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Disclaimer: The PowerPuff Girls o cualquier personaje de esta historia no son de mi propiedad.

Capítulo 17. Verdad.


Tanto la familia de Blossom como la de Brick al enterarse de esto, comenzaron a visitar la casa de la pareja para darle su apoyo y acompañarlos durante los primeros días que sucedió el accidente. Pero había algo que los tenía aún más preocupados y es que Brick apenas pasaba por casa por lo que era difícil encontrarlo por allí. Él prácticamente se pasaba los días en el hospital y a veces no volvía a su hogar ni para dormir.

Pero las pocas veces que lograban hallarlo por ahí, Blossom casi siempre sacaba una excusa para irse lo antes posible y no tener que pasar mucho tiempo allí. Ella no lo miraba a la cara o se limitaba a saludarlo con la mano sin verlo directamente, a pesar de que siempre sentía esa incomodidad a su lado puesto que él se quedaba ahí, parado o sentado, con los ojos rojos penetrantes sobre ella y no había manera de que los apartara, ni siquiera si hablaba con otras personas. Princesa por su parte, seguía despreciándola y riéndose de ella cuando tenía oportunidad. Todo esto llevó a que finalmente desistiera y no volviera a visitarlos. Al principio se obligó a visitarlos por pura cortesía, pero no aguantó demasiado el ambiente tan pesado e incómodo que se formaba cada vez que los tenía a ambos delante.

Y así pasaron semanas y aunque Blossom no podía evitar preocuparse por el estado de Brick, recordaba cada una de sus palabras. Amigos… se le revolvían las tripas. Era lo mejor para todos, todos salían ganando y nadie sufriría más de lo necesario.


Ahí estaba. Días y noches, pasando las horas sentado en una silla sin apartar la mirada de la persona que descansaba en una camilla rodeada de mecanismos. En ocasiones acompañado, en ocasiones solo, pero él no se movía de ese lugar hasta tal punto que se le olvidaba hasta comer. A veces iban a visitarlo y hacerle compañía, pero a pesar de que estuviera Princesa, alguno de sus amigos o su hermano, el sentía como todo a su alrededor estaba más solitario que nunca.

—Buenos días. —saludó a una de las enfermeras que pasó por delante de la cafetera.

Era un miércoles soleado, perfecto para salir a la calle y pasear. Pero por su cabeza no pasaba alguna idea como esa. Escuchó aquel ruido que ahora se le hacía tan conocido de la cafetera preparando su café cortado y optó por esperar a que terminara sentándose en una de las tantas mesas de la cantina. Observó su reflejo en el gran ventanal del primer piso; grandes ojeras grisáceas, barba de varios días y despeinado. Esto era algo extraño en él puesto que siempre cuidaba mucho su apariencia y pocas veces se le veía desarreglado… igualmente no le importaba ni lo más mínimo. Levantó la vista al cielo y recordó que, en días como estos, él solía disfrutados al lado de…

Volvió su vista a su reflejo, entonces se dio cuenta. La necesitaba, lo sabía porque seguramente si ella estuviera ahí, él no estaría tan deshecho y sin ganas de vivir.

He hecho tantas cosas estúpidas en mi vida… pero creo que esta ha sido la peor.

Brick lo había reconocido hace poco. No. Posiblemente desde el último día que la vio, o tal vez la última vez que habló con ella o… seguramente desde que él mismo la echó de su vida sin darse cuenta. Cerró los ojos, sentía aquel agobio en la garganta que indicaba que quería llorar otra vez. Que pena que ya no le quedaran lágrimas de vergüenza.

No puedo vivir sin ti, pero… creo que es demasiado tarde para eso. Ojalá estuvieras aquí.

Se exaltó un poco al escuchar aquel sonidito que indicaba que su café ya estaba listo, parpadeó un par de veces como si volviera a alguna realidad que estaba lejos de ser un sueño. Creyó que un poco de aire fresco le disiparía esos estúpidos recuerdos dolorosos, tomó su vaso y salió a la puerta del hospital, sacó un cigarrillo y comenzó a fumar.

Su corazón palpitó con tanta fuerza de un solo latido que el aire se cortó en sus pulmones. Se atragantó con el humo del cigarro y tosió varias veces para dejar que este cayera. Escuchó una voz que lo alarmó y miró por todas partes hasta que de soslayo notó una larga cabellera pelirroja que reconocía a la perfección. Al girar la vista, tuvo que juntar todas sus fuerzas para que el café no cayera también y se desparramara por el suelo.

