Capítulo Nueve | Parte 2

La luz se colaba débilmente a través de las gruesas cortinas de la habitación, siendo apenas suficiente para interrumpir la serenidad de las únicas dos personas que dormían en el cuarto.

Harry aún no abría los ojos pero podía percibir que las cosas eran distintas, que la atmosfera que lo envolvía había cambiado y era tan placentero que por un segundo piensa que la sublime sensación de tranquilidad se debía a nada más que un sueño. Y en esa pequeña fracción de segundo siente que se ahoga, la angustia podría llenarlo pero agita las pestañas y reconoce la estantería que está a su lado y la paz decide volver a su cuerpo.

Estaba en su casa. Estaba en su casa y en su cama con Draco. Y a pesar de que había vuelto a cerrar los ojos, y que aún no veía al rubio y que ni siquiera lo estaba rozando, sabía que se encontraba a su lado. No era el suave sonido que hacía al respirar lo que se lo indicaba sino que la cálida magia que desprendía al dormir.

Harry sonríe. Se gira sobre la cama envolviendo su cuerpo desnudo con las sábanas que almacenaban recuerdos de la noche anterior, besos, reconciliación, sexo e ilusiones, y se topa, afortunadamente, con el momento exacto en que el rubio abría los ojos.

Harry no dice nada, se limita a guardar silencio y a sonreírle en cuanto Draco se fija en él.

El ojigris sonríe de vuelta, como diciéndole buenos días, mientras se despereza estirando los brazos y dejándolos caer en el pecho de Harry, atrayéndolo hacia él.

—¿Qué hora es? –pregunta, vuelve a cerrar los ojos y acomoda la cabeza sobre la piel de Harry.

El pelinegro conjura un tempus sin varita.

—Las 12:30 –responde e instantáneamente siente como los músculos de Malfoy se tensan a la vez que suelta un quejido.

—¿12:30? –gime. —Es jodidamente tarde.

—Es domingo, anda, quedémonos otro rato más en la cama –propone Harry acercando los labios a la frente del ojigris, mientras que sus dedos acarician el estómago del chico, trazando pequeños círculos con intenciones de ir bajando más tarde.

Draco sube la vista a Harry, deposita un tierno beso sobre sus labios pero niega con la cabeza.

—¿No tienes hambre? –pregunta el rubio.

—Algo.

—¿Te parece si vamos a tomar desayuno a Londres? –sugiere.

—O podríamos ir a preparar algo y luego subir y quedarnos aquí –opina el pelinegro, levantando ambas cejas, insinuando implícitamente un par de cosas en las que Draco prefería no pensar porque seguro la tentación le ganaba.

—No tengo ingredientes. Últimamente he estado ordenando comida a domicilio porque ¿Sabes el tiempo que se pierde cocinando? Y al elfo no se le da para nada la cocina… lo que es extraño porque jamás había visto a un elfo que cocinara mal.

—¿Tenemos un elfo? –pregunta Harry sorprendido.

—Mi madre lo envió aquí hace una semana… -explica —Y no te preocupes, antiguo secretario de la P.E.D.D.O, el elfo tiene sus horas de descanso –agrega con sorna.

—¿Piensas quedártelo?

Draco parece meditarlo por un momento.

—Tiende la cama mejor que tú… -argumenta. Harry rueda los ojos.

—Dices que no cocina, pero seguro, SEGURO, cocina mejor que tú, Draco… -el aludido suelta una carcajada.

—En mi humilde opinión…-Se defiende pero Harry lo interrumpe.

—Tú opinión nunca es humilde.

—En mi humilde opinión –vuelve a decir, ignorando al ojiverde —cocino estupendo. Las pastas no son lo mío pero es que no soy italiano… tampoco se me da de maravillas el pescado, pero es que jamás he vivido cerca del mar. –argumenta muy serio. —Lo demás me queda exquisito.

