Capítulo 17: OUTTAKE
Bella POV
Emmett había estado bastante consternado los últimos días. A simple vista parecía que todo estaba bien: él asistía a sus clases en el instituto, cazaba con nosotros, hacía algunas bromas con la familia… Pero todo estaba tan extraño en él y yo sabía que era por Rosalie. Él no había preguntado por ella, mucho menos por Edward porque seguramente sabía que él la estaba acompañando en el viaje.
Yo estaba triste y algo enojada. Ya me había enterado que Emmett había leído su diario y él único -aparte de él mismo- que sabía acerca de su contenido era Jasper. Como pude le saqué la información a Jasper y quedé perpleja al enterarme que el pobre corazón de mi hermano había sido pisoteado por la mujer a quien yo había ayudado tanto. Él no merecía nada de eso. Ninguno de los dos. Estaba completamente segura que algo tuvo que suceder en la vida anterior de Rosalie para que ella actuara así.
Ese día en el instituto, Emmett y yo teníamos ciencias de la economía juntos. Él estaba dedicado a tomar notas innecesarias y al parecer, también estaba tratando de ignorarme. Estaba más interesado en las estupideces que decía el profesor, que en lo que yo le iba a decir, en cómo poder ayudarlo. Esa era la última clase del día, así que decidí que tenía que hablar con él y no le di ningún chance de rechazarme. He de admitir que me fue bastante difícil: Primero tuve que persuadirlo para que cazara conmigo y luego, mantener un ojo encima de él para que no se me escapara. En fin, nos fuimos al bosque con la excusa de cazar algunos osos.
— Ya terminamos por hoy. Ahora me vas a decir qué diablos pasa contigo — Zanjé mirándolo a sus nuevos ojos dorados.
— No tengo idea de lo que hablas — Se volteó para evitarme. La furia me invadió y usé mi telequinesis para traerlo de vuelta, frente a mí.
— ¡PUTA VIDA! ISABELLA, SABES LO MUCHO QUE ODIO QUE HAGAS ESO — Gritó mirándome con una ira que desconocía de él.
— ¡ENTONCES NO ME OBLIGUES A HACERLO! Yo sé que algo te pasa y no me lo quieres decir. Yo soy tu hermana, maldita sea, te quiero ayudar, te quiero ver feliz.
— Soy feliz. Tengo una familia y tú estás a mi lado… Listo — Con gesto desesperado, alzó las manos al aire.
— No. Te estás comportando como un perfecto robot insensible — Bajó la mirada, evitándome. — Emmett, no me obligues a sacarte la verdad — Le advertí y él siguió en silencio. Suspiré — Edward y Rosalie se fueron a Rochester porque Rosalie quería averiguar sobre su vida como humana. Están buscando a los Denali y…
— ¿A mí que putas me importa? Que ella haga con su vida lo que se le dé la gana — Me gritó e instantáneamente bajó la cabeza — No me importa — Susurró.
Me acerqué a Emmett un paso y lo abracé como cuando éramos pequeños. Sabía que todo eso lo estaba afectando y él no sabía qué hacer para superarlo -o al menos eso pensaba él-. Sorprendentemente, él imitó mi gesto. Sus brazos desgonzados que mantenía a cada costado de su cuerpo, rápidamente me rodearon. Me abrazó. En cierto momento temí que me rompiera por la fuerza que estaba utilizando.
— Lo siento, Emmett. Casi que obligué a Jasper para que me dijera y… No te quiero ver mal — Él no dijo nada, simplemente asintió — Edward dice que ha estado viendo todos los recuerdos que tiene Rosalie y aun así, no encuentra alguno en el que se explique por qué ella te trató de esa manera — Acaricié su espalda.
— Es una perra sin sentimientos, por eso actuó como lo hizo. Y yo fui un pobre ingenuo que se hizo falsas ilusiones, por eso estamos aquí hablando — Él se soltó de nuestro abrazo y me dio una sonrisa triste — Pero ya verás que con el tiempo me repondré.
— No es solo eso. Hoy, ellos estuvieron en la casa Denali y se sorprendieron al saber que tú y ella son… — No me dejó terminar.
