Los dos pequeños seres barrigones se inclinaron frente a Kylo Ren.

-Escucho al emperador y obedezco. - entonó uno de ellos, su voz nasal golpeando tres notas distintas al mismo tiempo.

-También escucho y obedezco. - dijo el segundo, algo menos entusiasta. Inclinándose nuevamente, retrocedieron.

Con un suspiro tranquilo, Rey miró su datapad. Estos dos habían sido los demandantes vigésimo noveno y trigésimo desde que Ben había comenzado esta sesión al amanecer de esta mañana. Treinta denunciantes afuera. Solo restaban treinta más.

Puso el datapad a un lado, intentando no dejar que su acumulada irritación derrotara la poca tranquilidad que mantenía. No, por supuesto, todo el planeta no estaba esperando su turno para hablar sobre sus problemas y obtener una respuesta sabia o justicia a su problema. Pero hoy, ella se sentía así.

El presentador, que vestía una oscura túnica, se estaba acercando a la plataforma, con su propio datapad en su mano, sin duda preparándose para describir la situación y el problema de los demandantes treinta y uno y treinta y dos. La última vez que ella había mirado en la sala de espera, había al menos cincuenta de los alienígenas sentados en un impasible silencio, concentrándose en sus pensamientos o mirando a través de la habitación a su demandante contrario. El sol apenas estaba en el horizonte y aun restaban diez o más argumentos por escuchar, al menos para ese día.

Mentalmente, Rey negó con la cabeza. Sí, estaba agotada. Todo parecía molestarle, muy en particular, que estos seres exigiesen tanto tiempo y energía de su esposo. Y para ser honesta, tenía que admitir que incluso le molestaba un poco Ben por su rápida y desinteresada disposición a renunciar a ese tiempo por ellos.

Pero también podía ver que su presencia aquí estaba logrando más de lo que indicarían los números en bruto. Al menos cinco de las controversias sobre las que Ben había emitido un juicio hoy habían existido durante diez años o más, y ninguna de las partes estaba dispuesta a ceder ni un centímetro durante ese periodo. Dos de esos cinco habían sido multi-generacionales, de hecho, desde 70 años atrás. Disputas heredadas por tres generaciones. Y, sin embargo, a pesar de las largas historias, en cada uno de esos casos, ambas partes aceptaron el fallo de su emperador y acordaron cumplirlo. No necesariamente feliz, pero habían acordado.

También existía una muy alta probabilidad de que cumpliesen las resoluciones. El planeta tenía una larga historia de honrar veredictos Jedi en tales asuntos, que se remontaban a la altura de la Antigua República. Aunque su esposo no fuese un caballero Jedi como tal, los seres lo consideraban uno, además de ser su respetado emperador. Ella no sabía cómo se las habían arreglado durante los días oscuros del Imperio, pero el número de disputas generacionales implicaba que no lo habían hecho muy bien.

Rey volvió a suspirar suavemente e ignoró la mirada de soslayo que le envió su esposo. Los gemelos habían corrido con mejor fortuna que ella. En compañía de Cilghal y del comandante Fel, participaban de una excursión de lugares escénicos e históricos del planeta. Estaba arrepentida de no haber aceptado la invitación, pensando que su lugar estaba junto a su esposo, demostrándole su apoyo.

Sintió la bilis subir por su garganta, recordándole el verdadero motivo de su irritación y con gran dificultad la contuvo, obligándola bajar a su estomago nuevamente. Esta vez sintió la mirada oscura sobre ella, sintiendo la callada pregunta masculina. Rey resolvió ignorarlo, procurando hacerse la desentendida. No había alcanzado a tener un instante privado para comunicarle sobre el nuevo "asunto" pues ambos habían estado muy ocupado.

Y esa era otra razón de su molestia. La galaxia entera parecía querer conspirar contra ellos y no permitirles tener una oportunidad para compartir con Ben aunque fuese solo unos minutos de intimidad. Volvió a mirar su datapad, suspirando con resignación. Después de todo, ella sabía en lo que se estaba metiendo cuando aceptó estar a su lado aun luego de él brindarle su libertad. No era correcto lamentarse.

-¿Estás bien?

Y oprimieron su mano suavemente.

Ella asintió, intentando darle al breve gesto la más definitiva certeza. Y en realidad, si lo estaba. Sintió que él quería abundar más sobre el asunto, sin embrago, optó por no hacerlo.

Inesperadamente, el presentador subió a la plataforma.

