Hola! Muchas gracias a quienes se han tomado un momento para leer esta historia. Es un gran reto para mí volver a escribir, pero aquí estamos con más ganas que nunca. ¿Qué piensan de que Fred y George sean hermanos de Hermione? Sí, lo sé, me estoy tomando ciertas libertades, pero eso es lo fantástico de los universos alternativos. Sin más aquí viene el siguiente capítulo. Espero que lo disfruten!

Capítulo 2

Las paredes de piedra, frías, y el viento silbante daban fe del mal augurio de aquella noche; era una de esas noches donde las criaturas buscaban refugio en cuevas y escondrijos cuando el retumbar de truenos anunciaba tormenta. Sentado frente al corazón del fuego de una habitación espaciosa, con un cáliz reposando vagamente en una de sus manos, se encontraba un hombre vestido con el atuendo del Concejal del Rey y Jefe de Magos del Reino. La pieza era semejante a la túnica ceremonial de los maestres del cuerpo de combate mágico, sin embargo, en lugar de gris y marrón, su atuendo era negro con bordados plateados en las mangas, el cuello y el dobladillo de la falda, un cinto del mismo color marcaba su figura. El pecho del traje llevaba por emblema una serpiente verde, tan real en su confección que las ranuras de los ojos parecían cobrar vida con el vaivén de las llamas. Un pantalón negro y botas de piel de dragón terminaban la vestimenta. Lord Riddle no se adornaba en prendas como los demás nobles de la corte; un viejo anillo y un collar medallón eran sus compañeros a donde quiera que se mostraba. Bebió de su copa y mantuvo el rostro relajado aún cuando el abrasivo alcohol le anegaba la garganta. Al escuchar el toque seco en su puerta se permitió esbozar una leve sonrisa aun cuando en sus ojos se percibía desprecio.

-Milord- dijo el guarda de turno-, Madame Lestrange ha venido a verle.

-Hazla pasar

Lord Riddle se puso de pie, cruzó los brazos tras su espalda y caminó hasta el centro de la estancia para recibir a la bruja. Vestida en sedas carmesí, corsé ajustado y un escote que dejaba ver un busto generoso, Madame Lestrange era la personificación de la belleza prohibía y tentadora que provocaba a hombres a hacer lo que fuera para ganarse su favor; para él, sin embargo, se trataba de otro movimiento en su complicado juego de ajedrez.

-Madame Lestrange, qué honor me hace con su presencia-. dijo al tiempo que inclinaba el rostro en un movimiento rápido y preciso.

-Oh, Milord-dijo la bruja mientras hacía una cortesía pronunciada hasta quedar sentada en el piso, sus faldas rodeándola como si se tratara de una rosa. Ladeó el rostro para no mirarlo directamente, como le enseñaban a las damas y cortesanas de sociedad-. Es usted quien me da todo el honor de ser invitada.

Lord Riddle se acercó hasta quedar frente a la bruja. Conocía esta danza y lo que se suponía que debía de hacer. Extendió la mano hacia ella.

-Madame, ¿me acompañaría hasta el fuego?- dijo con una dulzura que no sentía- Es una noche particularmente fría, no me gustaría que pescara algún resfrío.

-Por supuesto, Milord- respondió y acto seguido tomó la mano de Lord Riddle para levantarse del suelo con toda la gracia que una sangrepura debe tener.

-Madame Lestrange- empezó a decir una vez junto al fuego-, espero que no piense que ha sido un atrevimiento de mi parte haberla invitado a mis aposentos para charlar- hizo una pausa para mirarla a los ojos-. Como amigos, por supuesto.

-Ser amiga de Milord es el mayor honor que pueda recibir la casa Lestrange- dijo Bellatrix e inclinó la cabeza.

-Verá, estoy interesado en formar una pequeña sociedad, nada realmente importante- dijo en tono despreocupado y ligero.

-¿Una sociedad, Milord?

-Sí, un grupo que tenga en mente los mejores intereses para los magos y brujas de Inglaterra.

Madame Lestrange miró con cautela a Lord Riddle. Sabía que aunque ella era hermosa y constituía el deseo de muchos hombres de la corte, el Concejal del Rey nunca la había mirado con codicia. Entendía que aquella visita era mucho más que calentar las sábanas de Thomas Riddle. Había un brillo en sus ojos azules y una sonrisa escondida en la comisura de los labios que le daban a entender que él esperaba que ella se diera cuenta de lo que quería decir.

-Espero no ser impertinente, Milord, mi esposo y yo estaríamos encantados de pertenecer a una sociedad así si, digamos, la pureza de sangre se consideraría como parte de los mejores intereses para la comunidad mágica- esto último lo dijo como una pregunta y esperó.

