4

La ira le recorría completamente el cuerpo. Su sed de sangre se dejaba sentir superficialmente en el aire.

– Quisiera manejar su ejecución por mí mismo.

Tenía a Kanzaki y Kayano en estima. Pero no era por ellas que se encontraba tan molesto.

Parte de su ira recaía en la punzada en su nunca, el cual le había hundido en un mar de oscuridad y dejado a merced de las patadas y golpes, que le ardían con dolor en el cuerpo. Aquello, sin embargo, eran gajes de la vida que le gustaba llevar, meros contratiempos a los que su cuerpo se había acostumbrado en sus primeros enfrentamientos. Su ira había despertado realmente, cuando lo primero que vislumbró al recuperar la consciencia, fueran las marcas amoratadas de puñetazos en el rostro de Nagisa.

Quería la sangre de esos bastardos.

Encontrarlos no fue difícil – y no, no iba a agradecer a la absurdamente grande guía del pulpo –, pero la victoria no le proporciono la satisfacción suficiente. Principalmente porque no había sido suya. De haberla compartido con Sugino y Nagisa, todo estaría bien. Pero aún cuando el golpe definitivo había sido por parte de ellos, quien había ganado el enfrentamiento había sido Koro-Sensei.

Y aquello no le molestaba tanto sí, como lo hacía la leve mirada de admiración que el pequeño ratoncillo de azul pelaje le dedicaba al pulpo. Ya había pasado suficiente tiempo para que Karma aceptará – para sus adentros únicamente –, que no gustaba del hecho de que Nagisa fuera apegado con otros individuos.

Intento apuñalar a su objetivo varias veces en el camino de regreso a la posada, y para cuando hubieron llegado, se suponía que sus sentimientos deberían haberse calmado lo suficiente para continuar la noche en tranquilidad.

Ese era el plan, hasta que horas más tarde, aquel hombre que Karasuma les había identificado como el francotirador con el que colaborarían en aquel viaje, hizo acto de presencia durante la cena… acompañado por el pulpo.

Satte mina-san, creo que ya conocen a Red Eye-san. – el adulto joven se notaba apenado de estar bajo la atenta mirada de aquellos estudiantes después del fracaso de su misión. – Ya que estuvo de excursión todo el día con nosotros, me pareció apropiado invitarlo a cenar.

"¡¿Intentamos asesinarte con él y lo invitas a comer?!"

Fue el pensamiento general de la clase. Koro-Sensei rió ante su expresión, antes de tomar asiento y halar al inesperado invitado a la mesa que ocupaba todo el grupo. Sugino, quien estaba junto a Nagisa, cedió su asiento al asesino, quien sonrió levemente en agradecimiento.

La cena paso sin mayores contratiempos, mientras escuchaban a Koro-Sensei narrar los paseos realizados con cada grupo y homenajear a cada uno por la investigación e ideas para que Red Eye pudiera hacer uso de sus habilidades. La mueca de derrota que el francotirador quería ocultar tras una sonrisa era casi dolorosa.

– Dos asesino profesionales ya han intentado acabar con Koro-Sensei. – la vocecilla de Nagisa se dejo oír alrededor de la estancia. Algunos ojos se clavaron en él, y otros preferían prestarle atención a través de sus oídos mientras continuaban con su comida. – ¿Realmente será para nosotros lograrlo?

Terasaka fue el primero en proferir insultos y burlas hacia el comentario. Si se detuvo, fue por la afilada mirada de Karma dirigida hacia él.

Koro-Sensei y Red Eye rieron levemente. Y a Karma le empezaba a caer bien el joven asesino, hasta que una de sus manos fue a parar a la coronilla de los lacios cabellos de su – nuevamente – mejor amigo.

– Fracasé por subestimar a mi objetivo, me confíe de mis habilidades y no lo analice lo suficiente. – comento mientras daba ligeras palmadas a las hebras. La dorada mirada observaba con tentación el cuchillo para untar que descansaba sobre la superficie de la mesa. Si aplicaba la suficiente fuerza… – Ustedes están todos los días con él, estudiándole, buscando sus debilidades. Estoy seguro de que encontrarán una manera para lograr asesinarlo.

Los ojos del francotirador se toparon con los suyos. Una minúscula sonrisa por parte del mayor fue toda la conversación que sostuvieron, hasta que su mano abandono la cabeza de Nagisa y Karma soltó la tensión en sus puños.

– Pero sería una vergüenza, ¿no? Que un grupo de niños acaben con la súper criatura después de que un supuesto profesional fallo tan estrepitosamente. – cuchillos invisibles se clavaron en la espalda del joven adulto de rubias hebras. – ¿O acaso eres un simple novato que tuvo suerte de ser llamado para este trabajo, luego de que otros lo rechazaran? Eso tendría sentido.

