Capítulo 5: Prueba y Equivocación

POV Rosalie

Un olor diferente comenzó a inundar la habitación. Tenía que ser otro vampiro y sí, lo era. Detrás de un muro salió la personificación de un dios griego convertido en vampiro. Su olor era tan varonil, lo más cercano que un vampiro podría estar de asimilar como sudor corporal, plagado del aroma del bosque con árboles y hiervas salvajes. Sus ojos dorados e intensos como el sol, de cabello corto y oscuro por lo que se veía podría ser ondulado; llevaba la mandíbula firme; de piel pálida y fuerte como el mármol; era alto y musculoso por donde se le viera, quería arrancarle esa camisa y toda la ropa que llevaba puesta, no me importaba que llevara una mueca seria y hasta diría que enfadada… Yo lo haría gozar, — ¡Con un demonio! —, ya me estaba empezando a excitar de solo verlo y ni siquiera sabía quién era.

El vampiro que estaba junto a Bella, "Edward" creo que se llamaba, empezó a toser e inmediatamente sentí calor en mis mejillas aunque sabía que no se iban a colorear. Bajé un poco la cabeza y volví a mi postura original. Me dio algo de vergüenza que Edward, Jasper o incluso cualquier otro vampiro en la habitación se dieran cuenta de los lujuriosos pensamientos que yo podía llegar a tener con un miembro de su familia y me aterraba que el mismo Emmett lo descubriera, al mismo tiempo, eso me excitaba un poco. Quería abalanzarme sobre él y rasgarle la ropa sucia por la tierra, ver con mis propios ojos sus detallados músculos y pasar mi lengua por cada uno de ellos.

No sabía si mirarlo o no. No podía ver a ninguno a la cara. Estaba nerviosa y no imaginé que ese sentimiento se incrementara de no ser porque Carlisle me acercó a Emmett y me lo presentó formalmente. A pesar de la mueca bastante seria en su rostro, Emmett parecía ser alguien dulce, lo pude ver cuando saludó a Esme con un abrazo similar al que comparten una madre y un hijo. Y luego cuando miró a su hermana y la saludó con cariño sin necesidad de palabras o de acercarse a ella. A pesar de la capa de hierro que tenía por la furia que le estaba causando algo que yo desconocía, él era hermoso por dentro, lo sabía, él era el ser perfecto.

Me emocioné, no podía evitarlo, ese hombre tan sexi me había vuelto loca desde que lo vi en toda su gloria. Parecía modelo de ropa interior masculina y tenía muchas excusas para hablarle. Aparte de que también quería saber sobre mi pasado y mis "dones" como vampira… No había nadie mejor que él. Por lo que había entendido, él podía viajar al pasado y si viajaba sola con él, tal vez podía conocerlo mejor y él a mí. Me encantaba como sonaba eso. Pero primero, quería saber de mis dones.

Él se notaba tenso y probablemente demasiado molesto — ¿Conmigo? — Yo era lo único raro y fuera de lo normal que había en la casa de su familia pero — ¿Por qué iba a estar molesto conmigo? — de seguro yo me estaba haciendo ideas equivocadas. Ya no era tiempo de pensar en eso porque al fin me diría lo que podía hacer en esta nueva vida.

Él levantó una figurita con desinterés y me pidió pensar en algo que me entristeciera… Pensé en el hecho de haberme despertado sola en medio de un bosque, no tenía parientes y no recordaba nada, me sentía tan desolada, desprotegida… Soplé a la figurita, no me podía creer que de mi boca hubiera salido hielo y luego el toque electrizantemente magnifico que había sentido cuando traté de tomar el objeto en mis manos y sus dedos estaban interpuestos.

Creí que me iba a morir de amor, él era el hombre que me acompañaría el resto de mi eternidad y me lo dejé bien claro porque sabía que algún día lo iba a cumplir. Aquel electrizante toque se deshizo deliciosamente por todo mi cuerpo y recorrió principalmente dos caminos. El primero fue desde los dedos de mi mano hasta mi estómago haciendo que sintiera como volaban miles mariposas; y el segundo camino fue desde los dedos de mi mano hasta mi cabeza, esparciendo una nube que me desconcentraba de cualquier pensamiento coherente. De seguro estaba sonriendo como una idiota, casi babeando.

