Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya The Lost Canvas no me pertenecen; derechos a Shiori Teshirogi y Masami Kurumada.
NdA: He estado escribiendo (o tratando de escribir) un fic que habla sobre la relación maestro-discípula de Hakurei y Yuzuriha, así que para hacerlo, volví a leer los capítulos del manga en donde Hakurei va a atacar el castillo de Hades. Al releer esos caps, me di cuenta de que en la parte en la que Shion teletransporta a Tenma y a Yuzuriha fuera del castillo, él la abraza por la cintura y ella parece aferrarse a la mano con la que él la rodeaba y esa sola imagen me inspiró a escribir este fic pequeño de Shion y Yuzuriha (pondré recorte de esa escena en la portada).
La diferencia de ese gesto se nota en el manga al del anime también por el hecho de que en el anime Yato llega junto con Tenma y Dohko y en el manga no; así que Shion se mira más concentrado en sostener a Yuzuriha gracias a ello. Aclaro que al puntualizar esto no intento tirarle basura a Yato o al YatoxYuzuriha, a decir verdad yo creo que ellos lucen lindos como pareja, pero admito que primero me gusta más Shion y Yuzu ajajaja. Otra diferencia del manga al anime es que en el manga no especifican que después de salir del castillo de Hades, todos se teletransportan directo al Santuario, así que he cambiado un poco esa escena.
Y pues nada, sólo es una idea pequeña nacida de una escena pequeña, así que no le busquen una significado denso y profundo, empecé a escribir esto a las 3:40 am y ya van a ser las 7:00 am ajaja (y todavía no termino de revisar algunos proyectos Dx).
En fin, sin más, ¡espero que les guste!
El principio de la distancia.
ㅡ¿Por qué? ¿Por qué no soy más fuerte?
Los ojos de Shion miraron con tristeza a Tenma, quien se encontraba de rodillas contra el suelo, observando delante de él como la que alguna vez fue la imponente construcción que fungía como hogar de Hades, ahora se desmoronaba y sólo servía como una enorme tumba para Hakurei y Dohko.
Habían logrado escapar a tiempo gracias al sacrificio de Libra. Terminaron teletransportándose a las afueras del castillo, lo suficientemente lejos para no verse afectados por el cosmos de Hades; especialmente porque tanto Shion como Yuzuriha estaban agotados luego de la tortura a la que los habían sometido antes de presentarlos delante de su maestro para utilizarlos como chantaje en contra suya.
ㅡDohko… ㅡlloró Tenma, enterrando los puños en la tierra, misma que también le daba la bienvenida a sus lágrimasㅡ ¡No es justo! ¡No tenías…! ㅡun sollozo se atravesó en su reclamo y le impidió continuar.
Estuvieron en silencio unos minutos, cada uno enfrentándose a sus propios sentimientos en la soledad de sus corazones, la cual en esos momentos se sentía inmensa. Gracias a eso, Tenma se levantó y comenzó a andar. No dijo nada, pero los otros dos entendían que quería estar solo con sus lágrimas y sus remordimientos; no quería que vieran su impotencia y su cansancio.
Shion decidió darle algo de descanso, ya que pronto tendrían que reencontrarse con Sísifo y hacerse cargo de los cadáveres de todos los soldados rasos que Hades había asesinado y cuando sucediera eso, ya no tendrían tiempo para llorar…
Apretó los puños con fuerza al recordar todo lo que había pasado apenas hace unos minutos. La rabia se deslizaba a través de todo su cuerpo, sólo opacada por la impotencia que sentía.
Sin embargo, al hacerlo se había percatado de algo en lo que no había pensado hasta ese momento: su brazo izquierdo seguía rodeando la cintura de Yuzuriha, y ella seguía apretando su mano con fuerza. Debido a toda la estupefacción que se cernía sobre su cabeza, pareciera que ambos no se habían dado cuenta que ya no había necesidad de aferrarse así el uno al otro; que ya estaban en tierra firme y temporalmente, fuera de peligro.
Pese a eso, la sintió temblar y entrelazar su mano con él con más intensidad. Era como si sus dedos le dijeran muchas cosas que sus labios en ese momento no podían articular. La desesperación de ese sencillo tacto rezaba toda una confesión de emociones: angustia, tristeza, miedo, impotencia, coraje…
Soledad.
Yuzuriha estaba cabizbaja, escondiendo los ojos por detrás de los flequillos. Shion la miró apretar los dientes.
Incluso si ella no dijera nada, Shion entendía.
Ahí estaba, un constructo de la distancia: la muerte. No hay nada que haga sentir más solitario a alguien que presenciar la caída de un ser amado. Como si de repente les hubieran abierto el pecho y arrojado lejos sus corazones de sus cuerpos. El vacío se volvía inmenso como el mar y oscuro como el universo sin ninguna estrella a la vista.
