6
Ah, lo entiende. Finalmente lo entiende.
Sus propios sentimientos le abofetean en el rostro. Ahora comprende aquello a lo que temió tiempo atrás, comprende también ahora el porqué de sus reacciones corporales ante a aquellos que se acercaban a Nagisa. Lo entiende tan claramente que siente vergüenza de su ineptitud. No. Siente vergüenza de la pereza que le hizo abandonar la búsqueda de una respuesta tan rápido, conformándose con vagas excusas que no le llevaban a ningún lado.
Pero ahora tiene la respuesta. Está ahí, frente a sus ojos.
Y está seguro. Porque ahora puede entender todo lo que le ha sucedido desde hace tres meses. Lo sabe al ver esos ojos.
Porque los ojos que Nagisa mostró al dar el golpe final a Takaoka, son los mismos ojos de las serpientes de sus sueños.
Y no lo piensa, tampoco le importa, porque todos pensaban hacer lo mismo justo en ese momento, Okano lo intento momentos antes. Así que salta, llega desde la pasarela al plató helipuerto, colocándose junto a aquel que puede decir que respeta y teme a partes igual.
– Buen trabajo. – es lo que suelta.
No le deja terminar su frase. Corta el "gracias", antes de que termine de pronunciarlo, y puede escuchar como todos a su alrededor exclaman de sorpresa. Porque nadie venía venir que Karma le tomara por el cuello de aquella camiseta de tirantes, halando hacia él, capturando los finos labios con los propios. Y es una emoción excitante, que le llena el cuerpo a rebosar de temor y felicidad. No profundiza el acto, sólo se queda ahí, con sus labios conectados, con los ojos cerrados porque no está preparado para ver la reacción de sus actos.
Sus dudas sobre si fue una acción correcta o no, se disipan cuando los delgados brazos le rodean el cuello, provocando una sensación aún mayor de gozo crecer en sus entrañas.
Casi siente dolor al separarse, bajo la orden disimulada en un grave carraspeo emitido por la garganta de Karasuma. Una sensación de deleite le corre por las venas al apreciar las expresiones incrédulas e incomodas de sus compañeros. La realización le llega cuando el pequeño rostro se esconde en su pecho. No necesita verle para saber que el carmín cubre sus delicadas facciones junto a las heridas.
– Esto no es una película para que se anden besando en la escena final, idiotas. – y desde luego, es Terasaka quien no puede evitar dejar salir aquellos comentarios.
– No estés celoso, Terasaka. Si quieres, también te puedo dar uno a ti.
Y es la expresión de terror lo que le da un mayor disfrute. Está a punto de reír, cuando escucha el sonido de protesta provenir de aquello que descansa en su pecho, y siente como se afianza aún más el agarre alrededor de su cuello. Rodea la estrecha cintura con uno de sus brazos, su mano libre dedicándose a dar mismos a los suaves cabellos.
– Parece que he atrapado a un ratón bastante celoso.
– Tú eres igual. – es lo que escucha en un susurro. Sonríe, porque no puede negarlo. Porque capta que Nagisa ha entendido su comportamiento de esos meses, incluso antes que él mismo. Ese hecho no le molesta.
Incluso con renuencia, se separa del pequeño cuerpo, dispuesto a ayudar en las ataduras de aquel que les ha causado tantos problemas en las vacaciones que se supone disfrutarían.
– ¿Estás bien, Nagisa? – la pregunta proviene de Isogai. La sorpresa en el rostro de su amigo, es suficiente para ocasionar que el carmín suba hasta sus orejas. Volviéndole aún más consciente de lo que acaba de ocurrir con Karma.
– ¡Buen trabajo, Nagisa-kun! – dirige su mirada hacia aquella voz. Koro-Sensei está en las manos de Kayano, y el joven de celestes cabellos no está seguro de cómo interpretar la mirada de su amiga. Por el rabillo del ojo puede ver a Karma y los demás atar a Takaoka. – Por primera vez, no estaba seguro de cómo terminarían las cosas. Pero me siento aliviado.
Una sonrisa es todo lo que puede otorgarle a su profesor por haber confiado en él.
