Capítulo 10: Vuelco en la Historia
POV Emmett
Todo se empezó a poner demasiado extraño entre Rosalie y yo desde que ella había cambiado el pasado. No iba a negar que estaba molesto por que ella hubiera salvado a ese humano. En realidad no me importaba si él moría o no. Rosalie había hecho lo correcto. De todas formas, lo ideal era que no muriera. Sin embargo, algo dentro de mí seguía carcomiéndome. A pesar de que no conocía a Rosalie lo suficiente como para gritarla de la forma en la que lo había hecho, me sentí de alguna forma traicionado y algo seguía gritándome en mi interior.
Los días que sucedieron sin hablarnos fueron realmente insoportables. Estuve al pendiente de ella todo el tiempo. Puse cámaras en toda la casa y sus alrededores, lo verdaderamente complicado fue vigilarla cuando ella iba a cazar y yo estaba en el instituto. Generalmente yo cazaba cuando ella lo hacía, para alimentarme y de paso cuidarla. Claro, sin que ella me notara. Pese a todo eso, no dejaba de ser complicado, porque no podía darme el lujo de faltar al instituto: Eso significaría tener problemas con Bella y toda la familia, sin importar que ya se me había olvidado el número de veces que había ido al instituto en toda mi vida como inmortal.
Para terminar, se llegó la conversación con mi familia… Me sacó de quicio que todos pensaran que yo no servía para cuidar a un ángel tan precioso como lo era ella. Hermosa, fuerte e inteligente. No se dejaba doblegar por nada, con un carácter de acero y dones increíbles. Toda ella era perfecta. Me estaba enamorando y no planeaba hacer nada para detenerlo — ¿Quién era yo para hacer algo así? — Aunque sentía una sensación de "Deja Vú". Alguien ya me había robado el corazón en alguna ocasión, aunque no recordaba ni cómo, ni quién exactamente lo había hecho. Seguramente ya me estaba volviendo loco, o me estaban afectando las emociones de toda mi familia… "Amor y paz en todas las parejas que me rodeaban", especialmente cuando Jasper nos permitía sentir a todos lo feliz y enamorado que se sentía con Alice. Pero no podía culparlo por ello. Seguramente, si yo encontrara mi pareja también viviría así.
Todo estaba aburridamente tenso, el susto vino después. Estuve tan encerrado en mi furia porque Rosalie no había acatado mis órdenes y que además había salvado a un humano que no conocía, que no quise saber de ella más de lo necesario. Hasta que el terror casi me vuelve loco al pensar que ella no volvería a abrir sus preciosos ojos recién convertidos a un brillante color avellana adornados por esas largas y espesas pestañas. Ella no se podía alejar de mi lado. En cada desmayo que le daba, yo sufría pensando que nunca estaría con ella de nuevo, que no llegaría a conocerla, que nunca tendría la posibilidad de tenerla entre mis brazos y amarla. Al menos, descubrir si mis sentimientos por ella eran correspondidos.
Entré en pánico cuando uno de sus desmayos duró más de lo habitual y lo más lógico que se me ocurrió hacer, fue llamar a Carlisle. Él había atendido la mayoría de sus desmayos, sin ningún éxito porque no sabíamos la razón, pero al fin y al cabo él era médico. Carlisle sabría qué hacer.
Recosté a Rosalie en el sofá púrpura de su habitación y busqué, entre los bolsillos de mi pantalón, el celular para llamar a Carlisle… Cualquier persona que me hubiera visto los siguientes diez minutos hubiera pensado que se me había zafado un tornillo, y con justa razón: Yo iba con el celular pegado a mi oreja con mi hombro sirviéndome como apoyo, hablando tan rápido como me lo permitía los músculos de mi boca, mirando a Rosalie, sujetando sus manos y sobando su espalda, corriendo velozmente de un lugar a otro mientras buscaba trapos, alcohol, medicinas que curarían cualquier enfermedad humana. Pero nada de eso servía y la desesperación se apoderaba más de mi cuerpo a cada segundo que pasaba. Hasta que ella despertó.
Cualquier mortal diría "Se me devolvió el alma al cuerpo", literalmente lo sentía así. Mi hermoso ángel de cabellos dorados se había despertado. Noté que seguía con Carlisle en el teléfono así que me despedí y me aseguré de preguntarle a Rosalie cómo se sentía, al mismo tiempo que la acomodaba en una mejor posición en el sofá.
