Capítulo Once

(Actualmente)

La espera resultaba mucho más eterna cuando no había nada a lo que aferrarse. Si le daban un tiempo límite sabría llevarlo mejor, pero llevaba dos horas fuera de la sala sin noticia alguna del estado de Draco y no sabía cuándo las recibiría.

—Harry, te traeré un té ¿si? –la voz de Ron lo sobresalta. Se detiene abruptamente para girarse hacia él. Había caminado por cada centímetro de la sala de espera, porque de no ser así, de haber estar sentado, en ese minuto hubiese sucumbido a la desesperación.

—No, Ron, gracias.

—Te hará bien, Harry, calmará tus nervios –opina Hermione desde su silla. Harry se limita a negar con la cabeza. No quería un té. No quería nada que no fuese saber cómo estaba Draco.

Ron titubea, queriendo insistir probablemente, pero abandona su idea con un suspiro y voltea hacia la puerta de salida.

Harry vuelve a su paseo interminable para dirigirse a la ventana y ver por milésima vez el mismo paisaje insípido que tenía enfrente. La solitaria entrada de San Mungo. Casi nadie transitaba fuera porque la mayoría utilizaba la aparición o la red flu en recepción.

El sonido del abrir de una puerta lo hace volverse, suplicando para que se tratara de Nott. Pero quien ingresaba a la sala era una mujer alta de cabello largo y rubio, con caminar elegante y semblante usualmente serio pero que en ese instante evidenciaba preocupación.

La mujer se detiene en el umbral y recorre el perímetro con la vista hasta posar sus ojos sobre él. Harry camina hacia Narcissa Malfoy para recibirla.

—Primero Lucius y ahora Draco –solloza en cuanto está frente a él, en voz baja para que sólo él la oyese. Harry acaricia su brazo con ánimos de tranquilizarla y deposita un beso en su mejilla. Saludo que se forjó durante un par de años para que resultase así de natural. —¿Han dicho algo sobre Draco, Harry?

—Nada aún, lleva horas ahí dentro.

Narcissa suspira derrotada y camina hacia un asiento cercano para unirse a la tormentosa espera. Harry le sigue y la mujer no tarde en pedirle los detalles de lo que le ha ocurrido exactamente a su hijo, porque la carta con apenas cinco palabras escuetas que le había enviado, no habían servido para nada más que para llevarla hasta allí con el corazón pendiendo de un hilo que amenazaba con cortarse en cualquier minuto.

Cuando Harry acaba con su versión de lo ocurrido, Narcissa seca unas lágrimas con un pañuelo de seda antes de que éstas pudiesen derramarse por sus mejillas.

Harry llevaba demasiado tiempo en esa familia como para saber que Narcissa en lugar de querer un abrazo a modo de consuelo, prefería que fingiera que no la estaba viendo llorar.

Se quedan en silencio y cuando la mujer se asegura de que su voz no flaqueará, le dedica una mirada a Harry furiosa. Su ceño se frunce y los enormes ojos azules de su suegra se inyectan de un odio que lo incomoda y lo confunde.

—Los primeros años después de la guerra nuestra familia recibió toda clase de ataques, pero esto… esto ha ido demasiado lejos –exclama. Harry parpadea con confusión, incapaz de deducir sus palabras. Narcissa lo nota y alza las cejas, insistente —Está clarísimo, Harry. Alguien ha lanzado una maldición a Lucius y a Draco.

Harry se toma un segundo antes de responder, meditando su respuesta.

—Narcissa, me temo que… -pero ella lo interrumpe.

—Ambos estaban completamente sanos hasta hace unos cuantos meses, y luego de la noche a la mañana han enfermado. No hay otra explicación para mí. –le recalca con una certeza que le resulta apabullante.

Harry se predispone a negar con la cabeza, pero la idea se va formando en su mente y antes de decir cualquier cosa siente que una piedra cae pesado en su estómago. Era cierto. Narcissa podía tener razón.

