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Ha comenzado a llevarse bien con los demás desde el viaje a Kyoto.

Aunque verdaderamente, debería decir que son ellos los que han empezado a llevarse bien con él. Porque Karma no ha cambiado. Sigue siendo el mismo lobo que disfruta de destripar ovejas indefensas.

Probablemente lo único que ha cambiado, es que ahora, si bien sigue atesorando su soledad salvo por la compañía de Nagisa, es que empieza a disfrutar de estar rodeado también por sus demás compañeros. Y, también, ha empezado a desvanecerse la sensación – a la que aún no puede dar nombre – que se instala en su ser cuando otros se acercan de más a su mejor amigo.

No ha dejado su egoísmo de lado, monopolizando a Nagisa cuando la situación se lo permite, pero desentendiéndose cuando no puede hacer nada al respecto, porque es el mismo Nagisa quien decide estar junto a los demás.

Por eso, más que una oportunidad contra el pulpo, más que una victoria contra la clase A, Karma quiere apostar un premio solo para él.

Tiene la idea desde aquella última noche en Kyoto; desde el cine en Hawaii al que los llevo Koro-Sensei, donde estuvieron hombro con hombro, acercándose un poco más de lo necesario, con la excusa del frío; desde la primera vez en la piscina, que pudo apreciar su cabello húmedo; y desde que escucho sobre la derrota aplastante contra aquel militar torturador con ínfulas hipócritas de padre.

Aún no tiene en claro sus propios sentimiento. Pero quiere hacerlo.

Ne Nagisa-kun, ¿Qué tal si hacemos una pequeña apuesta entre nosotros?

Aquel día Sugino no les hace compañía hasta la estación, solo van ellos dos, caminando a la par.

– ¿Apuesta? ¿Qué tienes en mente?

Aquella sonrisa no presagiaba nada bueno.

– Si obtengo el primer lugar en una de las asignaturas… Serás mi princesa, ¿de acuerdo?

¿Eh?

– ¡¿DE QUÉ DEMONIOS ESTÁS HABLANDO, KARMA-KUN?! ¡SOY HOMBRE! – la cara de Nagisa era un poema, sus mejillas sonrojadas por el enojo y la quijada a punto de tocar su clavícula.

Karma no puede hacer menos que reír.

– No estoy hablando de que te vistas como una princesa.

– ¡De todas maneras! Eres el mejor estudiante de la clase, y no tengo deseos de actuar como una chica. Además, ¿Para qué demonios quieres eso? – comentaba mientras se alejaba de su lado con pasos raudos. El de cabellos rojizos volvió a reír, antes de trotar levemente para darle alcance.

– Bueno, no serías precisamente una princesa, tampoco tienes que actuar como una… En realidad, olvida esa parte. Solo tendrías que permanecer a mi lado. – Nagisa detuvo su andar. Las mejillas siguen rojas cuando clava sus orbes zafiros en la mirada de cobre, ignorando la sonrisa que ese rostro le dirige.

– Pero siempre estoy contigo.

El brillo de diablura que caracterizaba su mirada se apago, la sonrisa se desinflo hasta volverse una línea recta. Retomo el camino que marcaban sus pies.

– No siempre. – dejo escapar en un susurro. La misma acción que había realizado durante el enfado de Nagisa, era ahora impartida por el susodicho, logrando darle caza y tomando entre sus dedos la chaqueta de su uniforme de verano, logrando detenerle.

Volteo su rostro en la dirección de su captor.

– Está bien.

¿Eh?

– ¿Qué? – no sabía con exactitud que expresión estaba colocando, pero Nagisa rió levemente.

– Acepto la apuesta. Si consigues una de las notas más altas, permanece a tu lado. – se coloco a su lado, sonriéndole, tomando entre con su mano la muñeca del más alto y reanudando, por tercera vez, su camino a la estación. – Pero si no lo logras, me invitarás todo el sushi que quiera.

Una gota resbalo por la frente de Karma. Tal como Nagisa había dicho, era el mejor estudiante de la clase E, podía aprobar con una calificación perfecta sin poner verdadero esfuerzo en ello… pero conocía el apetito del más pequeño. Nagisa poseía la figura – especialmente las caderas – que muchas adolescentes de su edad quisieran, y sin embargo tenía un estomago de temer.

.

.

.

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Se confió.

No podía decirlo de otra forma. Mientras sus compañeros habían estudiado hasta el cansancio y prestado atención a las clases, él se había echado el mundo al hombro bajo el pensamiento de que no necesitaba esforzarse.

La frustración le había asfixiado en el preciso instante en que las calificaciones fueron entregadas y ninguno de sus puntajes le acercaba siquiera al segundo lugar.

Matemáticas, la clase que le pertenecía por excelencia, fue el golpe más frustrante de todos.

