Capítulo 14: Lo Que Perdí
Rosalie POV
Era sábado. Una parte de la familia nos acompañó hasta el aeropuerto a Edward y a mí despedirse por última vez. Es decir, Alice, Alec y Heidi seguían castigados por el alboroto que formaron en el instituto, por eso se despidieron de nosotros en la casa y se quedaron bajo la atenta mirada de Carlisle. Esme hacía turnos para llevar y traer a Jasper al aeropuerto y despedirse de nosotros, puesto que él quería estar con Alice y acompañarla en su agonía -como lo describía ella-.
Como era obvio, Bella se mantuvo firme al lado de Edward. Ambos manteniendo sus brazos pegados y sus manos juntas, sus dedos entrelazados. Ella recargando su cabeza sobre el hombro de él, con una sonrisa triste pero orgullosa. Se podía ver lo agradecida y satisfecha que estaba porque su marido me acompañaba a desenredar mi vida pasada. Edward dejaba besos tiernos en su frente cada que podía, porque a metros se veía que no quería separarse de su mujer.
Sin embargo, había algo raro en la mirada de los dos. Algo que no era del todo bueno. No lo decían abiertamente y trataban de no mostrarlo, pero estaba allí. No sabía si era por mí… Eso me hizo sentir algo culpable.
Estaba eso y el hecho de que Emmett no estaba por ninguna parte, no se mencionaba su nombre; era como un tema tabú en la familia. Cuando Alec preguntó si me había despedido de mi novio, la mayoría de la familia le dio una mirada que pudo haberlo pulverizado. Jasper y Alice se encargaron de neutralizar el ambiente y cambiar de tema a uno más cómodo: como preguntándonos a Edward y a mí por la fecha de llegada o diciéndonos lo mucho que nos iban a extrañar.
…
El vuelo estuvo en silencio, me atrevería a decir que tal vez algo tenso. Edward no hablaba a menos que fuera estrictamente necesario. Parecía que estaba metido en su propia mente, porque ni siquiera hurgaba en mis pensamientos o compartía conmigo una charla como las que se nos facilitaban tanto.
Nuestro vuelo llegó a Rochester, Minnesota después de unas horas. Hicimos lo usual en el aeropuerto, recogiendo nuestras maletas y nos fuimos a la linda y acogedora casa que Edward y Bella habían comprado en su última luna de miel. Edward había sorprendido a Bella con la compra de la casa, puesto que viajaban allí muy seguido y no querían seguir rompiendo habitaciones de hoteles, así que esto fue lo mejor que se les ocurrió, ya que también quedaba un poco alejada de la ciudad y les daba la privacidad que tanto querían.
De todas formas, la casa era impresionantemente grande y luminosa, como todas las propiedades de los Cullen. Con ventanales ligeramente más pequeños que los que estaban en la casa de Forks, en lugar de eso, tenía más puertas de vidrio de entrada y salida por doquier. En la primera planta había una sala grande, un comedor de madera fina de diez puestos y una cocina que todo chef profesional desearía. En la segunda planta tenía cinco habitaciones decoradas de forma distinta y muebles de diferente diseño -supongo que una para cada pareja de la familia-. Cada una con baño propio y una mini salita con televisor. Como siempre, en la parte de atrás de la casa se desplegaba la enorme vegetación y el hermoso paisaje verde, la entrada al bosque con diferentes caminos de casería, marcados con los dibujos de animales que se podían encontrar en cada zona para ser cazados.
— Impresionante ¿Por qué todos los Cullen tienen afición por las excentricidades del dinero? — Pregunté descargando mi bolso de mano y poniéndolo en uno de los enormes sofás blancos de cuero de la sala.
Pude escuchar la primera risa sincera de Edward cuando pregunté. Más bien un ruido entre dientes, pero preferí pensar que era una risa, al menos para liberar tensión. Él también descargó su maleta, se dejó caer laxamente en el sofá beige que estaba frente a mí.