Los primeros años después de concluida la guerra, siempre hubo gente que intentó tomar represalias contra aquellos mortífagos o simpatizantes de Voldemort que hubiesen quedado libres de castigo. Durante años, personas de todas las edades habían decidido dar un par de vueltas por Malfoy Manor con intenciones de venganza, o incluso, para dejar carteles ofensivos o algunas cosas desagradables que prefería no recordar.

Con el tiempo, las miradas que le dedicaban a Draco, quien sabía llevarlas mucho mejor que él, habían ido quedando atrás. Y más de una década después, Harry había creído que todo ese desprecio y esa sed de venganza había pasado al olvido.

Había sido demasiado iluso, demasiado confiado porque claramente se equivocaba. Era imposible que hubiesen olvidado cuando todos los años se celebraba en el mundo mágico la caída de Lord Voldemort. Cuando todavía había gente que después de tanto tiempo lo paraba en las calles para agradecerle su papel en la guerra.

Para algunas familias el resentimiento aún seguía allí pero muy bien disimulado.

—No puede ser… -espeta en una exhalación. Su cabeza comienza a trabajar inmediatamente mientras un sentimiento de rabia se le forma en la boca del estómago que amenazaba con extenderse. Estaba tan molesto con él mismo por no haber pensado en la posibilidad y estaba hirviendo de rabia con todos quienes podrían estar involucrados en el asunto.

Sus ojos se desvían de Narcissa para buscar a Ron, y lo encuentran justo en el momento en que entraba con un vaso térmico en cada mano.

—Ron. –le llama —Necesito que me ayudes.

El pelirrojo asiente sin pensarlo, y quizás nota la urgencia en su voz porque con expresión preocupada acerca ambos vasos a Hermione para caminar hacia él.

—Neville, también necesitaré tu ayuda.

Este último asiente, caminando confundido hacia él. Tan pronto se acercan los dos se explica.

—Necesito que vayan a registrar mi casa ¿si? Y que busquen indicios de magia negra o rastros de magia de algún mago que no sea Draco o yo.

Tanto Neville como Ron se lo quedan viendo con una mirada que oscilaba entre la expectación y la preocupación. Ron mira de reojo a Narcissa como queriendo comprobar que la mujer también había escuchado lo mismo que él, así que Harry se apresura a aclarar sus palabras.

—Lucius también está gravemente enfermo, y ambos han caído en ese estado de forma repentina. Narcissa, tiene sospechas de que aquello ha sido intencional, de que alguien se está vengando de ellos por su participación con Voldemort.

—Pero, Harry, tú hubieses percibido algo de ser así… -exclama Neville.

—No, pasamos tan poco tiempo en casa que… -se interrumpe y hace una pausa. —Su despacho. Registren su despacho actual y su despacho anterior…

Ron asiente, poniéndose súbitamente serio.

—Quédate tranquilo, iremos inmediatamente y te avisaremos de cualquier cosa –le asegura y le da pequeñas palmaditas en su espalda. Harry asiente agradecido y luego de un par de recomendaciones extras, tanto Ron como Neville se dirigen al despacho de Draco.

—Narcissa, hablaré con los aurores de Francia para que abran una investigación del caso también… no puedo enviar a los agentes de aquí porque está fuera de jurisdicción.

Narcissa asiente dando un largo suspiro para calmarse.

A la intranquilidad que sentía Harry se le sumaron la impotencia y la rabia. No podía creer que alguien hubiese sido capaz de hacerle eso a Draco y no podía creer que él no hubiese notado nunca nada. Se encargaba de la seguridad del mundo mágico junto al resto de los aurores y no fue capaz de proteger a la persona que más amaba en el mundo.

Nuevamente, se oye el sonido que hace una puerta al abrirse que lo saca de sus pensamientos, y agradece inmensamente que sea Nott quien cruzaba el umbral.

La sala se queda en un súbito silencio y todos se incorporan al ver al medimago, pero sólo él y Narcissa se acercan.

