capitulo 2
La vida de princesas no solo era juegos y diversión, también era una sobrecarga de expectativas. Había momentos en los que se tenia que estudiar mucho y conocer de etiqueta. Si bien los reyes no eran severos, sí que se preocupaban porque ambas tuvieran la mejor educación; la ignorancia era inamisible en las monarquías. Por tal razón había horarios específicos en que las princesas tenían que estudiar (o más bien) aguantar el modorro palabrero de sus tutores. No obstante, a veces las lecciones se prolongaban demasiado y había ocasiones que no alcanzaba para jugar.
Por esta razón Anna se terminó conectando con la noche, solía decir que despertaba cuando esta lo hacía. El momento preciso "del despertar" siempre fue ambiguo para su hermana; pero lo que si quedaba claro es que Anna tenía unas energías monstruosas, el tedio del día no bastaba para doblarla.
Anna tenía la costumbre de deslizarse sigilosamente hasta donde Elsa dormía, asomaba la cabeza en el filo de la cama, después brincaba como un gato sobre su presa y finalmente le pedía que jugaran. A veces era fácil convencer a su hermana, a veces no; Elsa no siempre tenía esa ilimitada energía, pero generalmente terminaba cediendo al ¿y si hacemos un muñeco?
La noche era perfecta para compartir, reír; ser niñas solamente…
No obstante, esta conexión no siempre fue beneficiosa. De hecho, fue en la noche que el destino escogió para hacerles una mala jugada, tan mala, que quebraría su hermandad indefinidamente.
Dos noches fueron…
La primera ocurrió cuando ambas niñas hicieron su escapada acostumbrada. Se encerraron en un salón e inmediatamente Elsa utilizo sus poderes como herramienta de juego.
Entre pequeñas ventiscas y montañitas de nieve las niñas disfrutaban el momento, incluso tuvieron un invitado especial; Olaf. Proveniente de la más pura e inocente imaginación.
Todo era risas y juegos hasta que todo salió mal. Anna saltaba alegremente unos montículos de nieve que Elsa hacia más y más altos, hasta que hizo un salto anticipado y en un intento de evitar una caída fatal, Elsa disparo un rayo de hielo, desgraciadamente se deslizo en la pista que había creado y el disparo reboto en la cabeza de su hermana; el impacto la dejo inconsciente en el acto.
La angustia y el arrepentimiento desencadenaron el descontrol; descontrol que fue escuchado por sus padres, quienes se apresuraron a atender a la princesa. No obstante, en Arrendelle no había gente especializada en este tipo de casos, aquellos que decían poseer dones mágicos eran cirqueros con manos rápidas que hacían aparecer monedas en las orejas de sus clientes, y conejos de sus sombreros; por suerte, la emergencia hizo que el rey recordara a alguien que vivía en una humilde cabaña cerca de las montañas; su nombre era Pabbie. Los comerciantes de hielo, lo habían apodado el Merlín de Arrendelle. Los reyes no sabían a cierta ciencia si aquello era un simple apodo o realmente tenía poderes mágicos, después de todo, hacia tiempo que la magia estaba ausente en sus tierras, no obstante, no había tiempo para escepticismos, él era la única opción la única opción posible en ese momento. Entonces con el corazón en la mano y en plena oscurana, los reyes tomaron su caballo más rápido y emprendieron el viaje, guiándose por un mapa que venía adjunto en el libro y las indicaciones de algún vendedor de hielo trasnochado, llegaron a la profundidad del del bosque; allí encontraron una pila enorme de rocas, en medio de esa pila había una puerta y una ventana, se podía apreciar la luz de una vela en su interior, como si fuera un corazón ardiente.
El rey estaba a dos pasos de tocar la puerta, cuando salió un hombre, sencillo, casi sucio, de cabello alborotado, la poca luz del exterior hacia ver su piel de un tono gris, sus ojos eran profundos y expedían un brillo de paciencia. Sin gastar en formalidades absurdas, el anciano explico que salió de su casa al sentir "una magia rara" El rey tampoco desperdicio el tiempo en formalidades y explico lo sucedido.
