Capítulo 13: Puntos Ciegos
Rosalie POV
Emmett era el hombre que parecía sacado de los cuentos de hadas: musculoso, cariñoso, encantador, simpático, tal vez un poco más bromista y aniñado de lo que se acostumbraría a ver, pero eso no me importaba. Esas eran dos de las cualidades que más me encantaban de él. Además que no se comportaba conmigo como el resto de la familia: Me cuidaba, sí. Pero él también era consciente que yo me podía cuidar sola, entonces estaba presente siempre que yo lo necesitara.
Era perfecto para mí. Me encantaba el hecho de que pareciera un niño, curioso por todo lo que le rodeaba y lleno de alegría, con dos hoyuelos adornando sus mejillas cada vez que hacía bromas a cualquiera que estuviera frente a él. Alguien sin preocupaciones que solo le importaba proteger a los que amaba.
Era obvio que mi carácter había cambiado. Mis nuevas hermanas lo habían mencionado "un par de veces": Alice no dejaba de hablar de ello y Esme (mi nueva mamá) estaba completamente sorprendida por mis actitudes tan arrogantes y altivas. Carlisle decía que seguramente ese era el comportamiento que me había caracterizado cuando era humana y que era completamente normal. Sin embargo, nadie me engañaba, él estaba tan o más sorprendido que el resto de la familia.
…
Me encantaron las sorpresas de Emmett cuando indirectamente me pidió ser su novia. Nos llevó a ambos a una exposición de autos en dónde los dos disfrutamos mucho porque una de nuestras pasiones compartidas era la mecánica automotriz. Cuando hablé con él sobre esos temas, sentí que ya lo había hecho antes, como si se tratara de un deja vú con las bromas y todo incluido, como si él me hubiera dicho lo mismo en algún momento del pasado. Más, saqué esa idea de mi mente en cuanto pude. No era posible que nosotros hubiéramos tenido conversaciones como esas, antes. No lo conocía de antes; es más, no lo había visto jamás.
Como sea, él terminó comprándome un auto. No tenía idea de cómo mis hermanos tenían montañas de dinero si se dedicaban a estudiar y a pasar el tiempo divirtiéndose. Los únicos que trabajaban eran Carlisle y Esme y no creía posible que los hijos adoptivos del matrimonio Cullen aceptaran siquiera un centavo del dinero de sus padres adoptivos… Así que, podrían tener herencias de su vida humana o algún trabajo debían tener o debieron tener en su momento — ¿Por qué yo no conseguía un empleo? — De seguro me mancharía las manos o dañaría mi precioso manicure, pero si conseguía el trabajo correcto como modelo o en algún lugar de autos, sería fantástico.
Mi propia estrella fue la cereza del pastel. — ¿Qué digo cereza? — Fue tan inexplicablemente perfecto y tierno. Las palabras no me alcanzaron para demostrar todo lo que había experimentado en ese justo momento. Tuve un pequeño descontrol en mis dones que, por suerte, Emmett pudo calmar. Más eso no extinguió la emoción que embargaba todo mi cuerpo y sí… Tal vez fue por eso que ataqué a Emmett tan pasionalmente cuando estábamos sobre mi sofá. En mi defensa, quiero decir que eso lo quería hacer desde el momento en el que lo vi por primera vez. Así que por mi parte no era solo "sexo". Si él quería esperar a que yo le demostrara de alguna forma que de verdad quería hacer el amor con él, por mí estaba bien, pero no se la pondría fácil.
…
Al llegar al instituto al día siguiente, de nuevo, mi novio me sorprendió con un hermoso ramo de rosas rojas y la idiota de Jessica dañó el momento con su asquerosa presencia. El día anterior la había escuchado hablando de mi Emmett y de los pasos que iba a seguir para conquistarlo, ya que era el único Cullen que no tenía pareja y que ella no iba a desperdiciar la oportunidad de estar con el perfecto y soltero "bombón" del momento. Para eso me iba a utilizar a mí: Haciéndome sentir bienvenida para que Emmett fijara su atención en ella, estuviera agradecido y por tanto saliera con ella.
— Estúpida perra — Bufé sin que nadie me escuchara al entrar al instituto.