Era natural para él guardar esperanzas, aún ante escenarios terribles e inciertos. No obstante, el semblante netamente serio de Theodore lo hace temblar. Siente como si hielo cayese por su espalda recordándole que las buenas noticias podían ser escasas, que si hubiese noticias buenas Nott seguramente parecería más contento de comunicárselas, pero salvo por sus ojos que denotaban cierto matiz de aflicción que no se intensificaba para no perder profesionalismo, no había indicios en él de que fuese a decir algo esperanzador.

—Harry, Narcissa, debo entregarles una noticia que no es demasiado alentadora…

El corazón de Harry se dispara como loco a pesar de que ya se imaginaba algo así.

—Sólo dime que se pondrá bien –suplica y Nott aprieta los labios en una fina línea.

—Draco está bajo una maldición, es por eso que no hay fuente aparente para sus síntomas y es por eso que desaparecen de la nada también.

Harry aparta todo pensamiento sobre las posibles personas tras la maldición y cómo se ganarían su pase directo a Azkabán para concentrarse absolutamente en lo que le decía Theodore sobre Draco.

—¿Cómo está ahora? Y ¿Qué clase de maldición es? ¿La pueden romper?

—Ahora Draco está bajo los efectos de una poción sedante, esto es porque los daños que dejó este nuevo episodio se mantienen y son severos. Sus pulmones están muy dañados pero su sistema no ha rechazado nuestro tratamiento así que necesitamos esperar a que esto siga así. No mentiré, pero puede ser que pasen un par de horas y finalmente no hagan efectos sobre él… es por eso que estará bajo observación.

—¿Qué ocurre si el tratamiento falla? –pregunta Narcissa.

—Los someteremos a otros… la probabilidad de que los tratamientos funcionen se deben en gran parte a la maldición con la que van a combatir, y de eso quiero hablarles –Theodore hace una pausa para mirar sus papeles pero Harry conocía demasiado bien el artificio para dejarse engañar. No leía nada, sólo esperaba que alguno hiciera una pregunta suficientemente buena para introducir al tema o quizás decidía cómo abordar el asunto. Pero Narcissa y él aguardan en silencio que continúe y Nott no le queda más remedio que volver a subir la vista a ellos. —Gracias al informe de Lucius que me envió la semana pasada, Narcissa, y gracias a otros informes que ido recolectando de otras familias específicas he podido dar con el diagnostico final… La maldición es provocada por la Marca.

Harry no lo comprende de inmediato.

Está a punto de preguntar de qué marca habla, sin embargo, la serpiente con la carabela en el brazo pálido de Draco vienen enseguida a su mente. Habían pasado años suficientes para que la Marca Tenebrosa hubiese perdido el significado que tenía en un principio y pasara a ser una huella de la que ya ni hablaban. No porque no quisieran hablar de ellos sino porque carecía de relevancia.

—¿La Marca Tenebrosa? –no puede evitar musitar, sólo para estar seguros.

Theodore asiente y Narcissa ahoga una exhalación de sorpresa llevándose una mano a la boca.

—¿A otros… a otros ex mortífagos les ha pasado? -pregunta Harry.

—La mayoría se encuentra en Azkaban, Harry… así que no tenemos antecedentes de ellos –él asiente. Los reos de Azkaban no iban a San Mungo, tenían su propio centro médico en la prisión —Pero he estado averiguando, como te dije, de otras familias… -Theodore suspira y Harry vuelve a sentir un frío desagradable que recorre toda su espina dorsal —No puedo darte un resultado para Draco ahora, Harry, pero necesito que estés preparado para lo peor…

—¿Qué descubriste de los casos que estudiaste? –le pregunta Harry negándose a la sugerencia de Theo y volviéndose en plan auror, buscando antecedentes porque sin eso eran pruebas al aire.

—Más del cincuenta por ciento de los que tenían la Marca Tenebrosa y han quedado en libertad han fallecido… -el alma se le cae a los pies y Harry debe poner de todo su esfuerzo para mantener la calma. —Es muy difícil dar con un diagnóstico, porque la maldición no funciona para todos igual… Los abuelos de Pansy Parkinson ¿Recuerdas como fallecieron? Ninguno despertó en la mañana y la autopsia reveló que fue muerte natural porque no hallaron signos de que hubiesen muerto por alguna deficiencia en su organismo ni por algún veneno… y la maldición se descartó porque no había presencia de magia de terceros.

