Capítulo 9: Más Recuerdos
POV Rosalie
Emmett caminó pensativo de un lado para otro. Solo Dios sabía qué cosas pasaban por su cabeza, pero en mi caso, quería ser lo más positiva posible y pensar que él me iba a ayudar. Necesitaba encontrar respuestas. Cada amanecer, mi cuerpo se activaba como una alarma, queriendo ser acallada por visiones de mi antigua vida y a veces sucedía, la mayoría me decepcionaba por ver lo que no quería… Después de tantos vistazos desastrosos, estaba lista para lo que fuera.
— Bien, creo que es buena idea… Solo si estás segura de que quieres hacerlo — Emmett se acercó a mí para tomar mi mano, con una mirada dudosa esperando a que yo me arrepintiera en algún momento.
Hace mucho tiempo que había dado por sentado que mi vida no había sido la más perfecta del mundo, mucho menos un cuento de hadas; no solo por el hecho de que mi mamá murió cuando yo era una niña, el resto de mi familia me despreciaba y mi tío me violaba. Habían otras cosas más de las que pude darme cuenta en aquellos "flashes" que venían a mi cabeza de vez en cuando: Hacia el papel de cenicienta en la casa de mis tíos, hasta que Carmen se cansó de tenerme cerca y yo aproveché para pedirle a Eleazar que me pagara una escuela.
Él aceptó, pero como Eleazar era un miserable hijo de puta, me envió al peor instituto que pudo encontrar, o por lo menos eso me indicaban dos o tres Flashes en los que yo estaba en edificios oscuros con maestros gritándome todo el tiempo y mis dedos sangrando de tanto escribir, al igual que mis manos llenas de cicatrices por el número de veces que me había ganado una paliza por equivocarme en algo. No recordaba tener amigas, por lo que suponía que había pasado toda mi secundaria sentada sola en un rincón.
Quería saber que tan cierto era eso, con la ayuda de Emmett todo se esclarecía mientras yo estrechaba su mano en la mía y le daba una enorme sonrisa.
Una luz estuvo ante mis ojos por un rato, Emmett me dio un pequeño apretón en la mano y me sonrió. Estábamos en un lugar para tomar unos buenos tragos y bailar — Nada del otro mundo — pensé. Mi corazón dio un enorme salto de felicidad al pensar que todavía tenía la posibilidad de no haber estado sola durante mi tiempo en el instituto… O tal vez sería todo lo contrario y me la pasaba todas las noches ahogando mi mala suerte en fiestas y alcohol hasta que llegar ebria a la casa.
Como fuera, estábamos en algo así como una discoteca o bar ambientado a los años ochenta y setenta, la gente estaba muy animada celebrando quien sabe qué cosa. Emmett y yo empezamos a rastrear el lugar en busca de mi "yo adolescente" y lo encontramos a los pocos minutos: Quizá podía tener unos quince o dieciséis años. Estaba sentada en frente de la barra alta y luminosa, dándole una sonrisa descarada al bartender. — No me reconocía a mí misma — podía jurar que mi boca se abrió a más no poder.
Estaba vestida como una puta, con unas botas de cuero negro hasta las rodillas de tacón de por lo menos veinte centímetros, unas mayas de rombo en las piernas y una minifalda negra que apenas alcanzaba a cubrir mi trasero — Y eso tratando de no moverme demasiado. ¡Por Dios! — Estaba usando un top sin mangas, de color rojo brillante con escote que dejaba la mitad de mis senos al descubierto. Como si eso no fuera suficiente, tenía maquillaje extra, esparcido por todo mi rostro y la parte que se notaba más era el labial rojo intenso corrido seguramente porque me había estado besuqueando con alguien — ¿Qué clase de mujer había sido? — Sentía pena de mí misma, me provocaba correr hasta allí y sacarme de ese lugar solo para castigarme por andar en esas fachas y coqueteando con desconocidos. Mi cabello estaba recogido en una coleta alta, dejando expuesto todo mi cuello.
