—¡¿Qué mierda está pasando?! —gritó alguien.
Scorpius sólo podía mirar el lugar donde debía abrirse el portal. Su visión parecía haberse vuelto un túnel. Lo único que veía era ese espacio vacío donde cada semana había habido un vínculo con el exterior, donde hacía poco tiempo él mismo había cruzado hacia otro mundo. De no haber vivido esa experiencia, podría haber creído que el portal era solo una alucinación; que nunca había estado ahí.
Se escuchó un aplauso sordo en medio de la confusión. Al alzar la vista se topó de frente con Theodore Nott.
—Espero que ya estés contento —dijo el hombre—. Tu plan, cualquiera que sea porque no tiene sentido, ha funcionado. Todos estamos aterrados —agregó, sin que su tono de voz revelara si hablaba en serio o con sarcasmo—. Ahora, por favor, déjate de juegos de niños y abre el portal.
Los ojos de Scorpius se abrieron más y su pulso se aceleró. Nuevamente, como parecía estar haciéndose costumbre, estaba aterrado.
—¿No has sido tú?
La cara de Nott se contrajo al entender que Scorpius no tenía el poder para abrir el portal. El corazón de Scorpius se detuvo darse cuenta a su vez que Nott tampoco tenía respuestas. Estaban atrapados.
La sirena de alarma los aurores había callado hacía varios minutos. En el exterior, sólo se escuchaba el viento nocturno removiendo las hojas de los árboles, acompañando decenas de murmullos. La gente que había esperado con ansias el momento se miraba sin entender, intentando dar explicaciones.
—Debe ser el lugar incorrecto –decía alguien.
—¿Estamos seguros que este era el día?
—¿Quién interrogó a los testigos?
Entre todas las voces nadie escuchó la de Harry, quien sólo pudo decir una palabra:
—Al.
Ginny se abrazó a él, intentando buscar consuelo y consolarlo a la vez. Intentando ganar fuerzas para lo que vendría. Lo desconocido.
Al estaba ocupado en la enfermería, cuidando pacientes que intentaban recuperarse de heridas y de casos cada vez más graves de deshidratación. No había ido al portal. Sólo había estado pensando en hacerlo.
La idea de que la puerta estaba abierta le daba vueltas en la cabeza. Cuando había hecho su investigación para intentar ayudar a Scorpius a regresar a aquel escondite, le habían dicho que el lugar adonde iba Scorpius sólo se abría los domingos por la madrugada. Eso era algo de lo que había estado consciente en un pequeño lugar de su mente. Tengo algunas horas para tomar una decisión, se había dicho a sí mismo.
¿Quería regresar a su mundo? No. Y sí. Quería hablar con sus padres y tratar de explicarles y, honestamente, presumirle a su padre cómo él había logrado resolver el misterio del siglo e infiltrarse en un lugar al que ningún otro mago del mundo exterior había entrado. Pero también quería quedarse aquí y descubrir los secretos que seguían ocultándole, encontrar las explicaciones que le faltaban. Ayudar a cada pequeño que necesitaba ayuda.
Sobre todo, si era muy honesto consigo mismo, quería quedarse aquí y desenredar el misterio más le interesaba: Scorpius Malfoy. No quería seguir molesto con él, a pesar de todas las cosas cada vez más intrincadas que descubría sobre su vida en este lugar. Quería hacer las pases, volver a la complicidad instantánea que había sentido con él. Volver a las noches en que se contaban cosas. Quería dejar a su corazón enamorarse por completo.
Y al mismo tiempo sabía que no debía hacerlo. Que ya había hecho suficientes cosas insensatas como para una vida. Que lo que debería hacer era volver a la superficie, buscar a su familia para dar explicaciones y, de ser necesario, enfrentar las sanciones por sus crímenes. Después de todo, ahora que lo veía todo con frialdad, lo máximo que podrían imputarle sería atacar a algunas personas y dejarlas inconscientes. El castigo no podría ser mucho, ¿o sí? Su madre quizás querría matarlo, pero el Wizengamot no podría, ¿o sí?
