Capítulo 8: Esta soy yo
POV Rosalie
Bien, recapitulemos. Primero: Hace un mes todos se habían ido de la mansión para tomar vacaciones en parejas y, a petición de Bella, yo estaba ocupando su habitación, que casualmente era la más cercana a la de Emmett. Segundo: Había aceptado salir ocasionalmente de la comodidad del bosque y la casa que me acogían como mi hogar, para viajar por caminos cortos junto con Emmett hacia el instituto y así mantener mi autocontrol sobre el olor de la sangre humana. — ¡Ah! Y tercero: — No olvidemos que los desmayos seguían persistiendo, aunque no con la misma intensidad que antes. Todo era más fácil cuando Emmett estaba cerca… Así que, por lo general me desmayaba en las noches o cuando no estaba en su compañía.
En aquellos desmayos podía verme claramente como una mujer adulta, con la edad que tenía… Me parecía bastante extraña mi actitud. Era todo lo opuesto a lo que me había convertido: Yo era odiosa, dura, frívola, déspota con todo el mundo, sin importar que lo conociera o no -No que reconociera a alguien importante-. Trabajaba en una especie de juzgado y todo el mundo me temía, cosa que al parecer yo disfrutaba.
En parte, mi "familia humana" siempre estaba presente. En tres desmayos, pude ver a mis envidiosas primas, hablándome de manera hipócrita. No olvidemos a mi "adorable" tía Carmen -ni siquiera quería recordarla- y a mi tío Eleazar dándome órdenes, recordándome lo hermosas que eran mis primas y lo fachosa que era yo en comparación. Sin necesidad de que Emmett me llevara al pasado, yo sabía que ellas se acercaban a mí solo porque Eleazar quería mantenerme bajo su control.
Por suerte, en mis recuerdos, Eleazar ya no abusaba de mí y eso se podía deber a que mi personalidad se había endurecido hasta que finalmente lo enfrenté y le quedó más difícil tratar de controlarme.
En otros desmayos -la mayoría-, aparecía ese joven de cabello corto, oscuro y rizado que me parecía atractivo, pero ni con él yo me portaba como enamorada: Siempre lo trataba de la peor forma y era odiosa a pesar de todas sus hermosas atenciones para conmigo. Me preguntaba muchas veces la razón de mi comportamiento. Quizá él era alguien malo y solo intentaba comprarme, o simplemente también estaba enamorado de mí y yo lo rechazaba. Sería más fácil descubrir la respuesta, si al menos pudiera recordar su rostro al completo: pero solo podía ver un hoyuelo a cada lado de su resplandeciente risita, cuando me sonreía tiernamente o se ofrecía a hacer algo por mí. Me tenía encantada y quizá -por mi actitud hostil- él no lo sabía porque cada vez se esmeraba más en complacerme.
Estaba sentada en el sofá blanco de Edward y Bella. Me recostaba allí en las noches puesto que sentía que invadiría su privacidad si llegara a acostarme en su cama, además no sabía qué cosas hacían en ella y tampoco me las quería imaginar. Solo quería a Emmett. Para mí. Todo el tiempo que fuera posible. — ¡Heey! ¿Qué es eso? ¿Qué pasa? — La luz se empezó a filtrar por la ventana y eso hizo que la piel expuesta de mi cuerpo empezara a relucir como un diamante. Estaba vestida como si fuera el más caluroso verano. Con unos shorts negros de jean, una blusita de tirantes amarilla y un par de sandalias. Se suponía que no debía vestirme de esa forma porque en Forks estaba soplando un aire completamente helado. Cualquier humano sospecharía si me viera en ese momento. Me quedé maravillada y observé mi piel con detenimiento por unos cuantos segundos.
Luego caí en la cuenta. A penas y me bañé, cogí una muda de ropa presentable lo más rápido que pude y empecé a golpear la puerta de la habitación de Emmett. Tal vez la golpeé muy rápido y ligeramente fuerte, porque pronto se formó un ligero hueco en ella. Fui a retocar mi maquillaje y a verme en el espejo por última vez, mientras Emmett salía, pero no fue así. Tuve que golpear y casi gritar unas cuatro veces más. A continuación, Emmett salió usando tan solo unos bóxer negros y recibiéndome con una mueca cansada y un bostezo — ¿Qué demonios significa eso? — Abrí mis ojos, juraba que casi podían salirse de mis cuencas. Los vampiros no tenemos la necesidad de dormir — ¿O sí? — Tampoco nos cansábamos — ¿Por qué carajo estaba así? —.