—¡Oh, por todos los dioses, Brick!

Llegó corriendo hacía él. Entreabrió la boca y sus ojos vagaron por sus caucásicas fracciones. El tacto cálido de su mano recorrió todo su cuerpo desde su mejilla hasta los dedos de los pies. Se dio cuenta que estaba acariciando su rostro con esa preciosa y fina mano que siempre adoraba besar.

—Pero, ¿¡qué te ha pasado!? Estas… estás…

Su voz, esa voz… ¿Cuánto tiempo había pasado sin escucharla? Su cabello pelirrojo atado en una coleta alta ahora estaba un poco más corto de lo normal y sus orbes rosas ya no lo veían con esa mirada puntiaguda y desgarradora. Lo veía como si realmente se preocupara por él. Incluso por una décima de segundo había notado algo… distinto, un brillo diferente, algo… no sabía explicarlo, pero ante sus ojos se veía más hermosa que nunca.

—Han pasado casi dos meses y… te ves tan… diferente. No te has estado cuidando ¿cierto? Madre mía, te ves más delgado incluso. Ay, Brick no puedes…

Y Brick permanecía callado, pensando que todo era una macabra broma de su subconsciente y que esto era un cruel sueño. Como si no fuera algo real, también levantó su mano para comprobar que no era ninguna fantasía, pero tan pronto como pudo sentir que era algo real y rozó sus dedos con su suave piel, ella se apartó. Con sus labios formando una fina línea y la mirada en otro lugar, dio varios pasos atrás para alejarse de él y volteó hacía el lugar por donde ella había aparecido.

El pelirrojo desvió la vista también y por allí venían caminando su hermano y un pequeño que andaba a su lado con algo de torpeza ayudado por su padre que le agarraba de la mano para que no cayera. Un momento… no recordaba que su hijo pudiera andar ¿Tanto tiempo había pasado? Un rastro de decepción parpadeó en su expresión. Por un momento pensó que tal vez ella sola y por su cuenta había decidido ir a visitarlo.

—¡Brick! —lo llamó de lejos. Aceleró el paso y se tiró a sus brazos, abrazándolo fraternalmente. — Estás muy descuidado, casi no te reconocía y a penas te he visto aparecer por tu casa. Estoy preocupado por ti…

No dijo nada, no respondió. La voz simplemente no salía, no tenía las fuerzas suficientes para hablar. Se limitó a corresponder ese abrazo que, aunque no fuera de quien más quería en ese momento, necesitaba como una droga. Un par de lágrimas traicioneras se resbalaron por sus ojos, tuvo que esconder su rostro en el hombro de Dexter para poder ocultarlas, cada vez eran más abundantes. Estaba llorando, otra vez y él creyendo que estaba ya seco por dentro.

Blossom mientras tanto observaba esta escena con una amarga angustia. Dolía verlo llorar y a la vez le traía malos recuerdos.

—¿Por qué sigues aquí todavía? Deberías volver a tu casa y comer algo. —Dexter se separó, dándole una palmadita en el hombro, con esa misma mirada preocupada.

—Ah. —suspiró con voz degastada. Miró su reloj de muñeca. —Es casi la hora de comer. No te preocupes, Princesa no tardará en aparecer para traerme algo.

Una punzada de dolor en el pecho que la obligó a bajar la cabeza y apartarse de ellos, dando media vuelta para que no vieran que se había sentido algo afectada. Pero esto no había pasado desapercibido por Brick.

Pasaron un rato más hablando aun cuando Brick no era muy propenso a ello. Les contó sobre el estado de su hija, los ejercicios musculares que le daba cada día y de vez en cuando se ponía melancólico. En tanto, Blossom se quedaba algo apartada de la conversación y cuidaba de su hijo que se sentó en un banco jugando con unos cochecitos de juguete.

