Capítulo 6: Segunda Opción

POV Rosalie

Seguimos charlando de todo y de nada en un ambiente armonioso. Emmett tendía a ser algo posesivo con Bella como su hermana menor -por lo que me di cuenta-, pero no fue eso lo que más me gustó de él, fue su espíritu de niño inocente: Sus chistes y aunque algunos no me dieran risa, él lograba que yo me riera con tan solo escuchar su risa. Quería estrecharlo entre mis brazos como a un bebé, a pesar de que él era me llevaba unos centímetros de altura y ni hablar de sus musculosos brazos.

Llegamos a la puerta de la casita de reposo que yo tenía por habitación a unos metros de la mansión Cullen. Como si hubiera sido el término de una cita, Emmett me dejó en la puerta. Al momento que sentí sus labios en el dorso de mi mano, me sentí como la quinceañera que no recordaba haber sido — Algo impresionantemente maravilloso —. El calor empezó a embargar mi cuerpo, pero esta vez no era nada malo: Sentí más confianza y control de lo que había sentido nunca. Quería saber sobre mi pasado en ese instante. Él me sonrió y puso los ojos en los míos como si leyera mi mente.

— La curiosidad mató al gato. Solo quedan algunas horas para el amanecer, entonces empezaremos a averiguar sobre tu pasado — Me dio un ligero apretón en la mano antes de apartarla.

— Gracias por todo… No sé por qué creo que mi pasado es algo turbio — Me sinceré.

Escuché cómo tragó saliva. Al parecer estaba nervioso — Eso solo lo descubriremos cuando vayamos al pasado… Si es que todavía quieres saberlo — Terminó con una pequeña sonrisa entre burlona y tímida, con algo oculto que no podía descifrar en sus ojos. Antes de que yo pudiera decir algo más, él se me adelantó para despedirse y desapareció corriendo hasta la mansión.

Entré a la habitación y me recosté en el sofá alargado de color lila que hacía de "cama". Suspiré y sonreí como tonta. Del Emmett que había conocido el primer día, ese con mandíbula apretada y rostro serio e inquebrantable, ya no quedaba nada. Ahora era un niño atrapado en el cuerpo de un musculoso y hermoso vampiro que buscaba el bien de las personas a las que amaba y sobre todo, le gustaba jugar y hacer bromas. Era hermoso estar con él.

Casi que conté las horas hasta que amaneciera. Aunque él no me había dicho una hora establecida en la que nos encontraríamos. No pude dormir por mi nueva condición y lo único que se le acercaba era quedarme quieta como estatua, cosa que tampoco funcionó porque mi cuerpo entero vibraba por la anticipación de volver a verlo y de conocer mi vida pasada. Tuve que tomarme un par de respiraciones -no que las necesitara biológicamente- y ducharme una vez para no dejar que mi ninguno de mis dones se descontrolara y todo terminara en caos. Opté por ponerme los audífonos y escuchar música del IPhone que me habían regalado Jasper y Alice, Bella y Edward lo llenaron con una lista de canciones.

Así pasaron horas, algunas más largas que otras, hasta que el día estaba claro y me decidí a ir a la mansión Cullen para por fin encontrarme con Emmett y descubrir parte de mi pasado. No esperaba saber todo sobre mi antigua vida en un solo día. Me duché y escogí un conjunto de los que habían en el closet que Alice se encargó de llenar y con pasos algo temblorosos llegué a la sala.

¡No me lo dijiste, Emmett! ¿Por qué me ocultaste durante años algo como eso? — Escuché el grito de Bella en la tercera planta.

Hubo un silencio de aproximadamente dos o tres segundos, en los que ni siquiera se sentía la presencia de un ser vivo. Alice se me acercó a darme un abrazo como saludo con una media sonrisa, se veía triste pero no pregunté. Luego vino Jasper detrás de ella con una sonrisa de saludo pero no pudo ocultar el gesto cansado y triste que compartía con su esposa. El rubio pasó su brazo detrás de la espalda Alice y posó sus dedos sobre sus caderas hasta acercarla a él. Me envió una mirada para que me calmara y funcionó hasta que otro gritó llegó.