Por suerte tuve la primera clase con Emmett. Estuvimos hablando y riendo tratando que el profesor no se diera cuenta y nos reprendiera. Mis compañeras despotricaban en contra mío. No me importaba: En cierta forma me hacía sentir bien que me tuvieran tanta envidia porque en el fondo ellas sabían que nunca llegarían a ser tan hermosas como yo. Los comentarios de los hombres también eran gratificantes porque creían que era hermosa, casi inalcanzable… Hasta la odiosa apuesta en la que me di cuenta que solo me veían como un pedazo de carne muy codiciado.
— Hijos de puta — Susurré a velocidad vampírica tantas veces que no sé cómo Emmett no me escuchó o estaba tan celoso que no me prestó atención. Por eso mi brillo labial fue tan necesario y aun así se resistió a besarme y reclamar lo que era suyo.
La oportunidad se dio cuando cerca de mi casillero me besó y a todo el mundo le quedó completamente claro que Emmett y yo estábamos juntos. Ya no habría apuestas o muchachas envidiosas tratando de coquetear con Emmett.
…
Entré con Edward a matemáticas. Esta vez fue más fácil comunicarme con él porque nuestras risas y palabras se escuchaban solo en nuestra mente. De todos mis hermanos, sentía más empatía con Edward y Jasper. Edward se encargaba de ponerme al día con todos los comentarios, siempre trataba de que yo me sintiera bien -al igual que Bella-. Era fácil hablar con él y bajar mis barreras por un momento, era como tomar aire fresco.
— Mirada al frente y copia lo que ves, en tu cuaderno. El profesor piensa que no estás poniendo atención a la lección — Me dijo mentalmente.
— No estamos prestando atención — Pensé con tono sarcástico.
— He cursado esta materia por años. No me hará ningún daño pasar al pizarrón en este instante… Tal vez a ti sí — Sentí su tono burlón y arrugué ceño.
Cuando volví la mirada al profesor, me estaba viendo con algo que sólo podía ser un regaño. Tal vez me había dicho algo antes y no le había puesto atención — ¿Quién sabe? — Yo no sabía nada de matemáticas. Conocía ecuaciones por la mecánica automotriz y a duras penas había resuelto la tarea del día anterior. Pero como ese día estaba explicando un tema nuevo, yo estaba en blanco.
— Señorita Cullen, ¿Quiere pasar al pizarrón y resolver la ecuación? Me ha demostrado en toda la clase que no ha quitado su vista del pizarrón — Escuché que el profesor Johnson dijo con un tono sarcástico en la última frase.
Bufé por lo bajo con algo de furia por ese comentario tan absurdo. Luego me di cuenta que tenía que dejar eso de lado, venía la gran prueba de "mostrar mis conocimientos" frente a un viejo idiota y calvo acompañado de veinte adolescentes hormonales.
Me sudaron las manos. Pronto, pequeñas gotas de hielo se escapaban de mis dedos y me puse de pie esperando lo peor. No estaba pensando en controlar mis dones, sino en tratar de resolver algo de lo que no tenía idea. Antes de que pudiera salir de mi asiento. Edward tomó mi mano por un corto lapso de tiempo, lo suficiente para que le pudiera prestar atención.
— Tranquila — Dijo mirando los pequeños cristales en el suelo — Te diré lo que tienes que escribir. Solo relájate y todo te saldrá bien.
Sentí su paz y calma de alguna manera, vi su sonrisa alentadora y pude calmarme un poco más, dejando de derramar gotas de hielo. Cuando llegué al frente, todos me miraban con los ojos abiertos y el profesor estaba cruzado de brazos esperando a que yo tomara el marcador, escribiera la fórmula y resolviera la ecuación. Solté un suspiro intentando no respirar demasiado para que el olor a sangre no entrara en mis fosas nasales.
Edward empezó a hablar en mi cabeza— (x) igual a menos (b) más o menos la raíz cuadrada de (b) al cuadrado menos cuatro (a) (c) sobre dos (a). Ahora pones el valor de cada una para resolver la ecuación… — Escuché atentamente y escribí todo lo que me decía Edward. Poco a poco mis nervios se fueron calmando, hasta que terminé.
Sonreí victoriosa al ver la cara de estupefacción del señor Johnson y los rostros de mis compañeros que me creían una Barbie descerebrada. Edward me sonrió y me susurró un "Felicitaciones", luego de un fraternal y pequeño abrazo. Cuando el abrazo se terminó, seguimos hablando en nuestras mentes. El profesor ya no nos preguntaba nada y casi no miraba en nuestra dirección. Yo garabateaba algo en el cuaderno, solo en caso de seguridad… Hasta que un flash nubló mi vista y encegueció mi mente por algo más de un segundo:
— ¡Wau! Un Cullen ¿Cuánto te está pagando por acostarte con él? — Preguntó Tanya, con los ojos color borgoña oscuro.