Pensé que con eso se había acabado todo. Mi poder era el hielo. Pero cuando levantó el papel y me pidió que lo tocara con la furia impregnando mis sentidos, quedé atónita. No sabía bien qué pensar cuando me pidió que me molestara: No recordaba nada y no sabía lo que me había puesto en tal situación. De todas formas, pensé en la estúpida razón de que yo hubiera sido escogida para ser una vampira. Yo quería una vida normal una vida humana. Era algo más fácil de llevar, pero eso ya no importaba mucho, lo hecho estaba en el pasado, tenía dos dones y podía usarlos a mi antojo cuando aprendiera a controlarlos.

Tal vez estaba siendo muy ilusa al pensar que por el hecho de que Emmett me había mostrado mis poderes, seguiría allí ayudándome… Quizá me dijera algo de mi antigua vida. Algo que no fueran sombras de un lugar desierto con árboles quemados a mediados de invierno, donde se llevaba a cabo una batalla y se podía decir que los contrincantes eran vampiros por la forma en la que peleaban. No le había dicho nada de eso a nadie porque quizás supondría un problema, tampoco había pensado en eso por el don de Edward. Por el momento, suponía que podía hacerme amiga de Emmett y pedirle que me ayudara a recordar especialmente ese momento.

Pasaron los días desde que había conocido a Emmett y él se había ido, dejando una gran marca con la que amanecía todos los días -pensando en él-. Los Cullen me habían adoptado como si fuera una más en su familia y nunca estaba sola; la mayor parte del tiempo lo pasaba con Bella o con Jasper quienes eran los que más me entendían y me trataban de ayudar a manipular mis dones, los cuales, en ciertas ocasiones se me salían de control y ellos tenían que usar los propios para defenderse o ayudar a calmarme.

*Flashback

¿Vamos primero con el fuego? — Preguntó Jasper tal vez sintiendo que esa mañana no quería recuerdos oscuros que me hicieran llorar.

Entonces asentí con una sonrisa. Era mi primer entrenamiento. Bella llegaba caminando al jardín, acompañada por Alice y tomada de la mano con Edward, mientras Carlisle y Esme nos miraban discretamente por la ventana de la cocina.

Bien. Dado que no recuerdas mucho de tu pasado para incentivarte, te ayudaré y después lo harás tú sola — Sonrió.

Yo no entendí a qué se refería sino hasta que sentí un poco de molestia que invadía mi cuerpo y luego se transformaba en ira. Iba a explotar, quería gritarle a alguien y hacerlo pedazos -literalmente-. Luego entendí que el rubio vampiro me estaba dando descargas de furia muy fuertes para mi gusto y lo miré tratando de contener mis ansias por asesinarlo.

Me concentré en Bella, quien movió su mano ligeramente, separando el dedo índice de los demás dedos y entonces un tronco -no muy grande- estuvo cerca de mí. Me asusté, pensé que ese tronco me caería encima. Como acto mecánico, mis piernas tomaron mente propia moviéndome a un lado y me quedé mirándola con confusión. Jasper lo sintió y creo que todos se fijaron en mi cambio de humor.

Bella controla el don de la telequinesis junto con los escudos — Expuso Edward contestando mi pregunta no formulada.

Tienes que estar concentrada. No te daré toda la carga de furia, solo la necesaria para que aprendas poco a poco ¿Lista? — Asentí mirando a Jasper y seguido, Bella hizo que el tronco quedara a un paso de mí — Comienza — Dijo el rubio.

*Fin del Flashback

Ese entrenamiento estuvo largo y pesado, o al menos lo fue para mí. Con el tiempo, no era problema incendiar unos cuantos troncos al tocarlos, no importaba que tan grandes fueran. Jasper dejaba de mandarme olas de ira gradualmente para ayudarme al principio y, después ya lo podía controlar yo sola, pero solo con mis manos.

El siguiente paso, era que los troncos se hicieran cenizas al soplarlos o verlos, eso sí me invadió de coraje porque me salían a medias. Me daba mucha furia que las cosas no terminaran como yo quería. La primera vez que intenté hacerlo, Jasper me dio una carga mediana de rabia para saber cómo resultaba… Resultó mal por no decir pésimo -a mis ojos-. Bella tuvo que usar su escudo físico y extenderlo a todos los que estábamos allí para no hacernos daño y luego usar su telequinesis para destapar todos los ductos de agua y así aplacar el fuego. Yo me asusté y algunos troncos incendiados que yo estaba viendo se empezaron a congelar. La impotencia y la tristeza me invadieron… Por poco, provoco un incendio forestal si ella no estuviera allí, si los poderes de Bella no nos hubieran sacado de todo eso.