¡Soy tu hermana, maldita sea! Me preocupo por ti. Soy sincera contigo y nunca te he ocultado nada, intenté ayudarte ¿Por qué siempre tienes que hacerte el fuerte? No tienes por qué poner algún tipo de barrera entre nosotros. Somos un equipo. Escúchame bien, ¡NO HAY SECRETOS EN UN EQUIPO!

Lo sé, lo siento. Me equivoqué al no decirte. Era muy difícil para mí aceptar todo esto. Lo que hice. Es que, ya era demasiado con lo que yo sentía, no quería poner el peso de mis acciones sobre tus hombros… Era tarde cuando te lo quise decir y… Hermanita… — Escuché a Emmett suplicar para luego ser interrumpido por Bella.

Eso de "hermanita" nada, Emmett Swan Cullen — Escuché un sollozo — Haz lo que tengas que hacer y rápido o lo haré yo, ya después veremos… Y tú… Edward Masen Cullen, no te quiero ver por un buen tiempo.

Mi vida… — Se escuchó la propuesta cortada de Edward, en un intento por hablarle a Bella, usando una voz estrangulada por la culpa.

No se escuchó nada más, al menos por medio segundo porque en menos de nada, oí como se acercaban Carlisle y Esme atentos a todo — ¿Qué era lo que había pasado? — Ellos se mostraban confundidos, como lo estábamos todos; excepto quizá Jasper: él parecía entender toda la conversación allá arriba, pero no daba signos de querer dar explicaciones y derrochaba tristeza por todo el ambiente. Todos fuimos espectadores de la gran pelea que ocurrió. Aunque no sabíamos la causa.

Bella llegó hasta la sala con todos nosotros; exceptuado la pareja más joven que, según Carlisle, había ido a cazar. Bella se quedó en silencio sentándose en el sillón de un cuerpo, cerca de donde yo estaba, aparentando que nada había sucedido para luego dar una mirada de complicidad a Jasper. Escuché algo como — Teníamos razón — pero no podría estar segura por el aura tan tensa que estaba en el ambiente.

Bella me sonrió y tomó mi mano para que me sentara junto a ella. De nuevo, sentí la amistad que había entre nosotras, todo estaba normal o eso quería creer yo. Edward y Emmett se hicieron presentes dos minutos después. Sus cabezas estaban gachas y los brazos colgando a cada lado de su cuerpo, el acto de caminar era algo más mecánico que otra cosa. Levantaron la cabeza en cuanto Carlisle se aclaró la garganta haciéndonos a todos presentes.

— ¿Qué fue todo eso? — Preguntó Carlisle.

Todos miramos a Bella y a Emmett alternadamente. La primera estaba furiosa mirando a su hermano, quien a su vez parecía que quería ser colgado por haber cometido el peor de los crímenes — ¿Qué podía ser tan malo como para que Bella quisiera matar a su propio hermano? ¿Qué había hecho Emmett que provocó la furia inminente de Bella? — Giré mi cabeza hasta donde estaba Emmett encogido de hombros, con mirada de cachorrito.

Nunca, en todo el tiempo que llevaba conviviendo con los Cullen, Bella se había comportado de esa manera ni con Emmett ni con Edward. Es más, aprovechaba cada momento que tenía para demostrarles cuanto los amaba. Tal vez, ella estaba siendo algo dura con su hermano y por eso él se sentía miserable. Nada podía ser tan cruel como para que Bella quisiera despellejarlo contando el afecto que ella le tenía, siempre estaba dispuesta a dar la vida por él y viceversa — De seguro es un malentendido momentáneo, pronto se le pasará la furia — Me dije a mí misma. Bella no podía seguir siendo hostil con su hermano por toda la eternidad.

Mucho menos con su marido… Edward trató de acercarse a Bella en ese momento, pero ella se puso en pie y se dirigió para donde estaba Esme -al otro lado de la sala-.