Cuando Tokusa murió, Yuzuriha no pudo evitar abrazar a su hermano por varios minutos; tenía miedo de que su cuerpo comenzara a enfriarse. Necesitaba sentirlo cerca de ella, aunque ya no estuviera. Quería fingir que no existía ninguna distancia entre ambos, que no habían sido separados por los fuertes vientos del destino y que las aves todavía no se llevarían lejos su alma… Tanta era su desesperación que tomó su sangre y se tatuó con ella una ineluctable promesa en la piel.
Shion sabía que la razón por la que Yuzuriha no podía soltarlo en esos momentos era parecida a la de aquel entonces, porque necesitaba sentirlo cerca ya que él era la única ancla a la que encadenarse para no dispersarse entre tanta angustia; lo sabía porque la partida de su maestro y de Dohko también lo habían tomado a él y lo habían apartado del mundo de un momento a otro. Se sentía como la tristeza y desesperanza lo hicieran hablar una lengua desconocida en un país extranjero o lo obligaran a respirar aire en medio del mar; necesitaba sentirse cercano a Yuzuriha porque que el reciente asesinato de Altar y Libra deseaba alienarlo de la realidad; si dejaba de sostener su mano, no sabía qué haría con toda esa ira y ese enojo, con toda esa tristeza...
Ahora, sin Hakurei, sin Sage, sin Manigoldo, sin Dohko… sin Tokusa y los padres de Yuzuriha, los tantos recuerdos del pasado habían perdido lo que construyeron para el futuro. ¿Qué sentido tendría querer conquistar la paz y la felicidad si ahora aquellos a quienes habían amado ya no estaban?
Todo lo que quedaba de su hogar, de sus recuerdos de niños y de los momentos de inocencia que les hacían recordar que alguna vez fueron muy felices, eran ellos mismos. Incluso el insufrible maestro que siempre pareció ser eterno y bajo cuyas enseñanzas se habían cobijado durante tantos años; ya no estaba ahí. Y lo peor de todo es que el cuerpo que acompañó a Hakurei por más de dos siglos; tuvieron que dejarlo ahí, solitario, en medio de unas miserables ruinas, lo mismo que el joven contenedor de la que había sido, la dulce y noble alma de Dohko…
De todo lo que quedaba de su vida en Jamir, sólo estaban ellos dos: Shion y Yuzuriha.
El caballero de Aries sabía que también Tenma llevaba tan profundo a Dohko en su corazón porque él había sido el hermano mayor que nunca tuvo, alguien bajo el cuál sentirse protegido en lugar de tener la constante necesidad de proteger. Su primera sensación de seguridad en contra del mundo se la había regalado él.
Y ya no estaba. Tenma ahora era fuerte y podía protegerse sólo, pero la amabilidad de ese consuelo que recibió de niño ahora se resentía como una laceración en el corazón. Shion mismo resentía la perdida de Dohko a un grado que le era difícil de expresar, lo mismo que con su maestro por el cuál no le hubiera importado morir, si lo hacía a su lado.
Los habían separado del mundo y más que nunca tenían que aferrarse a él.
Shion extendió su mano derecha para completar el abrazo con Yuzuriha, gesto que ella no negó y que al cual, por el contrario, se rindió con angustia; escondiendo el rostro en el cuello del joven, apretando los parpados con fuerza, mientras que el Santo de Aries fingía no sentir las lágrimas sobre su piel.
ㅡPrométame algo, Señor Shion… ㅡpudo hablar Yuzuriha, en un hálito de voz. Aquello tomó por sorpresa a su amigo de toda la vida.
ㅡ¿Qué quieres que te prometa, Yuzuriha? ㅡse separó un poco de ella para mirarla directo a los ojos. Los encontró tristes bajo el brillo de un par de lágrimas.
Shion siempre se sintió afortunado de no tener que ver a su amiga ocultando su rostro y siendo más bien, sincera con él todo el tiempo. Pero verla en ese estado tan devastado era una tortura. Aunque no se imaginaba que para Yuzuriha, verlo igual de herido, también la hacía agonizar.
ㅡPrométame que cumplirá el deseo del maestro Hakurei ㅡexigió apenasㅡ Hágalo por él, porque ya no está, ya no está… ㅡrepitió para creérselo, porque todavía no quería aceptarlo.
Shion le sonrió como pudo.
ㅡLo prometo, si tú lo prometes también ㅡla tomó del rostro y la miró seriamenteㅡ. Yo también quiero que vivas.