El aura de depresión provoco que gotas recorrieran la sien de los demás presentes.

– Karma-kun, ¿era necesario? – el de rojizos cabellos solo se encogió de hombros y cerró los ojos ante la sonrisa apenada de Nagisa. El más bajo suspiro.

Al final de la noche, Red Eye se marcho después de desearles suerte.

.

.

.

.

Nadie pensó realmente en el asesinato durante el segundo día en Kyoto. Se permitieron ser estudiantes corrientes y recorrer las calles, en busca de distracción y souvenirs.

Durante las caminatas, Karma lograba que Nagisa fuera a su ritmo, un poco más atrás de sus compañeros, para platicar entre ellos. Seguía sin poder definir realmente el sentir que aquello le provocaba. Él admitía ser una persona algo egoísta, por lo que había decidido – de momento – considerar aquello como eso, mero egoísmo juvenil.

Por primera vez desde el beso de Bitch-sensei, siente que disfruta plenamente el estar en la clase E con Nagisa.

– ¿Qué chica te gusta a ti, Nagisa?

Para cuando llega la noche y regresa de haber comprado un zumo en la máquina expendedora, es lo primero escucha justo antes de ingresar a la habitación que comparte con los demás.

– Oh, parece que hay diversión por aquí.

– ¡Ah, Karma! Justo a tiempo, ¿hay alguna chica de la clase que te interese?

Maehara es quien suelta la pregunta, entregándole la hoja donde han registrado el puntaje que le dan a cada una de sus compañeras, y Karma se toma unos segundos para pensarlo realmente.

Nunca ha tenido un verdadero interés en una relación, y aún en los tiempos en los que estaba en el campus principal había recibido algunas declaraciones, y probado a sus cortos quince años lo que eran las relaciones sexuales, puede admitir abiertamente sin pudor alguno, que ha sentido más placer al pelear y ver sangre correr. Tampoco tiene una amistad o acercamiento estrecho con alguna de las chicas de la clase, todas consideran problemático su actuar – aún cuando cada uno se entrena para asesinar – como para estar cerca de él más de la cuenta, exceptuando tal vez a Manami y Kayano.

– Creo que podría ser Manami-san. –Nagisa está cerca, de pie junto a él, y aunque sabe que lo intenta disimular, Karma capta como su semblante cambia imperceptiblemente ante su respuesta.

– ¿Okuda?

– Oh, esa es una opción interesante. ¿Por qué ella?

Deja salir una pequeña risa antes de responder.

– Es simple, su conocimiento en química es asombroso. Con sus habilidades, podría llevar mis bromas a un nivel completamente diferente. – sus compañeros no están seguros de si es su imaginación, pero de la cabeza de Karma han emergido dos cuernos y una cola completa su apariencia de demonio.

– Esa es una pareja que nadie necesita.

La risa de Koro-Sensei les advierte de su presencia, interrumpiendo el dialogo de Isogai. Cuando divisan al pulpo de pie en la puerta corredera, su piel está de color rosa y escribe en una libreta. Antes de que cualquiera pueda preguntar que se supone que está haciendo, su profesor cierra la puerta y se marcha.

No se necesita tener un coeficiente intelectual elevado para entender lo que el pulpo acaba de hacer.

– ¡MÁTENLO!

Los hombres de la clase E no parecen ser los únicos en participar de la cacería de su profesor aquella noche. Mientras le persiguen y dan búsqueda por los pasillos, las chicas también se hayan tras él, corriendo junto a Bitch-sensei. Logran acorralarlo en una esquina por un momento, solo para que les esquive y vuelva a escapar, reanudando la cacería una vez más.

Nagisa y él se habían mantenido al margen, con las espaldas apoyadas en la pared del hotel.

– Parece que al final sí pudimos tener nuestra oportunidad de asesinato.

– Uh-Huh.

Vuelven a la habitación. Habían sido dos días largos, y no sentían deseos de perseguir un objetivo que no podrían matar en ese momento.

Nagisa decidió sacar los futones de todos, como una pequeña buena acción para sus demás compañeros cuando volvieran cansados a la hora de dormir. Karma le ayudo sin rechistar, y una vez concluida su labor, se recostaron uno junto al otro, con la vista clavada hacia el techo.

Karma escuchaba las palabras de Nagisa, respondiendo con breves monosílabos, intentando con todas sus fuerzas no caer tan rápidamente en el sueño.

