Hola de nuevo! TupsiBee por aquí ^_^ Muchísimas gracias por su apoyo, no saben lo que significa para mí que alguien del otro lado de la pantalla se tome un momento para leer esta historia. La narración va a dar un salto en el tiempo, y luego otro más (no pretendía dejar a Hermione como una pequeña niña por varios capítulos), pero quería dejar algunas bases sentadas. Sin más preámbulo, aquí les dejo la siguiente entrega. Fran Sanchez, gracias por ser mi primer comentario :)

Capítulo 3

El valle se extendía bajo sus pies desde el despeñadero. Acres y acres de roble extendiéndose hasta que el río Wey marcaba el límite y luego, más allá, aparecían los primeros campos de trigo de los campesinos de algún feudo. Hermione extendió los brazos y tomó una bocanada de aire antes de dejarlo escapar de un tirón. Sonrió, hizo una visera con las manos y miró a su alrededor complacida. La caminata hasta allí había valido la pena a pesar de que tuvo que hacer la primera parte del trayecto en faldas hasta poder transfigurar su ropa en algo mucho más cómodo; su madre no la hubiese dejado salir en atuendo de hombre, aunque si era honesta se había encargado de ajustar la ropa en los lugares correctos e incluso eligió por colores castaño claro y melocotón. Los años le habían dado cierta apreciación por su feminidad.

Una vez que se aseguró que no había nadie cerca, se dio la vuelta para encontrar una parte de la montaña cuya roca le pareciera lo suficientemente fuerte. Una media hora después, luego de recorrer varios tramos adornados de groselleros salvajes y moras por aquí y por allá, decidió abandonar el sendero y recorrer una zona virgen. Tuvo cuidado de no dejar huellas o indicios de haber caminado por allí, moviendo su varita detrás suyo como si fuera un péndulo.

-¡Perfecto!- Exclamó al toparse con una elevación de unos tres metros de cuarcita gris. Era imposible que por allí pasase alguien, pero Hermione volvió a mirar a todos lados antes de dejar detrás de unos arbustos la canasta llena de frutas, queso y fiambres que se había traído de casa.

Una vez frente a la piedra se quitó el anillo de lapislázuli, guardándolo cuidadosamente en el bolsillo del pantalón, y con un rápido movimiento de la varita conjuró el primer hechizo.

Bombarda!

Un destello naranja salió disparado de la punta de su varita. La roca absorbió la explosión, cascándose unas cuantas pulgadas en su superficie, mientras que la tierra alrededor de la formación rocosa se agitó creando una nube de polvo momentánea. Esta era la parte favorita de sus vacaciones. Aunque amaba reunirse con sus padres, ver a sus hermanos y de vez en cuando a Harry, quien pasaba más tiempo del año en uno de los Cinco Gremios Mayores como aprendiz joyero que en la Mansión Primavera, era este momento de pura libertad lo que más anhelaba mientras estaba en Hogwarts. Los últimos cinco años habían sido mucho más de lo que jamás se hubiera imaginado. Todo el conocimiento, la enseñanza, los retos; sus asignaturas favoritas eran Encantamientos, Aritmancia y Runas Antiguas. Por supuesto no todo había sido color de rosa en la escuela. Apenas había podido hacer un puñado de amistades, la mayoría hijos de muggles igual que ella, y Ron y Ginny Wesley, que eran considerados como menos entre los nobles. El encantamiento del anillo le obligaba a esforzarse más que el resto para poder sacar buenas calificaciones. A veces le llenaba de frustración y se sentía muy tentada a quitárselo para demostrarle a personas como Draco Malfoy de lo que estaba hecha en verdad.

Conscidisti!

Un corte limpio penetró la cuarcita, dejando una marca diagonal de unas cuantas pulgadas. Pensar en Malfoy siempre la ponía de mal humor. Al principio él la ignoraba como a todos los hijos de muggles de la escuela, pero a medida que pasó el tiempo por alguna razón se ensañó en su contra. Si el rubio tenía la oportunidad de ridiculizarla socialmente lo hacía sin titubear.