— ¿Por qué no le explicas, Emmett? — Preguntó Bella sin verlo, usando un tono sarcástico y afilado en su voz.

El aludido aclaró la garganta y tragó saliva. Por alguna razón sentí su mirada arrepentida sobre mí por unos cuantos segundos, y luego la giró por todos los que estábamos reunidos. Respiró profundamente.

— Una dramática pelea entre hermanos. Carlisle, ya sabes que las chicas suelen ser muy temperamentales.

Emmett sonrió a manera de broma, cosa que casi nos contagió a todos o algo así… Digo, todos estábamos enterados de que la discusión que habían tenido allá arriba no era por cualquier cosa. Bella era alguien calmada, se necesitaba de una situación que la pusiera al máximo para que ella actuara de la forma en la que lo estaba haciendo. El chiste que pretendía hacer el hermano mayor no salió bien ni para él, pues nadie se lo creyó, incluyéndome y eso ya era decir mucho porque yo era la recién llegada y adoraba cada aspecto de Emmett.

Bella lo miró con más furia que antes y luego sonrió jugando distraídamente con un mechón de su cabello. Miró a su hermano con una sonrisa maliciosa y dio un paso al frente, caminó lentamente hasta llegar a él. Miré los ojos sorprendidos de los cuatro hermanos y los dos padres. Los de Emmett distinguían entre los demás porque estaban horrorizados y parecía que su piel había alcanzado un nuevo tono de blanco. Él dio un paso hacia atrás.

— Tengo una gran idea — Bella sonrió sin quitar su mirada — Yo no tengo nada que hacer hoy y por lo que me dijo Emmett hace unas horas, él viajaría en el tiempo con Rosalie para ayudarla a recordar su pasado — Me miró — ¿Dejarías que los acompañe? — Luego hizo un puchero y miró a Emmett batiendo sus largas pestañas tan rápido como las alas de un colibrí.

Emmett asintió con la cabeza como niño regañado. Tragó saliva quedándose rígido en su posición. Luego apareció Jasper quitando la tensión del ambiente y separándonos para que cada uno de nosotros fuéramos a hacer nuestras actividades. Emmett y Bella se acercaron a mí, sonriéndome de la misma manera "cariñosa", no obstante no había ningún contacto visual entre ellos. De la nada, la sala quedó vacía de no ser por Emmett, Bella y Edward quién seguía tratando de acercarse a su esposa, pero ésta solo lo evadía e ignoraba en cada oportunidad.

— Bella ¿Puedo hablar contigo? Te aseguro que solo será un… — Preguntó Emmett algo tímido acercándose a ella.

— No hay nada de qué hablar — Cortó ella rápidamente y me miró con dulzura — ¿Empezamos por tu niñez? ¿Tienes algún recuerdo de ella? — Escuché el suspiro derrotado de Emmett para luego sentir su mirada sobre mí.

Me olvidé del comentario anterior de Emmett para concentrarme en la pregunta de Bella. Quería quitar la tensión que nos envolvía, pero eso iba a ser imposible si seguíamos teniendo a Bella furiosa con su hermano y su esposo. En ese momento quería tener el don de Edward y poder leer sus mentes, para así poder entender lo que sucedía y ayudar de alguna manera. De todas formas, no me podía entrometer donde no me habían llamado, me quedé muda de un momento a otro. Sin saber qué responder.

No te preocupes. No has hecho nada malo y todo se resolverá eventualmente. Solo responde la pregunta de Bella. Así las cosas se calmarán un poco — Escuché que Edward decía en mi mente. Lo miré apenada, con el ceño fruncido. Él solo hizo una mueca, alentándome a hablar.

Asentí a la pregunta de Bella — No sé cómo describir el lugar. No creo haber nacido en este Estado pero sí en este país — Miré a Edward.

— Puedes mostrarme. Tal vez estuvimos en ese lugar o Emmett lo visitó en alguna ocasión — Ofreció Edward.

