Capítulo 19
Kate y Tanya se encontraban perdidas con Black, no entendían el porqué de sus constantes evasivas. Lo probaron todo, desde ser sutiles como misinas que se contonean por los tejados, a descaradas como putas que vagan por los callejones oscuros.
Quizás si su rechazo fuera más directo, si les hubiese dicho un no rotundo que ya no pudieran franquear, pero les parecía que Jacob les dejaba una puerta entreabierta, un resquicio de luz por el que colarse mientras él se escabullía por la ventana.
Lo sucedido la noche anterior en la cena las tenía escamadas. Consiguieron sentarse junto a él en la mesa, una a cada lado. Atacaron a la vez deslizando sus manos lentamente por el muslo del muchacho hasta llegar a la entrepierna.
Él no lo permitió, pero podía haberles cogido las manos y haberlas apartado. Podía haber inventado una buena excusa para levantarse de la mesa o incluso cambiar de lugar. En vez de eso, acarició las manos de las muchachas con gran suavidad y enlazó sus dedos con la de Kate, primero, y después con la de Tanya. Y lo hizo con tal dulzura que a las hermanas les pareció ese gesto tan casto que tienen los enamorados vírgenes cuando se agarran por primera de las manos.
Fueron ellas mismas las que, avergonzadas, se retiraron de la mesa aduciendo indisposición.
Pero a aquellas alturas de la mañana ya se les había olvidado lo de la noche anterior. Es más, el contacto con la piel cálida de Black les había soliviantado el sueño. Además, con la ardua persecución de su presa más preciada y huidiza, llevaban en total tres días sin haber probado la carne y comenzaba a pesarles en el ánimo; ellas que se orgasmizaban al menos dos veces al día…
Les costó, pero finalmente lo encontraron en los jardines principales; paseaba mientras mantenía una animada charla con la señora Clearwater y su insulsa hija, que lo miraba con el ansia que miran los niños tontos a un bote repleto de caramelos. Tras ellos, sin prestar atención, caminaba huraño y ceñudo el señor Clearwater.
Las hermanas irrumpieron en la conversación como el primer trueno de una tormenta y, con dos comentarios fuera de tono, consiguieron deshacerse de la familia de criadores de puercos que se marcharon un tanto ofendidos.
Black quedo acorralado entre los setos altos y tupidos de ciprés y el deseo incontrolable de las hermanas. Como si él no estuviera, comenzaron a hablar entre ellas.
- Nuestro querido Jacob terminará siendo presa de alguna de las jovencitas feas y ricas del condado – dijo Kate mientras se acercaba con cautela a Black.
- Sería una lástima que cayera en las manos de cualquiera de ellas – contestó Tanya – al fin y al cabo, tiene para sí, si quisiera, a las dos herederas más ricas… y tengo entendido que son verdaderas bellezas.
- ¿No caerá usted en las garras de esa niñata cría-cerdos verdad Jacob? – susurró Kate al oído de Black. Éste se mantuvo impertérrito, ni siquiera contestó, las dejó con su juego.
- Ella no sabe todo lo que nosotras sabemos, querido, y créame, es mucho lo que sabemos – Tanya iba a deslizar una mano por la espalda de Jacob, pero éste se dio media vuelta y les indicó con la mirada que venía alguien.
Una criada corría hacia ellos levantando sus faldas para no pisárselas en la carrera y habló, apenas sin resuello.
- Señora… Tanya – lo dijo sin mirar a ninguna de las dos, pues no sabía distinguirlas – su hermano la llama.
- ¿A mí, estás segura?
- Sí señora
- ¿Ha dicho expresamente Tanya o ha dicho mi hermana?
- Ha dicho busca a Tanya que he de decirle algo.
- Jacob, hermana, ahora vuelvo, no jugueteen sin mí – y se marchó despacio hacia al castillo.
Cuando la criada y Tanya desaparecieron tras el seto, Kate se sintió algo perdida, ya no sabía muy bien cómo actuar con Black, le faltaba el sostén de su hermana, pero jamás se pudo imaginar que Jacob la agarrara de la cintura y la espalda y la atrajera hacia él para besarla con una pasión inesperada. Fue un beso profundo y ardiente que dejó sin pensamiento a Kate.
Black despegó su cara de la de ella tan solo unos centímetros para comprobar la estupefacción de Kate.
- Oh Kate, jamás pensé que podría tener un instante a solas con usted, si supiera… si supiera cuánto la deseo, cómo palpita mi corazón por usted.
- Vaya – dijo Kate aún turbada por lo sucedido y por lo que estaba escuchando – no… no me esperaba esto.
- He de decírselo, con su hermana siempre al lado es imposible, por eso me permito este singular atrevimiento pero… - hizo un silencio y la miró intensamente – la amo, la amo desde el primer momento en que la vi, la amo con toda la intensidad de la que es capaz mi humilde corazón – y como para sellar lo dicho y sin dejar hablar a la muchacha, volvió a besarla mientras la apretaba contra sí.
Le acarició el pelo con ternura mientras sus labios se mojaban en saliva y entrelazó sus manos con las de ella, de forma que a Kate le volvió a parecer aquello un beso de colegiales, quizás ese primer beso de amor que jamás le habían dado.
Y sucedió que la chispa del amor se prendió por primera vez en el frío corazón de Kate y fue consciente de que a ese hombre, no estaba dispuesta a compartirlo con su hermana.
- Veámonos esta noche Kate o me moriré después de haber probado la miel de sus besos – dijo con una mirada limpia y sincera - la estaré esperando en la biblioteca hasta bien entrada la madrugada ¿Vendrá?
Kate asintió con la cabeza, algo turbada.
- No me falle Kate o mi corazón se marchitará de tristeza – se dispuso a marcharse pero mientras aún mantenía entre una de sus manos a la de la muchacha añadió – venga sola – puso un encantador gesto de ruego infantil – por favor.
Black se fue como efectivamente haría un colegial después de robar su primer beso y la dejó sentada en uno de los bancos de piedra, bañada por el sol tibio de la mañana. Algo había cambiado por completo a Kate, algo intenso y profundo que mutaba en su interior como invadida por un virus. Se sentía confusa y dividida y, sin embargo, una energía potente la embargaba con la promesa de nuevas e intrigantes vivencias.
Kate no le comentó nada a su hermana sobre lo ocurrido con Jacob ni sobre sus intenciones de acudir a la biblioteca por la noche. Era curioso, pensaba en Black y en lugar de imaginar un rato de buen sexo con él solo era capaz de recrear un largo beso y, al pensarlo, se le escapaba un suspiro. ¿Se estaba enamorando? ¿Mataba el amor la libido?
En la comida, dejando totalmente de lado a Tanya, Kate y Jacob entrelazaron sus manos por debajo del mantel como dos tortolitos.
