Hola! Me siento en una racha imparable (jajajaja, jajaja... risa nerviosa). Ahem... En fin. Me encantaría contestar todas las preguntas que me hacen en los reviews, pero es que les arruinaría la trama y no queremos eso. Este es el último capítulo antes de que inicien mis clases. Estaba pensando hacer el capítulo 10 un especial de 10 páginas, ¿qué creen? Como una especie de celebración y me encantan las decenas como número, así que me parece especial (lo sé que soy cursi ;P).

Bueno, ya dejo la cháchara y que disfruten el capítulo.


Capítulo 9

Hermione despertó al amanecer y se dio un baño. Se sentó en la cómoda y dedicó unos veinte minutos a peinarse y recogerse el cabello bajo un fular de seda blanca. Luego sacó sus vestidos de día y se decidió por uno de muselina amarillo pálido con un drapeado que favorecía la caída, daba la impresión de que la tela estaba trenzada. Se adornó con un juego de perlas, regalo de graduación, y complementó su indumentaria con unas sandalias de cordones de color hueso. Se veía bonita si podía permitirse el cumplido.

Aún era muy temprano cuando bajó al vestíbulo de la casa en Londres. Apenas escuchaba el murmullo de los criados calentando agua y encendiendo la estufa. Se dirigió a la sala de estar y se sentó junto a la ventana que daba hacia la calle. No había nadie caminando a esa hora.

Se puso de pie y buscó un libro en la estantería, la segunda parte de una novela de misterio que había empezado en navidad, volvió a su asiento y abrió el volumen con determinación. Miró de nuevo por la ventana, bufó, sacudió la cabeza y miró las palabras con tal concentración que parecía iba a hacerle un hoyo a la página.

—Esto es ridículo— cerró el libro de golpe y movió el pie con impaciencia. Resopló y miró hacia la calle de nuevo. Ni un alma se movía.

Fue a la cocina donde encontró a la señora Wilkins.

—Buenos días, señorita Granger

—Buenos días, señora Wilkins. Me preguntaba si necesitaba ayuda con algo.

—Oh no, todo está bien por aquí.

—Ah...

—Pero si realmente quiere hacer algo— se apresuró a decir la cocinera—, tal vez quiera vigilar que la leche hierva sin desbordarse.

Hermione sonrió, agarró la cuchara de madera y se colocó frente a la estufa como si fuera un soldado. La señora Wilkins sonrió divertida, sea lo que fuera que pasara por la mente de la señorita la tenía bastante nerviosa. La última vez que se comportó así fue cuando su padre se retrasó por dos días en un viaje de negocios y no había tenido noticias suyas. Se la pasó pidiéndole a los criados por tareas y encomiendas qué realizar. Así que después de que la leche estuvo lista le pidió que cortara los fiambres y el queso del desayuno. Luego solicitó que fuera su asistente mientras hacía el pan y la sopa de vegetales.

—Señorita

—Mmm?

—Señorita, la llama su padre.

Hermione levantó la cabeza rápidamente y se limpió las manos.

—Eh. Sí. Gracias, señora Wilkins. La veo luego.

—Buen día, señorita.

Hermione fue al estudio donde encontró a su padre con una carta en la mano. Al darse cuenta de su presencia le indicó con un gesto que se sentara en uno de los sillones.

—Buenos días, padre.

—Buenos días Hermione Jean.

Estoy en problemas.

—Querida, ¿sabes de casualidad por qué el Concejal del Rey quiere visitarnos hoy a la hora del té por un asunto que, y cito, los concierne a él y a ti?

—Eh... ¿Tal vez?

—¡Hermione Jean Granger!

Ella cerró los ojos y se encogió en el asiento.

—Puedo explicarlo, mi queridísimo papá.

—Adelante— dijo cruzándose de brazos, apoyándose en la mesa del estudio.

—Lord Riddle estuvo anoche en el baile de los Nott y vio que no tenía escolta. Al preguntarme le expuse las razones y él me ha ofrecido su asistencia durante la temporada. No te enojes conmigo, papá— agregó—. Le he dicho que debe pedir tu permiso.

—¿Sabes lo que significa que te vean con un hombre en particular que no sea tu familia por todo el verano?— preguntó con la voz peligrosamente baja —. ¡¿Qué crees que le pasará a tu reputación?!

—Salvé su vida, papá—balbuceó.

—¿Qué dijiste?

—Él es el hombre que salvé en las montañas hace unos años, pero no supe su identidad hasta el banquete de invierno en Hogwarts.

La mirada de su padre cambió de perpleja a calculadora.

—El Concejal del Rey te debe la vida.

—Cuando lo dices de esa forma...

Lord Granger se apresuró a abrazar a su hija y alzarla en el aire. Rió con soltura y la depositó en el piso.

