CAPÍTULO 14
Hablar
El sol del amanecer se insinuaba ya en el horizonte, iluminando con su luz acuosa a Naruto, al sheriff Hatake, Jiraiya y a los otros seis hombres que formaban la partida.
—Ojalá. Hace que parezca fácil.
Pequeños copos de nieve caían de vez en cuando mientras contemplaban desde lo alto de la loma, con los rifles en la mano, la cabaña medio caída que había en el fondo del barranco.
Una sola lámpara ardía dentro. Naruto había soltado la cuerda tendida entre dos árboles a la que los renegados habían atado sus monturas y las había alejado de allí.
-Demonios, Naruto, debes tener sangre de lobo para haber podido localizarlos aquí.
-¿Cómo diantres los has encontrado?
— Los vengo oliendo desde hace casi dos kilómetros.
Naruto poseía un sexto sentido para esas cosas, y esa habilidad, junto con la determinación de reunir el dinero suficiente para poder comprarse sus propias tierras eran lo que habían hecho de él el mejor cazador de recompensas. Pero esa prosperidad había sido a costa de una buena porción de humanidad.
Al retirarse hacía ya ocho años, era casi igual a los animales a los que perseguía, y se había jurado darle la espalda para siempre a aquella profesión. Sin embargo, cada vez que parecía haber dejado atrás el pasado definitivamente, alguien como Nagato volvía a darle vida.
— Reconozco que hay mil dólares de recompensa dentro de esa cabaña —dijo Hatake.
—Son tuyos.
—Tú los has encontrado.
—Estoy aquí por Nagato, y no por el dinero.
Hatake se echó hacia atrás el sombrero.
—Entonces, repartiremos el dinero entre los hombres de la partida, si no te parece mal.
Por lo que a él le importaba, podían encender una hoguera con esos dólares.
—Bien.
— Me sorprende que no hayan salido huyendo al ver marcharse a los caballos-comentó en voz baja, apartándose un mechón de pelo de la frente aún sin marcas, lo que le hizo preguntarse a Naruto si él había sido tan joven alguna vez.
— Lo más probable es que se emborracharan anoche y que aún estén durmiéndola.
— Un poco arriesgado, ¿no te parece? ¿Por qué iban a estar preocupados? Deben pensar que tienen todo el tiempo del mundo.
— No puedo esperar a ver la cara que se les queda cuando se den cuenta de que no tienen caballos.
— No hagas nada hasta que yo te lo diga — le advirtió Naruto. El sheriff era el representante de la ley, pero durante la noche el joven le había cedido el mando a él por su edad y experiencia—. No quiero que maten a nadie más.
-No te preocupes, que no lo haré. Yo también tengo a una mujer esperándome en Konoha a la que quiero volver a ver.
Naruto empuñó con fuerza el cañón del rifle.
Se había quitado a Hinata de la cabeza para mantenerse despechado, pero aquella alusión trajo a la cabeza su despedida.
— La señorita Hinata parecía un poco triste vernos marchar —comentó el sheriff.
—Sí.
—Supongo que estaba preocupada por ti.
Naruto no tuvo que responder, porque en aquel momento se abrió la puerta de la cabaña. Un tipo salió dando traspiés y miró al sol antes de acercarse a la pared de la cabaña para hacer aguas menores. Tardó un par de minutos en darse cuenta de que los caballos no estaban.
Entró a todo correr a la cabaña y los gritos de los hombres se oían desde la posición que ocupaban Naruto y los demás.
Otros cinco tipos salieron de la cabaña. Dos estaban abrochándose el cinto y uno más iba poniéndose una bota.
Naruto apoyó la culata del rifle en el hombro.
—Maldita sea... Nagato no está.
— A lo mejor sigue dentro —susurró el sheriff. Naruto colocó un dedo en el gatillo.
— No es probable —contestó, e hizo un disparo de advertencia antes de gritar - ¡Tirad las armas!
Varios sacaron sus revólveres, intentando ver algo contra el sol que quedaba a espaldas de Naruto y los suyos, y uno de ellos corrió hacia la cabaña, pero Naruto disparó delante de sus pies, deteniendo su avance.
— Solo lo voy a decir una vez más. Tirad las armas si no queréis que empiece el tiro al blanco.
Uno de los tipos escupió, otro golpeó el suelo con una bota, pero ninguno tiró el revólver.
El siguiente disparo de Naruto le quitó el sombrero a uno de ellos, y el tercero le arrebató el revólver de la mano a otro.
