le sonríe divertido y se lleva la pastilla lentamente a la boca, burlándose de su papá. —Te lo advierto, Fred. –agrega. Luego se dirige a Harry —Tengo otro par de pastillas por si quieres. –Harry no alcanza a decir nada porque el otro sale corriendo para atrapar a su hijo.
De todas formas Harry niega con la cabeza. Sería realmente inmaduro escapar de la situación con pastillas vomitivas.
Estaba a punto de volver a cerrar los ojos cuando Ginny se le acerca con unos cuantos bocadillos que, al igual que George, parecía haber obtenido ilegalmente.
—Mamá se pone como loca cuando le sacamos los ingredientes mientras cocina –explica la chica.
—¿Ya se apoderó de la cocina de Pansy? –Ginny asiente ofreciéndole a Harry de lo que comía.
El pelinegro le quita un par de bolitas, se las echa a la boca y vuelve a su estado de desgracia.
—En verdad estás que te meas porque verás a Draco –se burla.
Harry rueda los ojos y por primera vez en su vida se siente abrumado de tanto pelirrojo cerca. Entorna los ojos dedicándole una mirada de disgusto total y luego desvía la vista para ignorarla. Sin embargo, Ginny toma su mano y tira de ella para levantarlo.
—Aun no comienza la cena –se queja el auror, aunque faltaban unos cuantos minutos para ello.
—Pero estamos todos conversando y tú estás aquí siendo patético. –comenta la pelirroja cuando logra que Harry se incorporase y la siguiera. —Ven, si tan angustiado estás te puedes sentar entre Ron y yo. –Ginny se contiene de resoplar resignada. —Pero estás siendo muy infantil.
—No lo entiendes, Ginny –contesta, entrando al salón.
Cuando cruza el umbral, se percata de lo animado que estaba el ambiente. Todos conversaban tan alegres que Harry de verdad quiso contagiarse del buen humor de los demás
Se encontraba la mayoría de los Weasley a excepción de Bill y Percy. Habían unos cuantos familiares de Pansy, los padres de su esposo que no dominaban para nada el idioma, los padres de Hermione, y uno que otro amigo íntimo, como lo eran Neville y Luna.
—Harry, estamos organizando un viaje para ir a ver el mundial de quidditch el año que viene –comenta Neville, en cuanto se percata de su presencia.
—Sería estupendo, le prometí a Teddy que ese sería su obsequio de cumpleaños –cuenta Harry. Charlie le entrega una copa de vino que agradece asintiendo con la cabeza.
—Yo creo que ya podríamos ir haciendo apuestas de quienes van a ganar –puntualiza el mayor de los hijos Weasley.
—Claro que nuestra selección, hemos estado entrenando tanto –exclama la pelirroja, entusiasta —Somos cinco de las Arpias que jugaremos por la selección de Inglaterra.
—¿Qué? Si juegas tú, Ginny, seguro perderemos –bromea Ron, tomando asiento junto a Harry.
—Bien, sólo falta que llegue Draco y Blaise. –comenta Pansy, mirando la mesa, verificando que estuviesen todos los lugares listos.
Harry rápidamente realiza un recorrido visual de los invitados y se siente infinitamente agradecido con la pelinegra por no haber invitado a Theodore.
Él sabía que estaba la posibilidad de que fuese considerado para aquella reunión ya que era muy amigo de Pansy, sin embargo, Harry no estaba preparado para verlo. Con algo de suerte se sentía listo para ver a su esposo, pero tener al hombre con el que le había sido infiel era un cuento muy distinto.
Claro, se había preparado por si la situación se presentaba, se había dicho que pondría de todos sus esfuerzos para mantener la calma y no armar una escena que pudiese arruinar la velada. Pero se conocía. Sabía que la ira que seguía albergando contra él pincharía todo el tiempo que fuese necesario para actuar de pronto por sí sola.
No se justificaba, pero sólo con recordarlo en su cama junto a Draco lograba que el estómago se le revolviese.
En cuanto llega Blaise. Harry se maldice por haber escogido ese lugar de la mesa.
Tenía vista perfecta hacia la chimenea y no podía evitar llevar la vista a ella cuando le parecía percibir que la red flu se activaba.
