Hola! Espero que se encuentren súper bien. Vamos a intentar movernos un poco más en este capítulo. Vienen cosas interesantes! De nuevo mis reiteradas gracias a todas las personas que se han tomado un momento para leer mi historia, dejar sus reviews y agregarme a sus favoritos y follows. Esto es por y para ustedes ^_^


Capítulo 7

La segunda ronda del torneo fue más o menos igual a la primera. Peter McMillan no había observado la primera contienda de Hermione, así que al igual que Goyle cayó bajo la táctica de esquivar en lugar de defender, desestabilizar para confundir y de embestir para atacar. Sin embargo para la tercera ronda, cuando ya eran menos participantes y más expectadores, las personas comenzaron a fijarse en el duelo de Hermione.

—Tiene una estilo peculiar de pelea— dijo un Griffindor de sexto curso.

—Son solo trucos— respondió un compañero del mismo año.

—Trucos o no ha ganado dos duelos seguidos en menos de cinco minutos— agregó un Hufflepuff de septimo curso que estaba junto a ellos.

Ella sabía que debía cambiar su estrategia si quería asegurarse la victoria en al menos dos duelos más. Había sido muy cuidadosa en utilizar de la manera más eficiente la poca potencia mágica que el anillo le permitía usar. Su siguiente oponente era un chico alto, de piel cetrina y cabello negro. Tenía una constitución voluminosa lo que, junto a su cara pretenciosa, le daba aires de ser un matón o mercenario. Era Andrew Norman, prefecto de Slytherin.

Andrew era un personaje desagradable, solía hacerse de la vista gorda cuando los estudiantes de su casa ocasionaban algún problema o tergiversaba la verdad lo suficiente para que el castigo fuera lo más leve posible. En más de una ocasión Hermione había sido víctima de su arbitrariedad cuando Malfoy la humillaba en algún pasillo o en los terrenos de Hogwarts.

Hermione hizo la reverencia acostumbrada sin perder a Norman de vista. Ella esperaba a que él lanzara el primer hechizo, pero en su lugar se quedó con la varita levantada y alerta. Alguien ya le habría dicho cómo Hermione estaba lidiando con sus oponentes. ¿Cómo tratar con un contrincante que ya conocía tus tácticas? Entonces recordó a Fred y George cuando se batían con espadas en los establos. Era una mañana de verano cuando Hermione apenas tenía 9 años de edad. Los chicos llevaban media hora esgrimiendo y ninguno poseía una ventaja sobre el otro. Ella estaba sentada en un montículo de heno como una especie de testigo y juez.

Sus movimientos eran muy parecidos, daba la impresión de estar peleándose con uno mismo frente al espejo. Entonces, en un momento precipitado, George se puso en cuclichas, agarró un poco de heno y se lo lanzó a Fred en el rostro, obligándolo a retroceder y así dándole la oportunidad de avanzar hacia él y colocar la punta de su espada en el cuello de su hermano.

Cuando el enemigo conoce tu estrategia, distráelo.

Así que Hermione decidió invocar dos hechizos consecutivos, el primero un encantamiento de primer año que creaba nubes de lluvia y el segundo uno de invisibilidad. En el instante que las nubes la cubrieron, Andrew Norman lanzó un aturtidor, pero gracias a la invisibilidad Hermione esquivó y salió corriendo de su escondite. Lamentablemente debido a la restricción del anillo, en lugar de ser totalmente invisible se veía como un cuerpo translúcido que distorcionaba la luz, así que, aunque confundido, Norman todavía podía verla. Un Diffindo alcanzó su brazo derecho y Hermione tuvo que clavarse las uñas en la palma de la mano libre para no gritar.

Cuando el enemigo conoce tu estrategia, distráelo.

—¡Serpensortia!

Una víbora cornuda amarilla salió de la punta de su varita directo a la cara de Andrew, quien invocó un escudo protector haciendo volar a la serpiente hacia el costado; sin embargo en la distracción no vio la segunda víbora que se deslizó hasta colocarse en la base de su pie.

—Estúpida sangresucia— dijo furioso.

En ese momento Norman iba a lanzar un hechizo, pero en lugar del encantamiento se escuchó un grito de sorpresa y dolor salir de sus labios. La víbora lo había mordido. Hermione no perdió el tiempo y lo desarmó con un Expelliarmus, declarándose victoriosa.

