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Por primera vez, Karma no siente un particular placer por observar a Nagisa travestido.

Y existen dos razones para ello. La primera es que, gracias a los eventos de los últimos días, cada miembro de la clase E, conoce ahora sobre la turbulentamente asfixiante vida familiar que el pequeño asesino nato ha tenido que soportar durante años. Y Nagisa no se lo ha contado – porque está seguro de que Karma pasará por las leyes éticas de la sociedad y arremeterá contra su progenitora, que lo entiende, porque Karma tampoco le ha contado todo lo que piensa o vive –, pero la idea de que el pequeño ratón, con quien pasa sus días, ha recibido más que gritos y reprimendas, nada sin tregua ni cansancio en la mente del demonio de rojiza aura.

La segunda razón es, de hecho, más banal y mundana.

Han pasado dos meses desde lo ocurrido en Okinawa, podría decir que sus amigos han aceptado de buena gana los términos que ahora establecen la relación de Nagisa y Karma, dejándoles estar a sus anchas. Incluso las bromas hacia la apariencia del más bajo habían aumentado, para diversión de su pareja, hasta hace poco.

En el periodo de tiempo comprendido, sus compañeros de clase han podido comprobar la magnitud de los celos que Akabane puede llegar a sentir, siendo considerablemente indulgente con ellos cuando las situaciones se les presentan, porque no quiere realmente lastimar a sus amigos. Pero en estos momentos, quiere separar la cabeza de aquel niño mimado de sus vertebras, y destrozar los debiluchos huesos que componen sus extremidades.

Si no lo hace, es solo porque Nakamura le detiene, e Isogai junto a Maehara le observan desde lejos, listos para abalanzarse sobre él si el momento lo amerita.

"No es como si produjera alguna dificultad, pero…"

Karma-kun, por favor, no causes problemas el día de hoy. – habían sido las palabras de Nagisa aquella mañana, cuando habían llegado juntos a la montaña, antes de comenzar con los preparativos para aquel día del festival.

"No quiero ser reprendido por Nagisa".

Y si es honesto consigo mismo, esa es la verdadera razón por la que aún no ha hecho nada.

Nakamura y él están agazapados frente a un arbusto, escuchando la voz asquerosamente empalagada proferir halagos a su pareja, a quien a distancia nota incomodo. Juguetea con una rama entre sus dedos, y cuando a sus oídos llegan las esperanzas del mezquino adolescente de ser correspondido por estar alejados de los ojos del resto del público, quiebra la delgada madera en sus dedos.

– Contrólate. – le recrimina su compañera en susurros, aquella con la que disfruta de molestar a su novio, pero que en estos momentos solo le dedica resentimiento. Porque todo esto fue idea de ella. – Necesitamos el dinero de ese chico.

– Podemos coger el dinero de su cadáver. – masculla entre dientes.

– En serio, Karma. – y el tono de reproche contrasta mucho con la sonrisa llena de burla que le dirige. – Deberías estar feliz de ver a Nagisa-chan con esa falda.

Una vena palpita en su frente.

Ne, Nakamura, estás consciente de que no la está usando para mí, ¿Verdad?

Escucha la desagradable voz del adinerado mimado, inquirir sobre un cambio en la atmosfera cuando su sed de sangre se libera. La pequeña vocecilla de su pareja, que intenta parecer lo más femenina posible, es lo que le obliga a respirar hondo y calmarse.

Observa desde su posición, como en un momento Nagisa se acerca un poco más al tal Yuji, provocando – esta vez con sutileza – que su sed de sangre se libere nuevamente. Toma la libreta con la que Nakamura ha estado dándole diálogos auxiliares al otro, decidido a vengarse un poco por aquella acción.

"Pregúntale si pagaría mil yenes por una cita".

La cara indignada de su novio le informa que logró su cometido, más su molestia no se calma.

De improvisto, Isogai y Maehara llegan a su lado, halando sus brazos para llevarle con ellos, y dejar de interferir con la operación. No puede oponerse a la fuerza, porque no quiere causar más problemas a Nagisa. Vaya amigos que le tocaron. Les acompaña a realizar tareas como juntar más sillas, y cortar o lavar ingredientes.

Alrededor de veinte minutos después, cuando los celos ya son demasiados, y Nagisa aún no ha terminado con el adolescente, logra zafarse de sus amigos y corre hacia la ubicación de la "cita", con su pequeña venganza al ratoncillo en sus manos, cortesía de Takebayashi.

Para cuando llega, el detestable chico por fin se está marchando, y siente algo similar a la felicidad instalarse en su cuerpo.

– Ah, ¿ya se va? Quería ofrecerle nuestro servicio de fotografías con maids.

– ¡¿Cuánto más pensabas seguir burlándote de mí?!

Karma le sonreí, pero no puede evitar que su mueca se transforme en molestia cuando nota el rostro de Nagisa se muestra preocupado tras la partida del otro.

El día finalmente termina, sin tantas ventas como les gustaría, pero se marchan orgullosos de su trabajo. Nagisa vuelve a portar los pantalones de su uniforme, y caminan uno junto al otro hacia la estación, como cada día. La molestia continua en su ser, porque no puede no darse cuenta del silencio en el otro y su semblante ligeramente triste.

– No sé como sentirme al respecto con tu expresión desde que ese chico se fue, Nagisa-kun.

– Bueno, no me siento realmente mal de que Yuji-kun se haya marchado… pero siento que jugué con sus sentimientos, cruzando alguna especie de línea. – la pequeña sonrisa apenada desapareció de los labios del de mechones azules, cuando ladeo el rostro en su dirección. – Por cierto, Karma-kun, me sorprende que hayas podido controlarte tanto.

– ¿Dudabas de mí?

– Por tu sed de sangre, sentía que ibas a saltar sobre Yuji-kun en cualquier momento. – una gota resbalo por la cabeza de Nagisa. Karma resoplo.

– No puedo negar que estaba molesto, estabas muy cerca de él. – las grandes manos del demonio rojo entrelazaron sus dedos con el contrario, provocando una pequeña risa en Nagisa, ante el gesto ocasionado por los celos aún presentes. – Dejaba salir la sed un poco para asustarlo, ya que Nakamura y los demás no me hubieran dado tiempo de actuar. Pero sabes… – le tomo por sorpresa, halando con fuerza el pequeño cuerpo, ocasionando que chocará con brusquedad contra su pecho mientras la mano que había realizado la acción, se dirigía ahora a sus caderas, rodeándola, y su otra mano viajaba a su mejilla, acercando sus rostros hasta rozar las narices. Las mejillas de Nagisa explotaron en tonalidades de rojo. – Si realmente ese pequeño bastardo te hubiera colocado una mano encima… Lo hubiera matado sin miramientos.

Nagisa sabía que no estaba bien sentirse emocionado ante aquella declaración.

Los labios de Karma cerraron el camino hasta los suyos, colocándose con suavidad mientras los dorados orbes se escondían tras sus párpados. El más pequeño de los dos imito su acto, disfrutando de la textura de los labios de su pareja. En dos meses, se había acostumbrado a los ataques repentinos, a los besas en plena calle, y a los murmullos de los demás transeúntes.

Ninguno de los dos profundiza el contacto entre sus bocas, y después de un par de minutos – justamente cuando una mujer algo mayor les grita – es que se separan.

Las sonrisas adornan sus rostros mientras continúan su camino a la estación, tomados de la mano.

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Al llegar el segundo día del festival, Karma decide que el tal Yuji -kun, no es tan desagradable.