— A Bella le gusta estar aquí. Yo había heredado una gran fortuna de mi familia biológica e invertí mis activos una y otra vez hasta amasar más dinero del que puedo contar. Además, estudié medicina, trabajé algunos años con Carlisle en el hospital — Se encogió de hombros — No veo razón alguna para negarle a Bella todo lo que quiera tener, aunque diga que es demasiado… Ella me da todo con solo mantenerse a mi lado — Dijo lo último con gesto pensativo.
Quedé muda al escuchar su tono de voz tan apagado. Esto del viaje no estaba resultando tan bueno como pretendía ser en un principio. Por eso quería hacer mi viaje sola, no quería afectar a nadie: mucho menos a las personas que tanto apoyo y cariño me estaban brindando. Un nudo se formó en mi garganta.
— ¿Es por mí? ¿Ella está molesta contigo, por mí? ¿Por qué te alejé de su lado? ¿Tú estás molesto conmigo? — Le pregunté. Sabía que Bella no sufría de celos y menos por mí. Entonces me quedé pensando aún más — ¿Ella sabe de mis recuerdos sobre Emmett? ¿Sabe de mi relación con su hermano? — Ahora si estaba aterrada, aun así traté de no demostrarlo -y me salió mal en todos los sentidos-.
Bella y Emmett eran muy unidos, no compartían secretos y estaban dispuestos a matar por el otro. No importaba el hecho de que Bella me hubiera encontrado, que supiera sobre las cicatrices que tenía en mi cuerpo -solo ella las había visto-, que se hubiera encargado de entrenarme con mis dones y que me hubiera acogido como su hermana adoptiva. Por encima de todo estaba Emmett. Si yo le había hecho algo malo a su hermano… No me quería imaginar: Perder la amistad de Bella me dolería muchísimo. Sin embargo, la entendía y aceptaría cualquier decisión que tomara.
Con eso en mente, pude unir algunos cabos, Bella podría estar molesta con Edward por acompañarme en este viaje, por el hecho de estar apoyándome en lugar de regresar con su legítimo cuñado y apoyarlo a él. Bella podría sentir la traición por parte de Edward… Por mi culpa.
— No es eso — Vi a Edward negando con la cabeza. Respondiendo en voz alta a mis pensamientos.
Solté el aire que no sabía que estaba reteniendo en mis inertes pulmones y me senté en el sofá al lado de mi maleta de mano. Crucé delicadamente mis piernas tratando de calmarme. Cerré mis ojos por un segundo — ¿Qué más podría estar pasando que tenía a Edward tan preocupado? — y la respuesta llegó al segundo siguiente.
— Eso es lo que me preocupa. No sé lo que está pasando porque cuando estaba con Bella, ella puso su escudo. Eso solo hace cuando está insegura o quiere espacio para resolver una situación "peligrosa" por sí misma. No tengo idea en lo que está metida y francamente me preocupa un poco — Pasó una mano por su cabello, como lo hace siempre que está estresado o preocupado.
Me acerqué a él. Puse una mano sobre la suya — Lo siento mucho. Apuesto a que todo es mi culpa, yo… — El pánico y la tristeza invadieron mi cuerpo y mi mano empezó a bajar de temperatura. Por suerte, Edward se movió a un lado, evitando nuestra cercanía; mientras tanto, yo trataba de mantener el control de mis emociones.
Con paciencia y muchas respiraciones controladas, pude estar en calma para no agredir al único miembro que consideraba de mi familia que tenía cerca. Quería ir a buscar a mi familia biológica; pero con todo lo que pasaba entre Edward y Bella, él tenía su cabeza en otro lado y no creía que sirviera de mucho que lo sacara a recorrer las calles: Un solo descuido, nos podría costar mucho… Me podía costar mucho.