– Estoy bien, pero… ¿Qué vamos a hacer? – su mirada vaga rauda y veloz hacia los restos de cristal que han dejado los frascos que explotaron hacía apenas unos minutos. – El antídoto que quedó de Takaoka-sensei, no creo que sea suficiente.
Las miradas de todos reflejan el mismo sentir.
– Por los momentos, salgamos de aquí. – son las palabras de Karasuma. – He llamado a un helicóptero, esperen aquí. Yo iré por el envenenador.
– No es necesario. – una voz proviene de sus espaldas. Todos giran en su dirección, aún cuando no hay necesidad de ello para reconocer quien la profiere. Los tres asesinos profesionales que les han dado pelea, se encuentran nuevamente frente a ellos. – Ustedes, mocosos. ¿Pensaron que podrían salir de aquí con vida?
Todos se ponen en posición. Nagisa puede sentir el cansancio recorrerle el cuerpo, las heridas y los golpes arden en su piel, pero no está dispuesto a abandonar la batalla tan cerca del final. Karma se posiciona a su lado, y eso es todo lo que necesita para mantenerse con fuerza. Karasuma está frente a ellos, con el porte orgulloso de un líder que puede confiar en sus soldados.
– Hemos derrotado al hombre que los contrato, no tienen razones para seguir luchando. Yo ya me he recuperado, y estos estudiantes son fuertes. – comenta señalándoles con el pulgar. – ¿Por qué no detenemos esto, antes de que alguien salga herido?
– Me parece bien. – Yoshida lanza una queja, que se queda a la mitad al haber procesado la renuncia de aquellos tres. – Nuestro contrato no dice nada sobre vengar al jefe. Además… No necesitan un antídoto. – el tirador le hace una seña a su compañero de los venenos, concediéndole el turno de hablar.
– Lo que les di es una versión mejorada de una simple intoxicación alimentaria. Van a seguir sintiéndose mal por algunas horas, pero pasará.
Desde un principio, Takaoka no pensaba darles el antídoto. Los profesionales habían cambiado todo desde un inicio, pensando en su orgullo. La reputación de arrebatar la vida de un puñado de niños, no valía más que sus prestigios como asesinos experimentados en el rubro. E incluso en un submundo donde la visión de la sangre es un mero gaje del oficio, existen reglas. Y matar a estudiantes no generaba satisfacción a ninguno de ellos.
El cielo les cubrió con luz incandescente. El helicóptero solicitado por Karasuma había llegado al fin por ellos. El último tramo de aquella noche de pesadillas. Y con él, la medicina otorgada por el envenenador, para una veloz mejora de sus amigos.
– ¿No va a vengarse, señor? – Karma intercedió a aquel hombre contra el que había peleado y vencido. Luciendo su expresión de demonio. – ¿No es su rencor lo suficientemente grande para quererme muerto?
Aún con los labios enrojecidos, producto de las travesuras de un adolescente retorcido, el hombre de presencia imponente y voz grave, sonrió, palmeando la cabeza de rojizos cabellos.
– No mato por despecho. Esperaré al día que alguien ponga precio por tu cabeza.
Una vez el shock inicial paso, Karma sonrió. – ¿Realmente cree que alguien pondrá un precio por mí?
– Tengo buen ojo, algún día te convertirás en alguien digno de ser objetivo. – la sorpresa golpeo los dorados ojos.
Fue una conversación emitida de espaldas, donde sus vistas no necesitaban encontrarse para reconocerse con respeto. Esa fue la despedida entre, asesinos que prometían volver por sus cabezas con premonición de sus futuros en la grandeza, y estudiantes que aún no conocían los planes que el destino les tenía preparado.
Un futuro como merecedores de ser asesinados, o como aquellos que cumplirían las misiones. Por esa noche, lo único que les importaba era que su trabajo de infiltración había concluido.
Los miembros de la clase E que habían llegado hasta el final, se encontraban unos frente a otros en el espaciado hangar del helicóptero militar. El cansancio hacía mella en ellos, la pesada noche estaba aún más cerca de terminar.
Aún con las miradas sorprendidas de sus compañeros y profesores sobre ellos, Nagisa y Karma se mantenían uno junto al otro. Sus dedos entrelazados, otorgándose mutuamente las fuerzas que les quedaban. El demonio de dorados ojos había unido sus manos, sin tardanza ni pena, una vez sus pies habían subido al vehículo militar.
