Capítulo 11: ¡Bienvenidos!
POV Emmett
Estaba extrañamente nervioso sosteniendo el cuaderno cerrado entre mis manos. No servía de nada la paz que estaba tratando de tomar al balancear mis pies por el acantilado, ya que todo se extinguía cuando llegaba a mis manos. Estaba temblando del torso para arriba. No sabía lo que me iba a encontrar — ¿Cómo era posible que tuviera tanto miedo de algo que yo mismo había escrito? — Se suponía que tendría que ser algo bueno.
Yo no había tenido momentos tan malos en mi vida como inmortal. Nunca me había aterrado tanto el pasado. Ahora era algo irónico siendo que yo tenía el don de viajar en el tiempo: Bien podía viajar al momento que tanto me aterraba. El momento que yo había descrito en mi confiable diario y todo estaría más claro al verlo que leerlo.
Sacudí mi cabeza de un lado a otro para sacar los pensamientos negativos de mi mente y abrí el diario temeroso. Hasta que escuché, a lo lejos, cómo rechinaban los neumáticos de tres autos diferentes. Solté un suspiro pesado. Tendría que ser en otra ocasión y no sabía si eso era algo bueno o malo. Mi familia había llegado y tendrían preguntas, estarían llenos de anécdotas así como comentarios recriminatorios hacia mí. Tenía un gran camino que recorrer antes de poder develar mis secretos.
Fuera lo que fuera, estaría preparado para afrontarlo cuando terminara de recibir a mi familia. Me llené de positivismo y sonreí. Escondí el diario en el bolsillo interno de mi chaqueta y me puse en pie con mucha parsimonia. Caminé hasta la casa con paso lento y más pronto de lo que pensé, ya estaba en la sala de mi casa recibiendo los abrazos cariñosos de mis padres. Ambos con sonrisas genuinas en sus rostros. Carlisle me daba unas cuantas palmadas en la espalda, mientras que Esme besaba maternalmente una de mis mejillas y me preguntaba cómo habían estado las cosas mientras ellos no estuvieron. Me solté de sus abrazos y sonreí contándoles que todo había estado bien.
Rosalie aclaró su garganta haciéndose notar -por alguna razón-, Edward y Bella aguantaron una carcajada detrás de ella. Mi hermana y mi cuñado conspirando en mi contra… No debería sorprenderme. Bella siempre ponía esa cara cuando tramaba algo, pero yo me vengaría. De ambos. A veces daba algo de miedo porque parecía que pensaran igual: Parecían uno solo ese par de tortolitos.
Lo próximo que sentí fueron los brazos de mis hermanas adoptivas rodeando mi cuerpo. Para ser tan pequeñas ambas, tenían bastante fuerza y a veces yo tenía que hacer un poco de equilibrio para que no me tumbaran. Ahí, justo en ese segundo, Bella se acercó corriendo a mí y estoy seguro de que utilizó su maldita telequinesis porque logró que Alice, Heidi, ella y yo quedáramos en el suelo riéndonos.
— Bien, yo sabía que me iban a extrañar horrores, trio de remolinos — Les dije abrazándolas — Y no era necesario que me tiraras al suelo. Juro que algún día me pagarás por todas las veces que has usado ese estúpido don conmigo — Señalé a Bella en forma cariñosa.
Ella soltó una pequeña carcajada — Esta vez no fue mi idea que tu quedaras en el suelo — Se encogió de hombros y miró a Rosalie.
Miré a Rosalie completamente incrédulo. Me mostró una sonrisa de ángel — Eso es para que no te queden ganas de hacerme otra bromita como la que me hiciste el primer día que te llevé al instituto — Advirtió.
Sonreí. Todos quedaron con mirada de incognito para que les contara sobre las bromas que le había hecho a Rosalie. Estaba extasiado y muy feliz, a pesar de que ella me había "vencido" por primera vez. Ya me encargaría de la venganza y utilicé a mi dulce hermanita. La miré y ella entendió en menos de un segundo. Rosalie fue arrastrada por su telequinesis a donde nosotros estábamos tirados en el suelo.
Lo que nadie se esperó, o tal vez Alice si, era que Alec y Jasper venían con cajas medianas hacia nosotros. En medio de la atracción de Rosalie hacia nosotros, Jasper y Alec se interpusieron, lo que terminó en todos en el piso, con cajas encima. Edward, Carlisle y Esme riéndose a todo pulmón, alrededor de nosotros.
— ¡Qué bienvenida, hermano! Te encantarán tus regalos de recuerdo — Exclamó Alec.
— Eso si es que ya no están rotos — Sonrió Jasper poniéndose en pie para luego saludarme golpeando mi espalda con su mano.