— Bien — Respondió simplemente y se tomó un tiempo — Gracias y creo que te debo una disculpa — Yo la miré sin entender sus palabras y ella continuó — A pesar de que no me arrepiento de lo que hice en el pasado…
Mi mente volvió a la conversación -pelea- que estábamos teniendo antes de que ella se desmayara. Tal vez me molestó que ella desobedeciera mis órdenes por salvar a un humano. Tal vez eran celos. Tal vez mi ángel había querido más a esa persona que debía seguir andando por ahí, de lo que me quería a mí. Algo casi insoportable se instaló en mi cuerpo al pensar en eso. Aunque de cualquier forma, prefería eso si hacía que Rosalie se sintiera feliz. Preferí obviarlo. Ahora no tenía sentido, lo único que me importaba era saber que ella se encontraba en perfectas condiciones.
— Shhh… No es necesario que hablemos de eso. No importa — Dije rápidamente para no recordar más. Para no pensar de más.
— De todas formas, tú tenías razón y no debí cambiar nada. Fuera de eso me molesté contigo sin una buena justificación y para terminar te ocasioné problemas con tu familia. Sin importar nada, tú te preocupaste por mí, me ayudaste y no sé…
Rose se empezó a desesperar. Miles de palabras abandonaban su boca de forma impresionante. Salió aquella personalidad indefensa que solo había visto cuando recién había llegado a la familia y sentí la imperiosa necesidad de protegerla-sin importar lo mucho que la despreciara para ese entonces-. Aunque sabía que ella se podía proteger sola mil veces mejor de lo que yo podía hacer por ella. Era simplemente perfecto. Una mujer sola, perdida y quizás indefensa se mostrara tan determinante, con tanto poder, exuberante de energía y sensualidad.
Fruncí mis cejas pensando en el momento que la vi rodeada por toda mi familia. No entendía mi comportamiento — ¿Por qué la evadí? ¿Por qué fui tan hostil con ella? — desperdicié valiosos segundos al lado de un ser perfecto y esta era la hora en la que no tenía ni la más mínima idea de por qué lo había hecho. Mi corazón inerte gritaba por ella. Los músculos de todo mi cuerpo clamaban por el contacto con su piel — ¿Cómo pude ser capaz de mantenerme lejos de ella? —
Me acerqué lentamente. Casi no se notaba de no ser porque mis dedos tocaron su barbilla con suavidad.
— En serio, no… Tienes… Nada… Que… Agradecer… — Susurré haciendo una pequeña pausa al pronunciar cada palabra.
Por alguna razón estaba aguantando el aliento. Las palabras se me atoraron en la garganta. No tenía control de mi cuerpo. Solamente la veía a ella. Su hermoso rostro enmarcado por su cabello rubio ondulado y algo despeinado. Sus ojos cálidos como el sol. Después pasé mi vista por sus labios y ya no pude pronunciar ninguna palabra más. No pude pensar en nada más que no fuera probar sus rojos y carnosos labios, los cuales me había parecido deliciosos desde el primer día que los vi. No necesitaba probarlos para saber que eran un manjar exquisito. Sin embargo, quería probar mi teoría. En ese momento no me importaba nada.
Tragué saliva para darme ánimos a mí mismo. Yo estaba muerto de los nervios aunque nadie lo notara. Rosalie podía mandarme al mismísimo demonio en ese instante — Tengo que intentarlo — Probé tanteando el terreno y alcé mi mano lentamente de manera que mis dedos tocaran levemente su mentón suave. Llevé mi mirada a sus ojos, en donde solo había dulzura y una mueca casi inexistente de duda. Lo tomé como buena señal y me acerqué a ella sin quitar mi mano. Entonces sentí su aliento sobre mis labios, antes de que se unieran en un tímido beso.
— Disculpa. Podemos dejarlo hasta aquí y fingir que nada pasó — Susurré sobre sus labios.
Quizá no había sido una buena idea. Fruncí el entrecejo ante mi pensamiento, puesto que yo era alguien decidido y nunca me arrepentía de nada, mucho menos de besar a una mujer. Siempre me jugaba todas mis cartas con la mujer a la que quería tener en mis brazos. Las conquistaba a todas con mi encanto y mi sonrisa. Nunca estuve de tan seguro de querer besar tanto a una mujer, como la que tenía en frente. Aun así estaba aterrado, con los huesos tiritando y mi inerte corazón queriéndose salir de mi pecho.
