Capítulo 15: Los Hale-Denali
POV Rosalie
Edward tenía razón después de todo. La cacería me hizo bien y logró despejarme más de lo que había pensado. Por lo menos, ya no sentía que estaba torturando a Edward con mis pensamientos suicidas y melancólicos. Durante la caza estuvimos charlando de temas triviales y juegos, también volvieron las conversaciones que fluían tan fácilmente entre nosotros… Aunque sabía que él evitaba de hablar de Bella y de la misma manera trataba de mantenerse distraído para no pensar.
Volviendo a casa, él se estremeció por alguna extraña razón en cuanto entramos en la cocina. Vio el vaso desechable de donde yo había bebido antes, sin embargo no dijo nada y sacó el celular del bolsillo de su pantalón. Sonrió al ver la foto de Bella en la pantalla.
— Hola mi amor ¿Cómo estás? — Alcancé a escucharla del otro lado de la línea.
— Bueno, te extraño mucho cielo, así que no puedo decir que estoy completamente bien — Edward hizo una mueca que cambió rápidamente al ver mi expresión. Sabía que él estaba intentando que yo no me sintiera mal. Simplemente se quedó en silencio por unos cortos segundos.
— Nos vamos a ver pronto, lo prometo… ¿Está Rosalie? ¿Puedes poner el teléfono en video llamada? — Dijo con voz más animada y con un tono más amoroso al hablarle a Edward.
— Si, dame un segundo — Despegó el teléfono de su oreja y lo puso sobre una mesa frente a nosotros — Bien, te está escuchando y viendo — Anunció.
Me tomé la libertad de sentarme. Sabía que esta no sería la típica llamada de Bella para saludarme y preguntarme cómo estaba, obviamente ella confiaba en que estaría estupendamente al cuidado de su esposo. Esa llamada tenía un asunto de suma importancia o no se habría atrevido a hablarnos en conferencia. Me quería decir algo.
Edward me imitó al sentarse al lado mío. Puso el teléfono con la pantalla frente a nosotros. Se podía ver a Bella y a Alice sonriendo -algo así-.
— Hey, chicas ¿Qué pasa? — Pregunté para aligerar la tensión. Sonreí al verlas de nuevo, aunque no hubieran pasado siglos sin contactarnos.
— Tuve una visión de lo que harán en la tarde. Van a buscar a la familia bajo el apellido "Hale" — Alice sonrió con suficiencia y yo asentí. De pronto pegó un brinquito — ¡No lo hagan! No los van a encontrar. Ellos se han registrado bajo otro apellido — Aseguró muy segura de sí misma — ¿Cómo no lo estaría siendo ella era vidente? —.
— ¿Cómo? ¿Cuál apellido? — Inquirí sintiendo que mi ceño se fruncía.
Alice saltó para responder, pero Bella fue lo suficientemente rápida como para detenerla, poniendo un brazo frente a ella. En la pantalla, detrás de ellas, estaba Jasper con su siempre sonrisa calmada, poniendo ambas manos en los hombros de su esposa para poder tranquilizarla.
— Déjame tratar ese tema — Dijo Bella mirando a Alice. Luego puso su mirada en la pantalla y la enfocó en Edward. Sonrió ligeramente — ¿Ya le contaste la historia?
Edward se tensó y lo hizo aún más cuando sintió mi mirada sobre él. Su espalda se puso recta, empezó a pasarse la mano por el cabello y finalmente soltó un suspiro negando con la cabeza.
— ¿Cuál historia? — Me ganó la curiosidad y pregunté antes de que alguien pudiera decir algo.
Bella miró a Edward con la ceja arqueada — ¿En serio, Edward? ¿Todavía no? Me lo prometiste, mi vida — Casi se pudo ver como Bella le hacía un puchero inocente a Edward.
— Se lo iba a decir, te lo juro — Él se apresuró a contestarle, gesticulando con sus manos — Estaba buscando el momento apropiado. Todo este tiempo hemos estado cargados emocionalmente por todo lo que ha pasado desde antes y después de que aterrizáramos en Rochester y no sabía si…
Lo interrumpí — ¿Me pueden explicar de qué demonios están hablando? — Dije harta de oír toda la verborrea de Edward.
Tal vez se trataba de información vital sobre Emmett que seguramente no sabía cómo decirme porque pensaba que me afectaría o algo parecido. Lo que fuera tenía que saberlo de inmediato, porque me concernía maldita sea.
Vi como Jasper se acercaba más y ahora estaba sentado al lado de Alice, más cerca de la pantalla y por lo tanto, estaba haciendo un papel más grande en la conversación. Suspiró dándome a entender que él me empezaría a explicar y que me mantuviera calmada.
Yo solo pensaba — ¿Qué demonios? ¿Qué historia podrían saber ellos, que fuera tan importante como para que todos se mantuvieran tan tensos? — Incluso sentí que Edward seguía con la espalda más recta de lo habitual y podría apostar lo que fuera a que también estaba aguantando la respiración, aunque tratara de mantenerse calmado frente a mí… No lo estaba logrando para nada.
Asentí prestando toda mi atención, ya cansada de mantenerme ignorante.
— Escucha Rosalie — Comenzó Jasper — Hace dos o tres años tuvimos que enfrentar a un aquelarre porque estaba creando neófitos deliberadamente. Los Vulturis nos pidieron que interviniéramos puesto que éramos el aquelarre más cercano, pero también nos enviaron algunos vampiros de la guardia para apoyarnos y exterminar dicho clan.