Todos nos pusimos en pie y fuimos a la sala donde los muchachos estaban dejando las cajas y las chicas le estaban entregándole a Rosalie regalos de recuerdo y hablando con ella sobre su estadía en la casa conmigo. Todas sonreían, pero mi Rose se veía — Radiante — Su sonrisa podía iluminar hasta el bosque más oscuro. Ya estaba claro en que me había enamorado de ella, pero — ¿Sería normal estar babeando por ella y pensarla todo el tiempo? — Me pregunté mientras me recostaba contra una pared.
— Eso es normal cuando encuentras a la vampira que te va a acompañar por el resto de la eternidad. Ahora responde la pregunta de Carlisle porque se está preocupando y en serio. Él piensa que estás en shock… No quieres que se preocupe de más por ti. Créeme, lo sé — Dijo Edward en mi mente, a lo que yo rodé los ojos y me concentré en la conversación que estaba teniendo con Carlisle.
No era nada del otro mundo. Primero, como siempre, trató de irse por las curvas y me preguntó sobre el instituto, sobre las clases y sobre mis calificaciones. En nuestra familia, eso era lo menos importante: Teníamos la eternidad para hacer lo que quisiéramos y preocuparnos por aprobar o reprobar un curso, no era algo que nos matara la cabeza. Después de esas preguntas sin sentido de Carlisle, él empezó a enfocarse en ir al punto y vinieron las preguntas sobre la "salud" de Rosalie, ya que había quedado muy preocupado por la vez que lo llamé muerto del susto.
Como fuera, Carlisle era un hombre de ciencia. Un médico que daba lo que fuera por salvar a quien fuera de cualquier mal y más que nada si ahora estaba en sus manos "aliviar" los desmayos esporádicos de Rosalie. Que no tenían explicación. Lo único que nos decía ella era que en los momentos que ella estaba inconsciente, recordaba pequeñas partes de su vida; pero nunca era completamente específica con sus recuerdos… Así que se podía tratar de cualquier cosa. Por aquello, Carlisle estaba realmente preocupado -en caso de que eso le hiciera daño- y la única teoría que tenía era que esos desmayos eran producidos como nuevo mecanismo de su mente para hacerla recordar todos los traumas que tuvo en su vida humana… Ya que en su despertar como neófita su mente estaba en blanco.
No había nada que pudiera decir lo contrario. Tal vez Rosalie nos estuviera contando la mitad de sus recuerdos y por alguna razón no quería que supiéramos completamente lo que le pasó. Eso lo entendí, después de lo que habíamos visto cuando habíamos viajado al pasado, decidí que lo mejor era darle algo de intimidad hasta que ella se sintiera con la confianza de decirnos al completo lo que realmente había vivido.
Alec, el menor de mis hermanastros, se acercó a mí y me dio un golpe en la espalda, cuando terminé la conversación con Carlisle. Edward estaba bromeando con mis hermanos y las chicas se habían ido quien sabe a dónde.
— Trajimos obsequios. Te encantará el nuevo juego de artículos de caza que Alice y yo encontramos cerca de Suramérica — Dijo Jasper.
— No le gustará tanto como las nuevas consolas de juego de compramos Heidi y yo en Londres — Contratacó Alec. Sonreí al ver la expresión tan infantil que tenía al sacarle la lengua a Jasper.
Carlisle y Esme se habían ido, seguramente para darnos tiempo a solas. No habíamos reparado mucho en que Edward estaba en la habitación. Él estaba tan callado que era extraño, aun tratándose de él. Pero tenía una sonrisa de satisfacción y suficiencia en el rostro. Lo que me hizo sonreír: El siguiente, sería el mejor regalo.
— Bella y yo pasamos por las Vegas antes de venir a Forks — Salió corriendo de la sala y en menos de dos segundos ya estaba con nosotros, sosteniendo una caja ligeramente grande, color rojo sangre y negro, con un broche dorado.
— ¡Waoo! No me vas a proponer matrimonio ¿Verdad? Tienes esposa ¿Te divorciaste de mi hermana en las Vegas? — Bromeé haciéndome el indignado. Jasper y Alec no hicieron sino reírse hasta que sentí el golpe de Edward en mi brazo.
— ¡Idiota, no! Bella compró el regalo de Rosalie y escogió el tuyo, pero me dijo que te lo diera — Abrió la caja — Es un kit de juegos de casino y todo eso… — Rodó los ojos.
Tanto Edward como la mayoría de los que vivían en la casa no eran muy amantes de los juegos de apuesta -como estos-. Pero yo sí. Demonios, no recordaba la última vez que había visto una máquina tragamonedas o billetes de lotería, si quiera recordaba haber jugado Bingo. Hace algunas décadas logré que Jasper, Bella y Heidi jugaran Blackjack conmigo. Jasper perdió algunas partidas y el resto las gané yo. No volvieron a apostar conmigo, así que jugaba con compañeros del instituto esporádicamente. Obviamente no era lo mismo. Pero si ahora Edward y Bella me regalaban esto, era porque estaban dispuestos a que les diera una buena paliza y me quedara con todo lo que yo quisiera.