— Ya no hay nada entre Rosalie y yo. En cuanto tenga la oportunidad de verla, se lo haré saber. No te preocupes, no me iré, no viajaré como suelo hacerlo después de crisis como esta. Al menos, trataré de no hacerlo — Susurró levantando mi rostro, brindándome una sonrisa triste.
Lo que Emmett quizá no se alcanzaba a imaginar era que, al siguiente día, toda la familia viajaría a Rochester a acompañar a Rosalie porque sabíamos que ella necesitaba de nuestro apoyo. De todas maneras yo iría también porque quería ver a Edward.
Alice había visto en una de sus visiones que Rosalie tenía un hijo de Emmett y nadie lo creyó hasta que Edward me llamó para confirmarlo -sin muchos detalles-. Todos nos quedamos bastante intrigados, porque cuando Rosalie y Edward se comunicaron con nosotros, dijeron que querían que fuéramos nosotros mismos a verlo y las visiones de Alice no eran muy explícitas. Así que prácticamente, estábamos a ciegas.
Aunque no sabía si yo podía viajar, no quería dejar a Emmett solo y por eso estaba hablando con él en primer lugar, para luego convencerlo de ir con nosotros. No sabía cómo lo haría y me quedé en silencio pensándolo hasta que él volvió a hablar llamando mi atención.
— Mejor dime ¿Cómo lo llevas tú con Edward? ¿Ya lo perdonaste? El pobre lo debió pasar muy mal a causa nuestra. Más bien, mía.
La verdad, lo hizo. En cuanto me enteré que él supo todo el tiempo que Rosalie había herido a Emmett, se me armó una bomba nuclear en la cabeza. Lo vi todo rojo y no me detuve a pensar en lo mucho que lo heriría. Lo ignoré y me dediqué a hacerlo sentir como la rata más miserable del mundo por ocultarme cosas de alguien tan importante para mí como lo era Emmett.
Edward sabía que me dolía que me ocultara cosas. Quería que se pusiera por una vez en mis zapatos, cuando yo era humana y él no podía leer mi mente, se frustraba… Así estaba yo. Por eso levantaba campos mentales cuando me enteré de eso y él no podía siquiera acercarse sin que le doliera la cabeza. No creía posible que un vampiro pudiera sufrir un dolor de cabeza, pero Edward había afirmado con mucha seriedad que eso era lo más cercano a una cefalea que había tenido que sufrir en toda su existencia… No quedaba más que creerle. Y así, yo trataba de mantener mi mente abierta a él para no herirlo.
— Bien, estamos mejor. Antes de que se fuera, le dije que lo perdonaba pero mantenía mis defensas arriba, así que tal vez él sentía -o sienta- que todavía estoy molesta con él — Medité más para mí.
— Joder, ese hombre te ama, Bells. No puedo creer que le estés haciendo pasar eso por una estupidez.
— Si me amara tanto como dice hacerlo, me habría dicho lo que pasaba contigo — Bajé la cabeza — O al menos esperaba que tú lo hicieras. No creo que sea una estupidez. Esta situación te tiene destrozado, hermano — Pase una mano por su hombro.
— Ya te dije que no quería seguir hablando de eso — Zanjó firme.
No me quedó de otra que soltar un suspiro — Bien. Yo… hablo con Edward todos los días por teléfono o por video chat, tantas veces como sea necesario. Quiero hacerle entender que todo está bien, que lo sigo amando y… Bueno, ya sabes — Me mordí el labio — Creo que no debí haber puesto el escudo cuando me despedí de él.
Bajé la cabeza mirando la tierra húmeda y me desplomé, quedando sentada. Estaba tan pensativa, con la conciencia remordiéndome y el corazón con grietas porque en esos momentos de seguro Edward seguía sufriendo a mi causa. No me di cuenta que estaba empezando a llover. Emmett me tomó en sus brazos, me sentó debajo de un árbol frondoso. Se sentó a mi lado, pude escuchar su pequeña risita y luego sentí como su enorme mano pasaba en círculos por mi espalda, dándome apoyo como siempre lo hacía.
