Hola de nuevo! Sí, lo sé, esta vez he actualizado más rápido de lo normal, pero estoy intentando aprovechar mis vacaciones (aunque solo me quedan cuatro días T_T). En fin, cuando empiecen las clases será un capítulo por semana exceptuando cuando haya exámenes parciales (soy obsesiva con mis calificaciones al igual que Hermione xD).

Sin más les dejo con este capítulo, que lo disfruten!

PD.: Gracias por sus reviews, cuánto me alegro que les haya gustado el capítulo anterior, verán cómo algunas cosas que parecían insignificantes terminarán cobrando sentido mientras avanza la historia.


Capítulo 8

Mi querido Papá,

Para cuando esta carta te encuentre asumo que ya el profesor Dumbledore te habrá informado sobre los acontecimientos que sucedieron el día del torneo de duelos. Mi queridísimo papá, permíteme asegurarte que no lo he hecho a propósito, no era mi intención que el mundo supiera mi secreto y hasta el final, mientras dependía de mí, hice lo posible para participar suprimiendo mi magia. Tú me conoce, padre, soy tu hija. Sé que no ha sido lo mejor, pero me hubieras visto, fue impresionante. Fred y George estarían orgullosos de mí.

No me mantengas en la oscuridad. Dime qué piensas. ¿Es tan mala la situación como creo que es?

Con amor, Hermione


Mi querida Princesse,

No escribo para regañarte o repetir los asuntos que el director de Hogwarts expresó en su última misiva. Para lo que importa siempre estaré orgulloso de ti y confío en tus decisiones. Sin embargo, lamento decirte que sí hay unos cuantos asuntos que tu exhibición de magia ha colocado en mi bandeja de pendientes. ¿Puedes creer que Lord Malfoy me envió una propuesta de matrimonio para unir a nuestras familias? Al igual que Lord Nott y Lord McLaggen. No te preocupes querida, no haré un contrato de matrimonio sin pedir tu consentimiento. Sí quiero que sepas que ha sido traído a mi atención que el contraer nupcias con un joven Lord de familia mágica de influencia es una forma de mantenerte protegida luego de que termines Hogwarts. Ya sé, ya sé; no te enojes conmigo, solo es algo que debes de considerar; a menos que seas capaz de darme otras opciones, siempre elegiré tu bienestar. Así que, mi querida Princesse, ¿tenemos un plan?

No olvides escribirle a tu madre, está furiosa.

Con amor, Papá.


Mi querido Papá,

Todo el mundo sigue mencionando este peligro inminente que está supuestamente al acecho, pero en todos mis años en Hogwarts el mayor peligro al que me he enfrentado es reprobar alguna asignatura por la restricción del anillo. Aunque eso ya no será ningún problema. NO TE ATREVAS A ACEPTAR UN CONTRATO DE MATRIMONIO. MUCHO MENOS CON MALFOY. No me casaría con él aunque fuera el último hombre en la tierra. No necesitamos apresurar nada, Padre, sé que no es tradicional, pero me gustaría ver un poco del mundo antes de pensar en matrimonio y sé que debo pasar una temporada en la corte antes de aceptar una oferta formal de cortejo. Esperemos. Sé que Lord Albus Dumbledore es un mago respetado y de mucha experiencia, pero no puede esperar a que todo el mundo haga lo que él pide sin dar una explicación más detallada a un "estás en peligro", ¿no lo crees?

Planeo disfrutar lo que queda de mi año, Padre. Ya no tengo que esconder mi magia y hay cosas que me moría por hacer y practicar. Nos vemos en unos meses y sí, puedes decirle a Mamá que no tengo objeción en que elija todos los vestidos que están en temporada, con gusto jugaré a ser su muñeca de vestir si eso ayuda a mejorar su humor.

Con amor, Hermione.


Hermione abrió los ojos a una tierra llana de relieve suave que se perdía en el horizonte. El sol brillaba con fuerzas y el pasto se movía suavemente con la brisa. Unas cuantas primaveras y tréboles salpicaban el paisaje. Alister le había asegurado que era el mismo lugar donde se habían visto la primera vez, pero con su magia bloqueada solo era una gran mancha negra. Hermione sintió tristeza al pensar que su amigo llevaba todos esos años sumido en esa oscuridad. Ahora mientras su poder maduraba cambiaba el ambiente en la misma proporción.

—¿Y dónde estamos, Alister?

—Es un espacio en el mundo pero fuera de este. Aquí vivo.

—¿Estamos dentro de mi varita?