Emmett también tenía la boca y los ojos abiertos. Se notaba sumamente impresionado y no sé hasta qué punto estaba mirando las piernas, el trasero y los pechos de mi "yo adolescente". No lo podía culpar. Él era un hombre después de todo. Sin embargo, de solo pensar en eso, no sabía si sentir más vergüenza o enorgullecerme por saber que le atraían mis atributos físicos. Mis manos se calentaron. Cerré los ojos y traté de concentrarme porque no me podía mostrar y menos con mis dones. Solo quería sacar del cabello a la Rosalie "Perra" que tenía en frente.
Seguramente, él se dio cuenta de lo que pensaba hacer y se puso detrás de mí, tomando mi mano delicadamente pero al mismo tiempo, impidiendo que saliera corriendo.
— No podemos cambiar el pasado. No sabemos qué consecuencias traería para nuestro futuro.
Suspiré — Ya está. No haré nada — Di un paso atrás quedándome con él para "apreciar" la escena desde un punto más oscuro y menos expuesto. Él tenía razón. Que yo hubiera sido una zorra en el pasado, ya era un hecho. No podía cambiarlo.
Seguimos observando a la chica semidesnuda que decía llamarse "Rosalie Hale" coquetear con cualquier hombre —mayor o menor que ella— que le invitara un trago, o que simplemente le pareciera atractivo, para que ella le pudiera mostrar todos sus atributos. Emmett y yo fuimos a un privado en la segunda planta, aun cuidando de lo que pudiera hacer. Aunque la palabra "Cuidar" no era la adecuada puesto que no podíamos interferir en el espacio-tiempo en el que se daban los hechos, más bien observábamos: Yo queriendo morir de vergüenza y Emmett… No sé, él parecía enfadado: Arrugaba el ceño cuando veía a alguien coqueteando y apretaba los puños cuando "mi yo adolescente" sonreía mientras algún hombre me manoseaba las piernas o rozaba sus labios con los míos.
Ya me estaba cansando de eso. Quería irme con la conclusión de que toda mi vida como humana había sido un desperdicio. Tomé la mano de Emmett con la cabeza gacha, al segundo siguiente la levanté para observar que un muchacho de alto y cabello rubio, se acercaba por detrás de mi "yo adolescente" y me cubría por los hombros con un gabán negro. Se ponía delante de mí evitando que cualquiera se me acercara.
— ¿Quién es él? — Le pregunté a Emmett, sabiendo que él lo desconocía. Tampoco vi su respuesta porque me acerqué un poco más procurando ser lo más sigilosa posible.
Para cuando estuve cerca, pude oír cómo, el muchacho sin nombre, me sermoneaba acerca de estar con personas que no me convenían y especialmente acostarme con uno o dos hombres cada noche. Puse ambas manos sobre mi boca para evitar el ruido. Aun así quedé sin aliento — ¿Acaso fui una promiscua? ¿Eso era producto de las violaciones de mi tío? — No sabía y estaba perpleja ante la idea, en general ante todas las ideas que se concentraban en mi mente.
Para cuando me di cuenta, Emmett seguía detrás de mí. Aun con el ceño fruncido pero ya se le veía más relajado.
— Ya estás tranquila. Lo mejor es que nos vayamos — Declaró.
— No, quiero saber quién es él… O bueno, quien fue en mi vida pasada — Respondí enérgica.
— Querías saber quién fuiste durante el instituto, el tipo de vida que llevabas y si tenías amigos. Ya tienes tus respuestas: Fuiste una chica común y corriente, disfrutabas de fiestas y tenías un amigo que te cuidaba. Vámonos — Apretó los dientes diciendo esto último e hizo que su agarre fuera más fuerte, sin lastimarme.
Lo consideré por un momento, solo hasta que se le acercaron un grupo de chicas al joven que me había cubierto con la chaqueta y parecía ser mi amigo. Ellas también vestían escotes pero nada tan descarado como yo. Le sonreían coquetamente hasta que él dejó de prestar su atención en mí para irse con aquel grupo de chicas a -quien sabe dónde-. Eso no me daba buena espina.
— Espera, tenemos... Ellas quieren algo.