Parpadeé rápidamente. Estaba asustada en ese "flash" pero en ese momento tenía una mirada impasible y completamente sólida. Reconocí rápidamente la voz y el rostro de la mujer que me estaba hablando en aquel "recuerdo": Esa era una de mis primas y mi yo humana. Estábamos detrás de un parqueadero.
Respiré -grave error-, el olor a sangre caliente entró por mis fosas nasales. Parecía que me hubieran puesto un hierro caliente en la garganta. Que estaba en un desierto, sin saliva, sin haber bebido nada durante al menos un año, y lo que tenía en frente era el más grande y apetecible vaso de limonada roja. A una pequeña distancia de mí. Bastarían unos cuantos movimientos para sentirme plena y satisfecha. Quería enterrarle los colmillos al muchacho que tenía en frente y que ni siquiera recordaba el nombre, quería dejarlo seco y satisfacer mi sed por sangre humana.
Me relamí los labios imaginando el sabor ya que, desde que me desperté como neófita, solo había consumido sangre animal. Hasta que sentí la mano de Edward sobre mi mano, para sostenerme fuerte en caso de que fuera necesario, cuidando que nadie prestara atención. Sabía que él se estaba conteniendo para no quitarla. Mis manos estaban literalmente humeando por el calor que emanaba de ellas, pronto se volverían fuego y eso, definitivamente no era algo bueno… Cerré mis ojos para no quemar a nadie con la mirada, de paso bajar el calor en mis manos y no terminar haciendo cenizas la mano de Edward y escuché su voz: Alta y clara en mi mente.
— ¿Estás bien? ¿Puedes controlarlo? — Preguntó en mi mente a lo que yo respondí sacudiendo mi cabeza, negando, incapaz de responder con palabras. Él se puso en pie e hizo que yo también lo hiciera llevándome al frente del profesor.
— Necesito que nos excuse, señor Johnson. Mi hermana no se siente bien y debo llevarla pronto a casa. Recién pescó un virus o algo y mi papá es el único que tiene la cura o la ayudará mejor que en la enfermería del instituto — Dijo demasiado convincente, rápido y con la preocupación escrita en su rostro.
El profesor accedió a regañadientes. Primero quería que yo sola me fuera a casa, pero Edward siguió insistiendo… Tanto que lo dejó salir con la condición de que completara deberes extra. Esa no parecía ser una preocupación para él, por lo menos no por ahora.
Íbamos en el volvo de Edward. Yo estaba sudando frío, mientras mi mente me enviaba varias imágenes indescifrables de mí y de Emmett que no podrían haber sucedido antes de conocerlo en su casa. Algo me gritaba que eran recuerdos. Así que finalmente, mi cerebro era azotado por cada milisegundo con imágenes de mi pasado, mi "familia", la escuela, viajes, viejos verdes que solo me usaban para tener sexo, estudios y supuestos compañeros… Mi comportamiento como una real y verdadera perra. Todo al mismo tiempo.
Estaba perturbada. No sabía lo que sentía o lo que querían decir esas imágenes. Si eran mis recuerdos — ¿Cómo es que Emmett estaba en ellos? — y lo peor de todo es que yo no era cariñosa con él en ninguno de ellos, no le demostraba lo mucho que lo quería. A pesar de mis malos tratos para con él, él siempre estaba pendiente de mí y llenándome de atenciones que yo no merecía — ¿Cómo era eso posible? — Lo estuve hiriendo muchas veces con mi comportamiento. Siempre me mantenía hostil y alejada de él para que no entrara en mi vida, era grosera y me comportaba como una niñita malcriada cuando rara vez no hacía lo que yo le pedía o lo rechazaba fríamente cuando él quería demostrarme su afecto saliendo a caminar o pasando tiempo -fuera del instituto- conmigo.