—No— dijo entre risas—. La varita es solo un puente. Puedes visitarme las veces que quieras.

Hermione no entendía por completo qué quería decir su amigo, pero en el tiempo descubrió unas cuantas cosas interesantes. Primero se percató de que mientras más practicaba sin la incomodidad del anillo, más podía cambiar el panorama del prado. Así que mientras las semanas pasaban se dedicó a agregar árboles, hortensias, laburnos y otras flores coloridas de su propia invención.

En una ocasión luego de haber logrado sostener su patronus por dos días consecutivos —quería comprobar su límite—, fue capaz de agregar un río que recorría la pradera. Parecía una tierra encantada de uno de sus libros infantiles. Decidió llamarlo Prado de los Espíritus.

—¿Qué te parece el nombre, Alister?

—Me gusta mucho, Su Gracia— contestó encantado y arrancó a correr y saltar en las piedras o tirarse entre los arbustos.

Así pasaron los meses hasta el final de curso. El tiempo que no pasaba en clases lo invertía en el Prado de los Espíritus. Los exámenes llegaron, algunos estudiantes aceptaron peticiones de cortejo y Hermione se preparaba para regresar a su hogar y empezar la temporada en la corte.

Después del incidente en el torneo de duelo solo Ginny y Ron seguían tratándola igual, pero ella se sentía realmente avergonzada cuando uno de sus antiguos atormentadores ahora la trataban con basta cortesía, definitivamente amenazados por sus padres. Honestamente no había pensado qué hacer luego de la escuela. En el mundo muggle las señoritas que recibían educación lo hacían con el único propósito de poder impresionar a posibles partidos con su adquisición de idiomas, instrumentos y buenos modales que presentaban en las fiestas de sociedad. Le parecía increíble lo tanto que se parecía el mundo mágico al muggle en ese sentido.

Las brujas que asistían a Hogwarts eran medidas por su logros en desarrollar su magia y acorde a eso se les evaluaba como posibles candidatas para fortalecer la descendencia mágica de alguna familia. Hermione no quería ninguna de las dos opciones. Anhelaba aventuras, recorrer el mundo, hacer algo que fuera realmente importante más allá de adornar una linda sala de te. Por supuesto quería enamorarse y tener familia, pero no por esas razones.

Aunque ella formó parte de los mejores duelistas del torneo no recibió una oferta por los Magos del Reino porque era una chica. Era ese tipo de cosas que le llenaban de indignación. Ella era tan buena como cualquier chico, incluso mejor. Pero esos eran pensamientos sin voz que guardaba para sí mientras sonreía con decoro y se inclinaba con pequeñas cortesías.

El verano llegó y Hermione se despidió del castillo. Recorrió el terreno intentando memorizar cada espacio, roca y árbol. Caminó por los pasillos y pasó un largo rato en la biblioteca antes de dirigirse a los carruajes que la llevarían de nuevo a casa.


Estaba en Londres con sus padres para pasar unos meses y ser presentada en sociedad. Era la concesión a la que habían llegado por no firmar ningún acuerdo de matrimonio o al menos aceptar un cortejo formal. Pensó en Harry y la última conversación que habían tenido. Se suponía que después del 31 de Julio, cuando alcanzara la mayoría de edad, el título de Lord Potter sería restaurado y las tierras que Lord Granger había administrado hasta entonces pasarían a manos de su mejor amigo. Eso quería decir que tenía un mes antes de que él se acercara a su padre con una petición formal. Un desazón le llenaba por dentro cuando pensaba en su futuro.

Como primera orden del viaje, la temporada abría con un torneo de justas entre los caballeros nobles que quisiesen representar su casa. Su padre le había dicho en más de una ocasión que era una oportunidad perfecta para ganar inteligencia sobre los asuntos del reino. No hay nada que afloje mejor una lengua que festividades y vino. Luego de restablecidas las conexiones, las damas asistían a algunas tardes de té, los caballeros se reunían a cazar y juntos participaban en caminatas al aire libre hasta que empezaban oficialmente las fiestas.

Cada Lord importante se permitía gastar una fortuna en ofrecer al menos dos fiestas durante el verano. Y para desmayo de Hermione, ella debía asistir tanto a las funciones muggles como a las mágicas, con la desventaja de no tener escolta para estas últimas. Los presentes sabrían de inmediato que era hija de muggles y por alguna razón sentía que esto era una desventaja.

