Sin más ni más, un nuevo comienzo


Silencio, no había lugar en el mundo que no estuviera libre de esa maldición. Lugar que fuera, sea donde sea, que uno posara su mirada solo iban a ver una cosa, desolación. Uno pensaría que la muerte estaría presente en todos lados dejando su inolvidable marca, pero no era así. Ella seguía a los vivos y se llevaba a quienes les llegaba la hora, algunos antes que otros, así era el ciclo de la vida. Ese ciclo ya no existía, hace décadas que la vida había cesado de existir quitando al planeta de su esencia y por ende la esencia de la muerte, lo inerte no podía morir solo existir.

En un desolado valle rocoso, con enormes, extrañas y formidables figuras de piedra, se encontraba probablemente lo último bello de la faz de la tierra y una de las tres cosas que diferenciaban esa roca volando en el espacio con el resto de las rocas volando en el espacio. Los rizos que alguna vez fueron negros e indomables se habían sometido como a la vez volviéndose blanco por naturaleza, la barba que había crecido gracias a la despreocupación ahora sus rizos blancos estaban bien mantenidos, las heridas que se fueron acumulando en la piel ahora daban un aspecto honorable, sin descontar el noble y bello aspecto que poseía, que contaba sin palabras de una gran experiencia acumulada y los bellos ojos verdes, radiantes como el sol, demostraban abiertamente de una voluntad descomunal acompañada de un coraje imparable. Sin embargo eran esos mismos ojos quienes traicionaban lo que pasaba detrás de ellos. Su mirada no se proyectaba hacia la fantasía de un futuro, ni cercano o lejano, tampoco parecía anclarse en el pasado y no parecía tomar en cuenta el presente que lo rodeaba, simplemente miraba hacia el vacío. Estaban extrañamente vacíos, no había pizca de esperanza ni tampoco rastros de desesperanza. Su mente estaba en un extraño estado en el que nada sucedía, su cuerpo parecía operar en modo automático ya acostumbrado a su acumulada edad, las lesiones crónicas que tenía y a su prótesis, un guantelete medieval que llegaba hasta la mitad del antebrazo cubierto por un guante de cuero de dragón. Estaba viejo, tenía cerca de 170 años según sus estimaciones más conservativas y hasta 200 años con las más exageradas. Lo peor de todo es que se rehusaba a morir hasta que cerrara un pequeño asunto pendiente.

Se encontraba sentado en lo que parecía ser una estatua de una deforme y horrenda criatura, un demonio para ser más preciso. Estaba comiendo un chocolate que había generado con magia, todo lo que comía era generado con su magia por supuesto, pero la mayoría del tiempo prefería crear una cocina en el instante seguido por los materiales y ponerse a cocinar, un hábito antiguo cuyo propósito, alguna vez muy importante, había sido olvidado y ahora carecía de significado.

Suspiró con cansancio, o al menos eso parecía porque la verdad es que no sentía motivo ni mental o físico para sentirse agotado. Desvió su mirada hacia los cielos. Los nubes negras e inestables se movían con rapidez cubriendo cada espacio azul posible. Hubo algún tiempo en que disfrutaba de los días nublados, no se acordaba por qué, aunque si estaba seguro de que alguien más estaba a su lado admirando como el día se oscurecía. Unos cuántos truenos tronaron repentinamente anunciando el preludio a una tormenta, eso si le gustaba hasta hoy ¿O era un gusto reciente? No podía saber, solo sabía que le encantaba el espectáculo que generaba una fuerte tormenta con rayos y fuertes vientos. Tanta energía contenida liberada de golpe, azotando con fuerza todo a su paso sin piedad alguna, el perfecto momento para que él mismo se dejara ir.

El agua cayó de golpe con tanta fuerza que podría haber mandado al suelo una persona saludable corriente. En su caso no pasó nada, el agua no chocaba sin piedad contra él en vez de ello se deslizaba con suavidad y elegancia cuando entraba en contacto la razón siendo que de manera inconsciente generó un escudo que recubría su figura suavizando su encuentro. Cuando el primer rayo iluminó la penumbra total que había cubierto sin aviso previo el valle él gritó emocionado a todo pulmón a los cuatro vientos, como si estuviera celebrando. Por supuesto no iba a quedar al margen de la fiesta que se acababa de formar. Levantó de golpe los brazos hacia los cielos mientras continuaba gritando. Enormes rayos amarillos salieron disparados hacia los cielos desde la punta de sus dedos a la vez que los vientos se volvían aún más potentes, llegando a levantar ocacionalmente algunas de las estatuas de los demonios del valle para luego estrellarse un par o cientos de metros más allá dependiendo de la estatua.

-¡WUUHHH!- gritaba a todo pulmón- ¡YEAH! OJALÁ TODAVÍA EXISTIERAN DRAGONES PARA TENER ¡UNA GRAN BATALLA ÉPICA!- agregó. La tormenta continuó con su comportamiento destructivo por varias horas entreteniendo al loco que le seguía dando cuerdas hasta que por fin los cielos se despejaron revelando la luna que se había alzado en silencio. Lo siguió fue la desolada calma que tan acostumbrado estaba, nada sucedía a menos que él o su rival decidieran hacer algo y la verdad es que ninguno de ellos sentía motivación alguna para hacer algo la mayoría del tiempo, de vez en cuando se juntaban para hacer algo entretenido, pero a parte de eso nada. Estiró ambos brazos hacia los lados e inhaló con fuerza mientras levantaba la vista y se dejaba caer hacia atrás. Aterrizó cómodamente sobre una suave y acogedora cama que había conjurado sin darse cuenta, tal como su cuerpo hacía todo de manera automático su magia también lo hacía. A los pocos segundos una habitación como ningún otra se había erectado a su alrededor. Con un gran suspiro su mente se retiró. Ya no consideraba que dormía, no tenía sueños y si no lo sentía diferente de parpadear ¿Realmente dormía?


Una sensación en el fondo de su conciencia lo impacto como una bomba atómica levantándose de inmediato con varita en mano, su corazón bombeando con una fuerza similar a la de un motor, sus ojos deslizándose por todo el horizonte y su magia preparada para ser liberada con la abrumadora fuerza de un tsunami. Una salvaje sonrisa apareció en su rostro, sus ojos que parecían estar despojados de propósito de pronto cobraron una cegadora y paralizante intensidad como depredador listo para dar la cacería de su vida.

- así que por fin estás listo para continuar- comentó con un tono que por muy suave que fuera lograría pararle los pelos hasta el dragón más poderoso, a pesar de que tienen escamas. Con un solo pensamiento el espacio a su alrededor se doblegó ante su voluntad con un potente *crack* que resonó en todo el valle desapareció.

- al fin respondes pequeño Tomy- gritó a sus alrededores en el momento en que apareció. El lugar en que había aparecido no era muy diferente del cual había estado hace unos instantes. Comenzó a caminar sin dirección mientras se daba vueltas sobre sí mismo sin preocupación alguna.