- ¿Sus poderes son de nacimiento o por hechizo? – pregunto el ermitaño Phabbie.
- De nacimiento.
El ermitaño abrió los ojos de par en par, debido a la sorpresa, hace mucho tiempo que no nacía gente mágica por esos lares, no desde la época oscura y del exterminio. Sin embargo, dejo sus impresiones para luego; era imperioso ayudar a la hija del rey. El anciano murmuro un par de palabras y puso la mano en la cabeza de la pequeña, un suspiro y una sonrisa en el rostro de la princesa fueron la señal de que ella estaba fuera de peligro. Sin embargo, la solución consistió en remover y alterar parte de los recuerdos de la niña, lo único que quedaría en la cabeza de la princesa de aquel suceso, sería un mechoncito blanco. Además de curar a Anna, el ermitaño advirtió a Elsa mantener sus poderes bajo control, de lo contrario aquel bello don, se convertiría en una maldición y motivo de persecución.
La familia real suspiro de alivio al ver que Anna se pondrá bien. El rey estaba a punto de agradecerle y ofrecerle una recompensa por aquel favor, pero cuando volvió a ver al hechicero, este había desaparecido.
A partir de esa noche el rey tomo una dolorosa decisión, temeroso que aquella advertencia se convirtiera en una realidad, decreto reducir el contacto de Elsa con el mundo, incluyendo a su hermana.
Cinco años pasaron desde aquel incidente, años en los que Elsa no conoció otra cosa mas que encierro y miedo de sí misma. Sus padres intentaban mermar aquella insufrible situación y ser los ojos y oídos de su hija del mundo exterior, sin embargo, el miedo de Elsa crecía a la par de sus poderes y termino por mantenerlos a raya a ellos también. Esta situación afecto de sobremanera a Anna, quien jamás logro entender el porqué de las puertas cerradas, el repentino desprecio de su hermana y el silencio de sus padres. Dia tras día Anna tocaba la puerta de la habitación de su hermana con la esperanza de recuperar aquella unión, sin embargo, nunca tuvo éxito, ni siquiera empleando su mejor estratagema.
Las puertas cerradas provocaron otro efecto: terquedad y deseos de libertad; Anna era un espíritu libre y el encierro le era nocivo, hubo varias ocasiones que se escabullía del castillo y se aventuraba por las calles de Arendelle, no obstante, estas salidas, más que vagancia pura era una búsqueda constante de algún regalo para convencer a su hermana de dejarse ver… un soborno más bien, ya que era evidente que las palabras no funcionaban.
Estas aventurillas no pasaban desapercibidas para sus padres, quienes intentaron infructuosamente detenerla, con largas reprendas y castigos, incluso le asignaron un guardaespaldas de confianza: Kai, pero la astucia de la princesa y una nada despreciable habilidad para saltar y trepar (aprendida de caída en caída) hacia la tarea de mantenerla dentro del castillo algo casi imposible.
A pesar de todo Arendelle era una nación alegre, quizá porque heredaron de sus ancestros esa fascinación por el mar. Entre sus festividades principales se encontraba el día de la fundación de Arendelle, ese día había comida, baile y juegos. Un festival tan grande que la algarabía llegaba hasta el amanecer; desde que Elsa se recluyo en su miedo Anna no volvió asistir, sus padres se limitaban a inaugurar el evento con la enorme campana de la ciudad e inmediatamente volvían al castillo como roedores buscando refugio. En todo ese tiempo ni siquiera Anna se atrevía a escabullirse a semejante evento, ya que había mucha más gente de la que estar pendiente y a veces algunos empleados y soldados se les daba el día libre, seria terrible si alguien la llegara a reconocer y la arrastrara de nuevo a su jaula de oro. No obstante, esta vez Anna correría el riesgo de escabullirse; por dos motivos:
Uno. Escabullirse del castillo se había vuelto un reto, entre más difícil era la prueba, mas divertido y satisfactorio eran sus escapes, ya tenía 10 años de edad y necesitaba subir de nivel. Dos. Anna se entero que un grupo de comerciantes ambulantes llegaría a Arendelle. Una ruta forzada pero necesaria, para evitar robos y asesinatos en las zonas donde la armada de Arendelle tenía poca presencia. Este tipo de "visitas" era algo muy raro de ver, ya que por lo general el comercio se manejaba de forma marítima y los reinos con los que comerciaban y mantenían una relativa alianza eran muy escasos, Arendelle era un socio misterioso, pero confiable, según las palabras de algunos diplomáticos de otras tierras.