Mientras lo veía de reojo se sonrojaba sin querer cuando él le devolvía la mirada y ella la apartaba rápidamente. Se acordó de cómo llegó hasta él, verlo en esa situación y como se había descuidado tanto, su mirada oscurecida y sin vida, se sintió tan mal que no se enteró cuando corrió hacia él con la intención de abrazarlo y besarlo hasta que borrara de su rostro esa mueca triste que no se había ido desde el día del fatídico accidente. Respiró hondo, necesitaba tranquilizarse y apagar sus sentimientos hacía él que todavía la reconcomían por dentro. Pensó que después de aquel tiempo sin verlo iba a ser capaz de estar junto a él y dejar en el pasado todo, que ahora iba a ser fuerte y hacer como si nada hubiera pasado, pero en el momento que lo volvió a tener frente a frente, había regresado a ese tiempo donde los dos podían estar felices y su relación florecía, sobre todo, a ese día bajo aquél enorme árbol junto a esas palpitaciones de intenso dolor. Obligó a su mente a callar por una absurda idea que pasó por ella. Si no pudo decírselo antes, ahora tampoco iba a ser así. Ya no merecía la pena hacerlo.

—¡Bricky-poo!

Todos los presentes se giraron en cuanto oyeron una voz aguda y chillona que llamaba desde lejos. Princesa aparecía con varias bolsas de tiendas de ropa y joyería, bajaba de un coche lujurioso negro, con un vestido que parecía bastante costoso y gafas de sol.

—Vaya, se le ve… bien. —murmuró Dexter algo avergonzado por los gritos de la pelirroja. Miró a su hermano, este tan solo se encogió de hombros.

—Digamos que lleva mejor las cosas que yo. Viene un día a la semana, pero por lo menos aporta algo de felicidad a esa habitación. —le respondió sin muchas ganas.

La chica de los cabellos rizados se abalanzó a los brazos de su esposo y le propinó besos sin descanso por toda la cara. Lo estrujó en un fuerte abrazo y se colgó de su cuello.

—Ay, Bricky ¡Te ves horrible! Tienes que volver a casa más a menudo o directamente no marcharte de nuevo. Ya casi ni te reconozco con estas pintas de… vagabundo. —hizo una mueca de disgusto mirándolo de arriba abajo. —Si total, ella no se va a mover de ahí, no hace falta que te quedes aquí todo el día.

Dexter se llevó una mano a la cara y Blossom torció la sonrisa. Brick rodó los ojos suspirando con resignación, le dio una pequeña sonrisa algo forzada y asintió sin más.

—Oh, vaya. Dexter, hola. No me había dado cuenta de que estabas aquí. —se giró hacía él y le dio dos besos ruidosos al aire. En cambio, al certificar que Blossom también estaba ahí, frunció el ceño y la miró por encima del hombro para volver a colgarse del cuello de Brick.

—Entonces ¿vamos dentro? Estoy deseando ver a mi niña. —dijo sin esperar una respuesta pues ya se estaba llevando a rastras a Brick hacía la habitación de Peach. La pareja que quedaba fuera se miró, conformándose con la situación que les tocaba y entraron también.


—Bloss, Brick y yo vamos a entrar primero ¿está bien? Quisiera hablar con él a solas un momento. Me llevo yo al niño para que pueda ver a su prima.

—E-eh… p-pero… —se mordió la lengua. Ahora le tocaría quedarse a solas con la princesita.

—No… te importa, ¿no? —preguntó algo preocupado de que luego tuviera problemas al llegar a casa.

—¡Claro que no! Entrad, yo… nosotras esperamos aquí. —río con nerviosismo y forzó una sonrisa. —pero por favor, no tardes. —le susurró al oído antes de que ambos pelirrojos desaparecieran por el pasillo.

Se sentó en una de las tantas sillas, tensa y con los bellos del cuerpo como escarpias. A su lado Princesa, masticando un chicle con un ruido estrepitoso. Pegó un pequeño respingo cuando ella guardó el móvil en su bolso.

—Eres una zorra.

Blossom abrió los ojos de par en par, y volteó lentamente hacia Princesa, sin creer realmente haber escuchado aquello.

—¿Per…dona?

—Al parecer. —hizo una risa nasal con una sonrisa socarrona que se agrandaba conforme hablaba. —Al parecer ahora… ya no vas a poder quitármelo. —sacó un espejo de bolsillo del bolso y un pintalabios de un color malva, seguía sonriendo mientras terminaba de retocarse el maquillaje. —Ya no se va a apartar de mí. Ay, de verdad me parece increíble que hiciera falta algo como esto para que mi Bricky se diera cuenta de que su deber es estar siempre a mi lado, pero bueno, tú sabes, los hombres. Y, además, no es por ser cruel, pero igual este era el empujoncito que necesitaba para saber al fin que a quien ama es a mí, no a una plebeya como tú. —guardó sus utensilios en el bolso de nuevo y esta vez se rio con ganas.