Las serpientes no habían desaparecido de su mente, le esperaban tranquilamente a que cerrará sus ojos para clavar sus fauces en su tierna piel. Continuando en provocarle erecciones al despertar. Aquellos dos días de viaje escolar, había tenido que esperar a que todos dejaran la habitación para poder salir sin pasar vergüenza de la cama.

Si bien la situación le seguía siendo molesta, había terminado por acostumbrarse a ella.

– ¿Karma-kun? – su vista se había visto obstaculizada por el frágil rostro de su amigo, con ojos que reflejaban su duda.

Sin saber porque, Karma se sentía nervioso ante aquella cercanía.

– ¿Qué sucede, Nagisa-kun?

– Eso debería preguntarlo yo. – parecía un niño pequeño, inflando las mejillas con el ceño ligeramente fruncido. – Te estaba hablando de la nueva película de Sonic Ninja, pero no me respondías nada.

– Ah, ¿la que se estrenará en unas semanas? – se enderezo, consiguiendo alejarse algunos centímetros. No era tanta distancia, pero era mejor que hace unos segundos. – La última la vimos en primer año, ¿verdad?

Nagisa asintió con una sonrisa.

– Probablemente llegue a Japón el próximo mes. – sonrió ante su entusiasmo. Un brillo de indecisión cubrió los ojos color cielo, los pequeños dedos de Nagisa se enredaban entre sí, su rostro bajaba. – ¿Te gustaría que fuéramos a verla?

– Oh, Nagisa-chan, ¿me estás pidiendo una cita? – los infantiles mofletes se colorearon de rosa frente a sus ojos. – Me siento honrado de que una chica tan linda me invite al cine, claro que me gustaría.

– ¡Karma-kun, soy hombre!

Solo pudo reír a su reacción. Nagisa volvía a inflar sus mejillas mientras le observaba con el ceño fruncido, el carmín seguía presente en su rostro. El más pequeño murmuraba insultos hacia su persona, mientras su risa continuaba brotando de su garganta hasta callar de manera abrupta.

El ceño se despejo y los orbes azules se clavaron en él con curiosidad.

– Nagisa-kun, somos amigos de nuevo, ¿cierto? – la pregunta le había cogido por sorpresa, podía notarlo, y le resultaba contradictorio el brillo que parecía reflejar alegría y tristeza en partes iguales danzando en los ojos contrarios. Nagisa asintió. – Entonces, ¿podría pedirte un favor?

– ¿Qué sería?

– ¿Podrías soltarte el cabello?

Ah, ¿por qué se sentía mal ante aquella mirada, ante aquella sonrisa lamentable?

– Olvídalo, sé que no te gusta llevarlo así…

– No hay problema. – comenzaba a quitarse las ligas ante la mirada sorprendida. Un lado cayó con gracia sobre sus hombros, para ser seguido por el otro, segundos después. La visión le traía recuerdos de su primer año, cuando pasaban uno junto al otro cada segundo durante el día, hasta que llegaba el momento de separarse para ir a sus respectivos hogares. No se había dado cuenta hasta ese momento, que extrañaba esos tiempos, aunque fuera un poco. Alzo su mano izquierda, una muda solicitud salió de sus ojos, siendo aceptada por el contrario, permitiéndole acercarse un milímetro más y dejando caer sus dedos sobre las hebras, enredándose con gusto en ellas. – ¿Por qué querías que me lo soltara?

– Creo que solo extrañaba verlo. Lo llevaste así por un buen tiempo.

– Sí, aunque me gusta más como lo llevo ahora.

– Y te queda bien, – sus dedos continuaban su paseo. Se enredaban en la base, para después descender lentamente, cuando estaban a punto de llegar a las puntas volvía sobre sus pasos, y repetían el proceso una vez más. Nagisa parecía un minino disfrutando de las caricias. – Un peinado apropiado para una señorita.

– ¡Karma-kun!

Volvió a reír con ganas.

Aún con el enfado en su rostro, Nagisa no se alejo ni detuvo la mano que acariciaba sus finos cabellos, sino hasta que llegaron a sus oídos el sonido de las pisadas de sus demás compañeros en el pasillo.

Se separaron con normalidad y el más bajo ato nuevamente sus mechones en el momento en que la puerta de la habitación se abría, con el resto de los miembros masculinos de la clase entrando y lanzándose sobre los futones, agradeciendo con voz cansada el gesto realizado por el par.

Las serpientes no asfixiaron su cuerpo, ni clavaron sus colmillos aquella noche. Reptaban con tranquilidad junto a él, provocándole un extraño sentimiento de paz. No tuvo ninguna erección a la mañana siguiente, y al sentimiento de agradecimiento se le sumo el bienestar de haber dormido bien por un día.