Epílogo
Bella
Renee, mi madre, sirvió en la mansión Denali cuando tenía prácticamente la misma edad que yo. El conde, un Charlie joven y en plenas facultades amatorias, se encaprichó de ella, como solía hacerlo con algunas de las criadas. La diferencia fue que se enamoró de mi madre hasta casi perder la razón. No era solo su belleza, era la magia que aquella mujer, casi niña, desprendía, la fuerza de su espíritu y la alegría de todo su ser.
Ella también se enamoró de él, a pesar de la considerable diferencia de edad, aunque no tanto como ella misma pensaba. Vivieron un romance intenso, pero mi madre siempre supo cuál era su lugar: el de una mera criada al servicio de Charlie y de todos los Denali.
Incluso cuando el conde se trasladó por una temporada al palacete de la ciudad la llevó consigo. Allí, siguieron amándose más libres que nunca, sin las miradas reprobatorias del resto de la familia, que no veía con buenos ojos el asiduo encaprichamiento de Charlie.
Y allí, sin la protección del agua del manantial, me concibieron a mí.
Al mismo tiempo apareció Phil, un criado nuevo, tímido pero seguro de sí mismo y con vocación de poeta. Si Renee creía saber lo que era el amor, se equivocaba. Amor de verdad fue lo que sintió por Phil apenas unas semanas después, tras escuchar el susurro en su oído de los poemas cantados del muchacho.
El dilema de juventud de mi madre fue cómo explicaría a Charlie que ya no estaba enamorada de él, más when esperaba un hijo suyo. Y por otra parte, sabía que si le contaba toda la verdad a Phil, probablemente la repudiaría, así que dejó que él pensara que yo era su hija legítima.
Un buen día, Renee y Phil desaparecieron sin dejar rastro ni dar explicaciones a nadie. Se casaron y se escondieron en una pequeña aldea donde, de forma humilde, criaron a sus hijos y fueron felices toda su vida, hasta que la muerte, como dice la promesa, efectivamente los separó.
Por más que buscó el joven conde a mi madre, nunca más logró saber de ella. Durante años estuvo tragando pequeñas dosis de amargo desamor, hasta que dejó de dolerle el corazón. La recordaba cada día como a la única mujer a la que realmente había amado en su vida y llegó incluso a pensar que era una alucinación, que ella no había sido más que la reencarnación etérea de su ansiedad por hallar un amor verdadero; hasta que se encontró conmigo, la viva imagen de mi madre a su edad. Conmigo y con la mancha en mi muslo, idéntica a la que lucen algunos de los Denali.
Después de que todo se aclarara entre mi madre y el conde, este quiso reconocerme como a su hija legítima. Me contaron que en la mansión hubo cierto revuelo, especialmente por parte de las víboras lascivas, pero no les quedó más remedio que admitir que yo era su tía y que llevaría a partir de entonces el apellido Denali.
Cuando todo se calmó en el castillo, Charlie, mi padre, se empeñó en que me trasladara a vivir allí. Se me hizo extraño dejar de ser una criada para ser una señorita y finalmente decidí declinar su oferta de habitar en la mansión Denali.
Años después, ya felizmente casada con Edward y madre de dos hermosas criaturas gemelas, una mezcla perfecta entre mi amado marido y yo, me dediqué a dirigir una parte de los negocios de la familia, mano a mano con mi sobrino Eleazar, con quien, después de mucho esfuerzo, conseguí mantener una relación cordial y amistosa. Él renunció a explotar el agua del manantial con fines comerciales, con lo que sus propiedades siguen siendo parte del secreto de la familia.
Poco después, Eleazar encontró de nuevo al amor de su vida, Garrett, el profesor de literatura y, aunque en secreto, volvieron a mantener una relación estrecha. Yo lo sabía, pero nunca se lo dije a nadie.
Y Tanya y Kate, bueno… siguieron siendo tan promiscuas y malvadas, tan caprichosas e inútiles como siempre y, con el tiempo, sus conductas comenzaron a parecerse cada vez más a las de su madre.
Nota: Este maravilloso libro pertenece a Marietta Muunlaw: Capricho de pelo rojo . Espero que os haya gustado tanto como a mí. Gracias por dedicar vuestro tiempo a leer mi fic y por todos los reviews. Gracias de corazón. ¡Nos vemos pronto!