Si ya tenía los ojos abiertos por el insulto con el que se había atrevido a llamarla, ahora no le cabían en las cuencas oculares. Blossom tuvo que aguantarse las ganas de vomitar. Se quedó asqueada y aterrorizada por sus palabras, pensando cómo era capaz de expresarse de esa manera, sobre todo cuando su hija estaba en estado vegetativo en una cama de hospital.

Seguía y seguía riendo como si toda esa situación fuera de lo más hilarante. Se levantó enfadada y la encaró con el ceño fruncido y los puños apretados.

—¿¡Eres consciente de las palabras asquerosas que suelta tu boca!? ¿Estás diciendo que el accidente de TÚ hija ha sido el empujón que necesitabas para que Brick se fijara en ti? Eres… eres…

—¿¡Ah, soy qué!? —Princesa también se levantó clavando sus tacones en el piso, y empujando a la pelirroja de un manotazo, haciendo que casi perdiera el equilibrio y cayera. —¡Vamos, atrévete a decirlo! Tú, la niña con los modales de oro y el vocabulario perfecto ¡Sólo eres una zorra, una arpía que intentó robarme a mi amorcito! Pero a adivina qué… te salió la jugada mal. Porque él está conmigo y no hay nada que puedas hacer para evitarlo. —levantó su mano derecha, señalando el anillo brillante en su dedo anular. —y esta es la prueba.

Blossom rechinó los dientes, sus ojos comenzaron a tornarse rojos de la furia y tuvo que contenerse para no desintegrarla con sus rayos láser.

—No seas ridícula. —rio irónicamente. —un anillo no demuestra nada. No es por ser… cruel, pero antes de que Brick si quiera pueda aguantar estar a tu lado un segundo, se acabaría el mundo ¿Por qué crees que se pasa aquí los días al lado de su hija -que si lo necesita- y no pasando rato contigo para consolar tu "dolor"? Déjame que te lo recuerde porque seguro que ya lo sabes: NO te soporta.

Princesa gruñó cual gato antes de entrar en una pelea y se lanzó sobre Blossom intentando arañarla y agarrándola del cabello para tirar de él. Blossom se sorprendió ante esto y por unos segundos se quedó en shock, asustada. Este despiste fue lo que le permitió a la pelirroja de pelo rizado propinarle un par de rasguños en los brazos. Reaccionó, pero antes de que pudiera siquiera golpearla, alguien la apartó, agarrándola por los brazos con algo de fuerza.

—¡Blossom! ¿Pero qué estás haciendo? —Lo primero que vio fue la cara de Princesa roja de la rabia siendo sujetada por alguien, después se giró para ver a Dexter con una expresión asustada, pero sobre todo preocupada.

—¡Que cojones pasa aquí! Se os oía desde la otra punta del hospital ¿Por qué mierda os estabais peleando como un par de verduleras? —exclamó Brick el cual era el que sujetaba a Princesa que paró de forcejear al escuchar su tono de voz furioso. Blossom agachó la cabeza sonrojada de la pura vergüenza por haber perdido los papeles de esa manera.

La chica pecosa se separó de su esposo y se giró sobre sus talones para verlo suplicante, mientras Dexter dejaba de sujetar a Blossom aún confundido, ella no levantó la vista, se quedó ahí parada con la cara cual tomate.

—¡Yo no fui Bricky, créeme! ¡Empezó esa…! —se tragó la palabra que iba a soltar con asco al ver la expresión intimidante del pelirrojo que la obligaba a callar.

—Estás loca, yo no he empezado nada. Si tuvieras más lenguaje esto no hubiera pasado.

—¡Mira, no te atrevas a dirigirme la palabra en tú vida, suripanta! Yo no miro a plebeyas como tú.

—Ah, ¿sí? Pues a lo mejor deberías-

—¡Silencio!

Habían empezado a pelear de nuevo y Brick tuvo que alzar la voz para que ambas dejaran de comportarse como niñas.

—Pe-pero…

—Largaos de aquí ¡Ya!

—Pero Bricky…

—¡FUERA! ¡LAS DOS! No quiero veros.

