Hola! Cómo están? Disculpen la tardanza con este capítulo pero estaba en finales en la universidad, pero ya acabó la tortura así que espero sacar unos cuantos capítulos antes del 1ero de Septiembre. Les quería decir: Wow! Gracias por el apoyo y los follows y reviews, no esperaba tan buena recepción como la que ustedes me han dado. Espero que sigan a salvo y que disfruten este capítulo.
Capítulo 6
Era una noche tranquila, fría y bañada en el delicado resplandor del astro nocturno. Sin ningún obstáculo la luna iluminaba los terrenos de Hogwarts: el lago negro, el bosque prohibido, la planicie... la nieve reflejaba la luz azulada sobre las paredes de piedra del castillo. Había una quietud misteriosa en el ambiente, por eso, a oídos avispados hubiese sido fácil identificar el jaleo apresurado de una figura solitaria inclinada en la base del Sauce Boxeador.
Hermione conocía el secreto del árbol mágico que agitaba sus ramas sin piedad cuando alguien o algo se acercaba, pero si uno conocía el mecanismo, se convertía en una planta común y corriente. Arrodillada junto a una de las raíces, recolectó un puñado de fango en un vial de cristal y se apresuró a guardarlo en su bolso de cuero. Se frotó las manos y ajustó el abrigo de piel de oso que le cubría. Giró su varita hacía sí misma para reforzar el hechizo de desilusión, se aseguró de no dejar rastros en la nieve y se dirigió al lago. Esta parte era fácil, solo necesitaba recolectar un poco de agua en otro vial de cristal. Agua de un hábitat mágico. Una vez hecho esto tomó una bocanada de aire, guardó el segundo elemento en su bolso y con determinación giró rumbo al bosque prohibido. Hermione sabía que estaba rompiendo algunas reglas, pero si quería competir en el torneo de duelo sin quitarse el anillo iba a necesitar de toda la ayuda posible.
Estuvo dándole vueltas en la cabeza desde que regresó de las vacaciones de invierno. Fue durante el festín de bienvenida que Lord Dumbledore anunció el duelo extraordinario a llevarse a cabo en la segunda semana de Enero. El anciano había dicho que representantes de los Magos del Reino estarían allí como una especie de evaluadores con el propósito de extender invitaciones a sus rangos a los duelistas más talentosos. El Gran Salón se llenó de murmullos excitados. Incluso los que solían ser más indiferentes se unieron a las especulaciones de quiénes estarían en el torneo y los posibles ganadores. El corazón de Hermione retumbaba con una excitación totalmente distinta. Era posible que él estuviera allí y por un motivo inexplicable sintió un profundo deseo de competir, de enseñarle de lo que era capaz. Ella sabía que en cierta forma Lord Riddle conocía su potencial, pero nadie nunca había sido testigo del esfuerzo de todos esos años en Hogwarts.
Fue así como a la mañana siguiente al romper el alba, procurando que nadie la viera, se dirigió al salón y depositó su nombre en el cáliz de fuego. Por un momento absurdo pensó que el contenedor mágico iba a rechazar su aplicación, pero luego de que desprendiera un humo azul grisáceo suspiró tranquila. Las reglas eran simples. Los participantes tenían que ser de último curso y para pasar a la ronda final debían ganar al menos cuatro de los cinco duelos que se asignarían a cada contendiente. La prueba final quedaba en mano de los Magos del Reino.
En toda su emoción Hermione había olvidado un pequeño detalle: El anillo. ¿Cómo se suponía que le ganaría a Malfoy y su cuadrilla de Slytherins sin quitárselo? Sin contar con los mejores duelistas de Ravenclaw y Griffindor. Necesitaba pensar, lo que se traducía en saltarse el desayuno y dirigirse a la biblioteca directamente. Para ella la pregunta se resumía en cómo podía mejorar la potencia de su magia sin traicionar su secreto. Entonces un recuerdo la golpeó de repente. Un capítulo leído en Rituales Mágicos Primitivos: Mitos y Leyendas. En su obsesión con el culto de las Antiguas Damas había encontrado ese título como referencia en el libro de Historia de la Magia de séptimo curso. Por supuesto no dudó en buscar el tomo en la biblioteca. Según el autor los ritos descritos allí no eran realmente efectivos, sino más bien se utilizaban de manera simbólica. El ritual que le interesaba trataba en específico de cómo hacer que tu varita fuera más susceptible a canalizar magia elemental, o relacionada a la naturalez,a si se sumergía en una poción que recogiera los cuatro elementos en su confección.
Hermione estaba dispuesta a probar lo que fuera con tal de tener alguna posibilidad de llegar a la ronda final. Por tal razón se encontraba aquella noche recolectando el material que necesitaba. Debía encontrar ahora una hoja de un arbusto vitalizante, que representaría el aire, y la semilla de un arbusto de semillas de fuego. Al encontrar lo que buscaba los colocó en distintos viales y sonrió para sí. Tenía apenas unos días para fermentar la poción.
—0—
La mañana del torneo había llegado mucho más rápido de lo que ella hubiese querido. Cuando los nombres de los participantes se dieron a conocer resultó que ella era la única mujer entre los concursantes. Muchos la miraron preocupados, otros indiferentes, pero la mayoría visiblemente divertidos.
—Una victoria fácil—le había escuchado decir a Peter McMillan, Ravenclaw, mientras hablaba con otro de su casa.
Los ignoró.
