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– Nagisa-kun, almorcemos juntos.
Se repitió a si mismo que tal vez lo mejor era esperar, que Nagisa y él llevaban meses sin hablar antes de su suspensión y el inicio del año escolar. Karma no sabe a qué nivel habían cambiado las cosas, si aún siquiera se pueden considerar amigos.
Había pasado las primeras horas de clases debatiéndose entre que tanta debía mantener aún entre ellos; en cuantos días sería buena idea esperar para volver a entablar una conversación con algún tinte amistoso.
Una semana. Ese era el tiempo mínimo que había acordado consigo mismo. Tiempo que había olvidado por completo cuando la campana del almuerzo resonó en el viejo edificio de madera, y sus compañeras de clases empezaron a acercarse al nuevo estudiante.
Las féminas de la clase parecían, en igual medida, felices y emocionadas por la presencia de un fresco y nuevo rostro que se escondía tras rasgos inocentes, comprobado por su primer acto aquella mañana. Todas habían girado para rodear y pronunciar preguntas hacia su persona, en el preciso instante en el que el pulpo había colocado un pie fuera del aula.
Un sentimiento extraño se instalo en su pecho. Antes de darse cuenta, ya se encontraba de pie a un lado de aquel grupillo que rodeaba al de baja estatura.
– ¿Ya se conocían? – la pregunta salió de los labios de Nakamura, después de la interrupción del de hebras rojizas. Ambos jóvenes asintieron al mismo tiempo. Las demás les miraron con expectación.
Él les ignoro.
– Entonces, Nagisa-kun, ¿Qué dices, almorzamos juntos, como antes?
Karma estaba consciente de que la mayoría de la clase les observaba. Él no era especialmente sociable, no se llevaba mal con nadie – salvo tal vez con Terasaka, pero sus deseos por molestar al robusto adolescente no tenían en sí ninguna mala intención –, más tampoco era de pasar gran tiempo con ninguno de sus compañeros. Sugino y Yukimura-sensei eran, probablemente, los únicos que sabían que aquellos dos habían sido amigos. Uno por haberlos visto juntos durante los primeros dos años, y la otra por haber dado tutoría en alguna ocasión al más bajo, siendo acompañado por el pelirrojo.
Él espera atentamente la respuesta de Nagisa, con su sonrisa ladeaba perenne. El de celestes cabellos asiente, dedicándole una pequeña sonrisa a su compañero, y disculpándose con las chicas, recibiendo comentarios heridos de sus congéneres, antes de colocarse de pie y seguir junto al otro adolescente fuera del aula, con sus almuerzos en mano.
Karma aún está nervioso. Observa de reojo la expresión calmada – casi feliz – de su compañero mientras se dirigen a la escalera ubicada en el patio trasero. Lo que sea que había sentido hace casi un año provenir de Nagisa, ocasionando que se alejara del único amigo que probablemente tenía, no se estaba mostrando actualmente.
– No esperaba verte en la clase E, Karma-kun. – comentó mientras tomaban asiento en los polvorientos escalones. Akabane no puede evitar clavar sus en el contrario, y Nagisa emitió una pequeña risa ante su confusión. – Quiero decir, aún con tu comportamiento violento, tus calificaciones siempre te habían mantenido en buenos términos con los profesores. – los ojos de Karma se abrieron de la impresión. Su sonrisa se extendió por su rostro con un aire de molestia.
– Bueno, supongo que las buenas calificaciones no sirven de nada cuando defiendes a uno de los antiguos senpais de la clase E, y lastimas a una de las basuras que se hacen llamar los mejores estudiantes. – chasqueo la lengua. A su lado, Nagisa sonreía con nerviosismo, mientras una pequeña gota bajaba por su sien. Karma clavo sus ojos en él. – Tú sí que me sorprende que estés aquí. Sé que no eres muy inteligente... – la cabeza del más pequeño cayó hacia un lado, sin perder la sonrisa. – Pero no eras tan mal estudiante. No tenías sobresalientes, pero al menos te mantenías en un rango aceptable. ¿Qué paso, Nagisa-kun?
Él no era una persona precisamente empática. Había defendido a su antiguo senpai el año pasado por mero sentido de justicia, pero Karma no poseía empatía. Él no podía entender los sentimientos de los demás, y rara vez mostraba los suyos, a menos que contarán sus deseos de sadismo. Él siempre bromeaba, insultaba y reía. Ni siquiera era muy bueno para hacer amigos. Pero cuando Nagisa continuo sonriendo a su lado, esta vez sin amabilidad ni alegría, mostrando en su lugar una tristeza extraña… Karma estaba seguro de que había sentido su pesar.
– Supongo que nos habíamos distanciado más de lo que pensé. – había sido un susurro. Por un segundo pudo pasar como un producto de su imaginación… pero estaban lo suficientemente cerca como para ver los labios de Nagisa moverse y no cometer un error. – Mis calificaciones empezaron a bajar más de la cuenta. Se suponía que iniciaría el año en la clase E, pero mi madre insistió al profesor de nuestro curso de darme una oportunidad, así que, inicie en la clase D, y presente un examen especial para decidir si debía quedarme en el campus principal o no… Como veras, lo falle.
Nunca conoció a la madre de Nagisa. Su amigo había estado ya en varias ocasiones en su casa, y siempre que salía el tema de que el pelirrojo le visitará, alguna traba aparecía. Recuerda una única ocasión en que Nagisa permitió que le acompañara hasta la puerta de su hogar, después de recibir incontables burlas sobre que no era apto para una señorita marchar a altas horas de la tarde a casa, por haberse quedado jugando en el centro. Aún está fresca en su memoria la mirada que recibió venir de arriba, cuando se despedía desde del más pequeño desde la calle.