- vamos dime ¿cómo nos vamos a divertir esta vez?- preguntó con evidente excitación en la voz- ¿vamos a tener un duelo clásico? hace tiempo que no tenemos uno ¡uh! ¿que tal sin varitas esta vez? hace mucho que quiero probar esa idea y me lleva comiendo las entrañas por un buen rato ¿o tal vez uno moderno? tu decides las armas y yo hago el campo de batalla, la última vez terminó en un empate cuando ambos nos reventamos nuestras respectivas piernas- comentó con una ligera sonrisa mientras se volvía consciente por un instante de que estaba cojeando- ¿boxeo? ¿te tinca* la idea? tengo que admitir que la musculatura que has obtenido me sorprendió la última vez, no te preocupes esta vez yo te haré que te tragues tus dientes- comentó entre ligeras carcajadas. La excitación jamás abandono su rostro y los ligeros saltos que daba de vez en cuando lo hacían ver como un niño que había entrado a una tienda de dulces por primera vez. Continuó avanzando por el terreno en busca de su rival, realmente estaba anticipando el encuentro que se avecinaba. De pronto vio un pequeño montículo a varios metros por delante de él, estalló de inmediato en carcajadas.

- ¿¡en serio!? ¿¡una emboscada!?- tronó su voz en los cuatro vientos- pensé que ya habíamos dejado esos patéticos juegos de niño atrás, hace 130 años si no me equivoco- agregó para sí mismo- como sea no es que me importe, no puedo esperar a ver qué tienes guardado para mi una vez que revise la obvia trampa- comentó con un tono alegre. Se acercó con pequeños saltitos mientras silbaba y movía los brazos como caperucita roja. Cuando llegó al frente del montón de ropas investigó que había debajo de ellas con su pie, ansioso por la sorpresa que le esperaba. Lo que recibió no fue para nada lo que quería.

- ¿Voldemort?- murmuró incrédulo. Por primera vez en más de un siglo su mente dejó de funcionar, pasó un buen rato para que se reiniciara y continuara con relativa normalidad. Un montón de cenizas, si es que lo eran, y dos varitas. Reconocía ambas, una era la de Saúco y lo otra la gemela de la suya. La reliquia de la muerte hace muchas décadas que dejó de ser parte crucial de sus enfrentamientos, el poder de los dos había llegado tan lejos que las varitas comenzaron a volverse algo trivial en sus duelos, una de las razones de por qué una vez decidieron agarrarse a cachos*. Ahora no podía comprender por qué dejaría ambas ahí después de todo si quería emboscarlo por más que quisiera plantarle un puñetazo en la nuca lo vería venir y no funcionaría. Tocó con su pie la pila de cenizas y esta se dispersó por los aires. En segundo que eso sucedió se dio cuenta de que algo estaba muy mal, una creciente sensación en su interior le gritaba de que todo estaba mal.

- ¡Voldemort!- gritó mientras se daba vuelta a la vez que sus ojos lo buscaban- ¿dónde estás?- volvió a gritar mientras se movía en su búsqueda- ¡vamos responde!- agregó con un tono más desesperado- ¡no me hagas esto!- su voz tenía rastros de sollozos- ¡VOLDEMORT!- vociferó a los cielos. No había respuesta y en ese entonces sabía muy bien que no iba haber respuesta, nunca llegaría. De golpe cayó de rodillas al suelo y estalló en llantos, no podía recordar la última vez que su espíritu se había quebrado de tal manera para llorar desconsoladamente. Lloró y lloró por lo que parecieron ser horas y no parecía que iba a parar pronto. Nunca nadie habría imaginado que llegaría un día en que Harry Potter, el chico de la profecía, el elegido, iba a derramar lágrimas de tristeza por Voldemort, su mortal enemigo, la pesadilla viviente. Cuando por fin las lágrimas dejaron de correr, su garganta se sentía un poco áspera y seca, deslizó su mirada hacia arriba. El sol radiaba con fuerza y el manto azul que era el cielo parecía cubrir la tierra con mayor intensidad. Quiso insultar los cielos que parecían estar celebrando su pérdida, parecían estar burlándose de él. Por fin había llegado su peor pesadilla, el momento en que sería la última persona viva, solo en una roca carente de cualquier incentivo para seguir viviendo en ella. No sabía nada de lo que involucraba el viaje espacial por lo que no podía salir de la tierra a explorar el espacio y morir en él en soledad lo cual no sería muy diferente de su situación actual.

Pasó varias horas mirando el horizonte mientras se iba tornando cada vez más rojo a medida que el sol se iba escondiendo, ya sabía que no lo podía ver, pero aún así admiraba la ilusión que creaba. Sus ojos se posaron sobre la varita de saúco, se había vuelto costumbre entre ellos dos que el ganador de los encuentro se la quedara hasta el siguiente donde el ganador se la quedaría y así sucesivamente, en casos de empate se la quedaba el que había recibido el desafío. Era un ritual que demostraba lo poco que importaban las varitas y más aún lo irrelevante que eran los eventos del pasado. Él no había vivido la mayor parte de su vida, los pocos años de "normalidad" habían sido mayoritariamente designados a sobrevivir el año escolar porque siempre había alguien tratando de matarlo, ya sea por parte de Voldemort o... ¿Cómo se llamaba el viejo? ¿Albur? ¿Elbus? Lo dejó en el "Director".

Los pensamientos suicidas lo habían abandonado hace tiempo, quitarse la vida para eliminar las memorias que le causaban dolor significaría que todo el esfuerzo que había hecho en toda su vida sería en vano. Alguien podría argumentar que fueron en vano considerando el estado actual del mundo, pero eso solo consideraba sus propios esfuerzos para que él se mantuviera con vida, no los incontables sacrificios que se hicieron por él. La verdad es que había perdido la cuenta y no podía recordar con claridad quiénes habían muerto directamente por él o fueron simples casualidades de la masiva guerra que había explotado. Su mayor argumento para mantenerse con vida era todo lo que había aprendido desde sus primeras memorias hasta hoy lo habían hecho crecer como persona. Tenía que admitir que no se encontraba en completo control de sus cabales y que muchas cosas que habían sido él fueron deformadas más allá del punto de reconocimiento y lo aceptaba. Haberse mantenido como el Harry Potter que todo el mundo conocía hasta el presente sería muy perturbante, la gente cambiaba y él lo sabía como también entendía que había algo en uno que lo diferenciaba del resto el qué en específico no lo sabía. El hombre que era ahora no se permitiría morir por desesperación o para escapar del dolor, solo moriría cuando alguien, o algo, fuera la causa directa o una falla orgánica de su cuerpo lo que vendría como una muerte natural, una aceptable.