-Por supuesto, Madame, ¿qué otro tipo de interés sería más importante que este?- dijo Riddle divertido-. ¿Puedo contar con el apoyo de la casa Lestrange?

-Sí, Milord- respondió Bellatrix sin titubear. Uno simplemente no duda delante de Lord Riddle-. ¿Y puedo preguntar el nombre de este grupo selecto, Milord?

-Mortífagos, Madame Lestrange, mortífagos.

-break-

Había pasado una hora desde que Lord Dumbledore y su padre se reunieran en el salón favorito de Lady Granger, aquel que daba al jardín de peonías. Hermione intentó escuchar pegando su oreja en la puerta y guardando silencio, pero algo que era tan fácil y con lo que se había salido con las suyas en otras ocasiones, hoy parecía imposible. No se escuchaba ni un solo murmullo desde la estancia. Fue una verdadera sorpresa para padre e hija el descubrir que aquel anciano de ojos vivarachos era el director de Hogwarts. Ha sido una coincidencia, había dicho, tenía negocios en la Casa de Alta Magia que atender; pero no dilatemos, tenemos mucho de qué conversar. Esa misma mañana hicieron el viaje de 3 días de regreso. Solo las miradas de advertencia de su padre habían logrado contener todas las preguntas que Hermione tenía acerca de la escuela de magia.

Con un sonido seco la puerta del salón se abrió de par en par y la futura bruja perdió el equilibrio, cayendo de bruces sobre el piso de madera adoquinado. Avergonzada, se puso de pié tan pronto como su vestido azul de vuelos se lo permitió para darse cuenta de que los dos hombres seguían sentados. Hermione abrió los ojos con emoción.

-¿Eso ha sido magia?

-Princesse- advirtió Lord Granger.

-Oh, no se preocupe mi amigo- intervino Dumbledore de buen humor-. Es normal la curiosidad en los jóvenes de su edad. Me recuerda a mi propia juventud con el deseo de aprenderlo todo-. Giró su cabeza para dirigirse a Hermione-. Sí, ha sido magia.

-¿Aprenderé eso en Hogwarts? ¿Tendré lecciones distintas o solo una general? ¿Habrá mas niños de mi edad atendiendo? ¿Cuánto necesitaré estudiar para estar al ritmo de los otros?

-¡Ea, Hermione! ¿Dónde está la dama que crié?- dijo su padre.

-Lo siento, papá- se disculpó y bajó la cabeza.

Lord Granger suspiró derrotado, las mismas cualidades que le daban agudeza de mente e inteligencia a su hija, eran las mismas que atentaban contra las buenas maneras cuando algo le parecía particularmente interesante.

-Acércate, hija. Hablemos ya que estás aquí.

Hermione se apresuró a tomar asiento junto a su padre. Alisó sus faldas antes de dejar reposar las manos sobre la tela, enderezó el cuerpo y levantó la cabeza para proyectar su mejor aire de seriedad.

-Dejaré que Lord Dumbledore te explique algunas cosas, mi Princesse, así que espero que prestes atención.

-Por supuesto, padre.

-Señorita Granger- empezó Dumbledore-, permítame decirle lo mucho que me complace que alguien con su potencial sea parte del cuerpo estudiantil de Hogwarts a partir de Septiembre-. Hizo una pausa para sonreír. Hermione estaba muy nerviosa como para devolver el gesto-. Verá- continuó el mago-, en el pasado he cometido el error de guardar información importante que debía ser administrada en el momento preciso, llevándome a lamentar eventos que no puedo cambiar. Su padre me ha asegurado que tiene la templanza suficiente para escuchar lo que tengo que decirle.

Ella miró rápidamente a su padre por el dobladillo del ojo y notó el semblante severo que hace unos segundos no estaba allí.

-Por supuesto, Lord Dumbledore. Mi padre me ha criado bien, puede contar con mi discreción- respondió, sintiéndose mucho más adulta que sus 11 años.

-Bien, bien- dijo Dumbledore complacido con su respuesta-. No daré más rodeos entonces. Su firma mágica es extraordinaria, hace casi 15 años que no veo un patronus púrpura, y antes de eso tal vez medio siglo.-hizo una pausa- Ah, así llamamos a los animales que han salido de la fuente en la Casa de Alta Magia- explicó al ver la cara de confusión de Hermione. Ella asintió y permaneció en silencio-. En sí este es un acontecimiento fantástico y de celebrar, indica que la persona en cuestión logrará grandes cosas. Sin embargo- y aquí suspiró-, esto solo sucede cuando aparece en familias con linaje mágico. Por lo demás, cuando un hijo o hija de muggles evidencia talento extraordinario suelen encontrarse con una muerte trágica e inesperada.