Princesa arrugó el morro y la nariz, alzó la cabeza con orgullo y se fue de allí con pasos largos, haciendo ruido con sus tacones de aguja. Blossom no dijo nada más, si ya le costaba ver a Brick a la cara, ahora ya no podía ni levantar la cabeza, le pidió a Dexter que la acompañara al baño y juntos se fueron con Holly que miraba todo con curiosidad, pero riendo un poco por como su madre estaba super roja y despeinada, aunque tenía que admitir que ese señor de los ojos rojos le dio algo de miedo cuando gritó.

En el camino hacia el baño, aguantó y aguantó, pero ya no pudo más y acabo llorando a más no poder abrazada a su marido, que, aunque no entendía bien la situación, no dudo ni un segundo en consolar a su mujer. Blossom no decía nada, tan solo sollozaba y dejaba que todo ese mal interior se disiparía con sus lágrimas.

AAAAAAAAAAA

—Toma.

—Gracias, Dex. De verdad siento mucho lo de antes, tanto la pelea como, bueno…

Le dio un pequeño mordisco al croissant de crema que habían comprado en la cafetería, y sonreía ligeramente al ver como Holly se emocionaba con la bolsa de dulces que su padre le había comprado. Después de haberse desahogado -sin querer- hacía unos minutos, Dexter pensó que era buena idea que comiera algo y se relajara.

—No te preocupes ¿vale? Es natural que con tantas cosas malas no te sientas bien y quieras llorar un poco. —le sonrió con ternura para después darle un rápido beso en los labios.

—Ya…

—Este… —jugó con sus dedos algo nervioso, se acordó que tenía un asunto importante que atender. —Vengo en un momento, tengo que… tomar una cosa que se me olvidó en el coche. —Blossom asintió con normalidad y se quedó con su niño comiendo algunos dulces.

Al salir de la cafetería, Dexter recorrió los pasillos del hospital con paso firme. Tenía que hacer algo importante, no le gustaba ocultarle cosas a Blossom, pero sabía perfectamente que si se lo decía ella se negaría rotundamente. Primero miró por la sala donde se encontraba su hermano, pero no estaba allí, se paseó por varios aseos, pero tampoco, así que lo último que pensó es que tal vez estaría fuera.

Y así cuando cruzó la puerta de la salida, encontró a la persona que quería fumando un cigarrillo apoyada en la pared aún con la cara de indignada de antes.

—Princesa, aquí estás. Te estaba buscando. —Dexter frunció el ceño y se cruzó de brazos, listo para reclamarle todo lo que le había dicho a Blossom. Ella lo miró por un segundo, pero enseguida apartó la vista con desinterés. —¿Cómo puedes decir…?

—Mira cerebrito, antes de que digas nada o vengas aquí creyendo que tienes derecho a reclamarme algo o pedirme que me disculpe, creo que te puedo contar algo que te interesa. —tiró su cigarrillo y lo estrujó con la aguja de su tacón. Se giró hacia el llevándose las manos a las caderas.

—¿Qué? ¿Qué me tienes que decir tú a mí que me interese? —

—Todo. —sonrió con malicia y se echó el cabello para atrás. —Tu plebeya de ojos raros y mi maridito que también es tú hermano, han sido amantes por prácticamente un año.

Dexter dio unos pasos atrás, abriendo los ojos y observándola de arriba abajo como si delante de él hubiera una especie de extraterrestre.

—¿Pero qué locura estás diciendo? ¿Pretendes que me crea esa estupidez? — la miró con desconfianza, casi riéndose por creerlo una enorme falacia.

—Ay cuatro ojos, eres peor que un ciego. —comenzó a reírse con la misma malicia de su sonrisa.

—¿De qué te ríes? —preguntó sintiéndose ahora algo enojado por la manera en la que le estaba tomando el pelo.

—De que esas gafas no te ayudan para nada. Te han estado poniendo los cuernos durante tanto tiempo y tú eres tan pero tan idiota que ni siquiera has llegado a sospechar algo. En cambio, yo lo sabía incluso antes de que sucediera. —pestañeó exageradamente con orgullo, a pesar de que eso no era algo para enorgullecerse.

—Esto es ridículo ¿Cómo se supone que vaya a creerte? Y más a ti ¿Acaso tienes pruebas? —pateó el suelo con impaciencia, frunció el entrecejo y optó por marcharse, pero Princesa lo detuvo con sus palabras.