Inmediatamente, llevé mi mente al sitio en específico y la escena que había vivido allí, permitiendo que Edward pudiera verlo:

*Flashback

Recordé una casa grande. Era bonita pero casi siempre estaba a oscuras. Mi habitación era de tonos rosas y amarillos. Tenía un enorme armario en madera pintado de blanco donde mi mamá ponía todos los hermosos vestidos que me compraba casi a diario. Lo mejor de todo era el enorme ventanal junto a mi estante de muñecas: Yo no salía mucho a la calle porque mi mamá pasaba la mayor parte de su tiempo en su trabajo y prácticamente quedaba sin ninguna compañía todo el día. Muchas veces me pregunté si ella me quería de verdad. Siempre era deprimente jugar sola con los ostentosos juguetes que me regalaba mi mamá.

Una mañana de marzo, me levanté de mi cama y abrí las cortinas, tenía una hermosa vista. El clima solía ser lluvioso la mayor parte del tiempo y hacía mucho frío, pero ese día era diferente. Había ligeros rayos de sol adornando los enormes edificios frente a mí. También había árboles alrededor y pequeños pajaritos en sus ramas. Sonreí más aún cuando vi mi atracción especial favorita: un enorme lago iluminado por los colores del arcoíris y atravesado por un hermoso puente. Era un día frío pero iluminado, perfecto para usar un vestido naranja.

*Fin del Flashback

Pestañeé fuerte varias veces y volví a mi realidad. Hasta ahora, no tenía idea de que ese recuerdo hubiera estado en mi mente. Debió haber sido cuando tenía cuatro o máximo cinco años y -en lo que a mí concierne- no debería tener el poder de recordar cuando era tan joven; tenía que ser otra de mis especialidades como vampira. Sonreí en mis adentros, cosa que duró menos de un segundo porque mis sospechas de que mi vida como humana había sido infeliz, se estaban haciendo realidad. — ¿La típica historia de la niña que lo tiene todo menos el amor de sus padres? — Tal vez podría ser mi triste caso.

Entonces entró en mí una duda: Ya había recordado a mi madre en aquella memoria, o por lo menos la había mencionado y sabía que debía haber una, pero no había nada de mi padre… Siendo tan joven no tenía ni un recuerdo de mi padre. Me olvidé de que estaba rodeada por tres vampiros más y me concentré solo en mí. Me perdí en el hilo de mis pensamientos porque, por ese entonces, concentrarme en resolver esa duda era lo que más me pesaba — ¿Quién era mi papá? — Tenía que descubrirlo, pero eso sería una tarea para más tarde. Así fue como logré dejar mi estado de shock predispuesto.

Vi a todos sentados en el sofá de manera tranquila. Por lo menos Bella ya no tenía una mirada asesina con los muchachos, Emmett parecía más relajado y Edward… Él estaba con el ceño fruncido mirándome. De inmediato entendí que era porque estaba viendo mis pensamientos y mis recuerdos, quizás él estuviera tratando de analizar las características del lugar. Solo le tomó un par de segundos porque estuvo de pie al instante y las facciones de su rostro se habían relajado un poco.

— ¿Entonces? ¿Reconociste algún lugar, Rosalie? — Preguntó Emmett mirándome y acercándose a su hermana, quién se alejó de él discretamente.

Cerré los ojos por un segundo y solté un ligero suspiro — Solo una casa grande y oscura… Ah y un bello paisaje ¿Les puedes mostrar, Edward?

Giré mi vista hacia donde estaba Edward, un poco más cerca de mí y alejado de su esposa y cuñado. Luego pasó a hacerles ver el lugar, aunque parecía que él no tenía dudas del nombre del territorio que yo había recordado, porque tenía una mueca indescriptible que mostraba algo de claridad y estaba en silencio como esperando para que los demás reconocieran el sitio.

Al ver que Emmett no dijo nada durante un par de minutos, Edward aclaró su garganta — Es una casa ubicada en los suburbios de Rochester, Nueva York. No tengo ninguna duda — Lo miré confundida queriendo una explicación. Me refiero a que, se me hacía raro que supiera exactamente el lugar de la casa en la que viví alguna vez. Aclaré mi garganta y habló por segunda vez. Por mi mente pasó el pensamiento de que quizá él me hubiera conocido en alguna ocasión y por eso estaba tan familiarizado con mi lugar de origen.