Edward se volteó un poco para mirarme, mientras que todos los que estaban al otro lado de la pantalla se mantenían en silencio, atentos, esperando quién sabe qué.
— El nombre de dicho aquelarre de vampiros es: "Denali" — Dijo con voz pausada, esperando mi reacción.
Abrí mi boca, solo un poco. Los engranajes de mi cabeza parecían estarce moviendo con mucha dificultad. Ese maldito apellido me había perseguido y martirizado por tanto tiempo que cuando lo volví a escuchar, todo el odio que sentí volvió con más fuerza. Obviamente, mi tío era Eleazar Hale y su horrorosa esposa, Carmen, quien era la que llevaba el apellido Denali.
Eleazar se avergonzaba de usar su propio apellido de nacimiento, así que lo conocían como Eleazar Denali. Toda esa puta familia era "Denali" excepto yo por qué me negué a compartir hasta eso con ellos, y por tal razón yo era conocida como la pariente bastarda de la familia — ¿Sería el mismo tema del que me estaban hablando? ¿Mi familia de "sangre" estaba llena de vampiros y yo no lo sabía? — Me pregunté y miré a Edward, quien asentía lentamente respondiendo a mi pregunta.
— Pero… Ellos… ¡Mierda!... ¿Cómo diablos? — Ni siquiera podía completar una oración coherente con todas las dudas que tenía.
Escuché la voz de Bella — No sabemos cómo, ni hace cuánto tiempo son vampiros. Pensábamos que ya habíamos terminado con ellos en la batalla — Dijo Pensativa y cambió su mueca al ver que yo la miraba sin entender absolutamente nada.
Carlisle apareció, dándome una vista más general de todo el panorama. En unos segundos, ya estaba reunida toda la familia, contándome la dichosa historia de cómo creían haber aniquilado a los Denali. Por otro lado, dejando el drama, me di cuenta de que también me estaban preparando para el momento en el cual yo tuviera que enfrentar al malnacido de Eleazar y a la puta de Carmen junto a mis zorras primas… Exacto, toda esa familia era una manada de bestias que merecían morir.
— A ver, según nos contaste tu tío tenía negocios ilícitos, hasta ahí llegan tus recuerdos humanos sobre ellos ¿Verdad? — Preguntó Carlisle y yo asentí con la cabeza — Eleazar Denali estaba muy metido en el negocio de la prostitución. Al ver que sus clientes más poderosos exigían a sus hijas, quiénes eran vampiras pero nadie lo sabía, pensó que las inmortales podían dar más placer sexual que las mortales que él tenía en el mercado. Él hizo unos cuantos experimentos que le funcionaron y en efecto, siguió convirtiendo mujeres entre los dieciocho y veinticinco años de edad. Allí empezó el baño de sangre, porque él no se tomó ninguna molestia en ser discreto: Convertía a cualquiera. Luego necesitó de hombres entre veinte y treinta años para que entrenaran a las neófitas y cuidar de que no se escaparan…
Alec interrumpió abruptamente — Teníamos que hacer algo, por cada cinco mujeres que convertía, creaba dos neófitos hombres. La población local prácticamente enloqueció: Nadie salía de su casa, hasta la policía y el FBI tuvieron que involucrarse. Afortunadamente, los humanos no descubrieron nada sobre la existencia de nuestra especie.
Tenía mis manos pegadas a mi boca y pude sentir como mis ojos se abrían más a cada momento. Heidi llamó mi atención con su mano, haciéndome saber que ella continuaría.
— Los Vulturi nos contactaron. Para ese entonces, a Eleazar le pareció buena idea hacer un crucero por toda la costa Caribe. Se haría un buen dinero con la prostitución y de paso llevaría cargamentos de droga a ciertos puertos sin ser detectado. Por alguna razón, también pensamos que él se estaba anticipando ante la llegada de los Vulturi. Nosotros teníamos que atacar antes de que se fueran o sería demasiado tarde.
— Defender. Teníamos que defender a la población antes de que se escapara y fuera demasiado tarde — Corrigió Carlisle a su hija.
— Claro — Pegué un brinquito y levanté mis manos al aire, diciendo en voz alta todo lo que se me venía a la mente — Yo estaba en el maldito auto… Me dijeron que me quedara adentro porque ellos tenían que resolver alguna clase de asunto importante antes de que nos fuéramos al dichoso crucero que yo aborrecía… Yo… Me salí y… Al instante… Sentí un jodido dolor en mi cuello, muy cerca de mi hombro y caí en la inconsciencia… Recuerdo que me dolió. Después sentí cómo todo mi cuerpo ardía, más que todo mi vientre. Me sentía en el infierno y no sé cuánto tiempo estuve retorciéndome de dolor, creí que no lo soportaría… Hasta que… No pasó nada… Todo estuvo en blanco… Y desperté un momento después… Aunque ¿Quién sabe? Por lo que me dicen, pude haber estado meses… O hasta años en ese lugar — Dije entrecortadamente, mirando a la nada, recordando cómo había sido mi proceso de transformación.
— ¿Estás bien, querida? — Preguntó Esme, al verme un poco alterada.
— Yo… Yo… — Titubeé.