Se había integrado con más facilidad de lo que creía a las conversaciones, pero cada vez que terminaba de decir algo, sus ojos desgraciadamente se iban directo a la chimenea.
Justo cuando Ginny comienza a contarle sobre una mala experiencia que había tenido en un restaurante, las llamas finalmente cobran vida. Como si gritaran su nombre, las llamas centellean hacia todas direcciones, tornándose verdes y agitándose con furia para materializar lentamente la figura de Draco Malfoy.
Harry había imaginado que el estómago se le apretujaría y que querría salir corriendo del lugar, por lo que se sorprende de que no fuese así. Lo único que es capaz de sentir cuando las llamas bajan lo suficiente para dejarlo salir es angustia.
El rubio deja la chimenea alisando su túnica, caminando hacia la mesa de invitados respondiendo a los saludos.
Harry inmediatamente desvía la mirada, posándola en Ginny quien seguía contándole sobre su experiencia en el restaurante y que a él de pronto le pareció la conversación más interesante que había tenido jamás en su vida.
—¿Cómo dices que se llamaba el local? –pregunta. La pelirroja abre la boca para responder pero la cierra, fijando sus ojos tras él.
Harry supo enseguida por qué.
La única chica de los Weasley mira del ojiverde al ojiplateado y se levanta con demasiada efusividad.
—¡Draco, hola! –sonríe Ginny, incómoda, acercándose al chico para besar su mejilla. —¿Cómo te trata la vida?
—Así como me ves –responde el aludido, dedicándole una breve sonrisa.
—Pfff, pues te ves de puta madre –le dice la chica, golpeando su hombro con un puño.
Draco mira su hombro y levanta una ceja.
—He tenido días mejores. –agrega entre tos—¿A ti como te ha ido, Ginevra?
—Como siempre –sonríe —Juego todo el día al quidditch y por el momento es lo único que pido. –Draco asiente, y tal como Harry temía, sus ojos, esos que no había visto en semanas, se posan sobre él.
—Hola, Harry. –dice, enfatizando el "hola". El pelinegro se limita a sostenerle la mirada. —¿No planeabas saludarme? —Pregunta incrédulo —¿Qué edad tienes?
Le suelta como si nada, como quien no te ve desde ayer, como si la pelea entre ellos fuese por una simple estupidez.
—¿Tienes la desfachatez de decirme eso? –Brama Harry, perplejo. Draco rueda los ojos con exasperación.
—No has respondido mis cartas.
—Lo sé. –Harry mira hacia Ginny pero ésta se había girado tanto como fue posible para hablar con Neville que le daba toda la espalda a él. Draco mira hacia la mesa y luego vuelve la vista a Harry.
—No podemos evitar la conversación por más tiempo –dice Draco, bajando la voz lo suficiente para que nadie más escuchara —¿O planeas que lo dejemos todo así y cada uno por su lado? –agrega. Harry abre la boca para responderle pero Draco levanta la mano, ademán de que no dijera nada —No respondas, no es el momento. Me iré a sentar al otro extremo para tu tranquilidad.
Ni siquiera se dedican una última mirada. El rubio se pasa una mano por sus cabellos caminando hasta la silla vacía junto a Blaise mientras que Harry se toma de un trago el vino que apenas había probado.
Y así se mantienen el resto de la noche.
Harry imaginó que se formaría una atmosfera incómoda pero se sintió como una de las tantas reuniones que organizaban. Salvo, claro, que ahora él y Draco no se dirigían la palabra bajo ninguna circunstancia, ni siquiera de forma accidental, aun cuando participaban de las mismas conversaciones.
Sin embargo, para Harry era imposible no sentir la presencia de su esposo. Cuando eran apenas unos niños ya se le hacía difícil no sentir a Malfoy, por lo que no estaba dentro de sus habilidades poder ignorarlo.
Intercambiaron de vez en cuando una que otra mirada, sobre todo cuando alguien hacía alusión a algún chiste privado o cuando los dos parecían pensar lo mismo respecto a un tema. Y es que estaban demasiados acostumbrados a ellos. Llevaban muchos años cerca como para que sus cuerpos olvidaran actuar de esa forma, casi instintiva, como si no se tratara de otra cosa más que reflejos.