—Los otros casos ¿Qué dicen los otros casos?

—Los otros informes revelan más o menos lo mismo. La mayoría de los ex mortífagos libres han fallecido por "muerte natural" pero cada uno con un periodo de tiempo más prolongado.

—¿Alguna similitud?

—En cuanto a síntomas y desarrollo, no.

—¿En otros aspectos?

Theodore vacila y cuando niega con la cabeza Harry levanta las cejas, insistente.

—Ninguno se ha podido curar.

Y eso basta para que el mundo de Harry se derrumbe totalmente.


Harry fue digiriendo la noticia lentamente, y la sala no tarda en hacerse demasiado pequeña para él. Una fuerza invisible oprime su pecho pero se obliga a controlarse porque no piensa moverse de ahí sin ver a Draco.

Si minutos antes se había encontrado incapaz de tomar asiento, en ese minuto lo busca desesperado antes de que sus piernas pudiesen jugarle una mala pasada.

Draco no podía estar pasando por aquello. No debía estar pasando por aquello.

Su vida se le escapaba de las manos y él no podía hacer nada contra ello.

Todo a su alrededor se detiene, y no se da cuenta de que unas lágrimas silenciosas caen por sus mejillas hasta que mojan sus manos ni que Hermione o quizás Ron lo envolvía en un abrazo reconfortante.

Draco era pieza fundamental en su vida y recién en ese minuto se daba cuenta de que no imaginaba un futuro sin él, no lo concebía.

Era su todo.

No se imaginaba perderlo. No podía siquiera pensar en ello.

Una hora después, aproximadamente, Theodore vuelve a asomarse a la sala de espera.

—Narcissa, Harry. –los llama y a Harry el estómago se le contrae suplicando que no sean malas noticias—Draco está respondiendo bien. Sigue dormido pero pueden pasar a verlo.

Harry asiente distraídamente y junto a Narcissa siguen a Theodore.


Harry pensaba que ver a Draco en esas condiciones iba a ser muchísimo más fuerte. Sin olvidar de que estaban en el mundo mágico, no había podido evitar imaginar que se lo iba a encontrar con tubos que le salían de la nariz y con cables en el pecho que monitorearan su corazón. Hasta se esperaba sentir el aroma característico de los hospitales, a desinfectantes y artículos médicos.

Pero al otro lado de la puerta le esperaba todo lo contrario.

El cuarto era pequeño, con la camilla y un par de butacas alrededor. No había mesas ni artículos para los medimagos, pero si había un par de estanterías en las paredes que posiblemente guardaban pociones. La temperatura era más bien cálida y un aroma a hierbas y especias se colaba por los orificios de su nariz.

Se extendía un silencio absoluto que sólo indicaba que se debía a un hechizo porque no se podía oír nada que proviniese del exterior. La iluminación era débil y se podía sentir con facilidad la carga de magia de los medimagos, sobre todo alrededor de Draco.

Draco. Nadie que lo viese en ese minuto creería que un par de horas atrás se encontraba en un estado tan fatídico. Parecía esas muchas veces que se quedaba dormido en el sofá de la sala principal leyendo un libro. Su respiración lenta ayudaba más a esa falsa ilusión pero Harry decide no aferrarse a ella.

Un suspiro tembloroso se escapa de sus labios mientras alcanza la mano de Draco para envolverla entre sus dedos.

—Está muy helado ¿No pueden hacer algo? –pregunta después de aclararse la garganta. Narcissa frunce el ceño hacia Nott luego de comprobar por ella misma lo frío que estaba su hijo.

—Tranquilos, no está pasando frío –aclara —Es el conjuro que está actuando en él… Esa baja de temperatura es muy común, sin embargo, Draco no está sintiéndolo. Se los aseguro.