Por eso se encontraba llegando sola en carruaje a la mansión Nott. Había elegido un vestido gótico con capucha en negro en la parte trasera y lateral y rojo vino en el frente e interior de las mangas, lo que la hacía lucir más esbelta. En un acto atrevido decidió usar kohl para delinear sus ojos y y tintura carmesí para sus labios. Sentía que esa noche debía portar una máscara.

Unas antorchas flotantes iluminaban la escalinata que llevaba a la entrada principal, al final de la misma se encontraba la familia anfitriona recibiendo a sus invitados. La diferencia de edad entre Lord y Lady Nott era considerable, al menos de unos 25 a 30 años, y definitivamente Theodore había heredado la belleza de su madre.

—Padre, madre— dijo en tono formal —, les presento a la señorita Granger, hija de Lord y Lady Granger de Suther-Ge.

—Es un placer conocerles— dijo Hermione haciendo una cortesía.

—El placer es nuestro— habló Lady Nott—. Espero que disfrute de la fiesta.

Hermione hizo otra cortesía y pasó adelante. El vestíbulo era amplio y estaba bien iluminado. En el primer piso se encontraba el salón de baile y la sala de refrigerios. En el segundo estaban instaladas las mesas de poker y ajedrez mágico. Los jardines estaban abiertos al público y el estudio se había adecuado para descansar o tener conversaciones.

Decidió inspeccionar los jardines, al menos creía que era mejor que estar sentada como pez fuera de estanque. Una luces titilantes daban una atmósfera etérea a los arbustos arreglados en estilo francés y dos estatuas de hidra estaban colocados a la entrada de un laberinto, un arreglo popular entre la nobleza. Hermione tomó asiento en una banca de piedra frente a las hidras. El sonido de la fiesta apenas se escuchaba y en la quietud del jardín pudo apreciar la noche.

—Buenas noches, señorita Granger

Hermione se sobresaltó al escuchar la voz y se llevó la mano al pecho.

—Lord Riddle

Se apresuró a ponerse de pies y hacer una cortesía. Thomas Riddle se veía elegante con sus pantalones oscuros y túnica a juego. Hermione sintió un retortijón en el estómago.

—¿Puedo acompañarla?— dijo señalando el extremo del banco.

—Por supuesto, Milord.

Ambos tomaron asiento.

—Imaginé que la vería aquí, señorita Granger

—¿Ah sí? Yo no lo hubiese imaginado.

—¿Y por qué no?

—Soy hija de muggles, Milord

Riddle emitió un sonido despreocupado y levantó la vista a las estrellas antes de mirarla de nuevo.

—Quiere decir que es lo suficientemente especial como para que los más tradicionalistas flexibilizaran sus reglas.

—Pero no lo suficiente como para entrar a las filas de los Magos del Reino— hizo un mohín con la boca y se cruzó de brazos, apretando sus senos inadvertidamente. Se percató de la amargura en su tono y carraspeó.

—¿Asiste regularmente a estas fiestas, Lord Riddle?

—Es parte de mis obligaciones— replicó con neutralidad. Hermione sonrió.

—¿Encuentra algo gracioso?

—Discúlpeme, Milord. No es mi intención ser grosera, pero me parece que estas fiestas le aburren.

Él no dijo nada pero la comisura de sus labios se relajaron en media sonrisa.

—¿Sus padres están disfrutando de la temporada?

—Sí, Milord. Mi padre es muy aficionado al torneo de justas y este año la competencia parece ser prometedora.

—¿Usted disfruta de los juegos?

—No particularmente, pero es una excusa para pasar tiempo con mi padre.

—¿Y quién la acompaña a los eventos mágicos?

Hermione se sonrojó y desvió la mirada hacia las hidras.

—Vengo sola, Milord. Mi mejor amiga no ha sido invitada y no se aceptan muggles— respiró hondo y se obligó a sonreír—. Así que me he atrevido a asistir toda la temporada sin compañía.

—Milady, si me lo permite yo podría ser su escolta durante el verano.

Hermione lo miró perturbada y para su mortificación se imaginaba que estaba roja del cuello a la cabeza. Ir de la mano de Lord Riddle a las fiestas no solo sería un gran honor, sino también el mensaje que implicaba.

—Lord Riddle, yo...este...

—¿No desea mi compañía? Le aseguro que no soy aburrido.

—No es eso, Milord. Es que... mmmm... debe hablar con mi padre primero.

—Mañana enviaré una carta a Lord Granger.

—¿Está seguro?

—Para mí sería un honor, Milady.

Y el estómago de Hermione volvió a dar vueltas.