Pero cada vez que Harry bajaba un poco la guardia y una sonrisa amenazaba con dibujarse en su rostro para dedicársela a Draco, estirar el brazo y enredar sus dedos con los suyos, acudían a su mente horripilantes escenarios que esperaba no tener que presenciar jamás. Nott besando a Draco, Nott y Draco en su propia cama, Nott en la bañera junto a Draco compartiendo una copa de su vino favorito, Nott preparando el desayuno los domingos mientras Draco prendía el televisor para ver karate kid por jodida milésima vez porque era la única película muggle dispuesto ver.
Era tortuoso. Todo le resultaba confuso porque por momentos imaginarse a Draco y a Nott en una situación así hasta le parecía ridículo. Su mente volvía tres meses atrás, al día que encontró a ambos durmiendo juntos y casi se sentía culpable de no creerle al Slytherin, pero la lógica le decía que no había explicación alguna más que las deducciones que ya había sacado.
Y quizás ese era uno de los principales motivos para negarse a hablar con Draco. Pese a que sabía que lo había engañado, no quería que se lo confirmaran. No quería que Draco lo mirara a los ojos y le dijera Si, Nott y yo tuvimos algo.
Cuando la cena ya había terminado y los niños comenzaban a perder sus energías jugando, y los más adultos se habían trasladado a la sala frente a la chimenea, él había salido al jardín junto con Ron, Neville y Ginny a fumar un cigarro. Desgraciadamente, como seguramente esa no era su noche, y porque la jodida casa de Parkinson se encontraba en medio de la nada y era más vidrio que otro material, se veía sin ningún problema la mesa donde habían estado rato atrás y donde todavía se encontraba Malfoy, junto a los antiguos Slytherin y Hermione y Luna.
Harry no puede evitar ignorar la conversación que se desarrollaba a su alrededor porque toda su atención se centraba en observar a Draco.
Vestía como siempre, de forma impecable y demasiado arreglado para una simple reunión familiar, aunque él siempre vestía bien incluso cuando iban a hacer las compras. Sonreía de vez en cuando y a pesar de que Harry no podía escuchar nada desde ahí, sabía exactamente cuando hacía algún comentario sarcástico porque levantaba una ceja y un poco el mentón.
Sin embargo, a Harry lo inquietaba algo. Lo conocía demasiado bien para no dejarse engañar por esa sonrisa.
—¿Quieres otro cigarro, Harry? –Pregunta Ron, codeándole mientras le extendía la cajetilla.
Harry toma uno, y cuando ya lo tiene encendido vuelve la vista al rubio, intentando determinar qué era lo que se le hacía diferente.
Estaba más que claro que se veía agotado, de eso se había percatado nada más lo vio salir de la chimenea. Tenía leves sombras que se instalaban bajos sus ojos, y su cabello no estaba tan peinado como lo llevaba siempre. Era como si continuamente se pasara la mano por sus hebras rubias, e incluso, Harry podía apostar que no había cortado su cabello desde la última vez que se vieron.
Entonces supuso que aún no tenía buenos resultados con las investigaciones sobre el jodido paciente.
Decidió que cuando llegara el día de "la conversación" tocaría el tema. Fuese quien fuese el enfermo, tenía que hacerse un tiempo para descansar.
Luego, en algún momento de la noche dejó de mirar a Draco y finalmente se unió por completo a la conversación que se supone él y sus amigos mantenían.
Los invitados se fueron retirando poco a poco y cuando marcaron las tres de la madrugada sólo quedaban uno cuantos. Pansy y su esposo, Hermione y Ron, Ginny, Blaise, Draco y él. Como siempre ocurría.
—Bien, chicos –anuncia Hermione intercambiando una mirada con Ron, quien asintió. —Nosotros ya nos retiraremos, ha sido una estupenda noche.
—Exacto, una gran noche –dijo Ginny. —Y creo que todos deberíamos tomar el ejemplo de ustedes, porque vean lo cansada que se ve Pansy. –La pelinegra niega con la cabeza, pero realmente tenía cara de querer ir a dormir.
—Gracias a todos por venir –sonríe.
