Hola de nuevo! Espero que se mantengan a salvo. Ahora sí voy a ubicar a Hermione en el momento donde se desarrollará la historia. Podríamos considerar los primeros tres capítulos como una especie de prólogo. Gracias por acompañarme en esta aventura y espero que les guste este capítulo.

Capítulo 4

Hermione se colocó el vestido verde bosque con acentos dorados. En esta ocasión no quiso usar corsé, como era la moda en las últimas décadas, sino que prefirió dejar caer la seda sobre sus curvas, como había leído que hacían las brujas celtas de antaño. Apuntó su varita al anillo lapislázuli y transfiguró la flor de lis en un lirio amarillo, luego la colocó sobre su cabello y pequeñas ramillas se extendieron sobre su pelo, creando una redecilla entrelazada con sus rizos castaños. Había quedado como una de las Antiguas Damas, un culto olvidado de hechiceras afines a la naturaleza. Desde que habían estudiado el culto en Historia de la Magia, se había obsesionado con aquellas brujas, buscando todo lo que pudiera al respecto en la biblioteca.

Aquella noche celebrarían el banquete de solsticio de invierno que marcaba las vacaciones en Hogwarts, esa sería su última gala como estudiante. Se dedicó una sonrisa triste en el espejo y observó su apariencia. No usaría polvos ni tinturas, las Antiguas Damas solo se adornaban con poder y a Hermione le gustaba eso. Miró el anillo y decidió no usarlo esa noche, se prometió a sí misma que se mantendría lejos de problemas, pero quería sentir su magia.

Dumbledore les había convencido de que sería peligroso que mostrara su magia, que los hijos de Muggles corrían peligro dentro de su sociedad, pero en realidad Hermione no había presenciado tal cosa, incluso algunos como ellas en su año lo hacían bastante bien. Sí era cierto que existía prejuicio entre los que venían de familias mágicas y los que procedían de personas comunes; sin embargo, ¿no era el prejuicio alimentado por la idea de que los hijos de Muggles no podían ejecutar magia poderosa? Ella podía. Las veces que sintió la inclinación de quitarse el anillo y demostrarle al mundo lo que podía hacer, la mirada de Albus Dumbledore estaba sobre ella. Pensaba con mucha frustración que la única persona que había presenciado de lo que era capaz ni siquiera estuvo consciente cuando sucedió. El Encapuchado, como le llamaba en su mente, desapareció de su vida de la misma forma abrupta en la que apareció.

-Vaya, Hermione, pareces una hada del bosque- anunció Ginny cuando se encontraron en la sala común. Algunos chicos que esperaban sentados en los muebles la miraron con apreciación.

-Gracias, Ginny- le dijo un poco avergonzada-. Tú también estás muy hermosa esta noche.

-Gracias, Hermione- dijo complacida para dar una vuelta y hacer que su vestido de muselina azul se levantara del suelo.- Pero ahora estoy celosa de tu estilo- le dijo como una broma ligera.

-Tonterías, Ginevra Wesley, todos los ojos estarán puestos sobre ti durante el banquete.

Ginny sonrió tímida pero sumamente complacida por lo que había escuchado. A Hermione no le preocupaba llamar de esa manera la atención, pero sabía que para su amiga pelirroja era importante. Se dirigieron juntas al Gran Salón. Hermione notó cómo algunas chicas la miraban con desaprobación, pero mantuvo la frente en alto.

-¿Has escuchado? Al parecer tendremos invitados importantes esta noche- dijo Ginny.

-No tenía idea.

-Así es- continuó la pelirroja-. Se lo he escuchado decir a la mayor de las Greengrass en el baño del quinto piso.

-Mmm, me pregunto quiénes podrían ser, ¿tal vez los señores de la Alta Casa de Magia?- preguntó Hermione.

-No lo sé- le contestó- pero debe ser gente muy importante porque el resto de la conversación solo trataba de qué encantamiento usar para que "él" se fijara en alguna de ellas. Parece que quieren impresionar a alguien, tal vez un noble mago.

-¿Será que tú también quieres impresionar a un Lord rico y poderoso?- preguntó Hermione burlándose de su amiga.

-No seas ridícula- Ginny le manoteó el brazo e hizo un mohín de fastidio.

-¡Hey, eso me ha dolido!- se quejó Hermione.

-Solo diré que te lo mereces. Anda, vamos, quiero posicionarme en un buen lugar para observar quién vino con quién a la celebración.

-Claro- dijo Hermione y rodó los ojos antes de sonreír.

El Gran Salón estaba decorado con gusto y elegancia. El techo encantado mostraba una noche estrellada a pesar de que afuera estaba cayendo nieve. Las mesas estaban colocadas de manera horizontal a poca distancia entre sí, y sobre ellas tenían unos adornos en el centro hechos de ramas secas y flores hechizadas para nacer, marchitarse y nacer de nuevo. Había un espacio dedicado a las danzas de rondas y un grupo de músicos con zanfona, laúd, tambor y flauta tocaban melodías lentas y agradables.