De forma repentina sintió una presencia muy familiar, había estado con él desde el destinado día en que recibió su cicatriz. Al principio no la reconocía, pero poco a poco aprendió oírla, a sentirla. Sonrió ligeramente, era raro que su vieja amiga lo visitara. Una figura cubierta en negras prendas rajadas estiró una esquelética mano cerrada hacia enfrente de sí y cuando la abrió unas cenizas volaron con la danzante y suave ventisca que carecía esas tierras en ese momento.

- sé que realmente no está muerto- comentó- podría crear un homúnculo, separar el horocrux de mi alma y meterlo ahí, volveríamos a continuar con nuestras peleas hasta que uno de los dos por fin muera a manos del otro- explicó con un poco de esperanza, la primera pizca que tenía desde hace muchas décadas. Miró hacia la muerta directo a... ¿su rostro? Era imposible de ver lo que se encontraba debajo de esa capucha, pero el mismo hecho que hubiese una debía significar de que había una cabeza y por ende algo similar a un rostro ¿no? La muerte no se comunicaba con palabras, sino con ideas plantadas de forma directa en la mente de su receptor. El corazón de Harry se apretó con fuerza y un poco en alarma. Inspeccionó con rapidez su alma, su mente y su núcleo mágico... nada, ningún rastro de él. Con unas ligeras e incrédulas carcajadas habló.

- entonces... realmente está muerto... ¿por qué?- preguntó sin realmente esperar una respuesta.

- ya no hay magia en este mundo, los horocrux necesitan de ella para sobrevivir, en grandes cantidades, la muerte de todo lo que era mágico y el canibalismo que trajeron consigo los demonios se aseguraron de ello- interpretó en su cabeza- puede que seas un mago muy poderoso y que yo todavía existe, pero no era suficiente para mantenerse y entre las constantes peleas entre ustedes dos su colapso era inminente, me sorprende que haya llegado tan lejos y también... se podría decir que lo lograste, lo llevaste a su muerte. Esa última línea de pensamientos si tuvo un efecto en él, pero no el que esperaba. Fue más como una realización, darse cuenta de algo tan obvio que ni siquiera era importante que tu única reacción podía ser un neutro "ok". Lo que venía después de ese simple hecho ya lo había procesado, no del todo, aunque sí una buena parte de ello.

-... y con ello... el final de una larga lucha llega... ni con llantos de alegría ni tristeza... solo fría aceptación- susurró a la brisa. Los dos se quedaron en silencio un buen rato, admirando los últimos rayos de sol antes de que el negro manto de la noche decorada con innumerables estrellas y la resplandeciente luna los acogiera.

- ¿y ahora qué?- inició la muerte tomando por sorpresa al viejo hombre. Sus perdidos ojos verdes se posaron sobre ella.

- marcharme yo creo- declaró después de unos momentos. Ella sabía que no se refería a terminar con su vida así que por lo menos no estaba muy preocupada por esa línea de pensamientos.

- ¿al pasado? Harry dio un paso hacia atrás, atónito por lo que acababa de interpretar. Tuvo que repasarlo varias veces por su cabeza para asegurarse de que no había cometido ningún error.

- ¿estas demente?- preguntó con un serio tono carente de cualquier humor.

- no.

- ¿¡por qué diablos iría al pasado!?- estalló enfurecido- ya sobreviví mi vida y no voy a tratar de sobrevivirla de nuevo o recrearla o tratar de vivirla- gritó- si es que voy al pasado no tendré lugar alguno, no poseería el cuerpo joven de Harry Potter para vivir insufribles años en una mísera vida de abuso para "hacerlo bien esta vez"- dijo lo último con un tono de burla- ya sobreviví mi vida y viví las pequeñas partes que tuve no voy hacerlo de nuevo, no podría, no calzaría y solo sufriría, no sería mi lugar...- explicó con un tono más suave- tampoco correría detrás de Voldemort para evitar todas esas tragedias, la gente que me encontraría no me conocería y tampoco los conocería, meros cascarones de las personas que alguna vez fueron y... significaron para mí. Su tono se había vuelto más triste no porque extraña dichas personas, apenas podría recordar sus rostros y menos aún sus voces, pero sí sabía que los reconocería y darse cuenta de que la persona que tenía en frente era un completo extraño tanto para él como él hacia esa persona le retorcían sus tripas.

- que hay de otra dimensión

- eso... eso podría ser una solución aceptable- concedió- sería mucho más fácil para mí, todos y todo no sería como lo recuerdo porque debería ser así incluso las similitudes tendrán sus diferencias, nadie ahí sería nada para mí y lo mismo al revés, tal como debería ser- pensó en voz alta. La muerte asintió.

- puedes tener la vida que quieras.

- correcto- suspiró- nada del chico que sobrevivió, el elegido, el mentiroso ni nada de esa mierda, absolutamente nada- dijo con un ligero tono de agrado. Cada nueva idea por parte de ella más sus pensamientos sobre dichas ideas le causaba más agrado la idea de irse a vivir a una nueva dimensión. Nuevas incógnitas surgían ¿Cómo sería el tema de la sangre? ¿Habrán nuevas o menos razas? ¿Cómo sería la historia mágica? ¿Y qué hay de la historia muggle? No solo sería una persona nueva rodeado de personas nuevas, también habría una historia nueva por descubrir, un mundo nuevo que podía estar lleno de aventuras si solo lo deseaba.

- sabes- dijo con suficiente fuerza para llamar la atención- creo que voy a partir ahora- declaró. Hace tiempo que él y Voldemort habían descubierto la existencia de viajes en el tiempo y las dimensiones paralelas, ninguno de los dos optó por marcharse hasta que el otro muriera porque si uno se marchaba el otro lo iba a seguir y todo el desastre que ocurrió en el pasado podría volver a repetirse, sería mucho mejor para cualquiera de sus planes que el otro no sobreviviera debido a que en el estado en que se encontraban solo el otro podía detenerlos, sin contar a la muerte que prefería mantenerse estrictamente al margen de todo.

Se echó un poco hacia atrás y con una ligera orden la tierra en frente de él se aplanó luego unas marcas aparecieron formando enormes círculos y extraños símbolos, de manera irregular habían pequeños círculos en la periferia con enormes llamas negras y lo más sorprendente de todo es que toda la formación parecía tener vida propia. Los símbolos se deslizaban por las piedras y tierra, las llamas se cruzaban entre sí cada una marchando a un ritmo diferente que la otra. Él acababa de hacer una de las más grandes hazañas de la aritmancia una formación mágica con una fórmula base que fuera adaptándose a las demandas del espacio y tiempo, muy necesario si se deseaba saltar al pasado o futuro o a otras dimensiones. Otra gran característica de esta formación es que, como toda la magia, dependía fuertemente de la conciencia y subconsciente del usuario haciendo mucho más fácil la navegación entre el tiempo y espacio, después de todo sería una estupidez colosal abrir un portal a una dimensión donde las leyes de la física hacían imposible vivir allí a no ser que fueras un originario del lugar o llegar a un lugar donde la magia no funcionaba. Él ya tenía una idea en mente, un lugar lo suficientemente diferente para poder vivir la vida que deseara y lo suficientemente similar como para que todo lo que haya aprendido en su vida pudiese ser útil, sería un gran golpe para él que lo único útil con lo que llegara al lugar fuera la sabiduría acumulada que tenía respecto a la vida en general, no dejaría de ser mago por nada en el mundo. El portal ya se había adaptado a sus deseos y ahora se encontraba cambiando el destino, de manera relevante, cada cinco segundos, él no buscaba nada en específico solo deseaba cambios generales.