Los demás tiraron las armas y levantaron los brazos sobre la cabeza.
— Ya los tenemos —dijo el sheriff.
Naruto volvió a amartelar el rifle.
— Moveos con cuidado y no les perdáis de vista las manos. Harán lo que sea para escapar.
El grupo descendió por la pared del barranco y cuando ya estaban abajo reuniendo al grupo de forajidos, Naruto comenzó a bajar.
Al llegar a la cabaña, abrió la puerta de una patada y con un rápido movimiento, entró. Solo había una habitación. Tal y como sospechaba, Nagato se había marchado.
— ¿Está ahí? —preguntó Jiraiya desde fuera.
Naruto examinó una vez más la inmunda cabaña y salió.
— No —se acercó al grupo con el dedo puesto en el gatillo—. ¿Dónde está?
El silencio de aquellos seis tipos sólo sirvió para espolear su rabia y su frustración. Agarró al que tenía más cerca por las solapas. Olía a suciedad y meses de sudor.
Naruto puso el cañón del rifle debajo de su barbilla.
—¿Dónde está Nagato? El tipo tragó saliva.
—No lo sé. Y, si lo supiera, tampoco te lo diría.
Naruto se rió, pero el sonido de su risa fue metálico.
—¿De verdad quieres morir por él? El tipo cambió de postura.
—¿Eso es un sí? —preguntó, y apretó más el cañón contra su garganta. El tipo miró a sus compinches. Se habían quedado pálidos.
—¿Va a dejar que me mate? —le preguntó al sheriff—. ¡No se puede disparar a un hombre desarmado.
Todos conocían a los Uchiha, y nadie contradijo los métodos de Naruto. Jiraiya se rascó la cabeza.
—A lo mejor un tiro es demasiado bueno para esa basura, Naruto. Tengo mi cuchillo. Con él despellejo a los peces en un pispas. Con estos animales serviría igual.
Para demostrarlo, sacó el cuchillo que llevaba oculto en la bota y puso el pulgar en el pico. Una gota de sangre cayó al suelo.
La predisposición del tipo al que Naruto había encañonado cambió ostensiblemente.
— No sabemos dónde está. Se marchó ayer.
— ¿A dónde? —preguntó Naruto.
— No lo sé.
Naruto se volvió hacia Jiraiya.
— Todo tuyo.
Jiraiya avanzó hacia él.
— ¡Leadville! —gritó el tipo—. ¡Dijo que se iba a Leadville!
Naruto se quedó pensativo, como midiendo la verdad de sus palabras, y luego asintió.
— Si no está allí, volveré por ti.- y de un empujón, lo colocó junto a los demás.
En cuestión de minutos, el sheriff los hizo montar con las manos atadas a la espalda. ¿Listos? —le preguntó a Naruto al montar
— Yo iré un poco más tarde.
El sheriff asintió y con la partida vigilando a los forajidos, emprendieron la marcha. Solo Jiraiya se quedó allí.
Naruto volvió a entrar en la cabaña. En un rincón había un fuego bajo y una trébede sobre la que descansaba un puchero vacío. De una patada, extendió las ascuas, que enseguida prendieron en el grasiento suelo de madera.
Salió de la cabaña y se quedó a contemplar cómo la devoraba el fuego.
Jiraiya sacó del bolsillo un cigarrillo liado a mano, encendió una cerilla contra la caña de la bota y lo prendió,
—¿Qué diablos te pasa?
—Quiero a Nagato.
—Aparte de eso.
—No hay nada más.
El humo del cigarrillo subió en un delgado hilo.
—Hinata.
—No me apetece hablar, viejo. - Aquel condenado hombre tenía la habilidad de dar siempre en el blanco.
—Vamos, Naruto. Escúpelo de una vez. La verdad era que todo terminaría por saberse, más tarde o más temprano.
—Me ha mentido sobre su pasado. Jiraiya siguió inmóvil, mirándolo tan fijamente como un búho.
—No ha estado casada. Hanae es hija de una hermana suya que murió, y se marchó de Ishikawa por un escándalo.
Jiraiya se frotó la barbilla rasposa.
— ¿Vuestro matrimonio es legal?
— Sí.
— Entonces, ¿dónde está el problema?
— ¡Pues que me ha mentido, maldita sea!-Gritó.
— Tú tampoco has sido sincero.
— En mi caso, es distinto.
— ¿Ah, sí?
-Ha admitido que no se habría casado conmigo de no haberse visto obligada a salir de Ishikawa.
Jiraiya se encogió de hombros.
