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Sale del hospital junto a Sugino y los demás. Acaban de terminar su visita a Kayano, recibiendo con gusto la noticia de que su estadía en la institución médica será corta, y deshaciéndose en disculpas por el ataque que realizo a traición a sus nervios. Recorren las calles para dirigirse a sus hogares, aún cuando el sol sigue en lo alto, y la ciudad se presta para paseos amistosos.
Sus mentalidades han cambiado. Aquel objetivo que les ha mantenido entusiasmados durante el año escolar, ha cambiado. No es culpa de Kayano. Tarde o temprano, era probable que se dieran cuenta de la realidad a la que habían querido hacer ojos ciegos.
Koro-Sensei no es un simple profesor. No para ellos. Ya no.
Los recuerdos siguen frescos en sus memorias. Las lecciones, las frustraciones, las risas, los enojos, los halagos, las felicitaciones, todo. Tantos momentos condensados en un año que nunca hubieran visto la luz, de no ser por el ente del que ahora conocen la verdad.
¿Cómo se supone asesinen a aquel profesor?
– Nagisa. – la voz de Sugino le extrae del mar de sus pensamientos. – ¿Irás a ver a Karma? – le sonríe antes de asentir. Pregunta por los planes de los demás por educación, su mente atiborrada de pensamientos como para realmente reparar en las palabras de sus amigos.
– ¿Karma-kun aún se encuentra molesto por lo de Kayano-san?
– No está muy feliz con lo sucedido. – una gota cae por su cabeza. – Pero extrañamente parece entender que era la mejor opción, al menos en ese momento, para detener a Kayano. Así que no está verdaderamente molesto… pero igual se desquita haciendo bromas crueles. – Sugino y Okuda le dedican miradas de incredulidad. Kanzaki le dedica una que parece comprensión.
Se separan antes de llegar a la estación.
Nagisa no va a casa de Karma ese día.
Las ideas se calcinan en su mente desde el día que la verdad se les fue otorgada, como un tesoro maldito del que ahora debían decidir su futuro.
Ha estado pensando en su actuar una vez se reintegren a clases, preguntándose qué tan buena será exteriorizar sus pensamientos. No los ha compartido con Karma, porque aún no ha encontrado las palabras adecuadas, y porque – aún después de casi seis meses – siente aún el muro que se yergue entre ambos. Sabe que Karma le oculta algo, y aún cuando quiere reclamar por su honestidad, no lo hace, porque quiere creer que no es nada grave, y porque él mismo, en este preciso instante, le está ocultando algo también. No tiene nada que ver con el beso con Kayano, pero sí con el día que sucedió.
No sabe como tomar el temblor que recorre su cuerpo, al pensar en la futura reacción de su pareja.
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Después del cumpleaños del demonio rojo, Nagisa y Karma no vuelven a verse lo que resta de las vacaciones de invierno.
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– ¿Estás seguro de esto, Karma?
Azul y rojo.
Los bandos ya han sido elegidos, el juego decisivo está a solo minutos de comenzar. Los líderes del equipo ya han sido escogidos, y Karma espera, rodeado de sus compañeros, por la señal de Karasuma.
– Nosotros queremos mantener nuestra postura y lo que hemos venido haciendo todo el año… tú estarás yendo en contra de Nagisa. – comenta nuevamente Yoshida, quien recibe el apoyo de Muramatsu y Hazama.
– ¿No crees que deberían hablar, en lugar de tomar partido en esta batalla como excusa para solucionar sus problemas de pareja? Ya bastante feo se puso hace rato. – Nakamura no lo entiende, y a Karma no le sorprende. Porque no sabe nada. Ninguno lo sabe.
Los observa, con la seriedad antinatural para él plasmada en su mirada, obligando a todos a tragar los consejos que no ha pedido, que no quiere.
– El ser pareja no nos une en pensamiento. – escucha la exclamación confundida de su equipo. – Nagisa-kun y yo tenemos diferentes posturas. Él quiere intentar salvar, yo hacer lo que creo correcto. Así es como somos. No tiene nada que ver con una discusión o algo parecido. Es cierto que no estoy feliz con los métodos que uso para detener a Kayano, pero esto no tiene nada que ver con ello. Cierren la boca, y guarden silencio si no pueden entenderlo. – aparta la mirada, dirigiéndola al cuchilla que se haya en sus manos, goteando pintura rojiza en las otoñales hojas que recubren la montaña. – Además, una conversación no serviría de nada en esta situación. No podremos resolver esto hasta despedazar aquello del otro.
El pensamiento le ha perseguido por meses, ha tratado de ocultarlo, de dejarlo pasar, porque ama a Nagisa. Pero no lo ha logrado, y sabe que Nagisa lo ha notado también. Sabe que necesitan esto, más allá de Koro-Sensei.
"Incluso si sus colmillos salen a la luz, debo tomarlos. Aceptarlos y romperlos. Debo asesinar a las serpientes.
Los demás quieren preguntar a qué se refiere, pero no logran hacerlo.
El silbato de Karasuma da inicio al juego.
