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Yamato Ishida: un ejemplar esposo y padre de familia con un trabajo un poco peculiar que le lleva a increíbles viajes a través del universo y del espacio-tiempo junto a su fiel compañero Gabumon, para salvaguardar su futuro, su presente, su pasado y por supuesto su adorada familia.

Él es:

COMANDANTE ISHIDA

B-Impressive-(con canción de Linkin Park)

Un nuevo día amanecía en el idílico hogar de Comandante Ishida, aunque para él, el amanecer había llegado todavía en la más profunda oscuridad. Concretamente tres horas antes en forma de sol rubio saltando sobre su tripa y levantándolo del lecho. El equipo rubio debía entrenar. A Yamato no le pasó desapercibida la risita de Sora que trató de disimular haciéndose rápidamente la dormida. Resopló adormecido, pero como padre ejemplar que era se colocó su ropa deportiva y, todavía bajo las estrellas, salió al jardín con su nena.

Cuando los rayos del sol impactaron en sus rostros, Yamato decidió que ya era hora de refrescarse y huyó a la ducha. Aiko, en cambio, siguió practicando su sprint. Y también sus artes culinarias para desgracia de Yamato. Un batido de huevos crudos y mayonesa fue lo que halló al salir del baño. La risita de Sora ya completamente despierta fue más difícil de disimular. Lo hizo, sirviendo desayunos decentes a sus hijos. Yamato lo vio y bufó:

—Ai-chan, ¿qué es esto?

La niña lo ofrecía, todavía con su ropa deportiva y una amplia sonrisa.

—¡El desayuno de los ganadores! —anunció orgullosa—, lleva mayonesa.

La risita esta vez ya fue imposible de encubrir, lo que molestó a Yamato. Encontró los ojos de su esposa que le ofrecían una disculpa aunque sus labios susurraron:

—Huevos con mayonesa, Yamato.

—¿Puedo probar yo? —preguntó el pequeño pelirrojo, con la cucharita con restos de mayonesa en la boca. Tan adicto como su padre.

—No cariño, esto es para los deportistas de hoy.

Yamato rodó los ojos acercándose. Era obvio que no encontraría el apoyo de su esposa. Tomó el vaso y sin dejar de mirarla, lo llevó a los labios. Tal acción causó un gran asombro en Sora.

—¿Vas a beberlo? —susurró.

Sintió una extraña satisfacción por impresionarla de esa manera aunque eso significara que ya no podía echarse para atrás. Ahora era una cuestión de orgullo beber ese potingue. Tragó y se relamió los labios. Un último vistazo a su alrededor hallando las atentas miradas de toda su familia: la de preocupación de Sora, la de curiosidad de Piyomon, la de "yo también quiero" de Yuujou y Tsunomon y la pura; dulce, y brillante como el cielo de su cielito-sol que lo contemplaba como a un gran héroe. Exhaló y cerró los ojos, inclinando el vaso. Notó la textura rozar sus labios pero entonces una alarma le hizo detenerse. Respiró aliviado. Nunca antes había agradecido tanto una:

"Alerta Digital"

—¡Yamato debemos irnos! —Apareció Gabumon, que había estado apurando las sábanas.

—¡El mundo me necesita! —exclamó, dejando el vaso en una fingida resignación.

Aiko saltó ante él apurada.

—Pero papá, hoy es el día de la carrera padres e hijos de la semana deportiva. Me prometiste que correríamos juntos.

En efecto, esa era la razón por la que su hija le había impuesto semejante entrenamiento y dieta. Obviamente si hubiera sabido esto de antemano Comandante Ishida, el padre ejemplar, habría derivado la función de correr en el evento padres e hijos a la orgullosa madre de la criatura. Aunque esto era algo que jamás reconocería porque también era un esposo ejemplar.

Se agachó a su cielito y le tomó la naricita entre los dedos.

—No pongas esa cara cielito, estaré a tiempo. Somos el equipo rubio, ¿recuerdas?

La niña asintió, pero inesperadamente para Yamato, tomó el batido.

—Bébelo por el camino, ¿vale?

Forzó una sonrisa mientras lo guardaba en su bolsa de viaje. Ahora quien se acercaba era Yuujou con Tsunomon en brazos, el cual le había tomado relevo en la degustación de la cucharita con restos de mayonesa.

—Papá, ¿por qué yo no soy equipo rubio?

Sonrió enternecido, frotando su pelirroja cabecita.

—Claro que lo eres. Lo más importante del equipo rubio es la sección pelirroja, no lo olvides.

Eso hizo que el pequeño sonriera orgulloso de su pelo. Infló el pecho mirando a su mamá, que con la misma sonrisa enternecida se acercaba a su esposo.

—¿Llegarás a tiempo? —preguntó en voz baja, acompañándolo a la puerta.

—Sí, no te preocupes. Será rutinario, ya sabes: saltar al espacio exterior, ser tragado por una puerta digi espacial, desfragmentación y recomposición molecular, hallar digimon genéticamente modificado a la deriva en el universo y encerrarlo sin que me lleve a ningún viaje espacio-temporal cuya presencia provoque el colapso de las dimensiones y fin del mundo —narró en tono aburrido. Sora asintió, no parecía nada de lo que debiera preocuparse—. No obstante, lleva tus deportivas, por si acaso.

—Esta bien, ten cuidado —besó sus labios y sonrió.

Y así, Comandante Ishida se dispuso a afrontar una nueva misión el día de la carrera padres e hijos del colegio de su hija.

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—Aquí Comandante Ishida orbitando en Hiperión. Solicito posición del enemigo.

Como estaba planeado, nada más que la nave salió de la exosfera, se produjo la apertura en el punto V-500. La puerta espacio-digital que le trasportaría en segundos a la órbita de una de las lunas de Saturno en donde se había registrado una brecha digital no controlada y por tanto un punto de investigación. Apagó los motores. No había signo de la brecha, ni tampoco de actividad digital. A veces las brechas quedaban abiertas un intervalo muy breve. Consultó en el panel de mandos.

"Verificando actividad digital"

"Verificando aperturas"

Suspiró recostándose en su asiento mientras se hacían las comprobaciones. Cerró los ojos un instante.

—¡Yamato! —Despertó por el zarandeo de su amigo. Sacudió la cabeza. Se había quedado dormido—. Ya lo encontramos.

"Detectada actividad del 0,5%"

Yamato suspiró, frotándose los ojos con fuerza.

—Se está cerrando. —Metió unos códigos en el panel de mando. El exterior de la nave empezó a brillar y parpadear. La tecnología de apertura de puertas digitales estaba incluida en la nave haciendo la función de un potente digivice. No solo abría portales al Digimundo, también a otros mundos y dimensiones siempre que hubiera un elemento que la atrajera, o lo que es lo mismo, un elemento originario de su dimensión, tanto real como digital. Normalmente ese elemento era el digimon que perseguían.

Un vórtice se fue haciendo más grande frente a ellos hasta el punto de absorber su nave y todas las partículas de su cuerpo. Cuando se recompuso, un cielo azul le rodeaba, lo que significaba que estaba en la atmósfera terrestre. Chequeó su panel de mandos.