— Lo que habría o no habría hecho o dejado de hacer no importa. Lo que importa es que ahora es tu mujer —dio una chupada al cigarrillo—. La pregunta es: ¿qué vas a hacer al respecto?
Habían pasado ya dos semanas desde que Naruto se marchó del pueblo. El sheriff, Jiraiya los demás hombres habían vuelto ya hacía días, pero sin Naruto. Jiraiya le había dicho que estaba tras Nagato, pero ella sospechaba que su ausencia escondía algo más.
Se había pasado la mayor parte de esas dos semanas en la clínica con Sakura y Sasuke. Sakura se había recuperado enseguida de su herida, pero la principal preocupación del médico era el bebé, y por eso le había prescrito reposo absoluto y tranquilidad.
Pero Sakura fue un manojo de nervios mientras la vida de Sasuke pendió de un hilo durante toda una semana. Incluso hubo un momento en que el médico temió tener que amputarle la pierna. Pero afortunadamente su salud experimentó una inesperada mejoría cuando Sakura tomó la mano y le dijo que esperaba un hijo que nacería en primavera. No es que se despertara en aquel preciso instante, pero la fiebre empezó a bajarle, abrió los ojos y pidió agua.
Con un poco más de tiempo, se recuperarían los dos, pensó Hinata con una sonrisa y miró a Hanae, que dormía plácidamente en la cuna que le había prestado una de las mujeres del pueblo. Junto con Sakura, estaban esperando que el médico terminase de revisar a Sasuke en la otra habitación.
— Lleva mucho tiempo con él —dijo Sakura, mirando la puerta cerrada.
Hinata estaba concentrada en la costura: un vestido nuevo para Sakura.
— Sasuke ha estado muy enfermo. Es un milagro que haya sobrevivido a sus heridas, y el médico tiene que asegurarse de que todo va bien.
Sakura esbozó una sonrisa. El color había vuelto a sus mejillas y con el tiempo, la cicatriz de la frente dejaría de notarse.
— Casi no puedo creer que lo haya conseguido.
— Habéis tenido mucha suerte.
Sakura se recostó en la almohada.
— Sé que debería estar más tranquila, pero cuando pienso que podría haberlo perdido...
Hinata dejó a un lado la costura.
— Pero no ha sido así.
— Gracias a ti.
— Yo no he hecho nada.
— El médico me ha dicho que si no le hubieras vendado así la herida, se habría desangrado.
— Ya ha pasado todo. Sasuke y tú os vais a recuperar y el bebé que llevas dentro crece día así que concéntrate en comer y recuperar fuerzas.
Sakura miró la bandeja que tenía en el regazo con un cuenco de caldo y un trozo de pan.
— Tienes razón, pero es que entre los nervios y las náuseas, con mirar la comida ya me enferma.
— Ya verás como el caldo te calma el estómago. Cuanto menos comas, peor te sentirás.
Sakura removió el caldo con la cuchara.
— A lo mejor sientes más hambre si te digo que ni el caldo ni el pan lo he hecho yo- dijo Hinata.
Sakura se echó a reír.
— No cocinas tan mal.
Hinata se limitó a mirarla enarcando las cejas, lo que provocó la risa de su amiga.
— Bueno vale tienes un par de cosas que aprender.
— Anda come.
— Tomó un sorbo. Estaba bueno. Luego tomó otro y otro.
— Está muy rico
— Kurenai Sarutobi te lo ha traído.
— Es un encanto.
— Ella y media docena más de mujeres del pueblo se han preocupado mucho por ti. Han estado cuidando de Sasuke y de ti por las noches haciendo turnos para que yo pudiera descansar o atender a Hanae. Es increíble cómo se han unido todos.
— Los vecinos deben ayudarse.
Hinata miró a Hanae, que dormía en su cuna.
— El otro día tuve una conversación muy interesante con la señora Senju sobre Naruto.
Sakura frunció el ceño.
— Tu marido y ella no se han llevado siempre demasiado bien.
— No me dijo nada malo de él.
— ¿Ah, no?
— Solo me habló del tiempo en el que fue cazador de recompensas. Sakura enarcó las cejas.
— .¿Ah, sí?
— ¿Es que era un secreto?
— No, qué va. Es que la gente no suele hablar de ello. A Naruto no le hace ninguna gracia recordar aquella época y bueno... no es de esa clase de hombres a los que se les puede extraer información con facilidad.
— ¿Qué sabes tú de su pasado? Sakura removió la sopa.
— Sasuke, Naruto y yo crecimos juntos en Sunagakure.