—Bueno… tus tarjetas de invitación venían con una sutil amenaza para quienes faltaban…-recuerda la pelirroja.
—Son sólo bromas –dice, restándole importancia con la mano.
Todos se despidieron e hicieron una pequeña fila para utilizar la red flu. La mayoría había bebido de más y había riesgo de sufrir despartición en ese estado si optaban por la aparición.
Cuando llega el turno de Harry para entrar a la chimenea, siente un leve tirón en un brazo.
—Día y lugar –dice Draco. Puesto que el pelinegro le devuelve una mirada confundida, se explica —Tenemos que hablar.
Bien. Era cierto, se dice Harry. Había que hablar y ya que estaba con él… le toma la mano y antes de que Draco comprendieran que iban a hacer, ya se encontraban en el salón principal de su casa.
Estaba igual de ordenada que la última vez que la dejó salvo por la pila de libros que descansaba en la mesa de centro. Harry agita su varita para encender la chimenea porque hacía un frío horrible.
—¿No te parece que es un poco tarde para hablar? –le suelta el rubio, mirándolo con cara de pocos amigos debido a la repentina aparición. —Me refería a otro día. ¿Mañana? Es domingo...
Harry se encarga de mirar todo el perímetro a su alrededor antes de buscar los ojos grises y asentir.
—Está bien –responde caminando a las escaleras. —Dormiré aquí, es todo.
—Bien –dice Draco un poco sorprendido.
Harry entra a su habitación. No sabía que esperaba encontrarse exactamente pero se sorprende de que todo estuviera en su sitio.
Una mesa de noche a cada lado. La que había sido suya estaba vacía mientras que la de Draco tenía una lámpara, un par de libros y un frasco, posiblemente de poción para dormir sin sueños.
Quizás en el fondo esperaba encontrar indicios de que Nott siguiera pasando las noches junto a Draco, pero no había nada que dijera que ese era el caso.
Camina hasta uno de los muebles de su ropa, tomó uno de las playeras que aún le quedaban en casa y se dirige a la habitación contigua.
Draco suspira, mitad resignado mitad exasperado. Musita unas toscas buenas noches y entra a la habitación a dormir. Harry hace lo mismo.
-o-
Harry simplemente no podía dormir.
Llevaba quien sabe cuánto dando vueltas y vueltas con intenciones de acomodarse pero el cansancio había ido a parar quizás a dónde.
Molesto se incorpora, decidido a ir por una de las pociones para dormir que Draco guardaba en el botiquín del baño de ellos, pero antes siquiera de poder caminar hacia la puerta, escucha una tos ahogada en la habitación contigua. Era Draco. Su tos era intensa y rasposa, de esas que apenas dejan tiempo para respirar.
Harry presta atención y espera un instante para ver si lograba apaciguarse pero no parecía querer detenerse.
Rápidamente, para no perder más tiempo, se aparece en la cocina para coger un vaso con agua y luego se aparece dentro de su habitación para auxiliar al rubio a que la tos se calme.
Lo encuentra sentado, con la lámpara del buró encendida intentando contralar la insistente carraspera.
Su rostro ya se había tornado rojo y sus ojos estaban acuosos por el esfuerzo.
—Ten, te traje un vaso de agua –le dice, tendiéndoselo. Harry no puede evitarlo pero se dirige a Draco con un tono de voz grave y distante, como si de forma inconsciente quisiera dejar en claro que seguía molesto con él. El rubio asiente llevándose el agua inmediatamente a los labios.
Harry se sienta en la esquina de la cama esperando que volviese a estar bien.
—Que tos de mierda –dice con la voz rasposa al cabo de unos minutos.
—¿Estás con gripe? –pregunta, sin embargo no se veía resfriado, así que reformula su pregunta —¿Estuviste con gripe?
—Hay poción para dormir sin sueños en mi velador –comenta, omitiendo su respuesta.
—¿Cómo sabes que iba por una? –Harry levanta una ceja, negándose a formar la sonrisa que amenaza con asomarse.
—No creo que mi tos te haya despertado –razona.
Harry nunca dejaba de sorprenderse por lo bien que Draco lo conocía. Se levanta de dónde se encontraba, suspira y se sienta junto al rubio, tapándose con las sábanas.