Los labios de Grulla se curvearon suavemente, pero con amargura. Yuzuriha dejó de entrelazar sus dedos con los de Shion y se llevó su mano izquierda al tatuaje de sangre que reposaba sobre su brazo derecho.
ㅡLo haré; pero mi promesa viene con una condición... ㅡal oírla decir eso, Shion la miró sin entenderㅡ. Usted sabe que siempre lo he admirado… ㅡcomenzó, con un tono extraño en su voz.
El joven se quedó en silencio, sólo observándola. Yuzuriha apretó en su brazo, el símbolo de su familia.
ㅡQuería ser una guerrera como usted. Pero siempre he estado por detrás de su espalda, siempre viéndolo usarse a sí mismo como mi escudo; ya no más…ㅡel Santo Femenino apretó los labios.
Recordó con vergüenza que durante el combate que acababan de enfrentar contra Hades, sus extremidades le habían fallado y la agonía la había consumido; se encontró a sí misma incapaz de defenderse y cuando el dios del inframundo había arrojado su ataque contra ella; no pudo hacer más que esperar a que Shion se adelantara y la protegiera del impacto.
ㅡYuzuriha… ㅡel Santo de Aries frunció el entrecejo y la miró con intensidadㅡ. Sabes que yo confío en tu valía como guerra; sabes que siempre creí que tu destino se hallaba en pelear por proteger a otros y pongo mi fe en ti ㅡle expresó con seriedad, casi recriminándolaㅡ. Si te he protegido, no lo he hecho para desprestigiarte; lo he hecho simplemente en calidad de un amigo que no desea perder a un ser precioso y amado…
Se quedaron mirándose por unos segundos; los ojos del Santo de Aries le rogaban que entendiera que aquella petición no podía hacérsela; que, si se volvieran a enfrentar juntos con otro enemigo en el campo de batalla, lo natural para él siempre sería protegerla si existiera la necesidad de hacerlo.
ㅡSentiste la misma vergüenza que yo cuando Hypnos nos usó de carnada para intentar hacer retroceder a nuestro maestro, no puedes negar que no entiendes como me siento ahora respecto a ti ㅡShion pudo distinguir en la mirada de su amiga, un sentimiento de ternura y tristezaㅡ. Incluso cuando Tokusa vino a atacarme, no tuviste problema en recibir su cosmos en mi lugar ㅡsus ojos adoptaron una expresión determinadaㅡ. Señor Shion, por como sigue el curso de esta Guerra Santa, no me daré el lujo de ser un impedimento para usted…
La Grulla apartó su mano del brazo en donde reposaba su tatuaje y la dirigió al rostro de su amigo. Le acarició con amor la mejilla y luego paseó uno de sus dedos sobre sus labios.
Acto seguido, Yuzuriha acercó su rostro y depositó un beso sobre la comisura de los labios del Santo de Aries.
Shion admitía que estaba sorprendido, pero no era algo que no hubiera esperado. Él sabía lo que ese gesto significaba.
Cerró los ojos y tomando con suavidad el rostro a Yuzuriha, se atrevió a mover sus labios y completar el beso para sellar la promesa. Después apartó las manos para abrazarla con fuerza de la cintura y así sentirla más cerca de él, así como ella se aferró a su cuello con el mismo propósito.
El final de toda su distancia había sido pronunciado con ese beso; el final de todos sus rodeos, de su constante ignorar los sentimientos que compartían por el otro, el final de sus suaves mentiras, de sus tristes realidades, el final del silencio de sus emociones.
Pero ambos sabían que el día en que decidieran confesarse esos sentimientos; todo indicio de esperanza se rompería entre ellos porque su vida como guerreros jamás les alcanzaría para una vida normal y era inútil intentarlo a mitad de una guerra que no les daba nada por seguro.
Ese beso era el final de la distancia que se impusieron a sí mismos durante años, pero era también el principio de otra.
Porque entregándose sus sentimientos, se entregaban su confianza el uno por el otro. Sin palabras de por medio, Yuzuriha le pedía a Shion que ya no se preocupara por ella durante la Guerra Santa porque no ser un impedimento para él, era la mejor manera que ella tenía de protegerlo.
Y así, aceptando esa premisa, Shion le decía con ese silencioso gesto, que confiaba plenamente en ella, en su fuerza y su voluntad y aceptaba su petición, aunque le doliera.
Aquel beso sólo era el punto en donde sus caminos se separarían y ambos lo sabían. Después de las muertes que cargaban sobre los hombros, si deseaban sobrevivir, sabían que lo lograrían sólo si tomaban rutas diferentes en el mapa de aquella cruenta guerra contra Hades. Para no ser tomados como señuelo del otro ni que su amor representase una debilidad en sus corazones jóvenes e inexpertos; aquel beso sería el principio de su distancia.