La decisión estaba tomada, esa noche iría a ver que tenían que ofrecer estos mercaderes, compraría lo más exótico y le propondría a su hermana un trato: regalo por tiempo, regalo por explicación.
Esa noche Anna fingió seguir la rutina, el típico buenas amoroso de sus padres y el sin respuesta de su hermana, espero unos minutos que la poca servidumbre que había en el castillo dejara de deambular por los pasillos, se levantó y con sumo cuidado busco debajo de la cama, una pelota con unas trenzas rojas que había fabricado con lana rojiza y heno de caballo, que tenía escondido bajo la cama, este serviría como "cabeza" por si alguien se le ocurría ojear su habitación; en su ropero tenía escondido un vestido y una capucha sencilla, su "uniforme" para hacerse pasar por plebeya por los mercados y bazares de su reino, despues tomo sus ahorros y se dispuso a salir.
- En seguida vuelvo – Murmuro con una sonrisa.
Abrió la puerta despacito, haciendo lo posible para que el chillido fuera lo menos escandaloso posible, camino por los pasillos de puntillas, llego al salón de baile del mismo modo, estaba a punto de abrir la puerta cuando escucho girar el picaporte, asustada, se metió debajo de una mesa que estaba por allí, desde su escondite vio unos imperdibles zapatos gruesos con una hebilla amarilla, era Kai quien de seguro se disponía o a dormir o a salir, espero hasta que su guardaespaldas se fuera para ella poder salir y continuar. Lo siguiente eran unas grandes escaleras en espiral; en circunstancias normales se hubiera deslizado por el agarradero, pero su jugarreta podía costarle caro, ya que a veces su aterrizaje no era muy preciso y terminaba chocando con alguna armadura o con alguno de los sirvientes que pasaba por casualidad. Anna bajo de puntillas rezando que no la interceptaran, este graderío era el acceso a otro largo pasillo, si lograba pasar de aquí, lo siguiente seria pan comido, no obstante a medio camino la puerta al final del pasillo se abrió lentamente, Anna se paralizo, no había donde esconderse y regresarse tampoco era una opción, a menos que…
De la puerta salieron los reyes, caminando a paso lento, dando sus impresiones de lo ocurrido en el día, la reina vio hacia la ventana y vio una cuerda que se balanceaba, curiosa, la reina asomo la cabeza, para después recibir la caricia helada del viento, la reina se sacudió de frio, cerro la ventana y continuo caminando junto a su esposo. Por suerte para Anna logro escabullirse en uno de los tantos columpios que se utilizaban para limpiar las ventanas más altas del castillo. Con sumo cuidado Anna utilizó la polea para bajar al jardín. Anna se colocó la capucha, por suerte era luna nueva y eran pocas las fuentes de luz, y pudo deslizarse relativamente fácil como serpiente furtiva.
Llego a un túnel secreto que descubrió en sus tantas aventuras, quizás sus ancestros la utilizaban en casos de emergencia, sea como fuere era su ruta habitual para evitar a Kai y a los guardias. Se había aprendido de memoria todos los accesos, muy a pesar que no fue algo agradable aprenderlo; el lugar era cerrado, húmedo, mohoso, llena de grillos y a veces sapos, sin embargo, eran molestias menores, ya que ese lugar era su vía a la libertad, así si era de manera momentánea.
En esta ocasión solo le interesaba el mercado, nunca se había aventurado tan tarde, pensaba que, si era emocionante de día, de noche debía ser otro mundo.
- Solo iré a ver que tienen que ofrecer los mercaderes extranjeros y volveré a casa. – Murmuro la princesa.
Sin embargo, no sabia que su aventura se alargaría muchísimo más de lo que pudiera desear, esa noche el destino la ocuparía para su segunda travesura.