Lo apuré tomándolo de un brazo, tratando de ignorar la curiosidad que me daba observar su anatomía masculina e ignorando todos los pensamientos amorosos -y más que todo libidinosos- que tenía hacía él. Lo envié a la ducha junto con una muda de ropa.
Comencé a dar vueltas por la habitación, con los ojos cerrados y masajeando mis sienes — Cálmate Rose — pensaba. Si mi cuerpo volviera a la vida, mi corazón palpitaría a mil segundos por hora y bombearía sangre por doquier. Era solo un hermoso, sexi e increíble vampiro, con cuerpo escultural, lindo trasero, piernas musculosas, abdomen con la forma perfecta para fregar la ropa… — ¿Cuál ropa? — Prefería pasar mi lengua por toda la extensión de su cuerpo y su boca: Esa tierna boca que contenía la sonrisa más impresionante y perfecta que haya visto desde que me había convertido en vampira. Cerré los ojos con más fuerza para concentrarme nuevamente y golpeé el suelo con el tacón de mis Jimmy Choo.
— ¡EMMETT! Es día de escuela ¿Por qué carajo tienes esa cara de dormido? ¿No se supone que no podemos dormir? Santa mierda, ni siquiera nos cansamos físicamente, Emmett.
Me quedé detrás de la puerta del baño por un tiempo. Se suponía que él ya había abierto el agua de la ducha y se estaba bañando -al menos eso alcanzaba a escuchar-. Golpeé el suelo unas cuantas veces con mi tacón. Me desesperé y empecé a caminar en círculos por la habitación. Ya llevaba diez minutos ahí metido y todo estaba en silencio, me temí que algo no estuviera bien, estaba empezando a considerar llamar a Bella o a Carlisle para saber lo que le sucedía y lo que debía hacer.
— ¿Emmett? — Golpeé la puerta ligeramente — ¿Emmett?
Abrió la puerta lentamente — Ya estoy bien, pero no quiero ir a la escuela. Los otros niños se burlan de mí — Hizo un puchero. Solo llevaba una camisa azul oscura sin mangas y sus bóxers. El descarado ni siquiera se había tomado la molestia de ponerse un puto pantalón.
Le di un puño en el hombro — Carajo. Emmett ¿Qué fue todo eso? Me asustaste. Pensé que había pasado algo contigo. Que habías pescado un virus de inmortales o algo así… ¡Tú y tus malditas bromas!
No sabía de dónde había salido ese lado de mí tan enojado y controlador. Me preocupé más de lo que debía por él y se sentía raro que le estuviera gritando a la persona de la que estaba enamorada. Me estaba comportando como alguien que no conocía y de alguna extraña manera, no me había sentido tan normal desde que me había despertado. Como si alguien me dijera — Esta eres tú — Aunque antes ya había actuado de manera grosera y tal vez cruel con Kachiri, pero pensaba que eso era debido a los celos y que nadie más iba a sufrir mis gritos.
En contraste a lo que yo creí que iba a pasar, escuché las carcajadas de Emmett acompañadas por los crujidos de la madera de su cama haciéndose pedazos. Emmett literalmente, se estaba dando vueltas sobre sí mismo rodeando su estómago con sus brazos y haciendo trizas todo lo que estaba a su alcance, mientras yo lo miraba incrédula. — ¿Esa era su reacción normal a tener que ir al instituto? — Si era eso, este vampiro era lo más raro que conocía. Me sentí más pálida de lo normal y me sostuve de la pared, claro que no iba a dejar mi actitud autoritaria.
— ¿Qué putas te pasa? ¡Maldita sea! Vas a llegar tarde — Le lancé a la cara el pantalón y la mochila que me tomé el trabajo de prepararle el día anterior -con las indicaciones en la lista de Bella-.
— ¿Te asusté? Debes preocuparte mucho por mí — Siguió riéndose, si fuera humano podría estar llorando de la risa. Un segundo después se estaba poniendo el jean y buscando sus zapatos.