-Emperador, tenemos una solicitud inesperada pero urgente. - dijo el alienígena, -El segundo coordinador agrícola, Kei Ras Cirali, solicita su presencia inmediata en su retiro en la montaña Karrish para discutir un problema que no puede resolver.

-Ya veo. - dijo Ren, su voz grave. -Incluso los poderosos a veces necesitan el consejo de otros, supongo. ¿Dónde está este retiro?

-En una cueva en la base de Karrish Prime. - dijo el presentador, moviendo las orejas para señalar el rango de picos nevados visibles en la distancia por la amplia ventana detrás de él, -Si está dispuesto, tenemos un aerodeslizador y un conductor esperándolo.

-Gracias. - dijo el emperador, colocándose de pie. -He hablado antes con el Maestro Cirali. Si nos necesita, estamos más que dispuestos a acudir a él.

-Nosotros, los de la ciudad, hacemos eco de nuestro agradecimiento por su paciencia. - dijo el presentador, inclinándose. -Enviaré a los denunciantes a casa, para que se reúnan de nuevo cuando usted tenga la libertad de regresar.

-Gracias. - Ben miró a Rey. -Vamos, será mejor que nos vayamos.

Ninguno de los dos volvió a hablar hasta que estuvieron mucho más allá del límite de la ciudad, en dirección a la hilera de montañas.

-¿Dices que conoces a este Cirali?- preguntó una intrigada Rey. Opinaba que debía ser muy importante para que Ben dejase todo para acudir a su llamado.

-En realidad no, pero he hablado con él una o dos veces. - le respondió. -Él maneja gran parte de la coordinación en el área agrícola al este de la cordillera Karrish.

Rey visualizó una imagen mental de los mapas que había mirado en su camino hacia el sistema, -Es una región de buen tamaño.

-El segundo más importante del planeta. - coincidió él. -Es una posición parcialmente hereditaria, que se remonta a los días de los antiguos sultarios.

El uso de la palabra retiro por parte del presentador no había preparado adecuadamente a Rey para el elaborado e impresionante salón tallado en roca en la base de la montaña. Un puñado de alienígenas con libreas se inclinaron cuando Ren y Rey pasaron entre ellos por un pasillo de techos altos y entraron en una gran oficina que ella no dudaba que fuese un patrimonio histórico del lugar.

Cirali los estaba esperando en un gran sofá, casi perdido entre una docena de cojines grandes y de colores vibrantes.

-¡Ah, su alteza! - exclamó, levantando ambas manos a modo de saludo mientras los asistentes cerraban las puertas detrás de ellos. -Bienvenido, Emperador Ren. Y usted debe ser su enamorada esposa.

Rey miró a su esposo de reojo, -¿Enamorada esposa?- repitió ella irritada, arqueando una ceja.

-Solo es una expresión retórica. - Kylo se apresuró a asegurarle y dirigiendo su atención al coordinador, -Estamos aquí, Maestro Cirali, y estamos preparados para lidiar con el problema.

-Estoy agradecido. - dijo Cirali. -El problema, emperador, es uno de tiempo. Dígame, ¿qué hace uno cuando parece que no hay tiempo para las cosas importantes de la vida? -

Rey sintió una punzada dentro de ella. Ese era precisamente el problema que Ben y ella estaban teniendo estos días: demasiadas responsabilidades, muy poco tiempo. Si un ser que coordinaba las operaciones en un área agrícola importante no podía resolverlo, no era muy probable que Ben pudiese hacerlo.

Sin embargo, para su leve sorpresa, Ben simplemente sonrió.

-Siempre hay tiempo para las cosas importantes. - le contestó al coordinador, -El truco consiste en reconocer la necesidad y crear el tiempo necesario.

-Habla sabiamente, mi emperador. - dijo Cirali, levantándose de su sofá. -Venga. La habitación para las consultas le aguarda.

Caminó hacia una de las cortinas que colgaban detrás de su sofá y la apartó, revelando una puerta de metal construida en la roca sólida de la caverna. Con un movimiento de su mano, se abrió a un pequeño turboascensor.

-Esperaré su regreso, alteza. – dijo el ser inclinándose.

Ren se dirigió hacia el turboascensor junto con su esposa y un momento después ambos se movían hacia arriba a través de la montaña.