No sabía si me encontraba del todo "bien" emocionalmente, porque obviamente no tenía que preguntar por mi estado físico. Pasé una mano por mi frente y la deslicé lentamente por mi cabello. Sentía frío. — ¿Estaba bajando la temperatura? ¿Acaso estaba temblando? — No tenía control de mi cuerpo. Mi cerebro no recibía mis órdenes — ¿Le estaba dando alguna orden a mi cerebro? — No sabía, solo tenía en mente que algún miembro de mi familia pudo haberme condenado a esta vida — ¿Habrían querido asesinarme? — Tal vez, de otra forma no me hubieran dejado abandonada, a mi suerte, en medio de la nada. Yo sabía que yo no era del agrado de ninguno de ellos, pero — ¿Tanto como para que me quisieran asesinar? — Agarré fuerte lo que tenía a mi lado.
— ¡Rosalie! ¡Tranquila! — Escuché voces del otro lado de la pantalla — ¡Edward, amor! — Pude distinguir la voz de Bella al final que me alertó. Mientras tanto escuchaba un jadeo a mi lado.
Traté de volver en mí, solo entonces reconocí a Edward con los ojos ligeramente más abiertos, aunque él trataba de mantenerse sereno e impasible. Algo realmente admirable si me lo preguntan, porque de ser él, yo también estaría aterrada. Sin darme cuenta, Edward era lo más cercano que tenía cuando estaba en medio de mis pensamientos y estado de pánico; como mi temperatura estaba tan baja, alcancé a congelar su antebrazo y su mano.
— Oh… Lo siento — Dije en seguida y alejé mis manos para luego descongelar su brazo con la mirada — En serio, lo lamento. Todo es muy…
— Desgarrador y estás confundida. Por lo menos, eso alcanzo a ver. Creo que le haría bien un paseo, Edward — Dijo Jasper al otro lado de la pantalla.
Edward asintió con la cabeza, sabiendo de por sí todo lo que pasaba por mi mente y Jasper no estaba del todo errado en sus suposiciones. Sin necesidad de que el último estuviera cerca de mí, logró ver dos de las emociones que más me embargaban. Necesitaba cerrar este maldito ciclo lo antes posible. Tenía que ir, plantarle la cara al puto Eleazar y exigirle respuestas. Me consideraba una persona vengativa, así que también me iba a cobrar unas cuentas que me debía ese demonio. El hijo de puta y toda su familia pagarían por lo que me hicieron, aunque fuera lo último que yo hiciera.
Luego vino un sollozo pequeño — Amor ¿Estás bien? ¿Estás seguro que puedes controlarlo? — Preguntó Bella con una expresión realmente preocupada. Me atrevería a decir que no solo era por Edward, sino también por mí.
— Sí, estoy bien. Jasper tiene razón, Rosalie solo necesita digerir todo esto. La llevaré a caminar o correr por el bosque. Quizá le gustaría solo admirar el paisaje, algún lado se me ocurrirá — Edward me miró con sorna sabiendo que eso último era lo que estaba pensando.
— De todas formas, nos gustaría estar allí con ustedes y apoyar más a Rosalie — Comentó Esme. Vi la sonrisa en el rostro de todos los Cullen y supe que era una decisión tomada. No tenía sentido convencerlos de lo contrario.
Nos estábamos despidiendo, ya se había acabado la conversación y yo sentía un poco de aire en mis pulmones -es un decir- al reconocer cierta parte de mi pasado. Pero antes de que la pantalla se oscureciera, dando por terminada la llamada, Alice saltó de su puesto sobresaltando a Bella y a Jasper que estaban a su lado.
— Mañana llegaremos a las siete de la mañana en punto y que ni se les ocurra ir a enfrentar a esas sanguijuelas sin nosotros. Promételo, Rosalie — Apuntó con su dedo índice a la cámara.
— Si, si… Lo prometo — Rodé los ojos. Yo seguía con mi meta firme. En cuanto me despejara un poco, iría por los Denali y nada ni nadie me lo iba a impedir.
Alice estrechó los ojos — ¿Sabes qué? No te creo… ¡EDWARD! Prométeme que no la dejarás ir. La retendrás todo lo que puedas — Chilló.
— Te lo prometo — Dijo pareciendo más serio.
Tal vez Alice se tragaría esa expresión, pero yo que lo tenía al lado, me daba cuenta que él haría un intento, más no me obligaría o detendría por la fuerza. Eso estaba a mi favor.
…
Cuando Edward y Jasper sugirieron que me faltaba un poco de "aire libre" me imaginé otra cacería por los alrededores en los bosques, quizá con unas cascadas de fondo o simplemente árboles y animales rodeándonos. Había estado satisfecha con todos los animales que habían sido víctimas de mi enojo y el remolino de emociones que me atacaron al llegar a Rochester, así que mi sed por sangre no era mucha y fácilmente podía jugar con uno o dos animales, solo asustarlos sin herirlos.
Daba por hecho que Edward lo sabía y por eso, había puesto esa sonrisa presumida cuando me advirtió que lo siguiera porque íbamos a conocer "lugares nuevos". De todo me pude imaginar, llegué a pensar que llegaríamos a otro Estado del país tan solo corriendo y no fue así: — ¡Me llevó a hacer turismo! ¡TURISMO! — Como si fuésemos personas normales, como si yo tuviera experiencia de siglos en la convivencia con los humanos.