— Tranquila, todo estará bien cuando él te vea personalmente. Sabrá que no estás molesta y volverán a ser la pareja empalagosa de siempre… Por cierto, no he olvidado lo del malvavisco. Yo de ustedes, andaría con pies de plomo — Soltó una risa genuina.
— Si… Eh… — Me rasqué la cabeza — Mañana estará todo bien si piensas eso — Sonreí tenuemente.
— ¿Vuelve mañana? — Emmett abrió los ojos tan grande y su sorpresa fue tal que, de ser humano, ya tendría un ataque cardíaco.
— No exactamente… — Volví a morderme el labio pensando en lo que le diría — Toda la familia irá a Rochester mañana — Mi hermano bajó la cabeza, con un gesto que no pude ver bien — Parece que Rosalie no la está pasando bien y Edward… Él dice que todo está bien y que él se puede hacer cargo, de todas formas no quiero que se sienta solo y en general, todos pensamos eso ¿Entiendes? Es más como un apoyo — Emmett metió su cabeza entre sus piernas y no me dejó mirar su rostro hasta que con algo de fuerza en mi mano, logré que girara su rostro para verme — Emmett, Rosalie se convirtió en parte de la familia, pero no por eso te dejaré aquí solo. No iré a ningún lado sabiendo que tú te quedas aquí sin compañía.
— Debes estar con tu esposo, apoyándolo. No conmigo que estoy bien — Negó fervientemente.
— Ya aclaramos que eso último no es cierto. No me iré si no vienes conmigo, Emmett Swan Cullen.
— Edward es tu esposo, no le puedes hacer eso después del mal rato que está pasando. Es más, si quieres que me sienta mejor, ve con él y así no tendré que sentir la culpa sobre mis hombros, por separarlos.
— Emmett — Gruñí con los dientes apretados — No te dejaré aquí. O vienes conmigo o créeme que no podrás cargar con el peso de tu conciencia durante la próxima década — Amenacé.
Era cierto después de todo. Si Emmett se llegaba a enterar que él había despreciado a un niño que no conocía, no sabía de su existencia, que además era su hijo y todos sabíamos ese hecho, él estaría con la conciencia turbada durante toda su existencia. Mi hermano tenía un corazón tan grande que no lo soportaría, a pesar de que ahora estuviera oscuro y roto en pedazos. Yo sabía que, aun sin conocer a mi sobrino, Emmett caería a sus pies.
Recordaba tanto que en el instituto: él tenía más planes de una familia, que yo. Siempre idealizaba a la mujer perfecta a su lado, él trabajando para sostener su hogar con su amada esposa, al menos tres hijos y un perro. Viviendo en una casa de los suburbios con jardín y un auto rojo — Se va a volver loco de la dicha — Y si era cierto que mi sobrinito se parecía a él, sería peor.
Estaba en mi mundo, pensando en lo que haría para que él me acompañara y además viera a Rosalie. Tal vez ella había cometido un error, tal vez las circunstancias de su vida pasada la habían arrojado a tomar esas decisiones. Pese a todo eso, yo sabía que Rosalie Hale era la mujer ideal para mi hermano y no solo porque le había dado un hijo, sino porque vi sus reacciones en cuanto se comenzaron a acercar, cuando se coqueteaban discretamente y cuando vivieron su único día de novios "normales"… Porque seguían siendo novios, ellos no habían terminado por más que hubieran puesto distancia entre ellos.
— A ver si entiendo, tú me vas a llevar a Rochester sin importar lo que yo diga y allí verás a tu marido. Y si no voy, te quedas conmigo en Forks, con el corazón destrozado porque no sabemos cuánto tiempo tarde Edward en regresar ¿Correcto? — Preguntó arqueando una ceja y yo asentí con la cabeza, sin una pizca de duda y la espalda recta.
— ¿Me quieres matar en este instante? — Pregunté sarcástica con una sonrisa diabólica bailando en mis labios porque sabía que él estaba cediendo.