Antes de que pudiera dar un paso una mano se posó en su hombro deteniendo su avance. Miró extrañado a la muerte quien parecía estar... ¿Triste? Harry no sabía que eso fuera posible.

- espera por favor, cuando te vayas yo moriré, solo puedo existir donde haya vida y magia, tu despedida terminaría con mi vida. Se le heló la sangre de golpe, su mente en blanco, todos sus pelos se pusieron de punta y el sudor se deslizó por su piel.

- ¿morirás?- preguntó con un hilo de voz, con un miedo evidente. Daba la impresión de que no estalló porque tenía miedo de que su voz pudiese quebrarla, le retorcía las tripas y era lo último en que quería pensar.

- correcto y no te sientas mal, la muerte es natural para todos, nadie escapa de ella incluso yo, he aceptado ese hecho mucho antes de que tu nacieras solo me sorprende que haya llegado tan rápido, como sea, no quiero que te vayas sin antes despedirme y sin que aceptes mis regalos. Harry tragó salivo y luego asintió con total seriedad, sea lo que sea que seguía él lo iba hacer aceptar con gusto, le debía como mínimo su mayor confianza. Ella sacó de su bolsillo una misteriosa varita de un hermoso resplandeciente y a la vez opaco color negro, era muy extraño, la decoración era impresionante y cuando toco sus manos un extraño y cambiante símbolo cerca de la mitad de la varita se consolidó en una calavera humana y debajo de ella salía escrito su propio nombre.

- mi varita, no es muy especial, un poquito más poderosa que la de saúco y no tiene ninguna característica especial, no haría diferencia en alguien como tu, lo único que es especial de ella es que es mía y ahora te la obsequio. La aceptó sin refutar, la admiró con todo su ser y con su vida la iba a defender. La muerte prosiguió a tomar las tres últimas varitas del mundo, descontando la obsequiada, y las quemó en su mano señalando el fin de una era. Luego cortó un pequeño trozo de sus prendas y con un poco de su magia se transformó en una funda de varita.

- esconderá tu varita de la vista de todos, una vez colocada allí la gente tenderá a olvidarla a menos que tenga una voluntad muy fuerte. La amarró a su cintura y allí puso la preciada varita. Tenía que admitir que ella tenía un sentido estético exquisito, no podía haberlo imaginado mejor. Luego sacó un frasco y derramó en el una gota de... ¿Sangre? La muerte no sangraba así que sea lo que sea que haya colocado dentro de ello que provenía de su interior solo podía asegurar que parecía un polvo líquido negro con pequeños tintes brillantes de oro y blanco.

- bébelo. Y lo hizo. Lo primero que sintió algo similar a su primera transformación de animago, lenta y "dolorosa", el dolor era una vieja amante de Harry a la cual ya se había acostumbrado, no habían sorpresas entre ambos y prefería que se mantuviera así. Una vez que la sensación desapareció se miró en un espejo que ella le entregó. Lo primero que notó fue que estaba con una apariencia muy joven, a lo más 25 años. Las cicatrices estaban todas en su lugar y ninguna de las lesiones crónicas parecían estar ahí, hecho que se dio cuenta cuando comenzó a moverse ligeramente de un lugar a otro para probar su nuevo cuerpo. Su atención se desvió a su mano izquierda logró sentir en ella por primera vez el frío del guantelete de metal, se lo sacó de inmediato, pero si se dejó el guante de cuero de dragón, se había acostumbrado a verlo y se iba a sentir muy raro si es que no lo veía. Al mirarse al espejo para inspeccionarse de nuevo notó otro gran detalle y lo hizo sentirse ligeramente vacío. La famosa cicatriz en forma de rayo ya no estaba, en vez de ello estaba la lisa, joven y bien mantenida piel que cubría el resto de su cuerpo. Una vez que terminó de darle un par de vueltas concluyó que hacía sentido. Era una nueva y un nuevo mundo donde no tendría ninguna relación con nadie allí, no quería ni imaginarse que gracias al tener dicha cicatriz terminara en vuelto en todo lo que quería evitar, además Voldemort ya estaba muerto y no quedaban nada más que memorias sobre él, la desaparición de la cicatriz simbolizaba el final de su relación.

- un último regalo, no sé si será de utilidad o no, nunca nadie lo ha hecho y dudo que alguien más lo vuelva hacer, solo espero que te brinda apoyo cuando sientas que estás solo. Por la sensación que le causó supuso que algo radical iba a ocurrir, vaya que tuvo razón. La muerte comenzó a desintegrarse ahí mismo en frente de sus ojos mientras sus cenizas eran repartidas por una súbita brisa que había llegado. Harry estaba seguro de si es que ella tenía rostro debajo de esa capucha entonces estaba sonriendo. Cuando desapareció por completo marcó el final de la muerte en ese mundo, tal vez incluso la dimensión completa, no había modo de saber. Abajo a sus pies había un collar con una pequeña piedra con una forma romboide con un marco de oro. Era hermosa y en sus manos le daban una calidez que no había sentido en mucho tiempo, una calidez que esperaba volver a sentir de otros. En ese momento se dio cuenta de qué era su último regalo y era esperanza. Una ligera sonrisa apareció en su rostro, un poco extraña porque las únicas veces que sonreía era como un salvaje cuando estaba peleando con el difunto Tom. Lo encontraba poético, la muerte da su vida para darle esperanza a la última persona en la faz de la tierra para que realice sus sueños en otra tierra, ella iba a ser la última en morir y él no moriría en ese planeta, decidió que cuando tuviera el tiempo le dedicaría un poema, tal vez lograría algo satisfactorio.

Se ajustó su ropa junto con el nuevo collar, luego inhaló profundamente y exhaló con suavidad. Miró hacia su alrededor y se despidió en silencio del decadente mundo, tal vez algún día la vida vuelva florecer, lo hizo una vez y así que tal vez podría hacerlo de nuevo. Reuniendo su coraje dio un paso hacia el portal anclándose en una localización al notar la intención de su creador. Con un último paso atravesó el portal y este se selló.