Fue un paseo tranquilo en realidad: Edward me llevó por caminos poco transitados por los humanos, mientras que me explicaba cómo había sido todo el lugar hacía unas décadas antes. Logré controlar mi sed muy bien, el aire limpio ayudaba; excepto cuando hacía que el cabello de las mujeres se elevara, haciendo que yo pudiera oler su aroma. Tuve que cerrar los ojos con fuerza varias veces, dejar de respirar y contar hasta un millón en mi mente para no dañar a nadie.
Se me abrieron los ojos de golpe al ver que Edward me había llevado al puente de mis recuerdos. Apoyé mis antebrazos en la estructura y me quedé mirando el rio majestuoso que me mostraba mi reflejo: Una Rosalie tratando de sonreír, a pesar de toda la nostalgia que la invadía siempre trataba de parecer fuerte. Hice una pequeña mueca — ¿Hasta cuándo tendré que vivir con ese Karma que Eleazar me había impuesto? — Había perdido a Emmett y estaba buscando los pocos -o muchos- recuerdos que me faltaban: aquí, con una maldita familia que al parecer me quiso asesinar. Pasé una mano por mi mejilla en cuanto noté que tenía un pequeño cristal descendiendo de ella y me recompuse — Todo irá mejor — Me dije sonriéndole a mi reflejo.
Había tomado unas cuantas respiraciones. Me imaginaba los miles de escenarios en los que me encontraría con mi familia y el tipo de respuestas que me darían. Todo eso mirando el agua pintada de diferentes tonos de azul con leves toques de púrpura. Sonreí, recordé que cuando era humana, Emmett me dijo en una ocasión que el color de mis ojos le recordaban al bello río porque eran hermosos, únicos, transparentes y a la vez misteriosos. — ¿Cómo pude ser capaz de comportarme como una perra con él? — Reflexioné castigándome a mí misma. En ese momento, yo no sabía que él lo estaba arriesgando todo por mí, no sabía lo mucho que le costaba controlarse para no asesinarme de un mordisco. Fui tan ciega y estúpida.
Sacudí mi cabeza levemente y me volteé a mirar a Edward. Yo estaba tan metida en mis pensamientos, que no había notado que él se había alejado hasta el otro lado del puente, para darme mi espacio. Él estaba mirando el cielo. Como en todo otoño, éste hacía ligeros contrastes entre el amarillo y el rojo, dejando un leve matizado naranja entre ellos. Sencillamente espléndido. Si girabas tu vista tan solo un poco podías ver las hojas de los árboles haciendo un precioso acompañamiento al paisaje.
— Hermoso ¿No lo crees? — Me preguntó con una sonrisa tranquilizadora.
Solté un suspiro — Si, creo que mis recuerdos no le hacen justicia. Pero ya me hago una idea de por qué me la pasaba tanto tiempo observando por la ventana. Es bastante relajante — Le devolví la sonrisa y seguí mirando el río.
— Desafío cumplido, entonces. La idea era que no te desquitaras más con la naturaleza incendiando o congelando cosas por doquier.
Lo miré con labios apretados — Me parece que también era un buen lugar para ti, para pensar y quitarte algo de estrés — Dije mirándolo de soslayo con una sonrisa inquisitiva. No obtuve respuesta. Sabía que su relación con Bella lo afectaba y quería ayudar en algo. Así que fui más directa. Me atreví a arquear una ceja y preguntar — ¿Qué tal todo con Bella? — A cambio obtuve un aterrador silencio, me regañé mentalmente por haber sido tan entrometida. En mi defensa, quería ayudar.
Una pequeña sonrisa se asomó por su rostro y negó con la cabeza, después de pensárselo muy bien antes de contestarme.
— No siento que estés siendo entrometida, te agradezco que quieras ayudarme. La situación con Bella está… Bueno, al menos es notablemente mejor que cuando nos despedimos en el aeropuerto — Se quedó pensando otro segundo — Ella… Yo, a veces le oculto cosas para no herirla o para que no sufra de alguna forma, cualquier tipo de cosas en general, pero lo termina sabiendo tarde o temprano.
— ¿Puedo saber qué tipo de cosas le ocultaste esta vez? — Pregunté lo más suave que pude. Lo vi dudando de nuevo — Quizá pueda ayudarte, dicen que las mujeres nos entendemos entre nosotras… Aunque seamos inmortales ¿Qué puede ser tan jodidamente malo como para que tengan un gran problema? Y eso es mucho decir, sabiendo que se la pasan como un par de tortolitos destilando amor por todos lados — Pinché con una sonrisa.
— Antes de despedirnos en el aeropuerto, Bella sospechaba que yo le ocultaba algo; así que me encaró y le tuve que decir. No quedó demasiado enfadada conmigo, pero si está dolida…
Se quedó mirando al cielo. Yo estaba muy intrigada, tenía que ser algo muy importante como para que Edward y Bella estuvieran tan distanciados -no solo geográficamente-, ellos eran una de las parejas más armoniosas y estables que conocía. Pero, al fin, Edward miró en otra dirección juntando las cejas. Tendría que encontrar la forma de que me dijera cuál era ese tan horroroso tema, pero…
— No has desistido de buscar a tus parientes hoy ¿Verdad? — Me preguntó cambiando radicalmente el tema e interrumpiendo mis pensamientos. Fruncí el ceño mientras él solo reía — Alice me tiene loco, mi celular ha vibrado indicándome cada mensaje de ella… A este paso, va a explotar.