Y no hablemos de mi estado sentimental. Yo también estaba destrozada porque no había visto a Emmett en casi dos días. Siendo novios, solo pudimos disfrutar de una salida, unos cuantos besos y muchas risas que me había robado mi hombre con actitud de niño. Lo extrañaba tanto: Sus comentarios, sus chistes, sus risas, los pequeños hoyuelos que se hacían a cada lado de su boca cuando sonreía y — ¿Por qué no? — También extrañaba los celos que se apoderaban de él cuando algún cretino del instituto me miraba o decía cosas asquerosas sobre mí. Él se había convertido en mi todo. Por esa razón, no me explicaba cómo había podido herirlo en el pasado o de qué forma lo había hecho como para que no quisiera ni verme.
Solté un suspiro dejando la habitación. Sabía que tenía que cazar, mis ojos estaban negros porque ya llevaba tiempo sin alimentarme. Edward había subido a su habitación en la segunda planta, había estado allí hace como una hora después de que yo me metí en mis pensamientos. En serio necesitaba cazar y no sabía si era buena idea que fuera sola teniendo en cuenta que no conocía el área.
Mejor fui a la cocina y tomé un poco de sangre que había en la nevera… Tomé un enorme trago sintiendo como mi garganta seca, se iba refrescando, pidiendo más a cada momento. Obviamente era de algún animal — Un oso ¿Quizás? — Suspiré y volví a pensar en Emmett. Mi vista se nubló como ya era costumbre cuando me atacaba un recuerdo.
*Flashback
Lo conocí. Él era lindo, guapo, con una sonrisa dulce y encantadora. Casi me derretí al verlo con sus ojos juguetones mirándome. Me hablaba, pero en realidad yo no ponía atención a nada de lo que me decía porque estaba concentrada en su cabello oscuro y rizado y en sus lindos hoyuelos. Ese hombre me hacía sentir como una maldita adolescente hormonal. Creía que miles de jodidos corazones podrían estar adornando mis ojos en ese preciso momento. Y ese cuerpo -¡JODER!- Ese cuerpo de fisicoculturista que tenía el hombre frente a mí. Tenía que ser algo malditamente ilegal que él estuviera caminando por ahí, como si nada, con ese cuerpo que provocaba lamer.
Hasta que el momento de luz llegó. No era él. Todos eran puñeteramente iguales… Todos los hijos de perra eran putamente iguales. Te querían por un rato, algunos más perversos que otros fingían ser agradables contigo y luego te metían la maldita puñalada en la espalda. El tal "Emmett Cullen" no podía ser la excepción.
Lo admito, con el paso del tiempo, se volvió casi una necesidad tenerlo a mi lado. Mi puto lado inconsciente solo esperaba las clases en el instituto o que él llegara a mi departamento y tocara mi puerta. Yo, como una idiota, fingiendo que él no me importaba, que me molestaba su presencia. Pero mi traicionero cuerpo no seguía las instrucciones de mi cerebro. A tal grado que terminé besándolo y más tarde, acostándome con él unas cuantas veces. Lo mejor que me pudo pasar en la vida.
Muchas veces me convencí que solo eran unos acostones. Me lo cogía y listo. No sentía nada por él y por mucho que me doliera -inconscientemente- ese puto Dios del sexo tampoco podía sentir nada por mí. Hasta que todo fue cambiando… Se fue literalmente al carajo. Él era más dulce cada vez, a pesar de que me hiciera gritar en los orgasmos y querer tomar más de él. No podía simplemente "fingir" que nada me sucedía cuando él estaba cerca. Con el paso del tiempo, era más difícil mantenerme fría y actuar como la puta perra que todos conocían y debían temer. "La princesa del hielo" -como me llamaban en mi trabajo- se estaba derritiendo, porque alguien había encontrado la calidez en su corazón.