Hermione ahogó un grito y apretó sus manos. Un frío incómodo se le asentó en el estómago -¿Quiere decir que si voy a Hogwarts moriré?- apenas se le escuchó decir.

-Oh no, no, no- respondió Dumbledore con una alegría discordante con la conversación.- Mi querida señorita Granger, nadie va a morir aquí si puede ser evitado. Sería una lástima que todo ese potencial mágico se desperdiciara. Hay algunos hijos de muggles atendiendo actualmente a Hogwarts, pero no llaman la atención, cosa que no creo que sería posible para usted. Le he propuesto a su padre que asista a la escuela con un anillo que suprima hasta cierto punto su magia. No fallará en sus clases, pero evitará que llame la atención de personas inadecuadas.

-Pensé que Hogwarts era seguro- dijo Hermione a quien no le agradaba la idea de minimizar de alguna forma su recién encontrado poder.

-Hogwarts lo es, pero no los caminos a recorrer cuando regrese a su casa para las vacaciones.

Hermione tragó en seco y asintió con la cabeza.

-No tienes que ir, Princesse- dijo Lord Granger con el ceño fruncido. Aún sabiendo la ventaja de tener a una bruja en la familia, prefería tener a su hija sana y salva en su hogar.

-Tonterías, papá, claro que iré. Solo tengo que usar el anillo del que Lord Dumbledore habla y estaré bien, ¿no es así, director?

-Así es, señorita Granger.

-¡Ea! Ahí lo tienes, papá. No hay de qué preocuparse. Usaré el anillo, no llamaré la atención y cuando salga de Hogwarts sabré cómo defenderme-. Eso espero.

-Ya me imagino en qué casa estará- interrumpió Dumbledore con ese brillo característico en sus ojos.

-¿Casas?- inquirió Hermione.

-Ah, ¿no le he contado? Pues verá, Hogwarts está dividido por casas, estas son...

-break-

Las semanas antes del 1ero de Septiembre pasaron más rápido de lo que la familia Granger previó. Entre requerir las túnicas, libros y materiales necesarios para el inicio de ciclo, el tiempo parecía no ser suficiente. El día que fueron a comprar la varita de Hermione, Dumbledore a asistirles. Olivander es un viejo amigo, se asegurará de ser discreto. Discreción era algo que definitivamente se necesitaba cuando la varita que eligió a la pequeña bruja decidió crecer una flor de lis luego de que saltaran chispas por todas partes. Los presentes quedaron maravillados. Olivander cortó la flor antes de entregársela.

-No todos los días una varita le hace un regalo a su amo- dijo el anciano.

Antes de salir de la tienda, Dumbledore sacó un anillo plateado con un lapislázuli ovalado. Le hizo un gesto a Hermione para que le cediera la flor y con un movimiento rápido de varita, ésta desapareció para luego aparecer incrustada en la piedra azul. Complacido con su trabajo, le entregó el anillo.

-Así nunca la perderá- le dijo con una sonrisa.

-Gracias, Lord Dumbledore- dijo Hermione e hizo una leve cortesía antes de enseñarle a su padre el anillo.

La última noche en la Mansión Primavera, cuando ya se preparaba para dormir, Hermione escuchó un toque suave en su puerta.

-Harry, ¿qué haces aquí?- preguntó sorprendida al ver al pelinegro. Él se quedó en la entrada cambiando de peso con los pies de un lado al otro-. Ven, entra- le apuró-, si padre te ve aquí a estas horas va a regañarnos.

-Gracias, Mione- dijo una vez dentro. Hermione se sentó en su cama y le indicó a Harry la silla de su escritorio.

-¿Qué sucede, Harry?

-Hermione...este, yo... lo que quiero decir es...-respiró hondo y la miró a la cara-. Prométeme que no te vas a olvidar de mí- dijo Harry con los ojos sospechosamente brillantes.

Con toda la emoción de los últimos meses, Hermione no se había detenido a considerar cómo se sentiría su mejor amigo. Todos en su casa amaban a Harry, incluso Lord Granger se estaba encargando de ayudar a levantar de nuevo las propiedades de la familia Potter luego de la muerte sus padres, pero no era lo mismo. De cierta manera Harry estaba solo y ella se iría. Hermione se puso de repente de pies y corrió a abrazar a Harry con todas las fuerzas que tenía.

-Jamás vuelvas a decir una tontería como esa, Harry James Potter. Eres mi mejor amigo. Te escribiré tanto que te cansarás de mis cartas, ¿entendido?

Harry suspiró y le devolvió el abrazo, demasiado conmovido como para expresar con palabras lo que quería decir.