Todos esos pensamientos estaban en su mente cuando Scorpius y su comitiva regresaron. Scorpius venía con cara de muy pocos amigos y los demás se veían simplemente derrotados. Al acercarse a la sala principal hubo preguntas y luego gritos y varias personas haciendo reclamos. Juraría que vio volar varios encantamientos. Se preocupó.
—Enfermera Blishwick —llamó Al—. ¿Usted sabe lo que está pasando? Si es algo que debo saber, quiero saberlo de inmediato, sobre todo si pondrá en peligro a los pacientes.
La joven mujer lo miró a los ojos por un segundo y luego los evitó de nuevo.
—Hay muchas cosas que están pasando, sanador Potter —dijo ella—. Pero temo que si llegara a saber algunas de ellas, no estaría dispuesto a seguirnos ayudando. Y me temo que necesitamos más su ayuda de lo que usted necesita saber la verdad.
La enfermera se dio la vuelta para huir del interrogatorio inmediatamente. Al la miró alejarse y luego miró hacia el pequeño grupo de gente que se estaba arremolinando para entrar en la sala principal. Scorpius había entrado de los primeros y ahora seguramente estaba rodeado, dando información a su gente.
Al tragó saliva. Si pedía… si realmente le exigía información a Scorpius —después de todo, él también estaba siendo afectado por sus decisiones—, ¿se la daría?
Mientras intentaba exprimir y hacer alcanzar la poca poción que quedaba en un frasco para repartirla entre sus pacientes, Al decidió que tenía que hablar con Scorpius tan pronto como fuera posible. Era hora de tomar decisiones de una vez por todas, pero para hacerlo necesitaba información. Y, una vez que la tuviera, si debía irse del ese lugar esa misma noche… lo haría.
Theodore Nott miró fijamente a la copia de Draco Malfoy que estaba frente a él junto a dos de sus más cercanos, una Gamp y un Parkinson; los tres no eran más que unos mocosos. Si su mirada pudiera matar, Theodore hubiera matado a Scorpius con gusto. El niño era un malcriado que desde que se había convertido en un adolescente no paraba de darle molestias e intentar hacerse con un poder que no merecía ni por méritos propios ni por linaje. Draco no había sido más que un marica hijo de puta traidor al linaje y si él y su familia habían terminado refundidos en el Paraíso con los demás sangres puras, no había sido por su falta de lamer culos de sangres sucias. Los Malfoy habían tratado de lamer todos los culos posibles, pero no les había salido tan bien la jugada. Ni si quiera lamiendo el culo de Potter se habían salvado del escarnio público.
Y ahora, Theodore tenía que lidiar con la progenie de Draco, como si no tuviera suficiente con todo lo demás. Se sentía tremendamente viejo y de hecho era con orgullo el habitante más viejo del paraíso. La vida en el Paraíso era dura de por sí y el imbécil que tenía enfrente se la había hecho mucho más difícil. Apretó los puños. Ahora, pensaba con amargura, no tenía otra opción que sentarse en la mesa de los niños a hablar, todo porque esos idiotas habían hecho quién sabe qué hechizo que ahora los tenía atrapados en el Paraíso.
Cansado, viejo y realmente encabronado, Theodore Nott extendió su antebrazo al tiempo que el heredero Malfoy hacía lo propio. Ante los testigos, sus brazos se unieron en una promesa de colaborar por el bien del Paraíso.
Así de bajo hemos caído,fue lo último que se permitió pensar antes de enfocarse en buscar soluciones para el problema que parecía enfrentar una y otra vez en su vida: la estupidez de un Malfoy.
El viento nocturno todavía soplaba por el parque, todavía iluminado por los aurores e inefables a pesar de que el amanecer estaba cerca. Habían esperado toda la noche y los rumores que corrían eran que esperarían otra noche más… las noches que fueran necesarias. Los Desaparecidos no iban a soportar mucho más tiempo sin agua. El portal tenía que abrirse.
Harry, Ginny, James y Lily estaban sentados en un pequeño círculo. Estaban tomados fuerte de las manos, en silencio, agotados mental y moralmente, tratando de recuperar fuerzas pero sin resignarse todavía a que aquella noche no iba a pasar nada.