– Debo admitir, que nunca lo esperé. – dijo Kataoka, siendo respaldada por sus demás compañeras femeninas. El más bajo sonrió levemente, bajando la mirada algo avergonzado.
– Pero se ven bien. – comento Hayami.
– Oi Karma, sé que acabamos de ver a Nagisa vestido como una chica, pero estás consciente de que no es una, ¿Verdad? – el de cabellos rojizos rió ante el comentario.
– Créeme, Terasaka, soy él que más está consciente de eso. – las mejillas de Nagisa volvieron a adquirir un color rosa ante la mirada que le dedicaban aquellos ojos depredadores. Un ligero apretón se dejo sentir entre sus dedos unidos.
Los comentarios siguieron surgiendo entre ellos, borrando el dolor y el nerviosismo que quedaban en sus juveniles cuerpos que aún no maduraban del todo. Los minutos pasaban y, cuando dieron el anuncio de prepararse para aterrizar, Nagisa sabía que debía exteriorizar uno de los asuntos que se hallaba atorado en su garganta.
– ¿Terasaka-kun? – el aludido volteo en su dirección. – Gracias por hacerme reaccionar antes. Si no fuera por tus palabras, probablemente hubiera cometido un grave error.
– Ja. Un estudiante menos, reduce las posibilidades de asesinar al pulpo. No me lo agradezcas.
Era mentira. Todos y cada uno de ellos dejaba saber a través de sus sonrisas, la falsedad que impregnada en aquellas palabras. Más, sin embargo, nadie hizo amago de contradecir. Solo tenían quince años, todavía estaban aprendiendo sobre ser sinceros consigo mismos y con los demás. Probablemente, no llegaría un día en sus vidas en que pudieran serlo completamente. Pero, aquella noche, habían logrado dar un paso más. Las manos unidas, los comentarios disfrazados, las sonrisas de camaradería. Ahí estaban sus pistas para seguir adelante.
Bajaron del helicóptero con rapidez, dirigiéndose en tropel hacia aquel café donde sus amigos les esperaban. Yukimura-sensei, junto a Takebayashi y Okuda, habían cuidado el fuerte, creyendo en su inminente regreso.
El júbilo se extendió, mientras los miembros afectados de la clase se recomponían del no tan nefasto episodio, abrazando a sus compañeros con agradecimiento.
– Chicos, ¿Nagisa-kun y Karma-kun no habían ido con ustedes? – la pregunta de Kanzaki les llamo la atención, haciéndoles notar que, en efecto, dos de las estrellas de aquella noche habían desaparecido.
– ¿Les sucedió algo?
Ninguno de los miembros de la misión sabía que responder al respecto. Koro-Sensei se encontraba riendo en las manos de Karasuma, provocando en sus estudiantes miradas de confusión.
– Esos dos deben haberse internado en algún lugar del hotel. Tienen mucho de qué hablar justo ahora. Respetemos su privacidad.
Las risas de Terasaka y Yoshira solo lograban que la curiosidad creciera más.
Yukimura observaba la reacción de sus estudiantes, para luego prestar atención a la esfera que era su amigo y colega en ese momento, dándose cuenta de que su cara – lo cual era todo su cuerpo actualmente – comenzaba a tornarse de color rosado. Sus ojos se abrieron de la sorpresa.
– ¡Oh, por Dios! ¡No me digas que… – la mujer cubrió su boca con sus manos. Ahora, todos los miembros de la misión de infiltración empezaron a reír.
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Sus espaldas descansan sobre la pared del hotel. La habitación que pertenece a Karma, durante aquel viaje escolar, se encuentra justo a su izquierda.
Habían bajado junto a los demás en el elevador, aprovechando un momento de distracción para marcharse sin levantar sospechas, e internarse en busca de algún punto tranquilo. Luego podrían ir a encontrarse con sus amigos, y celebrar la dulce victoria adquirida.