Busqué la salida de su "habitación" con la mirada. Había sido bastante por una tarde: Tenía un lío en la cabeza y en el corazón y no sabía cómo disimular eso frente a ella, ni siquiera sabía qué decirle. Además, muchas emociones debían tenerla agotada y mi familia iba a llegar antes de que nos diéramos cuenta. Lo mejor sería que la dejara descansar. Hice el intento de levantarme de mi puesto hasta que escuché su contundente negativa.
— No.
Posó sus manos en mi nuca y me acercó lentamente hasta ella. Lo suficiente para quedar a unos centímetros. Las puntas de nuestras narices apenas se rozaron. Me quedé en silencio apreciando su belleza y la forma en la que me hacía sentir mientras estaba con ella. Juntos éramos imparables. Noté que su ceño se fruncía un poco.
— ¿Quién eres, Emmett Cullen ? — Preguntó con una leve sonrisa de duda.
Me quedé completamente mudo. No sabía cómo responder a esa pregunta. Un leve silbido salió de mis labios, se me hizo un nudo en la garganta. Solo hasta ese momento, noté que estaba conteniendo la respiración, de nuevo — ¿Por qué? ¿Qué tenía Rosalie Hale que se me hacía tan conocido? — Ella me era muy familiar y al mismo tiempo un enigma — ¿Por qué? —.
— Te hago la misma pregunta ¿Quién eres tú, Rosalie Hale? ¿Por qué te me haces tan familiar? — Pregunté frunciendo el ceño.
— Si te soy tan familiar, debí haber hecho algo malo porque al principio no me soportabas. Llegué a esta casa y tú buscabas cualquier excusa para evadirme.
A medida que ella dijo eso, se fue alejando de mí. Quedamos como al principio, en una posición normal de dos inmortales que hablaban como "amigos". No obstante, la sonrisa altiva de aquella princesa del hielo no se perdía — "Princesa del hielo" — Un calificativo que me pareció haber usado con ella hace un tiempo, pero no recordaba detalles. Volví a mis cabales pensando en la razón por la cual había hecho todas esas brutalidades — ¿Por qué me había ido a Texas en un principio? ¿Por qué no había participado de las festividades con mi familia? ¿Por qué había preferido estar con Nahuel y la loca de Kachiri a convivir con Rosalie? — Sonreí y negué con la cabeza.
— No lo sé ¿Te entristeció que no te prestara la debida atención? — Bromeé un poco.
Ella pareció entender el tono burlón en mi voz y se sentó con la espalda recta, sonriendo tan solo lo necesario creyendo que yo no veía la hermosa y pequeña sonrisa que había puesto. Imitando una pose falsamente arrogante.
— ¿Por qué debería importarme? El resto de tu familia estaba cuidándome y recibiéndome atentamente — Contestó altanera mirándose las uñas.
— Tal vez. Solo te faltaba mi atención. La necesitabas — Me encogí de hombros. Totalmente despreocupado por su respuesta, sin quitar mi sonrisa.
Me puse de pie en cuanto escuché un auto en la entrada de la casa. Finalmente detecté la risa de Edward y luego la voz risueña de Bella contestándole su comentario. Me adelanté. Debí suponer que ellos serían los primeros en llegar a casa, lo que no esperé fue que llegaran justo el día en el que habíamos tenido la discusión. Seguramente Edward no había podido convencer a la testaruda de mi hermana de quedarse por lo menos un día más en su luna de miel. Es que definitivamente Bella tenía a mi cuñado comiendo de su mano.
Al llegar a la puerta, le di a Rosalie una mirada rápida.
—Solo digo que ninguna mortal o inmortal se puede resistir a mis encantos. Tu no serás la excepción — Le dediqué una sonrisa y le guiñé un ojo.
Corrí a toda velocidad hacia la entrada, sin darle un pequeño espacio para que me respondiera otra cosa.
Allí estaba Edward tomando la mano de Bella, se notaba que la estaba reteniendo tiernamente para que no avanzara hasta encontrar a Rosalie. Mi sensato cuñadito me estaba salvando el pellejo, porque Bella no se notaba muy feliz que se diga y me iba a matar en cuanto me viera — ¿Por qué me querría matar? — Bella era mi hermana. A Rosalie la había conocido hace poco tiempo y la defendía más de lo que hacía conmigo -no que ninguno de los dos lo necesitáramos-. Pero ahora no me iba a poner a analizar el comportamiento de mi testaruda hermana Isabella. Me llené de aire los pulmones y relajé mi postura.