No salí de mi mente durante todo el camino. Aunque yo sabía que Edward escuchaba y veía todos mis recuerdos, no me decía nada y eso era reconfortante en cierto sentido. Me estaba dando mi espacio. Una que otra vez, pude escuchar como crujían sus dientes cuando los recuerdos de mis malos tratos con Emmett, me llegaban a la cabeza. No podía molestarme por eso. Edward era cuñado y hermano adoptivo de Emmett, tenían una relación bastante estrecha. Obviamente le iba a molestar que cualquiera dañara a su hermano.
Llegamos a la entrada de la casa. Nos quedamos sentados en el auto sin decir nada. Tragué saliva. Me sentí mal por todo eso, a pesar de no estar plenamente consciente de todo lo que pasaba. Mis párpados me empezaron a pesar. Mi cuerpo se debilitó tanto que si no hubiera estado sentada, me hubiera desvanecido en el suelo. Y… mi vista se nubló.
*Flashback
— ¡Wau! Un Cullen ¿Cuánto te está pagando por acostarte con él? Debe ser divertido. Escuché que les gusta rudo — Preguntó Tanya, con los ojos brillantes color borgoña oscuro.
— Ayy mi Dios, yo lo haría gratis. Solo necesitaría decirme la hora y el lugar — La secundó Irina, abanicándose la cara con la mano, simulando estar acalorada. Algo realmente estúpido porque su piel era completamente pálida.
— Sí, no les niego que tanto Emmett como su padre y sus hermanos están como para chuparse los dedos. Yo también abriría las piernas gustosa — Kate sonrió pícara y luego se puso rígida — Pero tenemos que seguir un código — Me miró — Rose, eres la siguiente… Sabes que viajaremos en crucero por un buen tiempo haciendo nuestras labores y eres una de las "más importantes", no te puedes echar para atrás. Nos iremos luego de resolver unos asuntos — Miró a sus hermanas arqueando una ceja.
Me sentía degradada e incómoda cuando estaba con ellas, en cambio, procuraba estar en otros lugares, inclusive en mi pequeño pero pulcro departamento. Tanya, Kate e Irina eran trillizas y yo era la prima no oficial que se mantenía apartada del grupo. Ellas compartían demasiados secretos de los que yo no estaba enterada y algunos me competían mí también (lo cual no me importaba)… Después un tiempo viviendo con mi familia postiza, decidí simplemente comprar un departamento y hacer lo que ellas quisieran cuando fuera necesario, cuando Eleazar lo pidiera.
Un mes antes del dichoso crucero, la mayor de las trillizas -Irina- nos advirtió que teníamos que irnos al bosque a resolver los asuntos pendientes con nuestros enemigos pero yo no sabía de quien o quienes estaban hablando… Solo estaba presente en las estrategias que estaban planeando siendo del todo ajena a que teníamos cincuenta acompañantes -hombres- y unas veinte mujeres más. Sin contar que había unos quince hombres vestidos de negro como los guardaespaldas o los agentes especiales que llevábamos cuando viajábamos para ofrecer "servicios"; de hecho, no me sorprendía que el crucero tuviera ese propósito.
Todas mis primas tenían el característico color borgoña furioso destilando por sus ojos y casi esparciéndose por todo su cuerpo. Eran mujeres realmente hermosas, con una figura perfecta y sin ningún defecto físico del que alguien se pudiera quejar. Junto con Carmen, ellas eran las Diosas de la casa. Siempre pensé que el color de sus ojos era singular y no lo había visto en ninguna otra persona, cuando le pregunté a Irina me dijo que simplemente era la luz filtrándose por los lentes de contacto que ellas usaban… Ella me creía estúpida, pero no volví a preguntar porque si tenía que ser sincera, no me importaba.
Me levanté con pereza de mi cama y me vestí para el dichoso día. Mis primas se fueron en un auto a parte y me dejaron a mí en otro porque "no me querían involucrar demasiado"… — ¿Qué puedo decir? — Nadie me ordenaba qué hacer y salí para ver una matazón de seres que no eran humanos. No me importó en cuanto vi que alguien atacaba a una de mis primas, sin embargo sentí unos colmillos en mi cuello y caí al suelo… La nieve fría. Lo último que logré recordar.
*Fin del Flashback
Parpadeé de nuevo. Sacudí mi cabeza varias veces sin poder creer lo que había "visto". Si este de verdad era un recuerdo, no me quedaba ninguna duda de que Emmett y yo definitivamente nos conocimos en el pasado. Pero si fue así — ¿Por qué Emmett no había mencionado nada al respecto? —.