De pronto, unos pasos firmes se aproximaron a ellos. Los cuatro se levantaron. Harry, inmediatamente, colocó a Ginny y a sus hijos detrás de él, para enfrentarse a quien llegaba. Ginny reaccionó intentando ponerse a su lado, pero James y Lily se abrazaron a ella y la detuvieron. Harry se encontró frente a frente con el Ministro, quien se había hecho camino entre la gente hasta llegar a él.
—Señor Potter —dijo el Ministro, en voz seria—. El Wizengamot me ha encargado la tarea de darle este mensaje personalmente.
Harry frunció el ceño pero no respondió. Tenía muchas cosas que decir, que gritar, pero antes decidió escuchar.
—Lo estamos facultando desde este momento para que haga lo que tenga que hacer, interrogue a quien deba interrogar y use los métodos que deba utilizar para saber qué está ocurriendo con ese portal y cómo podemos abrirlo.
Harry apretó los puños.
—¿Y devolverán el agua para garantizar que Al estará a salvo?
El ministro bajó la mirada.
—Ese es otro camino que seguiremos persiguiendo. Si está en manos de los Desaparecidos abrir el portal, creemos que lo harán, una vez que se encuentren desesperados.
Harry alzó un puño, con todas las ganas de partirle la cara.
Detrás de él, Lily y James alzaron a la vez los brazos para apretar el cuerpo de Harry—James, por el hombro; Lily, por la cintura. Ginny lo abrazó por la espalda. Con el respaldo de su familia, Harry se sintió con la fuerza suficiente para tirar el mundo si eso traería de vuelta a su hijo.
Él no encontró las palabras adecuadas para aceptar la encomienda sin mandar al Ministro y al Wizengamot directamente a la mierda, pero afortunadamente alguien más sí lo hizo.
—Encontraremos información. Vamos a encontrar a Al —dijo Lily.
La voz de su niña ya no era más una voz de niña, sino de una mujer tan firme y decidida como él. Iban a encontrar a Al. Y cuando lo hicieran, Harry le iba a partir la cara al Ministro.
Parkinson, Gamp y los guardaespaldas de Nott habían dado un paso atrás para dejarlos hablar frente a frente.
Scorpius se sorprendió ante la accesibilidad que Nott mostraba en aquellos momentos. Más que sorprendido, se diría preocupado, pues para que su peor enemigo estuviera dispuesto a negociar con él, tenían que estar metidos en problemas más allá de lo que él había calculado. En cuanto el voto inquebrantable estuvo sellado, separó su antebrazo del de Nott. Evitó a duras penas limpiarse la mano en la túnica por el asco que sentía.
El hombre frente a él era exactamente de la edad de su padre. Habían ido a Hogwarts juntos, pero jamás habían sido cercanos. De hecho Nott siempre había dejado muy claro lo estúpido que creía que era Draco. Scorpius no pudo evitar preguntarse si su padre, de estar vivo, se vería igual de derrotado que Nott, a quien las hebras canas le llegaban hasta los hombros y las ojeras le ensombrecían permanentemente la mirada. Este hombre viejo y derrotado había estado acaparando cada vez más poder en el Paraíso, cambiando reglas y procesos hasta erigirse como un líder déspota al que sus seguidores temían. Desde que Scorpius había sido lo suficientemente mayor como para que otros lo escucharan, había intentado revertir la balanza de poder hacia lo que se suponía que era el Paraíso: una democracia.
Y ahora tenía que trabajar con este grandísimo cabrón.
—Muy bien —dijo Scorpius—. Hablemos.
Nott asintió pero no fue él el primero en hablar. Típico.
—Tenemos que aclarar por qué no se abrió el portal —continuó Scorpius.
Nott sonrió con burla.
—Así que eso queremos saber.
Scorpius respiró profundamente.
—Es cuestión de horas antes de que todos aquí muramos de sed, así que es un buen momento para que comiences a cooperar.
Nott no se movió un milímetro.