Otro hechizo hizo retumbar el pedrusco de cuarcita. Rápidamente Hermione lanzó un Protego para eludir las astillas de roca que iban directo hacia su cara, pero no pudo evitar quedar sin visibilidad por la enorme cantidad de polvo. Aunque su cuerpo actuó por reflejo, a Hermione le tomó otro segundo darse cuenta de que esa no había sido su propia magia; con los sentidos alerta y sin saber la dirección de dónde vino el hechizo, corrió a esconderse detrás de los arbustos donde había dejado la varios giros rápidos de la muñeca invocó el escudo y encantamiento de ocultación más potente que pudo recordar.

Entonces, esperó.

Lo primero que escuchó fue un grito ininteligible, luego, como si fuera en cámara lenta, observó un destello verde y otro rojo pasar a pocos metros frente a su refugio. Las voces se tornaron más audibles. Pasó un minuto en silencio, seguido de otro más y casi creyó que se habían alejado, pero entonces le vio: Un hombre vestido con capucha y capa negra, apenas sus ojos visibles, lanzando encantamientos, maldiciones y conjuros con una velocidad y destreza que Hermione no le había visto a ningún mago o bruja anteriormente. Tres hombres más le siguieron, usando máscaras plateadas y cada uno con un pañuelo anaranjado amarrado en el brazo izquierdo. Ella quedó asombrada al ver cómo un solo mago podía mantenerse firme contra tres otros hechiceros visiblemente experimentados como aquellos quienes lo atacaban. ¿Acaso debía intervenir? ¿Quién era héroe o villano en esta situación? Mientras ponderaba esto, Hermione se percató de que el hombre encapuchado estaba entre la cuarcita y sus perseguidores. De repente, uno de los atacantes apuntó su varita a la roca y con un hechizo potente cortó la piedra, cayendo los pedazos encima de aquel hombre quien estaba distraído reflectando y defendiéndose de la magia de los otros dos.

Tomó toda su fuerza de voluntad no gritar en ese momento. Los tres atacantes esperaron a que la tierra se asentara para acercarse al montón de piedras. Vio con horror cómo sobresalía una mano ensangrentada de debajo del montículo de rocas. Uno de los enmascarados plateados, cuyo cabello era azul, tomó la varita del encapuchado y la rompió en dos antes de tirarla al suelo. Se giró hacia sus dos compañeros, asintieron con la cabeza en reconocimiento y sin tardar un segundo más desaparecieron de allí.

Acto seguido Hermione se puso de pies y salió disparada hacia donde se encontraba el malherido. Oh, Dios, qué esté vivo.

Wingardium Leviosa!

Al levantar los escombros agradeció que su estómago estuviera vacío, un río de sangre parecía dejar su cuerpo y lo que hacía la escena aún más engorrosa, era el sonido del encapuchado ahogándose en sus propios fluidos. Hermione se mordió la mano, necesitaba concentrarse en ese momento. Apretó su varita con fuerza y empezó.

Anapneo!- El extraño tomó una fuerte bocanada de aire.

Internum Sanitatem! ¡Vulnera Sanentur! ¡Brackium emendo!

El hombre empezó a gritar de dolor.

Internum Sanitatem! ¡Vulnera Sanentur! ¡Brackium emendo!

Hermione no se dio cuenta de que su cabello se encrespó con su magia casi de manera vertical al piso y que la tierra a sus pies se agitó. Toda su intencionalidad mágica estaba en no permitir que aquella persona muriera.

Internum Sanitatem! ¡Vulnera Sanentur! ¡Brackium emendo!

Internum Sanitatem! ¡Vulnera Sanentur! ¡Brackium emendo!

Internum Sanitatem! ¡Vulnera Sanentur! ¡Brackium emendo!

Internum Sanitatem! ¡Vulnera Sanentur! ¡Brackium emendo!

El primero hechizo sanaba los órganos internos, el segundo cerraba heridas profundas y el tercero enmendaba huesos rotos. Con sus últimas fuerzas Hermione conjuró aquellos tres encantamientos una vez más antes de colapsar junto al encapuchado, quien se desmayó del dolor.

-Break-

Hermione despertó sobresaltada. La cabeza le latía con fuerzas y una sensación de vértigo no le permitía abrir los ojos. Esperó hasta que el efecto desapareciera y se sentó. Levantó los párpados para descubrir que ya era la hora del crepúsculo.

-¿Pero qué...?