Abrí mis ojos y me encontré recostada en mi habitación: Como la mayoría de veces que me desmayaba. Rodeé mi vista por todo el lugar, sin saber que esperaba encontrar. En una esquina y sentado en un sillón de madera, estaba Edward con su siempre pensativa pose: sus codos apoyados en sus rodillas y sus manos sosteniendo su cabeza, a la altura de sus ojos de manera que "no podía" ver nada.
— Lo viste todo ¿Verdad? — Murmuré avergonzada.
Él no hizo nada más que afirmar con la cabeza todavía enterrada en sus manos. Lentamente, me levanté de la cama dando pequeños pasos hasta donde estaba Edward, dejando detrás de mí el rastro de hielo. Yo no estaba pensando en nada, solamente me sentía triste por todo en general.
— Lo siento mucho, Edward. No recuerdo nada de mi vida humana. No sé la clase de persona que fui en el pasado y ahora que aparecieron estos recuerdos, me asusta averiguarlo — Tragué saliva — Si todo eso fue cierto, no sé cómo pude ser capaz de hacerle daño a Emmett.
Él levantó la cabeza y me miró — Yo sé qué ahora no quieres dañarlo, pero si en verdad lo amas tienes que desenredar tu historia y volver a empezar… Decirle la verdad.
— Tienes razón. Voy a viajar a Rochester. No me importa donde estén, los voy a encontrar y al fin saber cómo fue que terminé siendo vampira… También quiero saber lo que le hice a Emmett y si es necesario se lo pagaré por toda la eternidad — Sonreí entre nostálgica y determinada.
No quería dejar a Emmett. El enfrentamiento con los Hale-Denali me supondría algunas semanas, eso sin contar que no tuviera que batallar demasiado para encontrarlos y para que me dieran la información que les pediría: Quería respuestas.
Edward y yo salimos al jardín. Yo ya estaba más calmada: Al menos, el hielo no hacía acto de presencia y eso era bueno. Tenía la coartada perfecta para viajar, se suponía que estaba enferma ante los ojos del instituto. La familia Cullen entendería que yo quería hacer un recuento de mi pasado. Sin embargo, Edward insistía en acompañarme a Rochester y yo me negaba, eso era algo que tenía que hacer yo sola.
Entonces estábamos hablando. Casi llegando a la puerta que comunicaba el jardín de Esme con la cocina y Edward estaba negociando conmigo para que lo dejara ayudarme, para que lo permitiera acompañarme en el viaje por si surgía algo impredecible. Carlisle y Esme estaban cerca, por lo tanto escucharon parte de la conversación: En donde le decía que tenía que viajar sola a Rochester para desenredar algo de mi pasado y encontrarme con mis desafortunados parientes bilógicos.
— ¿Te vas, querida? — Me preguntó Esme acercándose a mí.
Iba a hablar pero Carlisle se me adelantó.
— Nadie te está corriendo de esta casa. Puedes quedarte el tiempo que quieras con nosotros.
Asentí con la cabeza — Sí, gracias. Lo sé. Es simplemente… — Carlisle me miró arqueando la ceja, él sabía que había algo más detrás de todo — Los puntos ciegos en mis recuerdos me están atormentando y la única manera de parar con todo es enfrentar a mi familia humana.
El ambiente se tensó. Luego apareció Alice repentinamente, situándose al lado de Edward, con una sonrisa angelical.
— Yo la puedo acompañar — La miré arrugando el ceño. Su sonrisa tenía algo más que la intención de solo acompañarme. Quizá se quería librar de algo.
Ya le había dicho a Edward que no necesitaba que nadie me cuidara. Quería ver por mí misma a las personas con las que había convivido y todo lo que había tenido que aguantar. Además yo podía cuidarme bien sola. No necesitaba a nadie — Solo a Emmett — pero él no estaba dentro de mis planes por obvias razones. Yo lo estaba haciendo por mí y una parte de mi ser también lo hacía por él. Le iba a refutar a Alice, pero ella se acercó y cruzó su brazo con el mío.
— Yo estaré de compras. Solo apareceré contigo en los momentos que me necesites y todo estará bien — Sonrió tan positiva como siempre.
Era una oferta tentadora. Un insignificante hecho me hacía declinar. Ella no sabía nada de mis recuerdos. No sabía nada de mi pasada relación con Emmett. No había visto tan nítidamente mis recuerdos como lo había hecho Edward. Así que, decidí que si aceptaría una propuesta así, sería por parte de Edward -quien conocía mi situación y la entendía- no estaba dispuesta a viajar con nadie más.