Solté una pequeña risita por el comentario. Entendí el cambio de tema. Quizá ese tema le sentaba mal y no quería hablar de ello, al menos hasta que lo resolviera con su esposa — ¿Qué sé yo? —. Como fuera, Edward tenía razón, yo ya me sentía más calmada, despejada y lista para enfrentar lo que fuera que me pusieran en frente. Tal vez, Edward no querría acompañarme y haría lo que dijo Alice "retenerme todo lo que pudiera hasta que no llegara toda la familia". Sin embargo, NADA iba a ser capaz de refrenarme. Ahora más que nunca necesitaba esas respuestas.
— Lo supuse — Dijo Edward seguramente leyendo mis pensamientos como un libro abierto — No me queda más remedio que acompañarte, solo en caso de apoyo… Aunque dudo mucho que lo necesites con el carácter que te mandas. Quizás puedo intentar captar algo del don de Jasper y ser un "catalizador" de ansiedad y furia — Medio bromeó. Aunque ambos sabíamos que era verdad. Una sola frase podía hacer que yo los congelara o los exterminara haciendo que ellos ardieran en llamas.
Entonces Edward estiró su brazo dándome paso primero y luego empezó a señalarme los lugares por los que podíamos empezar a buscar. Primero fuimos a un barrio muy distinguido, pensamos que ya que Eleazar y su familia tenían dinero, y un maldito pedante desgraciado, no harían otra cosa que rodearse por la élite del lugar; si ese era el caso, no tendríamos que indagar mucho para hallar su paradero. Preguntamos por la familia Denali y solo en tres casas nos dijeron que ellos habían estado allí por un tiempo y se habían mudado.
Luego, nuestras expectativas bajaron y fuimos a un barrio humilde lleno de casas pequeñas. Edward me expuso que tal vez, como las ratas que eran, se estaban escondiendo de los Vulturi o algo así. Preguntamos en muchas de las casitas, e incluso Edward le preguntó a uno que otro transeúnte. Y nada, cero resultados. Al fin y al cabo, en primer lugar no sé por qué habíamos llegado a pensar que la vanidosa y prepotente familia Denali podía llegar a vivir en un barrio como ese. Recordaba que mis primas lloraban a mares cuando se les partía una uña y Eleazar se ponía histérico si la comida no llegaba a su plato tal y como él la había pedido, eso sin contar las compras de ropa y accesorios en general que las Denali realizaban casi todos los días de la semana.
Ya estaba algo cansada de las negativas, casi estaba cediendo a la idea de Alice de esperar a todos los Cullen y empezar la búsqueda en la mañana. Solté un suspiro involuntario mientras caminaba con Edward a paso normal. Él me miraba de vez en cuando, analizando las facciones de mi rostro como si yo no lo notara, o como si él no pudiera leer mis pensamientos. Estábamos entrando a un barrio lindo, una zona residencial, no se podía decir que tenía demasiados lujos, era más bien una clase intermedia o al menos eso se veía en la fachada. — Si no consigo ninguna respuesta preguntando en tres casas, a la mierda, espero hasta mañana — pensé haciéndole saber a Edward mi decisión. Él asintió sin decir nada.
Tocamos la puerta de tres casas y nada… De pronto, escuché la aguda risa de un niño, proveniente de la casa que había en frente. Adelantándose a mis actos, Edward tomó mi antebrazo con suavidad y me detuvo, pero mi curiosidad pudo más y fui yo la que lo arrastré al frente de la casa. Toqué el timbre jugando con las puntas de mi cabello, escuché una voz reconocida adentro de la casa.
— Juega con el niño en su habitación, ahora voy — Dijo el hombre casi en un susurro, luego estuvo en la puerta y me miró con los ojos abiertos.
Me quedé petrificada. Lo recordaba. Ese era el mismo demonio con apariencia inocente y casi amable. La puerta se abrió lentamente -por lo menos eso me pareció- mientras reconocía los rasgos físicos del hombre: Estatura promedio, con buen cuerpo, cabello corto y negro, cara cuadrada y ojos… Rojos. Tragué saliva. Sentí un leve apretón en mi hombro derecho que solo mostraba apoyo. Giré mi rostro hacia Edward quien, con su mente, me mostró una sonrisa de apoyo; también me preguntó un par de veces si me quería ir. De la misma forma en la que me lo preguntaba en mi mente, yo le negaba.
Tomé aliento y me paré firme, dejando de lado mi estupefacción momentánea.
— Eleazar — Dije en tono frio. Con mis ojos fijos en los de él. Sin intención de mostrarle ningún miedo, solo quería que sintiera mi odio y terror: El terror que muchas veces me hizo sentir a mí.
Él abrió los ojos y luego una sonrisa presumida se asomó por su rostro — Vaya, Vaya, Querida Rose. Definitivamente esta sí que es una sorpresa — Luego miró a Edward a mi lado — Y ¿Qué tenemos aquí? ¿Edward Cullen? ¿Dejaste a tu hermosa y virtuosa esposa por seguirla a ella? — Preguntó lo último mirándome con desdén.
— No le tienes que hacer ninguna pregunta. Yo soy la que vengo a exigir respuestas — Dije adelantándome a Edward y haciendo que fijara su atención en mí.
— Todas las que quieras, cariño.