Para mi sorpresa, mi hermano soltó una pequeña carcajada — No tienes idea de lo mucho que quiero hacer eso. Pero no quiero cargar con tu muerte y tampoco quiero que por mi culpa sigas peleada con Edward, me tendré que conformar con hacerte muchas bromas pesadas — Se quedó serio dejando atrás esa sonrisa juguetona — Iré contigo y empacaré mis maletas con una condición — Levantó su dedo índice.
— La que quieras.
— No quiero a Rosalie cerca de mí. No quiero que ella sepa que yo estoy allí. Entiendo que ella está pasando por un momento difícil y no quiero soltarle la bomba diciendo "!Oh, por cierto, olvidé decirte que terminamos porque eres una zorra!". Eso se lo diré después y será a mi manera. Así que no quiero que estés tramando nada.
— Claro, trataré de hacerlo… Será difícil porque tú y ella… — Solté nerviosa pero él me interrumpió antes de que pudiera decirle que tenía un hijo.
— ¡NADA, BELLA! Ella y yo, nada — Me asusté por su grito y él lo vio. Suavizó su mirada y tomó mi cara en sus manos — Hermanita, sé que estás preocupada por mí… Es hora de que yo tome mis propias decisiones — Me abrazó — Confía en mí.
— Bien, después no digas que no intenté decírtelo — Susurré tratando de que no escuchara, pero supe que lo hizo y me ignoró.
…
En la noche estaba ocupando mi habitación, la que compartía con Edward. Ya no sabía a qué aferrarme porque las sábanas estaban perdiendo su aroma, solo quedaba la almohada en la que él descansaba su cabeza después de hacer el amor todas las noches hasta el amanecer. Aun aquella almohada estaba perdiendo su olor y por eso la aferraba con tanta fuerza a mi nariz. Lo quería tener cerca de mí. Lo quería a él, con sus labios pegados a los míos, nuestras lenguas jugando juntas, él sobre mí, dentro de mí, nuestros cuerpos entrelazados, diciéndonos lo mucho que nos amábamos y cuánto nos habíamos extrañado.
Me senté en modo indio, con la laptop en mis piernas, esperando, como siempre en estos últimos días, por su llamada. La última vez que hablamos por teléfono me había dicho que muchas cosas se habían complicado. Él parecía más estresado de lo normal. Rosalie estaba en shock por lo que había descubierto de su transformación y por la existencia de "Peter".
Un aviso en la pantalla de mi computador me sacó de mis pensamientos, la foto de Edward apareció y yo sonreí feliz aceptando la llamada.
— ¡Hola, amor! ¿Cómo estás? — Saludé sin poder contener la emoción. Quería tenerlo a mi lado y llenarlo de besos.
— Hola, Bells. La verdad, un poco cansado. Ya sabes, me costó hacer que Rose dejara de consumir la sangre del refrigerador y saliera a cazar — Se pasó una mano por la cara — Ahora, parece que entró en una nueva fase y se lamenta por todo. Antes de que la llevara a cazar, decía que prefería morir de inanición antes de quitarle la vida a un animal o a un ser humano… Está emocionada con que Peter vaya a venir y... — Soltó un suspiro — Ahora está limpiando toda la casa. No tengo idea, cambia de pensamiento cada cinco minutos.
— Oh, mi Dios — Puse las manos en mi boca.
— Ya no es tan malo. Al menos, ya tiene pensamientos más felices de lo que hará mañana con su hijo y se está distrayendo con algo de música, limpiando a velocidad humana. Está algo así como calmada… Por ahora — Sonrió. Esa sonrisa ladina que tanto me mojaba.
— Bien, eso es bueno, va a necesitar esa calma para mañana con Peter y… con Emmett — Edward abrió los ojos — Ya sabes que toda la familia viajará, yo me negué a viajar si Emmett no nos acompañaba y aceptó con la condición de no ver a Rosalie. Quiere que ella no sepa que él estará allí.
— Dios, Bella, ELLA LO VA A SABER. El sentido de olfato de Rosalie se agudizó. Desde que desarrolló el campo de protección por Peter con los Denali. Todos sus sentidos están alerta y si ve a Emmett podría desmayarse, incluso frente a Peter. Todo se saldría de control antes de poder siquiera contar hasta tres — Dijo angustiado.