Claro que me había asustado. Temí por la seguridad y la vida del inmortal que me estaba haciendo perder la cordura. No podía dejar pasar eso tan fácilmente. Pero él tampoco lo debía descubrir. No por el momento. Así que me tensé y si fuera humana, mi rostro se hubiera acalorado. Tuve que controlarme con mis manos, porque se estaban empezando a calentar en señal de que empezaría a disparar bolas de fuego por todos lados. Tomé una respiración rápida y las apreté en puños mirando fijamente a Emmett.
— ¡Claro que me asusté, idiota! Le prometí a tu hermana que te cuidaría y te mantendría fuera de peligro. ¿Cómo la voy a llamar a inicios de su viaje? ¿Qué le voy a decir? "Hola Bella, resulta que tu estúpido hermano estaba medio desnudo cuando lo vi y parecía un puto drogadicto. Luego lo envié a que se bañara y no sé qué le sucedió porque no se escucha nada en el baño y no me atrevo a entrar" ¿Eso estaría bien? — Puse las manos en mi cintura en forma de jarra.
— ¿Soy irresistible desnudo? — Preguntó mostrándome los músculos de su espalda cubierta por la camisa y desviando completamente la pregunta que le había hecho.
Ladeé mi cabeza. De alguna forma, mis ojos se concentraron en su redondo y bien formado trasero. Tragué saliva, consciente de que no debía dejar que él me escuchara y por lo tanto, notara que estaba muerta de los nervios y a punto de una combustión instantánea. Estaba en una encrucijada. Me sentía molesta por la situación con Emmett tan relajado y yo preocupándome por una frivolidad como cumplir con su asistencia al instituto. Por otro lado estaba su constante atractivo, quería romperle esa maldita camisa y toda la ropa que le había dicho que se pusiera… Más pensamientos sexuales con respecto a Emmett aparecieron en mi mente y esto solo aumentó cuando él hizo magüe de quitarse el jean que recién se había puesto.
— ¡NO! — Estiré mis manos hacía él y grité, haciendo que él abriera los ojos, completamente asombrado — Quiero decir. Deja los malditos juegos y termina de vestirte. Más te vale estar en el auto antes que yo… O créeme que te irá mal como el maldito infierno — Sentencié y caminé aparentemente relajada-enojada hacia la habitación de Edward y Bella.
Exigía despejar mi mente, pensar con la cabeza fría. Si Emmett seguía haciendo sus bromas, con su exquisito cuerpo, sin importar que fueran inocentes, yo iba a terminar prendiendo fuego en la mansión o cualquiera que fuera el lugar en el que estuviera. Seguramente él hacía esas bromas frecuentemente con otras chicas, pero yo no me podía dejar convencer de él y peor si lo viera haciendo eso en el instituto… Tuve que apoyarme en el capó del auto — Calma Rose. Cálmate —. Ahora más que nunca tenía que hacer acopio de todas las fuerzas que sabía que tenía mi "Yo" humana y combinarlas con el entrenamiento que me habían dado Jasper y Bella sobre mis dones. Lo ideal tenía que ser mostrarme frívola aunque se me estuvieran mojando las bragas -si es que se podía- y me muriera por tenerlo desnudo y sucumbir a mis placeres más primarios y carnívoros.
Entonces, no podía ser tan malo. Durante todo este tiempo yo había llevado y recogido a Emmett del instituto a una distancia prudente para que no me afectara el olor a sangre. Realmente no era muy difícil. Siempre cazaba más de lo normal antes de ir y solo en el caso de que lo necesitara, llevaba un frasco lleno de sangre animal que a simple vista parecía jugo de moras y frambuesas. -Gracias a Alec por la sugerencia-.
Bajé a la cocina y tomé algo de la sangre helada de la nevera, que Carlisle guardaba para mí. La necesitaba como si fuera una fresca bebida en un día caluroso. Al menos para calmarme y aparte de eso, cumplía con la función de prepararme para ir a dejar a a Emmett al instituto con todos esos humanos y su "delicioso aroma". Tendría que ir bien preparada. Tan satisfecha de haber bebido tanta sangre, que no me quedaran ganas de probar más. Al menos hasta que dejara a Emmett en el instituto y volviera a casa.