Acercó un poco su mano para acariciar mi mentón. Sin pretenderlo, mis ojos expidieron una breve llama de fuego en sus dedos. Él abrió los ojos y las extinguió de inmediato. Sin embargo, quedó claro que desde ese momento no iba a actuar de la misma manera conmigo. Edward asintió a mis pensamientos — Él tiene la misma habilidad de Emmett: Detecta los dones de otros vampiros, así como también sabe qué tan poderosos son. Pero esa es la única habilidad que posee, además de las propias de los vampiros comunes como fuerza, oído sensible y rapidez. — Respondió en mi mente. Sonreí con malicia. — Esto va a ser bastante más divertido de lo que me imaginé — me dije más para aligerar el ambiente y mantenerme cuerda.
— Oh! Soy un grosero ¿Por qué no entran a mi humilde hogar? — Dijo Eleazar señalando adentro de la casa.
Edward y yo no hicimos más que asentir con la cabeza y entramos. La conversación iba a ser larga. Eso, y estaba el hecho de que no sabía si me podría contener en caso de que me dijera algo que me disgustara.
"Humilde" no era palabra para describir el interior de la casa Denali. Tampoco la describiría como "modesta" o "simple", de hecho era todo lo contrario. Los pisos de mármol fino, paredes pintadas de un blanco inmaculado con toques en color oro. Las lámparas de la sala también parecían estar hechas de oro y cristal, que hasta daba miedo que solo con mirarlas se rompieran. Tres mesitas de madera café oscura y bien pulida con detalles de flores talladas sostenían dichas lámparas y una mesa rectangular más grande que las anteriores, estaba ubicada en el centro, sobre ella había algunos adornos en cristal y un florero con hermosos tulipanes púrpuras. Alrededor había esculturas antiguas, así como sillones que parecían de época, muy costosos; en los mismos colores que decoraban toda la sala en general.
Una chimenea y un televisor pantalla plana, decoraban una de las paredes. Por último, en las paredes habían cuadros colgados: La familia completa, sonriendo de manera soberbia.
— Por favor, tomen asiento — Eleazar volvió a sacarme de mi estupor.
— ¿Qué pasó aquel día? — Pregunté asertiva, retomando mi carácter agresivo.
— ¿Qué día? — Se hizo el confundido hasta que yo achiqué los ojos y le mostré cómo una pequeña bola de fuego se formaba en mi mano — Oh, claro… El día antes del crucero. Es una historia muy larga y entretenida, quizá quieras sentarte — Disfrazó su miedo con una sonrisa que le había salido bastante mal.
— ¿Con quién hablas, querido? — Entró Carmen a la habitación y abrió los ojos en cuanto me vio — Pensé que habías dicho que ella ya no existía — Le dijo a Eleazar en un susurro desdeñoso que alcancé a oír perfectamente, mientras me miraba con hipocresía.
Carmen estaba tal y como la recordaba: Imponente y pretenciosa. No podía negar que la muy zorra estaba hermosa. Alta, delgada, con curvas en los lugares correctos, bien dotada, labios gruesos, cabello largo y oscuro que caía en ondas hasta la mitad de su espalda. Y… ojos rojos, como los de Eleazar. Al parecer se habían alimentado hace poco, porque su tono color borgoña era muy intenso.
— Rose ¿Recuerdas a Carmen, verdad? — Eleazar, como siempre, saliéndose por la tangente.
Bufé — Por desgracia, lo hago. ¿Ya puedes contestar lo que te pregunté? — Esta vez inquirí cansada y furiosa.
— Tu amigo te puede explicar mejor que nosotros — Carmen señaló a Edward. Esta vez, no se molestó en ocultar su tono venenoso y molesto.
Y Edward dejó la paciencia a un lado. Quién sabe que estaría pensando la pareja porque Edward se salió de sus cabales y tuvo que tomar un largo respiro antes de contestar. Cerró los ojos con fuerza.
— Ya le dijimos lo que pasó. La masacre que ustedes provocaron para que los Vulturi nos convocaran a un combate en su contra. Sabe lo que pasó después, pero no sabe cómo terminó transformándose en vampiro.
— Cosa que me tienen que explicar. Empiecen — Demandé firme.
Escuché la voz del niño de nuevo y su risa invadió mi muerto corazón. Me alegré y no sabía el motivo. El niño decía palabras, frases que yo no alcanzaba a comprender del todo porque estaba encantada con el sonido de su voz y ni siquiera me había percatado de que Eleazar se había sentado en un sillón con su esposa en su regazo, listo para empezar con la historia.
— La culpa fue tuya, te saliste del auto aun cuando mi pequeña te advirtió que no lo hicieras — Carmen hizo una mueca con sus labios — Si hubieras seguido órdenes por primera vez en tu…
Interrumpí — Tú te callas, perra — Congelé sus labios y boca en general.
Ella abrió los ojos, puso sus manos sobre su boca para poder quitar el hielo, pero no lo logró. Eleazar la miró para que se tranquilizara y solo entonces, se quedó quieta, cruzada de brazos mirándome con odio. Sentí un fresquito en mi interior. Me senté con Edward en el sofá de dos puestos.
— ¿Decías? — Pregunté a Eleazar con sonrisa y tono hipócrita.