Harry asiente. Acaricia las suaves hebras rubias de su amado antes de inclinarse sobre él y posar los labios sobre su frente.

—No despertará hoy –les comunica —El conjuro lo impide, pero si puede hacerlo durante los próximos días. Ahora, los dejaré para que puedan estar con él.

Cuando Theodore está a punto de abandonar la habitación se detiene y carraspea.

—Harry, Draco es mi amigo. Te juro que haré todo lo posible para que salga de esto. ¿si?

La sinceridad en los ojos de Theodore era ligeramente tranquilizante. No dudaba ni por un segundo de las palabras del medimago.

—Si necesitas cualquier, cualquier cosa sólo dime. Ayudaré en lo que sea.

Theodore asiente antes de salir y la sala vuelve a quedar en completo silencio.


Harry apenas dejaba el hospital. En la mañana hacía una rápida visita a su casa para una ducha y cambiarse de ropa, luego pasaba al Ministerio sólo para verificar que todo iba en orden pero confiaba demasiado en Ron como para imaginar que el departamento de aurores se estuviese yendo abajo. Finalmente iba a San Mungo y allí se quedaba hasta la mañana siguiente.

Cada vez que entraba a su habitación, se decía así mismo que ese sería el día que Draco abriese los ojos y los medimagos le dirían que iba a mejorar.

Pero no es hasta el quinto día que Draco despierta.

—…así que le compramos un puffskein. –dice Pansy, contándoles sobre la nueva mascota que le habían dado a su hijo.

—Jamás le compres un crup. –opina Hermione y Harry no puede evitar rodar los ojos.

—Admite, Herm, que de todas formas te gusta el crup –agrega, asomando una floja sonrisa, lo que era todo un éxito para esa tormentosa semana.

Hermione rueda los ojos y como si el asunto le exasperara. Suspira.

—Bien, lo confieso. Tiene su encanto –responde, rodando los ojos.

Pansy parece a punto de agregar algo pero sus ojos se detienen en Draco y su expresión poco a poco va mutando hacia la sorpresa. Harry inmediatamente mira hacia el rubio y lo entiende. Draco fruncía ligeramente el ceño, como si una pelusa le estuviese picando en el rostro.

—Draco –susurra. El rubio se relame los labios y lentamente comienza a parpadear—Draco, cariño. –agrega sin levantar la voz porque lo que menos quiere es provocarle un susto o dolor de cabeza.

No había notado que Hermione había salido de la habitación hasta que la ve entrar con un enfermero tras ella.

—¡Que alegría! –sonríe el hombre nada más verlo. Harry, con el corazón como loco, da un par de pasos al costado para que el enfermero se acercara, y éste no tarda en sacar su varita y realizar un lumos suave para ver sus pupilas —Señor Malfoy, no se alarme, está en San Mungo. Estoy con el señor Potter, la señorita Granger y la señorita Parkinson.

Draco seguía parpadeando, parecía confundido pero en cuanto sus orbes grises se encuentran con los suyos su cuerpo se relaja. Harry le hubiese gustado lanzarse en sus brazos pero hace sus intentos por controlarse.

—Buenos días a todos –saluda Theodore entrando apresuradamente a la habitación. —Merlín, Draco, tardaste bastante. –sonríe y Harry no puede evitar contagiarse la sonrisa. —Si me disculpan ¿podrían dejar la sala un momento? Le haremos unos chequeos rápidos y ya los llamaremos para que entren.

—Harry… -susurra Malfoy.

El pelinegro envuelve los dedos contra los suyos y le sonríe antes de besarle la frente.

—Vuelvo en seguida. Te amo. –si tomaba en cuenta que en ese minuto podría salir a saltar y correr por todo el hospital de lo feliz que se encontraba, podía decir que estaba actuando con bastante calma.


Los chequeos rápidos no fueron para nada rápidos. Después de 45 minutos aproximadamente Theodore salió hasta la sala de espera y permitió que pasaran todos a verlo. Sugirió que ingresaran en grupos de tres, sin embargo, decidieron pasar todos inmediatamente, prometiendo no agobiarlo, y luego de que se aseguraran de que estaba bien se irían para dejarlo descansar en compañía de Harry.