"Desconocido"

Lo que significaba que no había sido un viaje temporal ya que estos transcurrían en su propia dimensión hasta que su incursión creaba una nueva, y también descartaba que hubiera viajado a uno de los mundos conocidos de su dimensión, ya que estos se hallaban registrados. Debería asegurarse pero lo más probable era que el digimon hubiera creado una brecha a un universo desconocido, lo que comúnmente se conocía como mundo paralelo.

Escondida bajo las nubes vislumbró una extensa población que al ir descendiendo fue reconociendo como Tokio, Shinjuku más concretamente. Alcanzó el edificio de su ayuntamiento, donde se situaba la sede del gobierno metropolitano de Tokio. En una de las torres fue donde aterrizó.

Se deshizo de su traje de astronauta y salió, no sin que Gabumon se escondiera en su espacio digital primero. Era una precaución que tomaban siempre. Camufló la nave con un holograma de una gigantesca gárgola cyberpunk, la cual creyó que pasaría desapercibida en ese edificio que semejaba a una catedral gótica futurista, y verificó su brazalete digital. La línea del mundo paralelo se cruzaba con la línea de su mundo formando una cuenta regresiva:

"Gran colapso en siete horas y treinta y dos minutos"

Minimizó la señal y verificó la otra alarma:

"Carrera de padres e hijos en seis horas y dos minutos"

Debía solucionar el contratiempo en menos de seis horas.

Oteando el horizonte, captó su atención el revuelo alrededor de la estación de Shinjuku. Amplió la imagen con el zoom de su brazalete y lo vislumbró: Gorimon sembraba el caos.

—Vamos Gabumon, capturémoslo cuanto antes.

El digimon saltó del espacio y se materializó, pero antes de que pudiera digievolucionar una luz violácea cayó sobre Gorimon. Había procedido de un gran huevo oscuro que desapareció al mismo tiempo que el digimon, adquiriendo ese color, triplicaba su tamaño y su agresividad.

—¿Qué demonios…?

—¡Yamato!

Hizo desaparecer el zoom por el aviso de su camarada. El digimon estaba enfocando su cañón hacia ellos. Pero de nuevo algo se adelantó a la digievolución de Gabumon. Un ser con alas de fuego lo tomó en brazos y lo llevó a salvo de ahí. En shock por lo rápido que había sucedido todo, observó su rostro, reconociéndolo como el de una mujer. Su mirada estaba en llamas y plumas refulgían bajo el sol. Creyó que era absolutamente impresionante.

Cuando lo depositó en la acera. Ella se volteó hacia el enorme digimon y con un movimiento de brazos un águila de fuego impactó en él. La luz violácea que lo envolvía parpadeó y desapareció y con él el digimon. Se comunicó con alguien no visible para Yamato mientras curiosos, que tampoco parecían excesivamente impresionados, ya les iban rodeando.

—¿Lo eliminó? —preguntó Yamato. Discretamente Gabumon lo había alcanzado y se refugió en su espacio digital.

El ser de llamas lo enfocó.

—Regresará. —Esbozó una sonrisa y encogió los hombros—. Siempre regresa.

Yamato comprobó el estado de los mundos en su brazalete. El colapso aún seguía adelante. Al regresar la vista a su salvadora no pudo creer que estuviera ante Sora. Una Sora casi igual de impresionante a la de su mundo, con la que estaba felizmente casado y compartía dos lindos hijos.

No pudo reaccionar cuando ella se abalanzó hacia él y lo besó. Tragó incómodo al separase sus labios y encontrarse con esa mirada que no fue capaz de reconocer. Era extraña.

—Que bien que al fin regreses a casa, Yamato —fue lo único que dijo.

Ella se adelantó, saludando a esos espectadores que grababan con sus celulares. Se echó algunas fotos con niños. Y Yamato también, porque se las pidieron entusiasmados, aunque el pobre posó con la misma cara de susto en todas. Cuando por fin aparecieron las autoridades y el centro de Shinjuku volvió a retomar su actividad, Sora emprendió su camino y Yamato la siguió.

—Yamato, has besado a una Sora que no es tu Sora, ¿esto no cuenta como ¡pum! y colapso de los mundos? —cuestionó Gabumon, asomando la cabecita.

Yamato lo empujó de mala gana.

—Tengo que saber que está pasando aquí. De momento intenta pasar desapercibido. Además, técnicamente ella me besó a mí —refunfuñó.

Sora paró súbitamente y Yamato con ella. Se mantenía a la defensiva, y no porque creyera que podía estar en peligro, más bien para evitar otro inapropiado beso. Dio un respingo cuando ella, con las manos a las caderas, observó el cielo y resopló.

—Sé que no debería, pero dejé a los niños solos y lo mejor será regresar cuanto antes.

Dicho esto, fue envuelta en llamas de fuego, lo que alarmó a Yamato cuyo primer impulso fue intentar socorrerla. Obviamente no era necesario porque cuando el fuego desapareció volvía a estar ante esa mujer pájaro que le había salvado con anterioridad.

Parpadeó sin llegárselo a creer. No había sido una ilusión. Era Sora.

Sin más preámbulos, ella lo cargó en brazos y salió volando. En escasos minutos distinguió una bonita casa con jardín. Aunque le pareció que la suya tenía las flores mejor cuidadas. Aterrizaron y Sora regresó a la normalidad. Unos niños corrieron a su encuentro.

—¡Papá, has vuelto! —gritó una niña.

—¡Papi! —gritó un niño más pequeño.

Ambos se aferraron a sus extremidades y Yamato no pudo evitar enternecerse. Frotó la cabecita del pequeño. Tenía un cabello rubio como el suyo.

—Eres rubio —dijo.

Le hizo unas carantoñas a la niña, que era un calco de su madre.

—Y tú pelirroja, que lindos.

—Papá tiene que descansar, vayan a hacer los deberes —dijo con contundencia Sora.

Yamato dejó de jugar con los niños. Le preocupó su cortante tono y su estricta mirada.

—Pero mamá… —empezaba la nena. Sora resopló enojada por lo que Yamato se adelantó.

—Hagan caso a mamá, luego jugamos.

A regañadientes, pero los niños corretearon por el jardín y Yamato entró a la casa tras Sora que subió por las escaleras sin dilación. Tuvo que voltearse al ser consciente de que Yamato no la seguía.

—Quizá debamos hablar —dijo, en un tono cordial.

Sora le ofreció una sonrisa que Yamato identificó como falsa.

—En la habitación, cariño. —Y siguió su camino.

Yamato suspiró.

—Yamato, creo que te ha confundido con su Yamato —advirtió Gabumon.

Este bufó molesto. No necesitaba que le anunciara lo evidente. Inspiró para darse fuerzas y subió esas escaleras.

Nada más entrar en la habitación Sora cerró la puerta y lo enfocó. Yamato retrocedió nervioso.

—Sora, verás…

Sin llegar a salir las primeras palabras de sus labios, Sora lo agarró por el cuello empotrándolo contra la pared. Llamas brillaron en sus pupilas.

—¿Quién eres tú y por qué tienes la apariencia de mi esposo?

—Eso… es .. lo…

—¡Yamato!

Gabumon saltó de su brazalete a su rescate. Al verlo Sora soltó a Yamato y dio unos pasos hacia atrás.

—¡Monstruo! —gritó.

Las llamas de sus ojos se extendieron por su brazo hasta llegar a su mano de la que salió una bola de fuego dirigida a Gabumon. Este estaba preparado para reaccionar, sin embargo, Yamato lo impidió interponiéndose.