Tomé la caja que Edward mantenía en sus manos. Mi cuñado aún tenía esa sonrisa arrogante por ver a mis hermanos con la boca abierta ante mi expresión de completa felicidad.
— Gané — Lo escuché susurrar.
— ¡OH, Mierda! Edward por supuesto que me caso contigo. Podemos huir de mi hermana. Sé perfectamente dónde no nos encontrará — Puse la caja a un lado y lo abracé.
— ¿Estás loco? Bella me dijo que te lo entregara, ella lo escogió — Quedé en silencio pensando en una buena broma para agradecerles a ambos hasta que… — Olvida eso ahora mismo — Me interrumpió Edward — Porque te lo juro, no me va a importar que seas mi cuñado, el hermano de mi esposa, mi hermano adoptivo o que lleves en mi familia siglos. Te haré sufrir de mil formas diferentes.
Me calmé y puse mis manos frente a mí en forma de rendición. Me gustaba bromear con Edward, siempre era divertido ponerlo tenso o de mal humor… Generalmente se le pasaba rápido y sus expresiones eran graciosas. Me moría por probar mis nuevos juegos de casino, pero Edward propuso que mejor fuéramos a jugar en las consolas que había comprado Alec -tal vez para mortificarme-. De todas formas les ganaría sin importar el juego que escogiesen.
…
Pasó mucho tiempo. Los muchachos y yo probamos todos los recuerdos que ellos habían traído de los viajes. Alec compró una interminable colección de videojuegos y estuvimos casi cuarenta y seis horas seguidas jugando, aun así no terminamos de probarlos todos. Siempre había competitividad entre nosotros. Carlisle se nos unió cuando fuimos a cazar con el nuevo equipo que habían comprado Alice y Jasper… No que lo necesitáramos, pero fue realmente excitante sentirse algo así como un humano cazando: Era un reto porque fingíamos que éramos humanos, pretendíamos inconscientemente que los animales nos ganaran. Aunque todos nosotros sabíamos que sus instintos animales los hacían alejarse de nosotros… Fue algo raro, a decir verdad.
Todo mejoró aún más cuando nos encontramos con Esme, Alice, Bella, Heidi y Rosalie en el bosque. Alice venía con la sonrisa que siempre traía cada vez que se cumplía alguna de sus buenas premoniciones. Me pregunté por qué, hasta que vi a Rosalie con su traje de cazadora de la selva atacando felinamente a un puma y terminaba con él en una pose de Diosa. Todos la estábamos viendo. Muchos estaban sorprendidos porque cuando la dejaron en la casa, ella era una neófita tímida y asustada. Ya no quedaba nada de ello y mi familia se había dado cuenta… Así como yo me di cuenta de que la había escogido para mí. Ella sería mi novia y se lo propondría lo más pronto posible. Después se casaría conmigo. No tenía que ser Alice para saber eso último.
Volvimos a casa luego de muchos juegos, risas y apuestas. Algunas veces me aprovechaba de las situaciones y jugaba con Rosalie, captaba toda su atención con bromas y de maneras sutiles le hacía entender que ella me gustaba. No obtuve respuestas, más que sus hermosas sonrisas y carcajadas o algunos golpes en la nuca.
Todos se fueron a sus habitaciones entrando el crepúsculo. Llevé a Rosalie a su "habitación" en el jardín de Esme y nos quedamos allí charlando de lo que había pasado desde que llegó toda la familia. Carlisle y Esme se encargaron de sacar mi coartada perfecta para que yo pudiera aprovechar de la llegada de mi familia, todos los juegos que habían traído y desafiar al que tuviera en frente. Muchas veces, Rosalie fue mi muy capacitada oponente ya que no me lo ponía nada fácil en ninguna actividad: Quedábamos empatados o los resultados eran muy reñidos.
— Estos días han sido geniales. Realmente me agrada tu familia y estoy muy agradecida con ellos y contigo por aceptarme en sus vidas. Me hacen sentir bien con tanta atención — Sonrió rascándose el cuello — Aunque Carlisle y Esme a veces exageran un poco, incluso diría que Bella también lo hace.
Hice un gesto despreocupado — Ellos son así. Carlisle y Esme son los más sobreprotectores que he conocido en toda mi existencia. Cuando Bella y yo éramos neófitos, literalmente pasábamos nuestros días y noches en el consultorio de Carlisle porque él quería estar seguro de que no teníamos ningún trauma por el accidente. Esme por otro lado, siempre estaba conmigo de cacería y Edward protegía a Bella hasta de su sombra. Son los mejores padres adoptivos que hubiera podido pedir — Me acerqué lentamente a ella — Y no es solo "Mi familia", es la tuya también. Mañana inicias el instituto como Rosalie Hale Cullen. Yo, personalmente, me aseguraré de que todo sea mejor de lo que esperas — Sonreí poniendo un cabello dorado detrás de su oreja.