— ¡Edward! — Grité. Apreté su mano y golpeé su espalda en forma de saludo. Luego miré a Bella — ¡Hermanita! — La tomé en mis brazos y la giré en el aire para luego darle un sonoro beso en su mejilla. — ¿Por qué regresan tan temprano? Juraba que habías planeado más días de vacaciones, Edward.
— Tu sabes muy bien por qué estamos aquí, Emmett Swan Cullen — Dijo Bella mirándome a los ojos, con los brazos cruzados sobre su pecho.
— Testaruda, retadora y pareces un poco furiosa ¿No te sirvieron las vacaciones? Al parecer, Edward no hizo bien su trabajo — Pellizqué una de sus mejillas.
Edward no pudo contenerla más y ella dio un paso rápido hasta quedar en frente mío. Con su escasa estatura me daba en el pecho y tuvo que levantar la vista ligeramente, sin dejar de verse intimidante. Achicó sus ojos dándome una mirada de furia. Siempre lograba hacerme sentir culpable con esa mirada, aunque nunca lo admitiría ante nadie. Sin importar nada, mantuve la mirada porque en realidad yo no había hecho nada malo: Seguí las indicaciones que me había dejado al pie de la letra. Quizá lo único que se me había salido de las manos fue mi discusión con Rosalie. Aun así nunca dejé de vigilarla y velar por su bienestar.
— ¡Hey! ¿Y esa mirada? ¿Edward no cumplió con sus labores de esposo? — Sonreí.
Puso un dedo en mi pecho — No estoy para tus bromas ¿Qué demonios hiciste? ¿Dónde está Rosalie?
Lo pensé por cerca de un segundo porque no me dio más tiempo: Rosalie estaba en cama, descansando de su último desmayo. Pero si le decía esto a Bella ella explotaría y como siempre, pensaría que todo era mi culpa por mi falta de seriedad y responsabilidad. Al segundo siguiente, tenía a Rosalie caminando a pocos pasos de la entrada con una sonrisa, como si nada hubiera pasado, como si hace unos minutos ella no se hubiera desmayado y yo no hubiera estado al punto de un colapso porque no despertaba. Como si no nos hubiéramos besado hace tan solo unos cuantos minutos.
— Aquí estoy ¿Cómo les fue en su luna de miel? — Se acercó a saludar a Edward y a Bella con una sonrisa.
Bella y yo la mirábamos perplejos. Bella parecía indecisa entre acercarse o no, como si estuviera viendo un fantasma. En cambio, la sonrisa que Rosalie tenía en el rostro, no se comparaba con nada. Era enorme. Se veía perfecta, hermosa, cualquiera pecaría por tener a una criatura como ella al lado. Desplegaba una felicidad inmensa. Solo Edward sabía lo que ella estaba pensando y sonreía ligeramente mirándome con una ceja medio alzada.
— Todo fue excelente. Pero es un gusto volver a casa — Edward rompió el silencio y tomó la mano de Bella sacándola de su estupor — ¿Cómo estás, Rosalie?
Edward no podía disimular más su sonrisa y quién sabe qué estaba pensando Rosalie, porque en un gesto sutil, ella le dio las gracias por su intervención.
— Yo he estado muy bien. He cazado por estos días y he aprendido a manejar mi sed por la sangre humana gracias a que he ido al instituto a llevar y recoger a Emmett — Levantó un dedo mirando a Bella y se acercó a ella para hablar más suavemente — Ese cabeza hueca me hizo demasiadas bromas. Sin duda le hace falta crecer y madurar.
Bella sonrió y me miró con una ceja alzada — Ya idearemos la forma en la que pagará. ¿Cómo te va con el fuego y el hielo? ¿Todo bien? No te haría mal congelar a Emmett un día de estos.
—Sí, he practicado con mis dones y ya puedo decir que los tengo casi controlados ¿Por qué no nos cuentan cómo estuvo su viaje mientras entramos a la casa? — Preguntó de la forma más natural que pudo.