—No haré comentarios al respecto sólo porque me dio demasiada hambre, y bueno… si no hay nada, pues vamos a Londres.

Draco se incorpora hasta quedar sentado. Su torso desnudo invita a Harry a deslizar su mano por la tersa piel del ojigris, suave al tacto y no puede evitar llevar los dedos hasta su nuca para enredarlos en las finas hebras plateadas de su cabello.

—Debo pasar a San Mungo a buscar unos papeles que dejé en mi despacho pero no tardaré mucho.

—¿Tienes pacientes hoy? –inquiere el pelinegro deseando que la respuesta fuese negativa.

—No, hoy no –responde, para suerte de Harry —Pero mañana a primera hora sí…

El pelinegro asiente, abre la boca para decir algo pero no se oye ningún sonido de ella. Se queda en silencio, como reparando recién en algún detalle mientras que su rostro forma poco a poco una sonrisa ladina. Cuando sus ojos caen en Draco, tiene las cejas en alto, señal inequívoca de que trama algo.

—Ahora que te ascendieron…¿Tienes nuevo despacho, cierto? –pregunta, intentando darse un aire de inocencia que no pegaba con lo atrevido de esa sonrisa.

—Obviamen… -Responde Draco a medias. Primero confundido y luego comprendiendo perfectamente lo que el pelinegro decía entre líneas —Eres un pervertido, Potter.

—Es la tradición, follar en el despacho nuevo. –Argumenta con total seriedad, incorporándose.

—Ahí atiendo gente ¿sabes? –dice Draco no muy convencido, incorporándose de la cama también. Harry elimina la distancia entre ellos, uniendo los labios de ambos. —Va en contra de las reglas –agrega, aunque su tono de voz no evidenciaba intenciones de convencer al moreno de lo contrario.

—¿Y desde cuando estás a favor de las reglas? –Pregunta Harry con voz ronca. Lleva una mano hacia la cintura de Malfoy para apretarlo contra él mientras su lengua se deslizaba por su cuello.

—No lo digo por mí, claro –afirma el rubio, enredando sus dedos en el cabello del Gryffindor. —Pero creí que a ti, como auror, te importarían un poco… -agrega. Harry sonríe pero no responde. Se dedica a llevar su mano hacia el pene de Draco, erecto, reclamando por la tardanza.

Harry le dedica una mirada a su esposo antes de arrodillarse frente a él, y quedar a la altura perfecta para pasar la lengua por todo el largo y realizar con avidez otro par de asuntos que tiene en mente.

Sin embargo, al moreno rara vez le resultaban los planes como a él quería.

Y es que no alcanza ni siquiera a posar los labios sobre la piel caliente de Draco cuando la red flu de la chimenea de la habitación se activa, centelleando llamas verdes en todas direcciones.

Harry ni siquiera lo piensa. Pertenecer al cuerpo de aurores le había dado la experiencia necesaria para actuar con rapidez frente a distintas situaciones. Es por esto que se levanta de un salto, conjura un accio para atraer la varita a su mano y en menos de un par de segundos los dos tenían el pijama puesto.

Ambos se giran hacia la chimenea. El rubio con un "¿Por qué a mí?" silencioso mientras que el moreno ni siquiera tiene espacio para pensar en algo. Antes de preguntarse quién, además de él y Draco tenía la red flu de la habitación habilitada, la figura de Theodore Nott ya estaba materializada en el lugar.

—¡Draco! –aúlla antes de adentrarse al lugar. —Draco, Draco, Draco, dime que estás… -cuando se percata de que no sólo Malfoy estaba en la habitación se detiene en seco, mientras la sorpresa parecía apoderarse de todo Nott. Sus ojos verdes abiertos de par en par y su detenida abrupta, como si fuese un video puesto en pausa. Sus ojos se movían de Harry a Draco y de Draco a Harry mientras se erguía un poco más, llevándose al pecho unos cuantos papeles que traía en la mano.