Los estudiantes estaban divididos entre asombro y disgusto. Utilizar hechizos tan sencillos para vencer a alguien como Andrew debía ser una estrategia muy inteligente o un golpe de suerte. Madame Pomfrey salió corriendo a asistir mientras que uno de los profesores le pidió a Hermione la varita del Slytherin.

Hasta ese entonces los Magos del Reino mantenían su atención en los apellidos que reconocían como Malfoy, Zabini y Nott, quienes habían eliminado a sus oponentes a fuerza de poder mágico, pero ahora ella estaba llamando su atención por la creatividad de sus encuentros.

—No es tan poderosa— observó Williamson.

—En eso tiene razón, teniente, pero la dama ha demostrado la mejor creatividad en la competencia— dijo el capitán Goldstein con un gesto de aprobación.

Hubo una pausa de media hora antes de pasar a la ronda siguiente. Los veinte duelistas que quedaban en pie aprovecharon para enmendar sus heridas o comer algo. Hermione optó por usar un vendaje. Era en contra de las reglas usar la ayuda de otro estudiante y ella se negaba a malgastar sus reservas mágicas. Le tocaría soportar el dolor. Bebió agua y se sentó en el piso con los ojos cerrados a esperar. Desde afuera parecía que descansaba, pero los pensamientos de la castaña corrían rápidamente analizando los posibles escenarios en los que pudiera verse envuelta.

Su cuarto contrincante resultó ser Blaise Zabini. Hermione hubiese querido no tener que enfrentarse al círculo de Malfoy hasta la última ronda. ¿Cuál sería la mejor estratagema para desarmarlo?

Sin embargo no tuvo que preocuparse por ello. Para sorpresa de los presentes, Zabini extendió su brazo dominante de manera horizontal y colocó su varita entre los dedos índice y pulgar apuntando al suelo.

—¿Zabini se ha rendido?

—Ni siquiera habían empezado.

—¿Entonces Granger pasa a la final?

—No, tiene que ganar al menos 4 de 5 duelos, si alguien se rinde no cuenta. Debe pelear.

Hermione salió de la estación confundida. ¿Por qué el haría algo así? ¿Qué ganaría con eso? Él sonrió con una mueca desdeñosa e hizo una reverencia antes de dirigirse a un grupo de Slytherins, quienes observó, para su sorpresa, lo felicitaron en lugar de reclamarle su actitud.

Decidió mirar los duelos que aún seguían. Malfoy eliminó a Boot a fuerza de presión mientras que Nott fue un poco más elegante en su técnica. Michael Corner dió una buena pelea y aunque fatigado consiguió desarmar a Cormac McLaggen.

Media hora después solo quedaba un total de 10 participantes para la quinta ronda: ocho Slytherins, un Ravenclaw y una Gryffindor. Hermione se avergonzó de la propia hipocresía de su casa; sacando a los hermanos Wesley, todos tenían puestas sus esperanzas en McLaggen.

Dumbledore les indicó que se acercaran al frente. Las estaciones de duelo desaparecieron para dar paso a un dibujo circular amplio en el piso, cuando cruzó la línea se dio cuenta que eran runas.

—Muy bien hecho, alumnos— dijo el director—. Ustedes han llegado a la última ronda antes del final. Aquí las reglas cambian un poco. Nuestros amigos de los Magos del Reino quisieran ver cómo se comportarían en una situación lo más semejante a un campo de batalla. Así que en esta ocasión en lugar de duelos entre dos será un todos contra todos. Los duelistas que no hayan sido desarmados en un periodo de veinte minutos pasarán a la final.

Hermione tragó en seco e intentó mantener una mirada impasible. ¿Cómo se supone que iba a lograrlo sin quitarse el anillo?

—Bueno, empiecen— dijo Dumbledore.

El primer hechizo le rozó justo encima de la cabeza. Luego un segundo y un tercero que apenas logró esquivar. Hermione levantó un protego mientras corría por el borde del círculo y así hacerse una mejor idea de la situación. Consternada se dio cuenta de que en ese momento solo la atacaban a ella. Por eso Zabini se rindió. Incluso Corner pensó que la mejor idea era eliminarla primero para después luchar entre ellos. Un maleficio desagradable destruyó su escudo. Entonces vio con horror cómo cinco hechizos se dirigían en su dirección.

Y luego, nada.