—¡No, Gabumon! —exclamó, segundos antes de que la bola impactara en su pecho.

—¡Yamato! —Yamato cayó en brazos del digimon—. Yamato, aguanta. Te salvaré —empezó, sintiéndose completamente impotente.

La respiración de Yamato era dificultosa. Empezaba a entrecerrar los ojos.

—Llama a un médico —dijo, con lágrimas en los ojos, dirigiéndose a Sora.

Las llamas habían desaparecido de sus extremidades y su mirada. Observaba la escena aterrorizada.

—Sora, no te preocupes. Estoy bien —dijo Yamato, teniendo fuerzas incluso para otorgarle una sonrisa tranquilizadora.

Fue lo necesario para hacer reaccionar a Sora. Se inclinó a Yamato y desabrochó su camisa. Vio la gran quemadura que le había provocado y posó las manos sobre ella. Cerró los ojos, inspiró y cuando los abrió el emblema del amor estaba reflejado en ellos mientras una luz rojiza salía de su mano y entraba en la herida de Yamato. Gabumon identificó esa luz como milagrosa. Una luz del Digimundo.

En unos segundo la herida había desaparecido y Yamato recuperaba la respiración, las fuerzas, prácticamente la vida. Miró a Sora atónito cuando fue consciente de lo que acababa de ocurrir.

—¿Puedes curar heridas?

La mujer tenía la respiración acelerada.

—Solo si la he provocado yo y me deja completamente exhaus…

No pudo terminar la frase porque cayó desmayada en brazos de Yamato que apresuró a sostenerla. La alzó y la depositó cuidadosamente sobre la cama. Quedó mirándola embobado.

—Yamato, no sé si me gusta mucho esta Sora —dijo Gabumon, receloso.

El hombre negó.

—¿Qué dices?, es impresionante —dijo, observándola. Le resguardó un mechón para poder ver mejor su rostro dormido—, y tan linda.

—¡Yamato! —Despertó por el reclamo de su amigo—. No puedes enamorarte de otra Sora, ¡colapso de universos!, ¿recuerdas?

Por un momento, la loca fantasía de tener una Sora en cada mundo paralelo cruzó por la mente de Yamato. La desechó cuando tomó consciencia, para acto seguido mostrarse molesto por la apreciación de Gabumon y por supuesto por sus efímeros pero culpables pensamientos. Una cosa era que le fuera inevitable encontrar linda y adorable a Sora en todos los universos posibles y otra muy diferente que pusiera en duda su amor y devoción por su Sora. A fin de cuentas, todas las Soras tenían a su Yamato enamorado de ellas y eso era precisamente lo que evitaba el colapso de los universos.

—Vamos a investigar —dijo, saliendo de la habitación.

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—¿A tus hijos? —negó Gabumon

Su compañero había quedado absorto mirando, a través del gran ventanal que daba al jardín, a sus preciosos hijos con cabellos cambiados. Carraspeó incómodo y volvió a dirigirse al interior. Tomó una foto en la que salía él.

—Por lo que dijo Sora parece que estoy fuera en estos momentos. ¿Tendrá eso algo que ver con que el digimon haya sido atraído a este mundo?

—Yamato, ¿cuándo vamos a hablar de que Sora digievoluciona en un pájaro de fuego, ha intentado matarnos y luego te ha salvado? —preguntó el digimon, sentándose en el sofá. Estuvo a punto de tomar el mando de la televisión como solía hacer en su casa pero se contuvo.

Yamato asintió. Obviamente era el suceso más importante de este mundo. Siguió mirando algunas de las fotos y halló una que le dio una posible explicación. Aparecían Sora, él, y todos sus amigos del campamento de verano que les hizo elegidos, en lo que parecía un concurso de disfraces. Eso le habría parecido hacía una hora, antes de que Sora digievolucionara ante sus ojos. Ahora entendió que todos estaban digievolucionados.

—Al parecer en este mundo humanos y digimon están fusionados.

Sin dar tiempo a compartir más reflexiones y teorías, Sora reapareció por las escaleras. Completamente renovada y con gran vitalidad.

—Sí que se recupera rápido —murmuró Gabumon, deslizándose del sofá para esconderse discretamente tras Yamato. Él le dedicó su más resplandeciente sonrisa.

La mujer se ruborizó un poco al verla, lo que enterneció a Yamato. No era tan diferente a su Sora a fin de cuentas.

—Siento que hayamos empezado con mal pie —excusó Yamato—, como sospechaste no soy tu esposo. —Quedó en silencio pensativo. Miró al Yamato de la foto. Eran prácticamente iguales—. Por cierto, ¿cómo lo supiste?

Sora desvió la mirada a la foto y sonrió con tristeza.

—Es más fuerte que tú y más alto también. —Yamato lo puso en duda, pero no dijo nada—. Y además, siempre me devuelve el beso.

El sonrojado ahora fue Yamato. Se frotó el pelo nervioso, pero Sora lo encaró. De nuevo con su mirada dura. Había cruzado los brazos dispuesta a escuchar una explicación.

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—¿Me tomas por idiota?

A Yamato le sobresaltó la vehemencia de su tono. Gabumon en cambio, siguió comiendo galletitas de dinosaurios distraídamente. Desde que le daba de comer, empezaba a encontrar a esta Sora más de su gusto.

La mujer se levantó, gesticulando con los brazos exageradamente.

—¿En serio me tengo que creer una historia sobre mundos paralelos y viajes espaciales y… bichos compañeros? —dijo esto último señalando a Gabumon. Este ni se inmutó.

Yamato sorbió un poco de su té. Supuso que cuando la normalidad era escupir fuego por las manos y volar con alas fulgurantes era muy difícil creer cualquier otra cosa.

—No es tan diferente a tu mundo —dijo al fin. Sora se sentó un poco más calmada, invitándole a continuar—. Apuesto a que tus compañeros y tú consiguieron su poder en un campamento de verano cuando eran niños, ¿verdad?

Sora asintió. Fue el momento en que sus mundos emprendieron caminos diferentes. El momento de la creación de este mundo paralelo.

—En mi mundo, nuestro poder está materializado. ¿Lo ves?, este es Gabumon.

Le sobresaltó escuchar ese nombre.

—¿Gabumon? —repitió Sora. El digimon miró a su humano. La última vez que le había mirado así le había atacado, sin embargo esta vez se llevó la mano al corazón—. El ser de luz de mi esposo se llama Gabumon.

Yamato arqueó las cejas sorprendido. Compartió una mirada con Gabumon.

—¿Ser de luz?

—Es así como llamamos al ser que vive en nuestros corazones. Yo tengo a Piyomon en mi interior... —Tragó nerviosa—. ¿Piyomon existe en tu mundo?

Satisfecho de que al fin pudieran entenderse, Yamato asintió y accionando su brazalete mostró unos hologramas de la digimon con Sora. Sora lo tocó con sus dedos, riendo entre nerviosa e ilusionada.

—Es tal como la imaginaba, quizá no tan rosa. —Reparó en Sora y la tocó a ella también—. Así que existo en otro mundo también. Parezco feliz.

—Eres feliz —remarcó Yamato, haciendo desaparecer el holograma.

—¿Luchamos juntas Piyomon y yo?

Yamato sonrió.

—La Sora de mi mudo decidió no luchar más hace tiempo. Ellas luchan a su manera ahora.

