Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a su majestad Rowling, yo sólo me divierto un poco con ellos.
I - EL NÚMERO 12 DE GRIMMAULD PLACE
3
Tenía frío y estaba asustado. Sus manos estaban temblando y parecía un chiquillo a punto de orinarse en sus pantalones. Miró a uno y otro lado, pero sólo encontró la más densa oscuridad. Tragó espeso e intentó correr, pero parecía estar bajo los efectos de un hechizo paralizante.
El familiar susurro de tela arrastrándose sobre el piso de piedra le heló la sangre, quería huir pero ninguno de sus músculos le respondía y supo que gritar para pedir auxilio sólo le garantizaría mayor sufrimiento en el corto plazo.
"Draco, mi niño." su voz era siniestra y sibilante, como un reptil que da vueltas a su presa. "Eres toda una decepción, tal y como lo fue tu padre."
Sintió escalofríos al ver sus ojos rojos brillar con maldad mientras se acercaba y una sonrisa chueca se pintaba en su rostro pálido. Le apuntó con su varita desde lejos y su asquerosa serpiente apareció zigzagueando en medio de sus pies. Él sólo quiso morirse de una vez.
"Dime, Draco Malfoy, ¿Le temes a tu Lord?" profirió con burla al tiempo que Draco comenzaba a ahogarse aun cuando trataba de respirar con desesperación. Se llevó las manos a la garganta y rogaba clemencia con sus ojos pues no podía pronunciar palabra. "Nagini, hora de comer".
Se despertó gritando y bañado en sudor, con la imagen de las fauces amenazantes del monstruo aun fresca en su mente. Las pesadillas eran recurrentes pero ésta había sido especialmente vívida.
Extendió su mano hasta la mesa de noche y tomó su varita para encender la luz de las lámparas de la habitación. Respiró profundo y observó su reloj, eran apenas las cuatro de la madrugada pero, a pesar de lo exhausto que estaba, no quería reencontrarse con Voldemort y su víbora mascota en sus sueños otra vez.
Apartó las cobijas de su cama y puso ambos pies sobre el suelo helado. Cubrió su rostro con las palmas de sus manos y suspiró largamente. Pensó en su padre y en la guerra, en su futuro incierto y en su adolorida madre. Se sintió perdido, pero sobre todo asustado.
Se irguió completo y no se sorprendió al alzar el rostro y sentir lágrimas correr por sus mejillas.
—¿No has pensado regresar a la mansión con tu madre? —Theodore le hablaba, pero él pretendía no escucharlo al fingir estar concentrado en su estofado. No le dijo nada y miró con atención las papas asadas—. Luces horrible. ¿Al menos estás tomando la poción para dormir sin soñar?
—Claro que sí— respondió Draco al fin, mirando a su amigo con reproche. Luego añadió burlón—. La he tomado tanto que creo que estoy desarrollando una ligera adicción a ella. Sin mi dosis diaria, me persiguen mortífagos y aurores por igual en mis sueños.
Theodore bufó y soltó los cubiertos sobre la mesa, se limpió la comisura de los labios con la servilleta de tela para luego arrojarla junto a la copa de vino.
—No eres el único que tiene pesadillas, así que no alardees—un elfo doméstico anciano apareció y se llevó los platos vacíos del visitante, acto seguido desapareció tras un crack. Draco se alzó de hombros y se acabó de un trago su vino tinto.
Su vida era más o menos miserable desde que su padre murió. Ahora, con el indulto y libertad otorgado por el Ministerio de Magia podía hacer cualquier cosa que le apeteciera. El punto era que no le provocaba hacer nada.
Theodore venía a visitarlo ocasionalmente y le invitaba a salir, pero eran pocos los lugares a los que podía ir sin que le señalaran por su reciente pasado. Había preferido pasar los días encerrado en la lujosa casa Malfoy de Belgravia, donde se mudó una vez que iniciaron los juicios. Hasta ese día, aun no tenía intenciones de volver a la mansión.
—¿Qué has sabido de Pansy? —inquirió casual por lo que Theodore puso los ojos en blanco antes de responder.
—Está con su madre todo el tiempo. A veces nos vemos, pero tiene los nervios destrozados. Lo de tu padre no le sentó muy bien, pues la salud del señor Parkinson se deteriora con rapidez. Teme que sea lo mismo.