Harry hubiese deseado sentirse furioso. Hubiese deseado llenarse de ira porque así no sentiría una enorme piedra de buenos kilos caer en su estómago revolviendo todo dentro para convertirlo en desesperación que prontamente se podría convertir en dolor si Draco no le decía que lo que ocurría en ese minuto tenía una explicación. No podía fallarle ahora que se había dado cuenta de que no confiar en él había sido un error.

Sus ojos verdes se posan sobre el rubio y agradece que sea él quien habla porque ni siquiera tiene claro qué preguntar o qué decir. La noche anterior Draco se había mostrado tan sincero que a Harry no le quedaba nada más que intentar mantener la calma y escuchar lo que tenía para decirle.

—No es lo que parece, Harry –Draco estira un brazo pero lo deja a medio camino cuando el pelinegro retrocede.

—Es cierto yo… -Harry interrumpe a Theodore.

—No quiero escuchar sobre lo que parece ser y lo que parece no ser –exige —Quiero escuchar lo que es. —Harry toma aire y se dirige a Draco que, esperaba fuese su idea, estaba más blanco de lo usual —¿Me pueden explicar por qué me los encontré una vez en la misma cama y por qué ahora tienes la red flu de la habitación habilitada?

Theodore debía reconocer que Harry Potter, el antiguo chico flacucho que había sido su compañero de antaño en Hogwarts, era algo intimidante. Había dejado atrás su apariencia inofensiva para volverse un hombre fornido, de espalda ancha y postura segura, con una mirada penetrante y sutilmente amenazadora capaz de detectar cualquier posible mentira. Nott deseó en ese minuto no cometer un delito jamás, y no es que le temiera, pero prefería jamás tener un problema con el auror. De nuevo.

Para sorpresa de Theo, Draco desvía la vista del antiguo Gryffindor y la fija sobre él.

—¿Para qué estás acá, Theo? –pregunta. El aludido olvida las muchas ganas que tiene de escaparse de la situación y se centra en la importante razón de su inoportuna visita.

—Por el caso, ¿por qué más? –se encoge de hombros y se atreve a mirar de reojo a Potter que estaba serio todavía y de brazos cruzados. —Vi tus notas y la junté con algo que acabo de encontrar y… es urgente, Draco. Es tan evidente que me sorprende que no hayamos pensado en eso primero… pero creo que lo tenemos.

Draco asiente y se vuelve de nuevo hacia Harry.

—Yo sé que esto te puede dar para pensar, pero la única razón por la que Theo está aquí y por la que tiene abierta todas las chimeneas de la casa y las protecciones es por el estudio que hacemos, para encontrar la cura del paciente…

Harry asiente y suspira y le cree, o quiere con todas sus fuerzas creerle, sin embargo, no puede evitar sentir que algo le oculta.

—Aún no me explican por qué estaban durmiendo juntos hace tres meses… -masculla Harry, y presiente que la respuesta es horrible, y no quiere oírla pero al mismo tiempo sí. Quiere saber la verdad pero a la vez desearía estar lejos.

No despega los ojos de Draco y le pone de los nervios que el rubio haya intentado dos veces responder pero que de su boca no haya salido más que balbuceo sin sentido. Le pone de los nervios porque Draco siempre tiene una respuesta a todo, y nervios de acero y que se quede sin palabras indica que está en conflicto con él mismo. Que una parte de él espera confesarse pero la otra parte se lo impide.

—Te pido por favor que me creas, Harry. Es por el paciente –dice finalmente, dejando caer los brazos con las manos en puño, y la respiración ligeramente acelerada. —Sólo eso, hemos estado trabajando horas con Nott y…

—Draco –exclama de pronto Theodore con voz firme, recordándole a Harry que seguía con ellos. —Dile la verdad.

Harry siente como el estómago se le contrae. Mira hacia Draco quien le negaba sutilmente con la cabeza al otro medimago.

—Es que si no se la dices se lo diré yo.