—Me parece más que obvio que el encantamiento que intentaron hacer tú y tus amiguitos sólo sirvió para bloquear nuestro único contacto con el mundo exterior. Sé que yo soy el adulto que explica las cosas realmente difíciles aquí, pero esto es demasiado.
Estella apretó el hombro de Scorpius, en un intento por calmarlo. Y ella lo conocía bien, porque estaba a dos segundos de lanzarle un crucio en la entrepierna a Nott.
—El objetivo del encantamiento era precisamente el contrario…
—Y jamás hemos oído de encantamientos que salen mal cuando los hacen niños de Hogwarts…
—Si tú, tu padre y otros estúpidos no se hubieran unido a Voldemort, quizás hubiéramos ido a Hogwarts y nos reiríamos de tu chiste, imbécil —espetó Estella, dejando a todos los presentes callados.
Scorpius enrojeció, dándose por aludido, pero intentó disimular.
Incluso Nott pareció pensar mejor sus siguientes palabras.
—Conozco la magia que controla el portal. Fui participante cuando se erigió. Se necesitó la sangre de cada una de las familias que habitarían el Paraíso. Asumo que para revertir el encantamiento, debe hacerse lo mismo, de otra manera no funcionará. Obviamente jamás lo había intentado hacer a medias, pero aquí están los resultados…
Scorpius sintió calor en la cara. Vergüenza, suponía, porque en el fondo sabía que Nott sabía más de hechizos y magia que él. El solo hecho de haber ido a Hogwarts y haber estado ahí cuando el portal se había erigido le daba una ventaja sobre ellos. Era injusto, pero real.
—Muy bien, entonces eso podemos solucionarlo. Usaremos los ingredientes completos y forzaremos al portal a abrirse de emergencia. Supongo que incluso… ustedes estarán de acuerdo en que esto es una emergencia.
Nott asintió.
—Necesitaremos a sus contactos —dijo Scorpius—. Es urgente que traigan agua y la tengan preparada afuera antes de que sea demasiado tarde.
Esta vez Nott hizo un gesto de disgusto.
—Y no me vengas con mojigaterías, que sé perfectamente que tienes contacto con el exterior, yo más que nadie lo sé. Por lo menos úsalo para algo bueno.
Nott miró a sus guardaespaldas como si desconfiara de ellos también, antes de explicar.
—Perdí comunicación con ellos hace días. No han respondido ningún mensaje.
Scorpius entendió sus temores.
—¿Crees que nos han…?
¿Delatado, encontrado, traicionado?Había miles de posibilidades. ¿Cómo iban a conseguir agua ahora?
—Cierra la puerta, Lily.
No había tiempo que perder. Harry tenía carta blanca para realizar los interrogatorios, pero tampoco disponía de un giratiempos para entrevistarse con todos los sospechosos. En contra de todo protocolo, Ginny Potter estaba frente a frente con la vieja de dientes verdes del callejón. Y estaba dispuesta a todo para sacarle la verdad.
—Me vas a decir todo lo que sabes —ordenó Ginny—. Y cuando digo todo, me refiero a absolutamente todo. No a las medias verdades y mierdas que has soltado ahora.
Ginny volteó la silla y se sentó en ella a horcajadas, con su pecho contra el respaldo. Así estaba frente a la anciana, lista para sacarle toda la información. La mujer sólo la miró con sorna. Eso enfureció a Ginny.
—¿Sabes quién mató a Bellatrix Lestrange?
La mujer resopló.
—Tu madre —dijo—. No me digas que ibas a intentar tomar el crédito.
Ginny sonrió de medio lado.
—¿Sabes por qué mató mi madre a Lestrange?
La mujer se encogió de hombros sin cuidado.
—Esa hija de puta —explicó Ginny, sin censurarse ni media palabra— se atrevió a buscar dañarme a mí, su hija. ¿Y sabes por qué estás tú aquí?
La mujer ya no estaba prestando atención, así que la tomó por sorpresa el encantamiento que chocó contra ella de golpe y la dejó sin aire.
—Estás aquí porque mi hijo está en peligro. Y no voy a permitir que le pase nada.