Alcancé a ver la sonrisa de suficiencia de Edward ante mi último pensamiento y creí que todo estaba zanjado hasta ahí. Lo pensé demasiado pronto porque dos adolescentes vampiros se acercaron corriendo, poniéndose al lado de Alice. Quien pareció haber visto mi decisión y no estaba para nada conforme con eso.
— Nosotros la acompañaremos — Dijo Heidi determinada.
— Nada de eso — Los regañó Esme.
— Ustedes ya han faltado demasiadas semanas a clase y siguen manteniendo calificaciones excelentes. No quiero que empiecen a especular sobre nosotros y, por sus descuidos, tengamos que abandonar el país antes de tiempo — Secundó Carlisle con voz dura, digna de un padre.
Alec bajó la cabeza — No… No es como si perdiéramos semanas de clase… En el instituto estarían de acuerdo — Susurró lo último.
Carlisle, Esme y yo arquemos la ceja mientras Alice y Edward sonreían.
— Explíquense — Demandó Esme.
Ellos se miraron durante un tiempo. Ambas miradas dudosas llenas de pavor. Y todo fue así durante unos cuantos minutos realmente largos.
— Por favor, no pueden retrasarlo más. Simplemente, confiesen… El castigo no será tan malo. Eso creo — Alice sonrió como una diablilla cuando dijo la última oración.
— Bien… — Heidi empezó a jugar con su largo cabello negro — En un cambio de clases pasamos el tiempo en el bosque jugando y nos ensuciamos un poco… Demasiado; así que antes de clase, pasamos por nuestros casilleros a tomar ropa limpia… — Paró como si le hubieran tragado la lengua los ratones y miró a Alec para que siguiera.
— Caminamos por los pasillos con los zapatos algo sucios y cómo íbamos tan rápido, no nos dimos cuenta de que lo estábamos ensuciando todo — Alec levantó las manos percatándose de la furia de Carlisle y Esme — Tratamos de limpiarlo todo antes de que alguien lo notara.
— Pero llegaron el conserje y una de las señoras de la cafetería y se dieron cuenta que dos de los pasillos del instituto y el piso de la cocina estaban prácticamente arruinados. Fuimos a la dirección y nos pusieron a limpiar todo el instituto durante dos días como castigo — Dramatizó Heidi.
Ahora entendía muy bien por qué no los había visto tanto en los últimos días. Alice se subió a la rama de un árbol y empezó a balancear sus piernas completamente divertida, mientras miraba hacia abajo: El panorama de Esme y Carlisle, entre atónitos y furiosos; y Edward completamente divertido aguantándose para no reír.
— Les falta algo — Edward casi que cantó la frase. Se ganó una mirada con dagas en los ojos por parte de la pareja de adolescentes.
— Esos dos merecían una reprimenda por lo que nos hicieron pasar. Cuando estábamos limpiando, ellos se encargaron de ensuciar aún más el instituto para que nosotros saliéramos tarde. Alice nos dio la idea de enseñarles que no se podían salir con la suya siempre — A Heidi se le escapó una pequeña sonrisa.
Alice saltó del árbol — ¡¿QUÉ?! Yo les dije que era algo arriesgado y que los dejaran en paz. Lo de la broma fue por molestar, nunca lo diría en serio — Chilló ante Carlisle y Esme quienes la miraban con una ceja arqueada en descontento.
Esme se pasó una mano por la frente — ¿Qué fue lo que hicieron, niños? — Preguntó tomando un suspiro cansado.
— El conserje y la cocinera son medio supersticiosos… Llenamos la habitación con "cosas de vampiros y otras cosas sobrenaturales" — Explicó Heidi.
— Pusimos arañas, telarañas, todo tipo de ficticios animales muertos con pintura roja que parecía sangre y encontramos un maniquí humano que parecía real. Le cortamos las extremidades y también los llenamos de pintura — Siguió Alec. No pudo ocultar la pequeña risita.
— ¡Oh, Dios mío! — Exclamó Esme.
Alice soltó una carcajada — Sí, fue genial. Ambos viejos casi se mueren del susto — Carlisle la miró reprobatoriamente y ella bajó la cabeza — Pero, yo les dije que estaba mal — Alice se quedó quieta… Estaba teniendo una visión. Miró a Carlisle y a Esme perpleja — No, no fue mi culpa. Esos dos viejos me hacen la vida imposible en el instituto. Además yo no hice nada, no les ayudé a poner esas chucherías. No me pueden castigar.