En los días que mis hermanos y yo estuvimos jugando y divirtiéndonos con los obsequios, Carlisle y Esme se encargaron de llenar todo el papeleo y hacer los trámites para que Rosalie pudiera empezar sus estudios en el instituto, sin importar que faltaran pocas semanas para terminar el año escolar. Se veía en sus preciosos ojos dorados que ella estaba realmente emocionada por empezar y cuando mis padres le dieron la noticia de que estaba matriculada, ella casi empezó a saltar por la casa y no paraba de agradecer por el gesto.
— Creo que ya es tarde y ha sido un día largo. Mejor… Te dejo descansar — Dije pesadamente, aún tenía un asunto pendiente conmigo mismo.
Ella se acomodó mejor en el sofá púrpura. Murmuró algo que no entendí, lo que me hizo voltearme a verla. Rosalie tenía la frente en alto y su mirada estaba clavada en la mía.
— No soy la misma chica que conociste hace unos meses atrás. La que encontraron abandonada e indefensa. Aquella chica tímida que temía hablar por miedo a que no la aceptaran — Se puso de pie quedando casi a mi altura, aun así no me perdía la mirada. Siempre determinada — Ahora, siento como si me estuviera comportando como mi antigua yo. Contigo, siento que puedo ser yo… Y ambos sabemos que ninguno de los dos necesita descansar. Al menos yo no. En fin, quédate por un rato más.
— Bien.
Me senté con ella en el sofá, nuestras manos juntas, yo mirándola con adoración por aquella sonrisa de ángel que permanecía en sus dulces labios. Si fuera humano, soñaría con besar aquellos labios de nuevo. Como no lo soy, repetía aquel momento en mi mente, cada vez que la veía recordaba sus labios sobre los míos y las pequeñas y tímidas caricias que habían entre ellos.
Ella tomó mis manos entre las suyas. Ambas a la misma perfecta temperatura. Bajó un poco la cabeza como si estuviera tratando de tomar una decisión y luego la levantó para verme con una emoción que no pude reconocer.
— No sé si está bien que vaya al instituto — La miré confundido y ella puso una mano en mi pecho para explicarme antes de que yo comenzara a hablarme — El día que me desmayé, cuando llamaste a Carlisle, pude recordar que, en realidad mi "misión" era hacer que mataran a ese muchacho que salvé… Yo tenía planes de ir a la universidad, incluso estaba pensando en tomar un curso de mecánica automotriz en cuanto terminara mi carrera: creo que quería estudiar derecho. Todo cambió porque mi tío no me dejó estudiar, pensó que mi yo humana había salvado a aquel joven o alertado de alguna manera y por eso me castigó enviándome a un crucero de prostitutas con mis primas… — La abracé a lo que ella soltó un leve sollozo — Tenías razón, era mejor dejar todo como estaba. Si sabía que mi vida era un asco, pero yo misma la convertí en algo peor al salvar la vida del joven y prostituirme quién sabe por cuánto tiempo.
— Ya no hay nada que puedas hacer para remediarlo — Sobé su espalda haciendo círculos en ella — Tienes un buen corazón, Rose. Tú querías salvar la vida de aquel muchacho que no sabías que conocías. Tus razones fueron bondadosas y tal vez ese joven te lo está agradeciendo en este momento.
Ella negó — Lo dudo, tal vez me esté odiando. Él era el hijo de un enemigo de mi tío y yo estaba allí como una carnada para que lo mataran luego. Seguro después de lo que pasó, él se enteró de todo — Se pasó la mano por la cara con fuerza — Eso ya no importa. Solamente necesitaba que alguien me escuchara, porque siento que se borró una parte de mí pasado por ese maldito crucero y tal vez… No aparezcan recuerdos que estoy segura, fueron importantes.
Realmente se sentía mal. Ella estuvo en mis brazos por bastante tiempo, sollozando, las lágrimas nunca iban a aparecer en sus preciosos ojos dorados. De todas formas no me gustaba verla tan mal. Ella estaba completamente quebrada. Me sentía tan inservible. Solo atinaba a abrazarla y sobar su espalda porque no se me ocurría una broma o chiste para alentarla. La hice mirarme y sonreí con la esperanza de animarla después de tanto tiempo que dejé que se "desahogara".
— Hey, voy a estar contigo todo el tiempo. Me encargaré de que todo sea perfecto y que nada malo te pase. Sabes que nuestra familia estará contigo dándote apoyo porque es obvio que una vampira tan poderosa y determinada como tú, no necesita que la protejan — Ella me miró arqueando la ceja con una leve sonrisa. Levanté mis manos — Todos, en algún momento necesitamos refuerzos — Acaricié su rostro — No tenemos que mostrarnos fuertes todo el tiempo, siempre necesitamos algo de ayuda y si es así, en tu caso… No dudes en pedírmela, nunca te la negaré.