Con lo que no conté fue con la rapidez con la que transcurría el tiempo. Llegó la entrega de diplomas, yo tenía compromisos con mi odiosa familia y por lo tanto, le tenía que decir adiós a lo mejor que me pudo suceder… Nunca le dije que lo quería y él no se rendiría fácilmente con una simple despedida — ¿Por qué se rendiría después de todas las pruebas que le puse? — Se había mantenido firme en conquistar mi corazón. Yo ya estaba loca por él. Si él conociera mi situación y si me hubiera pedido que me escapara con él, lo habría hecho gustosa. Negué con la cabeza — No era tan sencillo como parecía —. La mejor opción que se me ocurrió para que él no me siguiera fue cortar todo de raíz, botarlo todo por la puta borda.
Pareció bastante sorprendido cuando le dije que habíamos hecho un buen trabajo en equipo. Era lo menos que le podía decir y estaba siendo sincera, incluso aunque él tuviera que aguantarme todo el tiempo actuando como una verdadera perra. De la nada, surgió en mí una emoción que no había podido expresar antes y lo abracé con más cariño de lo habitual. Lo necesitaba como la mierda y estaba consciente de que no podría tenerlo nunca. Sabía que después de esto, no había nada que nos pudiera unir de nuevo. Y tampoco lo arrastraría conmigo a una vida en el infierno.
— Rosalie, eres hermosa e inteligente… No sé si esta vez aceptarías ir por el chocolate que te ofrecí la primera vez que te vi, cuando nos conocimos ¿Quieres? — Se podía notar su tierno nerviosismo.
Me tomó todas mis fuerzas hacer lo que iba a hacer a continuación. Era hora de actuar como la puta perra que deseaba no ser con ese hombre tan maravilloso que tenía en frente.
Solté una estruendosa risotada — ¿En serio? Lo que dije allá dentro fue la típica felicitación que le das a tus compañeros luego de un trabajo — Arqueé la ceja — ¿No pensarás que podemos tener una relación? ¿Verdad? Además tenía que hacer todos los horarios y la mayoría de la investigación para que funcionara — Vi cómo dejaba caer su cabeza y casi estuve a punto de retractarme, de apretarlo entre mis brazos y no dejarlo nunca. Apreté mis puños con fuerza, reteniendo las lágrimas, cuidando muy bien que él no las notara, que no se diera cuenta que esto me dolía como los mil demonios. Quizá más que a él.
Tragué grueso, asegurándome de que él no me viera. Que estuviera tan herido para no notar lo duro que estaba siendo para mí alejarlo de mi vida para siempre.
— De hecho, sí, pensé que teníamos algo… Todos esos besos y cuando hacíamos el amor… — Dijo sosteniéndome delicadamente del brazo.
Solté una risa siniestra, más creíble de lo que pretendía — Hey, eso se llama diversión. Nunca hubo "Amor", solo sexo — Me di media vuelta y empecé a caminar, dando fuertes pisadas con mis tacones.
Lo escuché caer al suelo, pero pudo ser mi imaginación. Agarré el diploma con mis manos y lo puse en mi pecho. Me fui al baño de damas para que nadie pudiera escuchar mis patéticos sollozos. En aquel instituto, aquel curso que parecía no significar nada, encontré el amor más puro y desinteresado que hubiera podido existir. Significó demasiado para mí.
Ya tenía una vida armada antes de conocerlo. Llena de problemas, fantasmas, verdugos, negocios ilegales y condenas a muerte. No quería someter a Emmett a vivir mi mierda de vida. Lo amaba demasiado como para aceptar que él viviera eso, solo para mantenerse a mi lado. No, él se merecía una mujer libre, que lo amara por sobre todas las cosas. Yo no lo merecía.
*Fin del Flashback
Me desperté en la cama King size de la habitación que Edward me dijo que podía usar como mi recámara. Puse mi antebrazo izquierdo sobre mis ojos y mi mano derecha en mi corazón. Me dolió el pecho al recordar todo aquello que había sucedido. Las frías palabras que usé. No era un dolor físico. Era emocional. Ya lo entendía todo: La razón por la cual Emmett se había portado tan hostil conmigo cuando llegué a su casa y después cuando no quería verme. Era de esperarse que todo eso sucediera y más. Claro que me odiaba y con justa razón.