Meditó esas palabras. Era posible que nunca se hubiera planteado que podría hacer las cosas de otra manera. Volvió a enfocar a Gabumon y rio.

—Nunca te imaginé así, tan... barrigón. —Y le apretó la barriga con el dedo.

El digimon se encogió con timidez tras Yamato. El astronauta recuperó la compostura. Estaba bien tomar el té con Soras multidimensionales, pero tenía una misión que cumplir y esa era correr la carrera de padres e hijos con su cielito.

—El digimon que detuviste en Shinjuku es de nuestro mundo y debemos capturarlo.

—¿Digimon? —preguntó desconcertada.

—Sí, el que tenía forma de gorila —no varió su expresión y Yamato sintió que debía explicarse mejor—. Digital monster. Vienen del mundo digital, en este caso del espacio, pero eso no es importante ahora.

—Digital... —Sora se llevó el dedo al labio pensativa—. Entonces, ¿son como tamagochis de carne y hueso?

—¡No soy un tamagochi! —espetó Gabumon indignado.

—Técnicamente sí lo eres —le susurró Yamato. Volvió a Sora—. Debo encontrarlo, ¿sabes dónde fue tras tu ataque?

Ella encogió los hombros.

—No sé, yo ataqué el ser de oscuridad. —Esta vez el confuso fue Yamato—. El gran huevo que escupe rayos de oscuridad. Es un enemigo recurrente.

El hombre se recostó en el sofá y resopló. La situación cada vez era más crítica. Por lo visto dos enemigos de diferentes mundo habían combinado poderes. En ese caso, era posible que él tuviera que combinar poderes con los héroes de este mundo.

—¿Dónde está Yamato de este mundo?, es posible que necesite su ayuda.

Sora se mostró abatida.

—No sé. Se fue y aún no ha regresado.

Eso alarmó considerablemente a Yamato. Este mundo realmente estaba al borde del caos si él había sido capaz de abandonar a Sora y a sus preciosos hijitos de cabellos cambiados.

—Eso es imposible.

—No conoces a mi esposo —negó Sora.

—Creo que sí lo conozco un poco —contestó Yamato con un deje de indignación.

Ella se levantó, tomando una foto que salía junto a él.

—Perdió a su ser de luz.

Yamato tragó incómodo, intercambiado una mirada lastimosa con Gabumon.

—¿Qué sucedió?

—Fue en la última gran batalla. Lo típico: un villano intentó crear una conciencia colectiva donde todos vivamos en paz e inesperadamente demasiada gente cayó en sus garras. Mi esposo y Taichi... —Se detuvo un instante—. ¿Existe Taichi en tu mundo?

Yamato rodó los ojos.

—No creo que exista un mundo donde me pueda librar de él. —Sonrió.

—¿No sois amigos en tu mundo?

Yamato no se esperaba la seriedad de Sora y apresuró a negar.

—Era una broma.

La mujer no rio en ningún momento, al contrario, le dedicó una mirada de cierto desdén.

—¿Le haces gracia a la Sora de tu mundo?

Esta vez Yamato no respondió. Se limitó a sonreír de una manera bastante penosa. Sora lo dejó pasar para continuar con su relato.

—¿Crees que Sora ríe mis bromas solo para no hacerme sentir mal? —susurró preocupado a Gabumon.

Gabumon optó por el silencio. Demasiados años juntos para saber que era mejor mantenerse al margen de ciertos asuntos de pareja. Regresaron su atención a Sora.

—En la batalla final tuvieron que hacer un gran sacrificio para salvarnos a todos que consistió en renunciar a sus seres de luz. Desde entonces, Yamato está ausente. Supongo que cree que ya no es digno de estar aquí. Supongo que se siente débil. Supongo… que extraña demasiado a Gabumon como para intentar ser feliz —terminó compungida.

Yamato estaba en pie. La determinación se había apoderado de su mirada. Tomó a Sora de los hombros e hizo que alzara la cabeza. Ahora sí reconoció su mirada. La Sora que amaba a Yamato por encima de todo.

—Sora, si Yamato no regresa será el fin y ¡pum! colapso de los universos, pero antes de eso está tu felicidad. Y no permitiré que exista un mundo en donde sea tan idiota que no pueda hacerte feliz. Lo traeré de vuelta.

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—No creo que funcione.

El hombre miró a Sora, que observaba la escena sin convencimiento alguno.

—Sora, confía un poco en mí. Me conozco y sé que nunca dejaría que le pasara nada malo a mi familia.

—Estoy de acuerdo, pero es que… no es nada creíble, de verdad.

Yamato no daba crédito a la poca confianza de Sora. Y lo peor, estaba subestimando a Gabumon.

Era un plan sencillo. Básicamente los niños estaban a punto de ser atacados y comidos por el temible monstruo Gabumon. Puede que Gabumon no fuera el digimon más intimidante pero creyó que sería más que suficiente para que Yamato de este mundo creyera que los niños corrían peligro. Él por lo menos defendería a sus hijos de un digimon así.

—Sora, son niños y están ante un monstruo. Necesitan que su padre les sal… —Calló por el grito de auxilio de Gabumon. Vio aterrado como la niña estaba envuelta en llamas y disparaba fuego a su compañero mientras el niño lo rociaba con burbujas—. ¡Gabumon!

Un muro de llamas entre ellos hizo detenerse a los niños y regresar a su forma humana. Sora observó a Yamato con una mueca entre divertida y orgullosa mientras las llamas desaparecían de su mirada y recogía el brazo todavía candente.

—¿Los niños también pueden…

—¿En tu mundo tus hijos no tienen tamagochis? —cuestionó, como si fuera obvio.

—Sí, pero… —Trataba de buscarle un sentido. Para ella lo tenía. Era su normalidad. Dejó de pensar y trató de calmarse. Debía actuar acorde a este mundo—. De acuerdo. —Tomó el dispositivo—. ¡Gabumon, mostremos cual es nuestro poder!

La luz salió del dispositivo y envolvió al digimon. Al desaparecer, WereGarurumon estaba ante ellos. Contempló con satisfacción el rostro impresionado de Sora.

—¿Ves?, así me imaginaba a Gabumon —susurró. Yamato prefirió no indagar más en ese pensamiento.

Esta vez, con la directrices oportunas dadas a los niños, y porque de verdad les intimidaba un poco más aquel digimon, su supuesto estado de peligro sí que parecía más convincente. Sora y Yamato se escondieron tras el seto y esperaron.

WereGarurumon mantenía la atención entre su compañero y su alrededor. Todo estaba de lo más tranquilo. Yamato le hizo un gesto que el digimon tardó en entender. Mejor dicho, no quería entender. Finalmente, se resignó.

Alzó los brazos y se dirigió a los pequeños.

—¡Voy a comeros! Grrr…

Yamato se llevó la mano a la cara terriblemente avergonzado. A su lado, Sora apretaba los labios tratando de contener la risa. Los niños se miraron sin ya atisbo de temor y el pobre digimon resopló, dando una paso adelante y mostrando los dientes.

—¡Es verdad! Grrr…

No quiso ver más su compañero. Como la risa de su esposa esta mañana, la esposa de su yo paralelo también trataba de contener la carcajada sin éxito alguno. Estaba por abortar plan tan patético cuando un potente haz de luz atravesó el cielo e impactó en WereGarurumon. Cuando voltearon a ver lo sucedido, a Yamato le desconcertó encontrar a su fuerte camarada tendido sobre la hierba, Sora en cambió, apresuró a saltar a su encuentro.