— Ayyy Emmett.
Una preciosa sonrisa adornó su rostro de inmediato, sus ojos se llenaron de vida como si fueran ríos de oro y sus manos se enredaron en mi cuello rápidamente. Lo que definitivamente no me esperé fue que volviera a besarme de nuevo. Tomó mi cuello con fuerza y me apegó rápidamente a su cuerpo, haciendo que nuestros labios se juntaran ferozmente. No fue delicada para nada. Seguía siendo ella: Tan intrépida y tenaz como venía comportándose.
…
Casi pasé la noche entera con Rosalie. Yo haciendo bromas y diciéndole historias graciosas para escuchar su melodiosa risa. Ella contándome más a fondo cada uno de los recuerdos que había tenido de su vida pasada. Sus expresiones variaban dependiendo del recuerdo que me narraba: pero siempre iban de furia en contra su "familia" y tristeza por no poder hacer nada para librarse de ellos.
Hasta que me contó algo que me dejó perplejo: Hubo un hombre que logró obtener su corazón siendo humana. Ella no recordaba los detalles de cómo lo había conocido, ni siquiera el lugar o la fecha, solo sabía que estaba enamorada de él, pero nunca se lo hizo saber. No sabía cómo sentirme respecto a eso… — ¿Celos, quizá? ¿Cómo iba a sentir celos de alguien que no conocía y que posiblemente estaba muerto? — Pero hubo una parte que me intrigó aún más: En cualquier momento Rosalie podía pedirme que la llevara al pasado para siquiera conocer al hombre. Y podría tener tan mala suerte que ella, en uno de sus ataques de terquedad, terminaría haciendo algo para quedar con él. Yo como soy un pendejo cuando se trata de ella, lo aceptaría y viviría infeliz el resto de mi existencia sabiendo que ella quería a otro tipo.
— Hey, ¿Te pasa algo? — Me preguntó poniendo su mano delicadamente en mi hombro.
— No, estoy tratando de ponerte atención — Sonreí de la manera más creíble posible. Ella frunció el ceño, a lo que yo miré por la ventana y me inventé una buena excusa — Edward me está hablando en mi mente. Bella le está diciendo algo de que tengo que alistarme para el instituto y dejarte sola para que vengan las chicas a embellecerte — Solté un bufido — Como si eso fuera posible. No pueden dejarte más hermosa de lo que ya eres.
En realidad, la noche anterior Alice me pidió que la dejara alistar a Rosalie para el instituto y por lo tanto yo no tenía permitido estar en su habitación al amanecer. Así que no era mentira. Y de ninguna manera estaba mintiendo acerca de su belleza sobre natural que no podía ser perfeccionada. Solo le dije una mentira que no tenía reprimenda, al menos sabía que Edward no me diría nada por ello y nadie más tenía que enterarse.
— Oh, bueno — Dijo ella.
Juntos suspiramos al ver que los primeros rayos de sol se alcanzaban a colar por las cortinas de la ventana. Me puse de pie para deslizar las cortinas a los lados y que toda la habitación se iluminara completamente, lo que hizo que la luz hiciera brillar la piel de Rosalie, como el más hermoso ángel tallado en diamante que hubiera podido haber visto.
Parecía que iba a ser un buen día en Forks. Había algunas nubes, lo que lograría ocultarnos un poco del sol y que no estuviéramos tan expuestos. Al fin y al cabo, sabía que podríamos salir de la casa e ir al instituto. De otra forma, Alice nos hubiera advertido del cambio de clima.
Nos despedimos con un beso casto en los labios y yo caminé de regreso a casa con una sonrisa boba. No más al llegar a la entrada de la cocina, Heidi me miró con una ceja arqueada y luego llegó Alice sonriéndome enormemente -más de lo usual- con una Bella algo enfurruñada. De seguro, Alice la había usado de "muñeca Barbie" otra vez y como si no fuera suficiente, la había alejado de Edward. Ellos solían acostarse en la cama toda la noche mientras hablaban o fingían que dormían, mirándose a los ojos. "Despertaban" abrazados -algo raro- y Alice sacaba a Bella de los brazos de Edward para vestirla y así comenzar un nuevo día… Una rutina jodidamente rara y malditamente predecible. A veces Bella se hacía la terca y se escondía con Edward para que Alice no la pudiera manejar a su antojo. Parecía que esa vez no tuvieron tiempo.
— Muy cierto, hermano. Alice vio que Bella y yo nos íbamos a esconder y llegó antes — Comentó Edward en mi cabeza y no pude evitar soltar una carcajada al ver su plan frustrado.