Él se notaba nervioso al ver lo que le había hecho a su esposa — Después de que saliste del auto… O bueno, más bien… En los momentos que estabas en el auto, se estaba librando una batalla. Los Cullen y otros miembros de la guardia Vulturi, estaban haciendo pedazos a la familia y a los nuevos miembros del negocio. Los perdimos a todos y en cuanto nos percatamos de ello, tuvimos que huir… Intentamos defendernos, pero…
— No sigas con esa falsa versión. No te queda bien dar lástima — Comenté — Ambos sabemos que tus negocios eran ilícitos y que tanto tu como tu asquerosa familia y tus "miembros del negocio" eran vampiros — Esta vez me puse de pie mostrando mi furia, mi mano comenzó a calentarse. Edward la tomó sin importar quemarse en el proceso y me sentó de nuevo para tranquilizarme y lo logró.
— ¿Ya te lavaron el cerebro, primita?
De las escaleras, descendía Irina con su pose de princesa. La zorra también estaba hermosa. No había cambiado en nada y al igual que su madre, su cuerpo era mejor que el de una reina de belleza, la única diferencia que las trillizas tenían con Carmen era el color de cabello, las trillizas se jactaban de tener un cabello natural de color oro, porque el resto eran casi iguales, cualquiera podía ver que eran madre e hijas.
— En todo caso, con la familia que me tocó, fue una suerte encontrarme con los Cullen y que me "lavaran el cerebro" — Respondí mordaz. — No nos desviemos del tema. Ustedes sabían que yo corría peligro y me dejaron a la deriva. Asumo que también saben quién me convirtió.
Los tres se miraron casi con culpa. Sentí la mirada de Edward sobre la mía y volví a escuchar la risa angelical del niño que parecía estar bajando las escaleras a todo lo que le daban sus piernas. Miré a Edward sabiendo que él también podía escucharlo. De repente abrió los ojos y me miró con — ¿Sorpresa? ¿Miedo? ¿Preocupación? — No lo sabía. Pero me angustiaba mucho. La sala estaba en completo silencio -excepto por las risas del niño- y yo le rogaba a Edward por una respuesta mental, el pobre debía tener migraña por todo lo que estaba soportando en la casa del terror.
— Quiero que te calmes. No te va a gustar mucho lo que viene. Respira… O mejor no lo hagas. Simplemente trata de pensar con la cabeza y no con el corazón… Solo por unos cuantos minutos — Me dijo en mi mente.
— Pero ¿Qué…?
Mi pregunta quedó incompleta cuando vi a Kate sonriendo y jugando a las carreras con un niño que parecía tener un poco más de ocho años. Era hermoso. Podía medir aproximadamente un metro y treinta centímetros, delgado, con unos pequeños músculos en su espalda que no cualquiera podía ver. Su carita redonda era lo mejor de todo, con sus mejillas ligeramente rosadas. Cabello corto, oscuro y rizado. Ojos café oscuro brillantes como pozos de chocolate. Nariz respingona y detallada. Sonrisa soñadora y lo que más me impactó fueron los huequitos que se le hacían a cada lado de su boquita cuando sonreía, mostrando sus perfectos y blancos dientes.
— ¡Oh, mi Dios! — Se me salió un suspiro.
— ¿Quién es ella, papi? — Preguntó el niño al ver que yo no paraba de observarlo.
— Ella es Rosalie, una amiga nuestra — Respondió Eleazar. Había cierto toque inquieto en su voz. Estaba nervioso y algo alterado.
— Entonces es un placer, Rosalie. Eres muy bonita, como mis hermanas, tal vez un poquitito más… ¿Quieres ser mi novia? — Me preguntó sonriendo aún más. Sus ojos brillantes conquistándome por completo.
Carmen se aclaró la garganta, ya se le habían descongelado los labios, pero pude ver que aún le costaba moverlos y con un demonio que me alegré por eso.
— Recuerda hijo que no puedes tener novias hasta que seas mayor. ¿Sabes dónde está Tanya? — Le preguntó al niño cambiando de tema — ¿Por qué no la buscas y la traes para que vea a Rosalie? — Dijo amable y hasta cariñosa.
— Pero… La casa es enooooorme y a Tanya le gusta estar hasta el otro lado y… — Explicó gesticulando con las manos — Está bien, ya voy — Terminó con gesto cansado, pero me dio una sonrisa adorable en cuanto se fue.
Me quedé en pie, sin poder moverme, porque no podía sacar esa imagen de mi mente. El niño sonriéndome, hablándome con esa divertida voz, los huequitos en sus mejillas, la manera como hablaba… Todo… Yo lo sentía tan parte de mí, como si lo conociera de toda la vida. En menos de unos segundos, sentí que lo necesitaba en mi vida y tomé la decisión de no dejarlo ir, sin importar nada.
— ¿Rose? Necesitas sentarte — Sugirió Edward en mi cabeza.
— No — Respondí en voz alta.
Me percaté que Eleazar, Carmen, Kate e Irina estaban agrupados en forma de semi círculo, cerca del lugar por donde se había ido el niño. Todos estaban bastante tensos y se miraban unos a los otros. Aunque a diferencia de los demás, podía notar una sonrisa casi imperceptible por parte de Kate. — ¿Qué estará ocultando? ¿Otra trampa? — Me pregunté. Mientras tanto, los demás mantenían una charla entre ellos, en murmuros y a velocidad vampírica.