En su cuarto Hermione tomó un vestido negro para transfigurarlo. La falda se dividió en dos para formar un pantalón de piernas anchas, solo notándose la diferencia al caminar. El escote desapareció para dar paso a una camisa de cuello alto y las mangas se ensancharon y crecieron hasta cubrirle las muñecas. Recogió su cabello en una coleta ajustada en la base del cuello y optó por no trenzar sus rizos. Miró su reflejo con cuidado. El atuendo no era ortodoxo pero le brindaría movilidad durante los duelos sin sacrificar las buenas costumbres. Sin embargo, le parecía muy simple, así que para apaciguar su vanidad impregnó la runa Tyr en el pecho de su traje en azul cobalto y modificó las costuras en el mismo color. Una vez satisfecha, se inclinó de rodillas para sacar la poción de debajo de su cama. Según el libro el efecto era válido solo por un día. Untó la varita con la preparación anaranjada y esperó. Al pasar unos segundos suspiró decepcionada. No sabía qué prueba tendría de que había funcionado, pero al menos alguna luz o cambio de color en su varita. Chasqueó la lengua y decidió bajar a la sala común, totalmente ignorante de que la flor de liz dentro de su anillo parpadeó con un destello naranja tres veces antes de dejar la habitación.
—¿Estás lista?— le preguntó Ginny buscando sus ojos.
—Tan lista como podré estarlo— respondió esbozando media sonrisa.
—Te ves elegante, Hermione— le dijo—Temible y elegante. Sé que te irá bien.
—Gracias, Ginny.
La ronda preliminar se llevaría a cabo en el Gran Salón. En lugar de mesas se encontraban varias estaciones de duelo separadas por unos diez metros entre cada una, con una numeración que flotaba por encima de la alfombra de cada estación. El lugar estaba repleto de espectadores recostados en las paredes, y quienes iban a participar estaban reunidos en un círculo frente a la mesa de los profesores. Allí se encontraba Dumbledore, Snape, McGonagall y un grupo de Magos del Reino. Sin poder evitarlo buscó a Lord Riddle con la mirada, pero rápidamente se dio cuenta de que no estaba presente. Sin embargo, los ojos del director se posaron en ella por un momento. Hermione bajó la cabeza, sintiendo cómo las mejillas se le calentaban. Sabía que Dumbledore no estaba de acuerdo con que ella estuviera allí.
—Nos vemos más tarde, Ginny— dijo antes de cruzar el salón hasta el frente.
—Buenos días, alumnos— dijo Dumbledore mientras amplificaba su voz con su varita. Las conversaciones y murmullos se detuvieron—. En unos minutos empezaremos la primera ronda de duelos. Les recuerdo que la finalidad es desarmar a su contrincante, pero en caso de que alguien se lastime Madame Pomfrey estará justo afuera del salón con una estación de enfermería temporal—. Al decir esto Hermione observó a Malfoy reír mientras le decía algo a Theodore Nott y luego la señalaba, ella se enderezó y relajó el rostro. No permitiría que sus opiniones definieran qué tan bien o mal le iría.
—El nombre de su oponente y el número de su estación de duelo aparecerá frente a ustedes. Inmediatamente se dirigirán a sus lugares y al escuchar la señal de trompeta iniciarán el duelo. ¿Alguien tiene alguna pregunta?— inquirió Dumbledore, pero nadie respondió.
—Muy bien. Entonces veamos.
El director se dio la vuelta y se dirigió a al cáliz de fuego. Con un movimiento complicado de varita y un encantamiento, el humo del grial se tornó verde y ese mismo vapor apareció delante de cada uno de los duelistas. Hermione vio cómo se formaban letras frente a sí para revelar el nombre de su oponente: Gregory Goyle, puesto 7.
Hermione tragó en seco. Goyle no era un mago extraordinario, pero cualquiera era un oponente a temer por la restricción de su anillo. Caminó de forma mecánica hasta la alfombra con el número siete y se colocó en el extremo que daba la espalda a la puerta del Gran Salón.
Goyle se colocó al otro extremo y la miró con desagrado, intentando imitar la expresión que Draco Malfoy utilizaba cuando se dirigía a ella, pero en él se veía como una mueca que le deformaba el rostro.
El salón sucumbió al silencio. Hermione respiró profundo, sabía que si su magia no estaba en su mayor potencial debía recurrir a tener una mejor estrategia que su oponente. Tomó otra bocanada de aire y el sonido de trompetas dio inicio a las batallas.
No bien empezó el trompeteo cuando Goyle le lanzó un hechizo para aturdirla. En un duelo regular, como el de muchos a su alrededor, lo más sensato era invocar un Protego y luego lanzar su propio hechizo; sin embargo, ella no tenía ese lujo. Hacerlo de esa forma significaría darle la oportunidad al oponente de pensar en el próximo ataque. Así que en lugar de levantar una protección, Hermione se tiró al suelo para esquivar el ataque y apuntó su varita hacia los pies del Slytherin, lanzando un hechizo desestabilizador hacia los pies. Aunque débil, fue lo suficientemente efectivo como para que Goyle trastabillara y perdiera el equilibrio. Hermione se incorporó de un saltó y corrió hacia él, una acción que tampoco se veía en los duelos, y cuando estuvo casi frente a él se arrodilló evitando otro hechizo y lanzando su propio Expelliarmus, obteniendo de esta manera la varita de Goyle.
Fue la primera en terminar la primera ronda, sorprendiendo a los alumnos y profesores. Hermione aún respiraba con fuerzas para recuperar el aliento cuando Ginny corrió a su lado y la abrazó.
—¡Lo lograste, Hermione! Estuviste genial. Oh, cómo quisiera tener un pensadero para ver esto varias veces.
Hermione salió de su estupor y sonrió. Lo había logrado, ganó su primer duelo sin tener que quitarse el anillo.