— Cálmate y escucha. Ya lo tengo todo planeado. Nosotros llegaremos antes de que Peter llegue, entonces se encontrarán… Emmett supongo que la esquivará o se molestará conmigo -no importa-, después pasará lo que tú dices del desmayo y Rosalie recordará toda la relación que llevaba con Emmett en su vida humana y se aclarará todo. La cereza del pastel será Peter. Emmett lo verá y no podrá resistirse a él — Expliqué a grandes rasgos.
Él negaba con la cabeza — No sé si sea buena idea, amor. No podemos forzarlos a tener una relación.
— ¡TIENEN UN HIJO! Se lo van a decir en cualquier momento y si se parece tanto a Emmett como dices, el pequeño lo va a saber — Contraataqué.
— Bien, espero que funcione y que Emmett no te quiera matar — Dijo pensativo — Porque no podría vivir sin ti, eres lo mejor que me ha pasado en toda mi existencia, Bells.
Solté un suspiro y pasé mi dedo indicé delineando su rostro en la pantalla. En serio, lo quería tener en mis brazos. Ya sabía que él estaba pensando que yo seguía enojada con él y seguiría pensando lo mismo hasta que nos viéramos y yo le mostrara -frente a frente- que lo amaba.
— Mi cielo, ya te lo dije: No estoy enojada contigo. Te amo y eso nunca va a cambiar. No te dejaré, estoy esposada a ti el resto de mi eternidad — Dije lo último recordando que, antes, casi lo había amenazado con dejarlo si me escondía algún secreto.
— Quisiera no haberme despedido nunca, quisiera tenerte aquí. Es muy duro ver los amaneceres en nuestra casa y no acordarme de las noches en las que nos amábamos hasta que teníamos que salir de la habitación . Esto es una tortura sin ti.
— Estoy contando las horas para estar contigo, para tenerte dentro de mí y luego estar abrazada a tu cuerpo. Es más ahora voy a empacar algunos conjuntos de lencería para quedarnos una temporada cuando todo esto termine. Recordé que te gusta el color azul y compré un par, además un baby doll negro ¿Te lo muestro? — Sonreí pícara.
— Bells — Gimió.
En menos de nada, yo ya estaba con un sostén azul de encaje que dejaba ver la mitad de mis senos, una braguita a juego que cubría apenas lo necesario, dejando ver mi trasero en todo su esplendor y unos ligueros coquetos con un moñito azul a cada lado. Modelé para Edward pasándome de atrás hacia adelante, girando, haciendo círculos y caminando de un lado para otro.
— Amor, no me hagas esto — Gimió desesperado al otro lado de la pantalla — Mira como me tienes — A través de la pantalla, pude ver la prominente erección que crecía en la entrepierna de mi esposo.
— Solo estoy acortando un poco más el tiempo que resta para vernos. Además, te quiero demostrar lo mucho que te amo y que no estoy molesta contigo.
— La verdad, me estás haciendo más larga la espera ¿No ves que me torturas?
Tomé la laptop en mis manos y caminé hasta el mueble que estaba en frente de la cama dejando la vista perfecta. Sin olvidar que Edward estaba viendo casi que mis pechos al completo si no fuera por la telita de seda azul del sostén que los cubría tímidamente. Se me salió una risita por eso.
— ¿Bella, qué haces? ¿Sabías que tus pechos se te van a salir del sostén en cualquier momento?
— Ok, entonces quitémoslo del camino — Dije ya cerca de la cama, mostrándole sensualmente cómo me quitaba el sostén frente a él.
Le bailé un rato, solo usando mis braguitas y los ligueros, escuchando los gemidos y jadeos que salían de la boca de mi esposo. Pudo haber salido uno que otro gruñido y no dudaba en que hubiera roto algún trozo de madera porque se podía escuchar el crujido fácilmente cuando cambiaba mi posición.