—Theodore, ya hablamos de esto. –le escupe molesto. —Ahora no.

—Tiene derecho a saber, Draco.

—Más adelante cuando haya algo más en concreto. –Le dice Draco y Harry quiere saber qué mierda es lo que tiene derecho a saber y por qué su esposo quiere esperar.

—¿Qué es? –demanda Harry, intentando mantener la compostura sin subir más el tono de voz.

—Vine porque ya encontré la causa, ahora dile, Draco. –Theodore intenta convencerlo pero Draco parece no escucharlo y niega con la cabeza y enfatiza con las manos.

Quizás si Harry no hubiese estado tan molesto porque nadie le decía lo que estaba ocurriendo o quizás si Theodore no hubiese estado tan decidido a que Draco confesara en ese instante, uno de los dos se hubiese percatado de que el antiguo Slytherin perdía el color de la piel cada vez más a cada segundo, y que sus brazos tenían un ligero temblor que se podía confundir con rabia. Es más. Ni el mismo Draco lo había notado, y es que para él se sentía mareado y con la respiración agitada por lo desesperante que estaba resultando la situación.

—Antes, prefiero revisar lo que me has traído –exclama el rubio.

Theodore hace ademán de responderle, pero luego a último segundo mira hacia Harry.

—Hace tres meses nos viste durmiendo juntos porque… -Draco lo interrumpe, furioso.

—¡Por Merlín, Theodore! –sube la voz, pero es suficiente para que se rinda —Cuando nos viste a Nott y a mí fue porque realmente me estaba ayudando… -Harry no entiende a que se refiere pero guarda silencio al ver como Draco mira molesto una vez más a su amigo y luego atrae su varita hacia él. La agita y en un par de segundos un libro aparece en sus manos.

Se lo tiende a Harry y éste la toma. Se percata de que en realidad es una carpeta con la insignia del hospital San Mungo en la portada. Estaba tan llena de papeles que pesaba bastante y tiene que tomarla con cuidado para que ninguno cayera.

Lo que ocurre a continuación pasa todo tan rápido y de forma simultánea que Harry, por primera vez en su vida se siente incapaz de moverse. Escucha la voz de Draco diciéndole que lo que leerá ahí es la razón de por qué Theodore se encontraba ese día en la casa, y en su cama, sin embargo la voz se le va haciendo lejana y unida a la de Theodore que le decía algo que no lograba asimilar.

Y es que toda su atención se centraba en el expediente en sus manos.

La primera página decía médicos tratantes pero debía haber un error, porque de los dos medimagos que se plasmaban en la hoja ninguno era Draco. Estaba Theodore y otro hombre que no conocía ni de nombre y era él el que seguramente debería ser el paciente porque si no, no se podía explicar qué rayos hacía el nombre de Draco en su lugar.

Harry tuvo que leerlo tres veces.

"Nombre del paciente: Draco Lucius Malfoy" "Nombre del paciente: Draco Lucius Malfoy" "Nombre del paciente: Draco Lucius Malfoy"

Y no tuvo que preguntar si era cierto, porque sí, se había alineado todo para que sucediese en el mismo instante.

Cuando Harry sube la vista hacia el rubio con la esperanza de que le dijera que la hoja efectivamente tenía un error, el rubio apenas tenía color en los labios y de un momento a otra se inclina hacia adelante. Estira las manos buscando afirmarse pero no encuentra nada.

Es Nott el que actúa de inmediato para sujetarlo. Harry seguía con el expediente sobre las manos, congelado, incapaz de reaccionar. Ni siquiera cuando Draco hace una mueca y se inclina aún más e intenta decir algo pero cuando abre la boca no son palabras las que salen sino sangre.

Cantidades enormes de sangre directo a la alfombra, derramándose por sobre su piel.

Harry, que siempre actúa con rapidez y que las ideas le vienen en el momento más oportuno para zafarse de hasta los problemas más graves y los enemigos más poderosos, no puede ni despegar los pies del suelo.