Después de aquel suceso, me olvidé un poco del tema de mi control sobre el fuego, ya que no me quería ni imaginar cuando pudiera quemar algo o a alguien con solo verlo.

Pasé a practicar mi control con el hielo. Alec y Heidi estuvieron conmigo cuando Carlisle no lo hacía y Jasper me ayudaba desde lejos pensando que yo no sabía que lo estaba haciendo; a él no le gustaba poner mal -emocionalmente- a alguien. Volviendo a tema, con el hielo era más fácil y como ya estaba acostumbrada a quemar algo con tocarlo, se me hizo más factible congelarlo sin necesidad de recordar algo triste. Carlisle me ayudó a congelar objetos con la mirada y con el tacto, pero eso no me salía muy bien y tenía que seguir intentando. Esa práctica se convirtió en uno de los hobbies que hacía en la noche y lo dominé rápidamente.

Al mismo tiempo que Alec y Esme me ayudaron a hacer que nevara, cosa que yo no creí que fuera capaz de hacer. Me divertí mucho durante algunos días con la nieve y también me ayudaba a calmarme para que los recuerdos volvieran fácilmente a mí -aunque fueran manchas borrosas-, me estaba dando la impresión de que mi vida como humana no había sido tan inofensiva y pura como yo pensaba.

La mayor parte de mi tiempo me la pasaba en el jardín practicando, por lo que los Cullen decidieron construirme una habitación improvisada para que tuviera la oportunidad de bañarme o simplemente estar dentro sin sentirme asediada. Una neblina estaba próxima, no sabía cómo, pero la sentía y salí de aquella habitación. Miré al cielo como si fuera posible poner una capa de nieve sobre él para evitar que lloviera a cántaros sobre nosotros… Mis piernas temblaron y sentí el césped debajo de mi cuerpo.

— En todos mis años de existencia, nunca había visto a un vampiro desmayarse y menos por tanto tiempo — Alcancé a oír la voz de Carlisle, pero veía todo borroso y no estaba segura de poder confiar en mis sentidos.

— ¿Estás bien? — Alice se acercó a preguntarme y solo pude asentir.

Había imágenes borrosas en mi cabeza y fruncí el ceño porque no podía recordar o siquiera reconocer alguna de ellas. Segundos después, todos mis sentidos desarrollados de vampira, volvieron de golpe como si no hubiera pasado nada. Pero tampoco reconocía muy bien en donde estaba, hasta que reconocí una imagen enmarcada en la pared: Estaba acostada en la camilla del despacho tipo consultorio médico de Carlisle, con ocho pares de ojos mirándome atentamente. Traté de levantarme, Heidi y Alice se pusieron a cada lado de mi cuerpo para ayudarme.

— Quería salir de compras y te iba a preguntar si querías venir conmigo. Luego, te vi echada en el césped como si estuvieras sin vida, pero no sabía nada, entonces llamé a papá y todos estamos aquí hace como diez minutos — Decía Alice rápida y detalladamente moviendo sus manos.

— ¿Qué pasó? — Preguntó Carlisle mientras hacia un examen de rayos equis en mi cabeza y mi cuerpo para descartar algo malo. Abrí los ojos sorprendida al ver que cuando los fijos ojos de Carlisle se posaban en mi cuerpo se podía ver mis huesos y cada uno de mis músculos.

— Tranquila, querida. Carlisle estudió medicina cuando era humano y al transformarse en vampiro adquirió todos los dones de tipo curativo y de la salud, al igual que su gemelo ¿Recuerdas? — Se acercó Esme a explicarme y Carlisle siguió revisándome.

Sentí una punzada en mi cabeza y recordé cómo me dirigía hasta un edificio alto, yo gritaba a muchas personas, caminaba con paso fuerte a una oficina, me sentaba en una silla enorme detrás de un escritorio, tomaba mi café favorito para empezar el día y luego salía de allí para ir a un instituto e inscribirme en alguna clase que necesitaba. Intenté con todas mis fuerzas, pero mi mente se negó a dejarme ver más de mis recuerdos. Volví la vista a Carlisle que esperaba mi respuesta.