— ¡EMMETT! ¡YA ESTOY EN EL AUTO, BAJA DE UNA MALDITA VEZ! — Grité desde la entrada. Aunque sabía que él estaba cerca del bosque, haciendo quién sabe qué. Lo podía escuchar.
En medio segundo, él llegó a mi lado y se sentó en la parte del copiloto usando unas ray ban oscuras y se había puesto una chaqueta de cuero negro. Se veía malditamente sexi usando todo eso. Como un chico malo o una estrella de cine. De todas formas, me lo quería comer y apostaba lo que fuera a que mi mirada me delataba. Volví mi vista hacia adelante. Maldije en mi mente por no tener el don de Edward y saber si ese sexi vampiro a mi lado estaba haciendo todo eso para provocarme, y si así era, lo estaba logrando.
— Estoy listo, nena. Que comience el juego — Se acomodó mejor en el convertible rojo que me había regalado Carlisle recientemente y que el mismo Emmett se había encargado de acondicionar para mí.
…
Con las indicaciones de Emmett "Sexi" Swan Cullen a mi lado, logramos llegar al instituto. Cuando estacioné, me aseguré de que fuera lo más alejado posible para acostumbrar mi olfato -como de costumbre-. Todos me habían dicho que era mejor si no respiraba en presencia de humanos y eso hacía, pero todavía se me dificultaba. Sin embargo fue mucho más difícil cuando un montón de adolescentes se agruparon a cada lado de mi auto, aclamando a Emmett y pidiendo su atención.
Chicas y chicos adolescentes por doquier sonriendo y hablando con él sobre deportes, clases y citas. Me sentí bloqueada y mis dones se empezaron a notar de pronto cuando mis manos congelaron una pequeña parte del volante. Emmett tomó una de mis manos y me sonrió con complicidad. Eso fue peor porque miré la palanca de cambios y alcancé a quemar una pequeña parte, con solo mirarla. Me sentía a punto de una combustión por todos los sentimientos que experimentaba con Emmett. Por suerte nadie lo notó. Solo él.
— Está bien, muchachos. Más tarde los veo — Hizo un gesto con su mano y guiñó el ojo. Cosa que hizo que más de una chica quisiera desmayarse.
Ya estando consciente de que todos se habían ido, pude tomarme una pequeña respiración. Emmett me miraba preocupado y los demás tenían razón: El aroma por aquí era bastante bueno. Algo impresionante y casi irresistible. Mi cuerpo quería sangre. El aroma no se había desvanecido del todo, a pesar de que la mayoría de humanos que nos rodeaban ya se habían marchado para los salones de clase.
Eso no pasaba desde hace una semana. Me puse en pose de depredadora buscando el primer humano, aunque mi cerebro me dijera que no lo hiciera porque quedaría expuesta. Rastreé con mis ojos todo el lugar y había un grupo de algo así como "nerds" cerca de una camioneta discutiendo sobre un examen. Me pasé la lengua por los labios y estuve a punto de salir del auto… No sé exactamente lo que pasó después. Estaba contra el capó del convertible y Emmett tenía las manos sobre mis hombros, mirándome fijamente como solo lo sabía hacer él — Hermoso. Totalmente perfecto. Demasiado precioso para mi propio apetito sexual — Me decía mi mente y mis sentidos. Estaba haciendo un esfuerzo demasiado grande para no acercar sus labios a los míos y devorarlos. Mi cuerpo se empezó a calentar olvidando completamente que había estado a punto de matar a alguien.
— Tranquila… ¿Cómo te sientes? — Dijo calmado, trasmitiéndome esa paz con una linda sonrisa.
— Puedes irte, estoy bien. Vendré por ti más tarde — Tragué saliva antes de que termináramos desnudos en el parqueadero de una institución educativa.
— Tal vez no estés lista para convivir con los humanos. Sería interesante, pero no. La familia me mataría — Sonrió bufón. Lo miré confundida, no entendía nada — Es decir, los Cullen somos populares en casi todo lado, en especial el instituto. Casi todos somos los mejores estudiantes de la clase. Somos parte del equipo de Baseball y mis hermanas practican Ballet.