Siente un pitido en sus oídos, mientras observa petrificado como Draco sufría de espasmos mientras botaba más sangre por la boca. Y no puede mover ni un músculo para ayudar a Theodore a sentar a Draco en la cama que estaba tras ellos.

No.

Su cuerpo había decidido quedarse inmóvil, como sí el no estuviese en la habitación y no fuese más que una sombra hurgando en el recuerdo de un pensadero.

Draco le musita algo a Theodore y éste asiente y agita su varita apuntando hacia su pecho. Y ve como Theodore mueve los labios, parece que grita los hechizos pero no puede decirlo con seguridad porque él no oye nada. Tiene ojos sólo para Draco que también alcanza su varita pero no tiene las fuerzas para lograr sostenerla por mucho tiempo.

Los ojos de Nott repentinamente se posan sobre él, adrenalínicos y se da cuenta de que no gritaba los hechizos. No, aquellos los podía hacer durmiendo. Lo que gritaba era su nombre.

Harry lo escucha justo cuando el pitido en sus oídos se detiene.

—¡HARRY, JODER, MUEVETE! –exclama furioso. —¡En el botiquín del baño Draco tiene dos frascos oscuros con tapa y etiqueta amarilla, ve por ellos que yo no puedo alejarme!

Harry asiente. Se siente inútil y torpe y parece no haber entendido bien las instrucciones del Slytherin, sin embargo, logra moverse.

Corre al baño, y en el trayecto vuelve a la realidad por fin. Las manos le tiemblan pero cuando comienza a buscar entre las mil y una poción que Draco tenía en el botiquín logra controlar por fin los nervios. O casi.

—Aquí -avisa cuando da con la medicina y se aparece junto a ellos —¿Qué más necesitas?

Draco, aún con la poca fuerza que tenía estira el brazo y señala con los dedos el frasco y cuantas píldoras tiene que sacar de cada uno mientras Theodore estaba demasiado ocupado realizando una serie de hechizos que se veían sumamente complicados.

Harry saca las necesarias, dos del frasco más ancho y una del otro. No sabe si sólo echarlas a la boca de Draco o esperar a que disminuyera los espasmos que tenía cada vez que salía una cantidad alucinante de sangre de su boca, pero Draco se las quita de la mano y se las lleva a los labios. Harry se levanta para ir por agua para pasar la medicina. Es lo único que se le pasa por la cabeza con algo de sentido pero Theodore lo detiene antes de que se pueda incorporar.

—¡Harry, necesito tu ayuda así que escúchame bien, por favor! –el aludido asiente y hace ademán de que prosiga rápidamente, porque si bien él no es medimago sabe perfectamente que con la cantidad de sangre que Draco botaba en ese instante si no se apresuraban todo empeoraría, quizás, irreversiblemente. —No puedo hacer esto solo y debemos llevarlo al hospital.

Harry asiente frenético.

—Me iré por un momento a San Mungo a dar aviso y preparar inmediatamente una habitación, cuando vuelva lo llevaremos a través de la red flu, está muy débil para una aparición. Ahora, ¿Sabes algún hechizo curativo? Cual sea. ¿Te enseñaron uno en la brigada de aurores? ¿O Draco alguna vez?

Harry asiente de nuevo, y le nombra uno cuantos hechizos que Draco, argumentando que tenía una gran tendencia a vivir al límite entre la vida y la muerte, le obligó a aprenderlos.

—Los tres últimos que mencionaste son útiles. Entonces, harás los tres, Harry ¿Entendido? Si Draco te dice que le estás haciendo daño y que pares tú no le harás caso. Y si Draco grita de dolor, por favor, mantente concentrado y no dejes de hacer los hechizo por nada del mundo.

—¿Qué… qué hago si sigue vomitando sangre, o le ocurre algo peor? –pregunta, asustado mientras repasaba los hechizos sanadores en su mente.