— ¿No estarás pensando en seguirlas? — Me solté de su agarre y seguí al grupo de muchachas que al parecer se dirigían a la puerta trasera del bar. Emmett volvió a tomar mi mano — Rose, no podemos hacer esto.
— Tu no, yo sí. Él parece ser el único amigo que tuve. Le van a hacer algo malo. Lo sé.
No le di tiempo a Emmett para que tomara mi mano de nuevo y corrí a velocidad vampírica sin que nadie me viera. En menos de nada, estaba observando cómo las muchachas se alejaban para dar paso a que cuatro hombres con cuchillos y una que otra pistola, se acercaran al muchacho rubio. Todos empezaron a golpearlo fuertemente en el abdomen y en la cara, uno de ellos sacó una navaja e hizo algunos cortes. Pronto vi una pistola en su frente y supe que era momento de actuar. Corrí lo más rápido que pude y lo saqué de allí, dejándolo acostado en una calle cerca de donde estaba mientras yo me vengaba de los tipos que lo estaban golpeando. Uno por uno fue cayendo. No tenían idea de quien los atacaba porque mis movimientos eran tan rápidos y eficientes que más bien parecían sombras.
Ni bien acabé con el último, volví a rescatar al muchacho. Estaba tendido en el suelo, donde yo lo había dejado. Se me hizo bastante difícil ignorar el olor de su sangre expuesta y más aún cuando lo cargué en mis brazos para dejarlo seguro en frente de un centro médico. Varias veces reconsideré no morderlo y extraerle la sangre como me hubiera gustado. — ¡Que delicia! Solo será un pequeño mordisco — Susurraba mi inconsciente. Luego me recordaba la razón por la cual yo estaba corriendo con un desconocido para salvar su vida: Por lo que yo había visto, él hubiera hecho lo mismo por mí.
En cuanto lo dejé y estuve segura de que algún médico lo atendería, fui a lavarme las manos en el lago que encontré más cerca. Sentí como alguien se acercaba. En cuanto me di la vuelta, me encontré con la mirada reprobatoria de Emmett. Tomó mi mano, un flash me nubló la vista y… volvimos al presente.
…
— ¿Qué querías que hiciera? ¿Dejarlo morir porque me estaba cuidando? — Le pregunté molesta soltándome de su mano. Aún sin que él me pidiera una explicación yo estaba frente a él tratando de excusarme por mis actos.
— No era nuestro problema si él moría.
— Parecía mi amigo. NO LO PODIA DEJAR MORIR.
Él golpeó fuertemente la pared haciendo un hoyo ella — ¡Carajo, Rosalie! Acepté llevarte al pasado con la condición de que no cambiaras nada. No sabemos qué implicaciones tenga esto — Dijo furioso.
— Entonces devuélvete y revierte todo lo que yo hice. Si tanto quieres que muera, ve y asesínalo con tus propias manos — Solté con un grito y me fui al jardín.
Mi cuerpo estaba caliente. Mala señal porque ardía en furia. Casi que podía sentir cómo todo mi cuerpo vibraba con la necesidad de "explotar" -literalmente hablando-. Corrí a toda prisa a algún lugar que no hubiera incendiado ya. Lo suficientemente lejos de los humanos para que no notaran que había descargado mi ira quemando un bosque y luego congelándolo, una vez estuviera calmada.
…
Los últimos quince días habían estado tensos. Emmett y yo no nos hablábamos, por lo tanto no sabíamos qué pasaba en la vida del otro. Yo seguí con mi rutina: En las noches descansaba en mi habitación en el jardín. Me había prohibido a mí misma seguir yendo a la habitación que compartían Edward y Bella para evitar encontrarme con Emmett. El resto del día lo pasaba practicando en algún bosque o cazando. También dejé de acompañar a Emmett al instituto por obvias razones.
Todo era muy aburrido. Encontré la biblioteca de Edward y me imaginé que no habría ningún problema en que yo entrara a leer cualquier libro. No me haría ningún daño estudiar.
Y así, empecé adquiriendo los conocimientos más básicos sobre literatura, música, artes, historia y matemáticas. Luego de una semana inmersa en el mundo de la lectura, decidí que sería bueno poner en práctica mis conocimientos y quizás aprender otros nuevos -cosa que dudaba porque en aquella gran biblioteca se tenía toda la información que alguien pudiera desear- en un lugar más adecuado.