— ¿Ah, sí? No lo sabía.
— Muy típico de Naruto —partió un trozo de pan —. Mi padre era propietario de una granja bastante grande, y el padre de Sasuke tenía otra más pequeña. Naruto vivía en la escuela de la misión, y cuando cumplió doce o trece años, los de la misión decidieron que ya era lo bastante mayor para buscarse la vida. Mi padre le ofreció un trabajo y él lo aceptó.
— Trabajaba por dos, y aprendió todo lo que pudo sobre cómo llevar una granja. Pero había una especie de inquietud en él. Siempre hablaba de ganar mucho dinero y tener tierras propias. Al final, un buen día se marchó dejándole una nota a mi padre. Yo pensé que nunca volvería a verlo. Mucho más tarde supe que se había ido al Oeste y que tenía una reputación como caza-recompensas. Trabajaba por Kirigakuren y Otogakure. Sasuke y yo nos le encontramos hace nueve años en Otogakure. Nosotros no lo reconocimos, pero él a nosotros sí. La verdad es que me causó mucha impresión verlo vestido con aquel guardapolvo, el pelo largo y dos enormes pistolones colgándole de las caderas. Su mirada se había vuelto muy dura, cortante casi. Le hablamos de nuestro rancho y le invitamos a visitarnos, aunque pensamos que nunca lo haría. Pero a la primavera siguiente se presentó en nuestra casa, compró Myoboku y puso en marcha el rancho.
— No entiendo por qué le preocupa tanto el pasado. No ha hecho nada de lo que tenga que avergonzarse, ¿no?
— Pues no. Lo que pasa es que me da la impresión de que el pasado es muy doloroso para él. Una vez nos dijo que dedicarse a la caza de hombres había estado a punto de secarle el alma... que empezaba a parecerse a los hombres a los que perseguía.
Sakura la miró a los ojos—. Hace unos años, llegó al pueblo un forajido, buscándolo. Quería vengarse. Amenazó con matar a varias personas del pueblo si no se presentaba, y Naruto se presentó. Hubo un duelo. Naruto le disparó justo en el corazón. Fue un duelo limpio, pero creo que entonces la gente se dio cuenta de hasta qué punto era oscuro el otro lado de Naruto.
— A partir de entonces, las mujeres solteras se mantuvieron alejadas de él.
— Tenía miedo de que yo no lo aceptara.
— Sí.
— La verdad es que al principio me asustaba pero hay bondad en su interior. Ha sido muy bueno con Hanae y conmigo. Cuando me despierto por las mañanas y veo las montañas y veo a él, me alegro de haber venido has aquí. Es como si en este lugar hubiera encontrado una parte de mí misma que siempre había tenido perdida.
Sakura sonrió.
— Esa parte es Naruto.
Sus palabras, tan sencillas, le llegaron corazón.
— Cuando estoy con él, todo va bien, pero cuando no está todo es confusión.
— Me parece que te has enamorado de tu marido.
Hinata parpadeó, sorprendida.
—Sakura, el amor no es algo que surja de la noche a la mañana.
—El amor puede ser de todas clases y tamaños. Para Sasuke y para mí, llegó despacio. Nos conocíamos desde los ocho años. Cuando éramos pequeños, nos pasábamos el día peleándonos y metiéndonos el uno con el otro. Es más: yo tenía la mirada puesta en otro chico cuando Sasuke ocupó el puesto que Naruto dejó vacante en la granja de mi padre. Yo les llevaba la comida todos los días al campo. Al principio ni siquiera me caía bien, y me limitaba a dejar la comida y marchame. Pero a medida que fue pasando el tiempo, empecé a quedarme más, hasta que un día, al mirarlo, supe que era el hombre para mí.
—Así es como yo me había imaginado que me ocurriría. De hecho, así fue entre Toneri y yo.
—¿Toneri?
—Mi prometido.
Sakura la miró un instante antes de preguntar:
—¿Por qué no llegaste a casarte con él?
—No quería a Hanae —suspiró—. Sakura, yo no soy la madre de Hanae. Mi hermana murió al darla a luz.
Había cientos de preguntas que Sakura podría haberle hecho, pero se limitó a una.
-¿Y ese prometido tuyo no quería aceptar Hanae?
-No.
— No seguirás enamorada de él, ¿verdad?
— No —contestó con sinceridad.
Pensar en Toneri la dejaba fría. Pensar en Naruto volvía su sangre de fuego .-Incluso he llegado a preguntarme si alguna vez lo estuve.