Había tenido que sufrir la vergüenza de ser ridiculizado por el pulpo, para que luego –lo cual era el colmo –, Terasaka y su grupo de imbéciles quedaran de primeros en una asignatura completamente subestimada y desvalorada por la escuela entera. Dejo salir su provocación como una pequeña venganza hacia el pulpo, y también, para conseguir una ventaja considerable sobre los tentáculos. Pero ahora iba camino a su casa en soledad, podía proferir maldiciones y dejar correr su frustración libremente.

No espero por Nagisa, porque no quiere verle a la cara tras aquellos resultados. No tiene nada que ver con la apuesta, es su orgullo el que se encuentra herido. Asistió a la asamblea solo para no dar la impresión de estar huyendo. No daría aquella satisfacción.

No siente los pasos, tampoco lo escucha llegar, pero igual que dos días atrás, una delgada mano le detiene de la chaqueta.

– Karma-kun.

Se niega a voltear la mirada. No es un cobarde, puede aceptar el hecho de haber perdido de esa manera, porque es plenamente consciente de que no se esforzó. Lo que realmente no quiere, es ver la mirada que se encuentra en los ojos de Nagisa, la que lleva captando desde que el pulpo anuncio los resultados, y él no fue el obvio ganador. La lastima solo le crea un mal sabor en la boca, y le hace hervir de ira. Pero herir a Nagisa está fuera de todo contexto.

Baja la mirada cuando le siente rodearle y colocarse frente a él.

– Karma-kun, ¿Estás bien? – asiente por toda respuesta. Sus ojos están fijos en los zapatos de ambos. – ¿Estás molesto por no haberle ganado a la clase A?

Sus dedos afianzan con fuerza las guindas de su bolso, ejerce tal presión que sus nudillos se tornan blancos.

– ¿No crees que esté más molesto por perder nuestra apuesta, Nagisa-chan? – impregna el tono burlesco de siempre en sus palabras, pero su mirada aún no conecta con la de su amigo. Realmente quiere terminar con aquel tema. Pero conoce a Nagisa, y sabe que no le dejará ir tan fácil, así que solo puede esperar que se lo trague.

– No creo que estés molesto por una apuesta de la que sabías el resultado, era obvio después de todo.

– ¿Qué demonios se supone que significa eso? – deja salir parte de su ira. Porque el que Nagisa subestime sus habilidades después de decir que era el mejor de la clase es demasiado para él, es más de lo que su paciencia le permite soportar. Porque puede aguantar las bromas del pulpo y de otros estudiantes, pero no las acepta si vienen de él. No las quiere, solo le hacen sentir peor.

– Lo que quiero decir es que… – la voz sale menos segura que antes. Sabe que no está bien, pero escuchar la ligera indecisión, el pequeño temor salir de sus labios, le hace sentir ligeramente mejor. – Era una apuesta ridícula desde el principio. Independientemente del resultado, me hubiera quedado al lado de Karma-kun.

Y lo hace por inercia. Porque siente una cadena lo suficientemente fuerte tirar de él, alzando su rostro, obligándole a ver a Nagisa. Los zafiros reflejan algo similar al miedo, pero no lo es, porque Karma conoce esa emoción. No lo es, pero es cercana. Le evitan, pero no agacha la cabeza. Sabe que sus propios ojos están abiertos por sorpresa, clavados en las mejillas que tienen una ligera sombra rosa, los labios forman una débil sonrisa. Una especie de epifanía le golpea, y la mueca que siempre adorna su rostro vuelve, elevando las esquinas de su boca.

"Honestamente, no sé quién de los dos no entiende nada".

– Sí, estoy molesto por haber perdido contra Asano. – baja la mirada, no por vergüenza. Esta vez es sinónimo de su derrota. – Nunca me importo ganarle los años anteriores, pero este año lo declare… Y perdí. Me deja un sabor terriblemente mal en la boca. – la risa escapo de sus labios. Escucha a Nagisa pronunciar su nombre, y su barbilla vuelve a alzarse, esta vez atrapando la mirada azul que se posa en su persona. – Me recuperaré, en los siguientes exámenes, ganaré a los cinco grandes.

La sonrisa de Nagisa le devuelve la confianza suficientemente.

¿Qué es eso que dice Koro-Sensei?

Tienes que caerte para levantarte más fuerte. O algo por el estilo.

Ambos se encaminan a la estación, sumergidos en dialogar sobre los posibles planes para Okinawa. Tres días y dos noches serían su tiempo límite. Por la mente de Karma cruza la idea de repetir una experiencia como en su segunda noche en Kyoto, mientras escucha a Nagisa preguntar al aire como podrían aprovechar todas las debilidades de su profesor al mismo tiempo. Un plan que involucraría a los veintisiete alumnos de la clase 3-E. Un plan que debía funcionar.

Están a punto de cruzar la entrada a la estación, cuando Karma se detiene, clavando su vista en el reloj que se alza a un par de centímetros de la puerta automática. El de hebras azules le observa, expectante.

– Nagisa-kun, ¿qué es lo más tarde que puedes llegar a casa, antes de tener problemas?

– Supongo que podría ser, ¿las ocho treinta?