— ¡¿EL INSTITUTO?! — Gritaron cuatro pares de vampiros, con los ojos tan abiertos que casi parecía que se salían de las cuencas y apostaba cualquier cosa a que tampoco respiraron -no que lo necesitaran realmente-.
Mis dedos quedaron relajados debajo de la mesa, sintiéndome bastante segura de lo que estaba diciendo mientras miraba la pantalla del computador. Estaba haciendo una video conferencia online con mi nueva familia. Todos habían asistido en cuanto los llamé y les pregunté si podía hablar con ellos y como siempre, ellos intrigados se demoraron menos de diez minutos en reunirse y contestar a mi llamado.
— Pienso que es una buena idea. Estos días he estado leyendo y me atrae mucho la idea de aprender más. Sin contar que asistir al instituto me ayudará a controlar mi sed — Me defendí.
— No te ofendas, pero no es fácil controlar la sed de un día para otro y menos en una neófita tan reciente como tú. A mí me tomó cierto tiempo lograr controlar la sed por completo — Dijo Jasper tratando de ser lo más suave posible. Él había visto mis inicios desde el comienzo y sabía de lo que yo podría ser capaz en caso de que no me controlara. Así que por una parte, entendía su preocupación.
— Bueno, ha estado con Emmett en el instituto por un tiempo y no hemos tenido malas noticias. Quizá pueda funcionar — Me alentó Esme.
Me puse nerviosa. Mi espalda se tensó e instantáneamente todos lo notaron.
— No ha pasado nada malo ¿Cierto? ¿Emmett te ha cuidado como se debe? — Preguntó Bella. Al ver que no le respondía, empezó a arquear la ceja, molesta. Un gesto tan característico de ella cuando no le gustaba algo o se empezaba a molestar.
Me quedé sentada en la silla con las piernas cruzadas. Mis ojos se empezaron a desviar levemente. Sí, me estaba poniendo nerviosa. Mi cuerpo se ponía frio y tenso como el hielo. Llegué al punto de congelar una parte baja del computador, entonces me obligué a calmarme y respirar profundo. Al mismo tiempo que las facciones en el rostro de Bella se endurecían al igual que Jasper y Edward, quienes se veían furiosos. Los otros más bien parecían confundidos. La única similitud que veía en toda mi familia era que exigían una explicación silenciosa. Tomé una bocanada de aire, sintiendo que me estaba ahogando.
— Él me acompañó… Estuvo pendiente de mí por…
— ¿Estuvo o está? — Preguntó Alec.
Miré al techo. En ese segundo apareció Emmett al lado mío. Por supuesto, ya se había dado cuenta de todo y sabía todo el tema de la conversación.
— ¡¿EMMETT?! ¿Has dejado sola a Rosalie en algún momento? — Preguntaron Bella y Alice al mismo tiempo.
— ¡NO! Yo… Bueno, le he dado su espacio, sin dejar de cuidarla — Contestó.
— Puedo cuidarme por mí misma, gracias — Dije recordando la pelea que habíamos tenido. Empecé a molestarme cuando Emmett puso una mano en mi hombro. Aun así, disimuladamente me zafé de su agarre y me crucé de brazos.
— Si Emmett no te está protegiendo y quieres ir al instituto, la única solución que me parece coherente es volver contigo. Por lo menos nosotros lo haremos, en caso de que quieras tomar las clases — Comentó Carlisle mientras miraba a Esme, quien lo apoyaba.
— No es necesario que vuelvan por eso, yo lo tengo bajo control. Si quiere estudiar, que estudie y yo estaré pendiente de ella en todo momento — Dijo Emmett entre dientes.
— Lo siento mucho, Emmett. Tomaremos la palabra de Carlisle y también volveremos — Dijo Alice cruzando su mano con la de Jasper — Lo que tú dices no concuerda con lo que podemos apreciar y si Rosalie no se siente segura o ataca a alguien sin querer… No sé lo que podría pasar y sabes que en nuestra familia respetamos mucho la vida humana.