— Salí de mi habitación y vi el cielo nublado, mis rodillas temblaron, me caí y vi todo negro… Hasta ahora — Comenté lo que había hecho antes de desmayarme.

— ¿Cómo es posible que un vampiro se desvanezca de la nada? ¿Experimentaste alguna emoción mala o algo por el estilo? — Me preguntó Jasper.

Negué con la cabeza y le mostré, con sentimientos, las imágenes difusas que rondaban mi cabeza. Él frunció el ceño y miró a Carlisle. Todos se miraron entre sí y entonces noté que Edward no estaba presente… Después de todo, no eran ocho seres los que estaban allí, sino solo siete y Bella había tomado su celular seguramente para llamar a Edward.

— No contesta — Susurró frunciendo el ceño.

— Debe estar haciendo alguna estupidez con Emmett y por eso apagaron los celulares — Apuntó Alec.

Sentí cómo se fruncía mi entrecejo — ¿A qué hora Edward se había encontrado con Emmett? — Por lo poco que lo conocía, él nunca dejaba a Bella y si lo hacía se mantenía en contacto con ella. Eso era muy extraño. Quizá le había surgido un problema a Emmett y por eso requirió la ayuda de su cuñado… — ¿Pero tanto como para que Edward no le conteste a Bella? — Seguía habiendo algo en el vampiro musculoso por el cual yo estaba botando la baba, que me mantenía inquieta. De todas formas, él se comportaba extraño en cuento me veía y yo lo había notado en el escaso tiempo que pasamos.

Saliendo de mis pensamientos, vi cómo Carlisle tomó el celular de su bata y salió de la habitación, dejándome al cuidado de todos los vampiros que habían sido tan protectores conmigo. Sentí ganas de llorar — ¿Cómo podía ser tan débil? — Mi cuerpo no se podía dar el lujo de ser frágil porque justo ahora estaba pasando por una situación seria, tenía que aprender a cuidarme sola. Sin darme cuenta, mis manos se habían adherido a las barandillas de la camilla y estaban completamente congeladas. Bella y Jasper básicamente eran mis entrenadores, mientras Bella activaba su escudo para mermar mis dones, Jasper me miraba con serenidad enviando olas de tranquilidad y paz por todos lados.

Al momento que Carlisle volvió a entrar en la habitación le dijo a Esme que Edward estaba junto con Emmett en Texas, y que llamarían tan pronto como terminaran de hacer unos recados que Emmett había olvidado allí para que Esme los teletransportara a casa y por consiguiente, me ayudaran con mis recuerdos.

Me tensé, al escuchar a Carlisle decir "Emmett volverá", me puse nerviosa. Una sonrisa boba se abrió paso en mi rostro, ya me sentía como una adolescente enamorada cuando sentí que mis mejillas casi se sonrojaron de solo imaginarme su rostro -algo imposible-. Pronto, el calor se expandió por todo mi cuerpo hasta mis manos. Las puse frente a mí y estaban rojas, temblé un poco y me dio miedo, eso hizo que se calentaran más y entonces hice un gesto para alejarlas de mí, con lo que no conté fue que de algún modo, se formaron dos bolas de fuego que se dispararon hacia donde estaban Alice y Alec alternadamente. Como ya era usual, Bella protegió a Alice junto con Alec. Todos se quedaron mirándome con duda, excepto Jasper quién me miraba con una sonrisa y una ceja arqueada. — Ok, se dio cuenta de que me gusta Emmett. Como si ya no fuera obvio para él — pensé y me hundí en mis hombros totalmente avergonzada.

— Creo que ya estoy bien… Fue una recaída ¿No lo creen?

Todos se miraron entre ellos y asintieron a dudosos y pensativos, excepto Carlisle quien se negó rotundamente a dejar que me fuera a practicar con mis poderes. Él insistió en que lo dejara hacerme un chequeo para tener al menos un indicio de lo que me pasaba y ayudarme: Tanto el desmayo como mi repentino ataque de fuego. Me senté mejor en la camilla, dejando mis piernas libres para que se balancearan en el aire. Tomé un poco de aire.

Todos iban saliendo de la habitación, Carlisle se fue al área donde tenía todos sus instrumentos médicos para revisarme mejor y algunas investigaciones recopiladas sobre los neófitos. Jasper aprovechó eso para acercarse a mí con una sonrisa.