No sabía cómo iba a ser la salida por lo que estaba preparado para lo que sea, tal vez iba a salir en el equivalente a la posición en que abrió el portal o tal vez su subconsciente determinaría la salida, no tenía idea y por ello estaba preparado para lo que sea. Excepto que no lo estaba. Cuando su pie aterrizo al otro lado del portal seguido por su cuerpo entero, el portal cerrándose a su espalda, jamás se imagino lo que tendría enfrente. Estaba en un cerro que abundaba con vida, el verde pasto se extendía hasta todos los rincones de su visión, los árboles se mantenían a distancias prudentes entre ellos y los ocasionales animales que estaban presentes seguían con su vida ignorando por completo al mago que acababa de interrumpir el escenario.

No podía creerlo, la última vez que vio algo por el estilo fue hace... ¿130 años? Tal vez más tal vez menos, era irrelevante, lo único que le importaba es que por fin podía disfrutar de tan bello escenario que irradiaba con vida. Se arrodilló y deslizó su mano derecha sobre el pasto, como si lo estuviera acariciando, siendo la punta de los dedos lo único que realmente sentía la sensación del contacto debido al tipo de guante que tenía. Luego se quitó ambos guantes y prosiguió con cuidado a sentir el hermoso pastizal. Si era honesto probablemente todo en este mundo le iba parecer hermoso, sea lo que sea con tal de que tuviera alguna especie de remanente de vida. En el otro mundo de repente se podía encontrar algunos cuadros que quedaban en unas cuantas casas abandonadas. Esas pinturas por muy bien mantenidas que hayan estado, hechas con impresionante técnica y dedicación le eran irrelevantes debido a que todo el significado que tenían murieron en el momento en que la humanidad murió, a lo más sería relevantes para alienígenas, pero dudaba que eso llegase a pasar. No creía que fuera a tener suficiente de apreciar el pasto, el problema es que había mucho más que experimentar. Con un poco de arrepentimiento se forzó a pararse y dirigirse a un árbol para repetir todo el proceso de nuevo. Si era honesto consigo mismo lo repetiría todas las veces que pudiera por el resto de la eternidad, la belleza que irradiaban y la sensación que tenían sobre su piel.


Las vacaciones hasta el momento habían sido bastante molestas para ella, lo único que quería era volver a su casa para pasar más tiempo con su papá, pero él siempre estaba ausente. Siempre era "reunión con este" o "asunto muy importante" ¡La ignoraba por completo! Estaba frustrada, quería contarle en persona todo lo que había sido todo lo que había sido el segundo semestre, y partes del primero debido a que su actitud entonces era muy parecida a la de ahora, de su primer año de colegio. Su mamá siempre le mandaba letras y ella siempre escribía de vuelta, pero no era lo mismo y no sentía las mismas ganas. Se sentía feliz jugando con su hermana pequeña, pero incluso eso tenía un límite. Deseando hacer lo que sea menos concentrarse en sus depresivos pensamientos decidió salir al patio a jugar.

El día era hermoso, el sol estaba en su punto más alto, de repente una nube ocasional se cruzaba aumentando el encanto del día. La naturaleza también parecía estar contenta con el día al igual que ella. Podía sentir como la magia de algunas criaturas se movía con gusto en algunos y de forma perezosa y satisfecha en otras. Las plantas y sus flores radiaban con sus bellos colores. Estaba contenta con su decisión, salir a jugar al patio sin su madre o hermana fue la mejor decisión que podía haber tomado.

Estaba dando pequeños y alegre saltos cuando se encontró con algo, o mejor dicho alguien, que la detuvo de golpe. Gracias a su naturaleza de veela ella era capaz de sentir la magia radiar de cualquier criatura mágica, por supuesto que hasta cierto punto, pero de todas maneras ella tenía más facilidad. Alguna que otra vez sentía enojarse a algún invitado en las fiestas de su padre o la directora y profesores de Beuxbatons y gracias a esas experiencias sabía diferenciar cuál sensación indicaba un mago poderoso y cuál no. Lo que tenía en frente de ella era nada parecido a lo que ha sentido en su vida, sabía que no era tan experta en el arte de medir otros brujos, pero no hacía falta para saber que estaba en frente de alguien terrorífico. La magia que irradiaba era masiva, sentía que estaba sumergida en el océano y su alcance era similar. El miedo la paralizó. Sabía que la única razón de por qué podía sentir su poder era porque estaba distraído admirando, de una manera muy extraña, el árbol que tenía en frente, hasta donde sabía no había nada especial en ese árbol. Cuando su mirada se deslizó hacia ella su corazón se contrajo. Si bien la abrumadora sensación mágica había cesado ahora había otra característica de él, había notado que era un hombre, y eran sus penetrantes ojos verdes. Se sentía como una liebre paralizada del miedo que tenía la mala suerte de llamar la atención de un gigantesco dragón. Cuando estuvo en frente de ella le sonrió.

- que tal chica- saludo con una amplia y acogedora sonrisa que no creía posibles- ¿todo bien?- preguntó a la vez que le acarició el pelo. En ese instante el miedo desapareció y pudo concentrarse en reconocer los detalles que tenía en frente. Tenía el rostro de un noble, su barba parecía estar muy bien cuidada, su pelo le daba un toque de rebeldía por el aspecto indomable que tenía, sus ojos eran del verde más radiante que había visto en su vida, su sonrisa era cálida y las cicatrices que tenía solo se sumaban a su buena apariencia, al final se dio cuenta de que era muy apuesto. Cuando se dio cuenta de ello y que seguía acariciándole el pelo con lentitud y suavidad sintió repentinamente que su rostro comenzó a hervir. La vergüenza fue inmediata y evitó de inmediato su mirada. Por supuesto que él notó que se sonrojó de inmediato y que haya evitado su mirada le hizo saber que había algo extraño. Se arrodillo frente a ella y trato de encontrar su mirada.

- ¿te encuentras bien?- pregunto con evidente preocupación. Eso solo logró avergonzarla más. Si supiera mejor se daría cuenta de se había enamorado de él, pero tenía once años y era la primera que lo experimentaba por lo que simplemente no sabía lo que le sucedía. El hombre que la estaba analizando tampoco sabía qué era lo estaba sucediendo con ella, su mente todavía muy despegada de todo lo que eran relaciones humanas relativamente, muy relativas, normales.

- hey ¿cuántos años tienes?- preguntó de imprevisto.

- ehm... 11- respondió volviendo a mirarlo a los ojos. Al menos logró el efecto deseado que era que le devolviera la mirada. Realizó un par de diagnósticos no invasivos y, por supuesto, sin que ella se diera cuenta. Al notar que todo estaba en orden, desde un punto de vista médico, decidió que debía ser algo de la edad, se había acercado bastante con esta respuesta. Le sonrió, una idea le surgió en la cabeza y supo que iba a funcionar sin siquiera saber por qué.