Me puse en pie. No podían dudar de mí. Yo manejaba mi autocontrol bastante bien, sin importar si fuera por la sangre o sobre mis dones. Me podía proteger de cualquier cosa y ya había salido bien la situación al no morder aquel chico cuando Emmett me llevó al pasado. Se formaron don grandes bolas de fuego en mis manos. En la pantalla vi como todos se asombraban. Luego Heidi me hizo una mueca para que respirara y seguido miré a Jasper, quien me estaba mirando con los mismos ojos que hacía al entrenarme cuando recién me había convertido.
— Está decidido. Volvemos a casa en dos días o antes — Anunció Bella y todos estuvieron de acuerdo.
— ¿DOS DÍAS? ¡YA LES DIJE QUE LO TENGO BAJO CONTROL! —Gritó Emmett.
— Tú y yo hablaremos más tarde, hermanito — Respondió Bella en tono de voz neutro. Rayaba un poco en la reprimenda que le iba a dar.
En seguida se cerró la video llamada y la pantalla del ordenador se apagó. Emmett y yo nos quedamos sumidos en un sepulcral silencio. Viendo nuestros reflejos en la pantalla oscura. Ambos estábamos perplejos. Nunca creí que mi decisión de empezar a estudiar en el instituto provocaría que toda la familia Cullen regresara a casa de sus tan esperadas vacaciones. Es decir, no me creía lo suficientemente especial para que dejaran lo que estuvieran haciendo y se volvieran a ver si yo estaba bien o apoyarme en mi transición de neófita a vampira.
Por lo menos sabía que la mayoría de los integrantes -por no decir todos- sentían un especial nivel de protección hacia mí. Esto era molesto en cierto sentido. No me dejaban explorar mi propio mundo y no me dejaban aprender a defenderme por mí misma. Yo podía hacerlo, simplemente necesitaba algo de espacio. Ahora tendría a toda una familia de vampiros detrás de mí, en el instituto, cuidándome de cada paso que diera. Todo porque al parecer yo no tenía el control suficiente sobre mí como para no matar a nadie en mi primer día.
Me molesté y empecé a caminar enfadada por la sala. No pasó nada malo cuando llevé y recogí a Emmett al instituto, incluso me manejé muy bien con mis emociones los días en los que eso había pasado. Es más, tuve la sangre humana ante mis fosas nasales y logré controlarme — ¿Por qué tenían que venir a cuidar de mí como si fuera una niña chiquita? — Apreciaba el gesto, pero no estaba de acuerdo con él.
— ¿Ves lo que haces? — Preguntó Emmett un poco más calmado que yo.
Me quedé callada. No pensaba hablarle a ese patán después de la reprimenda que él me había dado por salvar la vida de alguien: La vida de alguien que pudo ser mi amigo humano. Y no me arrepentía. De todas formas, me dolían las palabras que me había gritado y la forma en la que se había distanciado de mí luego de la confrontación. Incluso creería que él seguiría ignorándome de no ser porque llamé a toda la familia y lo "metí en problemas". Le di la espalda y caminé hasta mi habitación en el jardín. Cuando pasé por la cocina, Emmett me alcanzó y sujetó mi mano.
— No he terminado. Toda mi familia se devuelve a Forks porque tú quieres estudiar y no consideraste preguntarme — Me reprochó.
— ¿Por qué te preguntaría? — Me enojé.
Caminé rápido al jardín porque estaba consciente de que iba a quemar algo y tenía que salir de la casa rápido. Escuché la voz de Emmett detrás de mí, pero no quería entender nada de lo que decía. Estaba más concentrada en aplacar mi furia. Él no dejó de hablar. Empecé a correr lo más rápido que me dieron las piernas hasta llegar a un bosque. No conté con que Emmett seguía detrás de mí, con las marcas de enfado iguales a las de su hermana, todos sus músculos tensos y sus ojos furiosos puestos en mí, como si yo hubiera hecho algo malo. — EXPLOTÉ — Yo no había hecho nada malo, no tenía la culpa de nada. Todo a mí alrededor estuvo hecho cenizas al instante.