Ginny estuvo decepcionada al darse cuenta de que todas las chicas de Slytherin habían tomado la mesa más cercana a la de los profesores e invitados. Hermione no estuvo particularmente molesta por esto y la animó a que se sentarán en la esquina de una de las mesas del centro, así podían ver a todas partes.

-¡Hey Gin, Hermione, ¿a qué hora creen que sirvan la cena?- dijo Ron dejándose caer al lado de las chicas y olvidando sus modales con su acompañante de aquella noche. Lavender Brown carraspeó sin disimulo. Ron tuvo la decencia de avergonzarse y se apresuró a asistir a la rubia con su silla.

-Hola,querido hermano- dijo Ginny con sorna- Sigues pensando solo en llenar tu estómago, por lo que veo

-Tú me conoces Gin- le dijo encogiéndose de hombros-. Dame comida y seré feliz.

Todos rieron y empezaron a charlar. Luego de un rato aparecieron los primeros pasabocas de fiambres, quesos y algunas frutas, además de jugo de calabaza.

Hermione sintió que Ginny le iba a dejar marcado el codo en el costado.

-¿Qué te pasa Ginny?- le preguntó algo fastidiada.

-Son ellos- le señaló a un grupo de personas que acababan de entrar por las puertas del Gran Salon- los invitados de los que te hablé. Al parecer son Magos del Reino, reconozco sus uniformes por una vez que acompañé a papá al palacio. No me permitieron salir de la habitación, pero pude verles por una ventana.

Hermione levantó la vista y por un momento perdió el aire. Allí estaba luego de casi dos años, el Encapuchado, pero esta vez vestía con túnica, chaqueta y pantalones de la más fina costura. Su cabello estaba perfectamente arreglado y su postura elegante y fuerte distaba mucho de aquella noche en el que necesitó de su ayuda para beber y comer. Ella estaba paralizada mirándolo y como atraído por su intensidad, él giró su rostro hacia ella y sus ojos brillaron con reconocimiento. Hermione jadeó en busca de aire.

-¿Estás bien?- preguntó Ginny preocupada- No te ves bien.

-Oh, no ha sido nada- mintió- Es que acabo de recordar que me olvidé regresar un libro a la biblioteca.

-Solo tú te preocuparías por algo así en un banquete- dijo la pelirroja mientras negaba con la cabeza. Hermione intentó sonreír y falló, pero Ginny estaba muy distraída con los visitantes como para notarlo.

Hermione permaneció en silencio durante la comida, interviniendo en la conversación de la mesa solo si era necesario. Llegó el momento de las danzas y se estaban formando unos cuantos grupos. Ron sacó a bailar a Lavender por dos canciones, mientras que Ginny no volvió a la mesa hasta después de seis bailes por las invitaciones de varios chicos. Sin embargo, Hermione permaneció sentada y en silencio. De repente el Gran Salón se sumergió en el mismo estupor que ella, pero tan ensimismada estaba en su propio mundo que no se percató del extraño silencio ni de unos pasos que se acercaban a ella.

-Señorita Granger- escuchó la voz profunda del profesor de pociones y levantó de golpe la cabeza. Junto a él se encontraba el Encapuchado- Permítame introducirle a Lord Thomas Riddle, Concejal del Rey y Jefe de Magos del Reino.

Hermione estaba sorprendida, por supuesto que sabía quién era Lord Riddle, pero jamás se hubiese imaginado que fuera precisamente él. De manera mecánica se puso de pies e hizo una reverencia.

-Es un placer, Milord.

-El placer el mío, señorita Granger.

El profesor Snape hizo una reverencia corta y se fue del lugar, dejándolos a ellos dos en una posición incómoda.

-Me preguntaba si me haría el honor de concederme el próximo baile- le dijo con desafío en los ojos y de repente Hermione se sintió molesta.

-Por supuesto, Milord- dijo forzando la sonrisa y tomando la mano que éste le extendió.

Hermione podía escuchar el murmullo de los estudiantes mientras se acercaban al área de danzar.

-¡Toquen una Volta!- exigió a los músicos. Hermione lo miró con el entrecejo fruncido pero no dijo nada.

La música empezó pero nadie más que ellos dos bailaban. La Volta no era un baile que se viera bien en la corte, y sin embargo Lord Riddle lo había elegido como si fueran dos plebeyos cualquiera. ¿Acaso intentaba ridiculizarla delante de todos? Comenzaron a dar los pequeños saltos característicos del baile mientras completaban un círculo, Hermione sostuvo su aliento cuando él la empujó hacia adelante con su muslo al mismo tiempo que la abrazaba por la espalda con una mano mientras que con la otra le tocaba el vientre para alzarla en el aire y dejarla tocar el piso con gracia. Repitieron este patrón unas veces más.

-Está muy callada, señorita Granger. ¿No es de su gusto el baile?

-No es el baile lo que me desagrada, Lord Riddle- le contestó mirando hacia adelante.

-Dígame entonces qué es y así podré arreglarlo- dijo él de buen humor.