Ya cuando me aburrí, me acosté en la cama y empecé a pasar mis manos por todo mi cuerpo. Empezando por el cuello, amasé mis dos pechos por un rato imaginando que eran las manos de Edward sobre mi cuerpo y eso me hizo sentirme más excitada. Escuché los gemidos de Edward, solté un gemido y me mordí el labio. Dejé una mano en mi pecho y la otra la bajé lentamente por mi abdomen hasta llegar a mi pubis. Puse mi mano debajo de la tela delgada de la braguita e introduje un dedo.
— Amor, me vas a matar — Gimió Edward.
— Anda, no me dejes sola — Pedí con un puchero. Apuesto a que no me había salido nada bien porque estaba mordiendo mi labio inferior con todas mis fuerzas y más que tierna, debí parecer un animal en celo. Además que ya me sentía bastante acalorada.
Edward rápidamente, se quitó la camisa por la cabeza, mostrándome su bien marcado y escultural pecho, sin mencionar sus hombros firmes y tensos. Entre mis jadeos y gruñidos, pude ver que él se quitaba el jean y salía a la luz su potente erección. Él puso una mano sobre su pene y empezó a acariciarlo suavemente. Seguimos así por un tiempo, mientras nos decíamos lo mucho que nos queríamos como si estuviéramos en la misma habitación. Edward estaba bombeando su erección de arriba abajo con rapidez y yo estaba haciendo lo mío introduciendo dos dedos en mi entrada.
— Dios, Edward, ya casi llego — Gemí.
Escuché un ruidito, pero lo ignoré. No me importaba porque tenía al hombre de mi vida, al otro lado de la pantalla, masturbándose para mí.
— Bella, te venía a decir que… — Un grito — ¡No vi nada! ¡No vi nada!
En un suceso inesperado, mi orgasmo se detuvo cuando escuché la voz de Emmett entrando a la habitación con su mirada perdida en el celular. Luego posó sus ojos en mi cuerpo y se llevó un brazo al rostro cubriéndolo por completo. Grité del espanto y la sorpresa. Le atiné a encerrarlo en el baño con mi telequinesis. Solté un suspiro.
— ¿Qué pasó? — Preguntó Edward del otro lado de la pantalla. También exaltado por la impresión. Escuchar la entrada de Emmett, fue como si nos hubieran echado un balde de agua fría a Edward y a mí.
— ¡JODER, BELLA! Sácame de aquí. Prometo tocar la puerta cada vez que venga, aunque no sé cómo no me escuchaste llegar.
— ¿Qué parte de "habitación insonorizada" no te queda clara? — Pregunté mientras iba al closet a ponerme algo. Encontré unas braguitas y un top, encima me puse una bata blanca — Además no entiendo por qué tanto escándalo. Me has visto desnuda antes. Eres mi hermano — Dije con obviedad abriendo la puerta — Y Edward es un hombre como tú, tienen la misma anatomía.
— Si, verte desnuda es una cosa. Pero verte masturbándote frente a una pantalla con Edward en frente, es otra completamente diferente. Nunca podré sacar esa asquerosa imagen de mi mente. Eso es algo que se hace en privado "Cuñadito" — Ironizó viendo a Edward todo despeinado.
— Estaba encerrada en mi maldita habitación — Rebatí con mi hermano. Mientras Edward se preparaba para hablar.
— A mí no me pareció asqueroso. Es lo más dulce y sensual que he visto en toda mi existencia. Bella siempre encuentra formas de sorprenderme cuando hace eso — Comentó Edward. Si yo fuera humana, estaría roja como un tomate en ese instante.
En la pantalla del computador, se veía la imagen de Edward desde la mitad de su torso para arriba, el cual estaba cubierto por la camisa que llevaba. De resto, su cabello estaba más desordenado que de costumbre y sus ojos seguían oscuros.
— ¡ERES SU ESPOSO, MALDITA SEA! Sería el colmo que no pensaras eso de ella — Emmett movió la mano como dejando el tema de lado — Como sea, no importa, vine a decirte que reservé mi vuelo. Entonces viajaré una hora después de ustedes y los encontraré allá — Dijo como si nada.
Me tensé. Mis manos estaban a ambos costados de mi cuerpo hechas puños. No pude controlar mi don en ese momento y las cosas empezaron a temblar en la habitación. Parecía la escena de la película "Matilda", donde la niña hace volar todos los objetos de la sala de su casa. Emmett me miraba con algo de miedo, el rostro de Edward estaba preocupado.