Draco desestimó lo dicho por Theo con un gesto de su mano. Alejó su plato de él y suspiró:
—Lo de mi padre era una maldición muy fuerte, cortesía del Señor Tenebroso. Me temo que lo suyo es más bien vejez.
—En cualquier caso, te extraña. Desea verte. Pero también sabe que no estás de humor para visitas—Draco alzó una ceja y lo miró con sus ojos grises destilando frialdad.
—Entonces sabes que no quiero visitas—aclaró él. Theodore sonrió de medio lado y sus ojos azules brillaron con malicia:
—El que no quieras visitas no significa que no las necesites. Estás hecho un desastre y no permitiré que Narcissa Malfoy asista a tu entierro. Por eso seguiré asegurándome que no te mates de desesperación— Draco quiso enojarse, pero su amigo se puso de pie y caminó por el comedor mientras le miraba preocupado y no le dejaba hablar—. No estás durmiendo, ni siquiera estás comiendo—y señaló su plato que apenas había revuelto con el tenedor—. No sales a ningún lugar diferente al maldito Ministerio de Magia donde te hacen remover el dolor y los recuerdos. Así que sólo te daré dos opciones.
Draco estaba molesto. Theodore no era nadie para inmiscuirse en sus asuntos. Se puso de pie y se dirigió a la puerta. Esto debía ser obra de su madre.
—Estoy conmovido por esta demostración de cariño y preocupación—soltó mordaz—. Pero creo que no eres nadie para ponerme condiciones. Te acompañara a la salida pero ya conoces el camino.
Theodore Nott sonrió pues esperaba una reacción así de su parte, por lo que chasqueó los dedos y unos papeles aparecieron en su mano por arte de magia. Draco le miró de reojo y esperó.
—Tu pliego de acuerdos dice que si es recibida alguna denuncia de algún comportamiento: "peligroso, sospechoso, auto destructivo, inestable o ligeramente inadecuado" el Ministerio y sus agentes encargados procederán a hacer un arresto preventivo hasta determinar el nivel de amenaza que representa el acusado— Draco apretó su mandíbula y avanzó hasta él, en definitiva Theo estaba confabulado con su madre, ella era la única con una copia de ese documento. Su amigo sonrió con sorna y siguió—. Supongo que no quieres que llegue una denuncia anónima que te ponga en el ojo del huracán ¿Cierto?
—Eres un maldito tramposo. ¿Me venderás al Ministerio para hacerme comer y dormir? —exclamó con rabia y perdiendo su compostura—. Haz lo que te venga en gana, Nott. Me importa un comino si a estas alturas deciden que debo ir a hacerle compañía a tu padre en Azkabán.
El muchacho hizo un gesto como si se estuviera tragando algo amargo al escuchar tremenda provocación, pero casi que de inmediato recobró la frialdad y se alzó de hombros.
—Nos preocupamos por ti, así que o vuelves a Malfoy Manor con tu madre antes de navidad o buscas ocuparte en algo y cambiar tus hábitos para distraer tu mente. Quedarte viviendo solo no es una opción, has demostrado no ser capaz de ello.
Draco respiró profundo para evitar otra explosión de mal carácter que dejara entrever algo más de su pésimo estado de ánimo. Sin embargo, antes de escupir unas cuantas verdades en la cara de Theodore Nott, sonó la campana de su puerta y ambos chicos miraron hacia el pasillo que daba hacia el vestíbulo. No esperaba a nadie, nunca. De hecho, Nott y Zabini cuando llegaban hasta su casa siempre lo hacían sin invitación.
—Debe ser Blaise—murmuró exasperado—. Espérame aquí.
Salió del comedor y llegó hasta el rellano de las escaleras. Desde ahí pudo observar a Walton, el elfo doméstico de la propiedad, abriendo la puerta de su casa que a ojos de los muggles lucía un letrero de "Confiscado por el Gobierno" pero que cuando se acercaban demasiado, olvidaban a que habían ido y daban media vuelta. Sabía que era un mago o bruja inoportuno quien se presentaba, pero jamás imaginó encontrarse con ella allí.