– Entonces, ven a comer sushi conmigo. – lo dice con una sonrisa. Nagisa le observaba, con leves parpadeos antes de corresponderle con una mueca avergonzada.

– No hace falta, Karma-kun. Te lo dije, no importa la apuesta.

– No es por la apuesta. Yo quiero ir a comer contigo.

Y Karma no debería sentirse bien de que sus palabras provocarán un sonrojo en las mejillas de marfil. Pero lo hace. Más aún cuando Nagisa acepta.

Por primera vez en mucho tiempo, ambos bajan en la misma estación. Caminan por las calles, que no se encuentran muy lejos del hogar de hebras azules, y la situación le evoca a los años anteriores. No importa cuánto lo intente, su memoria trae a relucir aquellos momentos cada tanto. Se siente cómodo. La escena le produce sensaciones agradables y disipa los remanentes de su antiguo mal humor. Se permite olvidarse de la vergüenza y la derrota mientras ingresan al primer local que encuentran.

No le importan las objeciones de Nagisa, ordena todo lo que quiere sin miramientos, sintiendo un disfrute inusual al observar sus reflejos en la ventana, uno sentado frente al otro, los labios sonrosados de su amigo moviéndose en una conversación natural, cómo si no fuera la primera vez en casi un año que vuelven a estar juntos, sólo los dos, en una salida después de clases. Extrae su móvil de los bolsillos del pantalón del uniforme, capturando la expresión de Nagisa cuando su comida llega a la mesa.

– Hay que agrandar la colección. – es todo lo que responde ante la mirada de su amigo. Es un habito desarrollado relativamente hace poco, pero del cual Nagisa no tiene ningún problema en participar. Karma no quiere decirle que la mitad de las fotografías en su móvil son de él. No porque le parezca extraño, sino porque no quiere que Nagisa le haga borrarlas.

La conversación de los planes contra el pulpo continúa mientras comen, ideando soluciones cada vez más elaboradas y complicadas. A partir de mañana, la clase entera se reunirá en la montaña para entrenar hasta su partida en la isla, con la promesa de su profesor de mantenerse alejado mientras organizan la estrategia.

"El maldito nos está dando una ventaja mientras nos subestima".

Los platillos terminan, y aquello indica el final de aquella aura de burbuja en la que se encontraban atrapados. Karma paga ignorando las protestas de Nagisa, mientras cruzan la entrada del local, los gritos indignados de clientes en la barra les llegan a los oídos. El más bajo voltea su mirada un segundo, lo suficiente para captar a tres hombres con muecas de dolor, los labios fruncidos y rojos. Aunque lleva todo su estadía ignorándolos, los reconoce como aquellos que profirieron comentarios soases hacia él, confundiéndole con una mujer.

– ¿En qué momento lo hiciste? – porque para él, es obvio quien es el responsable.

– Es un secreto.

Porque, después de todo, él es solo un adolescente encaprichado.

Prosiguen su camino con Nagisa asegurando que no es necesario acompañarle a casa. Karma no le escucha, cambiando el tema de conversación en cada vuelta de esquina.

Sabe que no es necesario, pero no le importa. Quiere caminar un poco más con su amigo, y no tiene especiales deseos de volver temprano a una casa donde nadie le espera. Después de los primeros diez minutos, el de hebras azules le deja estar, siguiendo el hilo de sus comentarios, entregándose él también a la sensación de camaradería que les rodea.

La mano de Karma le detiene en la entrada del complejo de apartamentos donde vive. La mirada dorada es intensa como los rayos del sol de la tarde.

– No pienses nada raro. – le da tiempo de preguntar a que se refiere. Hala el pequeño cuerpo hacia él, quedando uno frente al otro, teniendo que inclinarse levemente para poder apoyar su frente en la contraria. No ha soltado sus muñecas, puede sentir el leve nerviosismo que corre por su cuerpo, apreciar la sorpresa que baila en sus pupilas. Reacciones que le ocasionan una sonrisa. – ¿Es verdad lo que dijiste hace un rato? ¿Permanecerías a mi lado, Nagisa-kun?

Ah, siente que va abandonar todo. Los labios frente a él tiemblan ligeramente pero no emiten palabra alguna. Los segundos pasan y la seguridad en sus acciones empieza a flaquear. ¿Cuándo se volvió alguien lleno de cobardía? Está a punto de soltar la delgada muñeca cuando siente que respira de nuevo.

– Sí.

Su sonrisa ilumina su rostro. Se aleja, volviendo a una distancia socialmente aceptable. Guía su mano a los cabellos que ya considera su perdición, porque le encanta sentirlos bajo sus dedos, y deja una pequeña caricia antes de despedirse.

Le agradece en silencio el no haber preguntado sobre su actuar, guarda sus manos en los bolsillos mientras continua su andar, dejando tras sí la escena de un crimen sin víctima. Porque así la percibe.

Karma se da cuenta, de que las serpientes ya no intentan atacarle en sus sueños, y de que las erecciones se han ido. Si se salta la mayoría de las prácticas de la próxima semana, es simplemente por gusto.