Edward y yo estábamos más lejos, por lo cual no pude escuchar bien. Con un demonio que traté que todas las piezas se juntaran en mi cabeza, no encontraba respuesta al hecho de que vivieran con un niño humano: porque sin duda lo era, pude ver el sonrojo en sus mejillas y sin duda había escuchado el latido de su corazón. A mí no me iban a engañar y mucho menos con la actuación que estaban dando.
Tomé el brazo de Edward para que me mirara.
— Tienes que decirme la verdad ¿Qué es lo que están diciendo? ¿Quién es ese niño? — Le imploré en mi cabeza. Él negó en respuesta — Yo sé que tú sabes, dime.
— Eso le corresponde a ellos ¿Recuerdas que yo vine como protección? — Sonrió y luego se puso serio — Recuerda calmarte. Te ayudaré con todo lo que pueda, pero tienes que calmarte.
Bajé la cabeza asintiendo. Dándome por vencida porque Edward era tan terco como su esposa. Volví a mirar a la familia modelo que me había "criado", tratando de descifrar lo que estaban hablando y Carmen cometió el grave error de mirarme, en ese instante lo supe todo. Caminé hacía ellos, en un segundo estuve en frente y los miré a los ojos, mi cuerpo estaba a una temperatura elevada y no dudaba en que pronto, estaría en llamas.
— Última oportunidad de decirme la verdad… Me refiero a TODA la verdad — Dije con los dientes apretados.
Ellos se empezaron a tardar. Kate se estaba mordiendo el labio para no hablar e Irina estaba con las manos hechas puños mirándome con odio. Carmen miraba con algo de desdén a Eleazar y… Al fin, él soltó un suspiro.
— Cálmate, Rosalie… Ellos te van a explicar. Toma asiento — Sentí la fría mano de Edward en mi hombro halándome al sofá en el que habíamos estado sentados. Asentí ante sus palabras puesto que una vez hice lo que él me pidió, el resto de la familia se sentó en los sillones libres de la sala.
— ¿Y? — Dije mirándolos a todos en general, incluso a Edward.
— Bien — Dijo Eleazar frotándose las manos — Todos estábamos seguros de que estabas en el auto, allí no podía entrar ni el más fuerte de los vampiros. Escapamos — Lo miré con furia, en mi mano se formó una bola de fuego. Él tragó saliva y siguió rápidamente con su relato — Como te dije, pensábamos que estabas segura, tal vez algo aburrida por la espera pero lidiaríamos con ello más tarde. Volvimos y nos sorprendimos mucho cuando encontramos la puerta de atrás abierta, parecía que nadie había hecho fuerza para abrirla. Después Irina percibió el olor de tu sangre y todos notamos que te estabas transformando… En esta ocasión, había algo extraño — Eleazar se quedó en silencio unos segundos.
Carmen iba a seguir hablando, pero Kate tomó la palabra. Después de todo, Kate era la que mejor me caía de toda esa escoria que tenía en frente.
— Tu corazón estaba dejando de palpitar, pero había uno que estaba luchando por sobrevivir. En cuanto puse mi mano en tu estómago donde se escuchaba más fuerte el latido — Ella negó con la cabeza — No lo podíamos creer. La única explicación posible era que estuvieras embarazada y además, no era un embarazo cualquiera porque de haberlo sido, lo hubieras notado o al menos se vería que ya tenías unas cuantas semanas. Estaba empezando a preocuparme — Kate me miró a los ojos con sinceridad y le creí.
Hasta que habló Irina — Como sea, tuvimos que salir de ahí porque estábamos expuestos y te llevamos hasta una casucha para verte mejor y a la cosa que Kate decía que tenías ahí — Señaló mi vientre.
Carmen abrió los ojos exaltada — Estabas haciendo todo lo relacionado con la transformación, moviéndote de un lado a otro y gritando. No estábamos preocupados por eso de todas formas. Lo que en realidad nos aterró fue cuando tu vientre comenzó a desgarrarse desde adentro. Eleazar te quitó la blusa para ver lo que pasaba y…
Eleazar volvió a tomar la palabra — Estabas embarazada. De tu vientre estaba saliendo un feto bien formado de por lo menos treinta y dos semanas. Estaba usando sus dientes y manos para salir de tu cuerpo. Mientras tu corazón dejaba de latir, el de él latía con fuerza. Kate fue la única que se atrevió a alzarlo en sus brazos y lo limpió. Todos estábamos confundidos y algo aterrados, puesto que era algo nuevo. Al no sentir el latido de tu corazón y tampoco hallar una señal de vida de tu parte, pensamos que habías muerto. Creímos que lo mejor era dejarte en donde había ocurrido todo. Seguramente, alguien transitaría ese sendero y reportaría tu muerte. No contamos con que la transformación se había llevado a cabo puesto que ninguno de nosotros había escuchado un caso similar al tuyo — Me explicó.
Hola otra vez, aquí está el capítulo de la semana pasada.
Lamento la demora, pero espero que les haya gustado el capítulo. Rose al fin encontró a su familia perdida. Como lo leyeron, se parece bastante a lo que pasó en Amanecer cuando Bella quedó embarazada. Aquí quería darle la oportunidad a Rose de que fuera mamá y quería explorar esa idea ¿Qué les pareció?
Escríbanme sus opiniones, sus comentarios son muy importantes para mí. Nos leemos en el siguiente capítulo.
Besos desde Colombia.