— El año pasado Bella y yo pasamos nuestro aniversario de bodas allí y pudimos ver ese mismo paisaje ¿Verdad? Tal vez desde un ángulo diferente, pero es el mismo — Miró a su esposa mostrando una mueca entre nostálgica y sonriente. Ella lo ignoró aunque algo me decía que todo le importaba más de lo que ella quería mostrar.

— ¿Conoces el lugar? — Bella preguntó inmediatamente buscando la mirada de Emmett.

— Sí, hace tiempo no voy, pero creo que sabré encontrarlo ¿Viajaremos trece años en el pasado?

Asentí. Él sabía perfectamente la edad que yo podría tener para llevarnos directamente al momento de mi infancia. Quizá uno importante que me haya marcado tanto como para ser digno de recordarlo. O tal vez, podríamos encontrar un día común y corriente en mi pasado. No importaba si Emmett no calculaba la llegada a un punto trascendental, de igual forma sabría cómo había sido un día de mi infancia y con eso bastaba.

Emmett se acercó a mí y tomó mi mano, me puse nerviosa y temblé ligeramente, me olvidé del momento en el que me había comentado que las personas que viajaban al pasado con él debían tener algún contacto físico para que el viaje se hiciera factible entre todos. Bella tomó mi otra mano sonriéndome con cariño y Edward, en vista de que Bella estaba demasiado enojada con él, se acercó a Emmett y puso una mano en su hombro.

— ¿Listos? — Preguntó Emmett. En segundos todo se nubló y ya no estábamos en la sala de la mansión Cullen.

*Flashback

Yo veía todo desde lejos, como si no estuviera allí. Mi vestido negro de seda bordada era precioso, era una lástima que lo tuviera que utilizar para una ocasión tan terrible. Yo tenía seis años y mi mamá había muerto por sobredosis, no tenía idea de lo que significaba, pero escuché que algo así decía el informe que habían dado los médicos forenses a mi familia-.

Una lágrima empezó a rodar por mi mejilla y muchas más le siguieron, bañando completamente mi cara. Puse ambas manos en mi rostro, cubriendo mis ojos para que nadie me viera llorando. Trataba de no llorar pero era imposible, hasta ahora era una niña, mi madre había muerto y mi padre me había abandonado antes de mi nacimiento. Entonces quedé en custodia del ser que más odiaba en el mundo: Mi tío Eleazar Hale Denali, el hermano de mi mamá y lo más cercano que yo conocía a un demonio. Restaban pocas horas para que yo me mudara con él y por lo tanto, dejara mi solitario aunque confortable hogar.

¿Rose? ¿Estás por aquí, linda?

Escuché la ronca voz del hombre. Un escalofrío intenso recorrió toda mi columna vertebral y no pude evitar estremecerme. Tomé mis piernas entre mis brazos con más fuerza. Puse mi cara en medio de mis rodillas aguantando la respiración el mayor tiempo posible. Estaba escondida en el armario. Algo malo iba a pasar y las últimas cosas que mi tío hacía no me daban mucha paz. Por eso vivía escondida desde la muerte de mi mamá y salía de mi habitación solo para lo estrictamente necesario.

Un aterrador silencio inundó el ambiente haciéndome temblar, hasta que las puertas de mi armario se abrieron rápidamente y la luz me azotó al instante — ¡AQUÍ ESTÁS! — Dijo con una sonrisa parecida a la del guasón.

La sonrisa que me había estado atormentado por tanto tiempo y la que no me dejaba dormir porque se aparecía en todas partes. No podía escapar porque se hacía presente hasta en mis pesadillas. Pegué un saltico por la impresión y comencé a tiritar más -si es que eso se podía-, sentí que mis ojos se empezaban a humedecer de nuevo, puesto que ya sabía lo que pasaría después.