Lo miré como si se hubiera quitado la cabeza o tuviera cinco ojos. No obstante eso explicaba muchas cosas, por ejemplo el hecho de que siguieran a Emmett como si fuera una súper estrella y que todos en la mansión se mantuvieran ocupados la mayoría del tiempo.
— En serio, estoy bien. Quizá un poco aturdida al principio por ver tantos humanos. Lo bueno fue que ni siquiera noté el olor de su sangre porque estaba más concentrada en tratar de controlar mis poderes — Él iba a decir otra cosa pero lo detuve — Anda, vas tarde a literatura inglesa. Yo voy a cazar mientras tú te quedas aquí. Te veré a la una.
Me moví hacía el puesto del conductor. Emmett estaba estático en su lugar, se había puesto un poco más pálido y apostaba lo que fuera a que estaba en shock por cualquiera que fuera la razón. Encendí el auto e hice sonar el motor para que él despertara de su aturdimiento y, bueno, lo hizo y caminó a velocidad baja hasta el edifico, como si no se creyera lo que le había dicho o esperara el momento para que yo le hablara diciendo que me retractaba — No va a suceder — Me dije mentalmente y pisé el acelerador a todo lo que daba: Necesitaba salir de ese lugar y encontrar algún animal en el bosque del que me pudiera alimentar. Estaba evitando a toda costa el olor a humano y ya se me estaba haciendo demasiado difícil como para soportarlo otro segundo.
Cacé un puma y un guepardo, el resto del tiempo me la pasé corriendo por los bosques de Forks. La verdad estaba abrumada por el olor a sangre y correr me ayudaba a liberar la tensión. Pasé por la mansión a cambiar mi ropa manchada de tierra y sangre, luego venía mi otra prueba: Recoger a Emmett en el instituto. Aunque si lo pensaba bien, ésta era por partida doble porque no soportaba a cuanta chica hormonal se le acercara a mi vampiro -no importaba que él no supiera que era mío-. Para ese entonces ya me hacía una idea, ya no iba a llegar tan perdida y les haría saber a todos quién era Rosalie Hale.
…
— Es hora — Me aviso mi mente y dos segundos después sonó la campana del instituto que me advertía el fin de clases. Estaba lista. Tratando de mantener una pose despreocupada en mi auto, con gafas de sol y el atuendo necesario para que nadie notara el brillo de mi piel -sin importar que la luz del sol fuera muy poca-. Todos los estudiantes iban saliendo en masa. Unos se quedaban mirándome con adoración, otros confundidos y las chicas más que todo me miraban con envidia y susurraban cosas malas de mí… Las perras ilusas creían que yo no me daba cuenta, que no las escuchaba o siquiera que me importaba su opinión.
Esperé, esperé y esperé. No sabía por cuánto tiempo, puesto que había olvidado mi reloj en casa, pero ya estaba aburrida de todos los cotilleos y de ser el centro de atención de los pocos que quedaban en el estacionamiento. Ser el centro de atención me gustó, hasta que pasó un tiempo y se volvió molesto, casi insufrible porque los muchachos se me estaban acercando para invitarme a salir o cosas por el estilo y no veían que yo era inalcanzable para ellos. Además del aburrimiento tenía que controlar mi sed, algo casi irresistible. Así que me armé de valor y salí del coche cerciorándome de dejarlo con seguro. Vi a un grupo de tres estudiantes y me acerqué con media sonrisa.
— Disculpen, de casualidad saben ¿Dónde se encuentra Emmett Cullen? — Agrandé más mi sonrisa para hacerla amable.
— Claro, preciosa ¿Qué nos darás a cambio de la información? — Un joven puso cara de depravado sexual y me dieron ganas de morderlo allí mismo.
Respiré. Pero me salió mal porque por un momento sentí el olor de su sangre penetrando mis fosas nasales y mis instintos primitivos comenzando a salir. Volví a contener la respiración poniendo una mano en mi cara de tal forma que tapara mi nariz y mi boca. Me acerqué un poco más al que había hecho la pregunta.
— ¿Qué te parece si olvido esa sugerencia tan putamente descarada que me has hecho? Te dejo vivir y ya — Contesté aun manteniendo mi sonrisa pero esta vez con un toque perverso.