—¿Te despertó la tos o tampoco podías dormir? –pregunta Harry. Apenas rozando el brazo y la pierna con Draco.
—Un poco de ambas. –responde —Estaba por fin quedándome dormido y comenzó.
—¿Hace cuánto estás con ella? –pregunta el pelinegro. Draco mueve la mano despreocupadamente.
—Hace poco.
Harry asiente y ninguno dice nada por unos minutos. El pelinegro se negaba a sostenerle la mirada por mucho tiempo y Draco se dedica a beber lo que le quedaba de agua.
—¿Cómo has estado este tiempo? –pregunta Harry finalmente. Draco levanta las cejas y se dibuja esa expresión de arrogancia que era tan propia de él que dejaría de ser Draco si no la hiciera más.
—Oh, perfecto, ya aprendí a vivir sin ti –responde. —¿Te fuiste en algún momento o qué? –Agrega con sarcasmo. Harry rueda los ojos y empuja su hombro.—Han sido unas jodidas semanas de mierda –responde, ahora en serio —porque las investigaciones de mi paciente no me llevan a ninguna parte, mi padre está grave y tengo esta jodida tos.
—¿Qué pasó con tu padre? –el pelinegro mira preocupado a Malfoy —¿Por qué no me avisaste? –pregunta, pero Draco le golpea el hombro a modo de respuesta.
—Ni siquiera abres mis cartas, malnacido –le escupe, frunciendo el ceño y cruzándose de brazos, molesto —¡Pude haber muerto y tú ni te enteras, cuatro ojos! –bufa —Mi padre está teniendo fallas en el corazón y pulmones.
—Draco, lo siento mucho –suelta Harry, sintiéndose una horrible persona —Estaba molesto y… ¿Hace cuánto está internado?
—Dos semanas atrás. Se mantiene en el mismo estado, pero no está bien.
—¿Tú lo estás atendiendo? –pregunta. Draco niega con la cabeza.
—No quiere, pero está en buenas manos y yo no puedo dejar el hospital ni…
—Ni al paciente –termina la oración por él —¿Se puede saber quién es?
—No –dice rotundo —Por cierto, me ascendieron.
—¿Qué? –Harry vuelve a sorprenderse y se arrepiente de no haber leído las cinco cartas que había mandado Draco hasta el momento. —¿A qué?
—Jefe del departamento de "Daños provocados por maldiciones" –Le dice, con una sonrisa. Harry no puede evitar alegrarse. Olvida por unos minutos todo lo que respectaba al problema que tenía con Draco y estira sus brazos para estrecharlo en unas cálidas felicitaciones.
—¡Felicitaciones, amor! –dice, sincero —Te lo mereces.
—Vaya, primero me miras con cara de querer matarme y ahora me llamas amor –le suelta Draco luego de corresponder al abrazo.
—Estoy feliz por ti. Sólo es eso.
El rubio asiente.
—¿Qué hay de ti? –pregunta Draco, decidiendo apoyar la cabeza en la almohada nuevamente. Harry lo imita, y quedan los dos recostados de costado, sus frentes cerca y una rodilla de Harry rozando la pierna de Draco.
—El trabajo todo igual. Vivir con Ron y Hermione…-Draco lo interrumpe.
—¿Sigues con ellos, sinvergüenza? –se burla —¿No te parece dos meses suficiente tiempo para haber buscado un piso… un hotel, o algo?
—Ellos no tienen problema con que me quede… -dice.
—¿Recuerdas cuando Weasley y Hermione estuvieron peleados? ¿Cuánto tiempo estuvo Ronald con nosotros? –Harry asiente, haciendo memoria cinco años atrás. —Tres largas semanas que se hicieron eternas… tu llevas casi tres meses con ellos –Harry ríe.
—A ti se te hicieron eternas… yo no tuve problema con ello.
—Se venía a acostar con nosotros por las mañanas ¿Qué tipo raro hace eso?
—Nos traía el desayuno, Draco, y lo tomaba con nosotros –Harry suelta una carcajada mientras Draco sacude la cabeza como si el recuerdo le provocase escalofríos.