Por favor, otra vez no… Yo me voy a portar bien y no haré nada malo. No me castigues, tío Eleazar — Supliqué con lágrimas.

Él sonrió con burla — No es un castigo, nenita. — Tomó mi mentón en sus dedos — Yo estoy aburrido. Carmen salió con las trillizas y no me puedo dar el lujo de que me vean por las calles en este momento porque se supone que estoy de luto y aparte, consolándote por la muerte de tu madre. Me quiero divertir un rato contigo ¿Por qué no jugamos? — Se acercó a mí poniendo una mirada más seria sin dejar esa mueca sínica en su rostro — A ti te gustaba jugar con los vestidos de tus muñecas… ¿Te ayudo con tu vestido? — Puso sus manos en mis brazos y me sacó del armario para después hacer conmigo lo que hacía desde que yo tenía conciencia.

El prepotente engreído, Dios todopoderoso "Eleazar Hale Denali" era un mafioso de los más buscados. A mis cinco años de edad, yo solo sabía que él tenía dinero porque hacía cosas malas, pero nunca me imaginé que entre ellas estaba el tráfico de personas, drogas y lo peor de todo, mostrarle ese mundo a mi mamá, quien era lo único "imperfecto" en su familia: Él tenía una buena esposa -Carmen Denali- y tres preciosas trillizas un año menores que yo. Mis facciones físicas eran muy parecidas a las de sus hijas y me dio su aprobación para pertenecer a la familia… — ¿Cuánto hubiera querido yo tener una segunda opción? —…

* Fin del Flashback

Mi mirada se quedó perdida. No estuve consciente del momento en el que habíamos regresado al presente, a la sala de la mansión Cullen. Sentí los delgados brazos de Bella rodeando mi cuerpo y sobre ellos estaban los brazos más fornidos de Edward y Emmett -respectivamente-. Pestañeé varias veces, aunque sabía que no podía llorar, era lo que más deseaba hacer con el fin de sacar toda la frustración y tristeza por los hechos que me habían llevado a quedar sola en el mundo. Supuse que si mi tío estaba vivo, no le importaba mi paradero -yo tampoco quería verlo-; mucho menos a mi padre, quien me había abandonado al saber de mi existencia.

Tragué saliva y me quedé inmóvil en mi puesto. Ya todos habían deshecho el abrazo, no sentía su contacto pero alcancé a escuchar como Bella hablaba suave, Edward y Emmett también me preguntaban cosas, pero no tenía cabeza ni voz para responder. Era algo desgarrador saber que tu único familiar conocido era la persona más perversa de todo el universo y solo vivía para dañarte, hacerte sentir que solo eres un juguete para él.

Sentí la mano de Emmett en mi hombro. Supe de inmediato que era él porque los electrizantes y deliciosos choques jugaron en todo mi cuerpo junto con las mariposas revoloteando en mi estómago. Él me miraba triste, la misma mirada que tenían Bella y Edward. Todos habían visto la desgarradora escena de una pequeña llorando mientras era profanada de la peor manera. Las tres personas a mí alrededor se quedaron en silencio sin saber qué decir, mientras yo intentaba recuperarme de mi estado de aturdimiento.

— Lo siento mucho — Susurró — De haber sabido que tu niñez fue así de turbia… Hubiera… No lo sé… Intentado mostrártela de una manera que no te hiciera tanto daño… O escoger otro día… En el que no hubieras tenido que ver a ese malnacido — Dijo con la cabeza gacha.

— No te preocupes, no lo sabías… Nadie lo sabía — Intenté sonreír, pero fue más bien una mueca de tristeza — De alguna forma lo iba a descubrir. Si no les importa, quisiera estar sola por un momento — Dije alejándome de los presentes.