—¿Está todo bien?— interrumpió la voz de Lady Granger desde la puerta.

—Hermione se casará con Lord Riddle— declaró.

—Papá, pero por el amor a Merlín...

—¿De qué estás hablando, cariño?

Lord Granger miró a Hermione con una sonrisa y asintió con la cabeza. Ella procedió a relatar toda la historia.

—¿Y tienes sentimientos por este Lord, Hermione?— preguntó su mamá buscando sus ojos.

—Bueno, este. Es muy pronto y... Qué calor hace, ¿no?— de repente sus zapatos le parecían interesantes.

Lady Granger miró a su marido de reojo.

—Le pediré a la señora Wilkins que prepare unos bocadillos especiales para esta tarde. Hermione, sé que a tu padre no le molestará que salgamos a comprar unos listones después del desayuno, ¿cierto, cariño?

—Estás en lo correcto, amor.

—Vayamos a desayunar.


Hermione quiso salir a la puerta cuando se percató de la figura de Lord Riddle en el pórtico, pero la mirada severa de su madre la hizo permanecer sentada en el sillón de la sala de estar. Escuchó las voces apagadas de dos hombres en la entrada y segundos después su papá entró a la habitación seguido de Thomas Riddle. Hoy llevaba puesto un conjunto semejante al color del mar en un día de verano. Se veía jovial y listo para hacer un despliegue de sus mejores modales. Ambas damas se levantaron de su asiento.

—Cariño, te presento a Lord Thomas Riddle, Concejal del Rey.

—Es un placer, Milord.

—El placer es todo mío, Lady Granger— dijo tomando un paso hacia delante y haciendo una reverencia. Sus ojos se posaron en Hermione y sonrió.

—Y por supuesto ya conoce a mi hija— continuó Lord Granger.

—Así es— dijo e hizo otra reverencia. Hermione le devolvió la cortesía.

—Buenos días, Milord— saludó con una sonrisa tímida—. Si gusta puede tomar asiento.

—Muchas gracias, señorita Granger.

Tuvieron una maravillosa media hora de tête à tête y Hermione se sentía complacida. Lord Granger hizo las preguntas adecuadas y su invitado proveyó las respuestas correctas. Su padre otorgó el permiso, podía acompañarla a las funciones durante el día, pero a las fiestas nocturnas siempre debía viajar en el carruaje de los Grangers, por lo que podía elegir entre esperarla en el lugar de destino o llegar primero a su residencia para tomar el transporte juntos. Riddle no tuvo ninguna queja y fue todo encanto y sonrisas.

Lady Granger extendió una invitación para una pequeña cena que celebrarían en quince días y él devolvió el gesto invitándoles a una mañana de cacería con promesas de que se quedaran a comer.

A la hora de irse, Lord Riddle y su padre se dieron la mano, cortesías fueron intercambiadas y el sentimiento de alegría de Hermione era tan evidente en su rostro que Lady Granger decidió no traer el asunto de Harry a discusión.

—¿Qué te parece Lord Riddle?— preguntó Lord Granger una vez estuvo solo con su esposa.

—Tiene modales impecables y está preparado para hacerse agradable y entretenido.

—Cualidades necesarias en la corte, te aseguro.

—Por supuesto lo sé— dijo Lady Granger—, pero me preocupa que nuestra hija se relacione con alguien tan cercano a la corona. Sabes cómo puede ser la política.

—Tranquila, cariño. No es como si se desatará una guerra.


Dos días luego de aquella tarde quedó acordado que Lord Riddle escoltaría a Hermione a la excursión anual de Lady Greengrass en Box Hill, una colina a unos 30 kilómetros al suroeste de Londres. Debían salir temprano si querían ir y regresar el mismo día. Podían aparecerse, pero luego de confesar que ella no era familiar con la zona, Lord Riddle insistió en tomar la ruta panorámica. Así que fiel a su compromiso el Concejal del Rey tocó a su puerta una hora después de romper el alba. El carruaje en el que llegó era tirado por cuatro caballos frisones de color azabache, el interior era cómodo y con espacio suficiente. Unos minutos luego de que el cochero arrancara, él habló.

—Nunca le he preguntado qué quiere de recompensa.

—¿Disculpe, Milord?— Hermione ladeó la cabeza y lo miró confundida.

—Por salvarme. No le he preguntado qué quiere a cambio.

Ella pareció preocupada y se sonrojó.

—Milord, lo hubiese hecho con cualquiera. De verdad, no necesita molestarse. Su ayuda actual es más que suficiente.

Él levantó la comisura de los labios en una sonrisa que no alcanzó sus ojos, pero no presionó el tema.