-Prometimos no mentirnos, Milord, y ahora no sé si ser honesta me sea permitido.

-Puede hablar con franqueza- pero Hermione no dijo nada. -Vamos, sé que tiene algo que decir- insistió él.

-Usted se fue- le dijo al fin mirándole- Ni una nota, nada. Desperté y no estaba y me asusté. No bajé de la montaña hasta bien entrada la tarde. Una parte de mí decía que seguro el profesor Snape había ido por usted, pero no tenía confirmación. Cuando volví a Hogwarts el profesor se negó a contestar mis preguntas.

Tom vio dolor y traición en sus ojos y algo incómodo, parecido al arrepentimiento, se le cruzó por la mente antes de ignorarlo con facilidad. Para los que observaban podían confundir la intensidad de sus miradas por la de amantes, sin saber realmente lo que sucedía entre ellos. Riddle la alzó de nuevo en el aire y al descender le habló al oído.

-Lo siento, señorita Granger. No me gustan las despedidas. Le prometo no hacerlo otra vez- Él se complació al ver que la expresión de la bruja se relajaba. Una disculpa en el momento preciso obraba maravillas, mucho más si la persona era crédula y sin malicia. Lord Riddle hacía lo necesario para que las cosas fueran a su favor, y después de un año de tener espías reportando las idas y venidas de Hermione Granger, estaba listo para hacer su movida.

-Permítame darle un cumplido sobre su elección de vestidura. Son pocas las brujas que hoy consideran las viejas costumbres.

-Muchas gracias, Milord- dijo Hermione con una sonrisa fácil, complacida de que alguien se diera cuenta del origen de sus vestidos -. Estoy algo obsesionada con el culto de las Antiguas Damas desde que nos hablaron de ellas en Historia de la Magia. Me parece muy interesante cómo estas brujas se conectaban con la naturaleza y los métodos que utilizaban para canalizar la magia. Quiero preguntarle a nuestro profesor de Encantamientos qué piensa sobre impregnar la varita con ciertos ungüentos para maximizar el funcionamiento de un hechizo. Creo que debe...

Hermione dejó de hablar cuando vio el brillo divertido en los ojos de Lord Riddle y se sonrojó

-Discúlpeme, Milord, a veces hablo de más.

-Para nada, señorita Granger, es muy fascinante. Tal vez podamos hablar de teorías mágicas mientras bebamos un té.

Ella sonrió con el cumplido y no hablaron más hasta que la Volta terminó. La llevó hasta su mesa, inclinó levemente la cabeza y regresó a la mesa de invitados. El salón rompió el silencio y la gente empezó a hablar de forma animada y a bailar otra vez.

-¿Qué fue eso, Hermione?- preguntó Ginny con los ojos abiertos como platos.

-Después, Ginny, ahora no- dijo con toda la calma que pudo. La pelirroja quiso decir algo más pero decidió guardarlo para después.

-Break-

-Buenas tardes, Dumbledore. Gracias por recibirme con tan poco tiempo de aviso- dijo Lord Riddle mientras asentía con la cabeza levemente y tomaba asiento frente al director.

-Por supuesto, Tom- dijo mirándolo a los ojos-, lo que sea para un viejo alumno.

Tom sonrió apretando los labios.

-Como sabe el cuerpo de Magos del Reino siempre está buscando jóvenes con talento, he escuchado muy buenos reportes de los estudiantes de último año de esta promoción, por lo que nos gustaría realizar una evaluación a principio del próximo término, un duelo sencillo entre los alumnos de séptimo curso. Entiendo que no sería problema- dijo Riddle sin dejar de mirar atentamente al anciano.

-No quisiera distraer a mis alumnos. Es un año importante, como recordarás- había una condescendencia en el tono de Albus Dumbledore que sacaba a Lord Riddle de su centro.

-El Rey está esperando mi reporte antes del primer trimestre del año. Entiendo que puede acomodar al Rey, ¿o me está diciendo que no puede acatar una orden de Athelstan?

Dumbledore crispó los ojos y rápidamente ocultó su expresión por una apacible. Riddle lo notó.

-Por supuesto que podemos acomodar los deseos del Rey, Tom. La primera semana de clases de Enero lo llevaremos a cabo.

-Excelente, Dumbledore- dijo y se puso de pie de manera cortante. - No he de quitarle más tiempo. Yo mismo me mostraré la salida. Tenga un buen día.

Se marchó sin esperar una respuesta. Thomas Riddle había quedado impresionado con la capacidad de Hermione Granger. Sin embargo, se llevó una sorpresa cuando los reportes de sus espías le dijeron que la chica no era más que una hija de muggles común y corriente sin ninguna onza de talento especial más que pasar horas leyendo en la biblioteca. Algo no le parecía bien con esa descripción, él lo había experimentado de primera mano. La bruja era poderosa. Tal vez ella... No, eso estaría por verse. Ya había seguido falsas pistas solo para terminar decepcionado con los resultados; sin embargo, algo le decía que esta vez sería diferente.