— No puedes haber querido de verdad a alguien dispuesto a darle la espalda a un niño.
La puerta de la sala de revisión se abrió y Sasuke apareció cojeando, apoyado en muletas. Había adelgazado mucho, pero recuperando las fuerzas día a día.
— Estoy hasta el gorro de que este hombre me apretuje y me toquetee —se quejó de buen humor.
El doctor Orochimaru salió detrás de él, secándose las manos en un paño.
— Deja de quejarte.
Por supuesto mal humor del médico no era más que fachada. Hinata lo había visto trabajar hasta el agotamiento con Sasuke, intentando salvarle la vida y la pierna.
Hinata se levantó para dejarle el sitio a Sasuke. Sasuke se sentó con una mueca de dolor.
— Juro que nunca volveré a quejarme del trabajo duro. Estar todo el día tumbado me va a volver loco.
El médico miró la bandeja de Sakura.
— ¡Vamos, come! Cuanto antes os recuperéis, antes me dejaréis la clínica libre. Y salió de la habitación cerrando de un portazo.
-El doctor tiene razón —dijo Sasuke—. Tienes que cuidar de ti y del pequeño.
Sakura se llevó la mano al vientre.
—Tienes razón.
Y empezó de nuevo a comer.
Sasuke se volvió entonces hacia Hinata.
—¿Sabes algo de Naruto?
—No. Cuando el sheriff volvió, me dijo que se había marchado en busca de Nagato.
—Es muy propio de él. Perseguirá a ese bastardo hasta los confines de la tierra, si es necesario —su mirada se endureció—. Ojalá pudiera ir cabalgando a su lado.
Sakura palideció.
—Ni se te ocurra pensar en eso. Tú te quedas aquí conmigo. Sasuke respiró hondo.
—No voy a ir a ningún lado, cariño —dijo, acariciándole la mejilla, y ella lo besó en la palma. La unión que había entre ellos le llegó muy hondo a Hinata.
Unos pasos firmes se oyeron en la habitación contigua, y la voz del doctor Orochimaru se mezcló con la de otro hombre. Antes de que Hinata hubiera tenido tiempo de preguntarse quién podía ser, Naruto entró en la habitación.
Su mirada se trabó con la suya, la habitación se derritió a su alrededor, dejándolo solo a él y al rápido latido de su corazón.
La miró como con sed, y por un instante su actitud se suavizó. Al tiempo que reparaba en los círculos oscuros que rodeaban sus ojos y en que parecía más delgado, la esperanza renació en su interior. Tenía las botas llenas de barro y unos cuantos copos de nieve sobre los hombros y en el ala del sombrero.
Sasuke carraspeó
-Bienvenido Naruto.
Él se quitó el sombrero y se echó hacia atrás un mechón de pelo demasiado largo. Su expresión severa se desvaneció al sonreír a sus amigos, y estrechó la mano de Sasuke con fuerza.
-¿Cómo estás?
-No puedo quejarme.
Naruto besó a Sakura en la mejilla.
-No os imagináis cuánto me alegro de veros.
Hinata oyó la tristeza que impregnaba su voz y su corazón voló con él. Sakura sonrió.
—Os lo debemos a Hinata y a ti. El doctor Orochimaru me dijo que fue el vendaje de Hinata lo que evitó que Sasuke se desangrara.
Naruto volvió a mirarla.
—Es una caja de sorpresas. El aire entre ellos se volvió pesado y necesitó todo su valor para no apartar la mirada.
—¿Has encontrado a Nagato?
—No —se volvió a Sasuke—. He ido tras él unos trescientos kilómetros, pero debe haberse escondido debajo de las piedras.
Sasuke se frotó la pierna herida.
—Pero volverá.
—Cuento con ello. No ha terminado conmigo.
— ¿Y qué vas a hacer? —le preguntó Hinata. Él apretó los puño.
— Esperar. Permanecer alerta. Y cuando vuelva, matarlo.
—¿Y qué pasa con Hanae y conmigo? Naruto frunció el ceño.
—Hinata, este no es momento para hablar. Sakura bostezó ruidosamente.
—Pero sí es momento para que os vayáis. Tengo mucho sueño.
Sasuke miró a su mujer y asintió.
— Naruto, te vendría muy bien una buena comida caliente, y sé que Hinata apenas ha comido estas últimas semanas. Llévate a tu mujer al hotel y comed algo. Naruto parecía incómodo.
— He venido aquí directamente y no he pasado aún por la oficina del sheriff. Tengo que ponerlo al corriente.