—¡Lo matará! —Se situó ante el digimon y alzó los brazos llamando la atención de la bola de luz que se dirigía hacia él—. ¡Takeru, no!

Yamato, que había corrido tras Sora, se sorprendió al escuchar ese nombre. La cegadora luz desapareció y un ser con alas de ángel, cuyo brazo estaba transformado en un bastón dorado, se apareció. Había detenido su ataque a milímetros del rostro de Sora. Yamato alcanzó a su camarada, que recuperó la forma de Gabumon. Al dirigir su mirada a él, el hombre alado se desfragmentó dando lugar a Takeru.

Sora respiró aliviada, mientras sus hijos le adelantaban por ambos lados para encontrarse con su tío favorito que automáticamente los elevó por los aires y compartió juegos con ellos. Sin embargo, su mirada seguía fija en Yamato, que ahora ayudaba a su camarada.

—Parece que aquí tienen la costumbre de atacar primero, Yamato —decía aturdido.

Yamato esbozó una culpable sonrisa.

—Lo siento Gabu —dijo, accionando su brazalete para que entrara al espacio digital—, descansa un poco. Lo has hecho muy bien.

—Hermano, ¿has regresado? —cuestionó al fin Takeru.

Realmente, por mucho que le gustara conocer a sus hermanos paralelos, el fracaso del plan le había dejado tan mal sabor de boca que no le apetecía dar muchas explicaciones. Por suerte para él, Sora se adelantó.

—No, no lo es, bueno lo es en un mundo paralelo —despachó, también sin demasiadas ganas. Bajó el rostro abatida—. Tu hermano sigue desaparecido. Sabía que esto no funcionaría.

Se alejó y a Yamato le partió el corazón ver su decepción. Aunque fuera por una milésima de segundo ella había creído en él. Ella había creído que le devolvería a su Yamato. Apretó los puños furioso consigo mismo. Daba lo mismo que fuera de un mundo paralelo, sentía la responsabilidad como suya.

Se encontraría y se traería de vuelta junto a Sora a golpes si era necesario.

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—¿Qué hacemos aquí, Yamato? —preguntó Gabumon, ya recuperado.

"Carrera de padres e hijos en dos horas y trece minutos"

Chequeó la alarma y suspiró. En un mundo de héroes nada mejor se le había ocurrido que ir a la torre más alta a sentarse junto a una gárgola (aunque fuera su nave camuflada) y esperar una señal. Miró el cielo. Ni rastro del huevo creador de oscuridad. Ni rastro de Gorimon. Y por supuesto ni rastro de sí mismo.

Parecía que estaba ante un callejón sin salida cuando, inesperadamente, Gabumon se levantó.

—¡Yamato, te he oído! —El hombre pestañeó perplejo, mientras su camarada aguzaba el oído—. Tu armónica. ¡Está sonando!

Intentó escuchar, pero Yamato no fue capaz de percibir tal sonido. De todas maneras, el oído también era un sentido más desarrollado en Gabumon que en él. Entonces, su dispositivo brilló y Gabumon se transformó en Garurumon.

—Sube Yamato, te llevaré. ¡Por la izquierda! —Saltó a otra terraza.

—Eso es la derecha —apuntó Yamato.

—No importa —negó el digimon, totalmente concentrado.

—Algún día deberemos hablarlo Gabumon.

Pero obviamente los pequeños problemas de Gabumon no se iban a interponer a una misión de Comandante Ishida y gracias a su oído, que no a sus nefastas indicaciones, alcanzaron el lugar de donde procedía aquella armónica. Cuando Yamato fue capaz de escucharla, el digimon bajó al piso y regresó a su estado Gabumon. Yamato sonrió esperanzado al doblar la esquina.

—¡Te encontré!

Pero la decepción cubrió su rostro al encontrarse ante un niño que, sentado en el parque, tocaba la armónica al mismo tiempo que burbujas salían de su cuerpo. Estaba en completa armonía con su ser de luz. El pequeño separó el instrumento de sus labios y miró a Yamato con temor. Tragó al ver al digimon tras las piernas de Yamato y se levantó con torpeza.

Viendo su reacción, Yamato apresuró a extender el brazo en señal tranquilizadora.

—No quería asustarte.

—¿Te está causando molestias, pequeño?

Yamato reconoció la voz a su espalda. El hombre que, escondido en algún lugar, había estado disfrutando de esa armónica. Ahora sí estaba seguro. Ahora sí era él. Se volteó con convencimiento y lo señaló:

—¡Te encontré!

El puño que impactó contra su cara lo derribó. Alcanzó a mirarlo desde el piso. Quizá sí era más fuerte, pero sin duda no era más alto, aunque así lo pareciese. Gabumon apresuró a ayudarle.

—¡Yamato!, ya te dije que primero golpean y luego preguntan.

Yamato sacudió la cabeza tratando de despejarse. Ayudado de su digimon se puso en pie y entonces sí, miró al hombre que era él mismo directamente a los ojos. Le produjo satisfacción ver su mueca de sorpresa.

—¿Qué demonios?… —Se sobresaltó, preparando de nuevo su puño cuando Gabumon caminó a su encuentro.

Yamato, preocupado por su posible reacción, pero le dejó hacer. Tenía una corazonada. El digimon portaba su más afable sonrisa.

—No tengas miedo Yamato, soy yo, Gabumon.

El hombre se mostró contrariado.

—¿Gabumon? —preguntó, llevándose la mano al corazón. Conforme el digimon se acercaba, Yamato (abandona familias) fue sonriendo emocionado, hasta que estuvo frente a él y se agachó para tomarle las manos—. Eres tal como siempre te imaginé. —Rio, clavándole el dedo en la barriga—. Quizá no tan barrigón. —El digimon se sonrojó. Rio a la par que Yamato y lo abrazó.

Yamato (Comandante Ishida) tan solo pudo presenciar la escena todavía con la mandíbula desencajada por el golpe, pero con un cálido sentimiento en su corazón.

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—Entiendo —dijo Yamato de este mundo solemnemente tras escuchar la historia. Dirigió la mirada a Yamato—. Siento el puñetazo.

Comandante Ishida, con una bolsa de hielos en la mejilla, negó restándole importancia. El Yamato de este mundo volvió a mirar al digimon sentado a su lado y a sonreír. Sin embargo, ahora su sonrisa era más sombría.

—Entonces no eres mi ser de luz.

—Dejad de llamarlos así, parecen salidos de una secta —masculló Yamato (padre y esposo ejemplar). Dejó la bolsa de hielos a un lado y exhaló—. Sé cómo te sientes, yo también he perdido a Gabumon en varias ocasiones pero… en serio, ¿qué clase de solución es abandonar todo lo que amas y quedarte solo?, ¿es que tu… ser de luz —se resistió un poco a decirlo, mientras lo señalaba con el dedo de forma acusatoria— no te mordió nunca la pierna?

Dirigió una mirada suspicaz al digimon, este encogió los hombros sonriente. Bajó el rostro.

—Llevo toda mi vida protegiendo a las personas que amo, al mundo… pero ahora no puedo hacer mi papel. Soy inservible, nadie me necesita.