Al llegar a la mansión de los Greengrass, Hermione pudo apreciar la bonita arquitectura de la vivienda. Contrario al hogar de los Notts, esta casa exudaba elegancia sin pomposidad. Allí fueron recibidos por los Lores y sus hijas. Daphne estaba en el mismo año que Hermione pero jamás se habían dirigido la palabra. Qué extraño era todo esto de ser educada y gentil con aquellos que la habían ignorado o insultado desde que había llegado a Hogwarts. Sin embargo, fue la invitada perfecta, no deshonraría a Lord Riddle con su comportamiento. Reconoció a Draco Malfoy y quienes debían ser sus padres, también estaban los Nott y Zabinis. Su acompañante introdujo a los invitados que no conocía.

La idea era caminar hasta un conjunto de manzanos a unos quinientos metros de la propiedad, donde podían resguardarse del sol y arreglar el picnic que los Greengrass tenían preparado. Hermione quedó encantada con la tierra y pensó agregar unos frutales a su Prado de los Espíritus en cuanto tuviera la oportunidad. No había visitado a Alister desde que llegó a Londres.

Hermione se encontró sentada con las damas y los caballeros de más edad, mientras los más jóvenes competían por el título del mejor trepador de árboles.

—Ser joven y tonto otra vez— rió el señor Ollivander.

—A veces hay que dejar a los chicos con sus diversiones— dijo Lady Malfoy.

—Mientras sepan el deber que les toca— pronunció su esposo en tono aburrido.

—No seas aguafiestas Lucius— dijo Lord Sirius Black —. Mira como hasta el nuevo miembro de nuestra compañía anhela en sus ojos poder trepar los árboles.

Hermione desvió la vista hacia la conversación y se sonrojó al ser atrapada curioseando lo que hacían Draco, Theo y Blaise.

—¿Encuentra la conversación aburrida, señorita?— preguntó Lord Nott.

—Para nada, Milord. Simplemente me he distraído—. Miró a Lord Riddle de reojo.

—Y dígame, señorita Granger, ¿ya ha entrado en un contrato de matrimonio?— esta vez habló la señora Fawley.

—Todavía, Madame.

—¿Nadie ha extendido una propuesta?— preguntó con una preocupación falsa, sin saber que allí se encontraban algunos que se habían extendido hacia su padre lastimando su propio orgullo en el proceso. Hermione sonrió y tomó un sorbo de té.

—Pobre criatura— continuó la señora Fawley—. Mientras pase el tiempo será más difícil asegurar una buena posición en una familia respetable.

—A decir verdad, Madame, no quiero casarme por ahora.

Todos la miraron.

—¿Qué quiere decir?

—Quiero viajar y ver el mundo. Sé que mi padre me apoyaría. Después de todo no quiere que su única hija termine amargada y sola sin nada qué hacer mientras su marido tiene aventuras sin tener unas memorias agradables que le acompañen en la vejez.

La señora Fawley se puso roja y se llevó el té a los labios. Lady Malfoy se apresuró a poner otro tema de conversación.

Lord Riddle y Hermione se retiraron justo luego de la comida, eran los únicos que no pasarían la noche en la mansión y el trayecto era largo. Ella se sentía muy avergonzada por su comportamiento durante el picnic, pero la señora Fawley la había sacado de sus casillas. Ahora se encontraba en un silencio incómodo en el carruaje.

—¿No quiere casarse?

—Por supuesto que sí, Milord— forzó una sonrisa.

—Pensé que no íbamos a mentirnos.

—¿Puedo ser honesta?

Él asintió. Ella empezó a hablar con candidez.

—Sí quiero casarme, es solo que detesto que se nos mire como un ganado o un animal con pedigree para ser vendidas según nuestro talento mágico. ¿Sabe qué fue lo que más me ilusionó cuando descubrí que era una bruja? La idea de tener aventuras, derrotar dragones y salvar poblados, no sentarme a ser una prenda bonita para que me elijan como esposa.

—Lo siento— agregó y posó su mirada en el paisaje.

—Hermione

Ella contuvo el aliento sorprendida.

—¿Si, Milord?

—Thomas— la corrigió.

—¿Disculpe?

—Mientras seamos solos los dos puedes llamarme Thomas.

—Oh, no me atrevería.

—Insisto.

Ella asintió.

—Y creo que tienes la razón. Una bruja como tú no debe conformarse con menos que grandeza.

—¿Y cómo cree que puedo lograr eso, Thomas?— dijo con más amargura de la que pretendía—. Los Magos del Reino no me dieron la oportunidad por ser mujer.

—Hay otras maneras— dijo restándole importancia—. Si me lo permites te puedo enseñar.

Antes de que dijera algo al respecto, el cochero anunció que habían llegado a su destino.