— Ambos sabemos que ese último ataque no tiene nada de extraño — Sonrió y me dio un guiño en confianza.

Me quedé con Carlisle, el patriarca de la familia Cullen, soportando todas las pruebas y exámenes mientras charlábamos sobre temas triviales o sobre la posibilidad de que yo recordara todo con la ayuda de Emmett.

Pasaron algunas horas, luego días, ya casi se cumplían catorce días en los que yo me desmayaba sin ninguna causa aparente. Tenía un pequeño vistazo sin importancia de mi pasado, y me despertaba en el consultorio de Carlisle, con él mirándome atento. Al principio se sintió bien tener a alguien que se preocupara tanto por mí, después estaba harta de sus análisis que no daban ningún resultado. A pesar de no estar cansada físicamente, algunas veces sentía mi cerebro como si fuera a estallar, necesitaba tomar un respiro de todo lo que estaba viviendo. Carlisle lo notaba eventualmente y por más curiosidad que sintiera por saber la razón -o razones- de mi desmayo, se aguantaba y me permitía irme.

Yo estaba sentada en el sofá viendo algo de televisión, Alice y Bella empezaron a gritar por toda la casa, luego llegó Jasper y más tarde Heidi con Alec quien llevaba a Esme tomada de la mano, casi halándola para que estuviera con ellos. Todos tenían maletas pequeñas maletas en las manos. Bella le lanzó una a Edward, quien la atrapó sin ningún problema y empezó a meter el dinero que tenía en la otra mano.

— ¡FESTIVAL DE "TODO LO QUE PUEDAS COMER"!

— ¡LLEGARON LAS FIESTAS!

— ¡TENEMOS QUE PARTIR YA!

La familia saltaba alegre por todo lado. Había ropa, maletas y dinero por donde se le viera. Me levanté del sofá y miré a Bella, luego a Jasper y finalmente a Esme.

— Querida — Se acercó Esme — Estamos en la fecha en la que la familia viaja por todo el mundo y hacemos juegos de caza. Nos vamos de aquí para allá jugando todo tipo de juegos. Será tu primer año.

Y con esa explicación, Alice me llevó corriendo a mi casita y empezó a alistar una maleta para mí. Estuve feliz porque me hicieran parte de su grupo, pero me desmotivó que Emmett estuviera tan alejado y pesimista ante la situación. Según Bella, era extraño que Emmett se perdiera de la actividad. No dijo nada más, pero se le notaba preocupada.

Un día, en cuanto salí a la sala, me encontré con una escena bastante extraña. En todo el tiempo que había convivido con la familia Cullen, nunca los había visto discutir tan fuertemente, mucho menos entre parejas. Tampoco es que llevara mucho tiempo con ellos, pero frente a mí tenía a la pareja que parecía más pacífica y también era la más joven lanzando alaridos uno contra otro.

Heidi y Alec se gritaban, iba yo a saber por qué… Después de todo, estaba tensa por todos los eventos que me estaban ocurriendo y me asusté al verlos. En seguida inhalé aire por mi boca y lo solté para luego congelar las piernas y medio torso de Alec quien se estaba acercando a su esposa. Apreté mis ojos aún más asustada para no provocar más daños y como estúpida los volví a abrir para saber si Heidi estaba bien. No hace falta decir que congelé la parte izquierda de todo su cuerpo con solo mirarla.

— Oh, mi Dios — Puse las manos cubriendo mi boca — Lo siento, lo siento, lo siento — Repetí mirándolos a ambos y pestañeando rápidamente para que el hielo no volviera a hacer acto de presencia. Mientras tanto, Alec estaba tratando de caminar como si estuviera bloqueado por cemento seco y Heidi confundida también intentando mover sus extremidades.

— Yo… Yo… — Sentía la necesidad humana de llorar y el frío empezó a recorrer mi cuerpo lentamente, eso no era buena señal.

Puse ambas manos en mis ojos, intentando escaparme del caos que yo misma había provocado. — No pienses en nada, Rosalie — Me repetí mentalmente tantas veces como pude. Mis pies cobraron vida propia y di un par de pequeños pasos hacia atrás hasta toparme con un musculoso pecho. Descubrí mis ojos y pude ver una pequeña mueca de sonrisa relajada por parte de Emmett. Me incitó a que mirara a sus hermanos medio congelados.

— ¡Vaya forma en la que entrenas, Rosalie! — Sonó algo divertido.