Comandante Ishida apretó la mandíbula. El recuerdo de un sentimiento parecido ensombreció su corazón. Lo encaró de frente, como se prometió hacerlo siempre.

—Estás equivocado si crees que esa es la única forma de proteger lo que amas. Puedes protegerlo todo siendo sincero con todo el mundo, pero sobre todo contigo mismo. —Abrió las manos impotente, esperando que captara el mensaje. No se inmutó, lo que hizo desesperar a Yamato.

Yamato (abandona familias) no alzó la mirada de nuevo hasta que sonó una alarma que procedía del brazalete de Yamato. Al mismo tiempo, Gabumon volvió con su compañero.

—¿Es el colapso dimensional del que me hablaste antes?

Yamato (padre y esposo ejemplar) negó.

—No, es la carrera padres e hijos del colegio de Ai-chan.

—¿Ai-chan? —preguntó el Yamato de este mundo sorprendido.

—Mi hija —confirmó duramente—. Le prometí que estaría y no pienso defraudarla.

En ese momento un estruendo se oyó en la lejanía. Entrevieron en el cielo, provocando un efímero eclipse, ese gran huevo negro. Yamato apretó los puños.

—Es nuestra oportunidad, ahí debe estar nuestro digimon. ¡Vamos Gabumon!

Pero el digimon no le siguió de inmediato. Quedó viendo al otro Yamato.

—¿No vienes?

Lo miró a los ojos. Gabumon se enterneció por ver a aquel niño perdido. No obstante, ahora era un adulto que había decidido un camino propio. Regresó la vista a la arena del parque.

—¿Le muerdo, Yamato? —susurró el digimon a su compañero.

Este negó.

—No serviría de nada. —Sacó el dispositivo y enfocó el huevo, pero antes de que Gabumon digievolucionara, regresó la vista a su yo paralelo—. ¿Sabes qué?, nunca creí que lo encontraría, pero estaba equivocado. Existe. Sí, existe un mundo donde Sora y Yamato no deben estar juntos. Ella merece algo mejor que tú. —Le enrabietó su nula reacción. Él fue así. Era él—. Tendrás más músculos, pero sin duda yo soy más fuerte que tú. —Apuntó con el dispositivo a Gabumon, pero retiró la mano otra vez para voltearse a Yamato—. Y más alto. —Y ahora sí, subido en Garurumon, se encaminó a cumplir su misión.

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Gorimon genéticamente modificado y con el poder del ser de oscuridad de una dimensión de súper héroes se había convertido en un rival bastante difícil de tratar. Al pájaro de fuego que había conocido Yamato y había resultado ser su esposa se le habían unido, a parte de su hermano alado; otro ángel que disparaba flechas, otro pájaro no de fuego, sino de viento que peleaba junto a un ser con rasgos de insecto; otro que iba por tierra que parecía un gran reptil azul y que lanzaba rayos haciendo equis con sus brazos, y otro acorazado amarillo con una gran maza como brazo. También revoloteaba cerca un ser que tenía similitudes a una planta; otro con un gran pelaje de morsa, y otro insecto con una pantalla entre sus manos. Sin embargo, ni todos los mayores héroes nacionales juntos, a juzgar por los fans que sacaban fotos, estaban pudiendo doblegar al gigante digimon.

Con un rayo de su cañón derribó a la mitad de los voladores. Solo los de las alas de ángeles pudieron esquivarlo, pero su contraataque tampoco resultó efectivo. Sora se recuperaba del golpe cuando escuchó unas lindas vocecitas.

—Mamá, hemos venido a ayudarte —dijo su hija, lanzando sus llamitas.

—¡Te protegeremos hasta que vuelva papá! —anunció el pequeño, lanzando sus burbujitas.

Obviamente le aterró ver a sus pequeños dirigirse al enemigo. Gorimon seguía en su empeño de cazar a los escurridizos voladores a cañonazos, pero sus grandes piernas seguían moviéndose y fueron a impactar contra los niños.

—¡No! —Corrió Sora a su encuentro.

Todo sucedió demasiado rápido para asimilarlo. Sora sintió un fuerte golpe que la sacó por los aires. El digimon le había dado una patada antes de que alcanzara a sus hijos. No pudo reemprender el vuelo y fue a estrellarse contra el cemento de no ser por los brazos que la sostuvieron. Mejor dicho amortiguaron el golpe, porque el iluso Yamato había creído que Sora transformada pesaba lo mismo que su manejable Sora. Fue un error de calculo que descubrió cuando sintió esa mole de fuego sobre su cuerpo espachurrado en el cemento.

La mujer lo descubrió estupefacta, pero antes de reparar en sus posibles daños estaban sus hijos. Los buscó con la mirada, respirando aliviada al verlos sobre Garurumon. Y siguió sin prestar mucha atención al pobre Yamato, que ya se reincorporaba dolorido.

—Escondeos —decía la madre, mientras Garurumon se reagrupaba con su camarada.

—Parece que están todos aquí —dijo, mirando a su alrededor.

Un hombre insecto se detuvo a su lado.

—Yamato, has regresado.

Dedujo que se trataba de Koushiro, más que por los rasgos por la pantalla a la que iba pegado.

—No soy tu Yamato. Es una larga historia.

—Somos de un mundo paralelo donde los digimon, que vosotros conocéis como seres de luz, somos seres independientes —dijo Garurumon—. Y no somos tamagochis.

—No era tan larga. —Encogió los hombros Yamato. Koushiro miraba a Garurumon maravillado, incluso le hizo unos primeros planos en su pantalla lo que inquietó a Yamato—. ¿Tú no luchas? —Prácticamente sus amigos estaban recibiendo una paliza histórica.

—Ah... no, yo grabo las batallas y luego las subo a youtube con canción de Linkin Park —dijo como si nada.

Yamato quedó pétreo, momento que aprovechó Koushiro para hacerle unas buenas tomas. No estaba preparado para estos límites del absurdo. Se subió a su compañero y se dirigió al digimon.

Rodó por los suelos junto al hombre morsa, que no paraba de quejarse, y la chica planta, que ya estaba exhausta. Garurumon regresó a su forma de Gabumon a su lado. Exhaló tratando de pensar en alguna estrategia, pero le era muy difícil concentrarse. El digimon estaba desbocado y esos rayos violetas que lo envolvían provocaban tal destrucción que hacía que los humanos fusionados de este mundo quedaran sin energías.

—No hay manera, es demasiado rival para nosotros —se quejaba Jou.

—Si tan solo estuvieran Taichi y Yamato como en los viejos tiempos —se lamentaba Mimi.

Entonces se percató. ¡Faltaba Taichi también!

Una nueva explosión y cascotes de un edificio cayeron en su dirección. Trató de esquivarlos pero trastabilló, sin embargo, alguien tiró de él en el último instante haciendo que tan solo se hiriera la pierna por la caída. Se encontró ante su mirada. Y su pelo. En este mundo todavía no se lo cortaba.

—Yamato has regre… —Se detuvo a mitad. Frunció el entrecejo examinándolo—. No eres mi Yamato.

—Me alegra que no necesites golpearme ni besarme para darte cuenta —murmuró Yamato.

Pero no era momento de que este encuentro prosperara debido a un digimon frenético que causaba destrucción sin control alguno. La alarma vino esta vez por parte de Daisuke, cuando en uno de sus arrebatos, Gorimon tomó un coche y lo tiró a donde los niños de Sora se habían escondido.