— ¡NO TENGO RAZONES PARA DECIRTE LO QUE HAGO O DEJO DE HACER! — Grité.
— EN ESTE CASO, DEBISTE HABERME DICHO, YA QUE SE SUPONE QUE ESTOY A TU CUIDADO. MI FAMILIA ME MATARÁ.
— Entonces ya no hay nada que se pueda hacer. Además, puedo cuidarme sola — Miré a otro lado tratando de calmarme lo suficiente para enfriar mi cuerpo y congelar todo lo que antes estaba ardiendo en llamas.
— Yo hubiera podido ayudarte, si tan solo me hubieras dicho que querías ir a estudiar — Dijo bajando la voz pero no menos molesto.
Iba a responder. Se me había enfriado la furia y ya no estaba en posición de pelea con Emmett. Al instante siguiente, sentí como mi cuerpo perdía fuerza. Una luz negra nubló mis ojos. No sentí mis piernas. Había quedado inmóvil. Tal vez estaba un tanto alerta de lo que me rodeaba. Solo suficiente como para sentir a Emmett sujetándome en sus brazos para que no me cayera y escuchar mi nombre con un timbre de voz preocupado.
Un flash de luz fue todo lo que se necesitó para que cayera en la inconsciencia.
…
*Flashback
— ¡FUE TU CULPA! SOLO TENÍAS QUE HACER UNA MALDITA COSA Y LO ARRUINASTE — Gritaba Eleazar por toda la sala.
Y ahí estaba yo en la distinguida casa Hale Denali, sentada de piernas cruzadas en un sillón de un puesto, limando mis uñas despreocupadamente, oyendo los gritos de mi tío. Ya estaba acostumbrada a que me regañara por todo y eso no era nada nuevo para mí. Lo único nuevo podría ser el motivo. Aunque también había ocasiones en las que me regañaba por la misma razón, una y otra vez… Con el tiempo dejó de importarme lo que me decía porque no había ocasión en la que la culpable no fuera yo.
Todo a mí alrededor parecía una sala de prensa. Carmen sentada en el sillón individual junto al que debería estar ocupando Eleazar y mis primas trillizas vestidas como súper modelos sentadas en un gran sofá para tres personas.
Trataba a toda costa de no ir a la casa Denali. Me mantenía en los corredores de la escuela, fumando o perdiendo el tiempo con algunos compañeros fuera de las horas de clase, hasta hacía los encargos que mi tío me pedía con tal de no estar un segundo metida en esa construcción. No quería que ni mi tía ni mis primas empezaran con sus comentarios y malas miradas, porque no podía hacer nada ni contradecirlas. Literalmente estaba atada de manos, era menor de edad y para terminar con mi mala suerte: todo lo que yo hiciera - o no hiciera- sería vuelto en mi contra… Como ahora.
— Me diste una lista y fui marcando con un chulito lo que tenía que hacer. No sé qué pasó.
Él soltó un bufido bastante molesto. A parte, ya sentía como Carmen se iba a poner en pie y me iba a atacar también. Tenía suficiente con el loco de su marido como para aguantármela a ella. Caminé con paso firme hasta mi tío y elevé mi barbilla para quedar cara a cara con él. Sin ningún ápice de miedo o de duda.
— Me vestí y maquillé como una puta, listo — Enmarqué con una sonrisa sínica porque yo no era de las que se jactaba de usar poca ropa, solo lo hacía cuando me lo pedía el miserable que tenía de familiar. — Fui al club a esperar a James, listo. Besé a todos los hombres que me invitaban a beber, los que me besuqueaban y manoseaban, listo. Agradecí interiormente que llegara James a protegerme y luego lo dejé ir con todo el dolor de mi alma para que tus hombres lo mataran, listo. ¿Cómo te lo explico? Fui la carnada ¡Y NO HICE NADA MAL! — Terminé con una pose intimidante.
— Entonces no entiendo cómo es que el desgraciado de James Witherlake terminara siendo curado en un puesto de salud, cuando a esta hora debería estar muerto — Me miró furioso.