La chica que estaba a su lado, tomó su brazo entendiendo el susto justificado que les quería dar a los tres y se alejó un paso, haciendo que todos retrocedieran y ella tomó la palabra.
— Emmett se encuentra entrenando para el próximo campeonato. Por la cancha de Baseball, pasa por la torre dos y voltea hacia la derecha, delante de las gradas — Dijo con algo de nervios. Señaló con su dedo índice la torre a la que se refería.
— Gracias, nena — Respondí cantarinamente a la chica dándole un guiño.
Cuando ella se dio la vuelta, les mostré mis colmillos a los dos asquerosos adolescentes que habían estado hablando porquerías de mí hace algún tiempo. Desde que me estacioné en el parqueadero, de hecho. Todo el tiempo ese par -y unos cuantos más- susurraban las miles de fantasías que querían hacer realidad conmigo. Estaba tan harta y asqueada que si no fuera por la muchacha amable y SENSATA que los defendió, hubiera llevado a cabo mi propuesta.
Caminé a paso humano. Totalmente desesperante, porque quería ir corriendo como un rayo hacia donde se encontraba Emmett. Literalmente lo quería colgar de las bolas, porque él me había dicho que sus clases se terminaban a la una de la tarde y no había dicho nada de entrenamiento. En cambio yo terminaba esperándolo como una estúpida en los parqueaderos — Quizá debí revisar el horario que dejó Bella — A la mierda, yo no era su niñera. Eso no se le hacía a nadie. Mucho menos a mí. — ¿Quién se creía? — Que por tener atractivo de súper modelo, yo iba a caer rendida a sus pies… — Bueno, sí — pero no tanto como para dejar que me humillara y me tratara como su insignificante chofer.
Mi tacón se ancló al pasto de la cancha y recordé cuando yo misma estaba entrenando para aprender a usar mis dones. Me dejé llevar tanto por mis recuerdos que no noté que dos o tres muchachos se habían dado cuenta de mi presencia con una mirada que no supe reconocer. Los miré con desafió. Luego un hombre con sudadera color verde oscuro y rayas grises, de unos cuarenta y tantos años hizo sonar su silbato y se quedó viéndome con furia. Su cara estaba roja.
— Señorita, la práctica de porristas es en la cancha dos. ¿Se puede retirar? Está distrayendo a mis jugadores — Me gritó.
— Disculpe. Mi nombre es Rosalie, soy la nueva hermana adoptiva de Emmett Cullen y me dijeron que lo podía encontrar aquí — Al ver que la cara del entrenador se suavizaba, yo me hice la inocente para ganar su confianza — Emmett y yo quedamos en que nos encontraríamos en el parqueadero. Como le dije soy nueva y realmente estoy perdida.
— Emmett Cullen está al otro lado y… — El entrenador no pudo terminar de hablar porque al siguiente segundo se acercó un joven alto, rubio, de ojos claros y algo musculoso.
— No te preocupes, yo te puedo ayudar a llegar a tu casa — Se ofreció.
Más pronto de lo que pensé, otro muchacho alto, de cabello corto y ojos negros estaba delante de mí — ¿De qué hablas? Mi nombre es Royce. Yo soy amigo de Bella, puedo llevarte a tu casa — Comentó el moreno, empujando al rubio y ofreciéndome su mano.
— ¡¿QUÉ HACES AQUÍ, ROSALIE?! — Escuché la estruendosa voz de Emmett. Él venía corriendo hacia mí -a lo máximo que la velocidad humana le permitía-, y se paró furioso al lado de sus dos compañeros de equipo.
Por detrás de él se habían formado todos sus compañeros a susurrar sobre mí, "su preciosa nueva hermana" y lo grandioso que sería que yo hablara con ellos o tuvieran la oportunidad de estar conmigo. Decían lo que yo ya sabía: Que era hermosa y que mi cuerpo y cara destacaban entre las otras chicas y los perfectos genes que tenían todos los de mi "familia". Admito que en algo se me pudieron subir esos elogios a la cabeza y me creía la reina del universo, porque los compañeros de Emmett no estaban nada mal. Perfectamente aceptaría tener una relación con cualquiera de ellos; aunque no fueran tan perfectos como Emmett, se le acercaban bastante.