…
Ya estábamos en el instituto. Rosalie no dejó que ninguno de nosotros la llevara, quería conducir su propio auto. Así que con el pesar de Edward, Jasper, Alec y el mío: Las chicas se fueron en el descapotable rojo y nosotros nos fuimos en mi Jeep. Nos costó mucho hacer que Edward desistiera de conducir su amado volvo. Solo Bella consiguió persuadirlo. Le debía una a mi hermana por eso.
No dejamos que Rosalie tomara alguna clase sola. Por supuesto yo no desconfiaba de ella con su autocontrol; yo mismo había visto lo bien que soportaba el olor a sangre humana, pero cuando Carlisle y Esme la habían inscrito en el instituto no estaban tan seguros de eso y prefirieron no tomar riesgos.
Su primera clase fue historia, con Jasper. Ellos se llevaban bastante bien, parecían hermanos de sangre con sus rasgos tan parecidos. Incluso, antes del almuerzo, se empezó a correr el rumor de que Rosalie era la hermana gemela perdida de Jasper. Entre clases nos pudimos reír un poco de aquello, cuando nos encontramos. En fin, las siguientes dos clases las compartió con Heidi y Alec, cálculo integral y filosofía, respectivamente.
Se llegó la hora del almuerzo y fue un completo caos. La mayoría de estudiantes y profesores del instituto ya sabía que los patriarcas de la familia Cullen habían "adoptado" a una nueva -y hermosa- adolescente. Yo no había estado con ella en todo el día y quería respetar su privacidad. Pero según lo que me dijeron Alec y Jasper, ellos habían tenido que espantar a algunos cuantos estudiantes hormonales babosos que se querían pasar con mi ángel.
Nos sentamos en nuestra mesa habitual, con nuestras bandejas de comida que apenas tenían unas frutas y alguno que otro sándwich con jugo. Nuestros compañeros de equipo pasaban a "saludarnos" y las chicas populares nos preguntaban por qué habíamos pasado tanto tiempo sin ir al instituto.
Se suponía que todos los comentarios y preguntas iban dirigidos a todos en general: Pero la mayoría de mis compañeros no hacían más que coquetearle a Rosalie y preguntarle si tenía novio o si quería salir con alguno de ellos — ¡Demonios! Mi Rose se merecía mucho más que aquellos patanes ilusos —. Me aliviaba en algo que nuestras compañeras se empezaran a sentir celosas y trataran de captar la atención de los hombres o simplemente señalaran indirectamente que Rosalie no era tan perfecta como todos creían. — ¡JODER, ELLA SI LO ERA! — Pero si con eso lograba que los otros no se le tiraran como un montón de perros hambrientos a un hueso, por mí estaba bien.
— ¿Celos? — Preguntó Edward en mi mente.
Me giré a verlo con dagas en la mirada sabiendo muy bien que trataba de devolverme todas las bromas que yo le había hecho cuando recién estaba de novio con Bella. Este gesto no pasó desapercibido por mis hermanos que empezaron a hablar en la mente de Edward para que él me dijera con lujo de detalles todo lo que estaba pasando por sus mentes.
— Jasper dice que te calmes un poco. Que obviamente son celos porque él podría sentir tu incomodidad a kilómetros de distancia y… Se está riendo. — Acotó. Miré a Jasper quien sonrió levemente, aguantando la carcajada y se encogió de hombros.
Escuché la estruendosa risa de Edward en mi mente — Alec te reta a que marques territorio y le digas a todos que ella es tu novia…
No pude terminar de escuchar a Edward porque vi como Royce tomaba la mano de Rosalie para ayudarla a que se levantara de su puesto, con eso llevarla a la parte externa de la cafetería, donde las parejas se ponían melosas y todo eso. Me puse de pie tan rápido como mi velocidad humana me lo permitía y choqué mi mano en forma de puño sobre la mesa, llamando la atención de todos los que estaban en la cafetería. Incluyendo a mi familia que estaba bastante sorprendida. Los muchachos no tanto, pero Bella sí.
— Rosalie, ¿Te gustaría pasear por el bosque un momento? Ahora tenemos clase de geografía y estamos viendo todo lo que se refiere a Forks, sería bueno que nos perdiéramos un rato — Expliqué de más tratando de mantenerme calmado y gracioso.
Esos parásitos apestosos que se hacían llamar mis compañeros, no se le acercarían por un tiempo y me daría un poco de paz mental librarme de ellos y de las bromas de mis "queridos" hermanos. Como un resorte, Rosalie se soltó del agarre de Royce -dejándolo confundido- y se acercó a mí sin ningún tipo de contacto físico. Me sonrió y asintió con su cabeza. Así que ambos salimos de la cafetería, con un millón de ojos detrás de nosotros y dejando un silencio abrumador por parte de los presentes en la escena. — ¿Y qué me importaba lo qué creyeran por mi inesperado comportamiento? — Podrían decir todas las mierdas que quisieran de mí, en cualquier momento me desaparecía de Forks y listo. Por lo pronto, lo importante era mi Rose.