Paró en seco al notar un bulto negro a su lado. ¡El encapuchado! Tragó saliva y se acercó despacio hacia él, extendiendo dos dedos hacia su garganta en búsqueda de pulso. Suspiró aliviada. Ahora debía pensar lo que tenía qué hacer. Mover al hombre largas distancias sería peligroso pues no sabía qué tanto había sanado o si necesitaba alguna poción.

-Expecto Patronus- pronunció y su nutria púrpura salió de su escondite, el color le recordó que no se había vuelto a colocar el anillo. -Necesito que le lleves este mensaje a mi padre. "Papá, me entretuve tanto practicando en las montañas que ahora es imposible regresar hasta que vuelva a salir el sol, por lo que tendré que acampar aquí arriba. No te preocupes, conozco un hechizo para tener agua y hay varios frutales cerca. Dile a mamá que prometo hacer el doble de labores cuando llegue a la casa".

La nutria realizó una pirueta en el aire antes de salir corriendo a su destino. Hermione usó un Tergeo para limpiar al extraño y sobre ella misma un Scourgify, luego se acercó a donde había dejado su canasta. Apuntó su varita hacia los arbustos y de estos salieron unas ramas que se tejieron entre sí para formar una enramada donde pudieran caber dos personas. Regresó hacía los montículos de piedra y transfiguró dos de ellos en almohadas. Satisfecha con su trabajo, decidió levitar al encapuchado y recostarlo de tal forma que su cabeza reposara sobre una de las almohadas. Colocó los dos pedazos de varita rota junto al extraño. Por último, aprovechando la poca luz que quedaba, buscó varias ramas que ayudaran a contener su fuego azul,que no se extinguía ni quemaba, pero brindaba suficiente calor como para pasar la noche.

Decidió comer procurando apartar un poco por si el encapuchado despertaba con hambre. Pasó una hora y estaba completamente oscuro. En ese momento se le ocurrió lanzar un hechizo de ocultación alrededor de ellos, en caso de que los atacantes decidieran regresar por alguna razón. Otra hora más y Hermione estaba aburrida e inquieta; la adrenalina ya había dejado su cuerpo. Así que hizo lo que le parecía más lógico en ese instante: ver el rostro del hombre a quien había salvado.

Hermione se sonrojó al quitarle la máscara. Aquel hombre era realmente guapo. Tenía el cabello negro azabache, ondulado, la nariz era perfilada y proporcional al tamaño de su cara, la mandíbula era cincelada, dura, y ahora adornada con una cicatriz accidentada del lado derecho de su rostro. Por un momento se sintió inadecuada. Hermione se consideraba bonita, pero no una belleza, y únicamente se arreglaba si tenía que atender a algún baile oficial en Hogwarts o en el salón principal de su pueblo; su padre esperaba a que se graduara de la escuela para presentarla en sociedad y allí las funciones serían interminables.

Como si sintiera que tenía audiencia, el pelinegro batió sus párpados y entrecerró los ojos para acostumbrarse a la luz. Hermione dio un paso hacia atrás sorprendida y lo miró anonadada por un segundo.

-Oh mi Dios, qué tonta. ¿Está usted bien? ¿Le duele algo? ¿Puede hablar? Solo dígame y haré lo que pueda.

Él la miró con los ojos azules más impresionantes que había tenido el placer de observar. Había curiosidad en su mirada.

-Son muchas preguntas- dijo con la voz ronca.

Ella se sonrojó y dijo-: ¿Necesita algo?

-Agua- contestó.

Hermione limpió la única jarra que llevaba consigo antes de llenarla con un Aguamenti. Se acercó a él y le ayudó a beber despacio.

-Gracias- le dijo cansado-. ¿Puedo saber el nombre de mi salvadora?

-¿Puedo saber el suyo?- dijo Hermione, a quien años de mantener un secreto le habían enseñado a ser precavida. No sabía si se toparía con esta persona en el futuro y ella no estaba usando su anillo.

Él intentó sonreír.

-Nuestros nombres no son necesarios, señor, no tenemos que mentir sin necesidad- continuó ella y le dedicó una sonrisa plácida.

-Poderosa y astuta, no muchos pueden alardear de tal combinación.

Hermione se sonrojó como siempre le pasaba cada vez que recibía un cumplido.

-¿Cómo se siente? ¿Quiere comer algo?- preguntó mientras escondía el rostro sacando fiambres de la canasta.