Emmett parecía furioso, más furioso que el entrenador del equipo cuando me vio. Una idea muy divertida me vino a la mente, pero solo funcionaría si yo le gustara a Emmett o produjera algún sentimiento en él y entonces, la vergüenza que me había hecho pasar esa mañana no quedaría impune. Bajé un poco la cabeza, ocultando la malévola sonrisa que estaba apareciendo en mi rostro por la travesura que iba a hacer.
Me encogí de hombros inocentemente — Te estaba esperando en el estacionamiento. Cuando ya era tarde, pensé que te habías ido, luego me aburrí y vine a buscarte. Pero entiendo si estás ocupado. Idearé la forma de llegar a casa — Fingí ser la niña buena e indefensa.
No terminé de decir "Casa" cuando ya tenía a un montón de muchachos hormonales sobre mí, ofreciéndose a llevarme a casa. — Es la hora de la prueba — Me susurró mi malvada diablita de mi hombro izquierdo mientras se le acrecentaba la sonrisa. Si Emmett sentía aunque fuera un mínimo cariño hacia mí, alejaría a todos los que eran sus compañeros para llevarme a casa, sin importarle nada. Ah, además era un dos por uno, porque también podría cobrar mi venganza por lo que me hizo antes de traerlo al instituto.
¡Y sucedió! Él me haló de la mano un poco fuerte -no demasiado-, quitando del camino a todo el mundo, inclusive al entrenador.
— ¡CULLEN, LE FALTA COMPLETAR MEDIA HORA DE PRÁCTICA! — Gritó el entrenador.
Escuché el gruñido gutural de Emmett — Llevaré a mi preciosa hermana a casa. Luego repongo las horas de práctica. Vamos, hermanita.
Seguimos caminando, o bueno, me haló levemente hasta el parqueadero donde se encontraba mi convertible descapotable. En todo el recorrido no dijo ni una sola palabra, ni siquiera cuando yo iba conduciendo y en el momento que estuvimos frente a la mansión, él se salió del auto de un salto y corrió a su habitación como alma que lleva al diablo. Me mordí ligeramente mi uña del dedo índice — Tal vez exageré — me dije a mí misma. Sentí pena por toda la furia que llevaba dentro pero eso me hizo recordar la furia y la angustia que él me había hecho pasar — Ojo por ojo, diente por diente — Tendría que cuidarse la próxima vez que quisiera pasarse de listo conmigo.
Y siguiendo con eso, no le puse más atención a eso y me fui a la sala. En la mesa había un libro que Heidi estaba leyendo antes de irse y prometió prestármelo, entonces supuse que no había ningún problema en que yo lo tomara. Después de todo, no tenía nada que hacer y estaba aburrida. No me iba a poner a llamar a mis nuevos hermanos para dañar sus vacaciones.
A medida que leía el libro, las palabras comenzaban a hacer eco en mi cabeza — ¿Cómo fue mi adolescencia? ¿Estuve alguna vez en un instituto? ¿Tuve novio o algo parecido? — Las descripciones del libro eran tan hermosas: fantásticas aventuras que cualquier humano catalogaría como "normales". El solo hecho de que te sientes frente a un escritorio con un profesor enseñándote y tu amigo tomando notas al lado, era algo fascinante -para mí al menos-. O pensar en los descansos, cuando todos salían a comer, conversar y discutir de todas sus vivencias, quizás hasta hacer arrumacos con su pareja.
A las tres horas de estar encerrado Emmett en su habitación, decidí que iría a cazar. Lo había hecho hace poco, pero él no y quería pedirle que volviéramos a hacer un viaje en el tiempo -a mi adolescencia- y era más fácil convencerlo de aquello si él tenía el estómago lleno y estaba feliz… Normalmente la caza lo relajaba y él entraba en estados de diversión inexplicable.
Todas las historias del libro me habían dejado bastante pensativa y deseaba llenar ese vacío en mi mente. Por lo menos saber si mi "humana" familia adoptiva me había enviado a estudiar o me tenían limpiando la casa como cenicienta.
— Tengo algo de sed ¿Qué dices si vamos por el sur esta vez? A ver qué encontramos — Sonreí y me levanté de mi puesto, intercalando ternura y sensualidad para que él no pudiera negarse.