Para Hermione Granger había sido fácil hallar el lugar. La casa irradiaba un aura mágica que le diferenciaba de las otras mansiones de terrazas amplias y fachadas de estuco blanco que llenaban la Upper Belgrave Street. Había encontrado la dirección en los archivos de Malfoy del Ministerio pues la había reportado como su residencia permanente desde que empezaron los juicios. Si bien no la sorprendió el hecho que la casa estuviera en el más lujoso distrito del Londres muggle, la descolocó precisamente ese último hecho: el que estaban demasiado cerca de todo aquello que decían odiar.
Antes que pudiera presentarse ante el elfo, Draco la interrumpió sin tacto:
—Creí decirte a ti y a tus amigos que no quería saber nada de ustedes, así que puedes irte por donde viniste Granger.
Hermione respiró profundo y se llenó de paciencia, no se movió del porche y le saludó:
—Buenas tardes a ti también, Malfoy—Draco puso los ojos en blanco y al alcanzar la entrada hizo a un lado a su elfo.
—Adiós—hizo un intento por cerrar la puerta en sus narices, pero ella interpuso su pie y, con dolor, la mantuvo abierta.
—¡Auch! ¡Malfoy! —él la abrió nuevamente y la miró exasperado—. Vengo a hacer un trato.
—No quiero saber más nada de tratos por hoy. Así que Granger, si me disculpas, y si no también, cerraré la puerta y me olvidaré de esto.
La puerta se azotó violentamente y quedó abierta de par en par. Draco se giró sin entender lo que estaba sucediendo y encontró la cara sonriente y enigmática de Theodore Nott desde el vestíbulo.
—Pero entonces, sí estás recibiendo otras visitas—comentó el joven avanzando hasta ellos y guardando su varita—. Hermione Granger— ella asintió confundida a modo de saludo y luego miró a Draco que parecía furioso—. ¿Gustas pasar a tomar el té con nosotros?
Draco le miró como si de repente hubiera bebido un balde de moco de gusarajos, pero eso no fue nada en comparación a su cara de asco y estupefacción, al girarse y ver a Granger sonreír a su amigo y dar un paso dentro de su casa sin dudar.
—Me encantaría.
—Déjame ver si entendí: Draco es el único capaz de ayudarles a restaurar la casa de los Black por ser su legítimo heredero—Hermione asintió mientras sostenía en sus manos una taza de té sin probar. Ingerir cualquier cosa en la casa de Malfoy le generaba una tremenda desconfianza. La chica llevó sus ojos cafés hasta el perfil de Draco que tomaba de su taza de pie, mirando por la ventana que daba a la calle ignorándolos a los dos.
La percepción que había tenido de él durante el funeral de Lucius Malfoy no había cambiado. Su estado era preocupante delante de ojos observadores. Se notaba que no estaba durmiendo bien, había perdido peso y, debajo de sus ojos grises y profundos, se alcanzaba a distinguir la sombra de unas ojeras inmensas disimuladas con algo de magia. Ella sabía de eso porque también trataba de ocultar las suyas, fruto de noches en vela por pesadillas espantosas.
Hermione estaba segura que él la mataría si lo decía en voz alta, pero Draco Malfoy lucía frágil y quebrado. Necesitaba ayuda, mucha más que la que ella, Harry o Ron podrían requerir. Devolvió sus ojos hasta Nott, que la miraba con una sonrisa indescifrable.
—Así es. Pero ya ha dejado claro que no le interesa ayudarnos—comentó ella decidiéndose finalmente a tomar un sorbo de su té. Estaba delicioso—. Es por eso que vine a ofrecer un trato.
—Vaya, esto se pone interesante— dejó salir Theodore alternando miradas entre su amigo y Granger.
—Lo dudo—comentó Draco sorbiendo de su taza—. Deberías ayudarle tú, si crees que esto es tan emocionante.
—Insistes en ser un cabezota—exclamó Hermione con voz aguda. Carraspeó su garganta y dejó su pocillo sobre la mesa de la sala de estar—. Tus propiedades comenzarán a ser requisadas y confiscadas, una por una. El Ministerio requiere el avalúo de todos tus bienes para determinar el monto de la multa que la familia Malfoy debe cancelar al fondo de Reconstrucción y Reparación de la Posguerra—. Theodore borró la sonrisa de su rostro. Draco se quedó frío de repente. Hermione sonrió al ver que sus palabras habían tenido el efecto esperado—. Si me ayudas, yo te ayudo. Puedo ser tu asesora legal para evitar que tú y tu madre se queden en la calle. No creo que muchos expertos en leyes mágicas quieran ofrecer sus servicios a tu familia.