—¡Yuki, Ame! —exclamó Taichi, dirigiéndose a ellos.

Obviamente a Yamato le costó relacionar a los niñitos lobo de una de sus películas favoritas (y de Sora) con sus niñitos, en este caso sus niñitos paralelos. Cuando reaccionó, trató de alcanzarlos, pero la pierna le dolía. Gritó. Taichi no llegaría a tiempo y carecía de poder alguno. Su digivice brilló.

Los niños sintieron una cálida protección rodándoles. Cuando abrieron los ojos hallaron su rostro sonriente y se abalanzaron a él.

—¡Papá!

—Ya estoy aquí, no os pasará nada —anunció dulcemente.

Todavía rodeándolos se volteó, encontrándose con un esplendoroso lobo metálico que había congelado el coche. Seguidamente buscó con la mirada a Yamato (padre y esposo ejemplar) y le hizo un gesto agradecido. Entonces una mano apareció a la altura de su mirada. La estrechó y se levantó.

—¡Tú sí eres mi Yamato!

El hombre asintió a Taichi y ambos enfocaron al digimon.

—Acabemos con él.

Sin embargo, aunque en ánimo y emoción eran los número uno, no dejaban de ser dos humanos corrientes sin poder alguno. Gorimon emanó rayos violáceos derribando a todos sus adversarios, incluidos a Taichi y a Yamato.

Trató de aguantar, pero finalmente tuvo que hincar la rodilla mientras trataba de resguardarse de esos rayos. Orgulloso al fin de su decisión, Comandante Ishida quiso unirse a la batalla pero al tratar de ponerse en pie el dolor de su pierna se lo impidió. Cayó de nuevo y la bolsa que siempre llevaba a la espalda en sus misiones se abrió y rodó el batido de Aiko. Como si fuera la señal necesaria lo tomó y alzó el rostro.

—¡Yamato! —Cuando este lo miró, se lo tiró. Hizo una mueca de confusión al atraparlo—, ¡bébelo!

Lo miró. Las descargas de oscuridad a su alrededor iban en incremento.

—¡Parece asqueroso!

—¡Es el desayuno de los ganadores!

—¡Vomitaré!

—¡Lleva mayonesa!

Como si esas fueran las palabras comodín, Yamato de este mundo lo abrió y lo bebió de un trago. Y entonces ocurrió. Se hizo el milagro. El poder regresó. Su pupila se transformó en hielo que estalló en mil pedazos mientras haces de luz azul envolvían su cuerpo que empezó a convulsionar. Al finalizar el fenómeno, Yamato tenía un aspecto de lobo metalizado. Pero no solo él, Taichi también había adquirido rasgos de dinosaurio metalizado.

—Gabumon... —Sonrió.

—Agumon... —Rio también Taichi a su lado.

Pero la fusión no acabó ahí y cuando se dieron las manos para hacer su ataque definitivo un cuerpo etéreo salió de ellos: un majestuoso ser con capa, espada en un brazo y cañón en otra. Lo miraron asombrados.

—¡Soy Omegamon! —anunció y atacó al digimon con toda su potencia.

El ataque impactó en él, destruyendo al ser de oscuridad que le había dado su poder. Las hondas violáceas que le recubrían desaparecieron y el digimon regresó a su tamaño y color normal. Aprovechando su aturdimiento, Yamato al fin pudo ponerse en pie.

—¡Gabumon, ahora es nuestro turno!

"Garuru Tomahawk"

El misil de su vientre dio de lleno en el digimon, empujándolo hacia Yamato que ya tenía su brazalete activado. Fue tragado y Yamato comprobó su panel de mandos.

"Nueva dimensión registrada. B-(inserte nombre)-"

No lo hizo en ese momento, prefirió reunirse con su compañero que ya regresaba a su forma de Gabumon. Por otra parte, Taichi y Yamato de este mundo, ya de nuevo humanos, chocaron las manos orgullosos de su hazaña. Tras ellos, todos sus compañeros, también de forma humana y algunos todavía con la mano levantada hacia ellos como si aún les quedara poder que otorgar, estaban medio desfallecidos.

—¿Algún día miraran hacia atrás esos dos? —preguntó Miyako, que descansaba la cabeza en el abdomen de Ken.

—No me queda ni un ápice de energía —dijo Jou

—Pero valió la pena —dijo Daisuke, orgulloso.

—Sí, logramos el milagro —jadeó Takeru.

—Y se reunieron otra vez con sus seres de luz —sonrió, exhausta como todos, Hikari.

Pero el hombre insecto de nombre Koushiro todavía revoloteaba por ahí.

—¿No colaboraste? —cuestionó indignada Miyako.

—Debía filmarlo todo. Fue una pelea espectacular. Servirá de mucho en mi investigación —excusó, como si su mente no estuviera en sus millones de suscriptores.

—¡Podrías haber filmado como humano! —exclamó Jou.

—No habría conseguido tomas aéreas tan buenas —dijo con la boca pequeña para no llevarse más reprimenda.

Sora, que había permanecido callada para poder recuperarse cuanto antes, hizo un esfuerzo por volver a ponerse en pie y así reunirse con Yamato. Esta vez no posó para las fotos de los fans que ya empezaban a rodearlos, pero tampoco se lo tuvieron en cuenta ya que tenían a todos sus ídolos para elegir.

—¡Yamato! —exclamó, teniéndolo en frente al fin.

Este bajó la cabeza sintiéndose miserable, pero Sora sacó fuerzas de donde ya no le quedaban y llegó hasta él. Lo abrazó y él, aunque siguiera sintiendo que no lo merecía, lo correspondió. La consoló cuando la notó llorar.

—Lo siento Sora, pero creía que si era débil ya no era digno de ti, ni de tener una familia.

—Tonto… no te amo por tu fuerza.

Él negó, limpiándole tiernamente las lágrimas.

—Menos mal, porque no era fuerte en absoluto. —Rio e hizo un gesto a los niños que se colaron entre ellos mimosos—. Ahora sí soy fuerte.

Y ahora sí, Sora lo besó y Yamato lo correspondió como siempre lo había hecho. Como era lo correcto en este y todos los mundos existentes.

Comandante Ishida se sonrojó un poco por tal escena, pero entonces la alarma sonó.

"Carrera de padres e hijos en una hora y cero minutos"

Sora se sobresaltó.

—¿Aún no acabamos con tu villano?

Pero su esposo, que ya cargaba a sus hijos amorosamente, posó la mano en su hombro de manera tranquilizadora.

—No te preocupes. Es la carrera con Ai-chan. —Se dirigió a Yamato—. Deberías irte ya si quieres llegar. Y gracias por todo, sin ti no habría sido ca… paz… de… —Empezó a hacer gestos raros. Deslizó a sus hijos al piso y se llevó la mano al vientre—…Ba... ño.

Sora lo siguió con la mirada hasta que lo vio perderse entre la multitud. No le preocupó, sabía que ya nunca más se alejaría de su lado. Aprovechó para acercarse a Yamato con una radiante sonrisa.

—No sé si me pareceré mucho a tu Sora, pero sin duda también soy afortunada en tu mundo.

—Yo soy el afortunado —aseguró Yamato.