-¿A quién estamos viendo exactamente en esta sala de consulta?- Rey preguntó mientras el ascensor reducía la velocidad hasta detenerse. La puerta se abrió…

Ella contuvo el aliento. Más allá de la puerta había una gran habitación, tan hermosa y lujosamente decorada como los mejores palacios que había visto en toda la galaxia. La habitación tenía el delicado aroma de las flores de velanie, sus pétalos brillando por el rocío y una de sus sonatas kithra favoritas se escuchaba suavemente de fondo. En el otro extremo de la habitación, una enorme ventana de transpariacero ofrecía una vista impresionante de las montañas, los ríos y valles, todo en un relieve nítido contra las sombras proyectadas por el sol poniente.

Y aparte de ellos dos, la habitación estaba desierta.

-Como dije. - murmuró Ben mientras rodeaba sus hombros con el brazo y la conducía fuera del turboascensor hacia la gruesa alfombra, -El truco es crear el tiempo.

Rey parpadeó, caminando por la habitación... y luego, tardíamente, lo entendió, -Tú preparaste todo esto, ¿no? Llegando a este sistema en primer lugar, la citación de Cirali, esta habitación…

Su esposo se aproximó a ella, una sonrisa torcida que a Rey se le antojó cautivante. Lo amaba con cada gramo de su ser. No podía negar que era un bello demonio, pero era solo suyo. Un placentero cosquilleo recorrió su interior. Se le asemejaba como un depredador en acecho de su presa mientras caminaba hacia ella.

Cerró sus ojos al sentir esos labios sobre los suyos, arrebatándole un beso lujurioso.

Luego murmuró cerca de su oído, -Y, por supuesto, mientras estemos oficialmente en consulta con el segundo coordinador agrícola, nadie vendrá a buscarnos.

Y retirando un poco su rostro del de ella para mirar los ojos color avellanas, prosiguió diciendo, -Feliz segunda luna de miel, Rey.

-¡Oh, Ben! – suspiró ella, completamente enternecida por el inesperado gesto.

-¿Te gustaría echarle un vistazo a la habitación? Le di a Cirali una lista de todo lo que especialmente te agrada y me prometió proporcionarme tantas como pudiese.

-Sí, me he percatado de las flores y la música. - coincidió Rey, mirando a su alrededor complacida, sin embargo, imprevistamente la asaltó una duda, -Ben, los gemelos…

-Podrán ver a sus padres cuantas veces deseen. – le interrumpió él, aplacándola, -Tanto Cilghal como Fel están al tanto. Al igual que Cirali tiene una lista de excursiones y actividades para los gemelos.

Ella reclinó su cabeza en el amplio pecho, deleitándose con los latidos del corazón de su esposo.

-Podemos quedarnos todo el tiempo que desees. - Kylo vaciló. -Espero que esto ayude a compensar mi falta de atención últimamente.

-Oh, estoy segura de que así será.- aseveró Rey. Y estar aquí, solo ellos dos, de repente no era en lo absoluto un problema. -Entiendo que también tienes compromisos con el resto de la galaxia. Solo te necesito para mí de vez en cuando.

-Yo también lo necesito. - le dijo Ren, su voz tornándose más gruesa de lo habitual, -Por favor, nunca me dejes olvidarlo.

-Siempre buscaré el modo de recordártelo. - prometió Rey en voz baja.

Luego de un breve instante de silencio, él le preguntó, -¿Qué sucedió hace rato en la sala?

-Oh, sobre eso… - y ella sonrió, en la certeza de que él estaría jubiloso con la inesperada noticia, -Los gemelos tendrán un hermano.

-¿Rey?

Ella rio, alborozada con todas las sensaciones que provinieron de él: sorpresa, radiante gozo y sosegado orgullo.

Asiendo la barbilla femenina con su mano, apartó el rostro de su pecho y la observó detenidamente, -¿Por que no me dijiste? No te hubiese obligado estar todas esas horas sentada allí, sabiendo que no te sentías bien…

-Mi lugar es estar junto a ti. Es mi deber como esposa.

La alzó en su brazos y caminó con ella hasta la cama. Se tendió en esta, Rey a su lado y la besó con sensual placidez, desplazando su boca sobre la de ella con lentitud para complacerse en su cercanía. Sí, ella lo amaba tanto que sentía su corazón fragmentarse. Ella no podría ser sensible con lo que a él respectaba. Donde el corazón ordenaba no había nada que ella pudiese hacer.

-Oh, y otra cosa. – murmuró ella cuando él liberó sus labios.

-¿Sí?

Ella le dio unos golpecitos juguetones en la punta de su nariz, -Si alguna vez vuelves a llamarme enamorada esposa, vas a estar en serios problemas conmigo.

Él sonrió, -Lo tendré en cuenta.