Draco dejó su taza a la mitad sobre el alféizar de la ventana y salió de la habitación dando grandes zancadas sin mirar a nadie, estaba utilizando todo su auto control para no comenzar a lanzar maldiciones a diestra y siniestra. Daba vueltas como perro enjaulado en el rellano de las escaleras y mordía con fuerza su puño cerrado mientras se debatía en tomar su varita y entrar nuevamente al salón a batirse en duelo con la descarada de Granger que había llegado hasta su propia casa a chantajearlo de forma vil.
De repente, sintió una mano sobre su hombro y agradeció a Merlín que Theodore estuviera ahí, si no, estaba seguro que asesinar a Hermione Granger, la heroína de guerra, era un crimen por el que se ganaría el beso de cien dementores.
—Cálmate, Draco…—alcanzó a decir su amigo, pero no había forma que lograra aquello.
—¿Que me calme? ¿Quieres que me calme? —siseó peligroso y lleno de furia— ¡Esos malditos del Ministerio! ¿Creen que no han hecho mi vida lo suficientemente miserable, que ahora envían a una rata de biblioteca a amenazarme? Me harté de esto. Nadie más pisoteará a los Malfoy.
Caminó de regreso al salón, dispuesto a enfrentarse a Granger cara a cara, sin embargo, se detuvo de repente con el pomo de la puerta en la mano. Una pequeña voz dentro de su cabeza le obligó a calmarse y a pensar con cabeza fría.
¿Sería posible que ella de verdad hubiese ido a verlo, sola, con intenciones sinceras de ayudarle?
Masajeó con poca delicadeza su sien y volteó a ver a Theodore detrás de él.
—¿Ya lo pensaste mejor? Llegué a creer que debería intervenir para hacerte actuar como el Slytherin que eres y no como un Gryffindor sensible y gimoteador—Draco rodó los ojos y Theo se alzó de hombros y dijo en tono conciliador—. Aun tienes mucho que perder, pero pudo ser peor, pudiste haberte enterado cuando ya era demasiado tarde. Además, ¿Qué tan difícil puede ser lo que Potter, la comadreja y la comelibros te pedirán que hagas?
Él asintió como respuesta mientras los engranajes de su cabeza funcionaban a toda velocidad. Granger era su último as, hasta el momento la única salida para evitar que las manos pegajosas del gobierno entraran en sus arcas de Gringotts. Él también era su única opción.
Abrió la puerta y se dirigió hasta la ventana sin posar sus ojos en ella que estaba de pie y le apuntaba con su varita, al parecer, él se estaba volviendo bastante predecible. Ella se veía como una leona dispuesta a atacar en cualquier momento, la brisa fría que entraba por la ventana abierta le movía un poco su cabello y dejaba al descubierto un cuello blanco y largo.
Draco Pudo ver la determinación en su rostro, también estuvo seguro que no tendría opciones en un duelo de uno a uno y que terminaría en el suelo humillado y pidiendo clemencia. Hermione Granger estaba en pose de batalla y no bajaba la guardia ni un poco.
Se acercó hasta el sillón frente a ella, donde había estado antes Theodore, y se sentó. La miró fijamente haciéndola dudar por un segundo y chasqueó los dedos de su mano derecha.
Al instante, Walton apareció entre ellos tomándola por sorpresa.
—Más té, este se enfrió—el elfo desapareció obediente y Hermione, por fin, bajó su varita; aunque un poco molesta porque él, pedante como siempre, no había siquiera dicho "por favor" a Walton—. Habla Granger, soy todo oídos.
Ella se dejó caer sobre el mueble y lo miró con desconfianza, suspiró confirmando toda sospecha de que en definitiva, Malfoy sí era tan peligroso e inestable como ella creía, pero por lo pronto era su única salida. Ron y Harry la matarían cuando se enteraran que se había encontrado sola con él.
Por su parte, Draco alzó su mirada y buscó la de Theodore que estaba cruzado de brazos bajo el marco de la puerta y le sonreía asintiendo. Él sabía que aceptar ayudar a Potter y sus amigos, calzaba como una ocupación -y tortura- de tiempo completo, por lo que podría quedarse viviendo solo en Belgravia, al menos por ahora.
Espero que les haya gustado.
Nos leemos en los reviews.
Ldny