Sus manos se habían soltado en su camino por los pasillos, sus pies vagaron sin rumbo con pasos indecisos y ansiosos, deteniéndose solo por casualidad junto a aquella habitación. Ambos cuerpos habían sucumbido ante los nervios. Sus acciones fueron llevadas a cabo en un quiebre de tensión, momentos después de pensar en la muerte que un ser superior les había preparado esa noche. Ni siquiera dentro del helicóptero habían sido conscientes del todo de los actos ocurridos, siendo golpeados por la realidad cuando aterrizaron en la azotea del hotel.
Nagisa poseía heridas físicas, Karma parecía sufrir de un cansancio extremo. Los sentimientos del de cabellos rojizos habían hecho erupción de manera abrupta a la superficie, motivados por visión que debería causar sorpresa y temor, a él le había producido un fuerte hormigueo en el estomago que ya no sentía capaz de ignorar o negar.
– Eres sorprendente, Karma-kun, la forma en la que esquivabas y atacabas a Grip-san… Fue asombrosa. – se descoloco ante tales palabras. Su pecho vibro con fuerza ante la carcajada que brotaba desde sus entrañas. Nagisa con la cabeza ligeramente gacha. Una minúscula sonrisa en sus lastimados labios.
"¿Yo soy el increíble?"
Lo sentía. No podía negar más sus emociones en aquellos instantes, pero esto no necesitaba exteriorizarlo.
Celos.
Podía admitirlo para él mismo. El talento que había apreciado, la habilidad innata, el poder que es otorgado de manera natural, la esencia que lo había hipnotizado. Karma temía y creía amar a la serpiente peligrosa que había resultado ser Nagisa… pero también le envidiaba.
– ¿Por eso me correspondiste? Chiba también hizo una actuación bastante genial, tal vez deberías besarlo a él también. – dejo caer su cabeza hacia atrás, apoyándola en la pared, cerrando sus ojos. La burla se extendía suavemente por su rostro. Karma era Karma y, como habían dicho después de su pequeña victoria, no había cambiado.
– Tal vez debería hacerlo.
Una vena pálpito con fuerza en su sien. Sin abandonar su posición, guio su mano derecha ha posarse sobre las largas hebras que se retenían en coletas, ejerciendo presión.
– Nagisa-kun, ¿estás tratando de hacerme enojar?
La suave risa fue expulsada de los labios del pequeño ratoncillo que había mostrado sus fauces aquella noche. La mano del demonio que había capturado sus cabellos suavizó su agarre, propinando aquellas caricias que se había acostumbrado a dar, y acallando la fresca brisa que representaba el sonido de la voz de Nagisa al reír, cuando sus dedos descendieron hasta parar delicadamente en la mejilla contraria.
El tiempo se detuvo en sus miradas. Las nombradas mariposas que atacaban a los intestinos no estaban ahí. En su lugar, la quietud, la paz, aquello que se trasmitían mutuamente escapaba por sus poros, llegando al contrario y eliminando la mayoría de las molestas espinas que insistían en clavarse en sus corazones.
Cortaron su intimidad cuando empleados del hotel caminaron junto a ellos por el pasillo, decidiéndose por entrar en la habitación del más alto.
La habitación era exactamente igual que las que ocupaban los demás; con una cama junto a una puerta corredera que daba a una terraza, un armario, una pequeña mesa con dos sillas que hacían juego, frente a un televisor, y un baño particular. Karma indico a Nagisa que tomara asiento sobre la mullida colcha, mientras él se dirigía al baño, para volver a los pocos segundos cargando un maletín blanco entre sus manos.
– ¿Hay botiquines en las habitaciones? No recuerdo haber visto uno en la mía. – comento mientras el joven de cabellos rojos dejaba caer su peso junto a él, abriendo el maletín y comenzando a extraer lo necesario para atender las heridas.
– No los hay. El pulpo pidió que me entregaran uno cuando llegamos.
Una gota cayó por la frente de Nagisa mientras sonreía. Se dejó hacer, sintiendo el tacto de los dedos de Karma recorrer la piel de su rostro, curando a la vez que cubría los cortes y moretones que Takaoka había dejado en él. Era una ocasión inusual para pensar en el agrado que producía el toque de aquellas yemas sobre él. Cerró los ojos cuando las manos pasearon por su cara, una vez concluido su trabajo.