— Él la considera su amiga, casi todos los del instituto sabemos que ellos son amigos. Debe haber algo que Rosalie no nos esté diciendo — Irina lanzó su comentario venenoso.
—Todos ustedes saben que al final me someto a las decisiones de Eleazar — Volví a sentarme con pose desinteresada.
Sabía que no importaba lo que yo pensara u opinara en esa familia. Yo era como un cero a la izquierda. Eleazar siempre me usaba como un títere y esta no era la excepción. Ya había matado a muchos hombres con mi ayuda para distraerlos un rato -fueran o no mis amigos-. Aunque en realidad no consideraba a James un amigo del todo, a fin de cuentas él no conocía mi vida al completo y solo creía lo que yo le hacía creer. No podía decir lo mismo de él. Ya me había confesado hace poco que estaba enamorado de mí y que podría dar su vida por la mía si era el caso.
Pero James tampoco era un santo. Pese a que hablaba con todos y con nadie, pasaba la mayor parte de su tiempo conmigo, también servía a una red de prostitución. Era el hijo del enemigo de Eleazar, Alistair. Siempre se robaban negocios entre ellos y Eleazar sabía muy bien que todo era por James, porque él seducía a muchas de las mujeres que eran de su propiedad. Por eso y por más, lo quería sacar del negocio.
— Querido… — Llegó Carmen al lado de su esposo y sujetó su hombro acariciándolo lentamente — Ya nos encargaremos de esa sanguijuela. No te tienes que preocupar de más.
— Tienes razón, linda — Besó la mano de Carmen y me miró — Espero que no tengas planes para los siguientes meses, Rosalie. Sonrió con maldad en lo que yo arqueaba una ceja y le ponía mi total atención. No me gustaba en nada cuando me sonreía así. Eso solo significaba un montón de problemas para mí — Vas a ir al crucero.
— ¡¿QUÉ?! ¡NO! — Saltaron todas mis primas y se pegaron a Eleazar.
— Rosalie no puede ir. Ese crucero es muy exclusivo, solo van clientes de alto rango. Ella lo va a arruinar todo y la atención se centrará en ella y sus estupideces. Perderemos clientes — Se sobresaltó Tanya, la más creída y arrogante de todas.
— Papi, es nuestro momento de brillar — Protestó Irina.
— Tú nos prometiste que podríamos ir solas: Sol, diversión y muchos hombres guapos para sacarles dinero. Rosalie solo lo va a estropear todo — Volvió a hablar Tanya.
Sonreí. Se me salió la risa del gato de Alice in Wonderland. Mis primitas ardían en llamas de los celos. Cada vez que se presentaba una oportunidad en la que el cliente tenía que escoger entre alguna de nosotras cuatro para pasar sus noches, me escogían a mí — Obvio yo era la más hermosa — Y eso era lo que las enojaba a ellas…
Mi belleza era mi bendición y mi maldición: Yo siempre era la más pedida. La que se acostaba con todos los hombres asquerosos que hacían conmigo lo que querían porque tenían dinero. Prácticamente le pagaban a Eleazar cantidades exorbitantes de dinero para acostarse conmigo. No era que me enorgulleciera de ello. Siempre había odiado ser la puta de aquellos hombres. Pero esta vez no iba a ser la excepción a los mandatos de Eleazar.
— Que no se les noten los celos primitas. ¿Temen que yo me pueda robar toda la atención? — Me volví a sentar delicadamente en mi puesto procurando mostrar todos mis dotes.
— ¡Para nada! Eres una desabrida levantada, no tienes nivel para estar en eventos como ese — Dijo Irina.
— ¡ES SUFICIENTE! — Gritó Eleazar mandando a las trillizas a que guardaran silencio y se volvieran a sentar en sus lugares. Ellas lo hicieron de mala gana y yo me quedé con una sonrisa de satisfacción… Hasta que él volvió a hablar — Entonces, está decidido. Ya que veo a Rosalie tan dispuesta a viajar en el crucero viajará con ustedes.
Me dio un mal sabor de boca. Para los siguientes semestres quería estudiar. Ya estaba buscando institutos en donde enseñaran derecho y yo misma me iba a pagar mi carrera, pero como iban las cosas, tal vez me demoraría unos años más en conseguir mi título y largarme de esa horrible casa del terror.