— Hatake puede esperar —dijo Sakura con un gesto de la mano—. Lo más probable es a estas horas, se haya ido a casa a comer.
— Sakura y yo cuidaremos de Hanae —se rió Sasuke.
— Y si se despierta, le daré el biberón como me has enseñado —añadió Sakura—.Vamos,
Naruto y a Hinata no les quedó más remedio que aceptar. Hinata fue a ponerse el abrigo, pero él se lo sujetó para que metiera los brazos y después, con una mano apoyada suavemente en la espalda, la guió fuera de la clínica. Una gruesa capa de nieve crujía bajo sus pies y unas nubes grises y espesas cubrían el cielo.
Mientras caminaban por la acera, se cruzaron con al menos media docena de personas que la saludaron por su nombre. Varias mujeres le preguntaron por Sakura y Sasuke, y otras también por Hanae. Hinata saludó a todo el mundo y charló con ellos como si se conocieran de toda la vida.
— Veo que ya estás como en casa —dijo Naruto con una nota de impaciencia.
Se detuvieron en la puerta del hotel y él abrió.
—Todo el mundo ha sido muy amable con nosotras. Es fácil sentirse como en casa así — declaró, pero al verlo tan tenso, añadió tras un suspiro—: mira, si prefieres ir a ver al sheriff, yo puedo comer sola.
—No. Comeremos juntos. Estás más delgada.
—Tú también.
Asuma Sarutobi, el conserje del hotel, los saludó desde detrás del mostrador.
— ¡Hola, señora Hinata! Tengo que decirle que a Kurenai le han ido de maravilla las hierbas que le sugirió que tomara.
—¿Cómo se encuentra?
—Muchísimo mejor.
—Me alegro de haber podido ayudarla.
— Naruto, qué alegría tenerte de vuelta. ¿Has tenido suerte con Nagato?
—No.
—¿Crees que volveremos a verle?
—Me temo que sí. Asuma, ¿tienes una mesa?
— Claro. Elige la que quieras y Kurenai estará con vosotros en un santiamén.
El comedor estaba vacío, pero aun así Naruto condujo a Hinata a la mesa del rincón. No tenía mantel, pero estaba limpia.
Naruto le quitó el abrigo y lo dejó sobre una silla. Luego se quitó su guardapolvo y esperó a que se sentara ella para hacerlo él.
Nerviosa, Hinata acomodó con sumo cuidado la servilleta a cuadros en su regazo.
Él se sentó frente a ella.
Ansiosa por llenar aquel incómodo silencio le dijo: -Hanae ha crecido mucho en estas dos semanas. Ya sabe sujetarse sobre las manos y las rodillas, y se balancea hacia delante y hacia atrás como si quisiera gatear, pero aún no sabe cómo hacerlo.
-Bien-se limitó a contestar él.
-Ayer mezclé un poco de manzana con los cereales y se lo comió de maravilla.
-Estupendo.
Hinata se estremeció. Estaba hablando a lo tonto de Hanae, cuando había tantas cosas que decir.
-Oye Naruto, sobre lo que pasó...
-¡Buenas tardes!- los saludó Kurenai.
Era una mujer alegre, de pelo negro y se acercaba a ellos con un delantal salpicado de harina.
—Me han dicho que tenéis hambre. Naruto sonrió.
—Buenas tardes, Kurenai. ¿Qué hay de bueno en la cocina?
—Tengo un estofado de ternera que lleva haciéndose despacito toda la mañana.
—Bien. Pues sírvenos ese estofado y un poco de pan de ese que haces tan bueno.
Kurenai sonrió aún más.
—Enseguida —la cocinera rozó el hombro de Hinata—. Le he hablado a Ida Davis de esas hierbas que me diste. Luego irá a verte.
—Estupendo.
— Tienes una mujer que no te mereces, Naruto Uzumaki —bromeó—. Más vale que no la sueltes.
—No pienso irme a ninguna parte —fue lo primero que se le ocurrió a Hinata. Cuando Kurenai se marchó, miró a Naruto directamente a los ojos.
— Tenemos que hablar de lo que nos ha pasado. Hay mucho por decir.
—Hinata, no hay nada que hablar.
—Sí que lo hay. Ya es hora de que te hable de Hanabi, Toneri y todo lo que ocurrió en Ishikawa.
Él lanzó su servilleta sobre la mesa y se inclinó hacia delante.
— Hinata, he estado pensando mucho y he llegado a la conclusión de que estarás mejor sin mí.