– Pensé que habías dicho que te gustaba Okuda-san. – un bufido que pretendía ser una risa, escapo de los labios del demonio rojo.
– Nunca use la palabra "gustar". Y creo que dejé claro aquella vez, Manami-san me interesa porque podría ser útil para mí. – hablaba con voz queda, sin aplicar burla o sorna, impregnando sus palabras de sincera seriedad. – Aunque es cierto que me cae muy bien como amiga.
– Karma-kun… no soy una chica.
– Lo sé.
– Y no me lo voy a cortar.
– Es una lástima, te sería útil en futuras misiones de infiltración. – no podía negar que gustaba de ver las mejillas infladas y el ceño fruncido debido a él. – Pero no me molesta en lo más mínimo.
– ¿Por qué?
– Fácil. Porqué eres tú.
Nunca había estado con un chico. Nunca había gustado de un chico. Nunca había besado a un chico. No sentía aversión ante las personas que poseían aquellos gustos y sentimientos, porque no le importaba nadie que no fuera él. No iba a perder el tiempo en criticar el sentir de otros, cuando él mismo nunca lo había experimentado. Pero no le molestaba, no lo hacía si quien le provocaba sentir así era Nagisa.
– ¿Desde cuándo te sientes así?
– Sinceramente, acabo de entenderlo hoy, al verte ganar. – los dedos continuaban en la mejilla contraria, que se había teñido de un leve rosa. La mirada de Nagisa era cristalina, queriendo saciar su curiosidad, pidiendo respuestas concisas a todas sus dudas. – Pero estoy seguro que comenzó desde hace tiempo. Aunque no sé decirte si fue antes de este año.
Una ligera risa escapo de los labios pertenecientes al de azules hebras.
– Me sucedió lo mismo. No estoy seguro si ya tenía este sentimiento en mí desde antes, o si nació a lo largo de estos meses. Pero… me siento feliz.
La sonrisa de Karma ladeo ligeramente. Acerco su rostro al del más bajo, juntando sus frentes como aquel día de su derrota en los exámenes. Los orbes zafiro se cerraron ante la intensidad del cobre.
"Todavía me preocupa. Estoy seguro, de que podría matarme mientras duermo si así lo quisiera, pero…"
Volvió a juntar sus labios, un simple roce que les cubría de nebulosa suavidad, y transmitían la paz que querían otorgar al contrario.
"Pero esto se siente tan bien. No quiero perder esta sensación".
No necesitaba decirlo. Al igual que sus celos, la emoción que ahora comprendía y se anclaba en su pecho no necesitaba ser compartida en ese momento. Podía esperar. Esperar a que lo estuviera sucediendo no fuera tan frágil como para romperse después de sus palabras. Esperar a que Nagisa entendiera con sus acciones, que el temor no los iba a separar. No otra vez.
Recorrió el lastimado labio inferior con su lengua, pidiendo un silencioso permiso que le fue concebido casi al instante. Las pequeñas manos del ratoncillo se dirigieron a las suyas, apretando suavemente.
Sentía su cuerpo estremecerse ante la textura de la lengua de Nagisa. Ante el lento movimiento que empleaban ambos entre sus bocas. No era una persona romántica, no iba a alegar que era el mejor beso de su vida, o que nunca había sentido emoción alguna al besar a alguien más antes. Pero podía decir, que aquellos labios le estaban otorgando una plenitud nunca antes conocida.
Se separaron, con las mejillas rojas y la respiración levemente acelerada, obligados por los golpes sobre la superficie de la puerta, y la voz de Isogai llamándoles para tomar aquella cena que se había pospuesto, antes de dormir.
Los ojos de Karma se clavaron en la etérea figura frente a él, que ponía a prueba su auto control con aquella expresión que quedo después de besarse. Rió antes de colocarse de pie y halar con su mano al pequeño cuerpo, para dirigirse junto a los demás. Sin separar ni un segundo sus manos.
Por ahora, se dijo, aquello era suficiente.
Los comentarios burlescos de sus compañeros les persiguieron hasta el final del viaje escolar. Y no sabían a ciencia cierta si fue Koro-Sensei o alguno de los demás quien rego la noticia, pero no les importaba.