Edward abrió los ojos tanto como pudo cuando Rosalie hablaba sobre su mejor auto-control por la sed humana. Me miró a mí con el ceño fruncido. Seguramente él estaba leyendo su mente y lo sabía todo. Por supuesto, todo esto no pasó desapercibido para Rosalie y se tensó de inmediato, pero no era su culpa: Todos nos tuvimos que acostumbrar a que Edward leyera nuestros pensamientos y por lo tanto aprendimos a ocultar ciertos "cosas" para que él no se percatara de lo que no le incumbía. Nuestro error fue no decirle esto a Rosalie y ella ni siquiera tuvo la oportunidad de aprender a bloquear su mente de Edward, -claro, en ciertas ocasiones- porque no era tan fácil salir bien librado de eso.
— ¿Le permitiste cambiar el pasado? ¿Te volviste putamente loco? — Preguntó Edward en mi mente. Yo solo cerré los ojos y desvié mí vista — ¡EMMETT! Sabes que no puedes hacer eso — Me reprendió y yo lo ignoré. No estaba de ánimos para aguantarme sus reproches, ya iba a tener suficiente con Bella gritándome más tarde.
— No quiero pensar en eso. Tu esposa ya me va a gritar durante horas, no lo vas a hacer tú también — Respondí mentalmente.
Al parecer, Edward tomó eso como buena respuesta, por un tiempo. Dejó de meterse en mi cabeza y se incluyó más en la conversación que estaban teniendo Rosalie y Bella.
Rosalie cerró los ojos por un momento y volvió a su postura. Desde un tiempo acá, ella se estaba comportando más independiente, menos inofensiva y con el carácter más fuerte - si es que eso se podía-. Me sentía familiarizado por alguna razón, pero no sabía por qué. Era como si yo hubiera sabido que ella siempre se portaba así.
— No nos vamos a quedar aquí ¿Cierto? Nos van a salir raíces y formaremos parte del bosque — Bromeé para salir del silencio y de paso, quería dejar de pensar tanto.
Afortunadamente, todos sonrieron y asintieron. Edward y yo bajamos las maletas y las ubicamos en la habitación que él compartía con Bella.
Por otro lado, mi hermana y Rosalie aprovecharon que estábamos descuidados y se fueron a hablar iba a saber yo de qué, pero podía oír su risa a metros de distancia. La armoniosa risa de un ángel. Me mataba no saber de qué se estaban riendo -lo averiguaría- Bella siempre me recordaba que yo era curioso desde niño y eso nunca cambiaría. Tal vez Bella le estaba contando a Rosalie algunos detalles de su viaje con Edward. O le estaría contando algo sobre mí — ¿Anécdotas, tal vez? Esperaba que le estuviera diciendo lo genial que era estar conmigo — ella no quería que yo estuviera presente para desmentir porque bromearía por siglos con eso. - Y demonios que tenía razón -
— Entonces, cuñadito ¿Disfrutaste tu luna de miel con mi hermana? ¿Al menos la dejaste descansar?
— Emmett... — Descargó una gran maleta que llevaba en sus manos — Tú sabes que disfruto cada momento que paso con ella.
— Si, pero tú sabes… ¿Te aprovechaste de que hace meses está con una sed insaciable de ti? En serio, si ustedes no hubieran tomado esas vacaciones, yo los hubiera empacado en una caja y los enviaría lejos. Ya no podía con todas esas ondas de lujuria que enviaban por toda la casa. Incluso lo podía sentir aunque no fuera empático como Jasper — Me quedé en silencio y me senté en la cama — Ya en serio, ¿Cómo estuvo?
Él se movió rápidamente al otro lado de la habitación y desempacó una pequeña caja. Soltó una gran carcajada.
— ¿En serio quieres hablar de cómo se comporta tu hermana en la cama? — Me estremecí y eso pareció hacerlo reír más — Como sea, ella imaginó que preguntarías algo así y me dijo que te hiciera comer esto.
Y sin que yo lo pudiera prever al menos, tenía algo pequeño y suave en mi boca, con un sabor dulzón detestable, completamente insoportable. Lo escupí en cuanto pude mandándolo lejos y vi el asqueroso producto blanco casi derretido en el piso de madera.
— ¿UN MASMELO? ¿EN SERIO? ¿No se le ocurrió otra forma más gráfica para representar la relación que llevan ustedes dos?
Edward se carcajeó sosteniendo su estómago — TENDRÁS QUE LIMPIAR ESO — Soltó en medio de las risas y salió a correr sabiendo que lo haría pedazos.