- 11 eh- dijo un poco más fuerte de lo normal- entonces no te molestaría que haga ¡esto! De un segundo a otro la tomó por las axilas y la levantó su cabeza mientras se reía a carcajadas. Su primera reacción fue gritar a todo pulmón y cuando volvió a tocar el piso sus ojos anclaron sobre su mirada. La de él parecía juguetona y estaba preguntando de manera silenciosa "¿otra?". Algo en su expresión debió darle la respuesta porque estaba de nuevo en los aires y estaba vez entre carcajadas y gritos.


Su mañana estaba siendo horrible. Los dos últimos años estaban siendo una pesadilla política, las tensiones entre las antiguas generaciones eran terribles, sumándoles los problemas que traían los ideales de pureza de sangre siendo la guinda de la torta el hecho de que su primer ministro estaba casado con una veela. Luego su hija mayor quien había salido igual de terca que ella o tal vez más, por Morgana ojalá que no, había entrado a Beuxbatons. La pobre había estado tan emocionada solo para encontrarse de cara con los herederos de los imbéciles puristas de sangre que por supuesto iban a escoger a su hija como blanco de todas sus estupideces. Su belleza y atracción solo servía para agravar la situación ya que todos los chicos, y algunas chicas, se quedaban boquiabierta mirándola generando celos en todas las chicas de su clase y cursos superiores. En las vacaciones de invierno y ahora lo único que deseaba era poder pasar un rato con su padre, contarle todas las historias del colegio y buscar consuelo en él. El problema radicaba en que la situación política se parecía a una habitación llena de dinamita en que todo dependía de su marido quien estaba en una tirolínea encima haciendo equilibrio a la vez que estaba en fuego, cualquier movimiento en falso tendría terribles consecuencias y, por ende, requería toda su atención. La pobre está tan frustrada y ni siquiera sabe cómo expresarlo. Su hermana trataba de ayudar, pero había un límite de lo mucho que podía ayudar que lamentablemente no era suficiente.

Se encontraba tomando té en la terraza disfrutando del breve descanso que podía tomarse, sentir la brisa cariciar su piel era una sensación que adoraba. Todo estaba bien hasta que escuchó un penetrante grito agudo que resonó en todo el patio. Sus sentidos se alarma se dispararon como nunca ¡Un intruso! ¿¡Cómo!? Tenían las mejores barreras en toda Francia, nadie podía entrar sin su expreso permiso. Que alguien se haya infiltrado en su casa podría significar un montón de cosas terribles, escuchar el grito de su amada hija mayor solo podía significar un par de cosas, todas horrendas que le ponían los pelos de punta. Tenía que apurarse. Con un pensamiento apareció en el lugar que había escuchado el grito de su hija.

- ¡Fleur!- gritó con extrema urgencia.

- ¡mamá!- respondió un grito de sorpresa. Se giró de inmediato en la dirección de la voz de su hija con varita lista para atacar, no estaba preparada para lo que vio. Su pequeña estaba felizmente en los brazos de un hombre que la estaba sosteniendo sobre su cabeza mientras ella se reía despreocupadamente, ella dudaba de que su juicio estuviera sano si es que estaba viendo e interpretando bien la situación.

- hey- saludo el hombre con un ligero tono de sorpresa mientras bajaba a Fleur. La chica partió corriendo en su dirección, sus ligeros saltitos que daba vez en cuando revelando lo mucho que se había estado entreteniendo.

- ¡mamá!- exclamó al llegar a su lado- deberías conocer a...- se detuvo a mirar en la dirección del hombre y apenas se encontró con su mirada la evitó al instante. Su madre por supuesto que notó como el rosado en sus mejillas se volvió mil veces más intenso y si había interpretado la situación correctamente entonces desmayarse ahí mismo sería una buena opción ¡Su pequeña y terca niña se había enamorado de un completo extraño por las tetas de Morgana!

- ¿quién eres?- preguntó con un claro tono de advertencia. Su pequeña la miró extrañada, sorpresa y decepción. Lo último realmente le dolió, pero se lo aguantó, después tendría una conversación apropiada con su inocente niña. Ella estaba mucho más entrenada que su hija y con sus habilidades de Veela podía notar que el hombre tenía un gran poder mágico, si se armaba una pelea haría desaparecer de inmediato a su niña para que apareciera al interior de la mansión para que se encerraran con su hermana en una habitación segura. No tenía oportunidad de ganar en una pelea, de eso estaba seguro. Si era un hombre que le interesaba el dinero entonces sabía que podía disuadirlo de hacer lo que sea que viniera hacer. Si era un purista de sangre sabía que no había manera de disuadirlo en cuyo caso lo único que podría hacer sería desaparecer a su hija y rogarle a los pies mientras ofrecerse abiertamente, sabía que no lograría nada y la iba a torturar de todas maneras antes de matarla, tal vez violarla, pero al menos eso le daría suficiente tipo a su marido para que vuelva y él siempre estaba acompañado de aurores. Los ojos del hombre se abrieron como plato ante la pregunta adoptando una expresión de pánico, un tipo de pánico que no esperaba ver en alguien como él.

- ¡verdad!- exclamó sorprendido- no me he presentado todavía que estúpido soy- retó- lo lamento pequeña y señora por ser descortés- se dirigió principalmente a su hija- mi nombre es...- su expresión se volvió seria a la vez que adoptaba una pose pensativa. Sabía que no iba a revelarle su nombre después de todo sería una masiva estupidez hacerlo, pero demorarse tanto rato en pensar en uno era un poco ridículo.

- ¿se te olvidó?- preguntó Fleur inocentemente detrás de su madre, tener en cuenta que no era por voluntad propia. La ampolleta metafórica se prendió en su cabeza.

- tienes razón se me olvidó, es que hace tiempo que no lo uso- mintió a medias. Era verdad que no lo usaba hace tiempo o no lo oía de otra persona, pero no se le había olvidado. El problema radicaba que no sabía que tan común era el apellido Potter en la comunidad mágica o que tan famoso era. Su nombre era inconsecuente, cualquiera podía tener cualquier nombre, pero apellido no.

- quedémosnos con Harry, al menos de eso estoy seguro- declaró con una sonrisa. Su buena y alegre disposición le estaba friendo los nervios, era conocido que los asesinos y ladrones con dicha disposición eran los peores, no se quería imaginar los horrores que le caerían sobre su ser cuando demostrara sus verdaderos colores.

- me llamo Fleur Delacour- dijo emocionada la niña.

- ¿Delacour?- murmuró así mismo adoptando de nuevo una pose pensativa. Realmente no podía darle pies o cabezas a la persona que tenía en frente. Se infiltraba en el patio de una de las propiedades mejor protegidas en toda Francia y fingía desconocer su nombre familiar ¿Qué clase de criminal hacía eso? Su mirada pareció iluminarse.

- ¡ah! ese Delacour- exclamó mientras hacía una ligera celebración que terminó por animar a su hija también.