Me empecé a preguntar qué había cambiado en él — En nosotros — Para que tanto él como yo, no recordáramos nada y después por la pelea por el viaje al pasado que hiciéramos como si nada hubiera ocurrido.
— Cambiaste el pasado, por eso Emmett tampoco recordaba el momento en el que te conoció — Edward llegó a mi lado, sentándose en una silla de madera — Emmett me comentó que salvaste a un joven en el pasado. Bella, Carlisle, Jasper, Alice y yo lo estuvimos hablando por un tiempo y decidimos que aquel humano había sido la variante para que tú y Emmett no se conocieran en el tiempo que lo habían hecho… Pero algo más debió pasar como para que ustedes se acuerden de lo que sucedió — Me explicó.
Me senté al borde de la cama — ¿Lo viste todo? — Pregunté a lo que él asintió en silencio, se notaba el pesar en su rostro — ¡Soy una idiota! ¿Cómo le pude hacer eso? Él me amaba. Lo humillé tantas veces, de tantas maneras diferentes y él siguió allí, hasta que le partí el corazón. Por eso me debe estar odiando — Suspiré — Y en realidad, no lo culpo. Soy una puta perra.
Edward negó — Emmett tiene un corazón muy grande, es incapaz de odiar a alguien, mucho menos a ti. En este momento debe estar enfadado, escondido en algún país, solo, pensando en… — Se quedó en silencio cortando abruptamente.
— ¿Pensando en…? — Interrogué — Maldita sea, Edward. Ya me estoy sintiendo lo bastante mal como para que me guardes secretos. Necesito, al menos, hacer que su corazón se cure, sin importar que yo no esté en sus planes.
— Él debe estar pensando en que todo hubiera sido más fácil si no hubiera tomado ese curso para iniciar y que todo lo que hizo por ti fue un error… Cuando él fue a Brasil, estaba bastante enojado porque no te podía sacar de su cabeza, lo que solo significa que sigue sintiendo algo fuerte por ti, aunque se niegue a creerlo.
Bajé la cabeza — No lo merezco. Ni a él, ni su perdón. Mucho menos merezco que me ame… Si es lo que sugieres que él sigue haciendo — Balbuceé.
Él le dio unas palmaditas a mi hombro — Descansa. Llamaré a Bella para saber si ha tenido noticias de Emmett y también quiero saber cómo está ella. Mañana empezaremos la búsqueda.
Asentí susurrando un pequeño "gracias" y me volví a acostar en la cama mirando al techo. Edward salió de la habitación. Desde mi posición podía escuchar cada palabra que Edward decía al teléfono cuando hablaba con Bella. Sin embargo, los recuerdos de Emmett me estaban atormentando cada vez más: Todos estaban combinados, yo como humana y como vampira. Todas las veces que hablé con él o simplemente me perdía en sus ojos claros u oscuros dependiendo de la sed por sangre que tuviera. Inmediatamente sentí cómo mi temperatura se bajaba a mis manos. Me sentía terrible y no hacía falta mencionar que necesitaba arreglar este error, no sabía cómo, pero necesitaba hacerlo… Primero, iba a dejar que la desgracia sucumbiera en mi cuerpo y por una vez en mi vida como inmortal, dejar aflorar mis sentimientos.
El cubrecama se empezó a tornar de color blanco con pequeños destellos azules, luego le siguieron las almohadas y la cama en general. En segundos, la habitación estaba cubierta de hielo, toda blanca, con pequeños cristales azules que brillaban con la poca luz que quedaba del día. Puse mis manos cubriendo mi cara, sollocé porque era lo más cercano a llorar que me permitía hacer mi nuevo cuerpo — ¿Cuántos errores más había cometido en mi vida pasada? ¿Consideré decirle la verdad a Emmett en algún momento? — Era obvia la respuesta a esa última pregunta: No, nunca lo haría. Tal vez ahora sí porque sabía su naturaleza inmortal, de otra forma nunca hubiera permitido que sufriera… Ni en ese entonces, ni ahora, ni nunca.