Lo sentí más relajado que cuando lo conocí, eso me puso menos tensa, por lo menos ya no tenía las piernas temblando. De todas formas quería salir de ese lugar para no hacerle daño a nadie más y seguramente lo notó. Puso una de sus manos en mi hombro y la corriente eléctrica recorrió mi cuerpo, acompañada de una fina capa de calor. Me empecé a acalorar como una adolescente por saber que el chico que le gusta la estaba tocando — ¿Qué tan inmaduro sonaba eso? — No lo sabía, pero estaba pasando y si no lo detenía, me descontrolaría con mi "don" sobre el fuego.

— Respira — De nuevo escuché la voz fuerte y acompasada de Emmett — Sabes muy bien lo que tienes que hacer, usa tu mirada y concéntrate para que el calor emane de tu cuerpo de manera tibia y así no quemes a Heidi o a Alec.

Alcé mi mirada nerviosa, él asintió y me sonrió. En ningún momento quitó su mano de mi hombro y eso me ayudaba a mantenerme tranquila. Empecé con Heidi, enfoqué mi mirada desde sus extremidades inferiores hasta su rostro y puse en práctica todo lo que Jasper y Bella me habían enseñado hasta ahora. Poco a poco, el hielo se fue derritiendo ante mis ojos, convirtiéndose en agua y en menos tiempo del que pensé Heidi ya estaba moviendo su brazo izquierdo pasándolo por su cabello y su pierna.

— Buen trabajo — Apremió Emmett — Ahora vamos por uno más fácil.

Ambos miramos a Alec quien nos miraba incrédulo, un poco más furioso por la burla de Emmett pero aun así, solo se veía la esperanza de que lo descongelara. Yo quise arriesgarme un poco y en vez de mirarlo para descongelar el hielo -como lo hice con Heidi-, soplé en dirección a sus piernas, las cuales se descongelaron y adquirieron movilidad de inmediato, haciendo que él cayera mojado y dando de lleno sobre el sofá, sin mencionar el gran charco de agua que se formó bajo su cuerpo.

— Quizás fue un soplido muy fuerte, lo siento Alec — Dije entrecerrando los ojos con vergüenza — Lo siento mucho con ambos. Estaba algo estresada por… Todos los recuerdos que salían y los exámenes con Carlisle; luego salí y los vi discutir… Me salí de control — Expliqué disculpándome.

— No fue nada — Respondieron ambos.

Emmett soltó una risotada cuando Alec se levantó del sofá. Yo fruncí el ceño y lo miré.

— Yo pensé que había dejado de mojar tus pantalones hace décadas — Se carcajeó Emmett.

Alec se miró incrédulo el pantalón y Heidi le sonrió en un claro mensaje de que ambos se irían a tomar una ducha y luego cambiarse de ropa. Tomé otro poco de aire pensando que si no hubiera sido por Emmett, no sabría qué sería de toda esta situación. Ahora que lo notaba, en la habitación solo nos encontrábamos nosotros cuatro — ¿Qué hubiera pasado si Emmett no hubiera llegado? ¿Todo esto estaba planeado para entrenar mis dones? — Emmett… Emmett… Su nombre no salía de mi cabeza y una gran sonrisa se abrió paso en mi rostro. Por fin había llegado y no tenía idea alguna de lo que iba a decirle, necesitaba respirar.

Hubo cierta tensión entre él y yo durante la semana que pasó mientras pasaba las festividades de la familia. Bella me comentó que era algo extraño que él no hubiera querido ir, porque era su evento favorito en el año. Yo no sabía si eran ideas mías o de verdad sucedía que él me evitaba y hacía comentarios extraños cuando estaba cerca de mí.

Todos, excepto Edward, lo miraban como preguntándole la razón de que se comportara tan frío conmigo especialmente. Ya lo había visto con otros, inclusive el par de días en los cuales vinieron unos amigos de Jasper que no eran del todo cercanos a Emmett. Él los trató con respeto, condescendencia y tal vez algunas bromas de por medio. Cuando se trataba de mí, hacía muecas de cansancio, aburrimiento o de repente le surgían compromisos importantes… Todo como el primer día en el que lo conocí. Por eso me alegraba haberlo tenido en ese momento, con una actitud completamente diferente: Comprensiva y alegre.