El sueño profundo podía ser comparado a estar suspendido en una nada apacible y reconfortante. Al menos así se sentía Hermione en ese momento. La oscuridad era tal que con los ojos abiertos o cerrados no había diferencia. ¿Sería así la muerte? ¿Acaso estaba cruzando el velo? No quería morir con arrepentimientos, pero tenía muchos. Nunca pudo demostrar su potencial. Es posible que regresara como un fantasma. Hogwarts era muy amable con las apariciones que decidían vivir en el castillo.

—No seas tonta, no estás muerta— dijo una voz que le pareció dulce y risueña, como agua cristalina. Hermione quiso contestarle pero no podía emitir sonido.

—Puedes pensar lo que me quieres decir y yo entenderé.

¿Puedes hacer eso?

—Claro que sí, siempre he leído sus pensamientos, Su Gracia.

¿Su Gracia? No soy reina.

La risa juguetona de aquella voz retumbó en sus oídos.

¿Quién eres?

—Soy el espíritu de su varita, pero llevo años encerrado. ¿Por qué me ha encerrado, Su Gracia? ¿No está complacida conmigo?

¿Las varitas tienen espíritus?

—No todas.

¿Y a qué te refieres con encerrarte? Llevo mi varita conmigo a todos lados.

—El día en que le conocí salí de la varita como una flor de liz. Intenté muchas veces hablar con Su Gracia en sueños, pero mi voz no le alcanzaba. Pensé que en aquella ocasión en que adornó su pelo conmigo podía lograr hablarle, pero por más que gritaba tampoco podía escucharme. ¡Pero hoy he recibido fuerzas de los elementos!

La poción.

Un sentimiento de maravillosa curiosidad se apoderó de Hermione y deseó ver con quién hablaba. Y cómo si aquella voz entendiera, una pequeña luz azul comenzó a brillar frente a Hermione y creció hasta la estatura de un niño de siete u ocho años.

—Es un placer conocerla, Su Gracia— dijo e hizo una reverencia profunda—. Mi nombre es Alister.

Aquel niño con halo de luz por todo su cuerpo tenía el cabello castaño claro, casi rubio, orejas puntiagudas, ojos tan verdes como las hojas de los árboles y el rostro lleno de pecas. Su expresión era amistosa e inocente.

¿Y estás aquí para protegerme*, Alister?

—Así es, Su Gracia. ¿Me lo permite?

No hubo un momento de duda en su respuesta.

.


Hermione abrió los ojos a una corriente de aire que la envolvía. Los cinco hechizos dirigidos hacia ella se desviaron y golpearon a unos espectadores que estaban muy cerca del círculo de duelo. Levantó la mano izquierda al sentir que el anillo le quemaba y por alguna extraña razón sabía que hacer. Apuntó su varita a la flor de liz encerrada en la piedra lapislázuli.

—Alister, ven fuera.

Como desee, Su Gracia.

Fascinada miró cómo la flor de liz salía del anillo y se extendía hasta enredarse en su varita, incrustándose de forma tal que nunca se adivinaría que estuvieron separadas alguna vez. El anillo que Dumbledore le había dado años atrás se quebró y cayó al piso. Entonces sintió su magia, sin restricciones, sin límites, cruda y salvaje.

Entonces miró a sus contrincantes. Había miedo en sus ojos. Ahora sabía que podía ganarle a ese grupo de chicos engreídos que creían que su magia era mejor que la de ella, que la mofaron y humillaron por más de seis años creyendo que eran mucho mejores por haber nacido en familias mágicas.

Hermione movió su mano en una serie de patrones complicados por puro instinto, y las palabras que dijo, ¿gaélicas?, por igual. Pudo sentir un remolino en su centro mágico esperando a desatarse.

—¡Suficiente!

Era la voz de Dumbledore. Entonces Hermione recordó dónde estaba y cuál era su audiencia.


Lord Riddle se encontraba recorriendo el jardín de rosas imperial del ala oeste del castillo de Athelstan cuando un Patronus en forma de paloma revoloteó sus alas frente a él.

—Milord, todo transcurrió de acuerdo a su plan. La chica Granger no tuvo más remedio que utilizar su magia y cómo usted había dicho fue algo impresionante de observar. El tonto de Dumbledore no pudo hacer nada. Cuando quiso intervenir ya los Magos del Reino y toda la escuela habían sido testigos.

El Patronus desapareció y Thomas Riddle sonrió complacido.


NA: Alister es un nombre escocés que significa defensor de la humanidad, por eso la pregunta de Hermione.

Hasta el próximo capítulo!