— Genial, ahora no tienes que lidiar con ellos. Gracias a tu comportamiento, nosotros tenemos que explicar — Alcancé a escuchar que Edward decía en mi mente pero no me importó y pasé un brazo por los hombros de Rosalie cuando ya estuvimos fuera de la vista de todos. — Puedes decirle lo que quieras a esa partida de insectos, Rosalie y yo nos largamos — Le respondí y bloqueé mi mente para no escuchar nada más de él.
Rosalie no decía nada. De hecho, ninguno de los dos decía nada. Yo estaba intentando pensar en cómo pedirle a Rosalie que fuera mi novia. Quería saber lo que ella pensaba de mí y en alguna ocasión consideré preguntarle a Edward, pero eso me pareció patético. Obviamente yo le gustaba o si no, no me hubiera besado, simplemente tenía que buscar la forma de hacerlo oficial. Mejor me iba por el camino viejo y le preguntaba por una cita o algo que me ayudara a acercarme más a ella. Si bien habíamos compartido algunos besos, nada era oficial… Desde ahora lo sería.
Rosalie tenía una mueca confundida en su rostro mientras caminaba a mi lado. Al parecer ella no estaba del todo disgustada con la atención que le prestaban en la cafetería. Pero era obvio que alguien con todas sus cualidades no pasaría desapercibida en ningún lugar.
— Salgamos hoy — Propuse de la nada llegando a lo profundo del bosque Rosalie conocía tan bien.
Me miró con el ceño fruncido — Si, ehh… Yo pienso que a todos les gustaría un juego de caza o algo así. Quedaría perfecto hoy en la tarde — Contestó contrariada.
Sonreí — No. Me refiero a salir, solo tú y yo… En una cita — Tomé su mano.
— Claro, será genial — Me respondió de inmediato con la cara iluminada por una bella sonrisa. Luego me abrazó pegando su boca a mi oreja — La próxima vez que tengas celos, dímelo — Se alejó y luego me guiñó un ojo, para volver al instituto. Me quedé petrificado. Ella extendió su mano — ¿No vienes?
…
Se terminaron las clases del día, gracias al cielo. Demonios, estaba agotado emocionalmente. Tuve tres clases con Rosalie y en las tres casi tuve que marcar mi territorio orinando sobre mi ángel para que esos babosos no se le acercaran. Juro que casi mato a algún muchacho. La mayoría eran compañeros de equipo a quienes casi decapito.
Bueno, también estaba un poquito agotado físicamente. Estaba preparando la cita que Rosalie y yo tendríamos en la tarde. Alice se enteró de todo lo que yo iba a hacer. Le pedí que no se lo dijera a nadie, no quería que nadie lo supiera a menos que fuera oficial, incluso me costó bloquear mi mente para que Edward no me sacara información… Él solo sabía que yo saldría con Rosalie. Pero me sirvió de mucho que Alice lo supiera porque me ayudó a coordinar los detalles y ciertos "extras" que sabía, le encantarían a Rosalie.
…
— Bienvenida — Dije destapando los ojos de Rose.
Nuestra primera parada fue una feria de autos que estaban haciendo en un museo-concesionario de Seattle. Rosalie me había dicho que en su vida humana quería estudiar un curso de mecánica automotriz. Yo era muy bueno en los autos, me gustaban mucho. Cuando se lo dije a Alice, ya tenía las entradas compradas y me felicitó por escoger una actividad tan acorde a la personalidad de los dos, ambos podíamos disfrutarla.
La cara de Rosalie no tuvo precio. Durante todo el recorrido parecía como una niña pequeña en una dulcería y al parecer yo tenía la misma cara porque la gente nos observaba como una pareja de novios enamorados — Por mi parte, no estaban lejos de la realidad — Rosalie había aceptado la cita. Observamos desde los autos más antiguos hasta los más modernos. La maquinaria, los modelos, las marcas, los colores… En fin, quise llevarme unos cuantos a casa y terminé comprando dos autos para mí y uno para Rose. Ella estuvo completamente encantada con su auto nuevo, no cabía de la dicha.
Cuando salimos del edificio, ya había oscurecido. Ella estaba tomando mi mano mientras veía el cielo. Ni siquiera parecía inquieta por el olor de la sangre de los muchos humanos que nos rodeaban. Se puso frente a mí. Sus ojos dorados chispeantes de felicidad me tenían embobado. Comenzó a agradecerme.
— ¿Quién dijo que ya se había acabado nuestra cita? — Pregunté sarcástico y burlón.
— ¿Ah, no? — Ella levantó las cejas en sorpresa y confusión al mismo tiempo.
Negué con mi cabeza sin decir palabra alguna y le mostré mi Jeep para que nos fuéramos a la segunda parada. Si le habían gustado los autos, de seguro le encantaría lo que venía luego.