Tomé una respiración profunda, como me lo estaba señalando Edward a través de la pantalla. De seguro mi marido ya se habría hecho una idea de lo que yo había pensado cuando Emmett me dijo eso. Solté el aire por mi boca. Todos los objetos de la habitación volvieron a su lugar sin ningún daño y entonces, volví a mirar a Emmett, quien se mantenía asustado.
— ¿Estás bien? — Preguntó mi hermano.
— Claro. Tienes que cambiar esa reservación porque yo viajo contigo. Ya sé que intentas escaparte y me parece muy inmaduro de tu parte. Así que o viajas conmigo o te mato, Emmett Swan Cullen — Dije aún con rabia.
— No necesito una niñera — Se cruzó de brazos tratando de imitar mi ira.
— Con tus acciones me estás diciendo todo lo contrario. Tienes cinco segundos para decidir.
Soltó un bufido — No es justo. Bueno, haré la llamada — Sin decir más, se fue.
Me quedé sentada en la cama. Edward mirándome a través de la pantalla. Por más que quisiera, ya no sería lo mismo si intentáramos volver a lo de antes. Entonces, solo estábamos viendo el uno al otro. Así estuvimos por unos minutos, hasta que una sonrisa preciosa se desplegó en los labios de mi esposo y me hizo recordar que esa sonrisa me había demostrado que el amor a primera vista existía. Solo bastó que él sonriera para que yo cayera redondita a sus pies, aun siendo humana y más después como vampira. Le devolví la sonrisa como una boba y parpadeé lentamente.
— Isabella Swan, estoy completa e irrevocablemente enamorado de ti ¿Quieres casarte conmigo? — Me preguntó.
Sonreí y se me salió una ligera carcajada. Ya nos habíamos casado varias veces y Alice era la más emocionada con el hecho de que Edward me lo propusiera a toda hora.
Él siempre encontraba diferentes lugares y formas de proponérmelo. La primera vez, fue cuando terminé mi fase neófita, según él, íbamos a celebrarlo, fuimos a "Comer". Se esmeró demasiado en poner una mesa con dos puestos y dos copas llenas de sangre que simulaban ser vino. Él quería que interpretar el rol de una propuesta humana "tradicional". Luego de unos tragos, lo vi ansioso y empezó con toda la charla romántica-hermosa que se le salía cuando estaba nervioso. Al fin me lo propuso con una caja de anillo en las manos y cuando le dije que sí, de la oscuridad salió la familia Cullen con mi hermano aplaudiendo.
Otra vez, fue en el instituto — ¡En medio de todo el estadio, a final de año! — Cuando habían ganado un juego de baseball. La tercera vez, estábamos haciendo el amor y me dijo que me casara con él. La siguiente, fue en medio de un concierto, en el que transmitieron nuestra imagen en vivo y el momento exacto en el que Edward me lo pidió y yo dije que si… Tenía tantos anillos de boda, tantos recuerdos invaluables, todos hermosos. Ahora, él se había superado y me lo estaba pidiendo a través de una pantalla.
— Amor, ya estamos casados — Sonreí delineando tiernamente su rostro con mi dedo, alzando mi mano para mostrarle el último anillo de compromiso que me había dado.
— Entonces reafirmemos nuestros votos. Quiero volver a tener una boda grande contigo y luego estar al menos un par de meses pegado a ti en nuestra luna de miel.
— Bien, entonces me encantaría seguir siendo su esposa Edward Cullen.
Hola a todas. En este capítulo les quería mostrar la perspectiva de Bella y también crear un poco de intriga a cerca de cómo se sentirá Emmett cuando se entere de que es padre... ¿Les gusto el capítulo? ¿Cambiará algo en la relación de Emmett y Rosalie el hecho de que son padres? En fin, nos leemos en el siguiente capítulo.
Gracias a todas las que están leyendo la historia y a NaNYs SANZ por sus comentarios en cada capítulo. Me alegra que te guste la historia.
Un abrazo enorme desde Colmbia.