- ¿has oído de nosotros?- preguntó emocionada.

- de tu padre más que nada- mintió- ahora estoy muy curioso ¿qué hacen en un bosque como este en la mitad de la nada?- preguntó con una expresión que juraría demostraba total seriedad y curiosidad ¿Estaba diciendo la verdad? ¿Realmente no sabía que estaba en el patio de una de las familias más importantes de Francia? ¿Acaso atravesó sin darse cuenta las barreras? No podía, sería ridículo a otro nivel, uno nunca antes visto en la historia.

- estas en nuestro patio- respondió la muy alegre pequeña. Su expresión se volvió de una de shock y, por un breve segundo, se volvió pálido antes de recuperarse.

- oh, como lo siento- se disculpó de inmediato inclinándose en su dirección- no sabía que había traspasado en su propiedad, me disculpo profundamente y veo que estoy causando un poco de discordia- dijo refiriéndose a la varita alzada, que no se encontraba apuntado hacia él, pero no diría nada al respecto.

- ah ¿por qué?- se quejó Fleur.

- porque es ilegal entrar en propiedades de otras personas si es que no has sido invitado- respondió con simpleza- ahora, si me disculpan, las dejaré tranquilas y seguiré con mi camino- declaró.

- adiós y vuelve pronto- se despidió la chica. El hombre meneó su mano y desapareció con un ruidoso *crack*. Apolline quería ir al refrigerador, sacar la botella de alcohol más potente que tuviera y bajársela en un trago, sensación que se estaba acercando a una necesidad cuando se dio cuenta de que el hombre estaba vestido de pies a cabeza en cuero de dragón.

- va a volver ¿verdad?- preguntó con un poco de tristeza. Realmente necesitaba esa botella.


Donde apareció en la ciudad poco importaba ¡Acababa de hablar con alguien! ¡Una persona en carne y hueso! Estaba muy emocionado. Alguna vez soñó con poder hablar con otras personas y disfrutar de su presencia, un sueño muy antiguo y olvidado, no hacía sentido que ocupara un lugar activo en su mente tomando en cuenta el estado del mundo en ese entonces. Iba a disfrutar lo más que podía de la convivencia de todas las personas que pudiera.

Debía tomar ciertas precauciones, no sabía lo que era normal o extraño y lo último que necesitaba era crear problemas. Ser un criminal jamás iba a ser una proyección de vida deseable para él así que iba hacer todo lo posible para evitarlo. Volviendo a recordar la interacción con la niña interior se dio cuenta de unos cuantos detalles. Se había encontrado con los Delacour por lo que estaba en Francia, la actitud de la madre era de esperarse y realmente no le decía nada, que haya hablado con Fleur pequeña le daba una pista importante del tiempo que se encontraba. Él había estado en París mágico y sabía dónde estaban las localizaciones importantes para hacerse una mejor imagen del mundo al que había llegado. Quién sabía cómo iba a ser este mundo, tal vez Voldemort era un héroe y... el Director un criminal buscado. Ir a Gran Bretaña era su objetivo principal, allí evaluaría todo lo que sabía y solo entonces haría un plan de vida.

El ruido de otra persona apareciendo cerca suyo lo trajo de vuelta a la realidad. Miró a sus lados y lo primero que notó es que varias personas lo estaban mirando con gran intensidad. Al menos sabía que no había aparecido por accidente en la parte muggle de la ciudad así de eso no tenía que preocuparse. Al poco rato se encogió de hombros como a la vez ignorando por completo sus miradas, podían mirar todo lo que quisieran, si querían hablar con él genial en caso contrario era su pérdida.

Se acercó a una mujer que estaba sentada en una banca leyendo un libro cuyo nombre estaba cubierto por sus delgadas manos.

- disculpe señorita- le llamó la atención.

- ¿que pasa buen señor?- respondió de manera automática sin dirigirle la mirada. Al levantar la vista un nudo se le formó en la garganta. Que era muy apuesto era lo de menos ¿¡Acaso estaba vestido de pies a cabeza en cuero de dragón!? No podía creerlo y si no fuera una bruja tan experimentada se hubiera desmayado en el lugar.

- busco la biblioteca, necesito leer los diarios pasados y un poco de historia reciente- explicó- es un proyecto personal- agregó con una suave sonrisa. Ella pensó que esa sonrisa debería ser ilegal, podía jurar que su alma se movió con brusquedad en el momento en que se la dirigió ¿Cómo alguien podía sonreír así? ¿Qué clase de brujo se había encontrado? Uno poderoso de todas maneras, más magia que de dinero de eso ella estaba segura si es que estaba leyendo bien su postura, figura y cicatrices.

- con gusto- asintió- bajando por esta calle- señaló hacia su derecha- luego de cinco cuadras dobla a la derecha avanzas unas dos cuadras y vuelves a girar a la izquierda y de ahí si sigues caminando te la encontraras en poco tiempo.

- muchas gracias- agradeció haciendo una ligera reverencia- buenas tardes y me despido mi señorita. Dicho eso partió en la dirección dada dejando a una sonrojada bruja cuestionándose de dónde podían salir brujos tan buen mozos.

No tenía apuro y aprovechó de disfrutar la vista de lo que tenía que ofrecer la París mágica. Criaturas mágicas volaban por encima de él, algunas cuantas caminan por la calle y los humanos abarcaban gran parte de las calles, aunque si era honesto la mayoría caminaba un par de pasos y luego desaparecía, no podía creer lo perezosos que eran los brujos.

La biblioteca era gigante al igual que el bibliotecario quien debía tener al menos 2 metros de altura, aunque era bastante delgado en contraste. Por supuesto que le vio venir, un profesional de su ocupación debía estar siempre atento a quien entraba y salía de su santuario.

- ¿qué desea estudiar?- preguntó con un tono cortante.

- el último siglo de la historia británica como a la vez de Francia además de todos los periódicos de los últimos 30 días- dijo con tranquilidad y firmeza. El hombre arqueó la ceja y el brillo en sus ojos cambió un poco.

- ¿un proyecto?

- personal.

- ya veo.

- ¿en profundidad o una ojeada?

- profundidad en la británica, ojeada en el resto. El hombre asintió y con un par de movimientos aparecieron una enorme cantidad de documentos en la mesa. 30 diarios de la empresa "Divinación", un libro de la historia de Francia que parecía ser como para alumnos de colegio y tres libros sobre la historia de Gran Bretaña.

- que encuentre lo que desea- dijo con un tono más amable, aunque mantenía su fría y neutra expresión. Por Merlín ¿Acaso todos los bibliotecarios perdían su alma o qué? Tal vez era una maldición inherente a la profesión, pobre de ellos.