Ginny no se tentó el corazón. Jugó todas las cartas que su conciencia le permitía.
—¡No sé, no sé por qué no se abrió! —gritó la mujer tras varios encantamientos.
Ginny se detuvo un segundo.
—Pero sabes algo. Y me lo vas a decir.
Mientras algunos preparaban todo lo necesario para abrir el portal de emergencia, Scorpius y Nott discutían cómo solucionar el mayor problema al que se enfrentaban: el agua.
—Hay por lo menos dos maneras de conseguirla —dijo Nott—. Y no me extraña que un mocoso como tú no haya pensado en ellas.
—Bueno, sé un héroe y dinos —respondió Scorpius rodando los ojos, ya harto del tipo—. ¿Cómo vamos a salvar la situación?
Nott sonrió levemente, triunfante.
—Los elfos domésticos pueden saltar las barreras —dijo—. Enviémoslos por agua mientras resolvemos lo del portal.
—¿Y si no se vuelve a abrir de nuevo el portal?
—Será un problema para resolver cuando estemos seguros de que realmente es un problema, Malfoy. Por ahora lo más probable es que hayas intentado abrir una puerta con la llave equivocada: la atascaste por imbécil, pero tiene solución.
Scorpius lo fulminó con la mirada.
—¿Y cuál es tu brillante idea número dos si esta no funciona?
Nott lo miró con desdén.
—No te la diré hasta que la necesitemos. Mientras tanto, se hará como yo diga.
Scorpius tuvo ganas de soltarle un puñetazo en la cara, pero se contuvo. Para todo había un momento y un lugar. Cuando resolvieran el lío en el que estaban metidos, entonces se encargaría de destrozarle la cara de pretencioso a Nott.
Lily Potter puso en la mesa del comedor el objeto oscuro que habían encontrado en la guarida de la vieja bruja. Su madre había interrogado a la mujer sin remordimientos, algo que había resultado increíblemente fácil de hacer cuando sabía que la vida de Al pendía de un hilo. El resultado del interrogatorio había sido una redada de cuatro personas a una bodega en apariencia abandonada en el Londres muggle. Ahí habían encontrado ese espejo comunicador que estaba encendiendo todos los chivatoscopios en casa de los Potter. Alguien bajo tierra tenía la pareja de ese espejo y por ahora era la única esperanza que tenían para comunicarse con Al.
Harry, James, Ginny y Lily miraron el espejo en silencio unos segundos. No habían reportado su hallazgo ante el Ministerio, temerosos de que se volvieran en su contra ahora que tenían información. Necesitaban tener alguna ventaja.
—¿Deberíamos intentar usarlo ya? —preguntó James, ansioso.
Harry negó con la cabeza.
—No lo sé.
—Tenemos que pensar muy bien lo que haremos. No sabemos cómo reaccionará el Ministerio o los Desaparecidos si se enteran de que lo tenemos —dijo Lily.
Ginny estaba frunciendo el ceño con los puños apretados. Sabía que quería hacer algo y quería hacerlo inmediatamente, pero también sabía que esta sería probablemente su única oportunidad para ayudar a Al y tenían que hacerlo bien.
—Consultemos con Hermione y Rose —propuso entonces—. Quizás ellas tengan una mejor idea de qué debemos hacer con esto.
Harry, James y Lily asintieron.
Los elfos del Paraíso se concentraron en un pequeño círculo en medio de la sala. Estaban todos: los de Nott y los del lado Malfoy. Todas las pequeñas criaturas lucían en sus caras un espectro de emociones variadas: algunos parecían aterrados, otros miraban con recelo, otros temblaban de felicidad al ver una oportunidad de ayudar.
Scorpius lo miraba todo con ojos calculadores. A su lado estaba Albus, quien seguía enojado con él pero también estaba demasiado preocupado por la situación y se negaba a ser excluido.
—¿Cómo están seguros de que los elfos regresarán con agua?
Scorpius lo miró de reojo.
—Los elfos tienen ataduras a la sangre de sus familias mágicas desde tiempos inmemoriales —explicó—. Las pueden romper, pero a menos que el amo haya dado una prenda, el elfo muere.