Estaba rígida. Mi cuerpo era como el de un robot. Caminé lentamente hasta la salida de la mansión Cullen, llegando a la puerta del jardín y finalmente a mi habitación. Me sentía ahogada. Una mezcla extraña y dolorosa se esparcía rápidamente por todo mi cuerpo. Tomé unas cuantas respiraciones, me senté en el sofá lila que Esme había puesto cerca de la ventana para que yo pudiera ver la mansión y así no me sintiera tan sola. Funcionó por unos cuantos segundos en los que intentaba con todas mis fuerzas, poner mi mente en blanco pero no pude más y mi cuerpo tomó todo el control. Pegué un saltico cuando me di cuenta que mis manos estaban en llamas, derritiendo el celular que me había regalado Bella y lo tiré al otro extremo de la habitación antes de que se incendiara por completo.

Tomé aire y salí al bosque, por lo menos allí podría desatar todos mis sentimientos sin sentirme sofocada. No sabía si el hielo predominaba en mí o si era el fuego. Cuando estuve lo suficientemente lejos de la mansión, dejé que saliera el don que tenía más fuerza… Después de todo, no había nadie cerca y por lo tanto no podía herirlo. No me detuve a pensar. No lo reprimí. Simplemente haría lo que tuviera que hacer para sentirme mejor conmigo misma.

Estreché con fuerza en mis manos un enorme árbol e inmediatamente se incendió. Cerré los ojos arrepentida pero escuché una voz en mi cabeza — Eres una niña muy linda, Rose. Cuando crezcas serás de mucha utilidad para el negocio de la familia — Me asusté y corrí adentrándome más al bosque.

Ese hombre me tenía completamente sumida cuando apenas era una niña. Me dio ira. Quería volver al pasado y desmembrarlo con mis propias manos. Quería hacer que sufriera todo lo que yo había sufrido en ese tiempo, mostrarle que yo no era alguien débil y que podía defenderme con mis propios medios; ya fuera dejarlo congelado o quemarlo lenta y dolorosamente.

En menos de nada, ya tenía buena parte del bosque en el que me encontraba vuelto cenizas, algunos árboles estaban en llamas… Dejaron de estarlo, la tristeza entró en mí tan rápido como se había desvanecido la ira. Estaba sola en el mundo. Todo se congeló y a continuación, tenía un paisaje de un blanco invierno ante mis ojos. Dos polos opuestos: A un lado podía ver algunos árboles enormes incendiados en llamas, y al otro se veían árboles congelados junto con algunos copos de nieve cayendo del cielo como si fueran mis lágrimas, por lo menos así lo sentía yo.

Caí reposando mi espalda sobre un árbol que no había salido afectado por mis poderes. Simplemente, dejé que mi mente vagara. Mi mamá había muerto por quién sabe qué motivo y sin recordarla del todo, la extrañaba profundamente. No había ninguna duda en mí de que mi tío había manipulado la situación para que mi mamá se suicidara o para asesinarla, pero no podía probar nada de eso, así que todo quedaba como en el principio… Por más que hiciera sufrir a mi tío en ese entonces, mi infancia ya había sido infeliz y nada podría cambiarlo.

— ¿Quieres patinar sobre hielo? Podemos hacer ángeles de nieve, si tú quieres.

Escuché la voz gruesa de Emmett detrás de mí y me di la vuelta para mirar sus ojos y la pequeña sonrisa que tenía en su rostro.

— Vine a tratar de subirte el ánimo pero no sé muy bien cómo hacerlo y se me ocurrió que… Tal vez… Todo este hielo sirva de algo.

Alzó sus manos y giró su rostro a todo el paisaje que estaba completamente congelado. No había césped, más bien era una capa inmensa de hielo en la que, como dijo él, se podría patinar y más lejos había nieve cubriendo los árboles que no habían sido presas del fuego.

Sonreí tristemente y tomé su mano como apoyo para ponerme en pie. Quería dejar de pensar por solo un momento. Necesitaba una distracción para no terminar en un centro psiquiátrico para vampiros por estar sumamente deprimida, querer suicidarme y al mismo tiempo asesinar a mi tío, sin saber dónde estaba o si quiera si estaba vivo. No importaba. Emmett creía que estaba siendo imprudente, lo que no sabía era que estaba siendo lo opuesto a eso: Estaba siendo tierno al brindarme una segunda oportunidad.