Pero tan terca como era, ella se negó a subirse al auto hasta que le dijera a donde iríamos. Ya tenía experiencia con ese tipo de actitudes. Bella odiaba las sorpresas y siempre decía lo mismo. Así que tenía mis técnicas para que cediera: Pistas del lugar al que iríamos o que ella condujera. Por supuesto la última estaba completamente descartada, solo me quedó decirle a medias a cerca del lugar al que iríamos.
— Es grande y oscuro — Sonreí viendo la cara aún más confundida de Rosalie mientras se dejaba llevar por mí hasta el auto.
Tomé el volante y comencé a serpentear por un lado y otro, sin dirigirme a ninguna parte en especial. Quería confundir a Rosalie y además, al mirar el reloj, me di cuenta de que su sorpresa todavía no estaba lista.
A eso de las nueve de la noche -dos horas conduciendo-, por fin decidí retomar el camino. La sorpresa de Rosalie estaba en Seattle, pero me había desviado tanto que nos habíamos salido de los límites y por eso tuve que terminar conduciendo más a prisa. Volvimos a Seattle, al observatorio nacional.
— Es hermoso — Suspiró Rosalie una vez que entramos.
— ¿Por qué no vamos con el grupo? — Pregunté.
Sí, me costó hacer que fuera una visita guiada porque para esa hora ya no tenía servicio. Pagué por un grupo pequeño de quince personas y a todas les pagué la entrada, además de pagar extra a la guía y a los dueños del observatorio. Sin contar lo que se vino después. Pero todo valía la pena.
La mujer que nos estaba guiando empezó su recorrido, nos mostraba imágenes de los planetas, algunas herramientas a escala para que se pudieran ver todas las cosas del espacio y eso… Fueron cerca de veinte minutos en los que yo solo miraba a Rosalie sonriendo, porque si le ponía atención a la mujer explicando y acercándose a mí para mostrarme todo "detalladamente", hubiera muerto de aburrimiento. Luego, se llegó la parte de la sorpresa, la mujer nos empezó a explicar de las constelaciones y de las estrellas más reconocidas y nombradas en el mundo de la astronomía.
— Aquí podemos ver la estrella 01RoseHale — Señalo la mujer en el proyector.
Rosalie se quedó sorprendida, cubrió su boca con ambas manos y me miró a mí. Podría jurar que ella estaría llorando de la felicidad si pudiera.
— ¿Hiciste que nombraran una estrella por mí? — Preguntó emocionada. Todas las personas alrededor nuestro la escucharon y estuvieron tan sorprendidos como ella.
— Por supuesto. De esa forma, en las noches todo el mundo verá la estrella y se acordará de ti — Respondí devolviendo el abrazo tan apretado que ella me estaba dando.
Sí, se me ocurrió a mi solito. Con frecuencia, las noches en las que Rosalie y yo no nos hablábamos, haciéndonos la ley del hielo. Yo me acostaba en el césped, miraba las estrellas y me acordaba de ella. Todas las cualidades que tenían las estrellas me recordaban a ella. Eran hermosas, brillantes, merecían ser adoradas y en ese momento, para mí estaban tan lejos de mi alcance.
Cuando Alice tuvo la visión de mi cita, no pudo sentirse más orgullosa de todo lo que yo había planeado. Sin que yo se lo pidiera, me ayudó en todo lo que la dejé. Pero lo del observatorio fue por mi cuenta. Ella solo encontró a las personas que harían el recorrido con nosotros y eligió a la mujer que serviría de guía. Yo pagué por todo lo demás mientras me encargaba de contactar a los dueños del observatorio y hacer volteretas para pagar por la estrella y que le pusieran su nombre de inmediato.
— Está preciosa, Emmett. No tenías que hacer eso por mí, debiste gastar una fortuna en esto.
Ella estaba conmovida e hilarante, casi podía saltar de la felicidad o correr por todos lados a una velocidad inhumana. En cuanto noté que casi se salí de control con sus dones: Sus manos formando dos pequeñas bolitas de fuego por la emoción. Nos aparté del grupo. La parte de su sorpresa ya había acabado, así que la conduje a la salida mientras el resto del grupo se quedaba en la tienda de recuerdos — Me hubiera encantado comprarle un lindo recuerdo — Pensé mientras caminábamos a la salida, con la noche estrellada detrás de nosotros.
Las manos de Rosalie dejaron de echar humo y volvieron a ser frías como antes. Ya estaba calmada pero permanecía la gran sonrisa en su rostro.
— Al menos sé que le gustó la sorpresa a mi novia — Dije sonriendo mientras veía a ningún punto en particular. Sentí sus ojos como platos viéndome.
Holaaa!
Espero que les haya gustado el capítulo. Gracias a todas mis lectoras fantasma, a las que me siguen y a las que de vez en cuando dejan uno que otro comentario. Es muy importante para mí.
En fin, nos leemos el otro viernes.