—Harry, lo importante ahora es trasladarlo a San Mungo, sólo ahí podemos estabilizarlo y determinar qué ocurre. Ahora ¿Estás listo para comenzar con los hechizos? Cuando deje de hacerlo debes empezar tú de inmediato.

—Sí, listo, sólo ve por ayuda.

Theodore le dedica una última mirada, como preguntándole si está preparado, y Harry sólo lo mira impaciente. En cuanto el medimago retira su varita Harry comienza a realizar los pobres hechizos que él sabía.

—No tardaré. Por favor, intenta que se mantenga despierto. Quiero que esté consciente cuando llegue al hospital.

El moreno le demuestra que ha comprendido con un asentimiento de cabeza. Theodore, al estar conforme con el trabajo que estaba haciendo Harry desaparece.

En cuanto quedan los dos solos Harry siente un escalofrío que recorre su espalda, el cuello y se instala en su pecho, y se contrae con cada espasmo que el rubio sufre. En su cabeza no resuena nada más que una frase Draco resiste, resiste, por favor, mientras su varita traza círculos y formas indefinidas que espera estar haciendo correctamente.

Harry jamás en su vida había sentido tanto miedo.

Draco se quejaba en silencio, resistiendo al dolor pero cuando este era demasiado gemía, y Harry se sentía inútil y terrible al no poder hacer nada para ayudarlo.

Una mano se posa en uno de sus brazos, el que no sostenía su varita, y le da un débil apretón.

—…Tranquilo, Harry. –la voz de Draco era apenas un susurro. El ojiverde lo observa, sus ojos luchaban por mantenerse abiertos, y con un esfuerzo sobre humano el rubio se atreve a asomar una sonrisa —Resistiré, no me subestimes tanto.

Harry entonces se da cuenta de que hablaba en voz alta.

Había un discordancia horrible entre lo que Draco decía y en como sonaba su voz. Apenas audible, débil adornada con toda esa sangre a su alrededor. A Harry le hubiese gustado devolverle también una sonrisa entre toda esa tragedia pero no puede.

—Sólo prométeme que resistirás hasta que llegue Theo, hasta que estés en San Mungo, por favor, Draco. –Solloza.

La respuesta de Draco viene luego de una mueca que evidenciaba lo mucho que estaba sufriendo.

—Perdón… -gime —Por no… -hace una pausa intentando disimular su mueca de profundo dolor —…decirte.

—Estoy… estoy acostumbrado a tu terquedad –le dice Harry sin poder ocultar el miedo que pasó por su rostro cuando Draco parecía volver a vomitar sangre.

—Te amo, Harry. –Le dice Draco intentando abrir más los ojos para observarlo.

—Yo también te amo, Draco, demasiado. Pero quédate en silencio por favor. –le suplica. —No te esfuerces, luego de que te vean los medimagos nos pondremos cursis… habrá tiempo de más.

Draco niega con la cabeza y Harry siente que se ahoga al comprender lo que Draco quería decir con ese gesto.

Harry sigue suplicándole que resista, reprimiendo las ganas de detenerse con los hechizos y estrecharlo entre sus brazos. Le suplica que se mantenga fuerte, que no lo deje, y le recuerda que lo ama.

Continúa con los hechizos aún cuando quiere ir por ayuda y continúa con los hechizos aún cuando Draco vuelve a vomitar sangre.

Cuando Theodore Nott vuelve aparecer en la habitación, Draco Malfoy llevaba varios minutos inconsciente.

-o-

¡Hola! Capítulo nuevo (:

Muchísimas gracias por leer!

Por lo que me di cuenta, ya habían intuido quién era el paciente misterioso de Draco, pero bueno, no soy muy impredecible.

Muchísimas gracias a quienes hayan llegado hasta aquí y muchas gracias a aquellos que me han dejado reviews!

Espero tengan una linda, linda semana!

-M