—No puedo creer que estuve inconsciente cinco días, Harry –le dice nada más se asoma por la puerta y ve a Draco en la camilla —Me perdí el juego de Puddlemere United contra Chudley Cannons.

Harry suelta una risotada antes de posar sus labios suavemente sobre los suyos.

—Estoy segura de que lo que más te emociona de ese juego, es burlarte de Ron porque seguramente los Cannons perderían. –dice Hermione, abrazándole. —¡Que alegría que estés bien!

Draco rodea a Hermione con sus brazos, devolviéndole el abrazo. Harry observaba embobado la escena hasta que Draco hace una mueca que parecía ocultar dolor.

—Estoy bien, Harry, cansado pero bien. –le dice Draco como si pudiese leer sus pensamientos.

Harry le vuelve a sonreír de vuelta.

—Puedo dar fe de ello, pero adivina qué, amigo. –le dice Ron dándole un abrazo también. —Ganaron los Cannons. –Draco rueda los ojos y Ron le palmotea la espalda. —Que bien que ya despertaste.

—Por poco, Draco, ganaron por poco –esa era Ginny quien le tendía una snitch —De todas formas quedaron fuera de la temporada. Te traje la snitch del juego para que puedas burlarte de Ron con más ganas.

—Ginevra –le dice Draco conmovido —Casi eres mi Weasley favorita.

—Me harás llorar, Draco. –le sigue el juego la pelirroja.

Y antes de que pueda decir algo más, la señora Weasley se acerca a él con lágrimas en los ojos envolviéndolo en un abrazo de los que Draco no era muy fan pero que aceptó esta vez con una sonrisa en los labios.

—Draco, cariño, nos has hecho pasar un susto enorme, querido. –solloza. —Qué alegría que estés bien.

—Lo siento, Molly, no lo volveré a repetir.

Los Weasley se quedaron unos minutos más y luego se fueron. Era evidente que Draco estaba muy cansado y que quería descansar, a pesar de que no había dejado de sonreír.

Cuando hubo salido Ron y Hermione, quienes fueron los últimos en dejar la habitación, Draco lo observa por un buen momento sin decir ni una palabra, y no le quita los ojos de encima cuando él va a cerrar la puerta.

—¿Cómo estás? –le pregunta Draco finalmente, cuando Harry ya se estaba sintiendo demasiado analizado por él.

—¿Cómo estás tú? –le dice Harry, besando su frente nuevamente. Lo había besado un centenar de veces ya y estaba seguro de que Draco luego comenzaría a protestar. —¿Quieres agua o algo?

—Sólo tengo sueño –le responde, sonriendo.

—Vamos, duerme. Es bueno que repongas energías.

Draco asiente y alza la mano hasta tocar su rostro. Le acaricia suavemente y a Harry le recuerda algunas mañanas.

—¿Hace cuánto no te afeitas, Harry?

—¿En serio hablaremos de eso? –le pregunta, divertido —¿Por qué no me dices que me extrañaste mejor?

—Bueno, no sentí que estuve cinco días durmiendo, así que es como si te hubiese visto ayer…

Harry rueda los ojos, fingiendo enojo.

—Que mal esposo tengo…

—Pff, soy el mejor esposo que podrías haber conseguido jamás, así que no hables –le dice acariciando su mano.

—Yo si te extrañé. Me tenías muy, muy preocupado.

Draco suspira y luego besa su mano.

—Tranquilo. Al menos ya sabemos lo que es.

Harry asiente y mira a Draco directo a sus ojos somnolientos.

—Pase lo que pase, estaré aquí para ti. Y superaremos lo que venga ¿si? –le susurra. Draco no dice nada. Parece reflexionar sus palabras un instante antes de asentir.

—Te amo, Harry. –le dice finalmente.

—Yo igual te amo. Ahora duerme ¿si? Descansa.