—Eso no quitaba que se metiera a la cama con nosotros –niega con la cabeza —Nos dejaba sin el sexo de las mañanas.
—¡Pero si lo hacíamos en la ducha!
—Apurados porque quedábamos sin tiempo. –agrega. —Como sea, continúa…
—Bien, vivir con ellos no ha estado mal hasta hace unas cuantas semanas. Hugo despierta todos los días a las cuatro de la mañana, llorando tan fuerte que se escucha en toda la casa, es increíble que pueda con esos pequeños pulmoncitos –cuenta —Me basta con un hechizo silenciador a la habitación pero me cuesta retomar el sueño… -Draco sube las cejas a lo que Harry debe agregar —Si, ya, no digas nada. Buscaré un piso.
Draco hace un gesto afirmativo y luego ninguno dice nada más. Ninguno quiere decir nada más. Se sumergen en un profundo silencio apenas interrumpido por la lluvia golpeando contra los cristales.
La luz tenue que se extendía por la habitación era más que suficiente para que sus ojos conectaran. Harry se fija en el rostro de su esposo. Finas facciones, piel pálida y tersa incluso cuando había días en los que pasaba de afeitarse. Lo único que no era usual en él eran esos ojos caídos por el cansancio y las sombras bajo ellos.
—Te ves cansado, Draco. –dice finalmente, justo cuando el rubio cerraba los ojos para entregarse al sueño.
—Son como las 4:30 de la madrugada… ¿qué esperas? –comenta, mirándolo.
—Te veías cansado cuando llegaste a casa de Pansy.
—No dormí bien la noche anterior –se excusa. Se gira para recostarse sobre su espalda, desviando la vista de él al techo.
—Parece que llevas varias noches sin dormir bien. –insiste el pelinegro. Draco le frunce el ceño sumamente ofendido.
—Tú también estás feo. –le suelta —Me corrijo. Siempre lo has sido.
—Draco, estoy hablando en serio. –la voz demandante del pelinegro hace que el aludido vuelva a posar los ojos sobre los suyos —Te vas a enfermar más que tu paciente si sigues así.
—Si supieras… -dice por lo bajo antes de un suspiro. Se aclara la voz para hablar nuevamente —Se va a morir si no encuentro una cura pronto…
—Ya has hecho todo lo que está a tu alcance e incluso más –Harry se prohíbe hacer una mueca de fastidio. Le intrigaba quien era el paciente, pero sabía que no podía seguir indagando. No sólo eran las normas de privacidad sino que era simple ética no ir revelando por ahí las identidades de sus pacientes como lo era para él no ir revelando la información de los casos que trataba con los aurores. Lo tenía más que claro. Pero Draco se estaba desviviendo en la investigación y eso no era nada bueno cuando amenazaba su salud. —La vida es así, la gente muere a diario y eso no lo puedes controlar, Draco, incluso siendo medimago.
—Es joven, Harry –dice sin mirarlo, mirando a un punto indeterminado que estaba más allá de algún punto en el techo pero que no puede traspasar. Se vuelve aclarar la voz, como si le picara demasiado la garganta por lo que Harry le alcanza el vaso de agua nuevamente. —Tiene toda una vida por delante. No está listo para morir.
Harry inmediatamente se le ablanda el corazón y lo entiende, pero también entiende que hay que saber cuando desgraciadamente ya no hay nada más que hacer.
—Debes hablar con él… o ella. No puede guardar esperanzas… -Draco lo interrumpe.
—Claro que no las tiene. No puedo mentirle. Sabe perfectamente cuál es la situación –dice, tajante.
—Bien, bien.
Draco se bebe de un trago lo que quedaba de agua y vuelve a recostarse de costado, mirando a Harry.
Clava la mirada directo en sus ojos, el gris brillaba producto de que los orbes todavía estaban acuosos por la tos. Draco se aclara la voz.
—Yo jamás te he engañado, Harry. –le dice, firme.
Harry abre la boca para replicar pero no puede.