Albus soltó un jadeo.
—¡¿Y ellos saben eso?! —preguntó, alterado.
Scorpius se sintió un poco mal por la ignorancia de Al en muchos asuntos mágicos. ¿No se supone que el que había ido a Hogwarts era él?
—Ni siquiera muchos magos saben eso. Debes tener tiempo para leer y libros oscuros a tu alcance —concluyó, antes de girarse para ver a Nott actuar.
Nott dio un paso adelante.
—Harán cuatro grupos —explicó en voz de mando—. Ahora.
Algunos elfos se desvivieron por separarse en cuatro esquinas, pero sin más guía que aquella orden se quedaron dando vueltas confundidos. Algunos temblaban en una esquina mientras otros iban de una esquina a otra mirando alrededor, buscando a alguien que les ordenara dónde quedarse. Mientras tanto, otro grupo de elfos leales a la sangre Malfoy se quedaron firmes en sus lugares, decididos a no seguir las órdenes de un enemigo.
Nott parecía a punto de explotar contra ellos.
Scorpius intervino para dar órdenes específicas de qué elfos deberían ir en qué grupo. Pronto, todos estaban separados en cuatro grupos y lo miraban fijamente con sus grandes ojos bien abiertos.
—El primer grupo son ustedes —declaró Scorpius, señalando un grupo de elfos en el que había colocado una mayoría de elfos suyos o de familias aliadas— . Y ustedes se van a quedar aquí para seguir atendiendo todas las necesidades del Paraíso.
Nott frunció el ceño, pero no pudo intervenir antes de que Scorpius continuara.
—Los otros tres grupos seguirán las órdenes del señor Nott.
—Ustedes serán los primeros en desaparecerse —ordenó entonces Nott, de mala gana—. Dos grupos irán primero, unos escaparán hacia el norte y otros hacia el sur. Su misión será encontrar agua y traerla inmediatamente. El tercer grupo esperará señales de los dos primeros. Si todo está en calma, ayudarán para traer la mayor cantidad de agua posible.
Habían discutido sobre la cantidad de elfos que estarían dispuestos a sacrificar en aquella jugada. Scorpius hubiera querido negarse a enviar a esas criaturas como cerdos al matadero a aquel mundo de la superficie, donde según Albus ni siquiera había muchos otros elfos, pero no había tenido otra opción. La situación estaba por volverse insostenible. Necesitaban agua urgentemente.
Ron, Rose y Hugo se habían unido al grupo que estaba de pie alrededor de la mesa del comedor de los Potter, observando el espejo encantado que probablemente les abriría comunicación con los Desaparecidos. Hermione estaba ocupada en el Ministerio y no quería irse de allí, porque entonces se quedarían sin información del interior e irían aun más a ciegas. Por ahora, Hermione no había querido (o quizás no había podido) decirles nada acerca de la situación desde el punto de vista del Ministerio, así que tenían que buscar una manera de usar el espejo por sí mismos.
—¿Quién debería usarlo?
—Alguien a quien los Desaparecidos no conozcan, probablemente, así la situación sería un poco más neutral —dijo Rose.
Algunos asintieron, pero otros no estaban tan convencidos.
—Si lo hago yo —dijo James—, ¿creen que funcione? Quizás si ofrezco un rescate por Albus…
—Puedo hacerlo yo —ofreció Lily—. Quizás tengan compasión por una mujer —sugirió.
Ninguno se atrevía a dar una respuesta concreta. Antes de que alguno dijera algo más, sonó una alerta en la casa.
—¿Qué es eso? —preguntó Hugo asustado, tapándose los oídos.
—La alerta del portal —explicó Harry, ya preparado para desaparecerse—. Alguien ha cruzado el portal. Debemos ir ahora mismo.
Bajó las barreras antiaparición de la casa y todos se desaparecieron ahí mismo.