Los diarios no revelaban muchas cosas interesantes, escándalos por aquí y por allá, alzas de precios en un lugar y bajas en otros, nada de eso era relevante. Lo que sí le interesó bastante era darse cuenta de que las disputas entre las grandes y antiguas familias junto con el público general parecían rondar al rededor de la misma cosa: pureza de sangre. Que el primer ministro estuviera casado con una veela no pintaba bien las cosas ¿Qué fue el desastre que estalló todo el alboroto político? Ah, el asesinato del heredero de una de las antiguas familias a manos de un presunto goblin. Suspiró con cansancio, al parecer mientras existiesen personas el odio ciego los iba a seguir ¿Por qué las personas son tan estúpidas? El culpable era uno o varios, si es que era un grupo detrás del asesinato, a ellos había que perseguir y luego ejecutar o encerrar no a toda una especie y menos a muchas otras. "Estúpidos todos" era lo único que podía pensar.

Según lo que descubrió del libro de historia de Francia todo fue relativamente similar a su propio mundo. Ninguna diferencia que resaltase a simple vista, aunque tal vez si miraba más hacia atrás iban a empezar diferencias más evidentes, pero ahora eso no le importaba. No era un escolar dedicado a la historia y si tomaba en cuenta al gigantesco hombre como modelo menos ganas tenía para dedicarse a una profesión similar.

Los tres libros de historia sobre Gran Bretaña revelaron un par de cosas interesantes. Aparentemente el ministerio estuvo más involucrado desde el principio de la guerra, investigando bastante de cerca los reportes hechos sobre los "Caballeros de la Serpiente". Frunció el ceño la primera vez que leyó el nombre, después de releer una par de veces el párrafo entendió que se refería a los famosos "Caballeros de Walpurgis". Al notar que el ministerio se involucraba de manera más proactiva desde el inicio los mortífagos no tuvieron tanto éxito en su guerra e intento de reinado del terror. Otra cosa que notó fue que el director de Hogwarts, Albus Dumbledore "¡Ese era el nombre del desgraciado!" pensó con un distintivo odio y firmeza, era más firme con la protección de la escuela, pero menos involucrado en temas que fueran "ajenos" a ella. Bufó con incredulidad ¿Acaso el viejo era igual de ciego que en su mundo? No se daba cuenta de que la vida fuera de la escuela y los acontecimientos fuera de ella impactaban enormemente lo que sucedía dentro de ella.

Tal vez era algo de lo comunidad mágica que creían que los niños crecían bien en un ambiente sin ver a sus padre por cerca de cuatro meses seguidos ¿O eran cinco? ¿Nueve? Ese no era el punto y la verdad es que prefería gastar su odio en otras posibles absurdidades que iban a ir apareciendo de vez en cuando, eran hechiceros después de todo la lógica no era su punto fuerte. Volviendo a concentrarse en el tema llegó hasta la parte que más lo llamó desde el inicio, la muerte de Voldemort, al menos la supuesta. Lo primero que notó fueron varias diferencias la primera y más llamativa es que en vez de ser el chico que sobrevivió era la chica que sobrevivió. "Sí, la posesión no iba a funcionar desde el minuto uno" reafirmó sus creencias. Siguiendo en sus estudios notó que los padres de Alice Potter estaban vivos la razón siendo que a ella la dejaron a manos de los abuelos que se habían logrado mantener con vida hasta entonces murieron sin tener la oportunidad para poner resistencia, ni siquiera se enteraron de que estaban siendo atacados hasta muy tarde. Lo que más le llamó la atención de todo ese encuentro fue que todos los elfos de la casa se lanzaron sobre el señor oscuro buscando proteger a su maestra, lo que significaba que ella no sobrevivió la maldición por un contrato sellado con sacrificio, sino por la aparente pura devoción que sentían las criaturas por ella y si tomaba en cuenta que ellos manejaban la magia como nadie en el mundo entonces tenía sentido. No había mucha información sobre los padres lo que era una pena, era de edición francesa por lo que tenía sentido que no le prestaran atención con mucho detalle a todos los eventos.

Hasta ahí llegaban los eventos que le atrajeron la atención, si quería aprender más tenía que ir a investigar en persona el país. Al menos sabía que Alice tenía 8 años por lo que tenía una buena ventana de tiempo para descubrir qué quería hacer antes de que los eventos, si es que eran más o menos fieles a su realidad, comenzaran a suceder. Devolvió el material, dio las gracias y desapareció en la mitad de la calle.


El cambio del clima se sintió de inmediato, esa ligera sensación de frío que tan acostumbrado alguna vez estuvo durante su juventud volvió a recibirlo con brazos abiertos, admitía que se sentía bien. Tomó un profundo respiro, esto era, aquí iba dar los primeros pasos para su nueva vida. Su mano se deslizó sobre su collar, tenía una promesa que cumplir e iba a darlo todo para cumplir esta. Apenas trató de dar un paso en un fuerte y autoritario grito atrajo su atención.

- ¡alto ahí levante las manos!- dijo una femenina voz. Lo hizo sin demora, aunque no alarmado.

- relájese no planeo hacer nada- comentó mientras se estaba dando vuelta.

- ¡detente o te maldigo!- amenazó. Por supuesto detuvo en una media vuelta. La mujer se acercó con rapidez y una de sus manos se deslizo por su cintura, la varita apoyándose sobre su cuello. Al menos ahora sabía que los aurores eran más competentes que antes, aunque no tanto, su forma tenía varios errores y la manera de acercarse habría terminado con su muerte hubiese estado frente a un criminal experimentado. Cuando no encontró ninguna varita, quiso besar a la muerte, volvió a tomar una buena distancia.

- de acuerdo puedes darte vuelta- dijo con fuerza. Él aceptó y se giró hasta quedar de frente a frente, era una posición mucho más cómoda para su gusto.

- ¿puedo saber quién eres?- preguntó por curiosidad.

- soy un auror- respondió a la defensiva. Encontró extraño el tono, pero lo ignoró.

- hm, si lo noté por la situación en la que estoy- afirmó- me refería a ti en particular, tu nombre. Pareció morderse el interior de sus labios y su mirada se tornó un poco más fría ¿A qué vendrá eso?

- Eridani Black- declaró con fuerza y orgullo ¿Black? ¿Una joven Black que no conocía? Esto prometía volverse mucho más interesante.


Llevó desde las 2 PM trabajando en este fic hasta las 2:40AM. No pude dormir gracias a que estaba muy concentrado en tratar de hacer una historia distinta al típico viaje en el tiempo y entretenida, el requisito más mínimo.

Pienso que el hecho que Harry llegara a tener pensamientos y sentimientos de naturaleza positiva por Voldemort indican lo mucho que le afecto su siglo y medio en soledad, casi total soledad, y creía que podía ser un buen acercamiento inicial.

Por favor comenten lo que les gustó y lo que no, lo necesito para mejorar y así ojalá en el futuro ustedes lo disfruten más.

Hasta la próxima, si es que la hay.