— Les diste la idea y no los frenaste cuando la llevaron a cabo. Ustedes tres están castigados. Alec, Heidi… Yo creo que la semana que les dieron de suspensión les hará bien para reflexionar sobre sus actos y como les gusta tanto entretener a los mayores, irán al asilo todas las mañanas, de diez a tres de la tarde. No van a salir de la casa, si no es para cazar… Saldrán con Esme o conmigo. Nada de juegos de video, computadores, celulares o televisión por una semana — Decretó Carlisle severo.
— Tú, jovencita, sin compras por un mes — Dijo Esme y Alice dejó caer sus brazos a cada lado de su pequeño cuerpo — Estoy bastante desilusionada porque se supone que eres la mayor y debes ser un ejemplo a seguir. Respecto a tu castigo y para que quede claro: No puedes ir a las tiendas a comprar productos "necesarios", eso lo harán tus hermanos. No puedes comprar cosas online. Nadie puede comprar por ti. Y tampoco puedes comprar ropa u otros artículos sin importar si son para ti o alguien más ¿Entendido? — Esme arqueó una ceja
— Algo más, tampoco puedes salir de la casa si no es para ir al instituto, y lo mismo que Alec y Heidi, cuando vayas a cazar saldrás con Esme o conmigo. Una semana sin salir de casa — Dijo Carlisle.
— ¡¿Qué?¡ Pero, pero… No hice nada… — Dijo pareciendo que fuera a llorar.
— Exacto… ¿Entendieron todos? Si desobedecen les irá peor.
Alice, Heidi y Alec bajaron la cabeza resignados, como niños pequeños regañados. Justo en momentos como este se podía ver la unión familiar que tenían. Eran vampiros, ellos bien podrían salir corriendo de la casa sin acatar órdenes, vivir como nómadas con su pareja. Carlisle y Esme no les estaban impidiendo que se fueran por su cuenta. Sin embargo, todos estaban allí: actuando como verdaderos hijos adoptivos del matrimonio. Fue una imagen tan conmovedora para mí.
Por un segundo se me vino el recuerdo de mi mamá -antes de que la asesinaran- castigándome porque me estaba comiendo todos los dulces que me habían dado en la noche de brujas o cuando corría por la casa y rompía algún florero. Esa era la familia que yo no tuve. Gracias a Dios, los ángeles o el destino, podía vivir otra vez lo que se sentía estar en familia, con personas que te amaban y te protegían, así fuera de ti mismo.
— Excelente. Está decidido. Iré a despedirme de Bella y a empacar mis maletas. Salimos con el sol. Mis padres se inventarán una excusa para que yo pueda faltar las semanas necesarias al instituto — Escuché a Edward en mi mente.
Sabía que a Edward la idea de separarse de Bella no le gustaba mucho, sin embargo apreciaba que me ayudara en esta etapa tan difícil de mi existencia.
Una vez terminada la discusión, pareció que Edward le dijo algo a Carlisle y a Esme en sus mentes. Ellos asintieron con una sonrisa y él salió corriendo hasta la casa. Mis padres adoptivos me rodearon con sus brazos y me dijeron tantas veces como pudieron que mi hogar siempre estaría con ellos sin importar qué. Puede que algunas gotas de hielo se escaparan de mis ojos, como si fueran lágrimas, pero las oculté.
Después de la despedida, fui a mi habitación y tomé una maleta mediana para empacar todo lo que necesitara en el viaje. No eran muchas cosas, solo algunas mudas de ropa y productos de aseo personal. Más que todo, le quería dar tiempo a Edward para que estuviera el mayor tiempo posible con Bella. De seguro ambos se extrañarían.
Hola a todas, feliz sábado. Aquí les traigo otro capítulo de esta historia. Rosalie tuvo un vistazo de su pasado e irá con los Denali ¿Cómo creen que resultará eso?
Respecto al review de la semana pasada de parte de NaNYs SANZ: nena, al final de la historia escricí un outtake que explica cómo es que existe un diario y por qué Bella lo tiene.
Una vez más gracias a todas las que están leyendo la historia y gracias por sus reviews.
Nos leemos la próxima semana.