Draco bosteza y luego sus orbes grises vuelven a buscarlo.

—Duerme aquí conmigo. –le pide, señalando el espacio de la cama junto a él.

Harry por supuesto que quería, pero no sólo duda porque las políticas del hospital se lo prohibían, sino que imaginaba que Draco descansaría más si tenía toda la cama para él.

—Me sacaran a patadas si me ven acostado junto a ti.

—Soy el jefe de este piso, que se vengan a quejar.

Harry resopla y no se puede negar.

—Vale, hazme espacio.

Draco sonríe y se acomoda más hacia la izquierda. Harry se sube cuidadosamente a la cama y rodea el cálido cuerpo de Draco. Estaba más delgado y el potente hechizo de los medimagos actuando sin parar le hacía sentir un casi imperceptible cosquilleo en los brazos. Sin embargo, todo lo demás era familiar. La forma en que se acomodaba contra él, el tierno beso sobre el dorso de su mano que significaba "ahora sí dormiré", la suavidad de su piel, y el cabello albino cosquilleando en su nariz que olía como siempre y le hacía sentir sorprendentemente en paz.

Cuando se asegura que Draco está totalmente dormido, baja de la cama con cuidado y se sienta en la butaca junto a la cama.

Se dijo que cuando Draco ya estuviese estable se tomaría las vacaciones más largas de su vida e irían juntos a recorrer alguna parte del mundo. A él le gustaban mucho los viajes pero no se comparaba en nada a como Draco disfrutaba de ellos. Podía asegurar de que le gustaban casi tanto como la medimagia.

Con ese pensamiento, Harry se duerme con una sonrisa en el rostro.

Lamentablemente la idea de Harry dura en su cabeza siete días completos.

Al octavo, Draco vuelve a recaer.

Y la situación se tornaba más grave que el anterior.


Draco llevaba treinta días de total inconsciencia.

En las últimas semanas había dado unos cuantos indicios de que iba a despertar pero todos habían sido falsas alarmas con episodios como el que tuvo en su habitación. Después de siete días en los que sus síntomas habían dejado su cuerpo sin dejar rastros había vuelto a tener fallas en los pulmones y ahora también las estaba teniendo en el corazón.

Por si fuera poco, Lucius no había aguantado sus propios episodios y había fallecido dos días después de que Draco hubiese vuelto a caer inconsciente.

Dado los antecedentes de su progenitor y el estado actual de Draco, no había buen pronóstico para él por eso se sorprende cuando Theodore le pide hablar a solas con él sobre una posible solución.

—Si es una solución estarías feliz ¿Por qué pareces igual de deprimido? –le pregunta Harry, dedicándole una mirada suspicaz mientras se sentaba en la silla frente al escritorio. No se sentía ni un poco esperanzado.

—Contactamos a alguien capaz de romper la maldición, Harry –le comenta.—Él dice que puede ser que no funcione, pero la probabilidad de que lo haga es del 90%...

Harry se percata de la postura incómoda de Theo y de las pausas demasiado exageradas que estaba teniendo para contar algo que se supone, era una solución —¿Pero?

—Pero es acosta de algo… No saldrá barato.

Harry entrecierra los ojos.

—Podemos permitirnos cualquier precio. No hay problemas de dinero.

—No hablo de dinero, Harry.

—Entonces de qué.

Theodore suspira y vacila antes de proseguir.

—Draco no volvería a sentir. No sentiría nada. Ni amor, ni felicidad, ni tristeza. Nada.


Holaaaaa!

Antes que todo, muchas gracias a quienes hayan llegado hasta aquí después de tanto tiempo :c pero prometo no volver a tardar tanto.

Espero les haya gustado el capi! Creo que Harry y Draco ya están sufriendo bastante ¿no?

Ya tengo todas las escenas hasta el final en mente y calculo que serán dos capítulos más para que el fic concluya, así que intentaré actualizar lueguito!

Muchas graciaaaas por leeer!

Espero tengan una linda semana!

Nos leemos (:

-Elie