Buscó a su compañero, que de repente era de lo más popular entre la gente de ese mundo saturado de héroes, y se dispuso a marcharse. Pero antes, Gabumon se volteó a Sora.

—¡Y si vuelve a desparecer, muérdele la pierna!, ¡funciona!

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—¿Muérdele la pierna? —preguntó Yamato, ya reapareciendo por la caótica órbita de Hiperión. Sintió el dolor del golpe de su pierna.

—A mí me resultó —excusó tiernamente. Yamato sonrió aunque no le pasó desapercibida su expresión preocupada. Le dio tiempo, mientras introducía los códigos de acceso en la consola—. Oye Yamato, ¿te gustaría que fuéramos así?, ¿qué estuviera siempre dentro de ti?

—No necesitamos estar fusionados físicamente para que estés dentro de mi —dijo sin pensar. Se ruborizó al ser consciente de su declaración. Por suerte el digimon también se mostró tímido—. ¿Y que hay de ti? —cuestionó, intentando solventar el momento—, me abandonas por el primer Yamato que encuentras.

—No puedo evitarlo. Supongo que me es imposible verte abatido y no querer consolarte.

No respondió Yamato con palabras. Su nave se desfragmentó pasando la puerta digi-espacial. Era sin duda un hombre afortunado.

La nave se materializó en el punto VT65, que era la digi puerta espacial que le había sido otorgada en la travesía de regreso. Vislumbró la tierra. En minutos aterrizaría en el hangar. Una imagen se apareció en su pantalla de mandos. Era doctor Izumi (Koushiro para Yamato).

—Koushiro, informe de la situación.

El hombre carraspeó dándose un aire de profesionalidad el cual tampoco era necesario.

—Recibido Gorimon. Procedemos a su descontaminación. En cuanto al mundo descubierto, no ha sido nombra…

—¡Me refiero al día de los deportes! —interrumpió Yamato, mirando su alarma. Quedaban escasos veinte minutos para su carrera.

—Yamato, eso no es mi competencia. Prosigamos con el informe... —Se detuvo viendo la mirada de su amigo. Suspiró con resignación—. El equipo de Aiko pierde por doce puntos. La buena noticia es que la carrera de padres e hijos otorga quince puntos así que todavía puede ganar.

Yamato mostró optimismo antes sus posibilidades y determinación en sus acciones. Dispuso la nave para empezar la travesía por las capas de la atmósfera. Se produjeron interferencias en su pantalla. Entre congelaciones y distorsiones, pero Koushiro aún insistió por el nombre del nuevo mundo, con la pseudo amenaza de que él le pondría un nombre aburrido de ceros y unos.

Al ver la luz del día en su anhelada tierra, las llamas de su mirada nublaron su mente y susurró:

—Impresionante… Ella es impresionante.

"Dimensión B-Impressive- registrada"

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Los padres con sus hijos ya se iban colocando en la línea de salida. Aiko se resistía a moverse del sitio. Miraba en todas direcciones anhelante, pero sobre todo al cielo. No por nada su papá era astronauta. A su lado, su hermanito, con un banderín rojo en cada mano, compartía su preocupación. Sora se ató la cinta roja a su frente, a juego con la de su niña, y se agachó dispuesta a atarse los tobillos juntas como exigía la carrera. Sin embargó, la niña se entercó.

—No, lo haré con papá, me lo prometió.

A Sora le desoló su carita, pero también le enorgulleció su confianza. Miró al horizonte sin que nada apareciera. Volteó a su hija.

—Aiko, es hora de que sepas que en realidad yo soy más rápida que papá. —Le guiñó un ojo buscando su complicidad, pero ni incluso así la logró.

Entendió que para Aiko no era importante ganar la carrera, tan solo correrla. El equipo rubio.

Un último aviso invitando a que los participantes que faltaban tomaran sus puestos y Aiko se deprimió.

—No vendrá.

—¡Papá!

El anunció de su hermanito le devolvió la esperanza y ver a su padre irrumpiendo de manera sublime en el patio de su colegio montado en Garurumon hizo que su mirada brillara. Era impresionante. Pidiendo disculpas, ya con Gabumon a su lado, Yamato alcanzó a su familia. Mientras lo hacía iba quitándose la chaqueta y los pantalones descubriendo debajo su ropa deportiva. A Sora le sobresaltó ver un agujero a la altura de su pecho, pero no dijo nada al momento. Todavía estaba asumiendo lo que pasaba. Eso sí, automáticamente se deshizo de la cinta y se la colocó a su esposo, que al verla sonrió.

—¡Equipo rojo! Es el mejor, ganaremos seguro.

La nena apresuró a quedar frente a él, profundamente maravillada, pero mantenía una inquietud que para ella era asunto vital.

—Papá, ¿bebiste el batido?

El hombre puso cara de circunstancias y le tomó la naricita entre los dedos.

—Claro que sí cielito. —Desvió la vista a Gabumon que lo mirada con desaprobación y susurró—: técnicamente lo hice.

Sora quedó a su lado.

—¿En serio lo hiciste? —preguntó en su oído incrédula. Yamato se limitó a dedicarle su sonrisa más encantadora. Sin embargo, Sora descubrió una mueca de dolor—. ¿Te encuentras bien?

—No es nada. —Y se volvió a su primogénita, no sin antes frotar esa cabecita pelirroja de su mimoso hijo que le mostraba su banderín—. ¡Vamos a correr!

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Aiko arrojaba al aire feliz su diploma de participación del día de los deportes. Ella lo tiraba y Pyokomon, en su cabeza, lo recogía. Así llevaban desde que habían abandonado la escuela. Yuujou, con un par de cintas rojas atadas a su frente y con Tsunomon entre sus brazos, seguía a su hermana orgulloso. Los custodiaban como casi siempre Piyomon y Gabumon. Metros atrás, sus padres observaban la escena sin demasiada consciencia. Yamato iba apoyado en Sora. Su cojera era notoria.

—Deberías haber ido a la enfermería. Y por supuesto, no deberías haber corrido —regañaba Sora.

—Solo es un golpe. Se me pasará en casa con un poco de hielo… y mimos —añadió esto último en un tono seductor.

No consiguió lo que pretendía.

—¿Y qué te pasó en el pecho? —cuestionó, metiendo el dedo por la tela agujereada.

—Nada importante. Me quemé un poco. —Sonrió intentando verse genial.

Fracaso absoluto.

—¿Y en la cara? —cuestionó esta vez, llevando los dedos a esa mejilla hinchada.

—Fue gracioso. Me golpeé yo mismo —excusó, aunque por mucho que sonrió, no pudo disimular el dolor.

Fue suficiente para que Sora detuviera la caminata. Quedaron frente a frente. El atardecer le daba al cielo una preciosa tonalidad anaranjada. Se veían como flamantes llamas. Buscó su mirada. No encontraba llamas, pero tampoco las necesitaba. Era perfecta su mirada. Era su Sora.

—Eres impresionante —susurró.

Y con solo eso lo consiguió. Tan inesperado que Sora no pudo reprimir su rubor.

—¿A qué viene eso? —preguntó azorada.

Yamato encogió los hombros y sonrió enamorado. Acercó su rostro. Ella deslizó los dedos por su mejilla golpeada hasta llegar al agujero de su camiseta. Agarró la tela para darse impulso y lo besó. Y él, por supuesto, correspondió el beso y dio por concluida su misión.

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