*Fin del Flashback
…
— ¿Rosalie? ¿Rosalie?
Escuché que una voz masculina me llamaba. Me dolía la cabeza y veía todo con luces. Me tomó un tiempo darme cuenta de que me había vuelto a desmayar. Odiaba cuando eso pasaba pero era la mejor forma que tenía para saber -por mí misma- sobre mi pasado.
Seguía desorientada. La cabeza no me dolía tanto pero empezó a darme vueltas, como si estuviera mareada. Mi vida anterior fue un asco. Ese pequeño momento en el que Eleazar me ordenó que fuera al crucero de prostitutas con mis primas, marcó un antes y un después en mi vida. Lo supe porque en cuanto estuve consciente de nuevo, en mi estado vampírico, tuve la pequeña visión de una Rosalie desesperada buscando ponerse al corriente con sus estudios, esforzándose por salir adelante para que al final le negaran la beca en la universidad.
Veía mi habitación en el jardín. Esta vez me encontraba medio recostada en mi sofá púrpura. Emmett estaba frente a mí, tenía el teléfono entre la oreja y el hombro, una mano descansaba con suavidad en mi espalda y la otra presionaba levemente un paño húmedo contra mi frente. Estaba desesperado.
— ¡VOLVIO A SUCEDER. SE DESMAYÓ, CARLISLE!... Estábamos discutiendo porque ustedes volvían a casa, se molestó y como es costumbre quemó todo un bosque, lo congeló y de la nada se desvaneció en mis brazos… No lo sé… Lleva así como unos diez o quince minutos… ¡NO FUNCIONA!... Lo siento, tal vez con humanos funcione lo del paño húmedo o el alcohol, pero ya le he puesto alcohol dos veces y he remojado el paño otras cinco veces.
Parpadeé varias veces y me senté rígida en mi lugar, sin que él tuviera la necesidad de sostenerme.
— Ya está consciente. Hablamos en cuanto llegues a casa. Adiós — Dijo rápidamente sin que Carlisle pudiera responder. — ¿Cómo te sientes? — Me preguntó gentilmente acomodándome mejor para que pudiera descansar mi espalda sobre el espaldar.
— Bien — Respondí escuetamente — Gracias y creo que te debo una disculpa — Él me miró arrugando el ceño — A pesar de que no me arrepiento de lo que hice en el pasado…
— Shhh… No es necesario que hablemos de eso. No importa — Me calló con una hermosa sonrisa.
— De todas formas, tú tenías razón y no debí cambiar nada. Fuera de eso me molesté contigo sin una buena justificación y para terminar te ocasioné problemas con tu familia. Sin importar nada, tú te preocupaste por mí, me ayudaste y no sé…
Emmett tomó mi barbilla entre sus dedos y me sonrió — En serio, no… Tienes… Nada… Que… Agradecer…
Entre cada palabra que pronunciaba nos acercábamos más. No tenía nada que ver que él casi estuviera halando mis labios a los suyos, de ser así yo me hubiera librado con bastante facilidad. Sus dedos eran seda pura en mi mentón. Seda que se deslizó en cuanto sus labios estuvieron sobre los míos. Dejé salir un pequeño suspiro antes de cerrar los ojos.
Posé mis manos en su nuca y lo acerqué lo más que pude hacia mí. Había nacido una imperiosa necesidad en mí por tenerlo cerca. Experimenté la sensación de pérdida cuando lo vi y luego algo en mi me decía que yo lo conocía de antes, que él había estado en algún momento de mi vida pasada. Necesitaba estar con él.
— ¿Quién eres Emmett Cullen ?
No respondió. Un leve silbido salió de sus labios y lo siguiente que escuché fue cómo su saliva bajaba con dificultad por su garganta.
Bueno, que les pareció el alboroto que armó Rosalie. Será que después de todo su decisión si cambió el presente en el que viven ella y Emmett.
Gracias por leer. De verdad significa mucho que lo hagan ¿Merezco algún review?
Nos leemos en el siguiente cap. Saludos desde Colombia.