Los elfos cruzaron las barreras con suaves sonidos de "pop" y aparecieron desorientados en varios lugares de la superficie. Algunos aparecieron fuera del parque y lograron comenzar su misión de buscar agua. Pero otros aparecieron alrededor del portal. Sobre esos elfos cayeron inmediatamente jaulas mágicas que los retuvieron. Los aurores e incluso los inefables, que ya no estaban preparados, corrieron sorprendidos a ver quién había caído en la trampa.
—Son elfos domésticos —exclamó uno, quien pudo reconocer a las criaturas como las que trabajaban en Hogwarts en su infancia.
—Imposible —dijo otro—. ¿Tantos?
—Estaban con los Desaparecidos —concluyó otro.
Los elfos temblaban en las jaulas, mirando todo con pánico al no poder obedecer las órdenes que les habían dado. Varios empezaron a darse de golpes contra las jaulas.
—Hay que interrogarlos —ordenó por fin un inefable.
Ante esa escena llegaron los Potter, quienes perdieron la esperanza al constatar que no era su hijo quien había logrado escapar, sino algunos elfos.
—¡Hay más! —gritó de repente un auror desde el borde de las barreras.
El grito se propagó y pronto otros elfos comenzaron a ser perseguidos.
De los primeros dos grupos de elfos, lograron regresar tres. Traían agua con ellos. Toda la que habían podido transportar con su magia y sus pequeños cuerpos. Pero no sería suficiente más que para evitar muertes de manera urgente.
Nott casi los mata a golpes, de no ser por la intervención de Scorpius, quien quería interrogarlos. Nott y él se los llevaron a un pasillo, donde sólo algunos curiosos miraban desde lejos. Inmediatamente supieron las noticias: Estaban rodeados. Alrededor del portal había aurores, inefables y mucha más gente esperando a que salieran.
—Es una trampa —concluyó Nott, cuyo rostro delataba un dejo de pánico—. No debemos abrir el portal ni salir. No podrán esperarnos para siempre.
—¡Estamos sitiados, estúpido! ¿Y qué propones? ¿Que nos quedemos aquí y muramos de sed y ellos por fin se libren de nosotros como siempre han querido?
El rostro de Nott cambió. Como si tuviera una idea. Lo miró con desdén.
—No seas absurdo —dijo Nott—. Es hora de usar la siguiente opción.
—¿Y cuál es tu maravilloso plan B?
—Usamos al rehén que has traído contigo, por supuesto.
Scorpius sintió que la sangre le hervía.
No vas a tocarle ni un pelo a Albus, pensó. Pero no lo dijo, no jugaría sus cartas inmediatamente. Su furia sólo se manifestó en una explosión de magia que podría imputar a su desesperación.
El terremoto que comenzó tras su pequeña exaltación no pudo explicarlo, porque removió cada parte del suelo del Paraíso. Y Scorpius sabía que aquello era un poder mucho más grande que él.
—¡¿Qué está pasando?!
Los gritos no se hicieron esperar. El suelo ondulaba en sus pies como nunca antes lo habían sentido. La tierra comenzaba a separarse y dejar grietas en algunos lugares, los árboles crujían y parecían inclinarse sobre ellos. Se escuchó un ruido estrepitoso. El parque se llenó de gritos y alertas.
No muy lejos de ahí, Hermione Granger huía del Ministerio de Magia junto con otros magos que todavía se encontraban ahí a esas horas. Algunos habían tomado las cosas valiosas que tenían al alcance, otros habían corrido queriendo rescatar algún objeto valioso, algunos más habían salido huyendo sin más.
Hermione supo inmediatamente qué rescataría en la confusión: una copia del archivo que los inefables tenían acerca del tema de los Desaparecidos. Apenas tuvo tiempo de echar los polvos en la chimenea del atrio. Lo que vio junto antes de ser propulsada la dejó sin habla: el Ministerio caía a pedazos. Las estatuas, las paredes, los pisos superiores sobre los inferiores. Todo caía. Nadie estaba atacando, nadie estaba defendiendo. Simplemente, la tierra misma se estaba tragando al Ministerio, quizás para no dejar rastro.
.o.o.o.o.
Muchas gracias a quienes le dan una primera, segunda y hasta tercera oportunidad a esta historia. Y feliz cumpleaños a mí ^^