-Hizo usted un buen trabajo, solo me siento agotado, mañana debo de estar bien, y sí, gracias, me gustaría comer algo, pero me temo que debe pedir su asistencia nuevamente.

Hermione se acercó y le ayudó a comer, luego se quedó a su lado por si volvía a necesitarla.

-Su varita- dijo ella recordando lo sucedido-. quienes lo atacaron la rompieron antes de irse, la he dejado a su costado. Lo lamento en verdad. ¿Por qué lo perseguían esos hombres?

-Pensé que habíamos acordado no mentirnos- le contestó.

-Cierto- le dijo

-Ahora necesitaré un favor suyo. Por su apariencia aún debe estar asistiendo a Hogwarts, me imagino.

Hermione no quería decir nada sobre sí misma, pero era muy obvio así que asintió con la cabeza.

-¿Puede producir un patronus?

-Sí- contestó mientras que sacó disimuladamente el anillo del bolsillo de su pantalón, agradeciendo que quedaba del lado contrario a aquel hombre. Fingió ocuparse de buscar dentro de la canasta otra cosa qué comer para ponerse el anillo en la mano derecha.

-Necesito que le envíe un mensaje al maestro de pociones diciendo que la serpiente ha sido herida en la montaña.

Hermione arqueó una ceja ante el apelativo que usó, pero decidió no decir nada. Si esta persona estaba en buenos términos con el profesor Snape entonces no debía ser el villano de esta historia; es decir, es un maestro de Hogwarts, puede que este hombre estuviera en una misión secreta y de paso cayó presa de esos malhechores. Hermione conjuró a su patronus, esta vez blanco, y le envió el mensaje al maestro de pociones. Esta vez tendría que concentrarse ya que su nutria debía viajar más lejos y con menor potencia mágica.

-Gracias, por todo, ahora debo dormir- dijo él y cerró los párpados. Hermione tardó mucho más en dejar que el sueño la atrapara.

-Break-

Tom despertó antes de que rompiera el alba, sus músculos aún estaban resentidos, pero descubrió con gusto que tenía completa movilidad. El día anterior había sido un fracaso de un error tras otro. La pista que le habían dado resultó ser una trampa. Tendría que castigar severamente a unas cuantas personas al regresar. Mierda, casi muero de no ser por la chica. Por un momento pensó en robarle la varita y salir de allí, pero de solo pensarlo sintió el tirón mágico en sus entrañas que le obligaban a protegerla. Lord Riddle jamás hubiese pensado que tendría una deuda de vida, pero allí estaba, provocándole malestar en su centro mágico. Pocas personas podían impresionarlo, pero la castaña debió utilizar una cantidad ridícula de poder para mantenerlo con vida. Decidió que obtendría información de ella a través de Snape. Agarró los restos de su varita y los guardó en el interior de su capa, de donde luego sacó un pequeño cuchillo con el que le cortó un mechón de cabello a la castaña para guardarlo en el mismo lugar.

Salió de la enramada sabiendo que Snape no tardaría en llegar y así fue, una nube negra descendía frente a él en ese momento.

-Milord- dijo Snape una vez que estuvo de rodillas.

-Ha sido una trampa- dijo Tom y Snape se tensó, seguro estaría esperando recibir un Cruciatus.- Una de tus alumnas me salvó la vida.

-¿Milord?- Preguntó confundido.

-¿No reconociste su Patronus? Bueno, seguro puedes reconocerla ahora. Ve y echa un vistazo, está durmiendo bajo esa enramada. Y, por favor, no la despiertes Severus, quisiera irme sin despedidas.

Su espía entendió la amenaza y con sigilo se acercó al umbral. Agradeció haber quedado de espaldas a Riddle ya que se abrió los ojos de la sorpresa. Albus, eres un tonto. Tanto te empeñaste en esconderla y ella lo encontró a él.

-Se trata de la señorita Hermione Granger, hija de Lores muggles, Milord.

El rostro de asombro de Tom lo traicionó un momento antes de convertir su expresión en una máscara estoica. Muy interesante, pero otros temas apremiaban en el momento. Se dijo a sí mismo que luego tendría tiempo para pensar en esta señorita Granger.

-Muy bien, Severus, podemos irnos

Sin decir nada, Snape extendió su brazo y Tom hizo lo mismo. Una vez entraron en contacto desaparecieron de aquel lugar.