—Oh, está bien. No me creas a mí, yo no tengo las pruebas, pero para empezar con algo obvio; revisa el celular de tu amada, sus mensajes y llamadas… —se acercó a él contoneando sus caderas y le susurró al oído antes de marcharse y entrar de nuevo al hospital. —Igual te llevas una gran~ sorpresa.

Dexter se quedó inmóvil por unos segundos, con la mente en blanco. Negó con la cabeza, eso era un malvado embuste que solo se le ocurriría inventar a la mente criminal de esa pelirroja del diablo. Estaban hablando de Blossom, BLOSSOM. Además de que también metía entremedio a su hermano, el cual sería incapaz de hacerle una cosa como esa.

Aunque bueno… también era el adorado marido de Princesa ¿Entonces, por qué inventaría algo tan horrible sobre él?

Caminó perdido por sus pensamientos hasta que llegó a la cafetería y saludó a ambas personas que estaban sentadas en la misma mesa, esperándolo, aunque Holly se encontraba llorando, estaba tan absorto en sus ideas que fue sentarse y no decir nada.

—Dexter, voy al baño con Holly, que se ha manchado toda la camiseta de helado de chocolate. —Blossom se despidió de él y corrió fuera con su niño echo un mar de lágrimas al baño agarrado a su mano. En ese momento el chico de las gafas pareció despertar y miró a todos lados. Blossom no estaba. Se fijó en el bolso de esta reposando sobre la misma mesa. Tragó saliva recordando las palabras de Princesa, pero rápidamente contuvo su mano que se acercaba al bolso.

—No, no… no puedo hacer eso, estaría mal… —pero su vista voló de nuevo hacia este bolso, ahí estaría el celular. Volvió a alargar el brazo. —Pero… si es mentira no tendría nada que ocultar ¿no? No pasará nada por mirar, seguro que está todo normal. —se convencía en su interior mientras agarraba el móvil, con suerte no tenía algún tipo de bloqueo, cosa que le proporcionó algo más de tranquilidad. —Veamos…

Con el dedo tembloroso, lo primero que abrió fueron las llamadas.

Pues no hay nada extraño… mmmm… Un momento.

En las últimas llamadas que tuvo no había rastro del nombre de su hermano, pero cuanto más deslizaba el dedo, su nombre aparecía con más frecuencia. Su labio inferior tembló.

Bu-bueno… tal vez, como durante un tiempo comenzaron a llevarse tan bien, pues igual… se llamaban. Sí. Pero como amigos…

Algunas llamadas estaban grabadas y no dudó en escucharlas.

Su corazón que latía con rapidez por los nervios, ahora se detuvo, como si todo hubiera pasado y pudiera respirar con tranquilidad. Pero a su pesar no era así. Observó meticulosamente el celular rosado para cerciorarse de que, efectivamente, era de su esposa.

Ahora con las manos temblando como el agua, abrió con torpeza los mensajes y lo que leyó acabó por quitarle el aliento. Emblanqueció y un pequeño tic apareció en su ojo derecho. Todo lo que había escuchado, todo lo que había leído… Era cierto, Princesa tenía razón. Blossom… Brick… Blossom y Brick… ambos…

Todos estos meses… se habían estado burlando de él delante de sus narices. Las dos personas a las que más quería en el mundo lo estaban engañando de la peor manera y por tanto tiempo… ¿Y que debía hacer ahora? ¿Cómo debía reaccionar a esto? Ni en sus más oscuras pesadillas podría haber pensado algo así. Seguramente… por eso, por eso mismo es que había estado distante con él este tiempo.

Agachó la mirada y guardó el celular donde correspondía, se quedó ahí, quieto y contando hasta diez para tranquilizarse. Un par de minutos más tarde, apareció Blossom con el niño ahora sonriente y comiendo de su bolsa de dulces.

—Ya estoy aquí. —tomó asiento delante de él con una pequeña sonrisa, pero esta se borró enseguida al ver que Dexter estaba cabizbajo, se preocupó y le tocó el hombro. —¿Ocurre algo Dexter?

Dexter levantó la cabeza e hizo una mueca que ocupaba el lugar de una sonrisa hueca.

—No.


Ya se destapó la verdad askdjfas se viene lo bueno jejeje. Espero que os haya gustado, yo estoy emocionada pero a la vez algo triste porque ya no queda mucho para que acabeeee aaaa ;; ¿Qué creéis que vaya a hacer Dexter ahora que sabe todo? yvy