Después de eso, me abstuve de preguntar más detalles sobre el viaje que habían tenido. No quería que lo próximo que tuviera en mi boca fuera algo que mi hermana y mi cuñado hubieran usado durante el sexo -aunque no los creía capaces-.
Edward estaba desempacando las maletas de viaje mientras me enumeraba los países que habían visitado y los lugares que habían recorrido. La mayoría ya los conocían, así que sí, yo había tenido razón: pasaron gran parte de su tiempo escondidos entre los árboles o lugares deshabitados haciéndolo como conejos. Siendo sinceros, ya llevaban bastante tiempo tratando de parecer calmados y eso era raro, aun para ellos.
Después de un tiempo prudente, Rosalie y Bella llegaron a la sala donde Edward y yo estábamos hablando sobre el regreso del resto de la familia. Si Edward y Bella habían llegado antes, el resto no demoraría en aparecer y la casa estaría a reventar, con todo el mundo compartiendo experiencias, preguntándonos sobre lo que había ocurrido y blah blah blah… Rodé los ojos ante esa simple idea.
— Okey… ¿Tiempo de hermanos? — Preguntó Bella con una gran sonrisa y voz cantarina.
— Paso — Dije hundiéndome más en el sillón.
Aun así, nada pudo con Bella. Ella y su maldita telequinesis me llevaron al bosque en contra de mi voluntad. Pasaba el tiempo y yo seguía sin entender cómo carajos me podía levantar con mis casi ochenta y cinco kilogramos de músculos solo utilizando su mente — Y después dice que yo soy el cursi. Sí claro — Nunca lo admitiría frente a ella, pero disfrutaba mucho que ella me hiciera volar por los aires como un súper héroe. Si lo hacía, significaría que ya no tendría ninguna otra excusa para que ella no me llevara de un lado a otro cuando quisiera.
Ya estaba sentado en la raíz de un árbol viendo como Bella se trepaba a una rama, y así quedar más alta que yo.
Soltó una risita — ¿Qué pasó con Rosalie mientras no estuvimos?… — Hizo una pausa para bajar de un salto hasta mis hombros — ¿Te gusta Rosalie? — Me quedé quieto tratando de que no viera mis emociones en mi rostro. Ella soltó una risa inmediatamente — Claro que sí. Te gusta, te gusta, obvio que te gusta — Empezó a cantar como niña chiquita.
— ¿Qué te dijo Edward? — Solté en un suspiro.
— Nada. Lo digo por el brillo que hay en tus ojos y el hecho de que cuando llegamos, ustedes estaban actuando muy extraño. Emmett, soy tu hermana, cuéntame.
Se bajó de mis hombros y me hizo una señal para que me sentara sobre la enorme raíz que había debajo de nuestros pies.
— Si, yo… Es… Me tiene loco. Ella es hermosa y su carácter es sexi. Incluso cuando me desobedece quiero comérmela a besos y quitarle todo lo que lleva encima, ponerla sobre cualquier superficie plana y hacerla mía hasta que me canse. Algo que dudo que sea posible. No me saciaría nunca de ella.
Mi hermana arqueó una ceja. Yo no solía hablar así de una mujer, sin importar que fuera mortal o inmortal -tal vez un poco con mis hermanos, no enfrente de mi hermana-. Habían sido pocas y contadas veces en las que yo me había interesado en alguien, hasta que llegó Rosalie.
— Entonces… Te desobedeció — Afirmó pensativa, buscando cambiar el tema. Yo sabía que a ella le incomodaba que yo le hablara de temas de sexo.
— Si, bueno. Ella quería probar otra vez con el experimento de llevarla al pasado para que recordara algo de su vida. Había un joven que parecía ser amigo de ella. Lo iban a matar y por más que le insistí en que no podíamos alterar el pasado, ella se negó y le salvó la vida el joven. Como sea, por eso nos peleamos y nos ignorábamos todo el tiempo. Seguramente ella se aburrió en la casa todos los días y por esa misma razón quiere comenzar el instituto — Comenté vagamente.
Bella hizo un gesto — ¿Hubo alguna consecuencia negativa después del viaje en el tiempo? — Preguntó poniendo su dedo índice en su mentón.