Cuadró los hombros — Andando — Respondió neutral.
No tuve que rogar y me sorprendió en cierta medida. Sin embargo, tampoco hubo cambio alguno comparando la llegada a la mansión con la ida de caza. Emmett estuvo inmutable y hasta su jovial forma de atrapar a los animales, se había vuelto calculadora y predecible. Fue muy aburrido. Él estuvo en silencio, con el ceño fruncido y la mente quién sabe en qué lugar.
— ¡EMMETT! ¿Qué carajo te pasa? Tú no eres así ¡DESPIERTA DE UNA MALDITA VEZ!— Casi que se me salió un regaño, por poco me abalanzo sobre él para darle puños y que despertara. Ese inmortal no podía ser tan frío.
— No tengo nada — Respondió seco.
Me limité a ponerme frente a él. Todas las veces que él trataba de esquivarme, yo lo alcanzaba y quedábamos frente a frente en la misma posición: Él mostrándose como si tuviera que hacer un enorme esfuerzo por cargar sus músculos y yo, con la ceja arqueada y una mano en mi cintura.
— No te comportas normal desde que salimos del instituto… Si es por la práctica, porque tuviste que faltar ¿Puedo hablar con el entrenador y tus compañeros? ¿Si quieres?
— ¡NO! — Gritó y bajó su cabeza, frustrado — El entrenador y los idiotas de mis compañeros solo pasaron su tiempo susurrando y diciendo cosas morbosas sobre ti. Era realmente asqueroso. Preferí sacarte de allí antes de que tú pudieras escuchar alguna de esa mierda. Pero se las verán conmigo mañana — Susurró lo último como si estuviera haciendo una lista mental.
— Fue… Todo ese show… Fue por… ¿Mí? — Tartamudeé pasmada. Obviamente halagada porque mi belleza era algo natural, todo el que me viera sabía eso.
— No permitiría, jamás permitiría que le hablaran así a mi nueva… Hermana.
Él tenía la cabeza gacha, pero después de esa confesión, ambos nos quedamos mirando. Solté una pequeña respiración. Esperaba que le afectara en algo mi comportamiento en el instituto, pero no esperé que tuviera un impacto tan grande en él. Además la culpa también la tenían esos humanos morbosos, a quienes ni siquiera escuché porque estaba más alerta a las reacciones de Emmett en ese momento.
Me decepcioné un poco. Él me veía como una hermana… Me quería como a una hermana. Tal vez eso era aún más frustrante que pensar que no le agradaba. O no lo sabía, no estaba segura de nada. Mis pies no se podían mover del suelo, yo estaba quieta con los ojos abiertos. Mientras tanto Emmett caminó lentamente hasta un árbol y lo golpeó hasta tumbarlo por el barranco — Bueno, al menos yo no era la única que dañaba el medio ambiente — pensé.
Y volvimos al silencio sepulcral, excepto que esta vez no estábamos haciendo más que mirar a algún punto entre las montañas. Eso sí me hizo sentir mal. Nunca debí haberme puesto a jugar a la detective de sentimientos. Había salido dañada y lo había perjudicado a él.
— Lo siento — Murmuré. Él movió la cabeza a un lado y se sentó, dejándose caer sobre el pasto. Caminé lentamente hasta quedar en frente de él — En realidad, te pedí que saliéramos de cacería porque te quería preguntar qué probabilidad había de hacer otro viaje en el tiempo.
Él levantó la cara y me miró con una ceja arqueada — ¿Qué parte de tu vida quieres ver esta vez? … No te llevaré de nuevo a tu infancia a verte sufrir — Completó.
— No… No… Yo quería ver mi adolescencia. Quizá saber si fui a un instituto, si tenía amigas, amigos o si estuve enamorada o me gustaba alguien — Le expliqué dejándome llevar por todos mis ideales.
Hola, un poco tarde. Lo sé.
Estas semanas se me están pasando muy rápido y tengo una nueva idea que estoy desarrollando.
De todas formas espero que hayan disfrutado el capítulo.
Al menos Rosalie ya se está comportando más como la de antes y menos como una versión de Bella tímida. Lástima que crea que Emmett la siga viendo como amiga. Veremos que pasa.
Saludos desde Colombia ¿Merezco review?