Así pasó la noche: Entre lamentos. Me senté en la cama con mis manos rodeando mis piernas y mi cabeza entre mis rodillas. Tan solo mirando por la ventana. Ya me había cambiado mi extravagante atuendo del viaje por algo más cómodo. Solté una risita irónica: Heidi estaría sentada a mi lado, Bella me vería orgullosa apoyándome, mientras Alice podría estar soltando griticos indignados por usar mis shorts grises desgastados -con los que me había despertado como vampira- y mi pequeña blusa púrpura de tirantes.
No sabía qué tenía Alice con la forma de vestir, tenía que ser "perfecta" todo el tiempo y la mayoría de veces concordaba… Ahora parecía, que yo era más de las que se vestía acorde a mi estado de ánimo. Por ejemplo, en ese momento me sentía como un miserable pedazo de mierda, el peor ser viviente que merecía la peor condena del mundo. Por eso, estaba vestida básicamente como una puta indigente que parecía no haberse bañado en años, que estaba abandonada de la mano de Dios y nunca saldría de la porqueriza en la que ella misma se había puesto.
Dejé las ventanas abiertas. La fría brisa se colaba con toda la intensidad posible. No recordaba el tipo de clima que se manejaba en Rochester, tampoco era algo que me importara porque justo esa noche era helada: Como me sentía, como mi corazón. Vi la inmensa luna llena, sus rayos de luz sobre la piel de mis manos, brillando con timidez. — Un monstruo — Me había comportado como un jodido monstruo con Emmett. Justo en ese momento me sentía más sola que nunca, incluso más sola que cuando mi mamá murió. Porque una parte de mí se había ido de a poco, con la ausencia del hombre al que amaba.
…
— ¿Rose? ¿Estás bien? — Preguntó Edward entrando lentamente a la habitación.
Había amanecido hace unas cuantas horas. No lo noté porque me había quedado quieta toda la noche, en la misma posición, pensando. Ni siquiera me había tomado la molestia de respirar o de abrir mis ojos. Cualquiera hubiera podido quitarme la vida en el transcurso de la noche y -como la maldita cobarde que era- se lo hubiera agradecido.
Levanté la cabeza solo un poco para notar que él trataba de no asombrarse por la cantidad de hielo -y nieve- que veía en la habitación, pero falló miserablemente y de ninguna manera se mostraba molesto. De todas formas, yo estaba avergonzada y me hice una nota mental de limpiar todo el desastre en cuanto me fuera posible.
— Creo que te hace falta algo de aire fresco para despejarte — Dijo convencido y me ayudo a ponerme en pie frente a él.
Tenía razón. Asentí con la cabeza e hice una mueca tratando de asemejarla a una sonrisa. Solo hablé para pedirle algunos minutos para tomar una ducha, ponerme ropa deportiva y arreglar mi cabello. Cuando me vi en el espejo, me asusté porque no reconocí a la pobre chica huesuda, con ojeras, cabello alborotado, sucia y con todos los calificativos opuestos a lo que alguna vez había sido la imponente y soberbia "Rosalie Hale Cullen". Tendría que recuperarme pronto.
Y aquí termina nuestro capítulo 14. Espero que les haya gustado. Por fin Rosalie recordó completamente lo que había hecho para que Emmett la odiara, pero ahora está en su país natal buscando más respuestas sobre cómo terminó convertida en vampiro ¿Qué creen que pasará después de esto? Déjenme saber en sus comentarios.
Gracias a todas por sus reviews, follows y favs. Lamento no haber actualizado la semana pasada, mi internet estaba un asco.
En fin, nos leemos este viernes o el sábado y mañana en el grupo "Élite Fanfiction" con un adelanto del nuevo cap.
Besos desde Colombia.