Noté que su actitud estaba cambiando gradualmente después de regresar a casa. En Brasil, la tal Kachiri se pasaba todo el tiempo pegada a él y no se desprendía a menos que fuera estrictamente necesario, o que Emmett la alejara… pero eso no servía de mucho porque en menos de un segundo, ella estaba a su lado. Me enojaba eso.

Ya tenía que dejar de mentirme a mí misma: Emmett me gustaba y me ponía celosa cuando la tal "Kachiri" le ponía una mano encima. Tal vez exageré cuando "accidentalmente" ella tropezó con un bloque de hielo que yo pude haber dejado, o las veces que le caían ramas de los arboles porque yo pude provocar que se quemaran las bases. Como sea, ella se lo estaba buscando por quererse comer a Emmett — ¡ÉL ERA SOLO MÍO! Demonios ¿De dónde había salido eso? — No recordaba ser una mujer tan posesiva y menos con alguien que no me daba ni la hora… Pero de todos modos, no recordaba nada de mi vida humana, entonces no podían culparme. Seguiría actuando tímida con Emmett hasta que tuviera el valor de acercarme y mientras tanto alejaría a todas las otras perras pretenciosas que lo querían.

Salí de mis pensamientos. Obviamente alguien como él, nunca estaría con alguien como yo y ya me lo había demostrado en varias ocasiones; así que era mejor no hacerme ilusiones — Tal vez sí ¿Por qué no? — Yo era hermosa e inteligente, mis dones me hacían interesante, atractiva y por si fuera poco, realmente quería iniciar una especie de relación con Emmett.

— Gracias por la ayuda, Emmett. Iré a tomar un poco de aire — Di media vuelta y después lo escuché caminar junto a mí.

— ¿Qué tal si te acompaño? Quizá podrías hacer un nuevo amigo — Dijo sonriéndome.

Le devolví la sonrisa y caminamos uno al lado del otro hasta el jardín de Esme. Parpadeé una vez, por un milisegundo, mis manos se tensaron un poco al recordar la última frase que él había dicho "Quizá podrías hacer un nuevo amigo" ¿Amigo? ¿Por qué eso me sonaba tan curioso viniendo de él? — Tal vez era porque: primero, había dejado su frialdad conmigo y segundo, él me atraía. Algo debía significar que él quisiera ser mi amigo.

De la nada, un flash vino a mi cabeza.

*Flashback

Un hombre alto y musculoso en frente de mí, sonrisa juguetona y de ojos divinamente dorados — Perfecto — pensé inconscientemente. Me mantuve en mi postura fría, incluso los hombres más hermosos podían ser los más despiadados, no todo lo que brilla es oro y no me podía dar el lujo de confiar en nadie, ni en mi propia sombra.

Una voz llegó segundos después de la imagen: — Okeeeey, fue una pregunta estúpida. Te tengo una mejor — Sonrió entusiasmado y yo solo pude rodar los ojos mientras luchaba por mantener mi postura seria, ese hombre me estaba haciendo flaquear con sus adorables hoyuelos a cada lado de sus mejillas y su forma de ser tan tierna — ¿Quieres ir a tomar un chocolate por aquí cerca? Tal vez quieras hacer un amigo nuevo —.

*Fin del Flashback

Hasta ahí llegó mi recuerdo. Me sentí muy frustrada porque, aunque recordaba la conversación, no recordaba ni el rostro ni mucho menos el nombre del sujeto. Ese rostro, esas facciones las conocía pero no sabía de dónde.

— Estás triste — Afirmó sin lugar a dudas, viendo el rastro de hielo que yo había dejado con mis pies sobre el césped del bosque.

— No es nada, Emmett. Estoy algo frustrada porque no recuerdo lo más importante de mi pasado. No sé si tengo familia o estoy sola… Tal vez eso es lo que más me deprime, ya sabes, a veces — Puse mis manos juntas acunándolas en mi pecho.

— Si es porque estás sola, no es algo de lo que debas preocuparte… Ya tienes a toda una familia que te quiere y está pendiente de ti — Señaló a la casa de la familia Cullen — Y por el pasado tampoco debes preocuparte, mañana te ayudaré con ese asunto. Por lo pronto, creo que es mejor descansar.

Ambos giramos la vista hacia el cielo. Ya había oscurecido y se podían ver diminutas estrellas acompañando a la gran luna llena. Miré a Emmett con anhelo y algo nos impulsó a tomarnos de las manos para volver así a la casa.