No había ninguna pisca de falsedad en su semblante. Lo decía con una seguridad potente que no dejaba lugar siquiera para cuestionarse, y Harry ni tiene que pensar si le quiere creer porque sólo lo hace. Quería explicaciones, si, pero sabía que Draco no le estaba mintiendo, que le estaba con una verdad tan única que se siente estúpido por no haber confiado en su palabra el primer día y se siente desleal por no haber aceptado hablar con él después de lo ocurrido, por haberle negado la posibilidad a defenderse y a explicarse.
Harry quería que Draco le contara como sucedió todo pero había tanta sinceridad en sus ojos, en sus palabras, en su postura, en todo él que se las podía dar cuando se le antojara.
Lo único que quería en ese instante realmente era volver a sentirlo cerca, con él, porque jamás había extrañado tanto a alguien, jamás su cuerpo había necesitado tener a otro como necesitaba a Draco.
Sin decir nada, Harry se acerca a sus labios y deposita un beso sobre los suyos. Un beso que gozaba de todo el significado de lentitud, porque así se besaban ellos y así se besarían siempre.
Sentían toda la esencia y cada milímetro de los labios del otro y se transmitían todo lo que significó la ausencia de ellos.
Cuando sus bocas ya no son suficientes buscan más, algo que sea apenas suficiente para saciar la sed del otro.
La lengua de Draco traza todo un camino por el cuello de Harry y cerca de la mandíbula tira con sus labios la piel, chupa dejando marcas que seguro tardarán días en borrarse si mañana no se aplica una crema pero, ¿A quién diablos le importa eso ahora?
Harry le quita la polera a Draco para sentir el cuerpo del rubio contra el suyo y sus manos lo aprietan, hambrientas por piel que rememorar, y sus labios buscan de nuevo los del chico para morderlos, para gemir contra ellos, para gruñir en ellos.
Draco se incorpora, sentándose a horcajadas sobre él. Harry cree que seguirá besándolo pero se limita a sostenerle la mirada.
—¿Me crees, cierto? –le pregunta el rubio.
—Te creo, Draco. –responde Harry, esperando haber sonado tan sincero como se sentía, tan sincero como Draco estaba siendo.
Sin embargo, es suficiente para el rubio. Vuelve a besarlo y el deseo es tanto que no hay tiempo para roces previos, no hay tiempo siquiera para restregarse contra el otro y sentir la erección de ninguno si hay ropa de por medio.
Draco se quita los pantalones y Harry no necesita invitación. Se deshace de su ropa mientras la panorámica frente a él bastaría para entregarse al placer en ese mismo instante, y se vuelve torpe. La pierna izquierda no quiere salir de su bóxer y lo que menos piensa es en ayudarse con magia, porque Draco espera sin despegar ni por un segundo la vista de sus ojos mientras su mano recorre el largo de su pene, masturbándose, incitando a Harry a correrse sin siquiera tocarse.
El bóxer libera su pierna y se lleva cuanto antes una mano para tocarse y aliviarse un poco pero gruñe. No quiere tocarse, lleva casi tres jodidos meses tocándose, necesita más que una simple paja.
Por suerte, y como si Draco leyera su mente o como si sintiera exactamente lo mismo se acerca a él y envuelve ambas erecciones en su mano.
Harry inmediatamente empuja las caderas hacia delante, para hacer más presión contra el pene de Draco, para que se rocen con más fuerza y que el glande rosado y brillante del rubio se moje todavía más porque Merlín, como se moría por saborear esa pequeña gotita que salía y que acudía a encontrarse con su erección igual de mojada, con líquido preseminal.
Se lame los labios inconscientemente, busca los ojos del rubio pero Draco, adivinando nuevamente sus pensamientos, se le adelanta.
—No –le demanda, apenas con un sutil tono suplicante—Déjame hacerlo a mí.
Harry no dice nada, pero el silencio otorga.
Draco deja de masturbar ambas erecciones y baja hasta la del pelinegro. La mira por un segundo, como león antes de saborear a su presa, pero Draco jamás ha sido un león, es una serpiente de tomo y lomo, ambiciosa y determinada, capaz de llevarlo a la gloria en un solo movimiento.
Y Harry no tarda en sentir la boca húmeda y caliente de Draco alrededor de su pene y cada célula de su cuerpo se embarga de placer exorbitante. Quiere gruñir, quiere que el tiempo pase más lento para sentir a cabalidad cada sensación que le provoca, quiere abrir los ojos y quiere dejar de morderse el labio inferior.
