Sentimientos ahogados

La sangre le retumbaba en los oídos, recordándole que, por lo menos en ese momento, tenía oportunidades de escapar. Había perdido su varita cuando las criaturas lo arrastraron a las aguas heladas sin consideración; aunque intentara sobrevivir de morir ahogado, no podría hacerlo más adelante.

Escapar de la cueva era una fantasía. Ya había aceptado su muerte. Regulus parpadeó dos veces hasta que sus ojos, tan plateados como joyas, se cerraron, cediéndole un poco de avenencia pese a que inferius ambicionaban ahogarlo.

Y recordó el tacto frío de Severus recorriéndole el rostro; sus ojos, oscuros como túneles; sus labios, finos y llamativos. El único ósculo que compartieron antes de que se esfumara sin dejar rastro. Tuvo la valentía para engañar a un mago tenebroso, pero no para confesarse a su amado.

Agradeció su valentía en ese momento, esa corazonada que le permitió besarlo para despedirse; si eso nunca hubiera ocurrido, seguramente su agonía incrementaría con cada segundo que transcurría. De todo corazón esperaba que Severus pudiese escapar de ese infierno, que abandonase esas ideas absurdas acerca de controlar a los muggles, que fuese más astuto que Voldemort.

Regulus solo quería que Severus viviera.

Sus sentimientos morirían ahogados, como él.