Ver la expresión de Nagisa después de mencionar a su progenitora, le indicaba que las cosas no habían sido nada fáciles.
Karma era impulsivo, actuaba como quería y cuando gustase. Ocupo su mano izquierda para llevarla hacia las hebras azul celeste de su compañero, sorprendiendo a Nagisa, quien ya había decidido zanjar el tema y empezar con la actividad que les había llevado allí; almorzar.
Él solo dejo su mano ahí, debatiéndose si debía moverla, si debía continuar con su impulso primario de acariciar aquellos cabellos.
Nagisa se dispuso a comer una vez pasado el shock inicial. No le molestaban las acciones de su amigo, Karma ya había tocado sus cabellos con anterioridad, relacionando la suavidad de ellos con los de una chica, y gastando bromas hacia su persona. Nunca le molestaron realmente. Al sentir aquella mano su cabeza, un sentimiento de añoranza le había asestado con fuerza en el estomago, y le subía por el cuerpo. Pasar comida por su garganta ayudaba a tragárselo.
Karma decidió seguir el ejemplo y comenzar a disgustar sus alimentos, sin retirar su mano de aquel cómodo lugar.
El tiempo hizo el favor de correr con lentitud.
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Cuando se habían alejado, Karma había tomado por costumbre mantenerse media hora en el aula una vez que todos se marcharan, con el objetivo de no toparse con Nagisa en su camino a la estación, y afianzar la distancia que quería mantener. Le era extraño encontrarse ahora caminando uno al lado del otro, hablando de trivialidades, como si su amistad nunca hubiera pasado por un periodo extraño, y aquel no fuera el primer día que volvían a estar juntos.
Aquel con instintos violentos se debatía mentalmente si debía comentarle a su pequeño amigo acerca de las razones que le habían llevado a apartarlo de su vida, hace tantos meses atrás.
"Nagisa parece feliz".
Cuando le había pedido volver juntos a casa, la sonrisa de Nagisa había sido tan brillante, que le había provocado un sensación de vacío en el estomago. Una leve risa salió de sus labios al recordar el berrinche de sus compañeras al – de nuevo – acaparar al de baja estatura. Este se mantenía con la vista hacia el frente, mientras continuaba hablando de algo a lo que Karma no le estaba prestando atención, ocupado en realizar con la mirada un estudio a la figura contraria. Buscando si ese algo que le incomodaba, seguía estando presente en él.
Incluso estando como simples compañeros después de su corta amistad, cuando sus pensamientos terminaban en Nagisa, aquella extraña sensación se apoderaba de su cuerpo. Día con día, al verlo en clases, sentía que sus impulsos terminarían ganándole, provocando que arremetiera contra el frágil cuerpo. A veces se imaginaba como se escucharían los huesos de Nagisa al romperse por sus golpes. La suspensión había sido una bendición en ese sentido. Y no había sido consciente hasta aquella mañana, después de verle atacar a Koro-Sensei, que aquel malestar que le provocaba su presencia, se había esfumado.
No está seguro si una cosa tiene que ver con la otra.
– ¡Oh, es Nagisa!
Están ya en la estación, están pisando justamente el bordillo de baldosas que separa el inicio de la entrada con la calle peatonal. La voz que les detiene es aguda y desagradable. Nagisa baja la mirada, y la sonrisa que ha mantenido durante metros de caminata, se desvanece. Aquellos dos adolescentes frente ellos le provocan severos deseos de pelear. Karma cree reconocerlos, de sus viejos compañeros en el campus principal.
– Parece que finalmente has caído bajo, ¿No, Nagisa?
– Era un destino lógico para ti, ¿No?
Nagisa aprieta los dedos de sus manos sobre las guindas del bolso. Karma siente sus hombros tensarse.
– Definitivamente, la clase 3-E es lo peor.
– Sí, preferiría morir antes que acabar en ella.
No lo piensa, tampoco escucha los llamados de Nagisa, porque todo es tan rápido y no le importa si alguien llega para detenerle. Coge una botella de las manos de un niño que paso junto a él, la estrella contra un pilar cercano, balancea los restos cortados y afilados que quedan adheridos al cuello, y apunta a aquellos rostros desagradables de los que ahora se encuentra muy cerca, observándole con temor.
– ¡Akabane!
Ah, esa voz plagada de miedo. Se siente bien escucharla.
– ¿Preferirían morir en serio? Bien, ¿Qué tal si lo hacemos ahora?
Chillidos asustados proliferan de sus bocas, y ambos abandonan aquella valentía frágil que caracteriza a los bravucones promedio, antes de correr despavoridos al interior de la estación.
Por un segundo, olvida el motivo que le llevo a cometer aquello. Suelta lo que quedo de vidrio en sus dedos, y se larga a reír brevemente. Las personas pasas alrededor de él con miedo, y algunos lo observan desde lejos, con algo similar a la preocupación.
– Karma-kun.
Y ahí está. Una sonrisa que le dedicarías a un niño que se está comportando mal, pero que hasta cierto punto te parece tierno. ¿Cuántas peleas provocadas por él había presenciado Nagisa? La cuenta se había perdido en el inicio de su segundo año. Él nunca le había mirado mal, jamás le había reñido ni aplaudido.
Aún antes de los miembros de la clase 3-E. Aún antes del asesinato…
Nagisa era el único que aceptaba la violencia de Karma.