— Ella se desmayó y…
Me quedé pensativo por lo que había sucedido después. Definitivamente no le iba a decir a mi hermana que había besado a Rose. No iba a llegar hasta allá porque ni siquiera yo sabía que había pasado, o más bien, por qué había pasado. Contrario a todo lo que mi familia podía pensar acerca de mi carácter extrovertido, prefería mantener mi vida personal en privado como debería ser hasta que encontrara a la mujer con la que DEFINITIVAMENTE iba a compartir la eternidad.
Respondí rápidamente — Y llegaron ustedes. Ella solo tuvo unos cuantos minutos para recuperarse antes de recibirlos en la entrada.
— Bien — Sacó algo del bolsillo interno de su chaqueta — ¿Ya le dijiste lo que sientes?
Abrí los ojos cuando enfoqué lo que tenía en su mano. Un cuaderno con portada marrón, con mi nombre en letras grandes. Yo anotaba todo lo que pasaba en cada día de mi existencia. Bella y yo teníamos un pacto: Usábamos una especie de diario para desahogarnos en caso de que no estuviera el otro o en caso de que necesitáramos algo de intimidad. No sé por qué sudé frío cuando lo vi.
Un repentino flash de Rosalie y yo, conviviendo juntos, haciendo el amor, unos años atrás, nubló mi mente y acerqué mis manos temblorosas a las de Bella tendiéndome mi posesión más sagrada.
— Tú estabas muy mal, un día. Dejaste esto tirado en el bosque y no te diste cuenta. Entonces lo recogí y por eso lo tengo conmigo — Entrecerré los ojos — No me mires así, no he leído nada.
— ¡¿Qué?! Te lo juro, no me acuerdo. De seguro cuando Rosalie cambió el pasado, también cambió las circunstancias en las que nos conocimos hace unos años — Dije dándole una ojeada.
— Tal vez la conocías de antes — Afirmó más bien en forma de pregunta. Tan desconcentrada como yo lo estaba.
Repasé en mi memoria todos los momentos que tenía frescos. Todo lo que había vivido como humano y como vampiro. Lo que más me extrañó fue tener ligeros vistazos de la sonrisa de Rosalie. Su voz ya fuera gritándome o hablándome amablemente, hasta seductora cuando estábamos en una cama. La única diferencia era que ella tenía las mejillas sonrojadas, escuchaba el latido de su corazón llenando mis oídos con su sinfonía y mis ganas casi incontrolables de clavar mis colmillos en su cuello, para extraer cada gota de su deliciosa sangre. — La conocí mientras ella era humana ¿Cómo podía ser eso posible? — Mi cuerpo se tensó más -si eso era posible-.
Bella puso una mano sobre la mía y me sonrió sacándome de mi letargo.
— Tendrás que preguntarle a ella. Ya te lo dije, no me atreví a leerlo porque pensé que lo mejor era que tú me lo contaras por ti mismo. No planeaba violar tu privacidad ni mucho menos, tan solo quería saber si estabas bien.
— Lo estoy. Solamente me siento algo aturdido.
Suspiró — Entonces, supongo que ya no necesitas más tiempo de hermanos. Por ahora — Se puso en pie lentamente — Estaré en la casa con Edward y Rosalie, esperando por la llegada de los demás. Ah! Y no te preocupes de que Rosalie haya escuchado algo de nuestra conversación. Edward le está enseñando a tocar el piano y estoy segura de que eso la mantendrá distraída por un rato.
Asentí poniéndome de pie al mismo tiempo que ella lo hacía y le sonreí con verdadero agradecimiento. No me había dado cuenta lo mucho que había echado de menos hablar con Bella. Dejé que se fuera, no sin antes agradecerle por toda su comprensión.
Me volví a sentar, esta vez, sobre la punta de un acantilado que me daba una vista perfecta del paisaje. El sol apenas escondiéndose. Cerré los ojos y suspiré. Había algo que yo me estaba perdiendo. Seguramente yo había conocido a Rosalie de antes y Bella tal vez lo sabía. Como fuera, las respuestas estaban en el cuaderno que tanto protegía de los ojos curiosos.
— Es hora — Me dije motivándome a abrir mi diario.
Hola, feliz viernes!
Espero que les haya gustado el capítulo ¿Qué creen que pasará ahora entre Rosalie y Emmett? ¿Será que ella cambió la forma en la que se conocieron?
Agradezco el apoyo de todas las personas que me leen, me gustaría saber su opinión ¿Merezco reviews?
Nos leemos el otro viernes :)