Harry aprieta sus manos en puños para evitar llevar una mano hasta las hebras rubias de Draco, sin embargo, sus caderas empujan involuntariamente hacia delante, buscando ir más adentro, buscando más saliva y más calor.
El rubio pasa la lengua por la punta y la chupa con la presión exacta mientras su mano se mueve por todo el largo y Harry sabe que no puede perderse eso. En contra de toda su voluntad, abre los ojos y baja la vista. Draco lo observa. Las perlas grises embriagadas de libido y brillantes de lujuria sobrepasan las fantasías del pelinegro, sucumbe al calor que lo recorre, empuja todavía más sus caderas y se queja, porque Draco no solo tenía un título en medimagia, lo tenía también en jodidas mamadas.
—No te corras aún ¿si? –le dice, alejando la boca de su erección y lamiéndose los labios. ¡Como si eso fuese legal!
—No prometo nada –responde Harry, lo más compuesto que puede.
Draco le sonríe, le sonríe de una manera seductora mientras se incorpora y alcanza su varita.
—Veamos, Potter, cuanto me extrañaste –agrega, con ese Potter que sonaba único es sus labios.
Draco mete un par de dedos para prepararlo y cuando estima conveniente no tarda en acercar el pene a la entrada de Harry. Entra lentamente al principio, estocada tras estocada, las que prontamente se vuelven en embestidas con ímpetu, chocando con la próstata de Harry lanzando olas de placer a la zona baja de su vientre.
Harry lleva una mano nuevamente a su erección cuando las estocadas se vuelven más enérgicas, cuando siente como todo su cuerpo tiembla y reprimiendo un gemido, el pelinegro se deshace finalmente sobre su estómago, empapándolo de semen.
A Draco la imagen también lo vence. Ver a Harry con las mejillas rojas, la respiración errática, sucumbiendo al orgasmo son suficientes para dejarse ir, mordiéndose los labios y empujando una última vez tan adentro como puede.
Se dedican una mirada, respiran pesado y Draco, sudado, cansado y feliz, libera inmediatamente la cavidad de Potter dejándose caer sobre el torso del pelinegro.
—Aun no me limpiaba –comenta Harry recibiendo al rubio entre sus brazos, respirando pesado.
—Ya lo noté –le sonríe, cerrando los ojos, formando una grácil sonrisa en su rostro.
—Te extrañaba –confiesa el Gryffindor. Draco asiente y con la mirada corresponde.
El rubio se gira recostándose sobre su costado junto a Harry mientras éste realiza un fregotego sobre ambos.
—Tienes razón –le comenta el rubio —Creo que necesito descansar.
Harry suelta una carcajada, dándole la razón porque Draco parecía que acababa de correr una maratón.
—Si, terminaste muerto –observa. —Y eso que estamos empezando.
—Oh, no, no me jodas –se ríe Draco —Mañana.
—Bien, bien, mañana –dice Harry finalmente. Y quiere agregar algo más pero Draco lo envuelve en un abrazo, decidido a dormir en ese mismo instante.
Harry no insiste. Lo comprende. Estaba por amanecer y Draco incluso antes del sexo tenía pinta de no haber dormido en días. Se gira y lo envuelve en un abrazo.
La respiración de Draco no tarda en sosegarse, y Harry cierra los ojos y siente como el cansancio también se apodera de él, sin embargo, tiene tiempo para sonreír, para besar la frente del Slytherin y pedir a los cielos que ese instante se vuelva eterno.
Minutos más tarde el pelinegro se entrega a los brazos de Morfeo, totalmente ajeno a lo que el destino le tenía preparado. Se duerme feliz, sin imaginar que la ola de tragedias recién inicia, y que un par de horas después ver a Theodore Nott entrar a esa habitación como si fuera su propia casa sería la menor de sus preocupaciones.
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¡Hola!
Quería pedir disculpas por tardarme en actualizar pero he tenido unos cuantos problemas.
¡Muchas gracias a quienes hayan esperado!
Espero tengan una linda, linda, linda semana
Nos leemos!
-M
